sábado, 27 de octubre de 2018

Muriel Spark / Una escritora que nunca estuvo de moda





Muriel Spark
(1918 - 2006)

Narradora, poeta y crítica literaria británica nacida en Edimburgo en 1918 y fallecida el 13 de abril de 2006 en Florencia.

Nacida en el seno de una familia judía de origen italiano, su obra refleja con ironía y mordacidad el lado más desquiciado de la vida moderna, siempre desde una perspectiva gobernada por la fe católica, a la que se convirtió en 1954.

Interesada desde que era muy joven por los asuntos sociales, viajó al Cono Sur de África para conocer directamente la realidad de sus pobladores. Después de pasar algún tiempo en la República Sudafricana, residió durante varios años en Rhodesia (actual Zimbabwe), donde contrajo matrimonio con S. O. Spark, de quien tomó el apellido que la haría célebre como escritora. En 1944 se separó de su marido y regresó a Inglaterra, para desempeñar un cargo en el Departamento de Propaganda Antinazi del Ministerio de Asuntos Exteriores británico.

Posteriormente, su conversión al catolicismo la llevó a afincarse en Roma, ciudad en la que ha pasado la mayor parte de su vida. Allí, sus continuas reflexiones acerca de la lucha entre el bien y el mal empezaron a plasmarse en una serie de novelas que la han consagrado como una voz profundamente original en la narrativa europea de la segunda mitad del siglo XX.

En 1957 dio a la imprenta su primera entrega narrativa, titulada Los que consuelan(1957), obra a la que siguió una segunda novela, Memento Mori (1959), en la que ya se advierte nítidamente una predilección por la que habría de ser una constante temática dentro de su corpus narrativo: la contemplación del aspecto monstruoso de la vida moderna, sometida a un enfoque sarcástico que acentúa sus tintes grotescos. Esta novela recibió una excepcional acogida por parte de críticos y lectores, y confirmó a Muriel Spark como una de las grandes revelaciones de la narrativa contemporánea escrita en lengua inglesa.

Alentada por este reconocimiento, en 1960 volvió a los anaqueles de las librerías con su tercera novela, La balada de Peckham Rye, donde continuó explotando ese filón insólito y grotesco que, tres años después, volvería a ser dominante en otra entrega narrativa suya, titulada Las señoritas de escasos medios (1963). Entre una y otra obra, publicó la que está considerada como su novela más afortunada, Los mejores años de Miss Jean Brodie (1961), una obra en la exhibe con altivez y orgullo sus valores religiosos y morales, sin dejarse arrastrar por esas concesiones a la duda y la compasión que son tan frecuentes en la narrativa centrada en temas espirituales. En esta novela, Muriel Spark construye con singular acierto la figura de una joven alumna que, obnubilada por un excéntrico maestro de Edimburgo a quien admira profundamente, acaba decepcionada tras descubrir los muchos defectos que ocultaba su ídolo. El éxito de Los mejores años de Miss Jean Brodie propició una famosa adaptación teatral y una no menos célebre versión cinematográfica (por la que obtuvo un Oscar de Hollywood a la mejor actriz la inglesa Maggie Smith), obras que acabaron por dar difusión internacional al nombre y a la creación de Muriel Spark.

Así las cosas, ya consagrada como una de las voces más representativas de la novelística comprometida con la fe católica, en 1965 Muriel Spark dio a la imprenta La puerta de Mandelbaum, un espléndido relato donde, desde un rigor testimonial cercano al documento histórico y al reportaje periodístico, abordó la tensa situación vivida en Oriente Medio por judíos y palestinos. Posteriormente, incrementó su ya considerable producción narrativa con otros títulos que le supusieron nuevas críticas favorables, entre los que sobresalen El asiento del conductor (1970), El invernadero junto al río (1973), La abadesa de Crewe (1974), La toma de posición (1975) y Derechos territoriales (1979).

En la década de los años ochenta, Muriel Spark dio nuevas muestras de su fecundidad creativa por medio de dos grandes novelas que pusieron un brillante broche de oro a su larga andadura como escritora. En la primera de ellas, titulada Vago con alevosía (1981), la escritora británica, desde la lúcida valentía que le otorgaba su madura autoridad, volvió a enfrentarse con su permanente debate entre las fuerzas del bien y el mal, sin dejar de exponer sus opiniones personales. Finalmente, en El único problema (1984) ofreció una audaz e inteligente reflexión acerca del Libro de Job.

Al margen de las novelas citadas, Muriel Spark cultivó también otros géneros como la poesía y la crítica literaria, terrenos en los que dejó una producción mucho menos relevante que la cosechada en el campo de la narrativa. Asimismo, escribió varios relatos breves que quedaron recogidos en el volumen titulado Relatos de Muriel Spark (1985).




MÁS QUE GRAN DAMA
Actualizado 16/04/2006 - 02:51:24

Mujer de mirada húmeda y grande, también fría como el iceberg que choca con la realidad y la convierte en ficción, la escritora Muriel Spark tuvo la suerte de no ponerse demasiado de moda. Practicaba el arte de la novela con una fineza oblicua y maléfica, horadando túneles hacia alguna forma de trascendencia. Se había ido a vivir a Italia. Le gustaban los coches bellos, la jardinería a la medida de lo humano, lo cual significa morirse -como ha hecho- en la Toscana.Sus novelas tratan el problema de qué clase de verdad puede narrarse en una novela. En todo, una intensa presión estilizadora, hasta reducir la dimensión de la novela con una maestría incomparable. En España ha sido traducida de forma irregular: por ejemplo, «Merodeando con aviesa intención», «El único problema», «Una mujer al volante», «La imagen pública» e, inevitablemente, «El punto dulce de la señorita Brodie», encarnada en el cine por la gran Maggie Smith. Sobre Muriel Spark logró cierta preferencia mediática Iris Murdoch, sobre todo desde que su marido se puso a contar declives físicos y mentales.



Sumó el humor ácido a la omnisciencia narrativa: dos esfuerzos complementarios que dan como fruto una suerte de ficción teológica, comedia de las últimas verdades, todo bajo control, bajo la mirada gélida de la novelista. «Currículum vitae» fue su autobiografía, de formación coralina y filo acerado, «finesse» que desborda las formas del refinamiento y percibe el tacto de la tragedia. Ahí se despachó a gusto con el recuerdo de un antiguo novio. Convertida al catolicismo, acabó por situar en una abadía una intriga inspirada en el caso Watergate. Nada era imposible para la imaginación de Muriel Spark, ni por supuesto la crueldad.

Tanta sutileza ambigua irradiaba su extraña luz en las antípodas de la literatura más actual, tan carente de espíritu. Apareció hace unos años por Madrid, invitada por el «British Council», con una cojera ideal de algo más que gran dama. Leyó una páginas de su obra y la sala se pobló de ángeles con sonrisa de diablo y diablos con aspecto de escribir novelas que en gran parte son poesía. Muriel Spark muere sobrada de dotes para toda ficción superior.

VALENTÍ PUIG



BIBLIOGRAFÍA
Novelas
The Comforters (1957)
Robinson (1958)
Memento Mori (1959)
The Ballad of Peckham Rye (1960)
The Bachelors (1960)
The Prime of Miss Jean Brodie (1961)
The Girls of Slender Means (1963)
The Mandelbaum Gate (1965)
The Driver's Seat (1970)
Not to Disturb (1971)
The Hothouse by the East River (1973)
The Abbess of Crewe (1974)
Territorial Rights (1979)
Loitering with Intent (1981)
The Only Problem (1984)
Symposium (1991)
Reality and Dreams (1996)
Aiding and Abetting (2000)
The Finishing School (2004)

Otras obras

Tribute to Wordsworth, (1950), edit. con Derek Stanford.
Child of Light (1951), sobre Mary Shelley.
The Fanfarlo and Other Verse (1952)
Selected Poems of Emily Brontë (1952)
John Masefield (biografía) (1953)
Emily Brontë: her life and work (1953), con Derek Stanford.
My Best Mary (1953), cartas de Mary Wollstonecraft Shelley, ed. con Derek Stanford.
The Brontë letters (1954)
Letters of John Henry Newman (1957), ed.con Derek Stanford.
The Go-away Bird (cuentos) (1958)
Voices at Play (cuentos y piezas) (1961)
Doctors of Philosophy (teatro) (1963)
Collected Poems (1967)
Collected Stories (1967)
The Very Fine Clock (1968), libro infantil, ilustrado por Edward Gorey.
Bang-bang You're Dead (cuentos) (1982]
Going up to Sotheby's (poemas) (1982)
Curriculum Vitae (1992), su autobiografía.
Complete Short Stories (2001)
All the Poems (2004)
You Should Have Seen the Mess (cuentos)





sábado, 1 de septiembre de 2018

Dora Maar / La musa doliente de Picasso



Dora Maar
1948
Fotografía de Irving Penn

FICCIONES

DE OTROS MUNDOS



Dora Maar

Henriette Theodora Markovitch
(1907 - 1997)

LA MUSA DOLIENTE DE PICASSO


Artista plástica, pintora, fotógrafa y escultora francesa.Nació en Tour el 22 de noviembre de 1907 y falleció en París el 16 de julio de​ 1997. En la partida de nacimiento consta con el nombre de Henriette Markovitch. Theodora sería una elección posterior pero no figura en ningún documento.



INFANCIA Y ADOLESCENCIA

El padre de Dora Maar, Joseph Markovitch (Marković), era un arquitecto croata que hizo distintos proyectos en Sudamérica,​ y su madre, Julie Voisin, era una violinista francesa, originaria de Tours.​ La madre de Dora se nacionalizó croata para casarse con Joseph y más tarde recuperó su nacionalidad francesa. En su matrimonio se celebraron dos ceremonias, una en Zagreb y otra al lado de Rijeka. Seguramente se conocieron en esta última ciudad. Padre e hija acostumbraban a salir a comer juntos por el barrio de Saint Germain-des-Prés durante los años 1940 y 1950. En la familia se hablaba francés y castellano. Fueron muy cosmopolitas y las fotografías de su juventud muestran a Dora desde paisajes de los Alpes hasta zonas tropicales. Dora creció en Argentina.

Su familia se opuso fervientemente a su relación con Picasso. Un día, Julie, discutía violentamente con Dora por teléfono, cuando de pronto la voz de la primera se cortó. Había muerto. Fue durante la ocupación de Francia por los nazis y era de noche, después del toque de queda. A la mañana siguiente, Dora la halló muerta con el teléfono en una mano.

En casi un millar de fotografías, tan sólo hay dos en las que sonríe. Dora era una persona callada, orgullosa, muy inteligente y de una ironía fina a veces teñida de cierta maldad. Le gustaba disfrazarse de siglos anteriores. Ése es un aspecto de ella que aparece en muchos otros collages.
Se emancipó con prontitud y se convirtió a la vez en un símbolo para la alta sociedad parisina.


Fotografía de Dora Maar

LA JOVEN FOTÓGRAFA
Dora Maar debió pintar sobre los años 1950. Estudió en la Academie Lothe donde conoció a Henri Cartier-Bresson un año más joven que ella y que aún no se había convertido en uno de los mejores fotógrafos. Fue en 1949 cuando éste la definió como una fotógrafa notable en que sus obras poseían un halo misterioso y espantoso; también admiraba sus pinturas. Cartier-Bresson creía que la fotografía es un oficio de solitarios, esa creencia podría aplicarse muy bien a Dora.
En ese entonces la fotografía no estaba tan bien considerada como ahora. Así pues, los fotógrafos solían ser también pintores. Picasso ironizaba sobre la actividad fotográfica de Dora. Ésta no estaba del todo satisfecha con la enseñanza de la Academie Lothe. Así que, más tarde, siguiendo el consejo de Marcel Zahar siguió sus estudios de fotografía matriculándose en “L’École de Photographie de la Ville de Paris”. Para poder revelar sus fotografías ella daba clases a Pierre Kéfer, a cambio él le dejaba usar el taller. Algunas fotografías llevan la marca Kéfer-Dora a pesar de que las últimas están hechas únicamente por ella.​
La formación de Dora pasa principalmente por la búsqueda de mentores. El único consejo que dio Man Ray a Dora fue “el efecto desenfocado”.​ Fue entonces cuando conoció a Brassaï con quien mantendría una larga amistad. Dora fotografió el proceso de composición del Guernica.​ Sougez aconseja a Dora tanto a nivel técnico como personal. Ellos publicarán varias obras conjuntas. A través de su padre, consiguió tener un estudio propio. En éste creó sus famosos fotocollages. Ella dijo que no distinguía entre encargo y creación. Trabajó también como actriz en la película Les gens de voyage de Jaques Feyder.


Dora Maar


SURREALISMO

Casa de Dora Maar en Ménerbesdepartamento de Vaucluse (Francia).
Era amiga íntima de André Breton, Paul Éluard y Nusch Éluard. Con George Hugnet tuvo una breve historia amorosa. André le escribe pidiéndole que recoja los dibujos y objetos realizados por los locos del asilo de Sainte-Anne, donde más tarde ella misma sería ingresada. Dora se sentía atraída por la muerte. Maar experimentaba con los objetos desproporcionados como un recurso que desestabilizaba nuestra realidad.
La fotografía de Dora en este nuevo aspecto era más bien clásica siguiendo el estilo refinado de Meerson. Trabajó un tiempo de exposición más largo para intensificar los negros. El recurso de la sobre-exposición es sumamente efectivo en Les années vous guettent, donde una telaraña cubre amenazadoramente el rostro de Nusch Éluard. Publicó únicamente dos fotografías de mujeres desnudas.
Picasso fue a una cafetería a tomar algo y éste se fijó en Dora por su extravagante juego en el que a veces erraba cortándose la mano y sus guantes negros se teñían de rojo. Dora fue activista de los derechos humanos.


Dora Maar con uñas verdes
Pablo Picasso


EL DESAMOR
Françoise apareció en la vida de Picasso cuando éste se aburría con Dora Maar y en unos momentos en los que la consideraba excesivamente desequilibrada y testaruda.
En 1945 a Picasso ya no le interesaba Dora y ella empezó a mostrar un comportamiento extraño y paranoico: un día comentó a Picasso que le habían robado a su perrito y lo encontraron andando por los muelles; en otra ocasión dijo que le habían robado la bicicleta y más tarde la encontraron intacta; una vez la encontraron desnuda en las escaleras de su casa para consternación de un séquito nupcial; tuvo un ataque histérico en un cine.
Fue psicoanalizada por Jacques Lacan. Posteriormente, ingresó en el hospital de Sainte-Anne. Le aplicaron electroshock y fue Paul Éluard quien dijo a Picasso que la sacara de allí. Paul Éluard que era el mejor amigo de Dora en ese entonces, acusó a Picasso de hacerla sufrir demasiado.
Dora Maar fue maltratada, tanto psicologicamente como físicamente, por Picasso. Varios testigos afirman haber presenciado palizas hacia la artista. Un chófer relata como el pintor subió un día a Maar al coche ya inconsciente. 6

RETIRO Y MUERTE
John Russell admiraba la valentía de Dora en su decisión de encerrarse en su estudio durante muchos años para investigar lo más profundo de su propio ser. Un día Dora no quería enseñar unos dibujos de su órgano sexual y Picasso le ordenó que los dejara ver.
Maar murió en 1997 y en su testamento dejó todos sus bienes a su padre y a un monje. Sus bienes se componían de 130 Picassos y la mayoría de sus fotografías. Ella había vendido algún Picasso cuando se había sentido en apuros económicos, pero siempre con el permiso de éste. El apartamento en el que se recluyó era un fiel reflejo de su compleja personalidad.


Dora Maar sentada, 1938
Pablo Picasso

Muere a los 90 años Dora Maar, mujer clave en la vida de Picasso

La fotógrafa será enterrada en París

FERNANDO HUICI
Madrid 25 JUL 1997
Dora Maar, una de las modelos del pintor Pablo Picasso y también compañera sentimental del artista, murió el pasado 16 de julio en París a la edad de 90 años, aunque este suceso no se dio a conocer hasta ayer. Fotógrafa y pintora, además de modelo del artista malagueño, Dora Maar fue una de las figuras clave en la vida amorosa de Picasso y, por lo tanto, como sucedió con frecuencia en su vida, un punto de inflexión en su obra.Como tantas veces en la trayectoria vital y creativa de Pablo Picasso, en la que sucesivos nombres clave de mujer que se superponen, en un collage de turbulentos contrastes, en su biografía pasional, son también rostros que imponen su identidad a ciclos decisivos en el devenir de la obra, la relación con la fotógrafa y pintora, de ascendencia francocroata, Dora Markovitch, más conocida como Dora Maar, arroja su sombra sobre casi toda una década de la madurez más plena del gran artista malagueño.
Dora Maar
  

Encuentro de leyenda

La anécdota del encuentro entre ambos personajes es bien conocida y posee rasgos de leyenda. En enero de 1936, estando con su fiel Sabartés en el célebre café parisiense Deux Magots, Picasso quedó fascinado por una bella desconocida, de cabello negro y ojos oscuros, que, en una mesa vecina, lanzaba un afilado cuchillo entre los dedos de su otra mano, abierta sobre la madera y enfundada en un guante de encaje. Ya iniciada la relación entre ambos, Picasso le pidió que le regalara aquellos guantes que conservó largo tiempo, como un fetiche, en una vitrina de su estudio.Vinculada ya desde antes a los círculos surrealistas, Dora Maar fue sin duda, entre los grandes amores picassianos, la mujer con unos intereses intelectuales más netamente definidos. Fue Dora Maar la que se encargó de perpetuar para la historia del arte la serie de siete fotografías que hizo del proceso de creación del Guernica. Trabajo documental que se ha convertido en su herencia personal más relevante y la que la une para la posteridad a una de las obras fundamentales de Picasso. Su carácter, como su fisonomía, marcan en ese sentido un claro contraste con los de Marie Thérèse Walter, esa fiel pasión picassiana que la precede y que el pintor simultaneará con ella a lo largo de ocho años bañados por el espectro de dos guerras sucesivas, la civil española y la europea.
De igual modo, en la huella que las pasiones traducen en la esfera de la obra, la sensual cadencia ondulatoria del rostro y el cuerpo de Marie Thérèse tendrá su contrapunto, más acorde seguramente con el impacto dramático de ese tiempo bélico, en la angulosa arquitectura de la figura y los rasgos de Dora Maar. Como retratos literales, o prestando su Fisonomía a algún tema de acentos más alegóricos, muchas obras clave del Picasso de ese periodo -Mujer sentada con sombrero o Retrato de Dora en un jardín ambas del 38, El jersey amarillo del 39, Mujer arreglándose el pelo del 40, Mujer en verde del 44, o la celebérrima serie, que prolonga el ciclo del Guernica, de la Mujer llorando, en el 37- dan testimonio de una relación que no se truncaría, sino hacia el ecuador de los años cuarenta, con la irrupción de otro nombre y otro rostro de mujer, los de Françoise Gillot.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de julio de 1997
"Yo no fui la amante de Picasso; 
él sólo fue mi amo."
Dora Maar

Dora Maar y Pablo Picasso
1937


"Después de Picasso, sólo Dios"
Dora Maar


Picasso y Dora Maar

París empieza a decir adiós a los 130 "picassos" de la musa Dora Maar

La primera subasta recauda 3.750 millones, y Cultura compra un dibujo de 1937 por 84

La colección de picassos de Dora Maar salió ayer a la subasta en París. Los 30 lotes que reagrupan 130 obras, entre ellas diez pinturas, un gran número de dibujos, joyas pintadas, papeles recortados y decenas de objetos manipulados por el artista, se ofrecieron anoche en venta pública en la Maison de la Chimie ante una platea de 900 personas que se multiplicaba a través del circuito cerrado de televisión y las 40 líneas telefónicas que recibían ofertas de todo el mundo. Las ventas de 32 piezas reportaron 3.750 millones de pesetas. España compró, oficialmente, un sólo dibujo, por 84 millones.
En medio de una expectación de alcance mundial, la subasta alcanzó, según los organizadores, precios colosales. La femme qui pleure (La mujer que llora) fue la verdadera joya de la noche: encontró nuevo propietario en Suiza por 37 millones de francos (925 millones de pesetas), un precio que dobla el de salida. Dora Maar aux ongles verts (Dora Maar con las uñas verdes), un óleo estimado en 20 millones de francos, fue adquirido por 23 (560 millones de pesetas); y el dibujo de una bañista, que los subastadores cifraban a priori en 400.000 francos, se convirtió en un objeto de arte que vale diez veces más: 100 millones de pesetas. La subasta continuará hoy y mañana, siempre en horas que convienen al mercado americano, pero las expectativas de 200 millones de francos por el conjunto de la herencia parecen ya muy tímidas cuando las 37 obras puestas en venta el primer día han aportado un total de 150,8 millones de francos (3.750 millones de pesetas).Dora Maar (1907-1997) fue la turbulenta hija de un padre yugoslavo y una madre francesa. Su infancia transcurrió en Argentina, su juventud en el París de entreguerras, fue amante de Georges Bataille, amiga de Breton o Eluard, fotógrafa como Brassai, pintora como aquel Picasso que conoció en 1936, cuando ella tenía 29 años y él 54.
De ese encuentro, que se prolonga casi 20 años, hasta 1945, Picasso da luz a una larga serie de obras maestras, entre ellas el Guernica, que Dora Maar inspira y fotografía.
La subasta parisiense ponía en venta algunas pinturas y dibujos relacionadas con el célebre cuadro, y de ahí también que el Ministerio de Cultura español asistiese como parte interesada a la subasta. Pero, aunque los responsables de la subasta dijeron que entre las ofertas que cuajaron anoche había más de un comprador español, oficialmente el Ministerio de Cultura sólo adquirió una obra. Se trata del dibujo a lápiz y tinta china titulado Dora Maar en tres cuartos, que había salido en un precio de 300.000 dólares y fue comprado por los representantes españoles justo en el doble: 600.000 dólares (84 millones de pesetas).
Aún se desconoce la identidad de la mayoría de los compradores, pero se sabe que buena parte de ellos intervenía en nombre de intereses estadounidenses. El Estado francés, a través de las armas que le concede aún la legislación, se hizo con un estupendo dibujo que retrata a Max Jacob en 1915, una tinta china en la que el minotauro posee a Dora, y una serie de objetos y cartas.
Era la condición puesta por las autoridades para autorizar la salida del resto de las obras de las fronteras galas, sabedores los museos nacionales de que sus presupuestos de compra nunca pueden igualar las ofertas de ciertos museos privados o de museos amparados tras fundaciones riquísimas.



Sin herederos directos

En el momento de su muerte, Dora Maar no tenía herederos directos. La musa, convertida al catolicismo a raíz de una depresión nerviosa, había pensado en donar su colección a la Iglesia, pero nunca lo dejó escrito. El 16 de julio de 1997, los notarios especialistas en genealogía se pusieron en marcha para evitar que el Estado francés se convirtiera en heredero universal de Henriette Théodora Markovitch, es decir, Dora Maar. Y sus investigaciones encontraron ancianas y lejanas primas, en Francia y Croacia, que ahora han reducido las ganancias del Estado a un 60% del montante total de la subasta. Entre el 15% y el 40% restante es para los genealogistas, un 3% corresponde por ley a los herederos de Picasso, y a todo eso hay que añadir los gastos de abogados y especialistas. En realidad, las dos herederas milagrosamente localizadas recibirán cantidades modestas, desde luego mucho más pequeñas que las que cobrarán quienes han trabajado para ellas.El dibujo de Max Jacob que pronto podrá verse en las paredes del Museo Picasso de París quedó en manos de Dora Maar porque el pintor, cuando leyó su obra teatral Le Désir attrapé par la queue en casa de Michel Leiris, hizo que el retrato presidiese aquel acto. Picasso quería que Jacob estuviese presente de alguna forma, hacerle un homenaje póstumo al artista deportado por los nazis. La irrupción sexual del minotauro, que hereda el museo, está fechada en 1936, y es una obra mayor, mientras los cristales pintados y los manuscritos de Eluard ilustrados por Picasso entran dentro de la categoría de obras menores. Pero ayer, y en poco más de una hora, Picasso rompió una vez más todos los criterios establecidos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de octubre de 1998


Dora Maar

España compró ayer en París 33 fotografías reunidas en ocho lotes, sobre el proceso de elaboración del Guernica, aunque dos de los lotes podrían quedarse en Francia ya que el Estado francés se ha reservado la posibilidad de ejercer el derecho de prioridad. Cultura pagó por las imágenes 14 millones de pesetas.
De las 60 fotografías puestas a la venta en la subasta de la colección de Dora Maar, realizadas entre mayo y junio de 1937, Cultura se hizo con 33. Algunas de las imágenes realizadas por Dora Maar fueron publicadas en la revista Cahiers d"art pero muchas son inéditas. La foto más cara, adquirida por más de cuatro millones, presenta al artista de perfil, vestido con pantalón negro, camisa blanca y corbata, cepillando su cuadro con dos utensilios alargados. " A día de hoy y de manera cierta el ministerio sólo cuenta con seis lotes de 23 fotografías", afirmó ayer el director del Museo Reina Sofía, José Guirao, quien declaró que la compra se realizó tras una "puja intensa".El resto de los lotes de ayer eran pequeños objetos manipulados por el genio, dibujos de formato reducido, joyas artesanales, papeles recortados o esferas de reloj redecoradas. Hoy se cerrará el acto con la subasta de cartas, libros ilustrados y anotados, fotografías y postales. A los 3.750 millones de pesetas recaudados el martes se sumaron ayer otros 80 millones.
Muchos de quiénes ayer acudieron a la subasta abandonaron antes de que acabase. "Es una locura", decía uno mientras otro denunciaba el que "las estimaciones se hubiesen hecho tan a la baja, con precios de salida engañosos". En efecto, las cajas de cerillas en cuyo fondo aparecía la figura de Dora Maar, con moño o apoyada en un balcón, salían a 750.000 pesetas y se adjudicaron por más de 27 millones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de octubre de 1998


Tossa de Mar, Dora Maar y Bataille 

He vuelto a Tossa de Mar, 23 años después de mi último verano allí. Mi abuelo, el ginecólogo Santiago Dexeus Font, encargó a un arquitecto alemán llamado Krebs la reforma, en los años treinta, de una antigua fábrica de corcho. Xavier Sust, cuya mirada es crítica y afinada, me dijo en una ocasión que el jardín de la finca era el jardín noucentista más bonito que él había visto jamás. Pero en los años setenta, casa y jardín sucumbieron a los efectos de la piqueta y fueron reemplazados por unas galerías comerciales cuya fealdad es tan insultante como extendida está por toda nuestra querida Costa Brava.Este 7 de julio del 2000 yo no sólo volví al escenario de mi infancia, sino también al de la infancia de mi madre, que fue el mismo que el de Marc Chagall, Jean Metzinger, Georges Bataille y André Masson. Porque en los años treinta, Tossa no sólo estaba considerada una de las playas más atractivas del Mediterráneo, sino que, como Rafael Benet escribió en un famoso artículo titulado Tossa, Babel de les arts (Art,octubre de 1934), el pueblo se convirtió en una importante colonia de artistas y escritores extranjeros. Algunos de aquellos intelectuales escapaban ya, en su refugio mediterráneo, de las amenazas del nazismo; otros llegaron a Tossa atraídos por la imagen de una belleza incontaminada y de una pureza estética y moral difícil de hallar en sus lugares de origen; otros, en fin -como André Masson-, serían incluso testigos de las revueltas de octubre de 1934 y de la guerra civil.

Pero Tossa de Mar es también el telón de fondo de una historia sentimental apenas conocida, la que existió entre Dora Maar, más tarde compañera de Picasso y fotógrafa del Guernica, y el filósofo y revolucionario Georges Bataille. Daremos a conocer en breve (en la revista Art Press, París, septiembre del 2000) otros detalles de esta relación, pero hoy nos interesa hablar de Tossa por la sencilla razón de que, tras la muerte de Dora, han aparecido unas cartas de Bataille escritas desde este pequeño pueblo costero, así como unas fotografías tomadas por Dora en Tossa, que su propia autora daba por desaparecidas.
Dora Maar viajó, en 1934, primero a Barcelona y luego a la Costa Brava. Algunas de sus mejores "fotografías de calle" están hechas en Barcelona, y representan a ciegos, a niños o los alrededores del mercado de la Boqueria. En este género, que compartió con sus colegas y amigos Cartier Bresson y Brassaï, su mirada es muy humana y provista, en ocasiones, de un finísimo sentido del humor. Pero de las fotografías hechas en Tossa, la propia Dora Maar me dijo, en 1994, que se le habían velado. ¡Cuál no fue mi sorpresa al verlas aparecer en la venta pública de sus bienes! La Tossa de 1934 era entonces un paraíso no muy distinto al de mi infancia, bastante distinto al de hoy en día. Como documento de época poseen un gran interés: descubrimos, por ejemplo, que todo el promontorio de la Villa Vella carecía entonces de vegetación; si bien resultaba menos amable que en la actualidad, la ruina gótica destacaba entonces de forma nítida, totalmente romántica. Las barcas ocupaban casi la mitad de la llamada Mar Gran, y el pueblo terminaba ahí, fundiéndose en un suave paisaje de huertos y pinos. Hoy, a pesar de que es palpable una cierta consciencia por preservar el entorno, unos indignos apartamentos unen la Mar Gran con la Mar Menuda y el pueblo prolifera en monumentos de dudosísimo gusto. Dora fotografió la Villa Vella, el Codolar, un pescador a la puerta de su humilde casa, una mujer junto a unas barcas y varias vistas generales del pueblo.
Al tener la certeza de que Dora viajó a Tossa en 1934, por un momento pensamos si no habría ido con Georges Bataille. Pero no fue así: la cronología del filósofo, de primavera a septiembre de este año, está ocupada por otros acontecimientos: en abril viajó a Italia, volvió a París en mayo e inició su relación sentimental con Colette Peignot (alias Laure) en julio. Hasta que estas cartas salieron a la luz, en octubre de 1998, se podía creer que Colette sucedió a Dora Maar en la vida amorosa de Bataille. Esto se revela no sólo falso, sino también excesivamente simple dado que el filósofo simultaneaba numerosas relaciones y llevaba un vida sexual múltiple y promiscua. Esta multiplicidad nunca se reveló incompatible con unas arrebatadas declaraciones de amor incondicional, de entrega total.
Las cartas escritas a Dora, reclamándola con una urgencia ciertamente muy bataillana, pueden ser interpretadas como las armas de un finísimo seductor tanto como la expresión de quien cree que la experiencia amorosa es un imperativo tan alto como el de la experiencia religiosa o la política. Creemos que estas cartas fueron escritas en algún momento de mayo de 1935, cuando Bataille fue a visitar a André Masson. "Quería escribirte para que vinieras. Estoy seguro de que serías feliz aquí. Te escribo desde la habitación más locamente hermosa que tu hayas habitado jamás, que yo haya habitado jamás... (...). Quisiera que tuvieras confianza en lo que nos une, una confianza de niño, como la mía".
Y al recibir una negativa -seguramente Dora ya había iniciado su relación con el guionista de cine Louis Chavance, genial montador de L'Atalante, de Jean Vigo- el filósofo contesta, entre otras cosas, lo siguiente: "Sabías que tu carta me iba a hacer daño (...), creo que te equivocas si te alejas de mí (...), te pertenezco enteramente".
Estas cartas también podían haber sido escritas en abril de 1936, cuando Bataille volvió a Tossa, siempre a casa de André Masson, en donde terminó el primer gran texto para la revista Acéphale. Pues aunque seguramente para Dora la historia sentimental se había roto, la amistad y complicidad política entre ambos parecía seguir intacta. En noviembre de 1935 Dora Maar es la persona de contacto -a quien puede telefonearse- del grupo Contrattaque, liderado por Bataille, con André Breton y el grueso de los surrealistas. Y Michel Leiris recuerda en su diario el 7 de enero de 1936: "Vi ayer a Bataille con Dora Maar, que es simpática y bonita".
La vida sentimental de Dora iba a cambiar radicalmente entre 1935 y 1936. Paul Eluard le había presentado a Picasso a finales de 1935 y Dora se convertiría, con el pintor malagueño, en la protagonista de un destino a la vez fracasado y autoinmolado. Ciertamente, fue la musa del mejor pintor del siglo. Pero su carrera como fotógrafa también sufrió por el peso del mito picassiano. Hoy ha llegado el momento de hablar no sólo de aquella bella esfinge inmortalizada en los lienzos, sino de una mujer de carne y hueso antes y después de Picasso. En este sentido, puede afirmarse que Dora era ya, a principios de los años treinta, una notable fotógrafa, una activista política y una mujer liberada. Y amante y amiga, durante unos años, del filósofo y revolucionario Georges Bataille.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de septiembre de 2000


1934
Fotografía de Dora Maar


Una retrospectiva sitúa la obra de Dora Maar entre la de los grandes fotógrafos europeos

El Centro Tecla Sala de L'Hospitalet expone 150 fotografías de la amante de Picasso


BELEN GINART
Barcelona 28 MAY 2002

¿Qué hubiera ocurrido con Dora Maar de no haber sido amante de Picasso? ¿Sería conocida por sí misma? La crítica de arte Victoria Combalía, una de las personas más documentadas acerca de la vida y la obra de Henriette Markovitch, verdadero nombre de Maar, debe responder con frecuencia a estas dos preguntas. En su opinión, Picasso la hizo famosa, pero la asfixió creativamente. Para restituir 'el lugar que le corresponde dentro de la fotografía de los años treinta en Europa, con una calidad similar a la de Cartier-Bresson', Combalía ha organizado una gran exposición retrospectiva de su obra que hoy se abre en el Centro Cultural Tecla Sala de L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona).
Antes de conocer a Picasso, Dora Maar (1909-1998), hija de padre croata y madre francesa, nacida en París y criada a caballo entre esta ciudad y Buenos Aires, tenía una vida propia. Amante de Georges Hugnet y Georges Bataille, mantenía excelentes relaciones con los grandes nombres del movimiento surrealista. André Breton y Paul Éluard fueron algunos de los amigos de la fotógrafa; ella les retrató y, a su vez, fue retratada por fotógrafos de la talla de Man Ray, Brassaï y Lee Miller. Hizo reportajes, entre ellos los que dan cuenta de su visita a Cataluña en 1934; plasmó la vitalidad del mercado de la Boquería, la vida en La Rambla, el paisaje de Tossa de Mar.
Dora Maar desarrolló también una creativa faceta como fotógrafa publicitaria, mostró su sensibilidad al plasmar a los más desvalidos en sus reportajes de calle y alcanzó sus más altas cotas creativas dentro de los parámetros surrealistas (especialmente con sus fotocollages), entre los que destacan las famosas Ubú y 29, rue d'Astorg. En 1936 inició su apasionada y tormentosa relación con Picasso, fue su musa inspiradora. Animada por él, dejó la fotografía para consagrarse a la pintura. Una lástima, como señala Victoria Combalía, porque sacrificó una brillante carrera como fotógrafa, 'con una mirada muy propia', para ser sólo una pintora mediocre. Cuando Picasso la abandonó, 10 años más tarde de haber iniciado su relación, se recluyó en su casa de Ménerbes y se aisló del mundo. Nada le interesaba salvo la pintura y la religión. No en vano le gustaba decir que 'después de Picasso sólo está Dios'.
De todo ello da cuenta la exposición, titulada Dora Maar. La fotografía, Picasso y los surrealistas. Estructurada por temas, reúne más de 150 fotografías firmadas por la autora, más otras en las que ella es la protagonista, sola, junto a Picasso o en compañía de sus grandes amigos surrealistas; además, algunos cuadros testimonian su faceta como pintora, aquella que Picasso potenció; otras la muestran como modelo del artista malagueño, entre ellas los dos conocidos retratos titulados Mujer llorando.
Combalía, comisaria de la exposición y directora artística del Centro Cultural Tecla Sala, ha querido incluir también algunos objetos personales de Dora Maar, a quien trató personalmente. Un suntuoso vestido, un abrigo de excelente corte, ejemplos de su elegancia y su gusto por la moda o un rosario, testimonio de su arrebatada fe de los últimos años de su vida, permiten una mejor aproximación a la vida de la artista. La exhibición, fruto de un trabajo de siete años, llega a Cataluña como etapa final de una itinerancia que se inició en Múnich (en el Haus der Kunst) y continuó en Marsella (Centre de la Vielle Charité). El Centro Cultural Tecla Sala de L'Hospitalet de Llobregat la acogerá hasta el próximo 14 de julio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de mayo de 2002
Pablo Picasso y Dora Maar
1937

La generosidad de Picasso

VICTORIA COMBALIA
11 ABR 2002

Sí, Picasso era un diablo. Sí, hacía sufrir a sus mujeres, simultaneaba a cuatro o cinco a la vez (no una o dos como se cree), pero también resultó generoso, por lo que acabamos de descubrir, con ellas. Quizá por esto no ha habido más quejas y tan sólo Françoise Gilot, que lo abandonó, dejó constancia, por escrito, de los agravios sufridos.
La historia de este descubrimiento es la siguiente. Siempre que hago algo en relación con Dora Maar descubro datos nuevos sobre Dora o acerca de Picasso. En esta ocasión, fui a montar e inaugurar mi exposición Dora Maar fotógrafa a Marsella. En la conferencia de prensa me presentaron a un señor mayor, amable, discretísimo, que debía de haber sido atractivo, quien se puso a hablarme de Dora Maar.

Fotografía de Dora Maar







Cada mes, Jacqueline Roque extendía un cheque para las ex amantes de Picasso. De este modo, les pasaba una especie de 'pensión no oficial', según reveló la propia Roque a Jean Boissieu

Se llamaba Jean Boissieu y era periodista y novelista. 'Conocí a Dora Maar en Oppède, un pueblo al lado de Ménerbes. Había un bistrot en el que se reunían pintores e intelectuales. Era un poco un bar hippie avant la lettre. La conocí casualmente. Era el momento en que ella estaba muy deprimida por el abandono de Picasso, pero, como a toda la gente deprimida, no se le notaba su depresión exteriormente. También conocí a Bataille, y a él lo vi frecuentemente entre 1949 y 1953; ambos tomábamos el tren de Aviñón a París. Entonces no era el gran personaje que hoy es, sino, para mí, un bibliotecario sabio y refunfuñón, que se quejaba de lo malo que era el café en las estaciones'.
Como Bataille y Dora Maar mantuvieron una torturada relación sentimental entre 1933 y 1944, pregunté al señor Boissieu si Bataille le hablaba de Dora. 'Todo el tiempo hablaba de Dora'.
'Dora era una mujer muy bella, incluso en esta época. Era el tipo de mujer por la cual uno se gira. Se vestía un poco como una zíngara, como una gitana. Parecía más joven de lo que era. No, no era altiva, sino distante. Casi no hablaba con nadie, y no hablaba de nadie'.
Y entonces nos pusimos a hablar de Picasso. 'Yo también iba a ver a Jacqueline Roque a Vauvenargues. Cuando murió Picasso, a veces Jacqueline me llamaba a las cuatro de la mañana. 'Soy yo, Jacqueline...', decía. Y más de una vez añadía: 'Tengo miedo...'. Y Jacqueline le hizo esa curiosa revelación: cada mes, ella hacía un cheque para las ex amantes de Picasso. De este modo les pasaba una especie de pensión no oficial'.
Para mí, esto fue un descubrimiento. ¿Estaba Dora Maar dentro del cupo de las ex amantes a las que se les pagaba el cheque? ¿De qué vivía Dora Maar? Su familia se arruinó durante la II Guerra Mundial y ella vendió unos pocos picassospara poder sobrevivir. Cuando los vendía, ella tenía la buena educación de pedir permiso cada vez al maestro.
Ahora, en sus recuerdos sobre Picasso, el gran marchante Heinz Berggruen cuenta cómo, en la primavera de 1997, Dora Maar lo llamó: necesitaba dinero urgentemente para pagar la electricidad y el teléfono. Berggruen le compró un fascinante dibujo de 1934 que representa a un grupo de bañistas. La fotógrafa murió muy poco después.
La generosidad económica de Picasso me fue confirmada también por la señora Elvira Gaspar, que le conoció tan bien, a él y a su secretario, Sabartés. 'Sabartés siempre nos dijo que si Paulo [el hijo de Picasso] venía a Barcelona y nos pedía dinero, que se lo diéramos'. 'Así que no es del todo cierto que la nieta de Picasso se muriera de hambre, como dice en su libro; o en todo caso, es un poco exagerado', añade la señora Gaspar. También nos confirmó el desprendimiento de Picasso: 'De dinero, hablan con Sabartés, yo no me ocupo de esto', decía siempre el pintor malagueño.
Victòria Combalia es crítica de arte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de abril de 2002

Dora Maar, 1937

Mi historia con Dora Maar

VICTORIA COMBALIA
29 MAY 2002

'Mme Maar, yo no quiero hablar de Picasso, quiero hablar de usted. Creo que es una gran fotógrafa y que su obra no está suficientemente valorada ni estudiada. Quisiera hacer una exposición sobre su trabajo'. Esta conversación se producía en una fría mañada de febrero de l994, en París, y su teléfono me lo había dado Marcel Fleiss, un marchante especializado en surrealismo. 'Se lo doy, pero le colgará el teléfono como a todo el mundo', me dijo Fleiss. Y ahí estaba ella, ni muerta ni loca, como todos creían, al otro lado del hilo, con su famosa voz gutural, firme y elegante a la vez. Para mi sorpresa, no sólo no me colgó, sino que convinimos, ella y yo, otras citas telefónicas posteriores. Yo estaba en vilo los días anteriores a su convocatoria, y el día señalado me levantaba a las seis de la mañana y me tomaba tres cafés para estar despierta al llamarla a las ocho. Como toda la gente mayor, Dora dormía poco, y se aburría bastante. Acabamos hablando extensamente de sus fotografías en donde ella muestra magistralmente su gusto exclusivo por lo extraño y lo deforme, como sucede en su Ubu, un feto de armadillo retratado en l936, o en su Mendigo ciego, encontrado en los aledaños de la Boqueria en la Barcelona de l934.





Dora Maar fue una amante entregada de Picasso y a la vez una gran fotógrafa

Dora Maar estaba intrigada por mi vida privada, que yo callaba celosamente. En aquellas épocas yo vivía en París con un personaje célebre y público, anarquista convencido, protagonista del Mayo del 68 y notorio erotómano. No me parecía apropiado hacer confidencias a una persona que había pasado de ser una activista radical en los años treinta a ser una ferviente católica que ya nada tenía que decirse 'con los surrealistas de izquierda'. Pero acabamos incluso hablando, como se habla 'entre mujeres', y también de Picasso, de quien me dijo que 'como todos los españoles, era anarquista y creyente' y que 'se apropiaba generosamente de sus derechos'.
La exposición que ahora acabamos de inaugurar en Tecla Sala pretende restituir el lugar que ocupa Dora Maar en el terreno de la fotografía francesa de los años treinta, y valorar muy especialmente su brillante participación en el surrealismo. Frente al cliché de la víctima desolada tras el abandono de Picasso, yo aspiraba sobre todo a dar la imagen de la gran dama que ella fue, una mujer sumamente inteligente, emancipada, con ideas políticas propias y amante de hombres tan brillantes intelectualmente como el cineasta Louis Chavance, el poeta Georges Hugnet y el filósofo y revolucionario Georges Bataille.
Por un extraordinario y rocambolesco azar que ahora no viene al caso explicar, pude consultar su correspondencia amorosa con Picasso. Su entrega al genio era total, y sus ataques de celos, totalmente fundados, le causaban un gran sentimiento de culpa. Ella le prometía que haría todo lo que él quisiera y le manifestaba incluso su temor a perderlo. Por su parte, Picasso le enviaba en esta primera época mensajes amorosos, dibujos y poemas automáticos.Y sobre todo, la inmortalizaba en sus lienzos. Es sumamente gratificante ser la musa de un artista; sea o no sea finalmente cierto, a las mujeres nos parece una prueba de amor; en todo caso, el nivel de mirada deseante en dibujos como Adora (l938), en el que la bella croata está vestida tan sólo con un collar y con las piernas abiertas en una postura de satisfecho ofrecimiento, no dejan ninguna duda sobre el interés sexual que ella despertaba en Picasso. Seguramente más tarde el pintor se debió cansar para pasar a otros sexos (sin olvidar nunca el de su anterior amante, Marie Thérèse Walter), mientras Dora seguía apasionadamente disponible y, en consecuencia, desesperada. Sus diarios íntimos traducen, en efecto, la soledad y la frustración de este nuevo estado.
Sin embargo, ella era aún una modelo privilegiada del artista, sólo que ahora con un rostro atravesado por aristas, sin duda metáfora de su atormentado espíritu, o bien violentamente dislocado, cada vez más cercano al de un animal.
La historia amorosa de Dora Maar tenía tantas concomitancias con la mía que me quedé literalmente bloqueada, sin poder escribir ni una línea (tan sólo acumulando información y un gran sentimiento de estupor) durante varios años. Entre tanto ella murió y yo fui hilvanando, lenta y penosamente, los hilos de esta historia: un ejemplo más de estas mujeres fuertes y con talento, y sin embargo dependientes de sus geniales parejas. Frida Kahlo y Diego Rivera; Lee Miller y Man Ray, Jacqueline Lamba y André Breton... Libres e independientes, sucumbieron sin embargo al aura, tan exaltante como devoradora, de sus gloriosos amantes.
Victoria Combalía es crítica de arte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de mayo de 2002