jueves, 25 de septiembre de 2014

Brigitte Bardot


DE OTROS MUNDOS

DRAGON

RIMBAUD

Brigitte  Bardot
(1934)

Brigitte Bardot nació un 28 de septiembre de 1934 en París. Hija de una familia de clase media, su padre era directivo de una empresa industrial y su mamá se dedicaba a organizar desfiles en una casa de modas; esto ayudó a la pequeña Brigitte a destacarse en las pasarelas, desde muy temprano.


Luego, en la adolescencia, Brigitte Bardot estudiaba en el Conservatorio Nacional de Danza con Boris Kniaseff. Apenas con 15 años conoció a un joven guionista y ayudante de dirección, Roger Vadim, con quien vivió su primer y apasionado amor. Fue una historia difícil la que vivieron los dos. Ella quería casarse antes de los 18 años y su padre se lo impidió. Se sabe que el día en que Roger fue a pedirle la mano, el padre de Brigitte lo esperó con un revólver en su escritorio y lo echó de su casa. Finalmente se casaron un 20 de diciembre de 1952 en el Registro Civil del distrito de Auteuil en París. Al año siguiente, ya era una estrella de moda.

Trabajó en la película Ladrones al claro de luna, polémica por sus escenas de desnudez. A ella siguieron películas comoEl gran seductor y Dichosa muchacha. A principios de los 60 ya cobraba cerca de un millón de francos para rodar su primer película protagónica, Y Dios creó a la mujer..., junto a su marido como director. Este film la consagró con muchísimo éxito, pero le acarreó grandes problemas en su vida matrimonial, lo que significó la ruptura con Vadim. Pero pronto se descubrió un romance muy breve y contradictorio con el protagonista de la película, Jean-Louis Trintignant, con quien convivió después de pedirle el divorcio a su marido.

Cuando tenía 45 años, la prensa francesa le contabilizaba 42 amantes. Entre estos podemos nombrar al cantante Gilbert Becaud (al dejarla por su esposa intentó suicidarse), el músico Sacha Distel o el actor Jacques Charrier (con quien se casó y tuvo un hijo el 11 de enero de 1960 llamado Nicholas). Al poco tiempo estuvo con el actor Sami Frey, por quien estuvo al filo de la muerte cuando se separaron, al igual que el mismo Sami, que intentó quitarse la vida. Muchos romances son los que formaron parte de su vida.


A los 39 años se retiró del cine. Para entonces había filmado más de 60 películas, y su figura entera había sido fotografiada unas 60 mil veces. Sus gestos, tan personales, estaban llenos de una sensualidad diferente, que no dejaba a nadie afuera; parecía buscar complicidad y picardías en el espectador. Su cuerpo hablaba en las fotografías, demostrando diversos mensajes continuamente.

Brigitte representó un movimiento hacia la libertad femenina que acaparó los años 60 en Francia. Pero claro, Brigitte sentiría un abismo de libertad que le producía manifestarse graciosa, simpática, hasta sensual, para no sentirse tan sola. Todo provenía de una gran necesidad de afecto, lleno de desgarradoras depresiones que ocasionalmente la llevaron a intentar varias veces quitarse la vida. Cuando cumplió 50 años dijo: "Lo difícil no es vivir; lo difícil es sobrevivir". Para entonces los animales llenaban su vida.

En 1962 accedió a contar su vida en televisión. Estallaron las mediciones de audiencia. El mito, pese a los años, no había muerto. Brigitte poseía en su casa, La Mandrague, en la costa del Mediterráneo, una colección de animales recogidos o comprados a sus expropietarios, que los maltrataban: un asno, siete perros, sesenta gatos, tres cabras... Hasta hace poco contribuían a paliar su soledad. "Sé lo que es vivir sin amor", dijo. "Sé lo que es necesitar que nos abracen, y despertar a solas en mi cuarto".


Dicen que Brigitte Bardot



Dicen que Brigitte Bardot cumple hoy 45 años, y que muchos recuerdan más sus amores por los hombres y las focas que su carrera cinematográfica. Dicen también que, pese a sus nueve lustros, la rubia BB, que encandilara a tres maridos y más de diez amantes famosos, ha logrado mantener en su cuerpo la chispa de su picardía juvenil y una figura casi perfecta. Quizá su faceta de sex symbol de los años sesenta se impuso, en la mayor parte de sus películas, sobre su calidad de actriz, aunque nadie olvide su gran papel en el filme que la consagró, Y Dios creó la mujer, dirigido por su primer marido, Roger Vadim. En este cumpleaños de BB habrá mucha gente que la recuerde y muchos franceses que le deban una parte de su renta pecapita. No en vano un ministro de Finanzas de su país dijo que ella había proporcionado tantas divisas al Tesoro con sus películas como la industria del automóvil. En definitiva, alguien lo ha reconocido en París: al mismo tiempo que el vino de Beaujolais, los quesos o la torre Eiffel, Brigitte Bardot forma parte de la mitología francesa.



 BRIGITTE BARDOT 
Y SUS MARIDOS

En mayo de 1949, la sonrisa pícara de una adolescente de 14 anos aparecía en primera página de la revista Elle. Un ayudante de director de cine de 21 años cayó en las redes de ese rostro y la convocó para una prueba. Así comenzó la historia de amor entre Roger Vadim y Brigitte Bardot. Acabaría con Y Dios creó a la mujeren 1956 y la película haría de ella una estrella. El 28 de septiembre de este año, la Bardot, símbolo de la revolución de la liberación de las costumbres, cumplió 60 años, asegurando "importarle un bledo su pasado". Con tal aniversario, se publica en París la que parece ser la verdadera biografía de la mujer de las dos caras: la leyenda viviente de la pantalla, que ella rechaza, y la cabeza de la fundación protectora de animales que hoy lleva su nombre, a los que consagra toda su energía desde que en 1973, a los 39 años, abandonase el cine para siempre. Escrita por Jeffrey Robinson, autor de varios best seller en Inglaterra y de otras biografías corno la de Rainiero y Gracia, ha sido un trabajo de investigación de cuatro años durante los que ha realizado más de 80 entrevistas, incluyendo la de la propia B. B. El resultado es un libro lleno de curiosidades. Las conversaciones del autor comenzaron con Jane Birkin y Jeanne Moreau, compañeras de ese tiempo de la actriz. Siguieron las de sus cuatro maridos: Vadim, Charrier, Günther Sachs y Alain Douborg, así como con Nicolás, su hijo único, y su hermana. Dicen que fue el primero, Vadim el que la inventó, porque ella nunca quiso ser actriz; sólo estaba locamente enamorada. Tras él, fue de marido en marido, de hombre en hombre. Todos ellos hablan del carácter volátil, unido a un increíble atractivo y magnetismo de Bardot. Su tercer marido, Günther Sachs, quien para cortejarla alquilase helicópteros y llenase el jardín de su casa La Madrige de centenares de docenas de rosas, cuenta: "El problema es su cambio brusco de humor. Era difícil vivir con ella. Se dormía feliz y se levantaba furiosa y enfadada conmigo". A su vez, Roger Vadim piensa que "es una mujer que no podía ser feliz. Devoraba a quien la amaba". Ella añade: "Siempre me fue fácil encontrar un hombre con quien acostarme, pero nunca entendí por qué resultaba tan complicado encontrar a uno para convivir".


Brigitte Bardot
Escultura de Christina Motta
Rio de Janeiro


Los ladrones roban a Brigitte Bardot

 RÍO DE JANEIRO 16 NOV 2005

Los ladrones en Brasil, que antiguamente tenían respeto por las cosas sagradas por un cierto miedo a los dioses y sus misterios, hoy se han liberado de todos los tabúes. Roban las imágenes de las iglesias, los copones y crucifijos antiguos y hasta entran en el corazón de la noche en las celdas de los monjes para robarles apenas el reloj. La semana pasada, dichos ladrones dieron un paso más, que puede parecer más laico, pero que no lo es: robaron la famosa estatua de bronce de Brigitte Bardot que velaba como un ángel tierno de luz por los millones de turistas que llegan a Buzios, en la región de los Lagos, al norte de Río, una especie de meca del turismo internacional por la belleza de sus playas. Aquel lugar en los años setenta era el paraíso de los hippies. No había nada, sólo playas desiertas y la fascinación de que los especialistas afirman que allí se unía, hace 50 millones de años, el continente africano con América del Sur. El lugar lo descubrió un día, por casualidad, Brigitte Bardot y lo hizo famoso. Hoy, tener casa en Buzios es el sueño de muchos. La estatua de Brigitte, obra de la escultora Christina Motta, en el paseo marítimo de la ciudad era la atracción de chicos y grandes. Nadie pasaba si hacerse la foto con la legendaria actriz. De repente, días atrás, los ladrones arrasaron la estatua dejando de luto a la ciudad. Allí se quedó sólo la maleta del monumento. Se ve que los ladrones tuvieron miedo de llevársela, pensando quizá que en ella podrían dormir fantasmas de la actriz que podrían complicar su vida




Brigitte Bardot, una pésima actriz 

pero un icono sexual

Un nuevo libro sobre la artista analiza cómo su imagen supuso una revolución en la forma de representar a la mujer en los años cincuenta



La actriz Brigitte Bardot. / CORDON
No es muy común que una actriz se retire a los 39 años. Pero Brigitte Bardot, que en unos meses cumplirá 79 años, nunca entró dentro de los parámetros de la normalidad, como recuerda Ginette Vincendeau, profesora de historia del cine del King’s College de Londres, que acaba de publicar un libro sobre la actriz titulado simplemente Brigitte Bardot. Su aparición en las librerías británicas coincide con un ciclo de cine que la Alliance Française de Londres le dedica a esta actriz cuyo físico y cuya actitud, alejada de la rigidez con la que se paseaban por el mundo las estrellas en los años cincuenta, revolucionó todos los parámetros de la Francia de aquella época.
“Empecé siendo una pésima actriz y eso es lo que he seguido siendo, una pésima actriz” proclamó Bardot en un arrebato de autocrítica mientras aún era una flamante estrella a la que algunos críticos alababan pero a la que la mayoría repudiaba, a pesar de su innegable belleza. En 1973 daba un portazo a su vida dentro del mundo del cine y abandonaba también las pasarelas de moda y los escenarios musicales para dedicarse por completo a la lucha por los derechos de los animales, otro arrebato que en su momento, hace ya cuatro décadas, pareció una excentricidad momentánea pero que el tiempo ha demostrado era auténtico compromiso.
En el libro de Vincendeau se hace un repaso exhaustivo a la vida y obra de la sex- symbol francesa, que gracias al cine se convertiría en una de las mujeres más deseadas del planeta. “Brigitte Bardot fue una revolución en la forma de representar a la mujer, la sexualidad y la juventud”, dice Vincendeau, a quien en realidad le pidieron que escribiera un libro sobre Catherine Deneauve, otra gran actriz francesa pero cuyo peso histórico no se puede comparar con el de Bardot, según Vincendeau. De hecho, Simone de Beauvoir, una de las intelectuales y feministas más importantes de occidente, le dedicó incluso un ensayo titulado Brigitte Bardot y el Síndrome de Lolita, por el efecto que tuvo la imagen de Bardot en la percepción de la mujer a partir de la década de los cincuenta, algo potenciado además por el boom de los medios de comunicación de masas.
Nacida en 1934 en Paris, Bardot aspiraba a ser bailarina pero aconsejada por su madre, comenzó a trabajar como modelo, llegando a la portada de la revista Elle con apenas 15 años. Aquella fue la puerta por la que atravesó hasta instalarse en el mundo del cine, aunque durante varios años las películas en las que participó carecieron de interés y los críticos se limitaban a hablar de su belleza y a subrayar su aparente falta de talento como intérprete. No obstante, eso no impidió que ella se hiciera explosivamente famosa, ayudada entre otros por su primer marido, el fotógrafo y director Roger Vadim, que la paseaba entre las celebridades y provocó el desconcierto al llevarla a un festival de Cannes y hacerla posar descalza, despeinada y con un aire natural completamente opuesto al encorsetamiento en el que estaban entonces imbuidas las estrellas de cine. No obstante, su fama planetaria se la dio la película Y Dios creó a la mujer, dirigida por Vadim en 1956, donde ejercía de adolescente inmoral, provocando a la vez el deseo y el escándalo tanto en la sociedad francesa como en todas aquellas donde se estrenó la película. A partir de ese momento su carrera como actriz fue in crescendo y tanto las películas en las que participó como sus interpretaciones mejoraron mucho y aunque Hollywood trató de conquistarla, Bardot nunca se dejó tentar del todo. Probó suerte también en la música, cantando entre otros con Serge Gainsbourg, hasta que, tras posar desnuda en la portada de la revista Playboy en su 40 cumpleaños anunciaba su retirada. Desde entonces todos los titulares que ha dado, a parte de sus múltiples bodas, han sido o por sus denuncias de crímenes contra los animales o por sus ideas políticas, de extrema derecha, como su último marido, Bernard D’Ormale, miembro del ultraderechista Frente Nacional francés. Sorprendentemente, es una de las pocas estrellas que no se ha sometido a la dictadura del bisturí.


B.B. cumple años y cuenta amantes

La actriz, icono de los sesenta, confiesa que nunca se sintió una mujer guapa



Brigitte Bardot, alrededor de 1960. / GTRESONLINE
Desde que abandonó el cine, hace casi medio siglo, Brigitte Bardot vive recluida en su mansión La Madrague, de Saint Tropez, en el sur de Francia. Y desde entonces recela de la prensa. Hasta ahora. La inolvidable B.B., con motivo de un número especial articulado en torno al clásico tema de 'Un hombre y una mujer', la revistaVogue Hommes pensó que nada mejor que entrevistar a la que encarnó el modelo absoluto de la mujer para millones de hombres. Se lanzó así el desafío de contactar con el 'sex symbol'. Y contra todo pronóstico, aceptó el reto.  En la publicación, la actriz recorre sin tapujos su carrera, su relación con los hombres, su amor por los animales, y deja alguna sorpresa, como que, aunque cueste creerlo, de joven se veía fea.
“Intentaba ponerme lo más guapa posible y aún así me veía fea”, relata en una conversión telefónica con el periodista. “Me costaba horrores salir, mostrarme. Tenía miedo de no estar a la altura de lo que se esperaba de mí”, añade la exactriz, que en otro momento de la entrevista confiesa haber vivido un verdadero “calvario”, “aplastada literalmente por la fama”. Bardot, que el próximo 28 de septiembre cumple 78 años y vive ahora volcada con su asociación de defensa de los animales, concluye: “Hoy, a mi edad, ya me da igual. Ya no quiero seducir. Ni a nadie, ni a nada”.
 Bardot no aspira ahora “más que a la soledad”, algo que a su “naturaleza más bien contemplativa” le va muy bien. “El mundo de hoy en día no me gusta, si fuera diferente quizás viviría menos retirada”, lanza. Lo que le da energía por la mañana para levantarse es “el sufrimiento de los animales”. A pesar de su dolor de piernas –se niega a operarse de la cadera-, que le impide andar bien y nadar, considera que tiene suerte en comparación con los “horrores” impuestos a los animales. “Entonces pienso que no tengo por qué quejarme, y eso me da mucho energía”.
Preguntada sobre los hombres que más han contado en su vida, Bardot, que suma cuatro maridos y una infinidad de amantes, responde que no puede contestar porque “la lista es larga y cada uno de ellos me ha enriquecido”. Dispuesta a todo por amor —“salvo a matar a alguien”, puntualiza— se describe sobre todo como una gran enamorada. “No vivo más que de eso (…) He querido morir varias veces porque me habían dejado. Era de alguna forma mi oxígeno. Necesito vivir bajo alto voltaje amoroso”, asegura Bardot, casada desde 1992 con el empresario Bernard d’Ormale.
 Aunque a regañadientes –“qué rollo”, dice, cuando el entrevistador anuncia querer hablar un poco de cine-, Bardot repasa también por encima su carrera de décadas en el celuloide. A Jean-Louis Trintignant, compañero de reparto con el que mantuvo un romance —“no lo conocí, lo adoré”, dice sobre él— muestra su admiración por haber aceptado ser filmado ya mayor, sin artificios, en su reciente papel en Amour (2012), de Michael Hanecke. Con Jean-Luc Godard, al que debe su obra maestra El desprecio (1963), confirma su falta de feeling a pesar de lo que pudo pensar la crítica en aquel momento: “Me cabreaba. Me parecía un idiota con su sombrero. Siempre había que inventarse los diálogos en el último momento, no había estructura”.
Entregada por completo a los personajes que interpretaba –“no actuaba, era la persona que encarnaba”, relata- asegura que la verdadera Bardot es la de Y Dios creó a la mujer (1956), dirigida por su entonces marido Roger Vadim. “Me dio vía libre, la posibilidad de peinarme, de maquillarme, de vestirme, de bailar como quería”, dice. “Es la primera película en la que fui yo misma”.


FILMOGRAFÍA

  • L'histoire très bonne et très joyeuse de Colinot Trousse-Chemise (1973)
  • Si Don Juan fuera mujer (1973)
  • Las petroleras (1971)
  • El bulevar del ron (1971)
  • La profesional y la debutante (1970)
  • La muñeca y el bruto (1970)
  • Las mujeres (1969)
  • Shalako (1968)
  • Historias extraordinarias (1968)
  • A coeur joie (1967)
  • Masculin féminin (1966)
  • Marie-Soleil (1966)
  • Viva María! (1965)
  • Querida Brigitte (1965)
  • Adorable idiota (1964)
  • El desprecio (1963)
  • Una vida privada (1962)
  • Le repos du guerrier (1962)
  • Amores célebres (1961)
  • A rienda suelta (1961)
  • El testamento de Orfeo (1960)
  • L'affaire d'une nuit (1960)
  • La verdad (1960)
  • ¿Quiere usted bailar conmigo? (1959)
  • Babette se va a la guerra (1959)
  • La femme et le pantin (1959)
  • En caso de desgracia (1958)
  • Les bijoutiers du clair de lune (1958)
  • Una parisina (1957)
  • La pequeña BB (1956)
  • Y Dios creó a la mujer (1956)
  • Deshojando la margarita (1956)
  • Mio figlio Nerone (1956)
  • Esta pícara colegiala (1956)
  • Helena de Troya (1956)
  • La luz de enfrente (1955)
  • Las maniobras del amor (1955)
  • Un médico en la marina (1955)
  • Futures vedettes (1955)
  • La fille de Caroline Chérie (1954)
  • Traicionada (1954)
  • Acto de amor (1954)
  • Si Versailles pudiera hablar (1954)
  • Le portrait de son père (1953)
  • Les dents longues (1952)
  • Manina, la fille sans voiles (1952)
  • Le trou normand (1952)

DISCOGRAFÍA
ÁLBUMES
  • Brigitte Bardot (Philips, 1963)
  • Brigitte (Philips, 1963)
  • B.B. (Philips, 1964)
  • Brigitte Bardot Show (Disc'AZ, 1968)
  • The Lost 70's Album (Mercury, 1970)
COMPILADOS
  • Le disque d'or (Disc'AZ, 1981)
  • The Early Years (Discomagic, 1995)
  • Best of BB (Philips, 1996)
  • Brigitte Bardot - CD Livre (Vade Retro, 1998, libro y CD)
  • The Best of Bardot (Mercury, 2004





martes, 23 de septiembre de 2014

Silvina Ocampo



Silvina Ocampo
(1906 - 1993)

La escritora argentina Silvina Ocampo nació en Buenos Aires eL 28 julio de 1903 y falleció en la misma ciudad el 14 de diciembre de 1993. Fué la menor de las seis hijas de Manuel Silvino Ocampo y Ramona Aguirre. Era hermana de la escritora y fundadora de la revista Sur, Victoria Ocampo, y esposa del gran narrador argentino Adolfo Bioy Casares. Autora deslumbrante por la calidad literaria de sus cuentos, ha pasado a la historia de la literatura argentina del siglo XX por la crueldad desconcertante que supo imprimir en algunos protagonistas de estos relatos.

Nacida en el seno de una familia hondamente arraigada en los círculos culturales argentinos, su primera vocación artística la orientó hacia el cultivo de las artes plásticas; pero, tras recibir lecciones de pintura de Giorgio de Chirico, abandonó los pinceles y se adentró en el mundo de las letras.

Su irrupción en el panorama literario argentino vino de la mano de un libro de cuentos, Viaje olvidado (1937), que al cabo de los años acabaría siendo objeto del desprecio de la propia escritora. Tras este mediocre estreno en la narrativa, volvió a las librerías con su primer libro de versos, titulado Enumeración de la patria (1942), en el que se sumaba a la tendencia de recuperar los modelos clásicos de la antigua poesía castellana. Idéntico esfuerzo realizó en su siguiente poemario, Espacios métricos (1945), al que siguieron, dentro del campo de la lírica, otras publicaciones como las tituladas Poemas de amor desesperado (1949), Los nombres (1953) y Pequeña antología (1954).

Tras un largo período de silencio poético en el que el cultivo de la prosa ocupó sus quehaceres literarios, en 1962 volvió a dar a la imprenta otro poemario, Lo amargo por lo dulce, que enseguida quedó considerado como uno de sus mejores logros en el género de la lírica. Finalmente, en 1972 publicó su última entrega poética, titulada Amarillo celeste.

Pero las mayores cotas literarias las alcanzó Silvina Ocampo con sus incursiones en el género de la narrativa de ficción, al que contribuyó también con valiosas aproximaciones en forma de ensayos y antologías. Dentro de una de las tendencias congregadas en torno a la revista Sur, y constituida por autores de la talla de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Manuel Peyrou y Enrique Anderson Imbert, Silvina Ocampo apostó por la elevación de la literatura fantástica y policíaca a la categoría de géneros de primer orden.

En compañía de su esposo y del mencionado Borges, preparó una Antología de la literatura fantástica (1940) que se convirtió en una de las piezas emblemáticas de la mencionada corriente. Además, aquel mismo año los tres autores presentaron una Antología poética argentina. Posteriormente, volvió a colaborar con Bioy Casares, pero ahora en una obra de creación, la novela policíaca titulada Los que aman odian (1946).

A partir de entonces se enfrascó en la escritura de numerosos relatos, que fueron viendo la luz en sucesivas recopilaciones: en 1948 apareció el volumen titulado Autobiografía de Irene, al que siguieron los relatos de La furia y otros cuentos (1959), Las invitadas (1961), El pecado mortal y otros cuentos(1966), Informe del cielo y del infierno (1969), Los días de la noche (1970), Y así sucesivamente (1987) y Cornelia frente al espejo (1988). Los cuentos de todos estas recopilaciones están poblados de seres fantásticos que aparecen enfocados desde la ironía y el humor negro de que hace gala su autora, o bien deformados por la extraña percepción de unos narradores incompetentes, incapaces de establecer cualquier pauta ética que les permita separar el bien del mal.

Por medio de este recurso en la composición estructural de sus relatos, Silvina Ocampo consigue dejar plasmada una corrosiva crítica de las convenciones sociales de su tiempo, ya que su exagerado distanciamiento de cualquier pauta social establecida y de la realidad circundante pone un contrapunto de desasosiego -y a veces, de explícita crueldad- que amenaza con destruir el lenguaje y las estructuras tradicionales. Además de las obras ya mencionadas, Silvina Ocampo colaboró con el dramaturgo Juan Rodolfo Wilcock en la redacción del drama titulado Los traidores (1956).


 
Peyrou, Ocampo y Borges

"Yo sospecho que para Silvina Ocampo, 
Silvina Ocampo es una de las tantas personas 
con las que tiene que alternar 
durante su residencia en la Tierra"
Jorge Luis Borges



Silvina Ocampo


El insondable destino 
de Silvina Ocampo

La hermana menor de Victoria Ocampo vivió siempre a la sombra de las tres grandes figuras que la rodearon: su marido, Adolfo Bioy Casares; su gran amigo, Jorge Luis Borges, y su hermana, la fundadora de la revista “Sur”. Sin embargo, escribió algunos de los cuentos más perfectos de la literatura criolla.

La Gaceta, 13 de mayo de 2014

Es tal vez una de las mejores cuentistas argentinas. Sin embargo, durante décadas, estuvo injustamente relegada a la condición de escritora consorte, de hermana fiel y de amiga incondicional. Y es que Silvina Ocampo vivió toda su vida a la sombra de las tres grandes figuras que la rodearon: su marido, Adolfo Bioy Casares; su amigo Jorge Luis Borges y su hermana, la gran Victoria Ocampo. Sólo en los últimos años de su existencia, la crítica literaria comenzó a echar luz sobre esa penumbra y la reivindicó como una de las grandes escritoras criollas.

Claro que esa vida en las sombras; esa manera suya de existir casi sin ser tenida en cuenta, le permitió construir un universo en el que las palabras y las imágenes -porque también era pintora- tenían vida propia.

 El inicio
Silvina Inocencia Ocampo Aguirre -tal era su nombre completo- nació en Buenos Aires el 28 de julio de 1903, en el seno de una tradicional familia porteña. Era la menor de seis hermanas: la mayor era justamente la emblemática Victoria. Como era tradición en toda familia aristocrática de aquella época, Silvina fue educada por institutrices y aprendió a hablar primero en francés. “Yo no me crié con el español, sino con el francés y el inglés, cuando tenía cuatro años y estaba en París. Los sentía como idiomas ya hechos; en cambio, el español sentía que tenía que inventarlo, que había que rehacer el idioma”, contó una vez.

Por intermedio de Borges, a quien la unió una gran amistad, conoció al Bioy Casares (nueve años menor que ella). Su belleza, según confesó en sus memorias, le resultó “una puñalada”. A ella le bastó verlo para sentirse desesperada de celos. “Algo había en él peor que su hermosura: sus ojos hundidos bajo unas cejas despeinadas por un viento invisible que revelaban su desamparo”, escribió. Silvina en eso no era diferente de cualquier otra mujer: podía resistirse a la salud y a la fuerza; al desamparo nunca. Poco tiempo después, ese muchacho irresistible publicó “La invención de Morel” (quizás la mejor novela argentina jamás escrita) y se casó con ella en el frío invierno de 1940.

Fue en esa época que Silvina comenzó a escribir cuentos y, al mismo tiempo, a experimentar una misteriosa transformación. Acaso para ocultar sus ojos “grotescos” (como ella los llamaba) comenzó a usar los típicos lentes oscuros con montura blanca de las hermanas Ocampo que, con el tiempo, se convirtieron en su sello personal. Por esa época también comenzó a quejarse de su boca que, con los años, según sus propios ojos, se había vuelto “obscena”. Para sus amigos, en cambio, Silvina podía ser atractiva de un modo irresistible; pero había tenido la mala suerte de nacer en una familia donde había mujeres de una hermosura más convencional, casi clásica, como la de su hermana Victoria. Tal vez por eso no le gustaba mostrarse en público con demasiada frecuencia y evitaba las reuniones masivas. En cambio, se sentía feliz leyéndole las líneas de las manos a Borges y a Bioy, a quienes llamaba “sus dos debilidades”. Junto a ellos, precisamente, escribió la famosa “Antología de la literatura fantástica” (1940) y la siempre vigente “Antología de la poesía argentina” (1946).

Su primer libro de cuentos fue “Viaje olvidado” (1939), que le dedicó a su hermana Angélica. Pero Victoria lo defenestró. En la emblemática revista “Sur” escribió una crítica en la que definió a la obra como recuerdos de su infancia tergiversados y puntualizó: “los cuentos son recuerdos enmascarados de sueños; sueños de la especie que soñamos con los ojos abiertos. Y todo eso está escrito en un lenguaje hablado, lleno de hallazgos que encantan y de desaciertos que molestan”. Para Silvina, fue un golpe durísimo recibir estas palabras. Tal vez por eso, la relación entre ambas nunca volvió a ser la misma. Hay quienes dicen, incluso, que cuando viajaban a Mar del Plata, cada una se alojaba en su casa, y sólo se encontraban en contadas ocasiones. De todas formas, las personas que las conocieron de verdad aseguran que ambas sentían una mutua admiración y un respeto sin igual.

Pocos días después de la muerte de Victoria (ocurrida el 27 de enero de 1979), Silvina le dedicó un hermoso poema titulado “El Ramo” que dice: “Yo no te conté nada. Sabías todo. / Reinabas sobre el mundo más adverso / como si no te hubiera lastimado. / Nos une siempre la naturaleza: / el árbol una flor las tardes las barrancas / misterios que no rompen la armonía”.

La crítica literaria ignoró a Silvina hasta finales de los 80, sin advertir la complejidad, el humor y la originalidad de su obra, que también se caracterizó por una crítica tajante a los convencionalismos sociales de la época y a las normas literarias establecidas.

El dolor
Pese a los celos y las numerosas infidelidades de su marido, Silvina integró con Bioy el matrimonio literario más destacado de la Argentina. En cierto sentido, los Bioy (como eran conocidos en Buenos Aires) disfrutaban mucho juntos. Vivían, como decía Victoria Ocampo, en una “torre de marfil, si es que alguna vez existió algo así”.

Pero, hacia el final de sus vidas sobrevino el dolor y la tragedia. En sus últimos años, Silvina tuvo que soportar una tremenda enfermedad que no sólo minó su mente, sino también su cuerpo. Falleció la calurosa tarde del 14 de diciembre de 1994. Trágicamente, veinte días después, su hija Marta Bioy Ocampo, de 39 años, murió atropellada por un automóvil. Bioy Casares las sobrevivió sólo cinco años. Por esas cosas del destino finalmente, fue Silvina la que lo abandonó a él.

SUS LIBROS

Autobiografía de Irene (1948)
Cinco cuentos, en los que se explora la identidad, la mentira, la muerte, la melancolía, los sueños.

Los días de la noche (1970)
Reúne 29 relatos breves que subyugan hasta desarmar al lector.

La furia (1976)
Integrado por 33 cuentos de género fantástico. Borges sugirió el título.

Cornelia frente al espejo (1988)
Su libro más aclamado. Fue llevado al cine en 2012.





LA MUJER OCULTA
Por Analía Skoda

Cuenta la historia que fueron seis las hermanas, cercadas en sus extremos por la mayor, Victoria, y trece años más tarde, la menor, Silvina. Nuestro inicio es el final.
            Siempre consideré a Silvina como una escritora de los márgenes. Su voz de mujer no era afín a la época y a las convenciones. Su narrativa suele provocar e incomodar. Fue Enrique Pezzoni el que señaló que sus cuentos fingen crear el ambiente de la norma y una vez allí emergen como quiebre y desacato.
Sin embargo, su primer abordaje artístico no fue la escritura sino la pintura y fue nada más ni nada menos que la alumna de Giorgio de Chirico. Silvina Ocampo ha confesado en entrevistas que el famoso pintor quería que sus propios discípulos pintasen igual que él. Tanto en la pintura como en la escritura Silvina buscaba su estilo, incluso a pesar de la dura reseña que realizó su hermana Victoria en la revista Sur en ocasión del primer libro de Silvina, Viaje Olvidado, dijo que éste estaba “lleno de imágenes no logradas –que parecen entonces atacadas de tortícolis”.
En su narrativa nos presenta una imagen extraña del niño y la mujer ¿A qué hechicera se le ocurriría embrujarnos con niños crueles, incluso perversos, en una época donde el esteriotipo de la mujer como escritora se vinculaba directamente con la maternidad y la magia pero nunca con la crueldad?
Silvina fue una mujer retraída y tímida. Ocasionalmente concedía entrevistas con la condición de que no le hiciesen preguntas sobre su vida privada. Tenía un temor supersticioso a las fotografías y de hecho muchas de ellas nos han llegado gracias a que Adolfo Bioy Casares, su marido, operó como fotógrafo. Todas estas características no ayudaban a popularizar su prolífica obra. La crítica comenzó tardíamente a interesarse por sus escritos y es que su poética poco y nada tenía que ver con la de sus coetáneos: Adolfito, Georgie y Victoria.

La cartelera: Cornelia frente al espejo
“No soy sociable, soy íntima”, confesó alguna vez Silvina. Y en estos días acude esta frase a nuestra memoria cuando en la cartelera de los cines porteños hay una película inspirada en su obra, Cornelia frente al espejo.  Las voces de esta columna han tenido la oportunidad de ver la película dirigida por Daniel Rosenfeld quien también participó en el guión junto con la actriz principal, Eugenia Capizzano.  
Y como sobre gustos no hay nada escrito, las críticas pueden ser muy diferentes.
Para la voz masculina… Cornelia frente al espejo resultó un nuevo argumento para criticar al cine nacional. Así como los ojos se retuercen con una película yankee llena de efectos especiales sin sentido, el film tiene esa particularidad criolla de dejar al espectador desencajado. Los anestesiantes diálogos y la supuesta acción se suceden sin un hilo conductor. Si hubo un problema fue ser demasiado fiel a una escritura que siempre te traiciona. Para la literatura, el desconcierto es plausible; para el cine es veneno.
Para la voz femenina… Cornelia frente al espejo fue una realización de altísima calidad que respeta es espíritu de Silvina Ocampo tanto en la estética visual como en la realización del guión. No es una película para cualquiera. Es una película para aquellos que saben esperar y pueden asimilar un ritmo cinematográfico poco veloz pero repleto de atmósferas poéticas fieles a la autora. Cornelia frente al espejo nos transporta maravillosamente a la intimidad del universo ocampiano.

Hoja de ruta 

Hermana de Victoria Ocampo, esposa de Adolfo Bioy Casares y amiga de Jorge Luis Borges. Opacada durante algún tiempo por la divina trinidad de la cultura argentina…  ¿Dónde está ella? Sus libros nos invitan a conocerla.
Hoja de ruta: Emecé ya había editado en dos tomos sus cuentos completos, paradójicamente no tan completos ya que se han elidido sus cuentos infantiles. A su vez, Lumen ha lanzado hace unos años el proyecto Biblioteca Silvina Ocampo, posibilitando el acceso a algunos de sus inhallables libros como La torre sin fin o Invenciones del recuerdo. De hecho, recién el año pasado vio la luz editorial una novela inédita de Silvina, La promesa, editada también por Lumen. 





Premios
1954: Premio Municipal por "Espacios métricos" (poesía).
1953: Segundo Premio Nacional de Poesía por "Los nombres"
1962: Premio Nacional de Poesía por "Lo amargo por dulce"
1988: Premio del Club de los 13 por "Cornelia frente al espejo"




Bibliografía

• Viaje Olvidado (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1937. 
• Enumeración de la patria (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942. 
• Espacios métricos (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942. 
• Los sonetos del jardín (poesía), Buenos Aires, Sur, 1946. 
• Autobiografía de Irene (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1948. Reeditado en Orión, 1976. 
• Poemas de amor desesperado (poesía), Buenos Aires, Sudamericana,1949. 
• Los nombres (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1953. 
• Pequeña antología, Buenos Aires, Editorial Ene, 1954. 
• El pecado mortal (antología de relatos), Buenos Aires, Eudeba, 1966. 
• Informe del cielo y del infierno (antología de relatos), Prólogo de Edgardo Cozarinsky, Caracas, Monte Avila, 1970. 
• La furia (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1959. Reeditado en Orión, 1976. 
• Las invitadas (cuentos), Buenos Aires, Losada, 1961. Reeditado en Orión, 1979. 
• Lo amargo por dulce (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1962. 
• Los días de la noche (cuentos), Buenos Aires, Sudamericana,1970. 
• Amarillo celeste (poesía), Buenos Aires, Losada, 1972. 
• El cofre volante (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1974. 
• El tobogán (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1975. 
• El caballo alado (cuentos infantiles), Buenos Aires, De la flor, 1976. 
• La naranja maravillosa (cuentos infantiles), Buenos Aires, Sudamericana, 1977. 
• Canto Escolar (cuentos infantiles),Buenos Aires, Fraterna, 1979. 
• Arboles de Buenos Aires (poesía), Buenos Aires, Crea, 1979. 
• La continuación y otras páginas, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981. 
• Encuentros con Silvina Ocampo, diálogos con Noemí Ulla, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982. 
• Páginas de Silvina Ocampo, seleccionadas por la autora, prólogo de Enrique Pezzoni, Buenos Aires, Editorial Celtia, 1984. 
• Breve Santoral (poesía), Buenos Aires, Ediciones de arte Gaglione, 1985. 
• Y así sucesivamente (cuentos), Barcelona, Tusquets, 1987. 
• Cornelia frente al espejo, Barcelona, Tusquets, 1988. 
• Las reglas del secreto (antología), Fondo de Cultura Económica, 1991. 
Obras en colaboración con Adolfo Bioy Casares: 
• Los que aman, odian, Buenos Aires, Emecé, 1946. 
Con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares: 
• Antología de la literatura fantástica, Buenos Aires, Sudamericana,1940; 2da ed. 1965, 3ra ed. 1970, 4ta ed. 1990. 
• Antología poética argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 1941. 
Con J. R. Wilcock: 
• Los traidores (pieza teatral en verso), Buenos Aires, Losange, 1956. Reeditado en Ada Korn, 1988.

Traducciones
• Porfiria, introducción de Italo Calvino, traducción de Livio Bacci Wilcock, Roma, Einaudi, 1973.
• Fait Divers de la terre et du ciel, prólogo de Jorge Luis Borges, introducción de Italo Calvino, Paris, Gallimard, 1974.
• I giorni dela notte, traducción de Lucrezia Cipriani Panuncio, Roma, Einaudi, 1976.
• Leopoldina's dream, prefacio de Jorge Luis Borges, introducción de la autora, traducción de Daniel Walderstone, Ontario, Penguin Books, 1987.
• Qui ama, odia, estudio preliminar y traducción de Angelo Morino, Roma, Einaudi, 1988.
• Viaggio dimenticato, introducción y traducción de Lucio D'artangelo, Roma, Lucarini, 1988.
• Ces qui aiment, haissent, traducción de André Gabastón, Paris, Christian Bourgois éditeurs, 1989.
• La penna magica, Roma, Editori Reuniti, 1989.

Acerca de Silvina Ocampo
Anderson Imbert, Enrique:"Teoría y técnica del cuento", Marymar, 1979.
Bartolomew, Roy:"Cien poesías rioplatenses", Buenos Aires, Raigal, 1954.
Borges, Jorge Luis:"Silvina Ocampo, Enumeración de la patria", en revista "Sur", núm. 101, febrero de 1943.
Prólogo a "Fait divers de la terre et du ciel", Gallimard,1974.
Calvino, Italo: Introducción a "Fait divers de la terre et du ciel", Gallimard, 1974.
Cozarinsky, Edgardo: Prólogo a "Informe del cielo y del infierno", Monte Avila, 1970.
Ghiano, Juan Carlos: "Silvina Ocampo y su realidad", en revista "Ficción", núm. 22, diciembre de 1959.
González Lanuzza, Eduardo: "Autobiografía de Irene", en revista "Sur", núm. 175, mayo de 1949.
Martínez Estrada, Ezequiel: sobre "Espacios métricos", en revista "Sur", núm. 137,1946.
Molloy, Silvia: "Silvina Ocampo, la exageración como lenguaje", en revista "Sur", núm. 320, octubre de 1969.
Percas, Elena: "La original expresión poética de Silvina Ocampo", en "Revista Iberoamericana", núm. 38, septiembre de 1974.
"La poesía femenina argentina", Cultura Hispánica, 1958.
Pezzoni, Enrique: "Enciclopedia de la cultura argentina", Sudamericana, 1970. Prólogo a "Páginas de Silvina Ocampo, seleccionadas por la autora",Celtia, 1984.
Pichon Rivière, Marcelo: "Así es Silvina Ocampo", reportaje en revista "Panorama", noviembre 1974.
Pizarnik, Alejandra: "Diminios ilícitos", en revista "Sur", núm. 311, abril de 1968.
Ulla, Noemí: Colleción "Capítulo", núm. 82, fascículo correspondiente al libro "La continuación y otras páginas", Centro Editor de América Latina, 1981.
Fuente: notas de Matilde Sánchez en "Las reglas del secreto", 1991