sábado, 14 de mayo de 2016

Mario Vargas Llosa



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RIMBAUD
BIOGRAPHIES II


Mario Vargas Llosa

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa

(Arequipa, 1936)
(Arequipa, Perú, 1936) Escritor peruano. Con la publicación de la novela La ciudad y los perros (1963), Mario Vargas Llosa quedó consagrado como una de las figuras fundamentales del «boom» de la literatura hispanoamericana de los años 60. Al igual que otros miembros del mismo grupo, su obra rompió con los cauces de la narrativa tradicional al asumir las innovaciones de la narrativa extranjera (William Faulkner, James Joyce) y adoptar técnicas como el monólogo interior, la pluralidad de puntos de vista o la fragmentación cronológica, puestas por lo general al servicio de un crudo realismo.
Mario Vargas Llosa

Por otra parte, se deben también al novelista peruano importantes aportaciones críticas y hondas reflexiones sobre el oficio de escribir, como su teoría sobre los "demonios interiores", que intenta explicar la escritura como un acto de expulsión, por parte del creador, de los elementos de la conciencia capaces de incubar perturbaciones que sólo el hecho de escribir puede exorcizar. La concesión del Nobel de Literatura en 2010 coronó una trayectoria ejemplar.
Biografía
Mario Vargas Llosa pasó su infancia entre Cochabamba (Bolivia) y las ciudades peruanas de Piura y Lima. El divorcio y posterior reconciliación de sus padres se tradujo en frecuentes cambios de domicilio y de colegio; entre los catorce y los dieciséis años estuvo interno en la Academia Militar Leoncio Prado, escenario de su novela La ciudad y los perros. A los dieciséis años inició su carrera literaria y periodística con el estreno del drama La huida del Inca (1952), pieza de escaso éxito.
Poco después ingresó en la Universidad de San Marcos de Lima, donde cursó estudios de literatura. Desempeñó múltiples trabajos para poder vivir sin abandonar sus estudios: desde redactor de noticias en una emisora de radio hasta registrador en el Cementerio General de Lima. En 1955, el escándalo que provocó al casarse clandestinamente con su tía política Julia Urquidi (episodio que inspira la novela La tía Julia y el escribidor) agravó aún más su situación, y hubo de recurrir a algunos amigos para aliviar su penosa situación doméstica.
En la capital peruana fundó Cuadernos de Composición (1956-1957), junto con Luis Loayza y Abelardo Oquendo, y luego la Revista de Literatura (1958-1959), erigiéndose en estas publicaciones como abanderado de un grupo que reaccionaba contra la narrativa social y documentalista de aquel entonces. A finales de los años 50 pudo finalmente viajar y establecerse en Europa, donde empezó a trabajar en la Radio Televisión Francesa y fue profesor en el Queen Mary College de Londres.
Mario Vargas Llosa

Publicó su primera obra, Los jefes (1959), con veintitrés años apenas, y con la novela La ciudad y los perros (1963) se ganó ya un prestigio entre los escritores que por aquel entonces gestaban el inminente «boom» literario iberoamericano. Vargas Llosa acabaría figurando entre los autores esenciales de aquel fenómeno editorial, y se le situó por su relevancia en primera línea, junto a narradores de la talla del colombiano Gabriel Garcia Márquez, el mexicano Carlos Fuentes o el argentino Julio Cortázar.
El éxito de esta novela y el espaldarazo que supuso a su carrera literaria le permitió dejar atrás una etapa de precariedad y bohemia. En el viejo continente, Vargas Llosa estableció su residencia primero en París y luego en Londres (1967), de donde se trasladó a Washington y a Puerto Rico.
La labor de Mario Vargas Llosa como crítico literario se refleja en ensayos comoGarcía Márquez: historia de un deicidio (1971) y La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975). En 1976, con José María Gutiérrez, codirigió la versión cinematográfica de su novela Pantaleón y las visitadoras. En 1977 fue nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la cátedra Simón Bolívar en Cambridge.
En el terreno político, su ideario sufrió con los años profundas mutaciones. El rechazo visceral a toda dictadura y el acercamiento a la democracia cristiana caracterizaron su juventud; en los años 60 pasó de un explícito apoyo a la Revolución cubana a un progresivo distanciamiento del comunismo y a la ruptura definitiva con el gobierno de Fidel Castro (1971) a raíz del llamado Caso Padilla.
Vargas Llosa en la campaña presidencial de 1990

Con el tiempo acabó convertido en un firme defensor del liberalismo, aunque sin renunciar a los avances sociales conseguidos por el progresismo, y en los 80 llegó a participar activamente en la política de su país. Impulsor del partido Frente Democrático, cuyo programa combinaba el neoliberalismo con los intereses de la oligarquía tradicional peruana, Mario Vargas Llosa se presentó como cabeza de lista en las elecciones peruanas de 1990, en las que fue derrotado por Alberto Fujimori.
Decidió entonces trasladarse a Europa y dedicarse por completo a la literatura; publicó artículos de opinión en periódicos como El PaísLa NaciónLe Monde,CaretasThe New York Times y El Nacional. En 1993 obtuvo la nacionalidad española, y un año después fue nombrado miembro de la Real Academia Española. Mario Vargas Llosa ha sido distinguido, entre otros muchos galardones, con los premios Príncipe de Asturias de las Letras (1986), Cervantes (1994) y Nobel de Literatura (2010). El máximo galardón de las letras universales le llegó como reconocimiento a "su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual".
La obra de Mario Vargas Llosa
Formado en el marco generacional del cincuenta (su primer libro es de 1959: la colección de cuentos titulada Los jefes), Mario Vargas Llosa es uno de los novelistas hispanoamericanos de mayor fama mundial, y acaso el que ha escrito el mayor número de novelas de altísima calidad. Como narrador, Vargas Llosa maduró precozmente: La ciudad y los perros (1963) es la primera novela peruana completamente "moderna" en recursos expresivos. La Casa Verde (1966), Los cachorros (1967) y Conversación en La Catedral (1969) lo ungieron como uno de los protagonistas del «boom» de la novela hispanoamericana de los años sesenta y como el más característicamente neorrealista del grupo, con un virtuosismo técnico de enorme influencia internacional.
Sus novelas posteriores, excepción hecha de la más ambiciosa de todas, La guerra del fin del mundo (1981, agudo retrato de la heterogeneidad sociocultural de América Latina), abandonaron el designio de labrar "novelas totales" que hasta entonces lo obsesionaba, y optaron por la reelaboración (irónica o transgresora) de formas o géneros subliterarios o extraliterarios, planteando con gran frecuencia una reflexión sobre los límites de la realidad y la ficción que recrea aspectos de la literatura fantástica y el experimentalismo narrativo, sin caer en ellos totalmente: la farsa, en Pantaleón y las visitadoras (1973); el melodrama, en La tía Julia y el escribidor (1977); la política-ficción anticipatoria, en Historia de Mayta (1984); el relato de crimen y misterio, en ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986) y Lituma en los Andes (1993); la narrativa erótica, en Elogio de la madrastra (1988) y Los cuadernos de don Rigoberto (1997); y la política, en La fiesta del chivo (2000).
Obra narrativa
No cabe duda de que la narrativa ocupa el lugar central de su abundante producción. Su magistral destreza técnica, su capacidad para hacer de cada una de ellas un mundo sólido capaz de autosostenerse y el hecho de otorgar una total autonomía al quehacer narrativo son sus virtudes centrales. En todos sus libros, inclusive los que como Pantaleón y las visitadoras o La tía Julia y el escribidor podrían ser considerados menores, la forma adquiere el más alto grado de importancia.
Su producción narrativa se inició en 1959 con los cuentos de Los jefes y alcanzó resonancia internacional con la novela La ciudad y los perros (1963, premio Biblioteca Breve de 1962), reflejo y denuncia de la organización paramilitar del Colegio Leoncio Prado, donde el autor había realizado sus estudios secundarios. El ambiente cerrado y opresivo de aquel colegio militar de Lima parece compendiar toda la violencia y corrupción del mundo actual; los "perros" del título son los alumnos del primer año, sometidos a crueles novatadas por parte de los mayores.
Dejando a un lado su problemática social y ética, la novela muestra una asombrosa madurez por el trazo ambiguo y mudable de los personajes, por la precisa descripción de los ambientes urbanos, por su trama sinuosa y por el hábil tratamiento del tiempo narrativo. Lejos de atenuar, el experimentalismo y la superposición de tiempos, personajes y acciones intensifica su brutal e impactante realismo y el retrato de una violencia explícita o subyacente.
Mario Vargas Llosa

Su consolidación literaria llegó con La casa verde (1966), verdadera exhibición de virtuosismo literario cuya prosa integra abundantes elementos experimentales, tales como la mezcla de diálogo y descripción y la combinación de acciones y tiempos diversos. El relato, que transcurre principalmente en un burdel, presenta varias historias paralelas con un montaje sumamente complejo, con yuxtaposición de planos temporales y cambios de punto de vista.
Tales recursos se emplean también en parte en Los cachorros (1967), cuyo asunto, un internado, nos remite en su fase inicial a la temática de La ciudad y los perros; y en Conversación en La Catedral (1969), amplio retablo histórico-político del Perú (con sugerencias de libelo contra el régimen del dictador peruano Manuel Odría) compuesto a través de los diálogos sostenidos entre un periodista y el guardaespaldas negro de un dictador. Tales diálogos tienen lugar en "La Catedral", nombre del modesto bar de Lima en el que comparten sus vidas fracasadas.
En las dos novelas siguientes, Vargas Llosa pareció renunciar a los grandes temas para abordar una vía más lúdica, en busca de nuevas posibilidades para su narrativa. Pantaleón y las visitadoras (1973) es una sátira humorística de la burocracia militar que añade a su siempre lúcida visión del poder un componente brutal y grotesco, emparentable con el esperpento hispano. La tía Julia y el escribidor (1977), acaso influida por los relatos del argentino Manuel Puig, desarrolla en contrapunto las vivencias sentimentales y el mundo de los seriales radiofónicos.
La guerra del fin del mundo (1981), en cambio, pretende ser de nuevo una obra "total". En ella abordó la problemática social y religiosa de Hispanoamérica a través del relato de una revuelta de fondo mesiánico; la obra se inspira en un clásico del periodismo brasileño de principios de siglo, el libro Os Sertões de Euclides da Cunha, a partir del cual reconstruye y elabora la trama novelesca.
Escritor de oficio y trabajador infatigable, que ha sido galardonado con numerosos premios a lo largo de su carrera, su prosa fue adquiriendo en sus posteriores novelas un tono medio o periodístico, que tal vez suponga cierto descenso respecto a obras anteriores, pero que ha incrementado su audiencia entre el público lector.
En esa dirección cabe destacar Historia de Mayta (1984), encuesta sobre un antiguo compañero del colegio que, en 1958, protagonizó una sublevación en una localidad andina; ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986), que es en sí mismo un proceso narrativo bajo pretexto de una investigación policial; y El hablador (1987), sobre un contador de historias entre las tribus primitivas de Latinoamérica. Esta última obra reveló su fascinación por la tradición oral de la selva, región que siempre ha motivado su imaginación literaria; resulta llamativa tal comunión con las raíces indígenas en un escritor normalmente tan cosmopolita.
Su novela Lituma en los Andes (1993) mereció el Premio Planeta; un año después recopiló sus colaboraciones periodísticas en Desafíos a la libertad (1994). En 1997 apareció su novela erótica Los cuadernos de don Rigoberto, en la misma línea de su anterior Elogio de la madrastra (1988). En la tradición de la novela de dictadores, Vargas Llosa publicaría también una obra ambiciosa y total, La fiesta del chivo(2000), en la que reconstruye con absoluta maestría la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana. Seis años después dio a la imprenta Travesuras de la niña mala (2006), una historia entre lo cómico y lo trágico en la que el amor se muestra dueño de mil caras. El héroe discreto (2013) es por ahora su novela más reciente.
Ensayo y teatro
Aparte de su obra narrativa, Vargas Llosa ha desarrollado una sostenida labor crítica y es autor de originales y profundos estudios sobre diversos autores y cuestiones literarias. Entre ellos destacan García Márquez: historia de un deicidio (1971), dedicado a una singular interpretación de la obra de Gabriel García Márquez; La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975); La verdad de las mentiras (1990), una colección de ensayos sobre veinticinco novelistas contemporáneos; La utopía arcaica: José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996), donde analiza la vida y obra José María Arguedas; Cartas a un novelista (1997), una especie de propedéutica de la novela, dirigida especialmente a escritores jóvenes, yEl viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (2008), donde analiza en profundidad la vida y la obra del escritor uruguayo.
Su incursión en el teatro, aunque menos exitosa, ha sido frecuente: La señorita de Tacna (1981), Kathie y el hipopótamo (1983), La chunga (1986), El loco de los balcones (1993), Ojos bonitos, cuadros feos (1996), Odiseo y Penélope (2007) y Al pie del Támesis (2008) son las piezas dramáticas que ha publicado hasta hoy y en las que explora, preferentemente, destinos individuales. Los tres volúmenes de Contra viento y marea (1983-1990) recogen una selección de sus crónicas, artículos y otros trabajos periodísticos. En 1993 apareció El pez en el agua, libro de memorias en el que traza un doble relato: las peripecias de su campaña presidencial en 1990 y un recuento desde su infancia hasta el momento en que decide partir a Europa para consagrarse a la escritura.




Universidad parisina La Sorbona rinde homenaje a Mario Vargas Llosa

Tras ingresar en la mítica colección de literatura La Pléiade


09:14.
París, 6 de abril de 2016 


La reconocida universidad parisina de la Sorbona, rindió homenaje a Mario Vargas Llosa tras haber conseguido formar parte de la legendaria colección de La Pléiade que reúne el canon de la literatura universal y en la que figuran nombres como Cervantes, Shakespeare, Dickens, Flaubert, Kafka o García Lorca, informó el diario El País.

El peruano es, además, el primer escritor hispanohablante que obtiene este reconocimiento antes de fallecer (Borges murió en 1986 cuando su volumen ya estaba en marcha, pero no se editó hasta 1993).




Desde finales de marzo, Vargas Llosa forma parte de la colección con un doble volumen que reúne ocho de sus novelas, en su característica encuadernación de tapas de cuero y papel semibiblia. Para celebrar la distinción, la Sorbona organizó un acto de homenaje, junto a la editorial Gallimard y la Casa de América Latina, en uno de los anfiteatros históricos de la Facultad de Letras. 

Bajo las molduras doradas del lugar y entre imponentes retratos de Racine, Descartes o Molière, Vargas Llosa escuchó declamar fragmentos de La casa verde y La tía Julia y el escribidor, antes de subir al escenario para pronunciar un discurso de agradecimiento a la cultura francesa, a la que consideró responsable de su destino como escritor.

“Gracias a Francia descubrí qué tipo de escritor quería ser”, expresó Vargas Llosa. “Leer Madame Bovary me cambió la vida. Gracias a Flaubert supe que quería ser un escritor realista, porque su realismo no tenía nada que ver con la vulgaridad o la despreocupación de los autores realistas que yo conocía”. 

El escritor dijo reconocerse en “la búsqueda fanática de la perfección” que caracterizó a Flaubert, y también con su capacidad de trabajo. “Me hizo entender que, aunque uno no nazca siendo un genio, con constancia y obstinación puede lograr tener algo de talento”, afirmó.

Vargas Llosa abogó por una literatura “comprometida”, “polémica”, “problemática” y nunca “neutral”. También dijo compartir la “vocación universalista” de muchos autores franceses. “Pese a las diferencias de costumbres y de lenguas, la humanidad tiene un denominador común, que es el que revela siempre la gran literatura”, defendió. 

“La literatura francesa siempre ha sido una reacción respecto al mundo”, señaló el escritor peruano, que se identificó con su afán “de transformación y de rebelión”.

El autor también relató cómo descubrió La Pléiade durante los siete años que residió en París, a principios de los sesenta, mientras estudiaba en la Alianza Francesa. “Nunca habría imaginado que un día formaría parte de esa familia de genios". 

"El día que recibí la carta que me lo comunicaba fue el más feliz de mi vida. Creí que se trataba de una broma”, expresó. Vargas Llosa incluso afirmó sentirse “avergonzado” de figurar “en la misma lista que Proust, Kafka, Sartre, Malraux o Céline”.


(FIN) EP/MPM




"La pasión por la literatura, como todos los buenos vicios, se acrecienta con el paso de los años."



Mario Vargas Llosa





"Escribir no es un pasatiempo, un deporte. Es una servidumbre que hace de sus víctimas unos esclavos."

Mario Vargas Llosa



"Un escritor no escoge sus temas, son los temas quienes le escogen."

Mario Vargas Llosa



"Sólo un idiota puede ser totalmente feliz."

Mario Vargas Llosa



"Cuando la realidad se vuelve irresistible, la ficción es un refugio. Refugio de tristes, nostálgicos y soñadores."

Mario Vargas Llosa



Vargas Llosa 
en pantalla grande
Cinco libros del Nobel de Literatura se han convertido en películas. En una de ellas, el actor Keanu Reeves hace de Varguitas

DORA LUZ ROMERO
Madrid 28 MAR 2016 - 16:06 COT

Una carcajada. Esa fue la primera reacción de Mario Vargas Llosa cuando una periodista le preguntó el pasado febrero si sería posible verle actuando en el cine. “Ya no me atrevo a decir de este agua no beberé, pero me parece difícil”, respondió. El Nobel de Literatura, sin embargo, ya ha tomado de esa agua. Lo hizo en 1975, cuando además de codirigir la adaptación cinematográfica de su libro Pantaleón y las visitadoras, tuvo un papel secundario en la película. Con sus novelas, Vargas Llosa—que este 28 de marzo cumple 80 años— ha inspirado siete filmes.
Los Cachorros fue la primera obra de este escritor peruano adaptada al cine. Se trató de una película mexicana dirigida por Jorge Fons, estrenada en 1973. En el guión de este filme participó el poeta José Emilio Pacheco.


“Un disparate sobre el que algún día escribiré”
El famoso libro de Pantaléon y las visitadoras se convirtió en película por primera vez en 1975. Fue dirigida por el propio Vargas Llosa junto a José María Gutiérrez . “Yo tuve una experiencia de las que preferiría no acordarme adaptando una novela mía al cine. El resultado fue una gran catástrofe”, contó entre risas años más tarde el Nobel peruano. “Un disparate sobre el que algún día escribiré una historia”, dijo. En esta producción, Vargas Llosa, además tuvo un rol secundario ante las cámaras. Esta novela tuvo una segunda adaptación en el año 2000, que gozó de mayor éxito y que estuvo bajo la dirección del también peruano Francisco Lombardi. Esta película, que contó con la actuación de la actriz colombiana Angie Cepeda y el peruano Salvador del Solar, es uno de los filmes más taquilleros de la historia de Perú. También fue nominada a Mejor Película extranjera en los Goya.


Una novela, dos películas
La ciudad y los perros, la primera novela de Vargas Llosa y con la que fue reconocido a nivel internacional, ha sido adaptada al cine en dos ocasiones. Llegó por primera vez a la gran pantalla en 1985, de la mano del director Francisco Lombardi, quien ha dicho en varias ocasiones que se trató de un filme hecho “con muy poco dinero”. Con esta producción, el peruano logró varios galardones entre ellos el de Mejor Director en el Festival de San Sebastián, España. Además, participó en el Festival de Cannes. Al año siguiente, el director chileno Sebastián Alarcón hizo una segunda adaptación de esta novela, la llamó Jaguar.


Keanu Reeves hizo de “Varguitas”
Vargas Llosa llegó a Hollywood. En 1990 se estrenó Tune in Tomorrow, la adaptación cinematográfica de la célebre novela La tía Julia y el escribidor. Fue dirigida por el inglés Jon Amiel y el actor Keanu Reeves—que años más tarde sería reconocido por su papel de Neo en la saga Matrix—hizo de Varguitas (Martín en la película). La tía Julia fue interpretada por Barbara Hershey. Años antes, 1981, fue estrenada en la pantalla chica una telenovela de producción colombiano peruana inspirada en este libro y que llevó el mismo nombre.


'La fiesta del chivo'
Luis Llosa, primo del Nobel de Literatura, llevó al cine La fiesta del chivo. Tras su estreno, en 2006, el escritor dijo sentirse satisfecho con la adaptación y que consideraba que la película había sido fiel a su libro. “Aunque el lenguaje del cine y la literatura son distintos por completo”, dijo. La actriz Isabella Rossellini encarna el personaje de Urania Cabral en esta novela que gira en torno a la figura del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, interpretado por el actor Tomás Milian.




Un alto en el camino

Flaubert decía que “se vive para escribir”. En ochenta años, la mayor parte de ellos dedicados a la escritura, la literatura se funde con la vida






























FERNANDO VICENTE

Cumplir ochenta años no tiene mérito alguno, en nuestros días cualquiera que no haya maltratado excesivamente su organismo con alcohol, tabaco y drogas lo consigue. Pero tal vez sea una buena ocasión para hacer un alto en el camino y, antes de reanudar la cabalgata, mirar atrás.
Lo que yo veo son historias, muchísimas, las que me contaron, las que viví, leí, inventé y escribí. Las más antiguas, sin duda, son aquellas que me contaban en Cochabamba la abuelita Carmen y la Mamaé para que fuera tomando la sopa y no me volviera tuberculoso. La tisis era el gran cuco de la época, como lo sería décadas después el sida, al que, ahora, la medicina también ha conseguido domesticar. Pero de cuando en cuando se desatan todavía las pestes medievales que asolan el África, como para recordarnos de vez en cuando que es imposible enterrar del todo el pasado: lo llevamos a cuestas, nos guste o no.
He conocido en mi larga vida muchas personas interesantes, pero, la verdad, ninguna está tan viva en mi memoria como ciertos personajes literarios a los que el tiempo, en vez de borrar, revitaliza. Por ejemplo, de mi infancia cochabambina recuerdo con más nitidez a Guillermo y a su abuelito, a los tres mosqueteros que eran cuatro —D’Artagnan, Athos, Portos y Aramís—, a Nostradamus y a su hijo y a Lagardère que a mis compañeros del Colegio de la Salle donde, en la clase del hermano Justiniano, aprendí a leer (maravilla de las maravillas).
Algo parecido me pasa cuando recuerdo mis años adolescentes de Piura y de Lima, donde no hay ser viviente que esté tan vivo en mi memoria como el Jean Valjean deLos miserables cuya trágica peripecia —largos años de cárcel por haber robado un pan— me estremecía de indignación, así como la generosidad de Gisors, el activista de La condición humana que regala su arsénico a dos jóvenes muertos de pavor de que los echen vivos a una caldera y acepta esta muerte atroz, me sigue conmoviendo como la primera vez que leí esa extraordinaria novela.




























Había mucho de locura en querer ser escritor en el Perú en que yo crecí y descubrí mi vocación

Es difícil decir la inmensa felicidad y riqueza de sentimientos y de fantasía que me han dado —que me siguen dando— los buenos libros que he leído. Nada me apacigua más cuando estoy en ascuas o me levanta el espíritu si me siento deprimido que una buena lectura (o relectura). Todavía recuerdo la fascinación maravillada con que leí las novelas de Faulkner, los cuentos de Borges y de Cortázar, el universo chisporroteante de Tolstói, las aventuras y desventuras del Quijote, los ensayos de Sartre y de Camus, y los de Edmund Wilson, sobre todo esa obra maestra que es To the Finland Stationque he leído de principio a fin por lo menos tres veces. Lo mismo podría decir de las sagas de Balzac, de Dickens, de Zola, de Dostoiesvki, y el difícil desafío intelectual que fue poder llegar a gozar con Proust y con Joyce (aunque nunca conseguí leer el indescifrable Finnegans Wake).
Quiero dedicar un párrafo aparte a Flaubert, el más querido de los autores. Nunca olvidaré aquel día, recién llegado a París en el verano de 1959, en que compré en La Joie de Lire, de la rue Saint-Séverin, aquel ejemplar de Madame Bovary, que me tuvo hechizado toda una noche, leyendo sin parar. A Flaubert le debo no sólo el placer que me depararon sus novelas y cuentos, y su formidable correspondencia. Le debo, sobre todo, haberme enseñado el escritor que quería ser, el género de literatura que correspondía a mi sensibilidad, a mis traumas y a mis sueños. Es decir, una literatura que, siendo realista, sería también obsesivamente cuidadosa de la forma, de la escritura y la estructura, de la organización de la trama, de los puntos de vista, de la invención del narrador y del tiempo narrativo. Y haberme mostrado con su ejemplo que si uno no nacía con el talento de los genios, podía fabricarse al menos un sucedáneo a base de terquedad, perseverancia y esfuerzo.
Había mucho de locura en querer ser escritor en el Perú de los años cincuenta, en que yo crecí y descubrí mi vocación. Hubiera sido imposible que lo consiguiera sin la ayuda de algunas personas generosas, como el tío Lucho y el abuelo Pedro. Y más tarde, en España, sin el aliento de Carlos Barral, que movió cielo y tierra para poder publicar La ciudad y los perros, salvando el escollo de la severa censura de entonces. Y de Carmen Balcells, que hizo esfuerzos denodados para que mis libros se tradujeran y vendieran a fin de que yo pudiera —algo que siempre creí imposible— vivir de mi trabajo de escritor. Lo conseguí y todavía me asombra saber que puedo ganarme la vida haciendo lo que más me gusta, lo que pagaría por hacer: escribir y leer.
Ya se ha dicho todo sobre esa misteriosa operación que consiste en inventar historias y fraguarlas de tal manera valiéndose de las palabras para que parezcan verdaderas y lleguen a los lectores y los hagan llorar y reír, sufrir gozando y gozar sufriendo, es decir —resumiendo— vivir más y mejor gracias a la literatura.
Escribí mis primeros cuentos cuando tenía quince años, hace por lo menos sesenta y cinco. Y sigue pareciéndome un proceso enigmático, incontrolable, fantástico, de raíces que se hunden en lo más profundo del inconsciente. ¿Por qué hay ciertas experiencias —oídas, vividas o leídas— que de pronto me sugieren una historia, algo que poco a poco se va volviendo obsesivo, urgente, perentorio? Nunca sé por qué hay algunas vivencias que se vuelven exigencias para fantasear una historia, que me provocan un desasosiego y ansiedad que sólo se aplacan cuando aquella va surgiendo, siempre con sorpresas y derivas imprevisibles, como si uno fuera apenas un intermediario, un correveidile, el transmisor de una fantasía que viene de alguna ignota región del espíritu y luego se emancipa de su supuesto autor y se va a vivir su propia vida. Escribir ficciones es una operación extraña pero apasionante e impagable en la que uno aprende mucho sobre sí mismo y a veces se asusta descubriendo los fantasmas y aparecidos que emergen de las catacumbas de su personalidad para convertirse en personajes.
“Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert, con muchísima razón. No se escribe para vivir, aunque uno se gane la vida escribiendo. Se vive para escribir, más bien, porque el escritor de vocación seguirá escribiendo aunque tenga muy pocos lectores o sea víctima de injusticias tan monstruosas como las que experimentó Lampedusa, cuya obra maestra absoluta, El Gatopardo, la mejor novela italiana del siglo XX y una de las más sutiles y elegantes que se hayan escrito, fuera rechazada por siete editores y él se muriera creyendo que había fracasado como escribidor. La historia de la literatura está llena de estas injusticias, como que el primer premio Nobel de literatura se lo dieron los académicos suecos al olvidado y olvidable Sully Prudhomme en vez de Tolstói, que era el otro finalista.
Quizás sea un poco optimista hablar del futuro cuando se cumplen ochenta años. Me atrevo sin embargo a hacer un pronóstico sobre mí mismo; no sé qué cosas me puedan ocurrir, pero de una sí estoy seguro: a menos de volverme totalmente idiota, en lo que me quede de vida seguiré empecinadamente leyendo y escribiendo hasta el final.




BIBLIOGRAFÍA

Novela
  • La ciudad y los perros (1963), Premio Biblioteca Breve y Premio de la Crítica de España
  • La casa verde (1966), Premio Rómulo Gallegos
  • Los cachorros (1967)
  • Conversación en La Catedral (1969)
  • Pantaleón y las visitadoras (1973)
  • La tía Julia y el escribidor (1977)
  • La guerra del fin del mundo (1981)
  • Historia de Mayta (1984)
  • ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986)
  • El hablador (1987)
  • Elogio de la madrastra (1988)
  • Lituma en los Andes (1993), Premio Planeta
  • Los cuadernos de don Rigoberto (1997)
  • La Fiesta del Chivo (2000)
  • El paraíso en la otra esquina (2003)
  • Travesuras de la niña mala (2006)
  • El sueño del celta (2010)
  • El héroe discreto (2013)
  • Cinco esquinas (2016)

Cuento
  • Los jefes (1959); incluye seis relatos:
    • "Los jefes", "El desafío", "El hermano menor", "Día domingo", "Un visitante" y "El abuelo".

Cuento infantil
  • Fonchito y la luna (2010)
  • El barco de los niños (2014)

Teatro
  • La huida del Inca (1952; pieza no publicada)
  • La señorita de Tacna (1981)
  • Kathie y el hipopótamo (1983)
  • La Chunga (1986)
  • El loco de los balcones (1993)
  • Ojos bonitos, cuadros feos (1996)
  • Odiseo y Penélope (2007)
  • Al pie del Támesis (2008)
  • Las mil noches y una noche (2009)
  • Los cuentos de la peste (2015)

Memoria
El pez en el agua (Editorial Seix Barral, 1993)

Ensayo
  • Bases para una interpretación de Rubén Darío, tesis universitaria (1958; publicada como libro en 2001)
  • García Márquez: historia de un deicidio (1971)
  • La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary (1975)
  • La verdad de las mentiras. Ensayos sobre la novela moderna (1990)
  • Carta de batalla por Tirant lo Blanc (1991)
  • La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996)
  • Cartas a un joven novelista (1997)
  • La tentación de lo imposible (2004)
  • El viaje a la ficción (2008)
  • La civilización del espectáculo (2012)

Recopilaciones de artículos
  • Entre Sartre y Camus (1981)
  • Contra viento y marea (1962-1982) (1983), ampliación de Entre Sartre y Camus.
  • Contra viento y marea. Volumen I (1962-1972) (1986), primera parte de la ampliación del volumen de 1983.
  • Contra viento y marea. Volumen II (1972-1983) (1986), segunda parte de la ampliación del volumen de 1983.
  • Contra viento y marea. Volumen III (1964-1988) (1990)
  • Desafíos a la libertad (1994)
  • El lenguaje de la pasión (2001)
  • Sables y utopías. Visiones de América Latina (2009)
  • Piedra de Toque. Volumen I (1962-1983) (2012) 120
  • Piedra de Toque. Volumen II (1984-1999) (2012)
  • Piedra de Toque. Volumen III (2000-2012) (2012)

Reportajes
  • Diario de Irak (2003)
  • Israel/Palestina. Paz o guerra santa (2006)

Conferencias publicadas como libros
  • Historia secreta de una novela (1971)
  • Literatura y política (2001)
  • Sueño y realidad de América Latina (2009)

Diálogo
  • La novela en América Latina (1967) (con Gabriel García Márquez)
  • La literatura es mi venganza (2011) (con Claudio Magris)

Adaptaciones cinematográficas
  • Los cachorros (1967), obra adaptada al cine en 1971 por Jorge Fons, resultando ganadora del Premio del Instituto de Cultura en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 1972.121
  • Pantaleón y las visitadoras (1973), obra llevada al cine en 1975, codirigida por el propio Vargas Llosa y donde interpreta un personaje secundario. Se hizo una segunda película en 1999, esta vez por dirigida por Francisco Lombardi.
  • La ciudad y los perros (1962), versión fílmica dirigida por Francisco Lombardi en 1985.
  • La tía Julia y el escribidor(1977), versión fílmica dirigida por Jon Amiel en 1990.
  • La fiesta del chivo (2000), versión cinematográfica dirigida por Luis Llosa en 2007.