viernes, 8 de junio de 2018

David Douglas Duncan / Fotógrafo de Picasso

David Douglas Duncan
1945

DE OTROS MUNDOS



David Douglas Duncan
(1916 - 2018)


David Douglas Duncan es un fotoperiodista estadounidense (nacido el 23 de enero de 1916 en Kansas City, Missouri) considerado uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX, muy conocido por sus dramáticas fotografías de guerra, Corea y Vietnam principalmente, y de Picasso. Nació en Kansas City, Missouri, el 23 de enero de 1916 y falleció en un hospital de la Costa Azul francesa el 7 de junio de 2018.


Con una infancia marcada por su interés por la vida al aire libre, estudió arqueología y zoología marina.


Fotografiando como freelance obtuvo sin querer fotografías del famoso ladrón de bancos John Dillinger, disfrazado de mujer, queriendo entrar un hotel incendiado en Tucson para recuperar una maleta con el fruto de su botín. Fotos que se perdieron en el diario Tucson Citizen sin llegar a ser impresas.

En la Segunda Guerra Mundial, fue fotógrafo en los frentes del Pacífico Sur. Durante este tiempo, revistas como National Geographic le compraron diversos artículos, lo que le animó a continuar con la fotografía tras el fin del conflicto.

Así, entre 1946 y 1956 fue fotoperiodista para la conocida revista Life, para la que inmortalizó acontecimientos históricos como el final de la ocupación británica de India, el boom del petróleo en Arabia Saudí, la guerra civil de Grecia y, sobre todo, las guerras de Corea y Vietnam.

Robert Capa le animó a conocer a Pablo Picasso. En 1956, en uno de sus viajes a Europa, probó suerte, se dirigió a Mougins, Cannes, y se presentó en la casa del artista, La Californie, con un anillo grabado con los nombres ‘PICASSO – DUNCAN’ como regalo de bienvenida, siendo recibido por el artista mientras éste se bañaba. Fue cuando le tomó su célebre primer retrato y surgió una amistad que duró hasta la muerte del andaluz en 1973 y que propició miles de fotografías (25.000) y siete libros que introducen al lector en un espacio reservado para el trabajo, la familia y los amigos del genial pintor.

En 1971 se convirtió en el primer fotógrafo en exponer en solitario en Whitney Museum of American Artde Nueva York, tras haber recibido en 1967 la medalla de oro Robert Capa, premio que otorga el Overseas Press Club.

En 1996 donó su archivo al Harry Ransom Center, de la Universidad de Texas en Austin.


Picasso en 1957
Fotografía de David Douglas Duncan


Las jóvenes generaciones quizá piensan que Picasso era misterioso. No lo era en absoluto. Para mí, en cambio, existe un misterio: le he fotografiado unas veinticinco mil veces. En cada ocasión, parecía completamente normal, semejante a cualquier persona, excepto por los ojos. Se reía, estaba siempre muy atento a lo que decías, se interesaba por ti. Pero en mis encuentros con él nunca llegué a saber en qué pensaba.

David Douglas Duncan


Jacqueline Roque y Pablo Picasso
Fotografía de David Douglas Duncan

Fotografiar una historia de amor

David Douglas Duncan expone en Barcelona 100 instantáneas sobre la vida privada de Pablo Picasso

AGUSTÍ FANCELLI
Barcelona 30 NOV 1988
"He fotografiado la historia de amor entre Pablo Picasso y su mujer, Jacqueline". El fotógrafo norteamericano David Douglas Duncan (Kansas City, 1916) fue, a partir de 1956, testimonio de excepción de la vida privada de Picasso, con quien estrechó una sólida amistad, que le permitió tener libre acceso a las sucesivas residencias del artista y disparar libremente sus cámaras. De las más de 25.000 instantáneas obtenidas a lo largo de 17 años, en la sala de exposiciones de la Fundació Caixa de Pensions de Barcelona se muestra una selección de 100, titulada La magia de Picasso.
La exposición pone el acento en el entorno familiar de Pablo Picasso, constituido por su mujer Jacqueline y sus hijos Claude, Paloma y Octavio. Precisamente Duncan acaba de publicar en 11 países —en España editado por Muchnik— un álbum de fotos titulado Picasso y, Jacqueline, sexto trabajo del fotógrafo sobre la vida y la obra del artista. La mayoría de fotos de la muestra se recogen en este volumen, cuya historia forma parte de la profunda amistad entre el fotógrafo y los Picasso.
"Durante más de un año había estado trabajando en un libro que debía titularse Los Picasso olvidados, dedicado a la cerámica de Pablo, su producción menos conocida", cuenta Duncan. "Era hacia 1985. En dos ocasiones había mostrado la maqueta del libro a Jacqueline, que se me había puesto a llorar sin articular palabra. Era una mujer frágil, menuda... Finalmente llevé la maqueta a la Feria de Francfort del año siguiente. Allí conseguí que cinco editores respaldaran el proyecto. No llamé por teléfono a Jacqueline para comunicarle la buena noticia. Decidí coger el coche e írsela a dar personalmente a su casa de Nôtre-Dame-de-Vie, en Mougins. Llegué poco después de que Jacqueline se disparara. Si hubiera telefoneado, quizá hubiera evitado la tragedia.
Por respeto, por amistad, Duncan echó la maqueta a la papelera. Y empezó a trabajar en el libro recientemente aparecido, que ha sido impreso por Mondadori en Verona. No parece casualidad que sea la ciudad de Romeo y Julieta la elegida para este cometido. "No he necesitado ser un buen fotógrafo para fotografiar a Picasso. Él era ya muy fotogénico, a parte de que le gustaba escenificar su propia vida privada. Únicamente he necesitado ser competente".
Duncan necesitó también 17 años de intensa amistad que le permitieron trabajar con la máxima libertad. Hasta tal punto quedó integrado en el paisaje familiar picassiano, que fue alternativamente bautizado por Pablo y Jacqueline con el sobrenombre de Ismael y el mote de Gitano. "Picasso cambió mi forma de mirar. En los libros que fui haciendo tras haberle conocido me di cuenta, de que me acercaba mucho más a las caras que antes".
Pero si Picasso y su entorno han constituido la parte central del trabajo de Duncan, el radio de acción de este inquieto fotógrafo ha sido mucho más amplio. En 1946 entró a formar parte del equipo de la revista Life para la que realizó diferentes reportajes. En 1950 fue el primer fotógrafo occidental que llegó a Corea para fijar la guerra en unas películas, que posteriormente darían lugar a un legendario álbum, This is war! (¡Esto es la guerra!, 1951).
En 1966 publicó Yankee Nomad (Nómada Yanqui), una especie de autobiografía fotográfica, y dos años más tarde cubrió las convenciones demócrata y republicana que integrarían el volumen Self Portrait: USA (Autorretrato: USA).Tampoco la guerra del Vietnam pasó desapercibida a sus objetivos: War without Heroes (Guerra sin héroes) fue el significativo título que dio al volumen aparecido en 1970.
"Cuando empecé, hace 50 años, estaba orgulloso de vender fotografías al National Geographic por cinco dólares la unidad, sobre temas de aventuras y pesca mayor [estudió biología marina en la Universidad de Miami]. Pero hoy existen tan buenos profesionales que estoy seguro de que no conseguiría colocar ni una", afirma Duncan, quien se considera "un buen fotógrafo, aunque no el mejor del mundo: este título corresponde a Cartier Bresson".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de noviembre de 1988

Picasso en la bañera
Foto de David Douglas Duncan

El Picasso que donó David Douglas Duncan

A propósito de la reapertura del Museo Picasso en París, recordamos la historia de esta muestra permanente en el museo homólogo de Barcelona y que recoge la amistad de dos artistas esenciales del siglo XX.

Uno de los retratos de David Douglas Duncan: Picasso pintando un plato español en La Californie, 1957. / David Douglas Duncan
Robert Capa le había prometido a su amigo David Douglas Duncan, también fotógrafo de guerra, que le presentaría a Picasso; sin embargo, Capa murió en 1954 durante la Primera Guerra de Indochina. Dos años después Duncan coincidió en Francia con el pintor español y decidió llamarlo. Respondió su esposa, Jacqueline Roque, quien lo invitó a pasar por La Californie, la casa-taller de Cannes. Desde ese día, hasta la muerte del artista, en 1973, fueron amigos. 

“Cuando Picasso vio la fotografía de un amigo mío que había caído muerto, tendido en una colina, se sobrecogió, como si el proyectil hubiera impactado en él. Mis fotografías de guerra parecían abrumarle. Los ojos se le llenaban de lágrimas y su compasión hacia lo que acababa de ver era absoluta. Nunca he fotografiado una expresión más trágica”. Las palabras de Duncan se leen sobre una de las paredes del Museo Picasso de Barcelona. Al lado del texto están las tres fotos: la del amigo vivo, la del amigo muerto y la del rostro triste del pintor en primer plano. Detrás del lente: David Douglas Duncan. 
Las imágenes aquí narradas forman parte de la donación que David Douglas Duncan hizo al Museo Picasso de Barcelona. Son en total 163 fotografías tomadas entre 1956 y 1962 que se podrán visitar hasta el 11 de enero de 2015. Al recorrer la muestra se ve el diálogo con algunas obras de la colección permanente del museo. Por ejemplo: en una fotografía aparecen los pichones que habitaban el segundo piso del palomar en La Californie, pichones que se convertirían tiempo después en una pintura de Picasso. Lo mismo pasa con sus “pruebas enjuagadas”, el retrato muestra a Picasso introduciendo una de sus estampas en la bañera y muy cerca de la foto los visitantes pueden ver la “prueba enjuagada”. Proceso y resultado como forma de diálogo entre dos artistas. 
El Museo Picasso de Barcelona cuenta con 4.251 obras en la colección permanente y es el centro de referencia para conocer detalles sobre la vida y trabajo del pintor, especialmente sobre su época de formación. Picasso pasó años importantes de su adolescencia en la ciudad y quiso tener allí un museo, por esta razón Jaume Sabartés, amigo y secretario personal, donó su colección y el Palacio Aguilar de la calle Montcada fue abierto como museo en 1963. Hoy aparte de la exposición permanente y las temporales, se puede participar en actividades extra como clubs de lectura, talleres de grabado y estampación y charlas especializadas. 
La exposición cuenta hechos que marcaron la producción artística de Picasso, como cuando estuvo en una muestra de cerámica en 1957; a partir de esta visita realizó una serie de bandejas llamada “platos españoles” y las decoró con imágenes de animales: búhos, peces, aves. Algunos ejemplos de este trabajo se pueden ver junto a las fotos de su proceso creativo tomadas por Duncan. Un fotógrafo con carta abierta para retratar a un Picasso familiar y cotidiano, el mismo que cuando era niño le gustaba hacer figuras de papel para entretener a sus hermanas y tías, que más tarde en su etapa profesional aplicaría esta técnica para sus papiers collés y la aprovecharía en su vida personal para entretener a sus hijos y amigos, como en la foto del búho que cubre sus ojos o el conejo con el que Lump juega en La Californie. 
Detrás de todas estas imágenes estuvo David Douglas Duncan. Robert Capa le diría: “David, las fotos son muy buenas, te has acercado lo suficiente”.
David Douglas Duncan y Pablo Picasso
Muere estadounidense 
David Douglas Duncan, 
fotógrafo del Picasso más íntimo

El fotógrafo estadounidense David Douglas Duncan, célebre por sus imágenes de guerra y por haber inmortalizado a Picasso, falleció a los 102 años en el sureste francés, donde vivió una estrecha amistad con el artista español.
Douglas Duncan murió como consecuencia de una "neumopatía, rodeado de sus allegados", indicó el viernes el director del Museo Picasso de Antibes (sureste), Jean-Louis Andral.
El fotógrafo, conocido por sus iniciales DDD, entró en contacto con Picasso en 1956 y fueron amigos hasta su muerte en 1973, una relación que se mantuvo luego con su viuda, Jacqueline.
"Douglas Duncan venía de un viaje de Afganistán. Pasó por Cannes y fue a ver a Picasso por recomendación de Robert Capa. Su esposa le abrió la puerta y le dijo que entrara. Picasso estaba en la bañera y Douglas Duncan le preguntó si podía ir a buscar su cámara". Así nació una amistad y la primera de muchas fotografías, explicó a la AFP Silvia Domènech, responsable del Centro de Documentación del Museo Picasso de Barcelona.
"Creo que le intrigué. Había llegado con un Mercedes 300 SL, con las puertas que se abren como alas de mariposa. Además", el autor de El Guernica "respetaba mucho a quienes como yo habían conocido los horrores de la guerra", explicó el fotógrafo en una entrevista con el diario francés Le Figaro en 2012.
Uno más de la familia
El fotógrafo se convirtió en un inquilino más de la casa familiar, si bien no se comunicaban mucho entre ellos, sobre todo al principio "porque Picasso no hablaba inglés y Douglas Duncan apenas español", dijo Domènech.
Picasso tuvo varios fotógrafos, pero lo que "caracterizó a Duncan es que se concentró más en la vida cotidiana", lo que le permitió retratar desde su manera de trabajar hasta sus actividades rutinarias, como comiendo un lenguado o bailando, añadió.
"El 'yanki nómada' partió para una nueva gran aventura. Formó parte de nuestra vida diaria como un miembro de la familia. DDD es el fotógrafo que mejor mostró a Picasso trabajando, con discreción y afecto", reaccionó el viernes Claude Picasso, hijo del pintor.
Armas políticas
Pero antes que retratista de uno de los mayores artistas de la historia, DDD fue fotógrafo de guerra.
"Ustedes tienen cámaras, son como armas políticas, deben usarlas", dijo a los 90 años dirigiéndose a las jóvenes generaciones.
Muchas de sus instantáneas pasaron a la historia, como la de un soldado estadounidense en la guerra de Corea (1950-1953), sujetando una lata de conservas con la mirada perdida.
"Fue al alba. Hacía mucho frío, al menos 30 grados bajo cero, teníamos hambre, no podíamos ni hablar", explicó en 2008 durante el festival internacional de fotografía Visa pour l'Image de Francia.
Hasta el final, "se acordaba de los nombres y apellidos y grados de todos los soldados que había fotografiado en Corea y Vietnam", dijo Jean-François Leroy, director de la muestra.
Nacido en Kansas en 1916, empezó su carrera inmortalizando un incendio en un hotel de Tucson (Arizona), donde sin saberlo retrató al atracador John Dillinger, entonces el criminal más buscado de Estados Unidos, tratando de salvar de las llamas un maletín.
Movilizado durante la Segunda Guerra Mundial, Douglas Duncan hizo de los militares el centro de su trabajo. En el prefacio de su libro titulado "This is war!" (Es la guerra), publicado en 1951, el fotógrafo escribió: "No hay ninguna conclusión impactante (en el libro). Solo el deseo de mostrar un poco lo que un hombre debe soportar cuando su país decide entrar en guerra".
A este le siguieron una veintena de libros de fotos, varios de ellos antiguerra, como "I Protest" y "War Without Heroes" sobre la guerra de Vietnam.

AFP


lunes, 7 de mayo de 2018

Willy Ronis / Cronista de la vida parisiense

Willy Ronis

WILLY RONIS  CRONISTA
 DE LA VIDA PARISIENSE
(1910 - 2009)

Willy Ronis (París, Francia, el 14 de agosto de 1910 - París, 12 de septiembre de 2009​) fue un fotógrafo francés quien retrató en vida la post-guerra en París y Provenza.

INFANCIA
El padre de Ronis fue un refugiado judío en Odesa, que abrió un estudio de fotografía en Montmartre y su madre era una refugiada de Lituania que impartía clases de piano. La primera inquietud de Ronis se encaminó hacia la música, soñando con ser compositor. Volviendo del servicio militar en 1932, sus clases de violín tuvieron que pararse porque su padre padecía un cáncer que hizo que Ronis tuviera que hacerse cargo del negocio familiar.

CARRERA
Los trabajos de los fotógrafos, Alfred Stieglitz y Ansel Adams inspiraron a Ronis para empezar a explorar el mundo de la fotografía. Cuando su padre murió, en 1949, Ronis cerró el estudio y se unió a la agencia Rapho, con Ergy LandauBrassaï, y Robert Doisneau con el que participaba en el Grupo fotográfico Les XV.

Ronis se convirtió en el primer fotógrafo francés en trabajar para la revista LIFE. En 1953Edward Steichen incluyó a Ronis, Henri Cartier-Bresson, Doisneau, Izis, y Brassaï en una exposición en el Museo de Arte Moderno, el MoMA titulada Five French Photographers (Cinco fotógrafos franceses). En 1955, Ronis fue incluido en la exposición The Family of Man (La Familia de los Hombres). La Bienal de Venecia premió a Ronis con la medalla de oro en 1957. Ronis comenzó a enseñar en los 50, y llegó a dar lecciones en la Escuela de Bellas Artes de AvignonAix-en-Provence y Saint Charles, Marsella. En 1979 Ronis fue galardonado con el Gran Premio de las Artes y las Letras en Fotografía por el Ministro de Cultura.

La esposa de Ronis, Anne Marie fue la modelo de su famosa foto de 1949Desnudo Provenzal. La foto, mostrando a Anne Marie lavándose en un lavabo con una jarra en el suelo y una ventana abierta desde la que el espectador puede ver el jardín, denota su habilidad para transportarnos las sensaciones de la vida provenzal. Más tarde, Ronis fotografiaría a Anne Marie sufriendo el mal de Alzheimer, sentada sola en una sala del hospital. Anne Marie murió en 1991.

Ronis vivió y trabajó en París donde falleció el 12 de septiembre de 2009 a los 99 años de edad.​ Aunque dejó la fotografía en 2001, cuando comenzó a necesitar un bastón para moverse, lo que le dificultó desplazarse con la cámara, terminó su vida redactando libros para la compañía de publicidad Taschen.



Foto de Willy Ronis



“Jamás he buscado lo insólito, lo nunca visto, lo extraordinario, sino más bien lo más típico de nuestra vida cotidiana.”
Willy Ronis

Desnudo provenzal
Willy Ronis


Una antológica presenta en España el humanismo gráfico del fotógrafo francés Willy Ronis

Mikel Muez
Pamplona, 23 de octu

El Ayuntamiento de Pamplona acaba de presentar la primera exposición retrospectiva que se puede ver en España del fotógrafo francés Willy Ronis (París, 1910). La muestra, que viajará seguidamente hasta Berlín, reúne hasta el próximo 21 de noviembre un total de 63 de las mejores fotografías realizadas por el artista del país vecino en su dilatada y premiada carrera profesional, agrupadas bajo el epígrafe Sur le fil du hasard (En el filo del azar), el mismo título del libro de Ronis que obtuvo en el año 1981 el premio Nadar en su país natal.

Un azar buscado

Willy Ronis, perteneciente al grupo de los creadores humanistas franceses y fundador de la agencia Rapho, es uno de los más claros ejemplos de la estirpe de fotógrafos de posguerra europea que dio al mundo nombres como Robert Doisneau, Henri Cartier-Bresson, Boubat, Izis o Kértèsz."Lo cotidiano es lo verdaderamente extraordinario y las fotografías de Ronis nos enseñan que la vida era entonces más humana", afirmó durante la presentación de la muestra la comisaria de la misma, Lola Garrido, poseedora de una de las mejores colecciones privadas de fotografía de España y una de las mayores expertas del país en la materia.
Lola Garrido situó al autor dentro de su contexto. "Willy Ronis fue cofundador del grupo XV, una expresión de amor a la vida surgido tras la Gran Guerra europea que ofreció una generación de artistas que, tras vivir de cerca lo terrible, amaron la belleza de la sencillez, de la cotidianeidad", señaló la comisaria.
Si Henri Cartier-Bresson atrapaba con su cámara "el instante decisivo", Ronis recogía en su trabajo un azar buscado previamente. Las imágenes que se pueden ver en la muestra de Pamplona (Zapatería, 40) hasta el próximo 21 de noviembre se centran en los treinta años que transcurren entre 1930 y 1960. Ante el espectador desfilan detalles callejeros, desnudos femeninos, retratos sociales de una extrema intensidad, paisajes humanos marcados por la soledad, el dolor, el anhelo y el amor. Todos ellos van marcando los mojones del periplo de Ronis por los sentimientos humanos más básicos."El trabajo de Willy Ronis nos demuestra que convivir es más difícil que vivir", apuntó Garrido, al destacar que el objetivo de su cámara "situada siempre a la altura del corazón", eran los hombres y sus gestos, recogidos bajo el prisma de la solidaridad. Precisamente eso, la solidaridad, definió algunas de las más brillantes fotografías del autor francés, en las que exhibe con tanta crudeza como ternura el dolor de los obreros en paro, de la muerte cercana, de la soledad.
"No hay artista sin compromiso", añadió Lola Garrido al explicar el devenir de un humanismo como el francés, profundo conocedor de la pintura, del diseño, esperanzado ante la vida, vinculado al realismo poético del cine de la época en el país vecino e incluso divertido, frente el coetáneo humanismo estadounidense, preocupado mucho más por la gran depresión económica que siguió al crack de la Bolsa de 1929 y mucho más duro en sus resultados gráficos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 2000
Foto de Willy Ronis

Un toque humanista

JOSU BILBAO FULLAONDO
12 de noviembre de 2000

Después de la Segunda Guerra Mundial, la fotografía vivió en Europa una gran primavera de humanismo con raíces en los años treinta. La crisis había sido larga y dolorosa. Las clases más humildes, como siempre, fueron las más afectadas. Gran número de intelectuales y artistas apoyaron la defensa de una sociedad más justa. Y los fotógrafos se ocuparon de ofrecer testimonio de los más desprotegidos. Defienden y creen en la dignidad de la persona. Recuperan con ternura la estela más cotidiana que el genero humano va dejando tras él. Con ellos madura el "realismo poético". En esta lírica de compromiso solidario, la lista de autores es gloriosa y en las primeras filas está Willy Ronis (París, 1910). Sus fotografías Sur le fil du hasard (Al filo del azar) se ven estos días en la Sala Zapatería de Pamplona. Así, los animadores culturales del Ayuntamiento han querido unirse al homenaje de su noventa aniversario.Ronis aprende el oficio en el taller de fotografía propiedad de su padre. La influencia de su madre, profesora de piano, le inculcó el amor por la música. Así se puede explicar la armonía y delicados matices de sus tomas. Debuta en la revista Regards. Sus primeras fotos las hizo en París y los Alpes; algunas de ellas sirvieron como soporte publicitario en los ferrocarriles franceses. El inicio de la guerra le lleva a zona de la Francia liberada e interrumpe su actividad fotográfica hasta 1945. De vuelta a París se incorpora en el grupo de los XV, con Doisneau, Boubat, Izis, Sougez o Garban, para realzar la fotografía de su país concebida como arte, abierta a terrenos tan distintos como el reportaje, la publicidad, la industria, la moda o sencillamente la ilustración.
Con estas premisas y desde la agencia Rapho realiza diversos trabajos para las grandes revistas del momento. Es uno de los primeros fotógrafos franceses en trabajar para Life, con la que rompe su relación por diferencias ideológicas; no le dejaban titular ni poner pie a sus fotos. Con sus cámaras recorre Grecia además de Albania, Yugoslavia y otros países del bloque socialista.
Desdeña la idea de una fotografía especializada. Su actividad se extiende a todos los dominios. En el año 1968, se incorpora como docente en la Escuela de Bellas Artes de Avignon. Sus álbumes más preciados son Belleville-Menilmontant,realizado durante siete años en el distrito XX de la capital francesa, y la recopilación, con carácter de antología, Sur le fil du hasard, que mereció el premio Nadar en el año 1981. Los aplausos traen homenajes. Sigue haciendo fotografías que se exhiben en las salas más prestigiosas de Europa, Estados Unidos y Japón.
Ahora sus fotos han llegado a Pamplona; tienen como sujeto principal al hombre. Es el motivo de inspiración principal. En planos abiertos o cerrados, picados o contrapicados, presenta un mundo repleto de autenticidad. Son momentos de una naturalidad absoluta, extraídos de la rutina cotidiana, de los que nos hacemos cómplices sin darnos cuenta porque forman parte de nuestra vida. Así descubrimos la ternura y la pasión, la sonrisa y el enfado.
Se desvela, concisa, la dignidad humana con su imparable fecundidad. En definitiva, se exaltan los sentimientos humanos con la ayuda de unas luces capaces de realzar las situaciones más banales. El abrazo de la monja al soldado prisionero que vuelve a casa, la arenga de una mujer en la empresa Citroën llamando a la huelga, el contraluz de los muelles de Venecia o el desnudo provenzal donde una mujer se asea recortada por una intensa luz lateral que penetra por una ventana son ejemplos para palpitar el corazón. Muestra suficiente de alguien irrepetible en el arte de las luces y las sombras.
Willy Ronis es, sin duda alguna, uno de los valores más representativos de lo que se ha llamado la fotografía humanista. Ha prolongado su idea de la solidaridad hasta la fotografía. Con mensajes claros y concisos sigue siendo capaz de ilustrar un acontecimiento con una sola imagen y, además, aportar matices de su generoso mundo interior y de sus convicciones políticas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de noviembre de 2000

Foto de Willy Ronis

Una vida tras la cámara



BELEN GINART

26 MAR 2001

Willy Ronis (París, 1910) soñaba con seguir los pasos de su madre y despuntar en el mundo de la música. Pero el destino le había deparado otra ruta en el campo del arte y acabó brillando en la misma actividad de su padre, la fotografía, una actividad que en su país le ha valido varios nombramientos, entre ellos el de comendador de las Artes y de las Letras y caballero de la Legión de Honor.


Desde que en 1916, con sólo seis años, consiguió su primera cámara, se ha dedicado a plasmar la vida cotidiana en imágenes. Hasta el próximo 18 de mayo, en la FNAC El Triangle se exponen una cuarentena de los mejores trabajos, en blanco y negro, de este profesional curtido, al lado de figuras notables de la fotografía como son Henry Cartier-Bresson y Robert Doisneau.

Hijo de emigrantes judíos, Willy Ronis se ganó pronto el prestigio como reportero y fue el primer francés que trabajó para la revista Life. Su mirada atenta le convirtió en brillante notario del día a día de su París natal, de sus calles, de sus gentes y de sus comercios, del patrimonio, pero también de los movimientos sociales, sin dejar de lado incursiones en el mundo de la publicidad.

En la exposición de la FNAC El Triangle (organizada con motivo de su 90º aniversario y presentada por primera vez en la FNAC Montparnasse el pasado año) se reúnen algunas de sus fotografías más famosas, como Desnudo provenzal y la que muestra, en plena calle, a los pingüinos de un circo, con otras menos conocidas, unidas todas ellas por un tono intimista.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de marzo de 2001



Foto de Willy Ronis


Willy Ronis retrata 

el París más humano

Primera retrospectiva del fotógrafo en España


FERNANDO SAMANIEGO
Madrid 1 MAY 2006

"La fotografía es la mirada. O se tiene, o no se tiene". La frase de Willy Ronis figura en la sala de exposiciones de la Fundación La Caixa, de Madrid (Serrano, 60, www.lacaixa.es, hasta el 23 de julio), donde se han reunido 130 imágenes, en la primera retrospectiva en España del fotógrafo francés. A los 95 años, en su casa de París, ha controlado la selección de su obra y su presentación, incluido el tipo de marco.


Uno de los nombres de la fotografía humanista, junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Doisneau, con la muestra, que después viajará a Lleida, Murcia y Tenerife, recorre temas del mundo laboral, el hombre y la máquina, la ciudad popular, la intimidad, viajes y desnudos.

Marta Gili, responsable de fotografía y artes visuales de la Fundación La Caixa y comisaria de la muestra, ha revisado en el estudio de Willy Ronis un millar de negativos para sacar copias modernas y presentar a una de las figuras de la fotografía del siglo XX. Ronis ha dejado de ser un desconocido tras la reciente exposición en el Ayuntamiento de París, que incluía un vídeo de Virginie Chardin y Vladímir Vasak, que ahora se pasa en Madrid, donde Ronis cuenta su biografía a través de sus fotos.

El fotógrafo más humanista, en una corriente que surge después de la Segunda Guerra Mundial y llega hasta los sesenta, aparece en el comienzo del montaje, con las fotos de París y sus gentes de los barrios populares. Ronis comenta en el documental que le interesaba "la realidad de los parisinos, ser testigo de la alegría de su libertad", y prefiere retratar a "gente normal y corriente". No explica si estas intenciones significaban la "fotografía humanista" que identificaba a los colaboradores de la revista Regards, vinculada al Partido Comunista Francés.

La comisaria señala en estas fotos de los años cuarenta y cincuenta "el ánimo a favor de la esperanza en el ser humano, los gestos de la vida cotidiana", que en Ronis es más militante frente a otros colegas con "una idea idílica de lo social", como se refleja también en los textos que acompañan sus imágenes, ya que cree que "las fotos sin palabras pueden ser manipuladas". "En estas obras de gente en la calle, niños jugando o bares, juega con la luz y ve la realidad a través de varios velos o capas, una realidad fragmentada más intuida", dice Marta Gili.

Willy Ronis cuenta en el vídeo que la gente le inspira simpatía y con las personas construye sus propias historias. Aunque confiesa que es sensible a los dramas de la vida, tiende a "olvidar los aspectos negativos". En otro espacio de la sala se han reunido sus primeros reportajes sociales de los años treinta, de huelgas en fábricas y reivindicaciones laborales, con algunas piezas explicadas por el autor, como la arenga de una sindicalista en la huelga de Citroën en 1938, que no pudo entregar en el reportaje para Regards y la positivó en 1980 en un repaso de sus negativos.

El montaje incluye sus fotos más íntimas y familiares, la vida cotidiana con su mujer y su hijo, y las realizadas durante los viajes por Holanda, Londres, Venecia, Praga o Leningrado, que incluye tres vistas de barrios de Barcelona, realizadas en 1993, y una vista de la playa de Gandía dos años antes, que se presenta en copia original de su archivo. Otro espacio recoge sus desnudos femeninos de distintas épocas, hasta sus últimos trabajos, que incluye el Desnudo provenzal,de 1949, de la esposa del fotógrafo tras levantarse de la siesta, según le contó a Marta Gili. Otra imagen conocida es "el beso" de "los enamorados de la Bastilla", en un invierno de 1957, una pareja que fue identifica en 1988.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de mayo de 2006


Foto de Willy Ronis

Humana poesía

Alberto Martin
10 de junio de 2006

La obra de Willy Ronis, representante de la fotografía humanista, se mueve entre los principios estéticos del realismo poético y un marcado compromiso ideológico.

Willy Ronis (París, 1910) cuenta que, en su caso, la fotografía es el resultado de un accidente y no de una vocación. Menos conocido y difundido que otros coetáneos suyos, como Cartier-Bresson o Robert Doisneau, encarna, como ellos, el prototipo de fotógrafo humanista que busca registrar fragmentos de vida que se vuelca sobrelo cotidiano con el ánimo de capturar aquello que define y evoca la existencia del hombre,sin artificios. Pero a esta característica forma de afrontar el hecho fotográfico, común a una amplia generación de fotógrafos de la posguerra europea, hay que añadir en Willy Ronis algunos elementos que singularizan su trayectoria. El primero de ellos es un compromiso ideológico de izquierdas que le lleva a prestar una atención especial hacia los trabajadores, las clases desfavorecidas y los barrios populares de París. Y en ese aspecto es donde se encuentra uno de los aciertos de esta retrospectiva. La comisaria de la muestra, Marta Gili, ha seleccionado un buen número de obras, muchas de ellas poco o nada difundidas. No es la masa trabajadora o el proceso industrial lo que le interesa sino la dignidad del hombre y la belleza del producto que genera con su esfuerzo. Ronis declara que busca realizar, ante todo, imágenes que conmuevan, capacidad para conmover que se desprende de su evidente compromiso.Si hay una imagen que pueda al mismo tiempo resumir ese principio, y su acercamiento a la figura del trabajador, es el retrato del Minero con silicosis, una de las tomas más rotundas de esta muestra.
Como otros fotógrafos de su época Ronis es ante todo un fotógrafo "paseante", para quien la ciudad es el terreno privilegiado donde desarrollar esa representación poética de la felicidad cotidiana y modesta que caracteriza su trabajo. En sus fotos no hay que buscar la anécdota, el engaño visual o la situación paradójica.Su método de trabajo no es el disparo rápido, sino "el desarrollo previsible" de los acontecimientos que deja surgir una atmósfera poética. Basándose en los cinco principios que él mismo enuncia: paciencia, reflexión, azar, forma y tiempo, consigue equilibrar la inmediatez de la instantánea con cuidadas y rigurosas composiciones. Así es como llega a construir momentos de enorme intimidad como en la colada en la cubierta de un barco (La colada sobre la barcaza), el juego infantil debajo de unas escaleras (Chicos de Belleville) o en el interior de una barcaza (Desde el puente de Arcole), el grupo de amigos en un café (Café de la Rue Mouffetard) o los bañistas en un pequeño puente sobre el río (En el Marne). Willy Ronis es un fotógrafo de atmósferas tranquilas y amables, que sabe esperar, y que también sabe que la "casa del hombre" se encuentra allí donde está su felicidad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de junio de 2006
Foto de Willy Ronis

Willy Ronis, fotógrafo del París de la calle

MOKHTAR ATITAR
Twitter13 SEP 2009

Willy Ronis, exponente de la fotografía de la segunda posguerra mundial, ha fallecido este sábado a la edad de 99 años. Hijo de un refugiado ucranio judío y una profesora de piano lituana, el joven Willy Ronis estuvo en contacto con la fotografía toda su vida, ya que su padre tenía un estudio en el barrio parisino de Montmartre. Sin embargo tiró de él la profesión materna, y durante su adolescencia jugó más con la música que con la fotografía. Pese a todo se tiene constancia de que su primera fotografía la firma a los 16 años.


No fue hasta 1932, una vez cumplido con el servicio militar, cuando entra de lleno en la fotografía. El cáncer que padeció su padre obligó a Ronis a hacerse cargo del estudio. El joven fotógrafo no aguanta entre las paredes del estudio, y decide salir a retratar el exterior, primero deportes de invierno, para más tarde retratar la vida urbana de París.

Es la capital francesa en ese tiempo cuna de fotógrafos apegados a lo humano. Coincide y comparte experiencia con otros grandes como Doisneau, Cartier-Bresson o Robert Capa. Los objetivos de las cámaras se fijan por aquel entonces en la agitación social que vive Francia durante la década de los treinta. A partir de 1936, año en el que vence la izquierda francesa agrupada en el Frente Popular, Ronis empieza a publicar en la revista Regards una serie de trabajos sobre los movimientos sociales, entre ellos las huelgas de obreros en Citröen.

La Segunda Guerra Mundial hace que Ronis cuelgue las cámaras. Por su origen judío, huye del París ocupado por los nazis y se instala en la Francia de Vichy. Trabaja en las taquillas de un teatro, como ayudante de decorados en el cine, o como pintor de bisutería, oficio en el que conoce a su futura Marie-Anne, a la que retrata y convierte en su principal modelo, en obras como El desnudo provenzal.

El fin de la contienda hace que Willy Ronis retome la fotografía. Y lo hace a lo grande y con otros grandes: en 1946 entra a formar parte de la agencia Rapho, junto a Doisneau y Brassaï. El humanismo que impregna su estilo es ya indiscutible. Ronis retrata la vida cotidiana, como por ejemplo al Pequeño parisino, un niño que corre llevando debajo del hombro una baguette más grande que él. "La aventura no solo se mide en kilómetros", dirá sobre su fotografía. "Las fuertes emociones no se encuentran solo en Partenón. Emoción, si eres digno de ella, será sentida detrás de la sonrisa de un niño que vuelve a casa con los libros del colegio, un tulipán en un jarrón tocado por un rayo del sol, o el rostro de una mujer enamorada".

Sus retratados son eso: niños que corren por los barrios populares de la capital, que se esconden para jugar debajo de unas escaleras, el beso de una pareja de enamorados, y como escenario siempre París. "En los diferentes géneros en los que he trabajado", decía en una entrevista en mayo pasado a Mediapart, "no me gustaba mucho el retrato [posado]. Me gustaba mucho más el movimiento, la gente en la calle, los hechos, las cosas que se mueven". En esa misma entrevista confesaba que durante toda su vida solo trabajó con tres cámaras. "Es el fotógrafo quien hace la fotografía, no la cámara", sentenciaba.

La década de los cincuenta es para Willy Ronis su época dorada, convirtiéndose en el primer fotógrafo francés en firmar en la revista LIFE. Edward Steichen (por aquel entonces director de fotografía del MOMA de Nueva York) lo incluye junto a Izis, Cartier-Bresson, Brassaï y Doisneau, en la exposición Cinco fotógrafos franceses, y poco después en Family Man (1955), la gran muestra que recoge el trabajo de 273 fotógrafos con el ser humano como centro exclusivo de las obras.

En los años 60 las fotografías que imperan en la prensa son las instantáneas impactantes, "y a mi", confesará tiempo después, "la fotografía de impacto, no me interesa". El "fotógrafo parisino", como él mismo se definía, se dedicará desde entonces a la fotografía de publicidad, de moda y a los desnudos así como a dar clase del oficio, dejando un tanto de lado ese estilo que compartió con Robert Doisneau (captar el instante de la vida cotidiana y convertirlo en una obra de arte). También célebres son sus autoretratos. Uno de ellos (Nirvana), lo tomará bien entrados los 80 años mientras salta en paracaídas.

Legión de honor de la República Francesa (máxima condecoración de su país), Willy Ronis también fue premiado con el Gran Premio de las Artes y de las Letras de Francia en 1970. En 1983 dona toda su obra al estado francés, pero no es hasta 2001 (¡a los 91 años!) cuando decide colgar definitivamente sus cámaras, con un desnudo como última fotografía firmada por él. El pasado mes de julio acudió al encuentro de fotografía de Arles, compartiendo con el público experiencias de toda una vida dedicada a la fotografía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de septiembre de 2009