miércoles, 10 de julio de 2019

Federico García Lorca

Amelia Castilla / Un poema de García Lorca en una caja fuerte
Federico García Lorca / Iba en pijama. Lo mataron en el campo de tropas
El agosto de los escritores
Leonard Cohen y Silvia Pérez Cruz / El pequeño vals vienés
Federico García Lorca / Leonard Cohen / Pequeño vals vienés
Ian Gibson / “Machado está bien en Colliure. Si se llevan a la momia del Valle de los Caídos, quizás pueda volver”
200 artistas ilustran la obra de García Lorca para celebrar su paso a Dominio Público
El cómic de Lorca / Vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos
Julio Ortega / Donde Lorca fue feliz
Federico García Lorca / Manuscrito de Poeta en Nueva York
Federico García Lorca / Me voy a Granada y que sea lo que Dios quiera
Manuel Vicent / El ratón, el sexo y García Lorca
Lorca está en Nueva York
Ian Gibson / Toda una vida junto a Lorca
Bodas de sangre / El crímen de Níjar
Manuel Rivas / La risa de Lorca
El cortijo del fraile / El crímen sigue siendo en Almería
Federico García Lorca / Cante Jondo
Federico García Lorca / Una entrevista
Federico García Lorca / Lo que más me importa es vivir
Ian Gibson / García Lorca es el desaparecido más famoso, más amado y más llorado del mundo

Poemas
Federico García Lorca / La casada infiel
Federico García Lorca / Romance sonámbulo
Federico García Lorca / La guitarra
Federico García Lorca / Serenata
Federico García Lorca / De otro modo
Federico García Lorca / Soneto de la dulce queja
Federico García Lorca / Llanto por Ignacio Sánchez Mejía
Federico García Lorca / Preciosa y el aire
Federico García Lorca / Venus
Federico García Lorca / Romance de la luna, luna
Federico García Lorca / Alma ausente

KISS
PESSOA



Federico García Lorca

(1998 - 1936)


"Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos."


Federico García Lorca / Alma ausente

Federico García Lorca / El beso

Una vida, en breve

Federico García Lorca, uno de los poetas más insignes de nuestra época, nació en Fuente Vaqueros, un pueblo andaluz de la vega granadina, el 5 de junio de 1898, el año en que España perdió sus colonias. Su madre, Vicenta Lorca Romero, había sido durante un tiempo maestra de escuela, y su padre, Federico García Rodríguez, poseía terrenos en la vega, donde se cultivaba remolacha y tabaco. En 1909, cuando Federico tenía once años, toda la familia -sus padres, su hermano Francisco, él mismo y sus hermanas Conchita e Isabel- se estableció en la ciudad de Granada, aunque seguiría pasando los veranos en el campo, en Asquerosa (hoy, Valderrubio), donde Federico escribió gran parte de su obra.
Más tarde, aun después de haber viajado mucho y haber vivido durante largos períodos en Madrid, Federico recordaría cómo afectaba a su obra el ambiente rural de la vega: Amo a la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas, tienen sugestiones que llegan a muy pocos. Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. De lo contrario, no hubiera podido escribir Bodas de sangre.
En sus poemas y en sus dramas se revela como agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de la sociedad rural española. Una de las peculiaridades de su obra es cómo ese ambiente, descrito con exactitud, llega a convertirse en un espacio imaginario donde se da expresión a todas las inquietudes más profundas del corazón humano: el deseo, el amor y la muerte, el misterio de la identidad y el milagro de la creación artística.
El niño Federico García Lorca


Primeros pasos: Fuente Vaqueros

El traslado de la familia del campo a la ciudad afectó profundamente a Federico. En 1916 o 1917, cuando empezaba a interesarse por la literatura, redactó un largo ensayo autobiográfico en el que evocaba Fuente Vaqueros, aquel pueblecito muy callado y oloroso de la vega de Granada. El pueblo está rodeado de chopos que se ríen, cantan y son palacios de pájaros y de sus sauces y zarzales que en el verano dan frutos dulces y peligrosos de coger. Al aproximarse hay gran olor de hinojos y apio silvestre que vive en las acequias besando al agua. En verano el olor es de paja que en las noches, con la luna, las estrellas, y los rosales en flor, forma una esencia divina que hace pensar en el espíritu que la formó.
En estas páginas autobiográficas intentó captar sus experiencias en la escuela, los juegos con los amigos, el ambiente de su casa y su asombro ante las desigualdades sociales; como recordó en una entrevista: Mi infancia es aprender letras y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo, un mandón. Como resultado de su nueva vida en Granada experimentó una sensación de ruptura con aquel pasado en el campo y, desde el umbral de la adolescencia, exclamó: Hoy de niño campesino me he convertido en señorito de ciudad [...] Los niños de mi escuela son hoy trabajadores del campo y cuando me ven casi no se atreven a tocarme con sus manazas sucias y de piedra por el trabajo. ¿Por qué no corréis a estrechar mi mano con fuerza? ¿Creéis que la ciudad me ha cambiado? No... Vuestras manos son más sanas que las mías. Vuestros corazones son más puros que el mío. Vuestras almas de sufrimiento y de trabajo son más altas que mi alma. Yo soy el que debiera estar cohibido ante vuestra grandeza y humildad. Estrechad, estrechad mi mano pecadora para que se santifique entre las vuestras de trabajo y castidad.

Los viajes de estudios

Durante su adolescencia, Federico García Lorca sintió más afinidad por la música que por la literatura. De niño le fascinó el teatro, pero estudió también piano, tomando clases con Antonio Segura Mesa, ferviente admirador de Verdi. Su primer asombro artístico surgió no de sus lecturas sino del repertorio para piano de Beethoven, Chopin, Debussy y otros. Como músico, no como escritor novel, lo conocían sus compañeros de la Universidad de Granada, donde se matriculó, en el otoño de 1914, en un curso de acceso a las carreras de Filosofía y Letras y de Derecho.
El ambiente intelectual que rodeaba al joven estudiante era de una riqueza sorprendente para una ciudad provinciana. En la tertulia llamada «El Rinconcillo», del animado café Alameda, García Lorca se reunía con frecuencia con un grupo de jóvenes de talento que llegarían a ocupar puestos importantes en el mundo de las artes, la diplomacia, la educación y la cultura. En la Universidad, dos profesores le abrieron camino: Fernando de los Ríos, profesor de Derecho Político Comparado y futuro adalid del socialismo español, y Martín Domínguez Berrueta, titular de Teoría de la Literatura y de las Artes.
Con Domínguez Berrueta hicieron Federico y sus compañeros una serie de viajes de estudios a Baeza, Úbeda, Córdoba y Ronda (junio de 1916); a Castilla, León y Galicia (otoño del mismo año); otra vez a Baeza (primavera de 1917); y un último viaje a Burgos (verano y otoño de 1917). Estos viajes pusieron a Federico en contacto con otras regiones de España y ayudaron a despertar su vocación como escritor. Fruto de ello sería su primer libro de prosa, Impresiones y paisajes, publicado en 1918 en edición no venal costeada por el padre del poeta. No se trata de un simple diario de sus excursiones, sino de una pequeña antología de sus mejores páginas en prosa. El joven poeta discurre sobre temas políticos -la decadencia y el porvenir de España, sus inquietudes religiosas, la vida monacal- y sus intereses estéticos, como eran el canto gregoriano, la escultura renacentista y barroca, los jardines o la canción popular.
Con la publicación de Impresiones y paisajes y la muerte de su profesor de música al año siguiente, el aprendiz de músico entró, en palabras suyas, en el reino de la Poesía y acabé de ungirme de amor hacia todas las cosas. En el otoño de 1918 confesaría: Me siento lleno de poesía, poesía fuerte, llana, fantástica, religiosa, mala, honda, canalla, mística. ¡Todo, todo! ¡Quiero ser todas las cosas!.

Madrid

Primavera de 1919. Varios miembros de «El Rinconcillo» se habían trasladado ya a la capital y, en marzo de ese mismo año, José Mora Guarnido escribía a Federico desde Madrid: Debías venir aquí; dile a tu padre en mi nombre que te haría, mandándote aquí, más favor que con haberte traído al mundo».
Fue Fernando de los Ríos quien, al fin, tuvo que convencer a los padres del poeta para que le dejaran salir de Granada y seguir con sus estudios en la Residencia de Estudiantes de Madrid, dirigida por Alberto Jiménez Fraud. Así pasó Federico a formar parte de una institución que pretendía ser, en palabras de su director, un hogar espiritual donde se fragüe y depure, en corazones jóvenes, el sentimiento profundo de amor a la España que se está haciendo, a la que dentro de poco tendremos que hacer con nuestras manos.
Fundada a semejanza de los colleges de Oxford y Cambridge, la Residencia de Estudiantes representaba, en aquel entonces, un punto de contacto importantísimo entre las culturas española y extranjera. Aquel hervidero intelectual supuso un excelente caldo de cultivo para el desarrollo del poeta. Su vida en «la Colina de los Chopos» le dio una nueva visión de la responsabilidad del artista frente a la sociedad y reforzó su amor por la cultura, desde la clásica a la popular española. Así, entre 1919 y 1926, Federico conoció a muchos de los más importantes escritores e intelectuales del país. En la Residencia se hizo amigo de Luis Buñuel, de Rafael Alberti o de Salvador Dalí. Además, gracias a la muy activa política cultural de Jiménez Fraud, pasaron por allí numerosos conferenciantes, científicos, músicos y escritores extranjeros: Claudel, Valéry, Cendrars, Max Jacob, Marinetti, Madame Curie, H. G. Wells, Le Corbusier, Chesterton, Wanda Landowska, Ravel, Milhaud, Poulenc...
Los dos primeros años de Federico en la capital (1919-1921) constituyeron una época de intenso trabajo. Sus caminatas por la ciudad, sus visitas a Toledo con Pepín Bello, Buñuel y Dalí, sus encuentros con directores teatrales -como Eduardo Marquina o Gregorio Martínez Sierra- y con la vanguardia -los ultraístas, Ramón Gómez de la Serna o el creacionista Vicente Huidobro-, aún le dejaron tiempo para terminar y publicar su Libro de poemas, componer las primeras Suites, estrenar El maleficio de la mariposa -que fue un fenomenal fracaso- y elaborar otras piezas teatrales. No perdió tampoco la oportunidad de conocer a Juan Ramón Jiménez, a quien acudió con una carta de presentación de Fernando de los Ríos en 1919: Ahí va ese muchacho lleno de anhelos románticos: recíbalo usted con amor, que lo merece; es uno de los jóvenes en que hemos puesto más esperanzas -y a la que respondió Juan Ramón de esta manera: Su poeta vino y me hizo una excelentísima impresión. Me parece que tiene un gran temperamento y la virtud esencial, a mi juicio, en arte: entusiasmo.
Con aquella visita se inició una amistad duradera, y la correspondencia de Lorca deja claro que Juan Ramón -generoso mentor de todos los poetas jóvenes de aquel entonces- tuvo una influencia decisiva en su visión del quehacer poético. Durante los siguientes dos años ayudó a Federico a publicar algunos de sus versos en revistas de prestigio, como EspañaLa Pluma o Índice, y le convenció para que editara su Libro de poemas en la imprenta de Gabriel García Maroto, en vez de hacerlo en una editora comercial más grande, para que Federico tuviera la oportunidad de cuidar, él mismo, de todos los aspectos de la edición.
Libro de poemas contiene versos seleccionados, con la ayuda de su hermano Francisco, de todo lo que había escrito desde 1918. Algunos de ellos giran alrededor de la fe religiosa, tema al que había dedicado cientos de páginas en prosa y en verso. Otros tratan del anhelo del poeta de unirse con la naturaleza o de recuperar una infancia perdida. En versos que recuerdan al primer Juan Ramón Jiménez, a Rubén Darío y a poetas menores del modernismo hispánico, el poeta lamenta que la razón y la retórica hayan reemplazado la fe poética que poseía como niño.
Cuando se publicó este libro, en mayo de 1921, Federico ya se había entregado a otros proyectos y volvió a Granada ilusionado con la composición de sus Suites. El entusiasmo señalado por Juan Ramón le llevaba hacia el estudio del folclore: títeres, cante jondo, la canción popular. Estaba a punto de conocer a Manuel de Falla.


El joven Federico García Lorca

Granada y Manuel de Falla

Falla se había trasladado a Granada a mediados de septiembre de 1920, y en el verano de 1921 se instaló en el Carmen de Santa Engracia, próximo a la Alhambra, donde Federico le visitó con frecuencia. El poeta se sintió pronto íntimamente ligado al compositor al compartir con él su amor por la música, los títeres, el cante jondo...
Entre los primeros en dar al compositor la bienvenida a Granada, en 1920, estuvo el grupo de jóvenes amigos que se reunía en el café Alameda de la plaza del Campillo, y que formaba la ya citada tertulia de «El Rinconcillo». José Mora Guarnido explicaba así el nombre dado a la tertulia: En el fondo del café Alameda, detrás del tabladillo en donde actuaba un permanente quinteto de piano e instrumentos de cuerda, había un amplio rincón donde cabían dos o tres mesas con confortables divanes contra la pared, y en aquel rincón [...] plantaron su sede nocturna un grupo de intelectuales granadinos: los dos hermanos Lorca, los periodistas Melchor Fernández Almagro, José Mora Guarnido y Constantino Ruiz Carnero, los futuros poetas o críticos José Fernández Montesinos, Miguel Pizarro y José Navarro Pardo, y los pintores Manuel Ángeles Ortiz, Ismael González de la Serna o Hermenegildo Lanz, entre otros.
La vida granadina de Federico a partir de 1920 o 1921 giró, pues, alrededor de esos dos focos culturales: Falla y los integrantes de «El Rinconcillo». Estos últimos intentaban dar nuevo brío a la vida cultural de la ciudad, defendiendo aquella parte del patrimonio artístico que pudiera orientar a las nuevas generaciones en su rebelión contra el «costumbrismo» y el «color local», y asustando a la «Beocia burguesa», en palabras de Mora. Algunos de los proyectos apenas transcendieron el ámbito local, como, por ejemplo, la colocación de azulejos conmemorativos en honor a los «viajeros europeos ilustres» que habían contribuido al conocimiento de Granada en el extranjero. Otros, sin embargo, tuvieron repercusión en el resto de España y Europa, especialmente el Primer Concurso de Cante Jondo, celebrado en junio de 1922.
Promovido por Falla, Lorca e Ignacio Zuloaga, y apoyado por el Ayuntamiento de Granada, aquel concurso tenía varios objetivos: marcar la diferencia entre el cante jondo -de orígenes antiquísimos, según Lorca y Falla- y el cante flamenco -creación, según ellos, más reciente-; ganar respeto para el cante jondo como arte; preservarlo de la adulteración musical y de la amenaza de los cafés cantantes y la ópera flamenca; premiar a los cantaores no profesionales, y demostrar la influencia que habían tenido el cante, el baile y el toque jondos no sólo en la música española, sino también en la francesa y la rusa. El concurso fue un atrevido intento de conectar el arte musical de Andalucía con el arte «universal». La fórmula estética de Falla -de lo local a lo universal- iba a fijarse para siempre en el corazón de su joven discípulo.
Meses antes del concurso Federico pronunció, para educar al público granadino, una de las conferencias que más revelan sobre su propios principios estéticos «Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo»; texto que revisaría años después al leerla en Argentina, Uruguay y en varias ciudades españolas.
Otro fruto de su interés por el cante jondo fue su segundo libro de versos, Poema del cante jondo, escrito en 1921 y publicado una década más tarde. En este libro, como en sus Suites, Lorca explora las posibilidades de la secuencia de poemas cortos. Sin llegar al pastiche, se inspira en la brevedad, intensidad y concentración temática de las coplas del cante jondo, que habían sido para él toda una revelación artística: Causa extrañeza y maravilla cómo el anónimo poeta del pueblo extracta en tres o cuatro versos toda la rara complejidad de los más altos momentos sentimentales en la vida del hombre.
El poeta acariciaba la idea de crear con el compositor gaditano un teatro ambulante, Los Títeres de Cachiporra, que sería comparable, en su tratamiento estilizado del folclore, a los Ballets Russes de Diaghilev, con los que Falla había colaborado. En casa del poeta ofrecieron ambos, a sus familiares y amigos, un espectáculo inolvidable de títeres en la festividad de los Reyes Magos de 1923, en el que, con Falla al piano, estrenó Federico La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón y se interpretó -«por primera vez en España», según Federico- La historia del soldado de Igor Stravinski. Fiesta en que se reunían, pues, lo tradicional (La niña... se basaba en un viejo cuento andaluz) y las corrientes musicales más modernas.
La amistad de Falla seguiría orientando a Federico García Lorca a la hora de reconciliar las nuevas corrientes estéticas con las formas populares. En 1923, Falla y Lorca estaban colaborando en una opereta lírica, Lola, la comedianta, nunca terminada, y al año siguiente el compositor ayudó a Federico a dar la bienvenida al poeta Juan Ramón Jiménez, quien visitó a la familia García Lorca durante el mes de julio de 1924.


Federico García Lorca y Salvador Dalí

Cadaqués y Salvador Dalí

En abril de 1925, desde la Residencia de Estudiantes, Federico anunció a sus padres que había recibido una invitación para pasar la Semana Santa en Cadaqués con su amigo Salvador Dalí: Dalí me invita espléndidamente. He recibido una carta de su padre, notario de Figueras, y de su hermana (una muchacha de esas que ya es volverse loco de guapas) invitándome también, porque a mí me daba vergüenza de presentarme de huésped en su casa. Pero son una clase de familia distinta a lo general y acostumbrada a vida social, pues esto de invitar gente a su casa se hace en todo el mundo menos en España. Dalí tiene empeño en que trabaje esta Semana Santa en su casa de Cadaqués y lo conseguirá, pues me hace ilusión salir unos días a pleno mar y trabajar y ya sabéis vosotros cómo el campo y el silencio dan a mi cabeza todas las ideas que tengo.
Fue el primer viaje de Federico a Cataluña, y aquella visita y una segunda estancia más larga, entre mayo y julio de 1927, dejaron una huella profunda en la vida y obra de ambos.
Dalí había ingresado en 1922 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y vivía en la Residencia, donde había trabado amistad con el poeta granadino. Durante cinco años, desde 1923 hasta 1928, los mundos artísticos de Dalí y de Federico se compenetraron hasta tal punto que Mario Hernández ha hablado, con razón, de un período daliniano en la obra del poeta, y Santos Torroella, de una época lorquiana en la del pintor. Fruto de esta amistad, que se convirtió en pasión amorosa, fue la «Oda a Salvador Dalí», que Federico publicó en abril de 1926 en la  Revista de Occidente, poema «didáctico» -así lo llama- en que canta ...un pensamiento / que nos une en las horas oscuras y doradas.
En sus discusiones en Madrid y Cadaqués, y en un riquísimo epistolario que se ha conservado sólo en parte, los dos amigos abordaban cuestiones estéticas de hondo interés para ambos. Juntos exploraron la pintura y la poesía contemporáneas y el arte del pasado. Cuando Federico preparaba su tragedia Mariana Pineda, en la que intentaba captar la historia de la heroína granadina en bellas «estampas» románticas, le pidió a Dalí que diseñara el decorado para su estreno en Barcelona (1927). Otros proyectos se quedaron en pura conversación, como el Libro de los putrefactos, una serie de dibujos satíricos de Dalí que iba a incluir un prólogo, jamás escrito, de Federico.
Dalí alentó al granadino en su esfuerzo por comprender la pintura moderna (véase su conferencia «Sketch de la nueva pintura») y lo animó como dibujante, reseñando su primera exposición, en el verano de 1927, en las Galeries Dalmau de Barcelona; Y fue Federico, sin duda, quien más animó a Dalí como escritor. En 1928, la granadina Gallo -revista literaria impulsada por Lorca y dirigida por su hermano Francisco- publicó las traducciones al español del «San Sebastián» de Dalí -un ensayo, en forma de narración, en que expone su estética de la «santa objetividad»- y del «Manifiesto antiartístico catalán», firmado por Dalí, Sebastià Gasch y Lluís Montanyà.
La estética de Dalí le sirvió a Federico como estímulo cuando empezaba a cultivar, a partir de 1927, una poesía de «evasión», en la que se daba menos importancia a la metáfora que a lo que Federico llamó -sirviéndose de la expresión de Dalí- el «hecho poético»: la imagen que pretende «evadirse» de cualquier explicación racional (véase su conferencia «Imaginación, inspiración, evasión»).
De la mano de Dalí pudo adquirir Federico un conocimiento más profundo del arte popular y culto de Cataluña, región por la que sentiría siempre gran afecto. Si el ingreso en la Residencia de Estudiantes le había permitido trascender las limitaciones del medio granadino, los viajes a Cataluña le revelaron las limitaciones del mundo cultural de Madrid.

Viaje a Luis de Góngora

Mientras Federico descubría el mundo cultural de Cataluña, los poetas españoles estaban a punto de rescatar y celebrar a un poeta barroco cuya estética -originalidad de la metáfora, esplendor sintáctico y léxico- les impresionaba hondamente. Luis de Góngora y Argote (1561-1627) dejó huella en la poesía de García Lorca -por ejemplo, en «La sirena y el carabinero» y en algunos de los romances gitanos-, y la celebración de su tricentenario sirvió para aunar a los poetas españoles en lo que algunos de ellos empezaron a llamar una «generación». Los amigos de Lorca -Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Emilio Prados, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre- se conocen hoy en día como integrantes de aquella Generación del 27.
El cri de guerre inicial lo lanzó Gerardo Diego en un ensayo titulado «Escorzo de Góngora». Desde Valladolid, en febrero de 1924, Jorge Guillén acusa recibo de ese ensayo y de este nuevo «contemporáneo»: Aunque esto de las generaciones es casi un mito, y casi una tontería, sin embargo, siento cada día más vivamente la convivencia con mis verdaderos contemporáneos. Sí, creo en la contemporaneidad de los espíritus. Leyendo, atisbando su Góngora, me siento tan aludido que ¿cómo no expresarlo, cómo no sacar esta alusión a evidencia amistosa?[Correspondencia. Pedro Salinas, Gerardo Diego, Jorge Guillén (1920-1983), edición de José Luis Bernal, pp. 47-48.]
Dos años más tarde, Lorca envió a Guillén las primicias de un hermoso ensayo suyo leído como conferencia en febrero de 1926: «La imagen poética de don Luis de Góngora», donde expresaba la imponderable grandeza del poeta cordobés. Según Lorca, Góngora armonizaba mundos diversos gracias a su uso de la mitología, dominó como nadie el mecanismo de la metáfora y de la inspiración, y su lenguaje cayó sobre la lengua española como un rocío vivificador. Otros poetas amigos, desde Rafael Alberti hasta Gerardo Diego, Guillén o Dámaso Alonso, pusieron en marcha una campaña de homenaje y divulgación en torno a la figura y obra de Góngora, campaña que, en efecto, marca un fenómeno «generacional» (se abstienen Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez...) y que culmina con el viaje de sus promotores a Sevilla.
En diciembre de 1927, en el Ateneo de aquella ciudad, el grupo formado por el propio Lorca, Alberti, Cernuda, José Bergamín, Juan Chabás, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Mauricio Bacarisse, comunicó a un público entusiasta una nueva visión no sólo de Góngora sino de su propio arte frente al de las generaciones anteriores. En la más sustanciosa y sabia de esas intervenciones, Dámaso Alonso pidió una completa revisión de los valores de la literatura pretérita. Expuso un nuevo enfoque de la literatura española, arguyendo que al lado del realismo y del «vulgarismo» asociados habitualmente con las letras españolas había una corriente de aristocrático idealismo ejemplificado por la obra de don Luis y por la de los poetas modernos que se agrupaban en torno a él.
El viaje en tren de Madrid a Sevilla fue narrado graciosamente por Jorge Guillén en una serie de cartas a su mujer, Germaine Cahen (editadas por Biruté Ciplijauskaité): Es absurdo -escribe Guillén-. Ni antes, ni después de ahora volveré a contemplar todo un departamento de un vagón, lleno de estos animales llamados poetas.
Los actos oficiales -dos veladas literarias y un banquete en la venta de Antequera- fueron conmemorados en la prensa sevillana de aquel entonces. Años después, Dámaso Alonso, Luis Cernuda y Rafael Alberti recordarían con nostalgia otros pormenores de la celebración: una juerga en Pino Montano -el cortijo del torero Ignacio Sánchez Mejías, que había costeado la excursión-, la travesía nocturna del Guadalquivir, el primer encuentro de Cernuda y García Lorca...
Entre 1924 y 1927, pues, puede decirse que Federico García Lorca llegó a su madurez como poeta, atento al arte del pasado y formando parte de uno de los grupos poéticos, en palabras suyas, «más importantes de Europa, por no decir el más importante de todos».
Federico García Lorca
Nueva York, 1929

Un poeta en Nueva York

El éxito crítico de Canciones (1927) y el éxito popular de Primer romancero gitano, publicado en julio de 1928, dejó descontento a Federico García Lorca, que, en cartas a sus amigos en el verano de 1928, confesaba estar atravesando una gran crisis sentimental, una de las crisis más hondas de mi vida. [Cartas a Sebastià Gasch y a José Antonio Rubio Sacristán, agosto de 1928]. Estoy convaleciente de una gran batalla y necesito poner en orden mi corazón. Ahora sólo siento una grandísima inquietud. Es una inquietud de vivir, que parece que mañana me van a quitar la vida [A Rafael Martínez Nadal, agosto de 1928].
Esta crisis debió de agravarse en septiembre, cuando el poeta recibió en Granada una durísima carta de Dalí sobre el Romancero gitano, en la que argüía el pintor catalán que gran parte de la obra estaba ligada en absoluto a las normas de la poesía antigua, incapaz de emocionarnos, y que el libro pecaba de «costumbrismo» y moviéndose dentro de la ilustración y de los lugares comunes más estereotipados y más conformistas.
La crisis de García Lorca había sido provocada por varias circunstancias vitales. Por una parte, con el éxito popular del Romancero surgió la imagen pública -que pervive todavía en algunas partes- de un Lorca costumbrista, cantor de los gitanos, ligado temáticamente al folclore andaluz. El mismo poeta se había quejado de esa imagen antes de que saliera el Romancero, e incluso antes de la publicación de Canciones, en una carta a Jorge Guillén de principios de enero de 1927: Me va molestando un poco mi mito de gitanería. Los gitanos son un tema. Y nada más. Yo podía ser lo mismo poeta de agujas de coser o de paisajes hidráulicos. Además, el gitanismo me da un tono de incultura, de falta de educación y de poeta salvaje que tú sabes bien no soy. No quiero que me encasillen. Siento que me va echando cadenas.
Por otra parte, mientras Dalí y Luis Buñuel criticaban duramente su obra, Lorca se separó de Emilio Aladrén, un joven escultor con el que había mantenido una fuerte relación afectiva.
A pesar de sus preocupaciones y de un horrible verano de sentimientos, el poeta no dejó de trabajar intensamente, y se entregó a proyectos nuevos muy distintos al Romancero. En Granada se rodeaba de un grupo de amigos jóvenes y editó los dos únicos números de la citada revista Gallo. Envió al crítico de arte Sebastià Gasch algunos de sus mejores dibujos y dos poemas en prosa -«Nadadora sumergida...» y «Suicidio en Alejandría»- que respondían a su nueva manera espiritualista: emoción pura descarnada, desligada del control lógico. Exploró en una de sus mejores conferencias el mundo de las nanas infantiles, y explicó su nueva teoría de la «evasión» poética. Durante el invierno de 1928 se propuso estrenar su «aleluya erótica» Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, intento frustrado por los censores del régimen de Primo de Rivera.
Aun en medio de estos proyectos, debió de quedar claro para Lorca que necesitaba desvincularse durante cierto tiempo del ambiente andaluz y de su círculo madrileño de amigos. En la primavera de 1929, Fernando de los Ríos, antiguo maestro de Federico y amigo de su familia, propuso que el joven poeta le acompañara a Nueva York, donde tendría la oportunidad de aprender inglés, de vivir por primera vez en el extranjero y, quizás, de renovar su obra. Se embarcaron en el Olympic -buque hermano del Titanic- y arribaron el 26 de junio.
La estancia en Nueva York fue, en palabras del propio poeta, una de las experiencias más útiles de mi vida. Los nueve meses que pasó -entre junio de 1929 y marzo de 1930- en Nueva York y Vermont y luego en Cuba hasta junio de ese año, cambiaron su visión de sí mismo y de su arte.
Fue ésta su primera visita al extranjero; su primer encuentro con la diversidad religiosa y racial; su primer contacto con las grandes masas urbanas y con un mundo mecanizado. Casi podría decirse que su viaje a Nueva York representó su descubrimiento de la modernidad. Allí exploró el teatro en lengua inglesa, paseó por el barrio de Harlem con la novelista negra Nella Larsen, escuchó jazz y blues, conoció el cine sonoro, leyó a Walt Whitman y a T. S. Eliot, y se dedicó a escribir uno de sus libros más importantes, el que se publicó, cuatro años después de su muerte, con el título de Poeta en Nueva York.
Pocos críticos y biógrafos han escrito sobre la vida de Lorca en Nueva York sin insistir en que allí se sintió deprimido y aislado. Tal es, desde luego, el sentimiento que desprenden sus poemas. Pero existe también una serie de cartas encantadoras a su familia donde presentaba una imagen muy diferente. Estas cartas, con su visión más risueña de la ciudad más atrevida y más moderna del mundo, hacen imposible una lectura autobiográfica de Poeta en Nueva York y nos recuerdan que uno de los logros más admirables de esta obra consiste en la creación de un protagonista trágico, la «voz» de los poemas, que tiene propiedades, como dijo un crítico, de Prometeo, profeta y sacerdote. Sin duda, ese protagonista se relaciona con la «persona» creada por Walt Whitman, a quien dedicó Lorca una «Oda» en su libro.
Una tercera visión de la ciudad -aparte de la epistolar y la poética- la ofreció Lorca al volver a España, en una conferencia-recital titulada «Un poeta en Nueva York».
Del conjunto de estos tres textos -conferencia, cartas, y, sobre todo, el libro de poemas- surge una visión penetrante y memorable no sólo de la civilización norteamericana, sino de la soledad y la angustia del hombre moderno.

La Habana

En marzo de 1930, Lorca salió de Nueva York en tren con rumbo a Miami, donde se embarcó para Cuba. Antes de su llegada, su visión de la isla era, según él mismo reconoció, puramente pintoresca; al pensar en el paisaje cubano y en el tono poético de la isla, recordaba las deliciosas litografías de las cajas de habanos que había visto de niño.
En La Habana, Lorca experimentó una sensación de libertad y de alivio. Dejando atrás la ciudad de los rascacielos -Nueva York de cieno. / Nueva York de alambre y muerte- llegó a la América con raíces, la América de Dios, la América española, como la llamaría en una conferencia. Después del período neoyorquino, tuvo en La Habana su primer contacto con un país extranjero de habla española.
Entre el 7 de marzo y el 12 de junio de 1930 (fechas de su estancia en Cuba) vivió unos días intensos y alegres. Dio una serie de conferencias, con enorme éxito, en la Institución Hispano-Cubana de Cultura. Exploró la cultura y la música afrocubanas y compuso un son basado en los ritmos de los negros. Conversó sobre la música y el folclore con el matrimonio Antonio Quevedo y María Muñoz -amigos de Manuel de Falla, editores de la revista Musicalia, y fundadores del Conservatorio de Música Bach-. Trabajó en su drama homoerótico El público y gozó de amistades nuevas y antiguas. Coincidió en La Habana con los españoles Adolfo Salazar y Gabriel García Maroto, y se reunió de nuevo con otro amigo entrañable de sus primeros años madrileños: el escritor y diplomático José María Chacón y Calvo. Paseó por las calles de La Habana con el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón y juntos visitaron el famoso Teatro Alhambra, donde se representaban espectáculos satíricos: escenario vivo, esperpento de la sensualidad habanera saturada de alegría y de humor, de indignación popular. Conoció también a los hermanos Loynaz -Dulce María, Flor, Enrique y Carlos Manuel- en su «casa encantada» del barrio del Vedado.
Período sensual, risueño, pues, en la vida de Federico, quien escribió a sus padres: Esta isla es un paraíso. Cuba. Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba.
Volvió a España en el Manuel Arnús, sintiéndose renovado, hablando de la reforma del teatro español y listo para participar en proyectos culturales como La Barraca.

Itinerario cultural de la República: La Barraca

Con la proclamación de la II República en abril de 1931, Federico García Lorca empezó a colaborar con entusiasmo en varios proyectos culturales que pretendían fomentar un mayor intercambio entre la cultura de las ciudades y la de los pueblos.
Bajo los auspicios de los comités de cooperación intelectual, fundados por Arturo de Soria y Espinosa, Federico García Lorca dio una serie de conferencias en distintas partes del país. En Sevilla, Salamanca o Santiago de Compostela habló del cante jondo y leyó los poemas que había escrito en Nueva York. Se trataba -escribe Ian Gibson- de fundar comités en todas las grandes ciudades; promover el intercambio de ideas; invitar a destacados conferenciantes; procurar unir a todos aquellos jóvenes intelectuales que compartiesen el amor a los principios de libertad y de progreso social; fomentar la solidaridad [Federico García Lorca, vol. II, p. 172]. Y para Lorca, la conferencia o la lectura de sus poemas era una manera de forjar lo que él llamaba una maravillosa cadena de solidaridad espiritual.
La aportación más importante de Federico García Lorca a la política cultural de la República fue, sin duda, la organización del teatro universitario La Barraca, grupo que dirigió junto con Eduardo Ugarte y que, a partir del verano de 1932, representó obras del teatro clásico españolen diversos pueblos de España. Durante su estancia en Nueva York, mientras vivió en la Universidad de Columbia, Federico había tenido la oportunidad de observar una vigorosa tradición de teatro no profesional; de ahí, quizás, proviene la idea de dar un nuevo impulso al teatro universitario que había florecido en España siglos antes.
La historia comienza en noviembre de 1931, según su amigo, el diplomático Carlos Morla Lynch: Muy entrada la noche irrumpe Federico en la tertulia con impetuosidades de ventarrón... Se trata de una idea nueva que ha surgido, con la violencia de una erupción, en su espíritu en constante efervescencia. Concepción seductora de vastas proporciones: construir una barraca -con capacidad para 400 personas-, con el fin de "salvar al teatro español" y de ponerlo al alcance del pueblo. Se darán, en el galpón, obras de Calderón de la Barca, de Lope de Vega, comedias de Cervantes... Resurrección de la farándula ambulante de los tiempos pasados... Aquí Federico se encumbra a las nubes. -Llevaremos -dice- La Barraca a todas las regiones de España; iremos a París, a América..., al Japón... [En España con Federico García Lorcapp. 12-128].
Dos aspectos de la experiencia de Federico García Lorca con La Barraca fueron decisivos para su carrera como dramaturgo: le permitió aprender el oficio de director de escena y le expuso a un público nuevo, ajeno a la burguesía frívola y materializada de Madrid. En sus viajes por el campo soñó con representar el teatro clásico ante el pueblo más pueblo, un público con camisa de esparto frente a Hamlet, frente a las obras de Esquilo, frente a todo lo grande. Estaba convencido de que lo burgués está acabando con lo dramático del teatro español... está echando abajo uno de los dos grandes bloques que hay en la literatura dramática de todos los pueblos: el teatro español. Esta nueva visión del público debió de afectar profundamente el alcance que intentó dar a su propio teatro durante los últimos años de su vida.

Buenos Aires y Montevideo

En el verano de 1933, mientras Federico hacía una gira con La Barraca, la compañía de Lola Membrives estrenó en Buenos Aires Bodas de sangre. Tal fue el éxito de la tragedia lorquiana que Membrives y su marido, el empresario Juan Reforzo, le invitaron a Buenos Aires, donde dirigió una nueva producción y leyó una serie de conferencias sobre el arte español en la sociedad Amigos del Arte.
Durante los seis meses que pasó en Buenos Aires y Montevideo (entre octubre de 1933 y marzo de 1934), Lorca dirigió no sólo Bodas de sangre, sino también Mariana PinedaLa zapatera prodigiosa, el Retablillo de don Cristóbal y, aprovechando su experiencia con La Barraca, una adaptación de La dama boba, de Lope de Vega. En cartas a su familia, expresó su asombro por el éxito de estas obras y por su creciente popularidad entre el público bonaerense: Buenos Aires tiene tres millones de habitantes pero tantas, tantas fotografías han salido en estos grandes diarios que soy popular y me conocen por las calles.
Un periodista de aquella época aludió a lo mismo: García Lorca en la terraza. García Lorca en el piano. García Lorca entre telones. García Lorca en una peña. García Lorca recitando. García Lorca poniéndose la corbata. García Lorca aprendiendo a cebar mate. García Lorca firmando una foto. Y a todo esto, en medio de todo esto, como consecuencia fisiológica de todo esto, García Lorca mirándose las manos, golpeándose la frente, escondiéndose por aquí, huyendo por allá, sin saber el pobre muchacho qué hacer ni dónde meterse para esquivar los golpes del asalto del periodista, del fotógrafo, del dibujante, del empresario, del admirador.
En enero de 1934, el mismo periodista bonaerense había seguido a Federico a Montevideo, con la esperanza de entrevistarle. Éste se sentía «secuestrado», primero por la sociedad porteña y luego por Lola Membrives, que le había encerrado en un cuarto de hotel de aquella ciudad para que a marchas forzadas terminara Yerma, la obra que le había prometido para la siguiente temporada. Al final, el periodista lo encontró, con paso «leve, fugaz», intentando esquivar a otras personas, en un túnel debajo del hotel donde se alojaba:
«¡Por favor...! No me pida usted que cante.

No, señor.

No me pida que recite.

No, señor.

No me pida que toque el piano.

No, señor.

No me pida que le lea los dos actos que creo que he terminado de mi nuevo drama Yerma.

No, señor.

Ni un trocito de mi camiseta de marinero.

No, señor.

Y sobre todo, ¡por lo que más quiera!, no me pida que le escriba un pensamiento...».
Su estancia triunfal en Buenos Aires y Montevideo constituyó una revelación: el joven dramaturgo se dio cuenta de que su obra podía interesar a un vasto público fuera de España; de que podía hacer carrera en el teatro, y de que, como dramaturgo, no se quedaría nunca a merced de los empresarios madrileños. Bodas de sangre alcanzó más de ciento cincuenta representaciones en Buenos Aires. Gracias a ello, Federico García Lorca logró, por fin, su independencia económica. Como el viaje a Cuba en 1930, el viaje a Argentina le deparó una serie de amistades nuevas, entre ellas: los poetas Pablo Neruda, Juana de Ibarbourou y Ricardo Molinari; el escritor mexicano Salvador Novo, y el crítico Pablo Suero.

Últimos años

Cuando Federico García Lorca volvió de Buenos Aires, en abril de 1934, contaba 36 años y le quedaban poco más de dos de vida. Vivió ese tiempo de manera intensísima: terminó nuevas obras (YermaDoña Rosita la SolteraLa casa de Bernarda Alba y Llanto por Ignacio Sánchez Mejías); revisó libros ya escritos (Poeta en Nueva YorkDiván del Tamarit y Suites); hizo una larga visita a Barcelona para dirigir sus obras, leer sus poemas y dar alguna conferencia, y meditó con ilusión sobre proyectos futuros, que iban desde una versión musicalizada de sus Títeres de Cachiporra a dramas sobre temas sexuales, sociales y religiosos.
Entre 1934 y 1936 dirigió sus esfuerzos, en gran medida, a la renovación del teatro español, con su propia obra y a través de La Barraca y de la organización de clubes teatrales -como el Anfistora, fundado por Pura Maortua de Ucelay- y agrupaciones que debían estrenar obras, clásicas o modernas, que hubieran sido ignoradas por el teatro comercial. Con gran vehemencia reclamó una «vuelta a la tragedia» y al teatro de contenidos sociales candentes.
En sus entrevistas y declaraciones de 1934 a 1936, insistió Lorca, más que nunca, en la responsabilidad social del artista, especialmente en la del dramaturgo, pues éste podía poner en evidencia morales viejas o equivocadas. Se entregó, como siempre, a la creación poética, pero su poesía «se levanta de la página» y, desde el escenario, llega a un público más amplio. En una velada en el Teatro Español, en que Margarita Xirgu ofreció a los actores de Madrid una representación especial de Yerma, salió al escenario Federico para defender su visión del teatro de «acción social»: Yo no hablo esta noche como autor ni como poeta, ni como estudiante sencillo del rico panorama de la vida del hombre, sino como ardiente apasionado del teatro y de su acción social. El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la educación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar a una nación entera. El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equivocadas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y el sentimiento del hombre.
Mientras pronunciaba Federico estas palabras, Yerma era atacada por la prensa de derechas como obra «inmoral» y «pornográfica». No se apocó Lorca. Insistió en la autoridad oral y estética que debían compartir el dramaturgo y los actores y esperaba luchar para seguir conservando la independencia que me salva... Para calumnias, horrores y sambenitos que empiecen a colgar sobre mi cuerpo, tengo una lluvia de risas de campesino para mi uso particular.
El ambiente de Madrid, en estos dos años, se había vuelto cada vez más intolerante y violento: España parecía irremediablemente abocada a una guerra civil.

La muerte

En mayo de 1936 un periódico madrileño publicaba una brevísima nota sobre los proyectos de Federico García Lorca. El poeta estaba a punto de cumplir 38 años. Casi había terminado su drama de la sexualidad andaluzaLa casa de Bernarda Alba. Llevaba «muy adelantada» una comedia sobre temas políticos -la llamada Comedia sin título o El sueño de la vida- y estaba trabajando en una obra nueva titulada Los sueños de mi prima Aurelia, elegía de su niñez en la vega de Granada. Planeaba otro viaje a América, esta vez a México, donde esperaba reunirse con Margarita Xirgu. Estaba, pues, rebosante de proyectos, con la sensación de que en el teatro no era más que un «novel»: Yo no he alcanzado un plano de madurez aún... Me considero todavía un auténtico novel. Estoy aprendiendo a manejarme en mi oficio... Hay que ascender por peldaños... Lo contrario es pedir a mi naturaleza y a mi desarrollo espiritual y mental lo que ningún autor da hasta mucho más tarde... Mi obra apenas está comenzada.
La situación política en Madrid, y en toda España, se había vuelto insostenible. Se hablaba de la posibilidad de un golpe militar y en las calles de la capital se vivieron numerosos actos de violencia, desde la quema de iglesias hasta los asesinatos políticos.
Aunque Federico García Lorca detestaba la política partidaria y resistió la presión de sus amigos para que se hiciera miembro del Partido Comunista, era conocido como liberal y sufrió con frecuencia las arremetidas de los conservadores por su amistad con Margarita Xirgu o con el ministro socialista Fernando de los Ríos. La popularidad de Lorca y sus numerosas declaraciones a la prensa sobre la injusticia social, le convirtieron en un personaje antipático e incómodo para la derecha: El mundo está detenido ante el hambre que asola a los pueblos. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Yo lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena, y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: "¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted el lirio que florece en la orilla". Y el pobre reza: "Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre". Natural. El día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la gran revolución. ¿Verdad que te estoy hablando en socialista puro? [Entrevista en La Voz, Madrid, 7 de abril de 1936].
Intuyendo que el país estaba al borde de la guerra, Lorca decidió marcharse a Granada para reunirse con su familia. El día 14 de julio llegó a la Huerta de San Vicente y cuatro días más tarde celebró con ellos la festividad de San Federico.
El 17 de julio estalló en Marruecos la sublevación militar contra la República, y desde Canarias, Francisco Franco proclamó el Alzamiento Nacional. Para el día 20, el centro de Granada estaba en manos de las fuerzas falangistas. Durante la revuelta, el cuñado de Federico, Manuel Fernández-Montesinos, marido de su hermana Concha y alcalde de la ciudad, fue arrestado en su despacho del Ayuntamiento; al cabo de un mes fue fusilado a mano de los rebeldes.
Dándose cuenta de que sería peligroso quedarse en la Huerta de San Vicente, Federico sopesó, con su familia, varias alternativas: intentar llegar a la zona republicana; instalarse en casa de su amigo Manuel de Falla, cuyo renombre internacional parecía ofrecerle protección, o alojarse en casa de la familia Rosales, en el centro de la ciudad. Esta última opción fue la que escogió Lorca, pues tenía una relación de confianza con dos de los hermanos del poeta Luis Rosales, que eran destacados falangistas.
La tarde del 16 de agosto de 1936, Lorca fue detenido en casa de los Rosales por Ramón Ruiz Alonso, un ex diputado de la CEDA, derechista fanático, que sentía un profundo odio por Fernando de los Ríos y por el poeta mismo. Según Ian Gibson, biógrafo de Federico, se sabe que esta detención fue una operación de envergadura. Se rodeó de guardias y policías la manzana donde estaba ubicada la casa de los Rosales, y hasta se apostaron hombres armados en los tejados colindantes para impedir que por aquella vía tan inverosímil pudiera escaparse la víctima [Federico García Lorca, vol. II, p. 469].
Lorca fue trasladado al Gobierno Civil de Granada, donde quedó bajo la custodia del gobernador, el comandante José Valdés Guzmán. Entre los cargos contra el poeta -según una supuesta denuncia, hoy perdida y firmada por Ruiz Alonso- figuraban el ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual [Federico García Lorca, vol. II, p. 476]. Fueron infructuosos los varios intentos de salvar al poeta por parte de los Rosales y, más tarde, por Manuel de Falla. Según Gibson, hay indicios de que, antes de dar la orden de matar a Lorca, Valdés se puso en contacto con el general Queipo de Llano, jefe supremo de los sublevados de Andalucía.
Sea como fuere, el poeta fue llevado al pueblo de Víznar junto con otros detenidos. Después de pasar la noche en una cárcel improvisada, lo trasladaron en un camión hasta un lugar en la carretera entre Víznar y Alfacar, donde lo fusilaron antes del amanecer.
Aunque no se ha podido fijar con certeza la fecha de su muerte, Gibson supone que ocurrió en la madrugada del 18 de agosto de 1936. En documentos oficiales expedidos en Granada puede leerse que Federico García Lorca falleció en el mes de agosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra.


Aparece una antología de obra amorosa y erótica de García Lorca con 10 poemas inéditos

El volumen, publicado por la editorial Altera, incluye los 'Sonetos del amor oscuro'


José Palou
Barcelona, 9 de junio de 1995

Diez poemas hasta ahora inéditos de Federico García Lorca, fechados en la década de los veinte, están a punto de aparecer en una antología de la poesía amorosa y erótica del poeta con la que la editorial barcelonesa Altera irrumpe en el mercado. Son diez poemas que ofrecen muestras de un surrealismo oscuro y cerrado, como en las dos versiones que aparecen de Teorema en el paisaje, o del Lorca más lúdico, en Canción novísima a los gatos. La antología preparada por Javier Rutz Portella y Lluís Salvador, se abre con la obra amorosa más desgarrada y personal de Lorca, sus Sonetos del amor oscuro, que durante años permanecieron sin publicar, o fueron editados de forma dispersa o clandestina, hasta ser reunidos legalmente en 1986.
"Lo que permitió el hallazgo de estos poemas fue nuestro amor, y el mío particular, por la obra de Lorca", explica Ruiz Portella, que, sin embargo, no quiere revelar la forma en que se fraguó el descubrimiento. La primera intención había sido reunir los Sonetos del amor oscuro, un proyecto del autor de Poeta en Nueva York truncado por su temprana muerte a manos de los fascistas, donde se ofrecían muestras de un desgarro amoroso profundo. "Tengo miedo a perder la maravilla / de tus ojos de estatua y el acento / que me pone de noche en la mejilla / la solitaria rosa de tu aliento", reza el primer cuarteto de uno de estos 12 sonetos de publicación complicada y azarosa.La oscuridad a que hace referencia el título de los sonetos podría emparentar con el concepto "prohibido", que aparece en la poesía de Cernuda en referencia al amor homosexual, o ser, tal como defiende Ruiz Portella, una expresión del desgarramiento de dichos poemas. Sea como fuere, los Sonetos del amor oscuro habían sido publicados de forma dispersa: dos en 1941, tres en 1979; el diario Abc publica los seis restantes en 1984. Circularon también ediciones clandestinas de los sonetos, hasta que la editorial Aguilar los incluyó en 1986 en las obras completas. Los Sonetos del amor oscuro, de hecho, sólo se podían hallar en esa colección.

Poemas inéditos

Pero el auténtico atractivo y sobre todo la novedad de este volumen, los 10 poemas inéditos que ahora ven la luz, son, según Ruiz Portella, "poemas de niadurez", que abarcan un periodo amplio de tiempo y varios estilos. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, dos versiones del poema Teorema en el paisaje, de 1928. Ambas versiones -la más breve se reproduce en esta página- muestran un Lorca surrealista, un claro antecedente de Poeta en Nueva York (1929-1930). Pero no sólo el surrealismo campa por estos versos, entre los que hay un poema claramente erótico -en realidad un fragmento que podría ser incluido en los Sonetos del amor oscuro-,que comienza así: "Oh cama del hotel! ¡oh dulce cama!" o un poema festivo de 1921, Por encontrar un beso tuyo, en el que el poeta canta el deseo de amor y el precio que pagó por ello, con lamento incluido: "Y por besar tus muslos castos /¿qué daría yo?".Tanto en las dos versiones de Teorema en el paisaje como en los poemas Reunión de damas a la orilla del mar (1924-1927), o los que se inician con los versos "Y he visto por el valle de la inmóvil gacela" y "Todo: desde la sombra de la radiografía", Lorca utiliza un verso largo, el alejandrino, que a veces se muestra turbio, como en el arranque de Reunión de damas: "Los desnudos palpitan grises bajo las ropas / y se enturbian de brisas coladas por sus hombros".
Pero tal vez el poema más curioso, y también el de más libertad métrica, de la decena que aparecen en el volumen Sonetos del amor oscuro, poemas de amor y erotismo. Inéditos de madurez sea la Canción novísima a los gatos, . un poema de julio de 1920, en el que aparece la predilección del gato del poeta, "arzobispal y bello", por Debussy, su rechazo de Beethoven y su calidad de maestro en la vida y la melancolía. Dos fragmentos breves de fecha indeterminada, Cisso y Gloria, incienso y mirra completan los poemas inéditos que ahora saldrán a la luz.

Ilustraciones

El libro Sonetos del amor oscuro, poemas de amor y erotismo. Inéditos de madurez, que incluye ilustraciones de Josep Maria Subirachs y que se pondrá a la venta el día 15, se abre con los Sonetos del amor oscuro y se cierra con los poemas inéditos. Entre unos y otros, los Poemas de amor y erotismo, que incluyen las Gacelas publicadas en Diván del Tamarit, como la Gacela del amor desesperado, que dice: "La noche no, quiere venir./ para que tú no vengas / ni yo pueda ir", de un tono muy distinto al de la Oda a Walt Whitman, que también aparece en la antología: "Por el East River y el Bronx / los muchachos cantaban enseñando sus cinturas / con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de junio de 1995


Federico García Lorca


Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca 

75 piezas de una coreografía bárbara

Por Ánxel Grove
21 de agosto de 2011
Federico García Lorca (1898-1936)
Federico García Lorca (1898-1936)
Este miércoles se cumplen 75 años del fusilamiento ilegal, es decir, del asesinato, de Federico García Lorca.
Lo mataron, como en una coreografía, junto a una hilera de olivos. El tiempo, pese a sus muchos laberintos, no ha conseguido acallar el eco de los disparos desnudos.
Acaso no haya otro escritor en castellano que sume una escenografía tan bárbara: poeta, gay, vanidoso, genial, señorito andaluz, teatrero, celebrity, víctima mortal del franquismo, desaparecido (no han logrado determinar dónde están sus huesos)…
Acaso ese mobiliario desmesurado no ayude a juzgar al autor y la persona sin que la sangre contamine la conversación. En España dices Lorca y te caen guantazos desde cada rincón.
Una nota del propio escritor puede ayudar a rebajar la pólvora del debate patrio en torno a su figura. En 1918, cuando la I Guerra Mundial sembraba de cadáveres en nombre de santísimas identidades e ideologías nacionales los labradíos europeos,  el entonces joven Lorca anotó que el patriotismo es “uno de los mayores crímenes de la humanidad”. Creo que tenía razón.
Sin más intención que recordar al ciudadano prematura e injustamente asesinado hace tres cuartos de siglo, va un Cotilleando a… Federico García Lorca. Son 75 piezas. Como diría el escritor, 75 “cruces superpuestas”.
1. Con la luna. Nace en la medianoche del 5 de junio de 1898. Le bautizan pomposamente: Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca.
2. Padre cacique. Federico García Rodríguez es un latifundista. De buen corazón (contrata peonadas con más brazos de los necesarios para paliar la pobreza de los jornaleros), pero cacique al fin: el hombre más rico de Fuente Vaqueros. Había cimentado la fortuna con un braguetazo en su primer matrimonio, al desposar a la hija de un ricachón. La muchacha, con la que no tuvo hijos, murió joven y testó a favor del viudo.
3. Madre maestra. Vicenta Lorca, maestra. Criada sin padre, acogida por la caridad familiar. Enfermiza y beata. Federico García Rodríguez la elige (así son las cosas en Andalucía a principios del XX) como segunda esposa porque le gusta su forma de hablar.
4. Bebé cadáver. Cuando Federico tiene dos años nace su hermano Luis. El niño muere a los 20 meses de una neumonía. Federico no olvidó nunca al hermanito-fantasma. En las pesadillas imagina el pequeño cadáver en descomposición.
El niño Federico, seis años
El niño Federico, seis años
5. Andares. Nace con una pierna algo más corta que otra. Sus andares siempre llamaron la atención y hay quien sostiene que su porte orgulloso está relacionado con un intento de disimular la cojera.
6. Mal alumno. Es un pésimo estudiante, pero un gran charlatán y un perfecto monaguillo ayudando en misa. En casa se disfraza de cura y oficia ceremoniosos rituales.
7. Asquerosa. Cuando el niño tiene ocho años la familia se muda  a dos kilómetros de Fuente Vaqueros, aAsquerosa (rebautizada como Valderrubio en 1943). A Federico no le gusta nada el nombre del pueblo. La familia vive en la mejor de las casas de la villa, con servidumbre y lujo.
8. Poco libro, mucho cuento. No hay demasiado que leer en la vivienda familiar. Víctor Hugo y Cervantes empezaban y terminaban la biblioteca. La ausencia de literatura la suple la abundancia de charloteo: 8 tías y tíos y casi 40 primos se dejan caer en las reuniones.
9. Graná. En 1909 la familia entera se marcha a una casa alquilada en Granada para acompañar a Federico, que se matricula en bachillerato en el Instituto General y Técnico. Repite cuatro veces el examen de ingreso antes de aprobarlo.
La familia, en torno a 1912. Abajo, Vicenta y Don Federico. Arriba, desde la izquierda, Federico y sus hermanos Concha y Paco.
La familia, en torno a 1912. Abajo, Vicenta y Don Federico. Arriba, desde la izquierda, Federico y sus hermanos Concha y Paco.
10. Federica. En la Academia Alemán -donde acude para reforzar su rendimiento escolar- le llaman Federicapor sus modales afeminados.
11. Oscar y Rubén. En 1914, a los 16 años, acaba el bachillerato. Descubre a Oscar Wilde, que le fascina, y aRubén Darío, que le fascina aún más. Jura emular su cultivo caprichoso del hedonismo: “Aplícate tu propio bálsamo. Proclama por doquier tu enfermedad. Eso te restablecerá”.
12. Pianísimo. Su padre le regala un piano (primero uno vertical y luego otro de media cola). Federico escribe una nota dedicada al instrumento: “Te quiero más que a nada en el mundo”. Aprende rápido con ayuda de un profesor. Compone cancioncillas, reune toques populares y da algún recital donde interpreta a Beethoven.
13. París jamás. Llega a pedir a su padre que le financie para ir a París a estudiar piano. El hacendado se niega.
Café Alameda, Granada
Café Alameda, Granada
14. Vida de chanza. Se matricula en Filosofía y Letras, luego en Derecho, luego en ambas a la vez… No da pie con bola. Sólo le ilusionan las reuniones del café Alameda con sus amigos del grupo del Rinconcillo. Van de sobrados y viven para la chanza, aunque discuten sobre lo divino y lo humano.
15. Padre quemado. “No sé qué va a pasar con este muchacho”, se queja en público el padre de Federico.
16. Señorito. Federico se ve camino de emohecer como un remilgado y consentido señorito andaluz con, según escribe, una “vida de broma y jaleo”.
17. Un cuarentón melancólico. Por casualidad conoce a la persona que dará sentido a su vida, el profesor Martín Domínguez Berrueta, cuarentón melancólico y vanidoso que sintoniza con Federico y le hace entender la poesía y su sentido último de expresión completa.
18. Unamuno, Machado. Con el profesor y algunos de sus alumnos, el joven Lorca viaja por España. En Salamanca conoce a Miguel de Unamuno. En Baeza, a Antonio Machado, que le embelesa con  su compromiso vital y extremo con la poesía. Federico decide que quiere ser poeta. Pasa las noches en vela escribiendo.
María Luisa Natera
María Luisa Natera
19. Primer amor. En un balneario de Lanjarón, en las estribaciones de las Alpujarras, Lorca, que acompaña a su madre, conoce a una muchacha de la que se enamora, María Luisa Natera. Ella tiene 15 años y él, 18 y la sexualidad adormecida o reprimida. Se gustan porque ambos tocan el piano. Galantean mientras interpretan a cuatro manos piezas de Chopin. Lorca le dedica algunos poemas que ella guardará toda la vida como un tesoro. No hubo más. La relación blanca -rechazada por la familia conservadora y beata de María Luisa- fue revelada en 2009 por el historiador lorquistaIan Gibson en el libro Lorca y el mundo gay.
20. Debut fatal. A los 19 años publica su primer libroImpresiones y paisajesbasado en la experiencia de sus viajes por España. La edición la paga el padre. Lorca dedica la obra, que contiene numerosas erratas y faltas sintácticas, a su antiguo profesor de música. Domínguez Berrueta, despechado, le expulsa de su casa y de su vida. Nunca volverán a hablar.
21. Al desván. El escritor se avergüenza pronto de la pobreza literaria de la obra y rescata de las librerías todos los ejemplares que puede. Los almacena en el desván.
22. Paralizado por el miedo. A principios de 1919 los sindicatos convocan una huelga general contra la monarquía y en favor de los derechos de los trabajadores. Los universitarios de Granada se suman. Frente a la casa de los Lorca la Guardia de Asalto mata de un balazo a un estudiante. Federico dice apoyar las demandas de los huelguistas, pero siente una neurosis paralizante ante la violencia y se queda encerrado en casa durante dos semanas. Ni siquiera se atrave a salir al balcón.
23. Madrid. Su padre, a regañadientes y gracias a la intervención final de Vicenta (“no sé si será bueno como escritor, pero es lo único que quiere hacer”), le llena la cartera de billetes para que se vaya a Madrid en la primavera de 1919. Lleva vestuario de estreno: zapatos de charol, trajes oscuros, corbatas…
24. Juan Ramón. Se presenta ante el arisco Juan Ramón Jiménez, al que causa buena impresión. “Me leyó algunas composiciones muy bellas. Quizá un poco largas, pero la concisión vendrá sola”, escribe el patriarca.
25. Deslumbrado. Le encanta Madrid (“nada me aturde, ni siquiera todo este alboroto”), pero sigue viviendo de la sopa boba e incumpliendo los pocos encargos de trabajo que le hacen, por ejemplo un libreto teatral.  “No tengo apuro en llegar“, escribe a su familia.
Internos de la 'Resi' ante el edificio. Lorca, en el centro, como siempre
Internos de la 'Resi' ante el edificio. Lorca, en el centro, como siempre
26. Sin pegar clavo. Desde 1920 se hospeda en laResidencia de Estudiantes, donde no es necesario pegar clavo, las mucamas atienden a los internos y las obligaciones se limitan a bajar bien vestido a la cena. Lorca vive Madrid como un poseso: se exhibe en las fiestas y tertulias, se pavonea en las conferencias, se deja querer para amenizar las reuniones con interpretaciones de piano…
27. En el armario. El poeta Emilio Prados le tira los tejos con sinceridad y le propone que vivan juntos. Lorca, que tiene miedo a salir del armario, se aparta de su lado.
28. Abucheado. El 22 de marzo de 1920 se estrena en el Eslava la tantas veces retrasada obra de teatro de Federico. Su padre corre con los gastos de producción añadidos por los incumplimientos del hijo. El maleficio de la mariposa -que antes se había titulado La estrella del prado- es un incontestable fiasco, con abucheos, interrupciones y criticas demoledoras que aconsejan al autor haber previsto el fracaso no escribiendo la obra.
29. “He nacido poeta”. Lorca queda tocado. Se cree una estrella y es un fracasado. Su padre le ordena que regrese a Granada, pero Federico le envía una carta desesperada: “He nacido poeta y artista, así como otros nacen rengos, o ciegos o apuestos”. El padre, influido por su esposa, accede a otra moratoria y sigue financiando la experiencia madrileña.
30. “Niñez seca”. Tras la edición de un poemario en 1921 (Libro de poemas), una obra de lirismo inocente que pasa sin pena ni gloria, regresa a Granada. A los 23 años se siente viejo (“la vida me echa sus cadenas” y “¡qué lastima de mi niñez seca!”, escribe), se resigna a la ciudad de provincias que odia por su ambiente “mediocre” y quiere acabar Derecho, carrera de la que ha ido aprobando asignaturas sueltas.
Casa familiar de los García Lorca en la Huerta de San Vicente, Granada
Casa familiar de los García Lorca en la Huerta de San Vicente, Granada
31. Un diletante y un workaholic. Intima con el músico,Manuel de Falla, que reside en Granada desde 1920. Les separan la edad (23 y 45 años) y la dedicación (Lorca es un diletante y Falla un workaholic), pero les une el amor por el cante de los gitanos.
32. El festival. Junto con un grupo de amigos, Falla y Lorca lidian con los poderes públicos y fácticos locales hasta terminar por organizar un festival de flamenco en la ciudad. Las actuaciones del Concurso de Cante Jondo de Granada se celebran, en el Patio de los Aljibes de la Alhambra,  en junio de 1922. El éxito es inmenso y tiene repercusión en diarios extranjeros. Los premios (mil pesetas y diploma) se los reparten Manuel Ortega Caracol, que tenía 13 años, y El Tenazas de Morón.
33. Cambio. Aunque Lorca no organiza por sí sólo el concurso -como se encarga de proclamar a los cuatro vientos entonces y en los años sucesivos-, la oportunidad le sirve para cambiar de registro poético de manera drástica, inclinándose hacia la llamada de la tierra, la vindicación del andalucismo como estado de ánimo y la sensibilidad arrebatada pero adusta de la música de los gitanos.
34. Catársis. En una especie de revelación y en estado de catársis escribe el Poema del cante jondo, que lee en público por primera vez poco antes del festival, en el Hotel Alhambra, en un acto al que asiste el todo Granada. La obra no sería publicada en libro hasta 1931.
35. Letrado García Lorca. En febrero de 1923, nueve años después de matricularse, obtiene el título de Derecho. No por sus méritos, pero sí por su encanto. De Derecho Político le examina oralmente su amigo Fernando de los Ríos. “¿Qué es el Estado?”, le pregunta. “Una araña”, responde Federico.
Con Dalí en el verano loco en Cadaqués, 1927
Con Dalí en el verano loco en Cadaqués, 1927
36. Amor loco. Lorca regresa a Madrid. En la Residencia de Estudiantes, donde vuelve a alojarse, conoce al excéntrico Salvador Dalí, que tiene 19 años. Se prendan uno del otro. Dalí recordaría el primer encuentro con el verbo excesivo que tanto le gustaba: “El fenómeno poético en su integridad, a secas, súbitamente se me apareció en carne y sangre”.
37. ¿Sin sexo? Son inseparables, estrafalarios, histriones, pomposos y complementarios (Lorca, locuaz y elegante al modo torerista; Dalí, tímido y excesivo a la manera del astracán mediterráneo). Hay muchas cartas de apasionado erotismo que contradicen la versión oficial de un romance casto, pero ninguna prueba o testimonio de que hubiese  sexo. Según el pintor, Lorca se le insinúa en 1926, pero, aunque halagado, rechaza los acercamientos. Pasan un dionisiaco verano juntos en Cadaqués.
38. Pintoresquismos. Cuando Lorca publica Romancero gitano (1928), Dalí le critica en una carta: “Tú eres un genio y lo que se lleva ahora es la poesía surrealista. Así que no pierdas tu talento con pintoresquismos”.
39. “Gitano bronceado”. En otro momento dice: “Te amo por lo que el libro revela que eres, que es bastante distinto de la idea que los pútridos filisteos se han hecho de ti, que es la de un gitano bronceado de pelo negro, corazón de niño, etc, etc…”.
40. “Yo soy el perro andaluz”. Lorca se toma a mal la película Un perro andaluz, co dirigida en 1929 por Dalí y otro alumno de la ResiLuis Buñuel, al entender que el título es una referencia grosera hacia él (“Buñuel hizo una película de mierda que se llama Un perro andaluz y yo soy el perro andaluz”).
41. Buñuel, celoso. Algunos biógrafos opinan que Buñuel, celoso, malmetió para que Dalí y Lorca se distanciasen. Se volverían a encontrar fugazmente en 1935 y todas las rencillas quedaron olvidadas.
El taimado Aladrén, a la izquierda, y Federico
El taimado Aladrén, a la izquierda, y Federico
42. Novio manipulador. En 1927 se lió con Emilio Aladrén, artista bisexual de llamativa y exótica belleza, ocho años más joven que Lorca. El novio es un vago, gusta de la manipulación y tiene mala calaña. En 1928 Aladrén se enamoró de una representante inglesa de una firma de cosméticos y dejó al escritor, que cayó en una profunda depresión (“ahora me doy cuenta de qué es eso del fuego del amor del que hablan los poetas eróticos”). En esa época Lorca habla abiertamente por primera vez de su homosexualidad. “Tu no sabes lo que es sufrir por la belleza masculina”, le dice a un amigo.
43. Escultor franquista. El noviete bisexual de Lorca se dedicaría a esculpir bustos de los prebostes del régimen franquista. Murió prematuramente en 1944.
44. Ego en alza. Federico se convierte en la figura central de la joven literatura española, que comienza a ser considerada por la crítica como una generación(Vicente AleixandreJorge GuillénManuel Altolaguirre,Gerardo DiegoPedro Salinas…). Dice bastante de la capacidad de Lorca para venderse y de su charmant personal que sea designado como líder cuando tiene tan poca obra publicada. El sostiene que no le interesa editar, porque los poemas mueren al estar impresos.
45. Estado mental. Algunos críticos de la época acuñan con sorna la expresión “el estado mental García Lorca” para referirse al ego creciente del escritor.
En su cuarto en Granada, bajo un cuadro que le regaló Dalí, 1925
En su cuarto en Granada, bajo un cuadro que le regaló Dalí, 1925
46. Ladrón de opiniones. Su agenda sigue siendo la de un ministro. Conquista a la alta burguesía con su conversación chispeante y sus ostentosos ademanes al recitar. Algunos de sus cercanos ven con desagrado como se hace con el control de las situaciones y no se queda tranquilo hasta ser el rey de cada fiesta. En sus disdertaciones inventa y miente. Alguien le pilla disertando con tono elevado sobre el Ulysses de Joyce -que no ha leído- con una argumentación copiada al pie de la letra de una opinión escuchada el día antes de otra persona.
47. Odiado Alberti. Su pique con Rafael Alberti, poeta en alza y también andaluz, adquiere tono de sainete: cada vez que alguien menciona a Alberti en presencia de Lorca, éste dice que le duele la garganta y se ausenta.
48. Misticismo. Tras la ruptura con el arribista Aladrén, al poeta se le vienen encima todas las dudas y recurre al misticismo. Reza a diario y va a misa (“soy un católico estético”), se interesa por las cosmogonías hinduistas, regresa a sus adorados griegos… Está tan fuera de sí que, ajeno a su desprecio por la política, firma una carta abierta -escrita por Ortega y Gasset- para pedir la formación de un partido liberal que combata la dictadura de Primo de Rivera.
49. Penitente. El jueves santo de 1929 marcha anónimamente -encapuchado, descalzo, cargando una pesada cruz de madera- en la procesión de la granadina Confraternidad de Santa María de la Alhambra. Dos meses más tarde se asocia como cofrade.
Un andaluz en Nueva York, 1930
Un andaluz en Nueva York, 1930
50. Harlem. Intenta escapar de las dudas y la tristeza con un viaje a Nueva York (con paradas previas breves en París y Londres) en junio de 1929. La ciudad le deja, como escribe a sus padres, “knock-out“, una de las poquísimas expresiones en inglés que era capaz de manejar. Aprende a pedir “bacon and eggs” (tocino y huevos) y casi no come otra cosa. Se matricula en un curso de la Universidad de Columbia, cose el primer botón de su vida en una camisa, se deja sorprender por un mundo nuevo, chocante y fascinante al tiempo, da grandes caminatas, canta y toca el piano en fiestas del círculo docente de españoles, se enamora de los clubes de jazz de Harlem y de la desvergüenza de los negros. Escribe Oda al Rey de Harlem, un poema en el que rompe con su estilo anterior.
51. Sexo surrealista. Visita Nueva Inglaterra y se enamora (al parecer de manera sólo platónica) de un estudiante de 20 años que le sirve de cicerone. Escribe el guión de un cortometraje que nunca será filmado, Viaje a la luna, donde explica, con imágenes surrealistas, sus desvelos por el sexo.
52. Testigo del crack. Está en Nueva York el martes negro del 29 de octubre y va a Wall Street para ver a “hombres gritando como animales y mujeres llorando” por el crack bursatil que originó la Gran Depresión. Impresionado, empieza a escribir los poemas del que sería su mejor libro,Poeta en Nueva York. En marzo de 1930 toma un tren hacia Miami y de allí un barco con destino a La Habana.
53. Ídolo. Lo que iba a ser una visita de unos días se convierte en una estancia de tres semanas. La Habana ama a Lorca y viceversa. Es tratado como un ídolo en varias lecturas en teatros abarrotados, se pavonea por el Malecón, va a una cacería de cocodrilos y, como había amenazado al llegar, se dedica a parodiarse a sí mismo.
En La Habana, entre hombres
En La Habana, entre hombres
54. Locaza. Da rienda suelta a la homosexualidad y la disfruta sin temores por primera vez, como una locaza: se baña desnudo, se acuesta con varios chicos jóvenes y guapos, se deja querer… Empieza a escribir su obra de teatro más audaz, El público, el único de sus textos que aborda con franqueza las inclinaciones del autor y reinvindica el deber de “quitarse la máscara”.
55.  Fuera lunares. En La Habana también padece un ataque de angustia histérica: está convencido de que tiene cáncer de piel. Se somete a una operación para quitarse varios lunares.
56. El nuevo Lorca. Regresa a España en octubre de 1930. Está cambiado. Sus amigos, entre ellos el poeta Luis Cernuda, tambien gay, le encuentran cínico, sensual, franco, con más aplomo y menos miedos. El nuevo estilo de Lorca coincide con la proclamación de la Segunda República Española y el final de la monarquía.
57. Teatro en las plazas. En 1932, el Ministerio de Instrucción Pública, del que se ocupa Fernando de los Ríos, otorga fondos públicos a Lorca para que dirija la compañía de teatro La Barraca. “Sacaremos las obras de las bibliotecas, se las sacaremos a los académicos, y las devolveremos al sol y al aire fresco de las plazas del pueblo”, declara el flamante director artístico. Hasta el comienzo de la Guerra Civil la compañía, integrada por dos decenas de universitarios, presenta 13 adaptaciones de clásicos españoles en 74 ciudades y pueblos.
Con Rafael Rodríguez Rapún, uno de sus grandes amores
Con Rafael Rodríguez Rapún, uno de sus grandes amores
58. Penúltimo amor. Durante las giras de La Barraca Lorca mantuvo romances fugaces con algunos de los actores, pero se enamoró perdidamente sólo de uno, Rafael Rodríguez Rapún, madrileño nacido en 1912, socialista y atlético. Fue una pasión correspondida.
59. Un año exacto. A Rafael lo matarían los nacionalesen la guerra el 18 de julio de 1937, exactamente un año después de la muerte de Federico.
59. Gloria y sangre. Entre 1933 y 1935 Lorca alcanza el estrellato como autor teatral. Es la época de sus dramas más celebrados, Bodas de sangre (1933) y Yerma(1934), del apoyo de la actriz republicana Margarita Xirgú, que le considera el mejor escritor español, de la triunfal visita a Buenos Aires….
60. El toro Granadino. En agosto de 1934 muere, tras ser corneado por el toro Granadino, Ignacio Sánchez Mejías, el torero-escritor al que toda la generación del 27veneraba. Lorca escribe: “La muerte de Ignacio es como mi propia muerte, un aprendizaje para mi propia muerte”. Le dedica al torero el sobrecogedor lamento Llanto por Ignacio Sánchez MejíasPorque te has muerto para siempre, / como todos los muertos de la Tierra, / como todos los muertos que se olvidan / en un montón de perros apagados.
61. Blasfemo. En los tiempos convulsos previos a la Guerra Civil el escritor participa en la fundación de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, que consideraba la revolución bolchevique y su desarrollo como “el acontecimiento económico y social más formidable del mundo moderno”. Aunque siempre se había mantenido en los márgenes de la política, el cargo de Lorca como director de La Barraca y su militancia en el teatro marcial, didáctico y uniformado con monos de faena -también llamados mamelucos- le gana las antipatías y la crítica atroz de los medios conservadores. Algunos diarios hablan de intelectuales “de sexo desviado” que “corrompen a la juventud española”. Tras el estreno de Yerma, en diciembre de 1934, acusan al autor de “inmoral”, “irreverente”, “blasfemo”.
Con el grupo La Barraca, todos con el uniforme de mamelucos azules, en 1933. Lorca es el segundo por la izquierda
Con el grupo La Barraca, todos con el uniforme de mamelucos azules, en 1933. Lorca es el segundo por la izquierda
62. Amigo de José Antonio. Pocos saben entonces que Lorca es amigo personal del líder falalangista José Antonio Primo de Rivera, aunque ambos tratan de mantener la relación en la penumbra. Un día José Antonio le pasa a Federico un mensaje escrito en una servilleta de un restaurante: “Federico, ¿no crees que con tu mameluco azul y nuestras camisas azules podríamos forjar una España mejor?”.
63. El último amor. Su último confidente es el granadino Eduardo Rodríguez Valdivieso, catorce años más joven que Lorca, empleado de banca, triste y de escasos recursos. Se habían conocido en 1932 en un baile de disfraces al que Eduardo llegó vestido de Pierrot y Lorca de Dominó. El escritor ama al joven apasionademente, pero, al parecer, no es correspondido.
64. Abandono. A partir de 1935 los episodios de profunda tristeza que siempre padeció se hacen más frecuentes. Empieza a beber más de lo acostumbrado. Le gustan el whisky y el coñac. Enciende un cigarrillo con el siguiente. Engorda y pierde pelo. El gran dandy descuida su aspecto: lleva trajes arrugados. Tiene más dinero que nunca por el éxito de los montajes teatrales y habla de hacerse una casa en la costa mediterránea.
65. Frentista. En febrero de 1936 lee en una cena de intelectuales un manifiesto en apoyo delFrente Popular, que aparece publicado al día siguiente con trescientas firmas. Poco antes había sido citado a declarar por la denuncia de un teniente coronel contra su Romance de la Guardia Civil.
66. La Gran Revolución. En abril dice en una entrevista: “Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución”. Participa en los desfiles del 1 de mayo en Madrid, donde se exhiben carteles con las imágenes de Lenin y Stalin. Lleva una corbata roja y declina participar en los discursos.
Al piano
Al piano
67. 38 años. El 5 de julio -trece días antes del golpe de Estado militar contra la República- Lorca cumple 38 años. Le preguntan cómo se imagina de viejo. Responde que le gustaría envejecer en Cádiz, frente al mar, “con una barba blanca, apoyado en un bastón, enormemente popular y amado por la gente de Cádiz… un Walt Whitman español”.
68. Aterrado. Cuando se  entera de la muerte a tiros del líder derechista José Calvo Sotelo, Lorca entra en pánico. Empaqueta como puede cuatro cosas, pide prestadas 200 pesetas y se mete en un tren a Granada el 13 de julio. “Se está avecinando una tormenta y me voy a casa. Allí estaré a salvo de los rayos”.
69. Último santo. El mismo día de la asonada militar fascista, el 18 de julio, los García Lorca celebran San Federico, patrón de padre e hijo. Hay licores y dulces en la casa de la Huerta de San Vicente.
70. “Ñino precioso de mamá”. El Heraldo de Madrid publica ese día una extraña caricatura del poeta en pantalones cortos con este texto: “García Lorca. ‘Niño precioso de mamá’. Es una delicia. Verán: sólo tiene siete años y medio. No ha tenido apendicitis y dicen que tiene el cerebro de un adulto… Con todo, Federico García no es maleducado, y ahora tiene más de treinta”.
71. “Como perros”. El día 19 el sanguinario Queipo de Llano radia un mensaje desde Sevilla. Anuncia que toda Andalucía está a punto de caer bajo la dominación de los sublevados. Advierte a “la chusma” que los resistentes serán tiroteados “como perros”. El 20 de julio los nacionalestoman Granada. Al día siguiente comienzan las ejecuciones.
"Hizo más daño con la pluma de lo que otros hicieron con el revolver”
"Hizo más daño con la pluma de lo que otros hicieron con el revolver”
72. “¡Maricón!”. El 9 de agosto un escuadrón falangista entra en la casa de la Huerta. Golpean a Lorca y lo tiran escaleras abajo. “¡Maricón!”, gritan. Cuando se marchan, Lorca pide ayuda al poeta Luis Rosales, falangista. Acuerdan que Federico se trasladase a vivir a casa de éste.
73. La pluma y el revolver. El 16 de agosto una patrulla detiene a Lorca. Cuando la mujer de Rosales pregunta el motivo, responden: “Sus obras”. Luego ampliarían la acusación: “Hizo más daño con la pluma de lo que otros hicieron con el revolver”. Le encierran en una habitación del Gobierno Civil. Permiten que le lleven comida, ropa y cigarrillos Camel, sus favoritos.
74. La madrugada. Lo fusilan, en un paraje cerca de Alfacar, junto a un maestro y dos toreros. El crimen se perpetra en torno a las 4:45 de la madrugada del 17 de agosto, hace 75 años.
75. Sin plegaria. Poco antes de la ejecución, cuando un guardia civil revela a los prisioneros lo que está a punto de suceder, Lorca intenta rezar, pero no es capaz de recordar ninguna plegaria:  “Mi madre me las enseñó todas y ahora las he olvidado. ¿Estaré condenado?”. El guardia dice que no.
Ánxel Grove

TRASDÓS

Federico Garcia Lorca
Ilustración de Marcos Loayza

Federico García Lorca: Hace 120 años nació el romancero gitano


Juan Carlos Salazar del Barrio
17 de junio de 2018

Cuentan que deambulaba por los bares de la Alcaicería de Granada, lloriqueando, siempre ebrio, frente a una copa de vino, repitiendo una y otra vez: “Perdóname, Federico, perdóname”. 
Era uno de los hermanos Rosales, jefe de la Falange Española en la región, arrepentido de su felonía. Años antes había entregado a Federico García Lorca a los esbirros de la dictadura franquista. Como escribiría el poeta Antonio Machado, el “Homero español” salió al campo frío por una calle larga, aún con las estrellas de la madrugada, caminando entre fusiles, rumbo al paredón.
Nacido un 5 de junio de hace 120 años en Fuente Vaqueros, una comarca andaluza de la vega granadina, el poeta del Romancero gitano fue fusilado en el camino de Víznar a Alfacar, Granada, el 18 de agosto de 1936, acusado de socialista, masón y homosexual. “El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva! Muerto cayó Federico, sangre en la frente y plomo en las entrañas”, lloró Machado en su poema El crimen fue en Granada (1937).
“Tengo una poesía de abrirse las venas, una poesía evadida ya de la realidad como una emoción donde se refleja todo mi amor por las cosas y mi guasa por las cosas. Amor de morir y burlar de morir”, había escrito, premonitoriamente. Como no le preocupó nacer -según afirmó alguna vez-, tampoco le preocupaba morir. Pensaba, como dijo en otra ocasión, que sólo aquellos que temen a la muerte, la llevan sobre sus hombros. 
Su nombre completo era Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca, hijo de Federico García Rodríguez, un hacendado que cultivaba remolacha y tabaco, y de una maestra de escuela, Vicenta Lorca Romero, tierna y querendona, quien le fomentó el gusto por la buena lectura, aunque en su niñez se mostraba más interesado en la música que en la literatura.
Solía reunirse con otros jóvenes intelectuales en la tertulia El Rinconcillo del café Alameda, con quienes se trasladó en 1919 a la famosa Residencia de Estudiantes de Madrid, donde trabó amistad con los intelectuales más importantes de la época, como Salvador Dalí, Luis Buñuel y Rafael Alberti. Se dice que Lorca animó a escribir a Dalí y Dalí a pintar a Lorca, quien llegó a presentar una exposición en Barcelona.
También frecuentó a Juan Ramón Jiménez y a la camada de escritores que dieron nombre a la Generación del 27, como Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre y Rafael Alberti, entre otros. En 1921 conoció al maestro Manuel de Falla, con quien emprendió varios proyectos vinculados a la música, una de sus vocaciones juveniles. De esa relación nació el Poema del cante jondo.
Tenía 38 años recién cumplidos cuando estalló la sublevación de Francisco Franco, el 17 de julio de 1936, en Marruecos. Para entonces ya había escrito sus obras más emblemáticas, Poema del cante jondo (1921), Romancero gitano (1928),  Un poeta en Nueva York (1930), Bodas de sangre (1933) y Yerma (1934, y terminado de escribir La casa de Bernarda Alba, el “drama de la sexualidad andaluza”. 
Detestaba la política partidaria y se dice que incluso resistió la presión de sus amigos para hacerse miembro del Partido Comunista. Sin embargo, sufrió duras críticas de los sectores conservadores por su amistad con personalidades socialistas, como el ministro Fernando de los Ríos y la actriz Margarita Xirgu. Su popularidad y sus declaraciones a la prensa contra las injusticias sociales que él veía en España y en su Andalucía natal lo convirtieron en un blanco perfecto para el fascismo. 
Alguna vez se definió como “católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”, pero, si en algo creía, era en la libertad. “En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida”, afirmó en una ocasión.
La instauración de la Segunda República (1931) trajo una bocanada de aire fresco a la España conservadora. Junto con el escritor y escenógrafo Eduardo Ugarte y financiado por el Ministerio de Educación que dirigía Fernando de los Ríos, codirigió La Barraca, un grupo de teatro universitario, con el que representó obras teatrales del Siglo de Oro, pero el proyecto se vio truncado por el estallido de la guerra civil española.
Ya antes de que estallara el conflicto, España vivía un clima de violencia e intolerancia. Los embajadores de Colombia y México le ofrecieron asilo, temerosos de que pudiera ser víctima de un atentado debido a su identificación con la República, pero Lorca rechazó las ofertas y retornó a su tierra, adonde llegó el 14 de julio de 1936, tres días antes del alzamiento de Franco en Melilla. “Me voy a Granada y que sea lo que Dios quiera”, había dicho a su familia.En Granada buscó refugio en casa del poeta Luis Rosales, donde -según creía- estaba más seguro, debido a que dos de sus hermanos, en los que confiaba, eran dirigentes falangistas. A pesar de ello, el 16 de agosto de 1936, se presentó una patrulla de la Guardia Civil para detenerlo. Se dice que el gobernador de Granada, José Valdés Guzmán, consultó con uno de los líderes del alzamiento, el temible teniente general Gonzalo Queipo de Llano, lo que debía hacer con Lorca. El militar respondió: “Dale café, mucho café”. Es decir, que lo pasara por las armas.
Dos días después, lo sacaron de su celda, le dieron el “paseo de la muerte” y lo ajusticiaron en un descampado. El régimen franquista nunca reconoció su implicación en el crimen. Aunque no existen datos precisos, se dice que fue fusilado en el camino Víznar-Alfacar. Su cuerpo permanece enterrado en una fosa común anónima en un paraje conocido como Fuente Grande, junto con otros tres compañeros de desdicha.
“Estoy persuadido de que Lorca está en el parque que lleva su nombre, a dos pasos de la acequia de Aynadamar, construida por los árabes en el siglo XI para trasladar agua a Granada. La palabra significa Fuente de las Lágrimas. Toda una profecía”, dijo su biógrafo, el historiador dublinés Ian Gibson Gibson.
Como el Rosales que lloraba por el perdón de Federico, uno de los periódicos del franquismo intentó un mea culpa. “El crimen fue en Granada; sin luz que iluminara ese cielo andaluz que ya posees. Los cien mil violines de la envidia se llevaron tu vida para siempre”, escribió Luis Hurtado Álvarez en Antorcha, un semanario falangista de Antequera, en marzo de 1937. Su director, el poeta y catedrático Nemesio Sabugo Gallego, pagó con la prisión su osadía.



La estrella de Lorca nunca se apaga

La fascinación que provoca el poeta rebasa modas y fronteras. Al cumplirse 82 años de su fusilamiento, su figura y su obra mantienen su inagotable atractivo


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
17 de agosto de 2018
















Lorca
Fotografía de Federico García Lorca tomada por Luis Buñuel en 1925. HEREDEROS LUIS BUÑUEL

La muerte condena a muchos escritores a un limbo del que, con suerte, salen convertidos en clásicos. Pasan entonces a ser objeto de estudio más que de lectura, dejan de entrar en la vida de la gente para entrar en el examen de selectividad. Federico García Lorca es una excepción. Aunque mañana, 18 de agosto, se cumplen 82 años de su fusilamiento —oficialmente falleció “a consecuencia de heridas producidas por hechos de guerra”—, su figura parece más viva que nunca.
Por el lado del Lorca-símbolo, al debate sobre la conveniencia de volver a buscar sus restos en el barranco de Víznar se le ha sumado en los últimos meses la petición de que se le conceda, a título póstumo, el Premio Nobel de Literatura. Por el lado del Lorca-escritor, el centro que lleva su nombre en Granada recibió en junio más de 4.000 objetos y documentos hasta ahora depositados en la sede madrileña de su fundación, alojada en la Residencia de Estudiantes. Poco antes, la editorial Debolsillo rescataba Cielo bajo, un libro inacabado de suites que su autor quiso publicar en 1926 junto a Canciones y poema del cante jondo.














Cada generación ha tenido su propio Lorca, por la vía de la literatura o por la de la música

Su presencia internacional sigue siendo, además, muy notable. Hasta el día 20 puede verse en el Centro Pompidou de Metz, en Francia, una exposición que en octubre viajará al Barbican de Londres: Parejas modernas. Junto a dúos creativos y sentimentales como Dora Maar y Picasso, Camille Claudel y Auguste Rodin o Frida Kahlo y Diego Rivera, la muestra dedica uno de sus apartados a la relación entre Lorca y Dalí. Esta exposición se abrió poco después de que la Fundación Jan Michalski clausurara en Montricher (Suiza) otra titulada Lorca en escena. Que su trabajo como dramaturgo mantiene toda la vigencia lo demuestra el hecho de que uno de los grandes éxitos de la cartelera primaveral neoyorquina fuera la Yerma dirigida por Simon Stones, que sacó a la protagonista del campo andaluz para convertirla en una moderna ejecutiva londinense ahogada por la imposibilidad de tener hijos. La obra llegó a Estados Unidos después de dos años de éxito en la capital británica.
El fusilamiento de Federico García Lorca en agosto de 1936 produjo una ola de indignación a la altura de su prestigio. Compañeros de generación como Luis Cernuda o maestros como Antonio Machado escribieron versos para llorar a un poeta al que el exigente Juan Ramón Jiménez calificó de hombre “de cinco razas”. Pero la muerte no fue, ni mucho menos, el detonante de su fama. Ya era un autor de éxito cuando lo mataron. Un año antes, durante la feria del libro de Madrid, Lorca estaba “muy de moda”. La expresión es de su biógrafo, Ian Gibson, que recuerda que en mayo de 1935 ya estaba en la calle la quinta edición del Romancero gitano, acababa de salir el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, el Retablillo de don Cristóbal se representaba en la propia feria y la prensa reseñaba la aparición en Nueva York del primer estudio global sobre su obra. Aún no había cumplido 37 años.
En 1933, además, había sido testigo durante una gira por el Cono Sur del éxito de Bodas de sangre en Argentina, donde superó las 100 representaciones la temporada de su estreno. Como le explicó el promotor del montaje, el gran acontecimiento artístico era también un gran negocio: al poco de estrenarse, ya le había proporcionado el equivalente a 3.500 pesetas, “suma que correspondía”, traduce Gibson, “al salario anual de un obrero metalúrgico, el más alto de la clase trabajadora española”. Un porcentaje correspondía al autor en concepto de derechos. No es extraño que al conocer la noticia de su muerte, 30 intelectuales argentinos redactaran una carta de protesta. Entre los firmantes estaba Borges, que, no obstante, luego recordaría maliciosamente a Lorca como un “andaluz profesional”.
Laura García Lorca, sobrina del poeta y presidenta de la fundación que lleva su nombre, subraya que esa dimensión “folclórica” fue, con la ayuda de la censura, la misma a la que el franquismo quiso “reducirlo”. Por suerte, el eco internacional de su obra contrarrestó el silencio oficial español: “En Estados Unidos influyó mucho en la generación beat y en Francia siempre estuvo bien traducido. Se le leyó como lo que era: un autor moderno”. De la recepción estado­unidense da cuenta la pregunta por la muerte de Lorca que Eisenhower planteó a Franco en 1959, durante su histórica visita a España. El dictador la atribuyó a un grupo de incontrolados. La recepción francesa del poeta tuvo su culminación cuando en 1981 André Belamich, compañero de estudios de Albert Camus y traductor de Lorca para Gallimard desde 1951, se encargó de su ingreso en La Pléiade. El único escritor en español presente entonces en la prestigiosa colección era Cervantes.














La prematura muerte del poeta lo convirtió, además, en una mina de iné­ditos

La prematura muerte del poeta lo convirtió, además, en una mina de iné­ditos. La consagración del Lorca moderno recibió un espaldarazo cuando en 1940 se publicó Poeta en Nueva York, una de las cumbres de la poesía del siglo XX. El rescate de su teatro surrealista o la aparición de sus Sonetos del amor oscuro contribuirían a normalizar la homosexualidad de su autor y, a la vez, a consolidarlo como un genio que más que seguidores produce imitadores. Los Sonetos se publicaron en el diario Abc en 1984 y la segunda mitad de la década de los ochenta significó la asunción de Lorca como poeta total en su propio país. Ian Gibson recuerda todavía el “no” que recibió de Planeta en 1978 su proyecto de biografía, que ya contaba con el apoyo de la británica Faber & Faber. Años después, las investigaciones de Gibson darían lugar a una monumental biografía y a una serie de televisión dirigida por Juan Antonio Bardem y estrenada en 1987, cuando en España solo había dos cadenas y todo lo que emitía La 1 marcaba la conversación.
Cada generación ha tenido su propio Lorca. Por la vía de la literatura o por la de la música. Un año después de que Bardem estrenara su serie, Leonard Cohen publicaba el álbum I’m Your Man. En él se incluía la canción ‘Take This Waltz’, basada en el poema ‘Pequeño vals vienés’, de Poeta en Nueva York. “Cada vez que alguien pone al día sus versos consigue que llegue a más público”, subraya Laura García Lorca, que destaca la importancia de Cohen como divulgador de la obra lorquiana en el mundo anglosajón. Y en el español. En 1996, el cantaor Enrique Morente se unía a la banda de rock Lagartija Nick para homenajear al cantante canadiense y al escritor granadino. El resultado fue el disco Omega, un hito en la música popular española.
En el verano de 2008, hace ahora 10 años, Morente y Cohen actuaron en el Festival de Benicàssim. El público (35.000 personas) coreó aquella noche los versos de un poeta muerto como si acabaran de escribirlos detrás del escenario. Gibson aventura una explicación para tanta unanimidad: “La fuerza de sus imágenes, de sus metáforas, que sobreviven a la terrible prueba de la traducción. Y el gran tema de su obra: la tragedia de un ser humano que no puede vivir la vida que quiere. Eso es universal”.




BIBLIOGRAFÍA
POESÍA
Libro de poemas (1921)
Poema del cante jondo (1921)
Oda a Salvador Dalí (1926)
Romancero gitano (1928)
Poeta en Nueva York (1930)
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935)
Seis poemas galegos (1935)
Diván del Tamarit (1936)
Sonetos del amor oscuro (1936)
TEATRO
El maleficio de la mariposa (1921)
Mariana Pineda (1927)
La zapatera prodigiosa (1930)
Retablillo de Don Cristóbal (1930)
El público (1930)
Así que pasen cinco años (1931)
Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1933)
Bodas de sangre (1933)
Yerma (1934)
Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935)
La casa de Bernarda Alba (1936)
Comedia sin título (inacabada) (1936)


OBRAS COMPLETAS
  • 1954, Obras completas, recopilación, cronología, bibliografía y notas de Arturo del Hoyo, prólogo de Jorge Guillén, epílogo de Vicente Aleixandre, Madrid, Aguilar. (1.ª edición en 1954; última edición, en 3 volúmenes, en 1986).
  • 1980-1994, Obras, Madrid, Akal, edición de Miguel García Posada. Poesía 1 (1980); Poesía 2 (1982); Teatro 1 (1982); Teatro 2 (1992), Teatro 3 (1992), Prosa 1 y 2 (1994).
  • 1981-1990, Oeuvres Complètes, Paris, Gallimard, colección La Pleïade, vol. I, 1981; vol. II, 1990, edición de André Belamich.
  • 1981, Obras de Federico García Lorca, desde 1981 a la fecha, Madrid, Alianza.
  • 1990, Libro de los dibujos de Federico García Lorca, Madrid, Tabapress-Grupo Tabacalera-Fundación Federico García Lorca, edición de Mario Hernández.
  • 1991, Collected Poems. A bilingual Edition, Nueva York, Farrar Straus Giroux, edición de Christopher Maurer. Edición revisada en 2002.
  • 1996, Obras en volúmenes sueltos, Granada, Comares-Fundación Federico García Lorca, Colección Huerta de San Vicente, desde 1996.
  • 1996-1997, Obras completas, Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, edición de Miguel García Posada. I. Poesía, 1996; II. Teatro, 1996; III. Prosa, 1997; IV. Primeros escritos, 1997.
  • 1997, Epistolario completo, Madrid, Cátedra, edición de Andrew A. Anderson y Christopher Maurer.
  • 2004, Obras completas, Barcelona, RBA, edición de Miguel García Posada. Selección en tomos sueltos, Barcelona, Random House Mondadori, 2004, colección Debolsillo. Poesía completa I, II, III; Teatro completo I, II, III, IV. Reimpresión del tomo I en 2005.
ANTOLOGÍAS
  • 1978, Antología poética, edición, selección y notas de Mario Hernández, Madrid, Ediciones Alce.
  • 1981, Antología poética, selección, prólogo y notas de Allen Josephs, Barcelona, Plaza y Janés.
  • 1986, Antología poética, selección, presentación y notas de Andrew A. Anderson, Granada, Comisión Nacional del Cincuentenario. Con el título Antología poética del Cincuentenario, Sevilla, Editoriales andaluzas Unidas, 1986. Tercera edición, revisada y aumentada, Granada, Diputación, 1998.
  • 1988, Antología comentada (I, Poesía), (II, Teatro y prosa), edición de Eutimio Martín, Madrid, Ediciones de la Torre.
  • 1989, Treinta entrevistas a Federico García Lorca, edición de Andrés Soria Olmedo, Madrid, Aguilar.
  • 1989, Antología poética, selección y edición de Manuel Cifo, Madrid, Alhambra.
  • 1989, Antología poética, prólogo de Santos Alonso, Barcelona, Bruguera.
  • 1995, Selected Verse: A bilingual edition, edición de Christopher Maurer, Nueva York, Farrar Straus Giroux.
  • 1996, Cuatro piezas breves: El primitivo auto sentimental. Del amor. Sombras. Jehová, edición de Andrés Soria Olmedo, Granada, Comares, Fundación Federico García Lorca, 1996. Se edita por vez primera El primitivo auto sentimental, fechada a 4 de diciembre de 1918.
  • 1997, Antología esencial, edición de Manuel Ruiz Amezcua, Barcelona, Octaedro.
  • 1998, Obras selectas, prólogo de Antonio Muñoz Molina, Madrid, Espasa-Calpe, colección Austral Summa.
  • 2004, Federico García Lorca Sólo un caballo azul y una madrugada. Antología poética (1917-1935), selección y prólogo de Andrés Soria Olmedo, Barcelona, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores.
  • 2007, Poemas, selección y prólogo de Luis García Montero, Granada, Atrio.
EDICIONES SUELTAS
  • 1966, Poeta en Nueva York, Barcelona, Lumen. Fotografías de Oriol Maspons; incluye la primera edición de la conferencia «Un poeta en Nueva York», pronunciada por primera vez en Madrid el 16 de marzo de 1932; edición de bolsillo en 1976 y 1989).
  • 1975, Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, Así que pasen cinco años, El maleficio de la mariposa, edición de Ricardo Domenech, Madrid, Magisterio Español.
  • 1976, Así que pasen cinco años, Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, edición de Eugenio Fernández Granell, Madrid, Taurus.
  • 1977, La casa de Bernarda Alba, edición de Allen Josephs y Juan Caballero, Madrid, Cátedra.
  • 1978, La zapatera prodigiosa, edición de Joaquín Forradellas, Salamanca, Almar.
  • 1978, El público y Comedia sin título, edición de Rafael Martínez Nadal y Marie Laffranque, respectivamente, Barcelona, Seix Barral.
  • 1981, Primer romancero gitano 1924-1927 - Otros romances del teatro 1924-1935, edición de Mario Hernández.
  • 1981, Poeta en Nueva York. Tierra y luna, edición crítica de Eutimio Martín, Barcelona, Ariel.
  • 1981, Diván del Tamarit. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Sonetos, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza. Edición revisada en 1989.
  • 1981, Lola la comedianta, prólogo de Gerardo Diego, edición de Piero Menarini, Madrid, Alianza.
  • 1981, La casa de Bernarda Alba, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza Editorial. Edición revisada en 1998.
  • 1981, La casa de Bernarda Alba, edición de Allen Josephs y Juan Caballero, Madrid, Cátedra.
  • 1981, Yerma, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza. Reedición en 1998.
  • 1982, Federico García Lorca e il suo «Libro de poemas»: un poeta alla ricerca della propria voce (Introduzione-testo critico-commento), edición, texto crítico y comentario de Marco Massoli, Pisa, C. Cursi editore & F.
  • 1982, Libro de poemas, edición crítica de Ian Gibson, Barcelona, Ariel.
  • 1982, Poema del cante jondo, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza. Reimpresión en 1994.
  • 1982, Canciones 1912-1924, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza. Edición revisada en 1998.
  • 1982, Primeras canciones. Seis poemas galegos. Poemas sueltos. Canciones populares, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza.
  • 1982, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, edición facsímil del manuscrito autógrafo con textos de Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti, José María de Cossío y Rafael Gómez, Institución Cultural de Cantabria-Diputación Regional de Cantabria.
  • 1982, La zapatera prodigiosa, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza. Edición revisada en 1998.
  • 1983, Suites, edición crítica de André Belamich, Barcelona, Ariel.
  • 1983, La casa de Bernarda Alba, edición de Miguel García Posada, Madrid, Castalia Didáctica.
  • 1983, Sonetos del amor oscuro (1935-1936),  edición no autorizada y no venal, con pie de imprenta en Granada, 1983.
  • 1984, Libro de poemas, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza.
  • 1984, Bodas de sangre, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza.
  • 1984, Sonetos, primera edición autorizada, ABC (Madrid), 17 marzo 1984, edición de Miguel García Posada.
  • 1984, Conferencias, edición de Christopher Maurer, Madrid, Alianza, 2 vols.
  • 1986, Poema del Cante jondo, edición crítica de Christian De Paepe, Madrid, Espasa-Calpe, Clásicos Castellanos.
  • 1986, Canciones y Primeras canciones, edición crítica de Piero Menarini, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1986, La zapatera prodigiosa, facsímil de la primera versión autógrafa inédita, edición de Lina Rodríguez Cacho, Valencia, Pre-Textos.
  • 1986, Alocución al pueblo de Fuentevaqueros, [1931], edición de Manuel Fernández Montesinos y Andrés Soria Olmedo, preliminares de Andrés Soria Olmedo, Granada, Comisión del Cincuentenario. Reedición en 1996, Fuente Vaqueros, Diputación Provincial, Patronato Cultural Federico García Lorca de Fuente Vaqueros.
  • 1986, Federico García Lorca escribe a su familia desde Nueva York y La Habana, 1929-1930, edición de Christopher Maurer, Revista Poesía (Madrid), nº 23-24.
  • 1987, Poeta en Nueva York, edición de María Clementa Millán, Madrid, Cátedra.
  • 1987, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, ilustraciones de Francisco Bores, evocación de R. Alberti y memoria de Antonina Rodrigo, Barcelona, Círculo de Lectores.
  • 1987, Mariana Pineda, edición bilingüe, traducción y comentarios de Robert G. Havard,  Warminster, Aris y Phillips.
  • 1987, Teatro inconcluso. Fragmentos y proyectos inacabados, edición de Marie Laffranque, Granada, Universidad de Granada.
  • 1987, Poeta en Nueva York, edición de Mario Hernández, ilustraciones de Juan Carlos Eguillor, Madrid, Fundación Banco Exterior. 2.ª edición en 2007.
  • 1988, Primer romancero gitano. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, edición de Miguel García Posada, Madrid, Castalia.
  • 1988, Poet in New York. A bilingual edition, translated by Greg Simon and Steven F. White, edited by Christopher Maurer, Nueva York, The Noonday Press.
  • 1988, Diván del Tamarit. Seis poemas galegos. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, edición  crítica de Andrew A. Anderson, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1988, El público, edición de María Clementa Millán, Madrid, Cátedra.
  • 1989, Santa Lucía y San Lázaro, edición de Julio Huélamo, Málaga, Centro cultural de la Generación del 27.
  • 1989, Yerma, edición de Miguel García-Posada, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1989, La casa de Bernarda Alba, edición de Francisco Ynduráin, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1990, Poema del cante jondo, edición de Luis García Montero, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1990, Manuscritos neoyorkinos: Poeta en Nueva York y otras hojas y poemas, edición de Mario Hernández, Madrid, Tabapress.
  • 1990, Mariana Pineda, introducción de Andrés Soria Olmedo, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1990, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, edición crítica de Margarita Ucelay, Madrid, Cátedra.
  • 1990, La casa de Bernarda Alba, edición de Julio Huélamo, Madrid, Edelvives.
  • 1991, Primer romancero gitano, edición crítica de Christian De Paepe, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1991, Mariana Pineda, edición de Luis Martínez Cuitiño, Madrid, Cátedra.
  • 1992, Retablillo de don Cristóbal y doña Rosita: aleluya popular basada en el viejo y desvergonzado guiñol andaluz, versión inédita de Buenos Aires, 1934, edición de Mario Hernández, Granada, Patronato Cultural Federico García Lorca.
  • 1992, Doña Rosita la soltera, edición de Luis Martínez Cuitiño, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1993, Romancero gitano. Poeta en Nueva York. El público, edición de Derek Harris, Madrid, Taurus.
  • 1993, Romancero gitano, edición de Mario Hernández y dibujos del propio autor, Madrid, Alianza Editorial.
  • 1993, Poeta en Nueva York, edición de Piero Menarini, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1993, Bodas de sangre, edición de Fernando Lázaro Carreter, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1993, Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, edición de Luis Martínez Cuitiño, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 1994, Teatro inédito de juventud, edición de Andrés Soria Olmedo, Madrid, Cátedra.
  • 1994, Poesía inédita de juventud, edición de Christian De Paepe, Madrid, Cátedra.
  • 1994, Prosa inédita de juventud, edición de Christopher Maurer, Madrid, Cátedra.
  • 1994, Impresiones y paisajes, edición de Rafael Lozano Miralles.
  • 1994, Viaje a la Luna, edición de Antonio Monegal, Valencia, Pre-Textos, Generalitat Valenciana-Filmoteca.
  • 1995,  Así que pasen cinco años. Leyenda del Tiempo, edición de Margarita Ucelay, Madrid, Cátedra.
  • 1995, Sonetos del amor oscuro: Poemas de amor y erotismo; inéditos de madurez; edición de Javier Ruiz-Portella, ilustraciones de Josep M.ª Subirachs y epílogo de Jorge Guillén, Madrid, Áltera.
  • 1996, Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, edición de Margarita Ucelay, Madrid, Cátedra.
  • 1996, El público, Granada, Comares, 1996. Nueva edición depurada del manuscrito existente a cargo de Andrew A. Anderson, «quien nos encarga hagamos constar que él junto con otros estudiosos como Piero Menarini, considera que lo que se ha dado en llamar apócrifamente el "Solo del pastor bobo" debe de aparecer como prólogo o "loa" a manera de las obras de teatro del siglo XVI».
  • 1997, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, edición de Mario Hernández, con dos grabados de José Hernández y otros textos de Ignacio Sánchez Mejías, Federico García Lorca y José Bergamín, Madrid, Ayuntamiento de Madrid.
  • 1997, La casa de Bernarda Alba, edición de Joaquín Forradellas, Madrid, Espasa-Calpe. Reedición en 2006
  • 1998, Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita, edición de Annabella Cardinali y Christian De Paepe, Madrid, Cátedra.
  • 1998, Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. Los sueños de mi prima Aurelia, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza.
  • 1999, El maleficio de la mariposa, edición crítica de Piero Menarini, Madrid, Cátedra.
  • 1999, La casa de Bernarda Alba, edición de Mariano de Paco, Barcelona, Octaedro.
  • 2000, Poemas en prosa, edición de Andrew A. Anderson, Granada, La Veleta.
  • 2000, El público. El sueño de la vida, edición de Antonio Monegal, Madrid, Alianza.
  • 2002, Yerma, edición de Pedro Provencio, Madrid, Edaf.
  • 2003, Yerma, edición de Antonio A. Gómez Yebra, Madrid, Castalia Didáctica.
  • 2004, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, edición facsimilar del ejemplar de Joaquín Romero Murube; introducción (Honra y espejo de Sevilla) de Jacobo Cortines y Juan Lamillar, Sevilla, Fundación el Monte.
  • 2004, La zapatera prodigiosa, edición de Paloma Pedrero, Madrid, Cátedra.
  • 2005, La casa de Bernarda Alba, edición de M.ª Francisca Vilches de Frutos, Madrid, Cátedra.
  • 2006, Romancero gitano, edición de Christian De Paepe, introducción y guía de lectura de Esperanza Ortega, Madrid, Espasa-Calpe.
  • 2006, El público, edición de Javier Huerta Calvo, Madrid, Espasa-Calpe (pone el «Solo de pastor bobo» en función de prólogo).
  • 2007, Oda a Salvador Dalí, con la edición del manuscrito titulado «Oda al pintor Salvador Dalí», edición de Andrés Soria Olmedo, en el volumen ¡Ola, Pepín!, Dalí, Lorca y Buñuel en la Residencia de Estudiantes, Madrid, Fundació Caixa de Catalunya, Residencia de Estudiantes
ESTUDIOS
  • ALONSO VALERO, Encarna, No preguntarme nada. Variaciones sobre tema lorquiano, Granada, Atrio, 2005.
  • ÁLVAREZ DE MIRANDA, Ángel, La metáfora y el mito, Madrid, Taurus, 1963.
  • ANDERSON, Andrew A., Lorca's Late Poetry. A Critical Study, Leeds, Francis Cairns, 1990.
  • CEREZO GALÁN, Pedro, «El pensamiento filosófico. De la generación trágica a la generación clásica. Las generaciones del 98 y el 14», en JOVER ZAMORA, José María (dir.), Historia de España Menéndez Pidal, Madrid, Espasa-Calpe, 1993, tomo XXXIXpp. 133-315.
  • DENNIS, Nigel, Vida y milagros de un manuscrito de Lorca: en pos de Poeta en Nueva York, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, Conferencias y Discursos, 2000.
  • DOMÉNECH, Ricardo (ed.), La casa de Bernarda Alba y el teatro de García Lorca, Madrid, Cátedra/Teatro Español, 1985.
  • FERNÁNDEZ CIFUENTES, Luis, Federico García Lorca en el teatro: la norma y la diferencia, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1986.
  • —— (ed.), Estudios sobre la poesía de Lorca, Madrid, Istmo, 2005.
  • GARCÍA LORCA, Francisco, Federico y su mundo, edición de Mario Hernández, Madrid, Alianza.
  • ——, «Prólogo a una trilogía dramática», Boletín de la Fundación Federico García Lorca,  13-14 (1993), pp. 205-227. Edición original en 1947.
  • GARCÍA MONTERO, Luis, «El teatro, la casa y Bernarda Alba», en La palabra de Ícaro. Estudios literarios sobre García Lorca y Alberti, Granada, Universidad de Granada, Cátedra Federico García Lorca, 1996, pp. 63-83.
  • GIL, Ildefonso Manuel (ed.), Federico García Lorca, Madrid, Taurus, 1973, serie El escritor y la crítica.
  • GÓMEZ TORRES, Ana María, Experimentación y teoría en el teatro de Federico García Lorca, Málaga, Arguval, 1995.
  • GUILLÉN, Claudio, «Usos y abusos del 27 (Recuerdos de aquella generación)», Revista de Occidente, 191 (abril 1997), pp. 126-151.
  • HERNÁNDEZ, Mario, «Jardín deshecho: los "sonetos" de García Lorca», El Crotalón, I, pp. 193-228. Reproduce en facsímil el manuscrito Cossío; viene acompañado de Hernández, Mario, Un andaluz tan claro, tan rico de aventura: (en la edición del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías), 1984.
  • HUÉLAMO KOSMA, Julio, El teatro imposible de García Lorca. Estudio sobre «El Público», Granada, Universidad de Granada, Cátedra Federico García Lorca, 1996.
  • LAFFRANQUE, Marie, Les idées esthétiques de Federico García LorcaParis, Centre de Recherches Hispaniques, 1967.
  • MARTÍN, Eutimio, Federico García Lorca, heterodoxo y mártir, Madrid, Siglo XXI, 1986.
  • MENARINI, Piero, Introduzione a Lorca, Bari, Laterza, 1993.
  • RODRÍGUEZ, Juan Carlos, Lorca y el sentido, Madrid, Akal, 1994.
  • RUIZ RAMÓN, Francisco, Historia del teatro español. Siglo XX, Madrid, Cátedra, 1975.
  • SALINAS, Pedro (1950), «El romanticismo y el siglo XX», Ensayos completos, Madrid, Taurus, 1983, vol. III. Obras Completas II. Ensayos completos. Edición al cuidado de Enric Bou; edición, introducción y notas de Ensayos completos Enric Bou y Andrés Soria Olmedo, Madrid, Cátedra, 2007.
  • SMITH, Paul Julian, The Theatre of Lorca (Text, Performance, Psychoanalysis)Cambridge University Press, 1998.
  • SORIA OLMEDO, Andrés (ed.), Lecciones sobre García Lorca, Granada, Comisión Nacional del Cincuentenario, 1986.
  • ——, «Federico García Lorca y el arte», Revista Hispánica ModernaXLIV (1991), pp. 59-72.
  • ——, La mirada joven. Estudios sobre la literatura juvenil de Federico García Lorca, Granada, Universidad/Cátedra Federico García Lorca. 1997
  • ——, Fábula de fuentes. Tradición y vida literaria en Federico García Lorca, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2004.
  • SORIA OLMEDO, Andrés, SÁNCHEZ MONTES, María José y VARO ZAFRA, Juan (eds.), Federico García Lorca, clásico moderno 1898-1998, Granada, Diputación, 2000.
  • VALENTE, José Ángel, «Lorca y el caballero solo», Las palabras de la tribu, Madrid, Siglo XXI, 1971, pp. 117-126.
  • VALENTE, José Ángel, «Pez luna», Trece de nieve (Madrid), 1-2 (diciembre 1976). Monográfico dedicado a García Lorca.