lunes, 30 de enero de 2012

Seal


DE OTROS MUNDOS

Por Manola Urquiza
27 de enero de 2012

Heidi Klum y Seal

Seal Henry Olusegun Olumide Adeola Samuel

Tras el anuncio de su separación de Heidi Klum, el nombre de Seal ha estado por todas partes. Pero, ¿quién en realidad es el británico que le ha roto el corazoncito a la modelo alemana?

            Seal Henry Olusegun Olumide Adeola Samuel nació en el norte de Londres en 1963, hijo de una madre nigeriana y un padre brasilero. Sus primeros años de vida los pasó en un hogar adoptivo, pero a los cuatro años su mamá lo reclamó. La mujer se marchó de regreso a Nigeria y dejó a Seal a cargo de su padre, quien él dice le pegaba y era abusivo. A los 15 años dejó el hogar.

¿Qué le pasó en la cara?

De niño Seal sufrió lupus discoide (cutáneo) que se limita a afectar la piel. Se le identifica por ronchas que aparecen en la cara, cuello y la piel del cuero cabelludo. La enfermedad suele dejar cicatrices, las que son visibles en la cabeza pelada del cantante, otra característica distintiva de la enfermedad.
Tras abandonar su hogar, el hombre realizó diferentes trabajos hasta que se unió a una banda punk llamada Push. Después estuvo en otro grupo hasta que lanzó su primer álbum "Seal" en 1991, que fue un gran éxito. Su voz, su estatura y las cicatrices en su rostro, fueron parte de su impacto en el público.
En 1994 lanzó el disco "Prayer for the Dying" que incluyó el tema "Kiss From a Rose", parte de la banda sonora de "Batman Forever" y que le dio la vuelta al planeta y le ganó fama internacional. Su próximo disco "Human Being" en 1998 fue un éxito crítico, pero fracaso de ventas. Pero con "Seal IV" recuperó su sitial en 2004. Ese año conoció a Heidi Klum mientras ella se encontraba embarazada de un empresario italiano. La pareja se casó en 2005 en México y tuvo tres hijos.
         En 2008 presentó su disco "Soul" y justo con el anuncio de su separación en 2012 lanzó "Soul 2".





sábado, 21 de enero de 2012

Jaime Echeverri

Jaime Echeverri
Bogotá, 2012
Fotografía de Triunfo Arciniegas

BIOGRAFÍA

Nació en Manizales, Colombia, en 1943, y es uno de los narradores más interesantes e imaginativos de la narrativa actual de su país. De su obra y publicado por Colcultura en su Colección Popular en 1979, Historias reales de la vida falsa se ha convertido en un título legendario. Varios premios nacionales de cuento, obtenidos entre 1968 y 2004, dan fe de su calidad literaria. Luego de su aparición (Ediciones sin nombre, 2000), otro de los títulos de Jaime Echeverri, Versiones y perversiones y otras inversiones, inauguró la colección de Letras Americanas de la Editorial Regional de Extremadura en 2009. Se trata de un extraño atado de textos que se resisten a la clasificación y que bordean el aforismo y el poema. Tal vez parábolas, tal vez mensajes cifrados o fábulas, pero en todo caso textos provocadores.
Echeverri, además, es autor de las colecciones de cuentos Las vueltas del baile (Fundación Simón y Lola Gubereck, 1992) y El mar llega a todas las playas (Panamericana, 20109 y las novelas Reina de picas (Planeta, 1992, y Ediciones sin nombre, 1999) y Corte final (Ediciones sin nombre, 2002, y Hoyos Editores, 2007).
Reina de picas nos enseña, nos desnuda, si queremos precisión semántica, la historia de una candidata al Reinado Nacional de Belleza que no sólo tiene la audacia de pensar, sino que, en escabrosa conjura con un poeta alcohólico, se propone destruir el certamen desde sus entrañas mismas. Novedosa ambición en un país que delira por este tipo de eventos, festejo de la carne y la banalidad, la parranda y el alcohol.
“La pequeña e intensa novela de Jaime Echeverri ─afirma el poeta Juan Manuel Roca, refiriéndose a Corte final─ está llena de dones. El don, por ejemplo, de una escritura narrativa sin alardes lingüísticos, que desdeña el lirismo epidérmico del lenguaje para construir una poética desgarrada que no permite los artificios de una lírica preconcebida que enajena tantas historias. La precisión, en suma, con la que su autor busca y encuentra la palabra perdida en el pajar del lenguaje. Se trata de un ajuste de cuentas con su ciudad Manizales ─que también es un arqueo de sí mismo, como si la niebla y el volcán nevado, las caminatas de juventud que se le engulleron por lo menos dos centenares de zapatos, el fasto y la miseria de un tiempo ido sin nostalgias, fueron signos en progresión a los que hay la necesidad de pasarles revista.”
Echeverri, psicoanalista de profesión, hace parte del cuerpo docente de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia y es tutor en la especialización en narrativa de la Universidad Central. Algunos autores de renombre en Colombia y México se han beneficiado de su asesoría en los últimos quince años.


Jaime Echeverri
Cúcuta, 2007
Fotografía de Triunfo Arciniegas

            BIBLIOGRAFÍA Y OTRAS YERBAS

Actividad periodística:
1970       Columna de opinión, La Patria, Manizales
1976-77  Fundador y codirector, Revista Sésamo, Bogotá, Manizales
1990-97 Colaborador, Magazín Dominical, El Espectador, Bogotá
1991        Colaborador, Revista Cromos, Bogotá

Premios y menciones:

1968       Premio, Concurso de Cuento Corto, Revista Tinta, Centro Colombo Americano, Bogotá. “Un pedazo de luna en el andén”
1971        Premio “El Zaque”, Concurso Nacional de Cuento Industria de Licores de Boyaca, Tunja. “Una vuelta a la manzana”
1986       Premio, Concurso Nacional de Cuento, Coomeva, Cali. “Cuerda Floja”
1986       Primera Mención, Concurso Nacional de Cuento, Coomeva, Cali. “Las alas de los sombreros”

Publicaciones:

Libros
1979       Historias reales de la vida falsa, cuentos, Colección Popular, # 33, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá
1992       Reina de picas, novela, Planeta Editorial Colombia, Bogotá
1993       Las vueltas del baile, cuentos, Colección Literaria, # 41, Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá
2002     Corte final, novela, Ediciones sin nombre, México
2009      Versiones y perversiones y otras inversiones, Letras americanas, Editorial Regional de Extremadura
2010      El mar llega a todas las playas, cuentos, Panamericana, Bogotá

Antologías

1972      8 cuentos colombianos, Populibro, Bogotá
1975      Obra en marcha 2, compilador J. G. Cobo Borda, Colección Popular, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá
1994     Colombie: a choeur ouvert, Selección J. E. Pardo y otro, París
1998      Nuevo cuento colombiano, Selección Luz Mary Giraldo, Fondo de Cultura Económica, México

(Entre otras)

Artículos, cuentos y ensayos en:

Periódicos

El Tiempo, El Espectador, El siglo, La República, La Prensa, El Periódico, en Bogotá; La Patria, en Manizales; Vanguardia Liberal, en Bucaramanga; Diario del Caribe, en Barranquilla; Occidente, en Cali; La Prensa, en Lima; entre otros.

Revistas

Eco, Razón y Fábula, El Café Literario, Gaceta de Colcultura, Universitas, Puesto de Combate, Cromos, Alternativa, en Bogotá; Casa de las Américas, en la Habana; Taller, en Buenos Aires; entre otras.

Asociaciones:






Desde 1976, miembro del Colegio Nacional de Periodistas
1979                Socio fundador de la Unión Nacional de Escritores, miembro de su primera Junta directiva y Secretario General entre 1987 y 1988
Otras actividades:

Entre 1987 y 1988, director y productor programa radial “Página impar”, Radiodifusora Nacional de Colombia. Además, participación en conferencias, paneles, foros sobre narrativa y temas afines en varias Ferias Internacionales de Libro, universidades, encuentros de escritores, centros culturales, etc.

                                                                        
Jaime Echeverri
Bogotá, 2012
Fotografía de Triunfo Arciniegas
SOBRE JAIME ECHEVERRI

“El debate está centrado en narrar desde la mirada y sumergirse en lo más íntimo de la nostalgia de unos personajes solitarios. Y se hace como quien entra en una habitación y trata de descubrir sus secretos, como quien ve pasar la vida a través de una ventana, como quien entreteje canciones de amor o desamor, como quien va detrás de heroísmos ajenos, en fin, como quien desde la incertidumbre percibe el azar semejante a un juego de dados, y le pone imaginación a la vida a ver qué pasaría, a cambio de lo que pasa.”
Luz Mary Giraldo


Historias de la vida falsa nos regresa a su ascetismo verbal y a su humor dulce-amargo. “Una vuelta a la manzana”, historia de un policía que vigila más que una esquina su propia soledad, o “Roberto canta el tango como ninguno”, saga de un músico callejero de Bogotá que opone a sus miserias un mapa de Buenos Aires, ciudad que sólo ha recorrido en las letras de sus canciones pero que conoce mejor que Homero Manzi, son dos piezas literarias inolvidables.”
Juan Manuel Roca

“Jaime Echeverri coloca en juego ardides técnicos que no son extraños al lector de hoy, pero que en Reina de picas adquieren insospechables frescura y naturalidad, allanando en vez de tornar fatigoso el camino. No titubeo en afirmar que se trata, por este motivo, de una de las novelas más interesantes y saludables que se hayan escrito, en Colombia, en años recientes.”
Germán Espinosa

“Como el mar, nutrido por una diversidad de ríos afluentes, este libro llega a una playa no tan corriente: la de las arenas salvadas de los naufragios del facilismo literario, la de los mensajes en botellas que logran llegar a su destino. Sus cuentos poseen una gama de registros pero también una voz personal en la narrativa colombiana. Un lenguaje decantado, un lirismo sin excesos, un cierto humor benévolo que hace diana en la solemnidad y en el chato realismo cotidiano, acompañan las páginas de El mar llega a todas las playas.”
Juan Manuel Roca

Jaime Echeverri consigue lo que todo escritor busca: decir más con menos. Su economía en el lenguaje no pone en riesgo las ideas y, por el contrario, llena el silencio de las palabras sobrantes con imágenes sugestivas que perfeccionan lo no dicho. Sus textos, cargados de ingenio, sorprenden al lector con finales contundentes que dejan la placentera sensación de estar frente a un autor que recorre con habilidad y precisión los inestables caminos de la escritura.”
Jorge Franco

“El gran personaje de Corte final es la ciudad. Su maravillosa niebla que a veces llega hasta el borde las camas, resulta ser la mejor cortina para ejercer la impudicia. Pero también ese caminante que regresa al pasado, un tiempo al que mira por un espejo retrovisor para evitar la maldición de la estatua de sal, ve a su padre suicida pendulando en la ducha, a su madre comida por las murmuraciones y las mediocridades, y una legión de mujeres que son como una especie de ejército de salvación, de visa para entrar y salir del vacío…”
Juan Manuel Roca

“Como el maestro zen, Echeverri sabe que a toda pregunta hay que responder con otra y que en esa espiral sin fin el objetivo es la belleza del texto. Con ella cada quien hará lo que le convenga y, todo ─versión o perversión─ está permitido.”
José María Espinosa





martes, 17 de enero de 2012

Freddie Mercury

Freddy Mercury
DE OTROS MUNDOS
(1946 - 1991)

El 5 de septiembre de 1946 nace Farooksh Bulsara (nombre real de Freddie Mercury), en la isla de Zanzíbar, junto a la costa de Tanzania. Su padre, Borni Bulsara, trabajaba de cajero del Tribunal Supremo para el gobierno británico. Mientras estaba en la escuela de Saint Peter´s en Bombay, su tutora se dio cuenta de su talento para la música y le recomendó que tomara lecciones de piano, y que se apuntara a actividades de coro y teatro. Fue entonces cuando el joven Farookh formó su primera banda, The Hectics.

En 1962, a los 17 años, Freddie (que así era como le llamaban la familia y amigos) se gradúa en el colegio con las máximas notas en Arte, Historia e Inglés, y se reunió con sus padres en Zanzíbar. Entonces Zanzíbar era una colonia británica, pero en diciembre de 1963 se convierte en estado independiente, y en 1964 la población africana inicia una revolución que hace que muchos británicos abandonen sus casas, entre ellos los Bulsara, que se fueron a Inglaterra con un par de maletas y poco más.

En septiembre de 1966 fue admitido en el Ealing College of Art para estudiar Diseño Gráfico. Allí es donde conoce al bajista Tim Staffel. Tim llevó a Freddie a uno de los ensayos de su grupo Smile, con Brian May a la guitarra y Roger Taylor a la batería, y pronto se hace amigo de los dos. Antes de formar parte de Smile, Freddie va ganando experiencia como cantante en varios grupos (Ibex, Wreckage y Sour Milk Sea), pero en abril de 1970 se uniría a Brian y Roger y les convencería para que el nuevo grupo se llamase Queen.

Queen,1970
 John Deacon, Freddie Mercury, Brian May y Roger Talyor.


Freddie ha sido la parte más creativa de Queen, además de por las ideas que aportaba, por sus originales canciones, desde Bohemian Rhapsody (con la que hicieron el primer vídeo musical de la historia), hasta la rockera Princes Of The Universe. En solitario, Freddie Mercury editó los álbumes Mr. Bad Guy y The Freddie Mercury Album, que llegó a número 6 en Reino Unido. Junto con Montserrat Caballé compuso el álbum Barcelona, cuyo tema principal fue el himno de Los Juegos Olímpicos de 1992 y lo cantó a dúo con Montserrat el 8 de octubre de 1988 en la ciudad condal, siendo ésta la última vez que se subió a un escenario.

Freddie no hizo pública la noticia de que tenía sida hasta el 23 de noviembre de 1991, muriendo dos dias después. En los días anteriores a su funeral, miles de flores llegaron a su casa, y muchos fans se congregaban en los alrededores. John, Brian y Roger habían perdido a su mejor amigo. Publicaron la siguiente declaración:

"Hemos perdido al mejor y más querido miembro de nuestra familia. Sentimos un dolor tremendo porque se ha ido, tristeza porque se encontraba en la cumbre de su creatividad, pero por encima de todo un gran orgullo por el modo valeroso en que vivió y murió. Nos ha sido concedido el privilegio de compartir nuestra vida con él. En cuanto nos sea posible, quisiéramos celebrar su vida al estilo al que nos tenía acostumbrados".

FICHA ARTÍSTICA
Fecha de nacimiento: 5 de septiembre de 1946
Lugar: Zanzibar

Nombre real: Farooksh Bulsara

Fallecimiento: 25 de noviembre de 1991 por causa del sida, en su casa de Londres

Actividad en Queen:
Vocales, piano, guitarra, teclados

Grupos antes de Queen:
The Hectics (1958 - 1962)
Ibex (Agosto 1969 - Octubre 1969)
Wreckage (Octubre 1969 - Noviembre 1969)
Sour Milk Sea (Febrero 1970 - Primavera 1970)

Canciones acreditadas a Freddie Mercury:

Great King Rat
My Fairy King
Liar
Jesus
Seven Seas Of Rhye
Ogre Battle
The Fairy Fellers Master Stroke
Nevermore
The March Of The Black Queen
Funny How Love Is
Killer Queen
Flick Of The Wrist
Lily Of The Valley
In The Lap Of The Gods
Bring Back That Leroy Brown
In The Lap Of The Gods...Revisited
Death On Two Legs
Lazing On A Sunday Afternoon
Seaside Rendezvous
Love Of My Life
Bohemian Rhapsody
You Take My Breath Away
The Millionaire Waltz
Somebody To Love
Good Old-Fashioned Lover Boy
We Are The Champions
Get Down, Make Love
My Melancholy Blues
Mustapha
Jealousy
Bicycle Race
Let Me Entertain You
Don't Stop Me Now
Play The Game
Crazy Little Thing Called Love
Don't Try Suicide
Ming's Theme
The Ring
Football Fight
The Kiss
Vultan's Theme
Staying Power
Body Language
Life Is Real (Song For Lennon)
Cool Cat (with John)
It's a Hard Life
Man On The Prowl
Keep Passing The Open Windows
Is This The World We Created? (with Brian)
Pain Is So Close To Pleasure (with John)
Friends Will Be Friends (with John)
Princes Of The Universe
Made In Heaven
Mother Love (with Brian)
I Was Born To Love You


Canciones firmadas por Queen pero probablemente compuestas por Freddie:

My Baby Does Me (with John)
I'm Going Slightly Mad
All God's People
Delilah
A Winter's Tale


http://www.rockmusic.org/queen/miembros/freddie.htm




miércoles, 11 de enero de 2012

Aurelio Arturo



Aurelio Arturo
(1906 - 1974)

El poeta Aurelio Arturo Martínez nació en la Unión, Nariño. Su padre era el maestro de escuela Heriberto Arturo Belalcázar y su madre Raquel Martínez Caycedo. Realizó los estudios de básica primaria en su pueblo natal y, posteriormente, viajó a Pasto donde ingresó al colegio San Francisco Javier. Desde muy joven, y gracias al amor por los libros que sentían su padre y su abuelo, el poeta del sur adquirió la afición por el mundo de las letras.
               Cuando apenas tenía 18 años decidió irse para Bogotá después de la muerte de su madre. De esta manera, se inició una nueva etapa en la vida del poeta que para esta época ya escribía sus primeros versos. En 1925 inició sus estudios de Derecho en la Universidad Externado de Colombia; este medio le abrió las puertas en revistas y suplementos literarios donde publicó sus primeros poemas. En 1929 publicó en ‘El Gráfico' el único cuento que se le conoce: Desiderio Landínez, pero fue en 1930 que realmente se dio a conocer en el mundo literario gracias a Rafael Maya, quien publicó varios poemas suyos en el suplemento Crónica literaria de El País de Bogotá. Conoció a todos los poetas jóvenes que crecían en el mundo literario de la época, ingresó al grupo conocido como los piedracielistas, aunque su poesía guardaba cierta distancia con los poetas de esta generación.
Image                Aurelio Arturo combinó su trabajo de creación con la traducción de los poetas contemporáneos de lengua inglesa, al mismo tiempo, trabajaba como abogado independiente y posteriormente como funcionario de la rama judicial, alcanzando el cargo de Magistrado de los Tribunales Militar y del Trabajo. Fue funcionario cultural de Colombia y de la Embajada de los Estados Unidos, además de catedrático universitario en las áreas de humanidades y antropología. Fundó y dirigió la revista literaria ‘Voces del mundo' e hizo parte de la revista ‘Golpe de dados'.
                En 1941 contrajo matrimonio con María Esther Lucio con la que tuvo 5 hijos. La década de los 40 fue muy importante para Aurelio Arturo que, aunque no tenía como prioridad la publicación de su obra, se dio a conocer a través de la revista ‘Cántico'. En esta publicación se conocieron varios poemas fundamentales de su libro y de la revista Universidad Nacional. En ella apareció el poema ‘Morada al Sur', el cual le daría título a su obra poética. En 1950 viajó a Washington como agregado cultural de la embajada de Colombia en ese país. Pocos años después muere su padre, situación que lo hace regresar al sur del país, donde trabaja en tribunales de Pasto y Popayán, al mismo tiempo que continuaba su labor poética.
                En 1963 sale a la luz su único libro de Poesía ‘Morada al Sur', ese mismo año recibe el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia, a partir de ese momento su nombre pasó a ser pieza fundamental de antologías e historias literarias colombianas. En 1968 se pensiona como funcionario del Ministerio de Defensa. Literariamente, continuó traduciendo a los poetas ingleses, colaborando en algunas publicaciones literarias y dirigiendo un tabloide literario que únicamente alcanzó dos números. Escribió muy poco después de 1963, durante mucho tiempo se dedicó a pulir los poemas que fueron apareciendo en algunas revistas literarias. En 1970 escribió sus cuatro últimos poemas, los más celebrados de una presunta segunda etapa: "Sequía", "Tambores", "Lluvias" y "Yerba". Aurelio Arturo murió el 24 de noviembre de 1974 víctima de un aneurisma cerebral.
               La obra poética de Aurelio Arturo, a pesar de estar conformada por un solo libro, es considerada como una de las más importantes del siglo XX; sin embargo, ésta empezó a ser estudiada y valorada muchos años después de su muerte. Intelectuales de la talla de Álvaro Mutis, William Ospina y Rafael Gutiérrez Girardot, han dedicado artículos de revistas y extensos ensayos a la poesía de Aurelio Arturo.
              Juan Gustavo Cobo Borda, sobre la obra del poeta del sur afirma: "La poesía está aquí: basta con oírla. (...). Una poesía que amplía, al máximo, el registro de nuestras sensaciones, ofreciéndonos la manera más segura de conocer, a fondo, nuestra realidad: visión primordial. Es esta, finalmente, una poesía que nos constituye"[1].
              Hernando Téllez igualmente menciona: "En la de este poeta persiste como nota reiterativa, una frescura de bosque, de agua secreta y escondida, de viento otoñal oloroso a finas maderas, y una como clara atmósfera de alucinación por donde pasan los seres y se transfiguran los paisajes y los objetos. Cierto desasimiento metafísico, una melancolía casi púdica, pero irrevocable, constituyen la atmósfera moral de esta poesía. El poeta parece herido para siempre en la víscera cordial. Y su visión del mundo surge así toda envuelta en una frágil niebla de grises disminuidos que esfuma y subraya al mismo tiempo los perfiles de las cosas. La palabra, escogida, meditada, oída en su música esencial, calculada como mensajera de la emoción, de la intuición o de la idea, se presenta también aquí, como en toda auténtica poesía, investida con el poder siempre extraño, siempre nuevo y milagroso, para crear la belleza poética"[2].
              En la última etapa de su vida, Aurelio Arturo estuvo rodeado por un grupo de poetas que fueron admiradores de su obra, al mismo tiempo que crearon una poesía personal distinta a la que se estaba haciendo en el país. Giovanni Quessep, Fernando Charry Lara, Jaime García Mafla, rodearon al poeta del sur, y su obra conserva la influencia de las hadas, mundos fantásticos, magia contenida. El nombre de Aurelio Arturo figura hoy en antologías nacionales y extranjeras.

[1]OSPINA, William. Aurelio Arturo. Procultura. Bogotá: 1980. p. 80.
[2] Ibid.

Aurelio Arturo
CRONOLOGÍA


Image1906: Nace el 22 de Febrero en La Unión, Nariño.
1925: Viaja a Bogotá e ingresa a la Universidad Externado de Colombia donde estudia derecho.
1928: Publica los poemas La vela y La balada de Max Caparrojo en la revista de la universidad, dirigida por Germán Arciniegas.
1929: Publica el único cuento que se le conoce Desiderio Landínez
1930: El suplemento literario Crónica literaria dirigido por Rafael Maya, publica los poemas que harán conocer al poeta del sur.
1931: Sus poemas aparecen en revistas y suplementos literarios.
1940: Su nombre aparece unido al grupo de Piedra y Cielo que llevó a cabo un importante movimiento de renovación literaria y poética.
1941: Contrae matrimonio con María Esther Lucio.
1942: Aparece su poema Morada al Sur en la revista de la Universidad Nacional
1945: Publica varios de sus poemas reunidos en un volumen y que aparecieron en la Revista Cántico.
1950: Viaja a los Estados Unidos como adjunto Cultural de la Embajada de Colombia en ese país.
1954: Tras la muerte de su padre, regresa al sur donde trabaja en tribunales de Pasto y Popayán.
1959: Es nombrado Secretario General del Ministerio de Trabajo.
1963: Sale a la luz su único libro de poemas titulado Morada al Sur. Recibe el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia.
1968: Se pensiona como funcionario del Ministerio de Defensa.
1970: Escribe, al parecer los últimos 4 poemas: Sequía, Tambores, Lluvias y Yerba.
1972: Recibe doctorado Honoris Causa de la Universidad de Nariño. Dirige el tabloide literario llamado El escritor que sólo alcanza la publicación de dos números.
1974: Muere el 24 de noviembre a causa de un aneurisma cerebral.








jueves, 5 de enero de 2012

Alejandra Pizarnik / La pequeña sonámbula

BIOGRAFÍA BREVE
(29 de abril de 1936 - 25 de septiembre de 1972)

Fue una destacada poetisa argentina, eximia representante del surrealismo poético. Alejandra, la hija de Elías Pizarnik y de Rejzla (Rosa) Bromiker, ambos inmigrantes judíos rusos, nació en Buenos Aires en 1939 y creció en un barrio de Avellaneda. Su infancia fue muy complicada. Hablaba el español con marcado acento europeo y tartamudeaba. Tenía graves problemas de acné y una marcada tendencia a subir de peso. Estas eventualidades minaban seriamente su autoestima. La autopercepción de su cuerpo y su continua comparación con su hermana la complicaron de manera obsesiva. Es posible que comenzara por esta razón a ingerir anfetaminas -por las que pronto desarrolló una fuerte adicción-, que le provocaban prolongados períodos con trastornos del sueño, euforia e insomnio lo que más tarde desembocaría en un trastorno límite de la personalidad.

En 1954, tras el bachillerato, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Permaneció como estudiante de la Facultad hasta 1957, tomando cursos de literatura, periodismo y filosofía, pero no acabó sus estudios. Paralelamente tomó clases de pintura con Juan Batlle Planas.

Vivió en París entre 1960 y 1964.

Lectora profunda de muchos y grandes autores durante su corta vida, intentó ahondar en los temas de sus lecturas y aprender de lo que otros habían escrito. Así se motivó tempranamente por la literatura y por el inconsciente, lo que a su vez hizo que se interesara por el psicoanálisis.

Para contrarrestar los efectos de las anfetaminas, consumía con frecuencia fármacos para dormir. A los 36 años se quitó la vida ingiriendo 50 pastillas de un barbitúrico (Seconal) durante un fin de semana en el que había salido con permiso del hospital psiquiátrico "Pirovano" de Buenos Aires, donde se hallaba internada a consecuencia de su cuadro depresivo y tras dos intentos de suicidio.

Faltó tiempo para la gran empresa literaria. Alejandra decía que tenía que escribir una novela y que habría de aprender una nueva gramática para llegar a ese fin que rondaba por su cabeza. Hoy, tiene un monumento en la calle Güemes en Avellaneda.

WIKIPEDIA


Alejandra Pizarnik
(29 de abril de 1936 - 25 de septiembre de 1972)
LA PEQUEÑA SONÁMBULA

Hablando de Alejandra Pizarnik, el diálogo entre creación y destrucción, coherencia y diversidad contradictoria, se resuelve en una biografía llena de serios equívocos. Consta en el registro que su natalicio fue el 29 de abril de 1936. Su raigambre es ruso-judía, y ésa es la identidad que defienden sus padres, llegados a la Argentina tras haber permanecido algún tiempo en París, donde vive un hermano del cabeza de familia, Elías Pozharnik. Ya habrá notado el lector una variante en la ortografía del apellido, un hecho atribuible, según la versión de César Aira, a «uno de los muy corrientes errores de registro de los funcionarios de inmigración. Tenía veintisiete años, y no hablaba una palabra de castellano, lo que era el caso asimismo de su esposa, un año menor, Rejzla Bromiker, cuyo nombre pasó a ser Rosa» (Alejandra Pizarnik, Barcelona, Ediciones Omega, col. Vidas literarias, 2001, p. 9). Con los Pizarnik instalados en la capital argentina, el árbol genealógico acoge a dos niñas: Myriam y Flora, más tarde llamada Alejandra. El clan ocupa una espaciosa vivienda en Avellaneda, mantenida gracias al negocio de venta de joyería al que se dedica Elías. El destierro, por doloroso que parezca, es en este caso providencial, pues el resto de los Pozharnik y Bromiker, «con excepción del hermano del padre en París, y la hermana de la madre en Avellaneda, pereció en el Holocausto, lo que para la niña debió de significar un contacto temprano con los efectos de la muerte» (César Aira, op. cit., p. 10).

La experiencia infantil de Alejandra es bastante liberal, de acuerdo con el criterio de su progenitor. En 1954 concluye los estudios secundarios y comienza un periodo de titubeo académico. A medio camino entre las aulas de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires y las de la Escuela de Periodismo, la joven procura descubrir una vocación literaria que le anima a seguir el catedrático de Literatura Moderna, Juan Jacobo Bajarlía. Ya por estas fechas, «la fascinación de la infancia perdida —escribe Enrique Molina— se convierte en ella, por una oscura mutación que cambia los signos, en la fascinación de la muerte, igualmente deslumbradora una y otra, igualmente plenas de vértigo» («La hija del insomnio», Cuadernos Hispanoamericanos, sup. Los complementarios, n.º 5, mayo de 1990, p. 5). Ahora sabemos qué la condujo al taller del pintor surrealista Batlle Planas. Por algo recuerda Aira que los cuadros de Batlle reproducen escenas espectrales, «con algo de Tanguy y algo de Arp o Miró. El interés de la poeta en este tipo de pintura deriva evidentemente de su figuración metafórica; sólo admitió una desviación hacia la pintura llamada naïf, que fue una escuela floreciente en la Argentina en ese entonces» (César Aira, op. cit., p. 11). Con todo, más allá de estas sutilezas, Alejandra juega a convertirse en reportera, y llega a asistir al Festival de Cine de Mar del Plata de 1955. Pero la experiencia periodística queda apartada en beneficio de otras inquietudes.

Como expresión de esa fragilidad a la que haremos alusión en más de un párrafo, el asma y la tartamudez son irrefutables. En vista de semejante aprisionamiento somático, don Elías cuida a su hija: costea su primer libro, La última inocencia (1956), e incluso llega a abonar los honorarios del psicoanalista que intentará poner en orden el desván sentimental de Alejandra. De hecho, ni la pintura ni la poesía bastan como terapia, y ella experimenta el breve y peligroso fenómeno psicodélico de las anfetaminas. También cura el dolor con analgésicos y frecuenta los somníferos para escapar de la vigilia nocturna.

Con todos los rasgos de la bohemia juvenil podría hacerse una suerte de patrón de conducta, relativamente fiel a la personalidad de Pizarnik, salvo en un detalle nada desdeñable, y es que ella «tuvo una invencible aversión a la política, que justificaba con el hecho de que su familia en Europa hubiera sido sucesivamente aniquilada por el fascismo y el estalinismo. (...) Para ella, la literatura tenía un único compromiso con la calidad» (César Aira, op. cit., p. 17). Así, pues, la vida literaria es una empresa que ella acomete con máximo interés. Entre los primeros tejados bajo los que se guarece, figura la revista Poesía Buenos Aires (1950-1960), foco del grupo de los llamados invencionistas, paralelo a otro, el surrealista, cuyas inquietudes también son las propias de la joven poetisa. Curiosamente, la autora de Las aventuras perdidas (1958) frecuenta la consulta del psicoanálisis aun cuando André Breton recuerda «a los jóvenes y a las almas novelescas que, porque este invierno está de moda el psicoanálisis, necesitan figurarse como una de las más prósperas agencias del charlatanismo moderno, la consulta del doctor Freud, con aparatos para transformar los conejos en sombreros» («Entrevista con el profesor Freud», Los pasos perdidos, traducción de Miguel Veyrat, Madrid, Alianza Editorial, 1998, p. 89). ¿Contradicción? Más bien al contrario: coincidencia de freudianos y surrealistas en el vórtice del subconsciente.

No obstante, precisemos. Dentro del panorama surrealista, hay dos poetas que coinciden con Alejandra: Enrique Molina y Olga Orozco. Con esta última, por cierto, «tendría una relación que excedió la literatura» (César Aira, op. cit., pp. 21-22). Casi en paralelo, la joven accede en 1955 a las creaciones de Antonio Porchia, un poeta «fundamental en la creación del estilo y el procedimiento de Pizarnik. No fue la única que sacó enseñanzas de su obra: el otro fue Roberto Juarroz, y es instructivo hacer un paralelo entre ambos discípulos» (Ídem, p. 25). Al reseñar la correspondencia que mantuvo nuestra poeta con el escritor y pintor manchego Antonio Beneyto (Dos letras, edición de Carlota Caulfield, Barcelona, March Editor, 2003), Blas Matamoro intuye que, para ella, «los poemas son aproximaciones a la Poesía. No son obras ni textos, sino intentos, borradores, ensayos». Con todo, a través de ese tanteo cabe establecer un inventario de cualidades personales: «ser hija y habitante de la noche, esa madre antigua y regia; buscar con afán la recuperación de los olvidos infantiles; cultivar sin confusión el laberinto de una compleja identidad, centrada en deseos nítidos; existir en una soledad sin fondo y sin horror; practicar una estética de la locura (Artaud, Lautréamont) como defensa contra la locura» («Alejandra de cerca», Blanco y Negro Cultural, suplemento del diario ABC, 12 de julio de 2003, p. 21).

En esa lucha contra la entropía, Alejandra Pizarnik ensaya diversas estrategias. Una de ellas es el destierro, puesto en práctica en París desde 1960 hasta a 1964. Pero ni siquiera ese nuevo extrañamiento relaja su íntima tensión. «En el fondo —escribe el 25 de julio de 1965— yo odio la poesía. Es, para mí, una condena a la abstracción. Y además me recuerda esa condena. Y además me recuerda que no puedo «hincar el diente» en lo concreto. Si pudiera hacer orden en mis papeles algo se salvaría. Y en mis lecturas y en mis miserables escritos» («Diarios 1960-1968», Frank Graziano, introducción y compilación, Alejandra Pizarnik. Semblanza, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 271). Ya se ve: el ensimismamiento hermético y la muerte son los dos puertos que la esperan. Otra empresa posible es el silencio, que se presenta de dos maneras en su obra. «La primera —temible y peligrosa para la palabra poética, aún en antítesis con ella— corresponde a la incapacidad de enunciación. (...) La otra —atracción y fuerza de la palabra poética— simboliza un mundo auténtico, intacto y perdido, y confina con la poesía misma, además de ser el componente necesario de la resonancia propia del lenguaje lírico» (Anna Soncini, «Itinerario de la palabra en el silencio», Cuadernos Hispanoamericanos, sup. Los complementarios, n.º 5, mayo de 1990, pp. 7-8).
Claro que, en casi todos los temas que tratamos de ordenar vuelve a infiltrarse la muerte, cuyos códigos descifra en el periodo durante el cual publica Árbol de Diana (1962) y Los trabajos y las noches (1965). «Leí mi libro —escribe el 26 de agosto de 1965—. La muerte es allí demasiado real, si así puedo decir; no el problema de la muerte sino la muerte como presencia. Cada poema ha sido escrito desde una total abolición (o mejor: desaparición) del mundo con sus ríos, con sus calles, con sus gentes. Esto no significa que los poemas sean buenos» («Diarios 1960-1968», op. cit., p. 273). Pese a figurar como detalle anecdótico, sorprende que, aun definiéndose en esa totalidad de la muerte, Pizarnik cultivara a ratos y con buen estilo el donaire social. Una vez más, el lenguaje era su instrumento privilegiado. Por ello censura Ivonne Bordelois que los autores de semblanzas no hablen nunca de «la extraordinaria voz de Alejandra y de su aún más extraordinaria dicción. Alejandra hablaba literariamente desde el otro lado del lenguaje, y en cada lenguaje, incluyendo el español y sobre todo en español, se la escuchaba en una suerte de esquizofrenia alucinante» (Correspondencia Pizarnik, Buenos Aires, Seix Barral, Editorial Planeta Argentina, 1998, p. 15).

Cuando el 30 de abril de 1966 retoma las páginas de su diario, se observa recién llegada a los treinta años, sin saber aún nada de la existencia. «Lo infantil —escribe— tiende a morir ahora pero no por ello entro en la adultez definitiva. El miedo es demasiado fuerte sin duda. Renunciar a encontrar una madre. La idea ya no me parece tan imposible. Tampoco renunciar a ser un ser excepcional (aspiración que me hastía). Pero aceptar ser una mujer de 30 años... Me miro en el espejo y parezco una adolescente. Muchas penas me serían ahorradas si aceptara la verdad» («Diarios 1960-1968», op. cit., p. 277). Al cabo, la substancia nativa de la poesía y de la biografía se confunden, y aunque ello pueda ser discutido por numerosos analistas, lo cierto es que los motivos recurrentes de una no se explican fácilmente sin el auxilio de los que atañen a la otra: «la seducción y la nostalgia imposibles, la tentación del silencio, la escritura concebida como espacio ceremonial donde se exaltan la vida, la libertad y la muerte, la infancia y sus espejismos, los espejos y el doble amenazador» (Ana Nuño, en Alejandra Pizarnik, Prosa completa, edición a cargo de Ana Becciú, Barcelona, Editorial Lumen, 2001, p. 8).

Mediante el simbolismo desmesurado de Extracción de la piedra de locura (1968), la sola cita del dolor y la impotencia configura el tablero poético, pero no ya por medios convencionales, sino a través de una constatación —rica en consecuencias— de la falta de fe en su propia imaginación creadora. «Si no fuera así —escribe el 24 de mayo de 1966— no leería para aprender sino para gozar. ¿Aprender qué? Formas. No, no es el deseo de frecuentar modos de expresión. Mis contenidos imaginarios son tan fragmentarios, tan divorciados de lo real, que temo, en suma, dar a luz nada más que monstruos. (...) Creo que se trata de un problema de distribución de energías. Pero lo esencial es la falta de confianza en mis medios innatos, en mis recursos internos o espirituales o imaginarios» («Diarios 1960-1968», op. cit., pp. 279-280).

Desde luego, sólo en este clima de bloqueo y melancolía es posible estudiar de forma pormenorizada títulos como Nombres y figuras (1969), La condesa sangrienta (1971) y El infierno musical (1971). En cierto modo, podemos insinuar un propósito testamentario, aunque ese fin también es propio de creadores que no conciben el suicidio entre sus planes. El caso es que, si bien permite que la imprenta reitere sus palabras, Alejandra no quiere perpetuarse y por eso elige morir en la madrugada del 25 de septiembre de 1972. Cincuenta pastillas de Seconal sódico le interesan como un símbolo de su decisión, y es que la muerte «es la mayor disonancia o, quizá, la armonía radical del silencio» (Blas Matamoro, Puesto fronterizo, Madrid, Síntesis, 2003, p. 174). En todo caso, según detalla Ana Nuño, la mitificación de su propio fallecimiento «ha acabado produciendo una especie de «relato de la pasión que la recubre con el velo de un Cristo femenino». Abundan los retratos del poeta suicida y Alejandra ingresa en esa galería de espectros añadiendo una etiqueta más a su obra. ¿Alguien discute, a estas alturas, que el malditismo sea un rótulo atractivo?

Como es obvio para Nuño, resultan graves las consecuencias de esa patología consistente en vincular vida y obra. La lectura de todo ello nos conduce a la cuestión del género: «La melancolía, la soledad y el aislamiento, cuando se ponen de manifiesto en la vida de una mujer, son rasgos que admiten ser interpretados como la prueba de un desequilibrio psíquico de tal naturaleza, que puede conducir a su autora al suicidio o la locura. Si es varón el escritor, en cambio, y su obra o vida o ambas manifiestan parecida contextura —la lista es larga, de Hölderlin y Rimbaud a Kafka y Beckett—, ésta suele recibirse como una confirmación del talante visionario del hacedor» (Ana Nuño, op. cit., p. 7). A vueltas con esa conexión entre la obra literaria y la realidad de su autora, Frank Graziano cree que «la obra suicida de Pizarnik sólo puede nombrar una muerte literaria y nunca una real». Es más, el debate sobre si la escritora cometió un suicidio o simplemente erró la dosis, resulta académico en lo concerniente a su creación literaria, pues dicha obra «sólo nombra la muerte que sufrió Pizarnik como autora, como personaje de su propia ficción, cualesquiera que fuesen las intenciones específicas de Pizarnik como persona» («Una muerte en que vivir», Alejandra Pizarnik. Semblanza, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1992, pp. 12-13).

Pese a algún exceso romántico y a más de un fraude piadoso, las biografías que han ido reconstruyendo el pasado de Alejandra Pizarnik reúnen hechos ciertos, aunque guiados por una relación mudable, de sabor barroco. En rigor, no son juegos imaginativos sino manifestaciones vibrantes, cuya materia prima es de las que fecundan una generación. Al fin y al cabo, reconstruir una vida de esta naturaleza conlleva un acto de soberbia en el que los biógrafos se creen capaces de expresar sentimientos y formas delirantes, pero también es un acto de humildad, también es un deseo de perfeccionar literariamente lo que en el pasado se ve como imperfecto y quebradizo.

CENTRO VIRTUAL CERVANTES





BIBLIOGRAFÍA
La tierra más ajena, 1955.
La última inocencia, 1956.
Las aventuras perdidas, 1958.
Árbol de Diana, 1962.
Los trabajos y las noches, 1965.
Extracción de la piedra de locura, 1968.
Nombres y figuras, 1969.
Poseídos entre lilas, 1969 (obra de teatro).
El infierno musical, 1971.
La condesa sangrienta, 1971.
Los pequeños cantos, 1971.
El deseo de la palabra, 1975.
Textos de sombra y últimos poemas, 1982.
Zona prohibida, 1982. (Poemas, muchos de ellos borradores de piezas publicadas en Árbol de Diana, y dibujos).
Prosa poética, 1987.
Poesía completa 1955-1972, 2000.
Prosa completa, 2002.
Diarios, 2003.