jueves, 4 de febrero de 2016

Sean Penn

Sean Penn
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Sean Penn
(1960)
(Burbank, California, 1960) Actor de cine estadounidense, uno de los intérpretes más dotados de su generación y a la vez un personaje polémico e incómodo para Hollywood, que ha tardado en recompensar sus méritos. Sean Justin Penn procede de una familia de actores y artistas: es el segundo hijo del matrimonio formado por el actor y director Leo Penn (1921-1998), de extensa y prolífica trayectoria eminentemente televisiva, y la actriz Eileen Ryan, una secundaria todoterreno de igualmente dilatada labor.
Su hermano mayor, Michael (1958), es cantante y compositor, autor de varias bandas sonoras y también actor ocasional, mientras que Christopher, Chris (1962), el menor, es actor. Unos y otros han coincidido más de una vez ante las cámaras, como en la película Hombres frente a frente (1986), de James Foley, que reunió a Sean, Chris y Eileen, su abuela en la ficción.




En 1970 la familia fijó su residencia en Malibú, donde Sean se convirtió en un apasionado del surf. Por lo demás, parecía interesado en seguir los pasos de su hermano mayor, si es que antes no formaba algún grupo de rock. Pero cuando acabó sus estudios secundarios en la Santa Monica High School, disgustó a los suyos con su deseo de no ir a la universidad y en cambio especializarse en mecánica del automóvil. No obstante, pronto desistió de tal propósito y tomó la decisión de dedicarse a la actuación.
Estudió interpretación dos años en el Group Repertory Theater de Los Ángeles y con la legendaria profesora de arte dramático Peggy Feury. Con veinte años se mudó a Nueva York y pronto consiguió debutar en el off-Broadway con Heartland (1981), de Kevin Heeland, que sólo se mantuvo un mes en cartel. No volvería a subir a un escenario hasta la primavera de 1983, con The slab boys, de John Byrne.
Pero por entonces ya había pasado por Hollywood y estaba convencido de que su carrera estaba en el cine. Sus primeros filmes fueron Taps. Más allá del honor(1981), de Harold Becker, Aquel excitante curso (1982), de Amy Heckerling, y ya como protagonista, Bad boys (1983), un drama carcelario de Rick Rosenthal en el que ya se intuía el gran actor que había en él, y aunque poco recuerde el Penn de hoy a aquel joven de larga melena y brazos tatuados, una publicación de la época lo incluía entre los doce jóvenes con más futuro de Hollywood.


Actor rebelde
No se equivocaban, desde luego, pero el rebelde Sean Penn de aquellos años daría varios tropiezos antes de hacerse acreedor de la favorable consideración general que hoy posee, aun con su rebeldía intacta. En esa línea ascendente que seguía en sus comienzos, hay que apuntar Adiós a la inocencia (1984), de Richard Benjamin;Crackers (1984), de Louis Malle, y El juego del halcón (1985), de John Schlesinger, aunque el simultáneo discurrir de su vida privada dejó trazos más gruesos.
Así lo recogía la prensa de la época, que atribuía el fin de su relación sentimental con su compañera en la primera de estas películas, Elizabeth McGovern, a su efímera aventura con la mujer del director de la segunda, una estupenda señora muchos años mayor que él llamada Susan Sarandon, que dio así fin a su unión con el realizador francés. En cuanto a Penn, ya en el siguiente rodaje puso el broche de oro a estas historias con su sonado matrimonio, el 16 de agosto de 1985, con Madonna, la cantante más famosa que dio la música pop de las últimas décadas.
Fue el punto de inflexión en la trayectoria del actor, quien se vio metido en un despropósito como Shanghai surprise (1986), de Jim Goddard, que le supuso el premio Razzie al peor actor del año, única mancha en su currículo profesional. Pero fue sobre todo la extraordinaria fama de su mujer, unida a la vehemencia de su carácter, lo que le acarreó mayores contratiempos por sus enfrentamientos con fans, periodistas y paparazzi, e incluso sufrió una condena por agredir a un grupo de ellos, en 1987, por la que tuvo que pasar más de un mes entre rejas y otros seis de servicios comunitarios.
Todo ello, como es lógico, ejercía un influjo negativo en su carrera, algo evidente si se tiene en cuenta que los trabajos de ese período surgieron de su entorno más cercano. Es el caso de Colors (1988), de su íntimo amigo Dennis Hopper, o de Juicio en Berlín (1988), de su padre Leo Penn, e incluso de Corazones de hierro (1989), de su colega Brian De Palma.



Méritos recompensados
Los vientos empezaron a cambiar definitivamente de rumbo tras el divorcio del matrimonio, en enero de 1989. Luego de fugaces romances con Pam Springsteen y la entonces casi adolescente cantante Jewel Kilcher, en el rodaje de El clan de los irlandeses (1990), de Phil Janou, conoció a la actriz Robin Wright e inició con ella una relación más madura. Acababa de cumplir los treinta, y su intención de comenzar una vida distinta quedó patente con el anuncio de su definitiva retirada de la actuación.
Como es sabido, no ocurrió tal cosa, pero sí estuvo ausente tres años de las pantallas. Mientras tanto, escribió el guión y luego produjo y realizó su primer filme como director, Extraño vínculo de sangre (1991), que reveló su pulso en el oficio. Durante ese período, además, nació su hija Dylan Frances (1991), mientras que su compañera añadió el apellido del actor a su nombre artístico y pasó a llamarse desde entonces Robin Wright Penn.
El nacimiento de su segundo hijo, Hopper Jack (así bautizado en honor a los dos grandes amigos del actor, Dennis Hopper y Jack Nicholson), en agosto de 1993, precedió a los incendios propagados por amplias zonas de California y que devastaron su casa de Malibú. La familia se mudó entonces a Marin County, al norte de San Francisco, donde el actor tiene su propia productora, Clyde Is Hungry Films. Allí los Penn formalizaron su unión matrimonial en 1996.
Penn dirigió otras películas. Cruzando la oscuridad (1994) y El juramento (2001) hicieron palpable su crecimiento en el dominio del oficio, pero fue sobre todo su episodio de 11’09’’01. Once de septiembre (2002), que se alzó con el máximo galardón en el Festival de Venecia y el premio de la Unesco, el que lo reveló en su espléndida madurez creativa. El mismo proceso y con parejos resultados se operó en su trabajo como actor, en el que logró prodigios de expresividad, tensión y contención dramática poco comunes.
Esa riquísima siembra, en títulos como Pena de muerte (1995), de Tim Robbins; Atrapada entre dos hombres (1997), de Nick Cassavetes; Descontrol (1998), de Anthony Drazan; La delgada línea roja (1998), de Terrence Malick; Acordes y desacuerdos (1999), de Woody Allen; Yo soy Sam (2001), de Jessie Nelson; Mystic River (2003), de Clint Eastwood, o 21 gramos (2003), de Alejandro González Iñárritu, cosechó sus primeros grandes frutos en Europa, como lo atestiguan varios premios al mejor actor entre Osos de Plata en el Festival de Berlín, Palmas de Oro en el de Cannes, Copas Volpi en Venecia y el premio Donosti del Festival de San Sebastián 2003 por el conjunto de su carrera, una distinción tan prematura que el actor agradeció con humor: «Es bueno que te lo den al principio de tu carrera. ¡Lo que habría dado de sí George W. Bush si hubiese ganado el Premio Nobel de la Paz a los diez años!».
Paralelamente, en la ceremonia de los Oscars de 2004 la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos decidió hacer justicia a este actor controvertido, que ya había sido nominado a la estatuilla al mejor protagonista en tres ocasiones con anterioridad, y le otorgó el citado galardón por su papel en Mystic River. Siempre fiel a su carácter indómito, en julio de ese mismo año inició el rodaje de The last face, una cinta independiente, dirigida por Erin Digam, en la que compartía cartel con su esposa y con el actor español Javier Bardem.



Una estrella comprometida
Al igual que ha desarrollado su carrera a espaldas de las grandes productoras y se ha inclinado por un cine independiente, en muchos casos realizado preferiblemente entre amigos (claro que son amigos del calibre de Tim Robbins, Susan Sarandon o Jack Nicholson) y a partir de guiones que planteen un debate social, con trabajos sabiamente escogidos, el rasgo más destacable de la persona de Sean Penn es su compromiso, un respeto por los derechos humanos y una exigencia de justicia que lo distinguen de la mayoría de sus compañeros de profesión.
A fines de los años cuarenta, su padre, un actor judío de gran futuro, condecorado por sus servicios en la Segunda Guerra Mundial, se vio de pronto en la lista negra y acosado por la Caza de Brujas del senador McCarthy, hasta que un buen día, cansado de trabajos clandestinos y de figurar con otros nombres -Clifford Penn, Leonard Penn-, decidió claudicar. Desde entonces trabajó en la sombra, detrás de la cámara, y con el tiempo se resignó a ser el reconocido guionista, productor y director de televisión que fue.
Su hijo Sean es el testigo vivo de esa frustración, y habla en voz alta. En diciembre de 2002, cuando el presidente de su país buscaba apoyos para invadir Iraq, viajó a Bagdad para comprobar con sus propios ojos cuánto había de verdad en la historia oficial que contaban los medios, y a su regreso gastó 56.000 dólares de su bolsillo para publicar una extensa carta abierta a George W. Bush en The Washington Post en la que lo acusaba de violar la Constitución y de disfrazar las verdaderas causas de esa guerra «con su política simplista y temeraria».
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Sean Penn, enviado especial 

para entrevistar a Castro

El actor llega a Cuba como informador de 'Vanity Fair'

MAURICIO VICENT La Habana 27 OCT 2009


Después de entrevistar a Raúl Castro el año pasado, el actor estadounidense Sean Penn ha regresado a Cuba en busca de otra primicia periodística: una entrevista con su hermano convaleciente, el veterano líder comunista Fidel Castro, de 83 años, quien lleva más de tres años apartado del ejercicio formal del poder.
Penn llegó el domingo a La Habana y se trasladó enseguida a la Isla de la Juventud en compañía del pintor cubano Alexis Leyva (KCHO), quien encabeza un proyecto social y artístico en el lugar, arrasado en agosto de 2008 por el huracán Gustav.
El actor había viajado a la isla en anteriores ocasiones y siempre había combinado cine y activismo político. Pero fue el año pasado cuando entró de veras en la cúpula del poder revolucionario. Fue gracias a las gestiones del mandatario venezolano Hugo Chávez, quien intercedió por él ante Raúl Castro.
Sean Penn
según André

Penn, ganador de dos oscars de Hollywood, se desplazó a La Habana y realizó la única entrevista que hasta ahora ha hecho un extranjero al presidente cubano desde que sustituyó a su hermano. El texto fue publicado en varias tomas por la revista estadounidense The Nation y tuvo gran repercusión internacional.
Ahora, según TMZ, una web norteamericana de noticias sobre famosos, el actor se encuentra de nuevo en "la tierra de Fidel" para escribir una historia para la revista Vanity Fair sobre cómo ha afectado a Cuba la llegada de Barack Obama a la presidencia de EE UU.
La misión no es tan fácil. Aunque Fidel recibe habitualmente a dignatarios extranjeros y amigos en el lugar donde convalece, hasta ahora nadie le ha entrevistado formalmente.
Sí han relatado sus encuentros con él los intelectuales argentinos Atilio Borón y Miguel Bonasso, y más recientemente el cineasta norteamericano Saúl Landau. Pero lo que pretende Penn ahora es que Castro le cuente toda la película.

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Sean Penn y Madonna

Madonna a Sean Penn: “Todavía te quiero”

Mientras se conocía que el actor había entrevistado a El Chapo Guzmán, este presidía una gala por Haití y escuchaba la declaración de su exesposa

Madonna, hablando sobre Sean Penn durante una gala por Haití.
Madonna ha avivado los rumores de reconciliación con Sean Penn, quien fue su esposo. Fue en la quinta gala benéfica Sean Penn y amigos, que busca recaudar fondos para ayudar a Haití cuando la cantante lanzó toda una declaración al actor. "La forma en que (Sean) ha cambiado Haití en los últimos seis años y medio es increíble. Estoy muy orgullosa de ti, muy orgullosa de saber de ti. Así que quiero decir: Sean, te quiero desde el momento en que puse los ojos en ti y todavía te quiero igual", dijo. Estas palabras llegaban poco después de que se supiera que Penn había entrevistado a El Chapo Guzmán cuando este se hallaba huido de la justicia.
La reina del pop asistió a la gala acompañada por sus dos hijos menores, David Banda y Mercy James. “No podía pensar en un lugar mejor en el que estar que aquí, apoyando a una maravillosa organización. Tuve el privilegio de ir a Haití con Sean hace dos años, con mi hijo Rocco y tuvimos la aventura más increíble ", dijo. Madonna se encuentra en estos días en plena batalla por la custodia de Rocco quien ha expresado su deseo de quedarse a vivir con su padre Guy Ritchie en el Reino Unido.

Madonna, con sus hijos menores y Sean Penn.
Madonna, con sus hijos menores y Sean Penn. / MICHAEL TRAN (FILMMAGIC)
Madonna y Sean Penn mantuvieron una tormentosa relación en los ochenta que culminó en boda en el año 1985. El matrimonio se rompió cuatro años después. Hoy 30 años más tarde, la reina del pop, que se encuentra de gira, desveló las palabras que su exmarido le dijo después de haber visto uno de sus  conciertos. “Hice un showen el Madison Square Garden la otra noche. Mi exmarido estaba allí. ¿Lo pueden creer?”, comenzó diciendo. El actor fue a verla junto a su hija Dylan Penn, fruto de su relación con la actriz Robin Wright. Y añadió: “Hace 30 años estuvo en un espectáculo mío, también en el Madison Square Garden. Aquella vez estaba muy molesto conmigo porque usé un traje que mostraba mucho. Y no estoy mintiendo”, agregó. “En fin, luego del show me escribió una carta en la que me dijo que finalmente apreciaba mi arte. Y eso es lo que tengo que decir acerca de nuestro matrimonio. 30 años tarde”, concluyó.
Durante la fiesta, celebrada en el Hotel Montage Beverly Hills, la cantante se subió al escenario donde cantó, entre otras canciones, Like a Virgin, y cautivó tocando el ukelele y cantado en francés.

‘Desdivorcio’

La nostalgia ochentera y noventera nos persigue hasta hacernos creer que Sean Penn y Madonna han vuelto


Madonna y Sean Penn en Los Ángeles en 1986. / CORDON PRESS

El ansia por la nostalgia y el "cualquier tiempo pasado fue mejor" nos corroe de tal manera que a algunos todavía les gustaría encontrarse por la calle con Jesulín de Ubrique y Belén Esteban de la mano, como en sus tiempos mozos. Pero ha llovido tanto, tanto desde aquello, que sería más fácil en estos días (¿no nos estamos excediendo?) encontrarse con Marty McFly bajándose del DeLorean en la plaza del pueblo.
La nostalgia ochentera y noventera nos persigue hasta hacernos creer —y desear un poquito— que Sean Penn y Madonna han vuelto. Apenas es un rumor en unos cuantos tabloides del que algunos se han hecho eco, pero ¡qué ganas! Nos da igual cómo acabaran hace 25 años: si tirándose (metafóricamente, por favor) los platos a la cabeza, si con el corazón partío o si hartos del zumbador enjambre mediático que les rodeaba. Y eso que entonces no había Twitter.

El actor ha estado estos días en dos conciertos de su exmujer. Y algunos ya hablan de amor, brillo en los ojos y claros retornos, aunque es posible que el único retorno sea el de la hombrera y el exceso de colorete, con suerte. Pero el drama y el revival gustan tanto con un bol de palomitas en el regazo…

Si Penn no hubiera estado casado durante casi 15 años con otra mujer y Madonna durante ocho con otro hombre (minucias…) podrían seguir el ejemplo de Khloé Kardashian y Lamar Odom. Ahora, la pequeña de las tres hermanísimas ha decidido no divorciarse, pese a que su separación llevaba en el juzgado casi dos años. Quieren desdivorciarse, o lo que sea eso, y darse otra oportunidad. A veces la lentitud de la justicia puede darte una alegría.

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El pedo de Sean Penn

Lo que huele mal es que la intermediaria de la entrevista fue una actriz que tuvo papeles en obras sobre el crimen organizado


El actor Sean Penn
El actor Sean Penn. / HECTOR RETAMAL (AFP)
En uno de los párrafos de su ya famosa entrevista con el Chapo Guzmán, Sean Penn desliza una confidencia: se le escapó un pedo en las propias narices de su anfitrión, al despedirse en la entrada de la habitación donde dormiría el actor. Penn lo califica de “flatulencia del viajero” e incluso mete entre paréntesis un sorry, pero en realidad el pedo de Penn es otro y no el que fingió no oler el Chapo “con la misma caballerosidad con la que se ofreció a acompañar a Kate hasta sus aposentos”. Incluso, Penn narra cómo ambos escapan de su “bruma sutil” y se despiden al tiempo en que él se mete al bungalow que comparte con los colegas semi-anónimos que lo acompañaron en la aventura, al lado de la cama donde ya duerme Kate tras el biombo de su intacta privacía.
Lo que huele mal desde el principio de todo el desmadre es que un actor de intensa actividad pública y comprometida militancia progre logra entrevistarse con el capo de tutti capi del narco mundial a través de una actriz que protagonizó entro otros destacados papeles fílmicos La reina del sur y otras series televisivas o largometrajes que se proponen –con las muy limitadas posibilidades de diálogos y tiempos— denunciar el hedor del crimen organizado y los apestosos recovecos de la corrupción en México… y todo esto empieza a diluirse en la confundida proyección de las pantallas, en la red infinita de las redes y en el enmarañado escenario de lo que llamábamos realidad.
México es un país en donde casi 100 periodistas han muerto durante los pasados ocho años precisamente por cubrir, revelar o investigar algunos de los hilos de la inmensa telaraña del crimen organizado y del narco en particular y ahora resulta que por la incontenible vanidad del Mero-mero en persona, un actor que de vez en cuando escribe tiene la oportunidad insólita de convivir con él durante unas horas, fijar una fecha posterior para una entrevista más formal y de paso, tirarse un pedo en su cara sin que lo note o para que finja que no lo nota.
Las tías abuelas en Guanajuato llamaban pluma a los peditos que se les escapaban a cualquiera –a contrapelo de los torpedazos en Fu menor—y durante la entrevista publicada por Sean Penn aparece su queja de no contar precisamente ni con pluma ni con papel para poder anotar sus impresiones. Se concentra en memorizar el escenario, el camino de ocho horas de paisajes y circunstancias variables, pero sobre todo en resguardar como recuerdo indeleble las respuestas a preguntas puntuales. El pedo, que no pluma, es que se le sale mencionar que rumbo a la entrevista, en esos caminos perdidos de la Sierra de Quién Sabe Qué, el convoy dónde viajan con el hijo del Chapo pasa sin ningún pedo por un retén del ejercito mexicano y lo que huele mal es que quizá no nos hemos detenido a preguntar abiertamente por qué es asunto exclusivo de la Marina todo éxito, avance y logro en la llamada Guerra contra el Narcotráfico, mientras que el Ejército vestido de verde ya ni sale en los tradicionales videos donde quemaban toneladas de mostaza haciéndonos creer que era valiosa mariguana. Huele mal recordar que durante la caída de uno de los inefables hermanos Beltrán Leyva en Cuernavaca cundió la nota y creció el rumor de que había sido un operativo de la Marina precisamente porque el narco se hallaba reunido con militares del Ejército al tiempo de su derribo.
Huele mal que al instante se le quiera acusar de complicidad inexistente al actor Sean Penn y que haya voces que clamen por interrogar a Kate del Castillo, pues la verdadera bruma – no tan sutil—es en realidad un apestosa neblina que obviamos todos desde siempre: los narcos también tienen su corazoncito y se casan por la iglesia, bautizan a sus críos y van a fiestas de quince años, luego entonces: ¿no son informantes infalibles los curas que los casan, los sacerdotes que les bautizan hasta las armas con las que matan y de paso, los meseros y meretrices que acuden a sus fiestas?; los narcos tienen su corazoncito y por lo visto quieren también su película a la Vito Corleone o sus series en Netflix a la Pablo Escobar, donde precisamente se repite hasta el hartazgo la pedestre filosofía del otrora capo de Medellín: siempre dice que él sólo es un empresario colombiano y en muchas escenas queda claro que él no se embarra las narices con pedos ajenos y si acaso, se echa algún tequila para brindar; Pablo Escobar el benefactor de los pobres llega a decir en un capítulo memorable de una de sus series que –a su parecer—ni el gobierno de Colombia ni la DEA de los United States of America consideran ilegales a sus mercancías por un tema de salud pública, sino que a su parecer, es un tema de envidia y asombro económico, pues “No hay nadie que esté arrebatándoles más dólares en el mundo que Yo” y en un alarde similiar, el Chapo le farda en la entrevista al Penn que él sólo ha construido un imperio aséptico donde “Yo proveo más heroína, metanfetamina, cocaína y mariguana que cualquier otro en el mundo. Tengo una flota de submarinos, aviones, camiones y barcos”. En el mismo ánimo, con la sedosa camisa azul que se puso para su encuentro con Kate y Sean (lo cual adelanta el divertido trabajo que tendrás entre manos el Jefe de Vestuario en cuanto se apruebe el guión final), el Chapo levanta su copa y dice que no acostumbra beber, pero que tiene ganas de brindar con ellos y pues, ¿cómo no?, si está a sus anchas, rodeados de 100 soldados infalibles de su organización y una vez más en su querencia, intocable.
Lo que huela mal es que, en realidad, todo huele mal. La Marina de México no tiene submarinos y a duras penas dizque custodia las 200 millas marítimas de mar patrimonial que constantemente son vejadas por barcos camaroneros y atuneros norteamericanos; el nivel robinhoodini de la entrevista autorizada por el propio Chapo (en pluma de Penn o de quien sea) embona lamentablemente con la estulticia generalizada de una gran parte de la población que –harta de la corrupción, abusos, mentiras y tartamudeos del gobierno de México—opta por olerle lo podrido a los delincuentes de verdad como si fueran flores de mejor aroma. Huele mal que la versión oficial del anuncio en Twitter viniera en la cuenta del presidente de la república después de horas y muchas horas después de que la propia Marina había informado a través de un comunicado oficial del mismo operativo (sin mencionar al Chapo, pero sí a los cinco sicarios muertos, los seis cómplices capturados y el soldado herido) y huele mal que los narcos llegan a un motel, que si las fotos, que si el guión...
En la entrevista con Penn el Chapo habló de empresas a través de las cuales ha lavado dinero, habló de las bondades en invertir en el sector petrolero (reconociendo que por sus giros él mismo no podría invertir en pozos ni destilados) y hay más de un fleco suelto que no debemos pasar por alto como si fingiéramos no percibir el sutil aroma de un cebadito de guayaba. Ni el gobierno de México en su apresurado afán por darle fast-track a la extradición de Joaquín Guzmán Loera, ni el gobierno de los Estados Unidos, ni el sinfín de argonautas del Twitter y apóstoles del Feis han recalado en el verdadero horno de lo hediondo: durante sus meses en captura (de todas las veces que ha pasado por las rejas) el propio Chapo farda que jamás han decaído el mercado, alterado el nivel de precios o mermado los puntos de equilibrio entre Oferta y Demanda de mariguana, cocaína y metanfetaminas, también está claro que jamás han congelado sus cuentas ni de ahorro ni de inversión, jamás se ha movido a su mamacita de rancho ni a sus hijos de jugueterías de prestigio donde compran los teléfonos negros que ahora nos enteramos los de abajo que son indetectables, los botones galácticos que te permiten volar aviones sin que te detecten radares, los entramados amplios de complicidades diversas que les permite operar en 50 países del mundo entero, aunque sólo sea México el que aparece como el escenario surrealista e indescifrable, mucho más de novela de Jorge Ibargüengoitia que de Arturo Pérez Reverte, y huele tan mal que el guión que quería encargar el narco en realidad ya se volvió aún más impredecible: déjenlo hablar y que hable mucho y en una de ésas el Chapo termina comprometiendo a toda la civilización occidental en una inmensa nube de estercolero o búsquenle productor galáctico que logre filmar su ilegal fusilamiento o lobotomía en un búnker de Arizona o el azaroso infarto al volver a subirlo en un avión o el infinito silencio de los inocentes que en realidad son culpables de haberse tirado el pedo del siglo.


Sean Penn y Charlize Theron

 VIDA PRIVADA

Sean Penn estuvo comprometido con la que fue su compañera de reparto en la película Racing with the MoonElizabeth McGovern.De 1985 a 1989 estuvo casado con la cantante pop Madonna. Esta fue una mediática y tormentosa relación que le hizo ganar una reputación de hombre violento y que pagó con cárcel tras ser acusado por maltrato (llegaba incluso a dejar a la cantante atada a una silla durante horas para que no saliera de casa). En 1996 contrajo matrimonio con Robin Wright Penn, con quien tuvo dos hijos, Dylan Frances (1991) y Hopper Jack (1993). Anunció su divorcio el 28 de diciembre de 2007 y lo anuló el 8 de abril de 2008. Sin embargo, en agosto de 2010 dejó a su esposa y desde 2013 tuvo una relación con la actriz Charlize Theron, terminada en julio de 2015.














FILMOGRAFÍA


Actor
Don't Mess with Texas (2015)
The Gunman (2015)
La vida secreta de Walter Mitty (2013)
Gangster Squad (2013)
This Must Be The Place (2011)
El árbol de la vida (2011)
Fair Game (2010)
Milk (2008)
What Just Happened (2008)
Todos los hombres del rey (2006)
La intérprete (2005)
Two and a half men (2004)
The Assassination of Richard Nixon (2004)
21 gramos (2003)
Mystic River (2003)
It`s all about love (2003)
I am Sam (2001)
El peso del agua (2001)
Antes que anochezca (2000)
friends (1999)
Sweet and lowdown (1999)
Hurlyburly (1998)
La delgada línea roja (1998)
Hugo Pool (1997)
"She´s So Lovely (1997)
The Game (1997)
Giro al infierno (1997)
Pena de muerte (1995)
Carlito's Way (1993)
State of Grace (1990)
Casualties of War (1989)
We're No Angels (1989)
Colores de guerra (1988)
Shanghai Surprise (1986)
At Close Range (1986)
El juego del halcón (1985)
Racing with the Moon (1984)
Bad Boys (1983)
Fast Times at Ridgemont High (1982)
Taps, más allá del honor (1981)

Director
Into the Wild (2007)
11'09"01 - September 11 (2002) (documental)
The Pledge (2001)
The Crossing Guard (1995)
The Indian Runner (1991) 



Guionista
Into the Wild (2007)
11'09"01 - September 11 (2002) (documental)
The Crossing Guard (1995)
The Indian Runner (1991)





domingo, 24 de enero de 2016

José Agustín Goytisolo


DE OTROS MUNDOS
(1928 - 1929)

José Agustín Goytisolo nació el 13 de abril de 1928 en Barcelo y allí mismo murió el 19 de marzo de 1999. Pertenció a la Generación del 50 cuya obra fundió la experiencia individual y el compromiso social. Integrante de la llamada Escuela de Barcelona, junto con Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma, cursó estudios en las universidades de Barcelona y Madrid, licenciándose en derecho. Hermano mayor de los novelistas Luis Goytisolo y Juan Goytisolo, destacó especialmente como poeta, aunque también llevó a cabo una importante labor como traductor, además de escribir artículos sobre literatura y unos pocos cuentos. Su obra ha sido profusamente estudiada por ensayistas y críticos literarios.
José Agustín Goytisolo es uno de los poetas de los años cincuenta (entre los cuales destacan Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, José Ángel Valente y Claudio Rodríguez) en los que aparece con mayor claridad una nítida conciencia generacional, que se caracteriza por el rechazo estético de la primera posguerra y la afirmación ética de entronque machadiano, como puede apreciarse en el poema Homenaje en Colliure, perteneciente a Claridad.
José Agustín Goytisolo

Su obra poética, extensa, variada y con una gran carga autobiográfica, se encuentra en la línea del realismo social, de acuerdo con las ideas políticas del autor, y resulta ser una exposición permanente de sus compromisos éticos, sin dejar por ello de estar imbuida de una intensa nota intimista. No obstante, su poesía no es en absoluto panfletaria: ya en 1965, Goytisolo dejó claro que "la función de la literatura es, a la vez, estética y social (...). En la medida en que me ha sido posible, yo he procurado siempre sustraerme de los peligros de una postura excesivamente simplista a fin de no caer en la tentación de confundir los nobles sentimientos con la buena poesía".
Característica de su obra es la recreación del propio entorno (personal, familiar, social) expresada a través de registros que van desde la denuncia seca hasta la ironía y la sátira: el autor contempla el mundo que le rodea desde una perspectiva extremadamente crítica, presentada con frecuencia a través de registros del humor, lo cual es una de las constantes de su producción. Esta denuncia se llena de energía y sarcasmo cuando se refiere a las realidades sociales más próximas al propio escritor, en especial cuando trata de los usos y costumbres de la burguesía.
Otra faceta importante de su obra es el interés prestado a la propia poesía y al oficio de poeta; sus ideas al respecto sufren una evolución: en un principio, el autor, en consonancia con la poética del realismo social, aboga por el compromiso político; a partir de Bajo tolerancia, considera que el poeta es un ser distinto al resto de los hombres, cuestión que antes había negado de forma manifiesta en el poema Un hombre, incluido en Claridad.
La actividad literaria del autor se inicia con El retorno (1955), libro que mereció un accésit al Premio Adonais de 1954 y en el que aparece por vez primera el tono elegíaco presente en una parte importante de su creación. Se trata de un largo poema a la muerte de una mujer, identificada con su madre, que había fallecido en uno de los bombardeos de Barcelona durante la guerra civil, en el que suma componentes nuevos a los ya propios del género de la elegía.
En los dos libros siguientes, Salmos al viento (1958, Premio Boscán) y Claridad(1960, Premio Ausiàs March), se pone de manifiesto el carácter crítico del poeta al rebelarse por medio de la denuncia contra un entorno exterior mediocre y una sociedad asfixiante. Salmos al viento es una obra en la que la amargura de la experiencia anterior y la producida por la situación sociopolítica quedan reflejadas por medio de una ironía y un sarcasmo que transforman la realidad, deformándola monstruosamente y ridiculizándola. Claridad, por su parte, se caracteriza por su marcada impronta autobiográfica, por el continuo recuerdo de Antonio Machado y por su tono coloquial, pues Goytisolo en esta época "intenta escribir para todos". Estas tres primeras colecciones de versos del autor quedarían reunidas poco después en Años decisivos (1961).


Denuncia del escritor Goytisolo por malos tratos

El escritor José Agustín Goytisolo ha presentado denuncia contra tres Policías armados por supuesta agresión durante una manifestación que tuvo lugar el pasado domingo en Elche, con motivo de uno (le los actos suspendidos del homenaje a Miguel Hernández.El denunciante presentó, además, un certificado médico, en el que se califican sus lesiones de «hematerio debido a una probable nefritis traumática, así como equimosis en el brazo derecho y contusión craneal».
Según la denuncia, el escritor fue golpeado por tres agentes cuando éstos, por creer que tomaba parte en una manifestación, le conminaron a correr y desobedeció la orden.

Multa de 200.000 pesetas 
al poeta José Agustín Goytisolo

EP Barcelona 21 AGO 1976


El Gobierno Civil de Granada ha notificado con fecha 10 de agosto la imposición de una multa de 200.000 pesetas al poeta José Agustín Goytisolo, la cual deberá ser efectiva en el plazo de diez días, procediéndose, en caso de impago, al ingreso en prisión. El motivo que se alega es el de haber leído un poema, que se considera que atenta contra el orden público, en el homenaje tributado a Federico García Lorca el día 5 de junio en Fuentevaqueros (Granda).

No obstante el carácter conminatorio del texto de la sanción gubernativa, José Agustín Goytisolo se ha negado a pagar la multa y ha encomendado la defensa de sus derechos al letrado Jiménez de Parga, bajo cuyo asesoramiento ha presentado recurso ante el Gobierno Civil de Granada y ante el Ministerio de la Gobernación, cargos que están ocupados por personas distintas a los que los regentaban el cinco de junio. El poeta catalán acudirá al Supremo, caso de no prosperar su recurso.


EL PAÍS


José Agustín Goytisolo
"Las memorias mienten, los versos no"

PAU VIDAL
Barcelona 
28 FEB 1997

José Agustín Goytisolo está exultante por tres motivos: le han fichado como asesor en la Institució de les Lletres Catalanes, el martes fue la estrella de un acto en Castellón contra la venta de armas y acaba de sacar el volumen 19 de su obra poética. En Las horas quemadas (Lumen), el poeta barcelonés traza un recorrido autobiográfico de una descarnada, y a menudo doliente, sinceridad. "Mis poemas son imágenes, porque es lo que retiene la memoria. Por eso no podría escribir unas memorias: tendría que mentir, y no sé hacerlo".El libro se divide en cuatro capítulos, correspondientes a otras tantas etapas vitales. La infancia y los tiempos de universitario en Madrid -"terminé allí la carrera de Derecho porque la Universidad de Barcelona me represalió por atentar contra el busto de Franco", aclara- son épocas de iniciación, pero en el tercero, episodios de depresión y represalias políticas trazan un retrato mucho más amargo. "A partir de los 30 caí en un profundo estado depresivo por culpa de la lucha antifranquista, los amigos muertos por el camino, la represión... Pensaba constantemente en el suicidio, probé muchos tratamientos y me atiborraron de pastillas, por lo que terminé convirtiéndome en un bipolar, es decir, saltaba de la euforia a la pesadumbre continuamente. Bebía mucho y me gastaba lo que tenía y lo que no. ¡Cuánto dinero llegué a pedirle a Paco Ibáñez!".
El poema Setenta y dos horas transmite la angustia del detenido ante los interrogadores-torturadores. "Fui a parar varias veces a los calabozos, y se trataba de resistir esos tres días sin abrir la boca. Pero es que me metí tanto en la lucha contra el régimen que hacía de todo: en las manifestaciones, en los actos subversivos... siempre iba más allá que nadie. Llevé mensajes aquí y allá de la frontera. Y llegué a boicotear, al principio de la televisión, un repetidor que instalaron en un monte".
Algo debió de suceder en aquellos años para que la furia de este izquierdista irredento se calmase. ¿Tal vez el fin de la dictadura? "No sólo eso. También el litio, un medicamento eficaz que en los setenta iba a buscar a Perpiñán y al que le he dedicado un poema". Sea como sea, el cuarto capítulo, El rostro que conjura, está dedicado íntegramente a su esposa. Goytisolo dice de él: "Es un homenaje a la única mujer que he amado desde que nos casamos". Pero su militancia progresista no ha decaído. Ahora se dedica a recopilar información y a denunciar la venta de armamento español a países en guerra, "un negocio más lucrativo que el tráfico de cocaína".

Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo,
en 1959 (de izquierda a derecha). 


Fallece a los 70 años José Agustín Goytisolo al desplomarse desde la ventana de su casa

El autor de 'Palabras para Julia' era uno de los poetas más populares de España



José Agustín Goytisolo, nacido en Barcelona en 1928, falleció a las cuatro de la tarde de ayer, al precipitarse desde la ventana de su domicilio, en Barcelona. Goytisolo estaba solo en su casa, por lo que no se conocen con detalle las circunstancias de su muerte. Según algunos allegados, últimamente estaba muy deprimido. Era uno de los poetas más conocidos de España. Palabras para Julia, al que puso música Paco Ibáñez, es uno de sus poemas más conocidos.
Un vecino del escritor oyó ayer por la tarde un ruido y cuando fue a ver qué pasaba encontró el cuerpo de Goytisolo tendido en medio de la calle. El poeta estaba solo en su domicilio, un tercer piso, de Barcelona, desde el que se desplomó. Avisada la policía, el cadáver permaneció media hora cubierto con una manta, hasta que la juez ordenó el levantamiento.Se autodefinía como "francotirador de izquierdas", pero era sin duda mucho más. Escritor y hermano de escritores, era el poeta de una familia, la de los Goytisolo, muy bien dotada literariamente. Mientras que sus hermanos menores, Juan y Luis, se han dedicado sobre todo a la novela, José Agustín optó por la poesía. Deja una obra compuesta de más de veinte títulos en los que, con un lenguaje llano, alternó versos urbanos y casi de combate con poemas de un sentimiento muy cercano a la gente de la calle. Era muy popular -su libro menos vendido va por la tercera edición- y su poema Palabras para Julia, dedicado a su hija, se ha convertido en un clásico gracias, en parte, a la versión cantada por Paco Ibáñez. También Amancio Prada y Rosa León han puesto música a sus poemas y la cultura catalana lo reconoce su labor de "hombre puente" por las excelentes traducciones que hizo de varios poetas catalanes.

Licenciado en Derecho, Goytisolo fue amigo y compañero de generación de Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma. "Carlos, éramos pocos, pero hacíamos ruido", escribió en Cuadernos de El Escorial. Y en un ejemplo de su dominio de la sátira, lanzó este dardo envenenado contra algún poeta con ínfulas: "Crees que porque enculas a cualquier muchachito/ alcanzarás el arte de Jaime Gil de Biedma./ Él era homosexual y altísimo poeta. / Tú escritorzuelo y un triste maricón".

Poesía política
Antifranquista de corazón -fue detenido varias veces-, no llegó a militar, aunque sí fue un activo compañero de viaje. Le gustaba decir que iba por libre y que se hizo antifranquista a raíz de la muerte de su madre, fallecida en Barcelona durante un bombardeo en la guerra civil. Su lucha, en cualquier caso, fue ejemplar y se traduce en una poesía que, en sus palabras, "no es poesía social, sino política".
"En poesía, lo peor es seguir la moda", decía. Él iba a lo suyo, con un público fiel que se sabía de memoria varios de sus poemas. "Me ilusiona saber que hay varias guarderías llamadas Lobito Bueno gracias a una de mis poesías", comentaba.
En su primer libro, El retorno (1955), ya había muestras de la rebeldía del autor. Su crítica se hizo más visible en Salmos al viento (1958) yClaridad (1960), reeditados en 1961 como Los años decisivos. El compromiso se acentuó en Algo sucede (1968) y Bajo tolerancia (1977). Siguieron Taller de arquitectura (1977) -colaboró con el taller de Ricardo Bofill-y su libro más popular, Palabras para Julia (1981).
Cuando en 1966 publicó en Lumen su Antología bilingüe de poetas catalanes, con excelentes versiones de Vinyoli, Riba, Espriu, Brossa, Foix y otros, los escritores catalanes alabaron su labor de puente en el diálogo entre las culturas en catalán y en castellano. En 1985 recibió la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat y en 1997 reincidió como traductor con Veintiún poetas catalanes para el siglo XX. También tradujo del italiano.
Barcelona mestiza
En Novísima Oda a Barcelona, publicada en 1992, Goytisolo canta a su ciudad de siempre, una Barcelona mestiza: "Nadie distingue entre nosotros hoy/ a ciudadanos viejos de inmigrantes/ porque somos un todo: la gente habla/ no sólo catalán y castellano/ sino muchos también francés e inglés". En junio del pasado año -en la fiesta organizada por su esposa, Asunción Carandell, y su editora, Esther Tusquets, para celebrar sus 70 años-, en el Casal de Sarrià hubo llenazo de gente que quería expresar a José Agustín su amistad y su gratitud. Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán, Ana María Moix, Josep Maria Castellet, Carme Riera y muchos otros acudieron para dar fe de su militanciagoytisoliana. Vázquez Montalbán declaró: "No sólo es uno de los poetas españoles más importantes de la segunda mitad de este siglo, sino una de las mejores personas que he tenido la oportunidad de conocer en esta vida".
Paco Ibáñez expresó ayer en Lyón su dolor por la muerte del poeta, al igual que Juan Marsé y otros amigos del autor de Salmos al viento. "La gente se muere igual que un geranio", declaró en una ocasión. "A mí me gustaría morir con la cabeza clara y sin dolor".

EL PAÍS


Un escritor anónimo


Poemas como 'Palabras para Julia' o 'El lobito bueno', convertidos en canciones, transformaron al autor de Salmos al viento en uno de los poetas españoles más populares
José Agustín Goytisolo, que se definía como "catalán cubano en lengua de Castilla" y al que le gustaba recordar que, en vasco, su apellido significa "campo de arriba", en el fondo era un poeta anónimo. Como indica la novelista y profesora Carme Riera, directora de la Cátedra José Agustín Goytisolo de la Universidad Autónoma de Barcelona, los lectores tienden a convertirse en "okupas de sus versos" y él mismo estaba de acuerdo en que "la poesía no es de quien la trabaja sino de quien la necesita". En uno de los epigramas de Cuadernos de El Escorial (1995), lo dijo así: "Hay quien lee y quien canta poemas que yo hice / y quien piensa que soy un escritor notable. / Prefiero que recuerden algunos de mis versos / y que olviden mi nombre. Los poemas son mi orgullo".

"Prefiero que recuerden algunos de mis versos / y que olviden mi nombre. Los poemas son mi orgullo", escribe en 'Cuadernos de El Escorial'
Un notable escritor anónimo, pues. Elegiaco y satírico. Muy urbanita y contemporáneo y muy medieval. De hecho, esa sensación -la de algo "nuevo, sorprendente, pero también con sabor añejo, entre medieval y renacentista"- es la que, según recordaba él, tuvo Goytisolo la primera vez que escuchó sus textos en la voz de Paco Ibáñez. Fue alrededor de 1968. El poeta había publicado ya 5 de sus 21 libros de poemas -de El retorno (1955) a Las horas quemadas (1996)- cuando el músico se presentó en su casa con una guitarra para cantarle algunos de sus versos: "No tuve tiempo para sentirme halagado, porque me asusté. Me parecían poemas de otra persona, escritos como para ser cantados o hechos cantando".
"A veces la verdadera intención de un poema aparece cuando sólo cuando lo cantas", cuenta Paco Ibáñez. "Lo que hay que hacer es encontrarle la música".
Que los poemas de José Agustín Goytisolo hayan pasado por la voz de Joan Manuel Serrat, Rosa León, Kiko Veneno, Los Suaves, Muchachito o Peret demuestra la naturalidad de sus versos y el acierto primero de Paco Ibáñez, que empezó con 'Me lo decía mi abuelito' y 'El lobito bueno' y cuya versión de 'Palabras para Julia' se ha convertido en un icono de la cultura española reciente. De hecho, en 1994, el poeta y el cantante iniciaron juntos la gira La voz y la palabra, que se convertiría en disco tres años después. "Improvisábamos mucho", recuerda Ibáñez. "José Agustín tenía mucha chispa y mucho sentido del ritmo del espectáculo. Sabía interpretar el humor del público. En el fondo funcionábamos como músicos callejeros".
'Palabra para Julia', apareció originalmente en el libro Bajo tolerancia (1973), un título que incluía también textos hoy emblemáticos como 'Así son', dedicado a los poetas, "las viejas prostitutas de la Historia". Era una muestra del escritor culto y "notable" que, además de popular, fue siempre José Agustín Goytisolo, miembro destacado de la Escuela de Barcelona. Así bautizó al grupo catalán de la generación de los cincuenta -Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y el mismo Goytisolo- Carme Riera, responsable ahora de las ediciones de Más cerca. Artículos periodísticos (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) y, junto a Ramón García Mateos, de Poesía completa (Lumen). Ambos volúmenes se presentarán en Barcelona el próximo jueves, día en que se clausura un congreso internacional dedicado a José Agustín Goytisolo -en el que Luis Goytisolo hablará de su hermano por primera vez en público desde su muerte- al tiempo que se inaugura una exposición dedicada a su figura en el Círculo de Lectores.
Para Riera, la popularidad del autor de Claridad convive hoy con su condición de "patito feo" dentro de su círculo literario. Para ella, sin embargo, "ni era el menos sabio ni el menos cosmopolita. Además, Gil de Biedma y Ángel González se decidieron a usar la ironía leyendo a José Agustín. Tal vez, eso sí, le perjudicó el hecho de publicar tanto y de recolocar poemas antiguos en libros nuevos".
Nacido en 1928, Goytisolo fue un niño de la guerra al que marcó la muerte de su madre en marzo de 1938 durante un bombardeo sobre Barcelona de la aviación italiana a las órdenes de Franco. Esa muerte protagoniza, además, su primer poemario, El retorno. Con aquel libro marcadamente elegiaco se daba a conocer uno de los poetas fundamentales de una generación entre cuyos miembros figuran, además de sus amigos barceloneses, poetas como José Manuel Caballero Bonald, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Ángel González o Francisco Brines. Con el tiempo, a las antologías canónicas del grupo se añadirían nombres como Antonio Gamoneda y María Victoria Atencia.
En realidad, Goytisolo ejerció siempre de puente entre poetas de diferentes procedencias merced a su paso por Madrid, entre 1946 y 1951, para estudiar Derecho. Además, en un colegio mayor de la capital coincidirá con autores como Ernesto Cardenal, José Coronel Urtecho y Carlos Martínez Rivas. Así nació su interés por la literatura de América Latina. Con todo, la gran labor divulgadora la realizó José Agustín Goytisolo con los escritores en lengua catalana, a los que tradujo sin descanso. Suya fue la iniciativa de lanzar la colección bilingüe Marca Hispánica y suya fue, en 1968, la antología Poetas catalanes contemporáneos. A los maestros de aquella selección (Foix, Espriu, Vinyoli, Riba) se unieron los nuevos autores (Pere Gimferrer, Marta Pessarrodona, Pere Rovira) en 1996, dentro de Veintiún poetas catalanes para el siglo XXI (Lumen), un libro en el que el autor de A veces gran amor lo hizo todo: la selección, la traducción, el prólogo y hasta las peculiares notas que presentan a cada seleccionado.
Joan Margarit, uno de los incluidos en aquel volumen, recuerda la generosidad de autores como Enrique Badosa y Goytisolo: "José Agustín usaba su nombre de poeta conocido para llamar la atención sobre escritores que sin él ni sonarían a los lectores de fuera de Cataluña. Lo importante que fue lo vemos ahora que no está y que casi te tienen que traducir los amigos".
En el último libro de Margarit, Misteriosamente feliz (Proa en catalán/Visor en castellano) se incluye un poema dedicado a Goytisolo, 'Una ventana a la calle Marià Cubí'. Es la ventana desde la que cayó el poeta el 19 de marzo de 1999. Como si la suma de poesía y caída sólo pudiera dar suicidio, las conjeturas se dispararon. El juez que levantó el cadáver afirmó que no pueden determinarse las causas del fallecimiento. En un verso del último libro de José Agustín Goytisolo se lee: "La eternidad no existe". Puede que sea cierto para los poetas. Tal vez no lo sea para los poemas. Sobre todo para los anónimos.

Cincuenta años, más de medio siglo

1959 fue el año fundacional de la generación literaria del medio siglo. Algo así como el 27 para la generación del mismo nombre. Si Alberti, Lorca y compañía viajaron a Sevilla para homenajear a Góngora, Goytisolo y los suyos viajaron a Collioure para visitar la tumba de Antonio Machado. A aquel 22 de febrero (y sus alrededores) acaba de dedicar la revista Ínsula un número monográfico. Coordinado por la profesora Araceli Iravedra, colaboran en él, entre otros, José Manuel Caballero Bonald, Luis García Montero, Ángel L. Prieto de Paula, Carme Riera y Josep Maria Castellet. "Aquellos niños flacos; / tiznados; que jugaban / también a guerras: cuando / -grave y lúcido- ibas / viejo poeta al encuentro / de esta tierra en que yaces", dicen unos versos del propio José Agustín Goytisolo dedicados a aquel viaje del que salieron un puñado de fotos, la idea de publicar una colección de poesía con el nombre del pueblo francés y el propósito de promocionarse como grupo por parte de escritores a los que hoy leemos como clásicos. Poeta por poeta, más allá de grupos y de fotos generacionales. A veces medio siglo dura más de cincuenta años.
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El poeta que regalaba palabras


José Agustín Goytisolo, el poeta de lo cotidiano, murió hace ahora diez años. La publicación de su poesía completa y una exposición recuerdan la figura y la obra "milagrosamente inspirada" del escritor.
Fue Jorge Luis Borges quien inició, al menos en el Río de la Plata, el desprecio de las letras españolas modernas. Su estadía en España a fines de la Primera Guerra Mundial, antes de volver a la Argentina en 1921, lo decepcionó. Los intelectuales españoles no compartían sus lecturas y entusiasmos, y le parecieron al joven Borges, por lo general, engreídos y banales: "Se habían propuesto renovar la literatura", contará en su Autobiografía, "una rama de las artes de la cual poco sabían". De los poetas españoles, casi sin excepción, se burlará más tarde con variable ingenio: de Federico García Lorca dirá que era "un andaluz profesional"; de Antonio Machado, "¡ah, no sabía que Manuel tuviese un hermano!"; de Gerardo Diego, "en qué quedamos ¿Gerardo o Diego?"; de Juan Ramón Jiménez y su asno Platero, "eran almas gemelas". Mi generación aceptó su veredicto. Sólo cuando empezaron a aparecer en Buenos Aires los nuevos poetas en Losada y los nuevos novelistas en Seix Barral, nos atrevimos, tímidamente, a contradecir al maestro.
Mis compañeros de clase y yo descubrimos a José Agustín Goytisolo en una antología de poesía española contemporánea que uno de nuestros profesores nos incitó a leer. Creo que los poemas elegidos pertenecían al libro Claridad que Goytisolo publicó en 1961, poemas que recobraban la infancia del niño-poeta y su temprano descubrimiento del "amor / de lo perecedero": la madre tan amada de cuya muerte no se consolaría nunca, el padre que lo hacía sentir como un intruso, la escuela en la que los maestros "predicaban miedo" convirtiéndolo así en "un niño / solo; mentido / y solo; amordazado / y frío buceando / en el pozo". (Décadas más tarde, en uno de sus mejores libros, Como los trenes de la noche, de 1994, repetirá la confesión: "Viste que nada era durable / desde muy niño... Pero tú / aprendiste de la flor única / el amor de lo que perece / y la herida de lo que ha muerto").
Para nosotros, adolescentes, los versos de Goytisolo definían un estado de ánimo bien conocido, esa entrada al mundo adulto que simultáneamente anhelábamos y temíamos. Nuestro también era su imposible deseo:
¡Ah, si todo pudiera
comenzar otra vez
de un solo golpe; de una sola
pura y simple palabra!
Pero fue con la aparición de Algo sucede en una descolorida edición de Ciencia Nueva que el poeta intimista que nos gustaba púdicamente se nos reveló (o más bien, imaginamos que se nos revelaba) camarada de aquellos otros que recitábamos en torno a las fogatas de campamento: Miguel Hernández, Rafael Alberti, Blas de Otero. Goytisolo no se convirtió nunca, para nosotros, en un clásico como Luis Cernuda o Jaime Gil de Biedma, pero fue, a lo largo de nuestras vidas lectoras, una voz amiga, un poeta que nos daba palabras para nombrar ocasionales desazones y epifanías. "Devolvamos / las palabras reunidas / a sus dueños auténticos", era una versión militante del "renovar las palabras de la tribu" que sin duda hubiese sorprendido a Mallarmé. Aun los versos más leves nos llamaban la atención, ya que leíamos en ellos un anunciado llamado a las armas:
Por mi mala cabeza
yo me puse a escribir.
Otro por mucho menos
se hace Guarda Civil.
Como en sus libros futuros, ya en éste Goytisolo demostraba un cierto gusto por la palabra pedestre y al mismo tiempo, milagrosamente inspirada. Decir: "Se amaban en silencio / como cumpliendo un gran ritual. / Sus vidas eran diferentes. Pero / algo muy fuerte los unía: algo / que quedaba cumplido en sus abrazos" es de una simplicidad casi inútil. Y sin embargo, la noción del amor ritualizado, del abrazo como ceremonia, es una revelación que un cierto pudor poético parece impedir cuajar en palabras más enérgicas. Esta disputa entre expresión e iluminación (constatamos luego) es frecuente en toda la obra de Goytisolo.
Es quizás en el célebre Palabras para Julia de 1980 que Goytisolo alcanzó la mayor maestría de su voz. El poema que da su título a este volumen elegiaco trata, como se sabe, de la trágica muerte de su madre. "Tu destino está en los demás", le dice, ofreciéndole la consolación que siempre damos a quien amamos y perdemos. A la elegía por su madre siguen poemas que tildábamos hace dos décadas de "comprometidos" y que sin embargo nos conmovían. "La libertad hay que inventarla siempre", leíamos del otro lado del Atlántico, sabiendo perfectamente cuáles son las consecuencias de no seguir esta advertencia. Y un poema escrito casi veinte años más tarde, en 1996,Las horas quemadas (que es también su último libro), insiste con implacable lucidez: "Lamentar el pasado nada cambia: / ni el olvido ni el daño ni el rencor".
En 1978, un año después de publicar Taller de arquitectura, Goytisolo cumplió cincuenta años y de hacedor de versos familiares y políticos pasó a ser poeta de la naturaleza, del mundo que llamó, con adjetivo exacto, "permanente". Montes y carreteras, palomas y codornices, lechuzas y gavilanes, la hierba y el agua, el otoño, poblarán su geografía poética. Y siempre, por encima de todo, siguió escribiendo poesía amorosa de una extraordinaria y original delicadeza. El lector del Goytisolo maduro sospecha que el poeta propone y puebla el paisaje para luego perseguir en él su propia persecución amorosa. "En lugares perdidos / contra toda esperanza / te buscaba... / Y cuando el desaliento / me pedía volver / te encontré". Más tarde, el terreno de caza será también su ciudad, Barcelona, a la que dedicará en 1993 una Novíssima oda a Barcelona.
La edición de la poesía completa de Goytisolo que ahora, con la gratitud de sus lectores, propone la editorial Lumen, es ejemplar. Carme Riera y Ramón García Mateos han cumplido no sólo una labor crítica impecable, corrigiendo errores ortográficos y erratas de impresión de los que pecaban las ediciones anteriores, y cotejando minuciosamente las diversas versiones de los poemas (Goytisolo fue hasta el fin un revisador irredimible), sino que también han sabido presentar al poeta de forma cabal, iluminadora y convincente. No hay en su prólogo ni el más tímido dejo de teoría académica: la lectura que hacen ambos eruditos es la de historiadores que no condescienden al chismorreo, y de inteligentes amantes de poesía cuya intuición crítica les permite aclarar pasajes difíciles y sugerir interpretaciones de útil originalidad. También han decidido sabiamente cerrar este inmenso volumen de casi mil páginas con dos textos escritos por Goytisolo para el cantante Paco Ibáñez. El primer verso de La voz y la palabra resume, a pesar de la desilusión y la tristeza que destilan casi todos los poemas precedentes, lo que sospechamos fue la íntima, última, verdadera convicción del poeta: "Tienes tu parte en la felicidad". Sin duda alguna, los lectores de José Agustín Goytisolo así lo creen.

EL PAÍS 

XXX



BIBLIOGRAFÍA
El retorno 1955
Salmos al viento 1956
Claridad 1959
Años decisivos 1961
Algo sucede 1968
Bajo tolerancia 1973
Taller de Arquitectura 1976
Del tiempo y del olvido 1977
Palabras para Julia 1979
Los pasos del cazador 1980
A veces gran amor 1981
Sobre las circunstancias 1983
Final de un adiós 1984
La noche le es propicia 1992
El ángel verde y otros poemas encontrados 1993
Elegías a Julia Gay 1993
Como los trenes de la noche 1994
Cuadernos de El Escorial 1995