domingo, 1 de enero de 2017

Ken Loach



Ken Loach

(1936)

(Kenneth Loach; Nuneaton, Warwickshire, 1936) Director de cine británico, autor de títulos como Agenda ocultaTierra y libertad o Mi nombre es Joe, en los que plasmó sus inquietudes político-sociales con un fuerte componente de denuncia. Realizador heredero del Free Cinema, su obra incidió particularmente en la situación de las clases más desfavorecidas del Reino Unido, sobre todo a partir del ascenso al poder de Margaret Thatcher.
Hijo de un ingeniero eléctrico, fue un estudiante brillante que decidió matricularse en derecho en la exigente Universidad de Oxford tras haber realizado dos años de servicio militar en la aviación del ejército británico. A los veinticinco años entró por primera vez en contacto con las artes escénicas a través del grupo de teatro de la universidad. Fascinado por el descubrimiento, decidió dejar temporalmente de lado su potencial carrera de abogado.

Ken Loach
Una vez finalizados sus estudios, debutó como asistente de dirección en el Northampton Repertory Theatre, tras unos titubeantes inicios en el mundo de la comedia. El cine ganó rápidamente su atención y, en 1963, tras obtener una beca concedida por la cadena de radio y televisión British Broadcasting Corporation (BBC), comenzó a estudiar realización.
Sus primeras producciones, ideadas para la televisión, eran dramas ficticios narrados en forma de documental. En ellos daba cuenta de las vicisitudes padecidas por individuos pertenecientes a la clase obrera de un país que siempre manifestó una acusada sensibilidad social. Carol White, la protagonista de los mismos, trabajaría con el director en Poor Cow (1967), su primera producción para el cine.
De la mano de su amigo Alan Thornett, a finales de la década de 1960 Loach se hizo asiduo de las reuniones organizadas por la Liga Obrera Socialista (aunque no era miembro de la asociación), uno de los movimientos activos de la izquierda británica en la época. Si bien fue una de las plataformas cuya ideología marcó más profundamente el devenir político del realizador, la creciente personalización del partido en la figura del ultraortodoxo Gerry Healey le llevó a desvincularse poco a poco de la misma. Loach reconocía el sectarismo de las diversas organizaciones que articulaban el trotskismo en el país, aunque siempre ha insistido en que eran “el único lugar en donde uno podía adquirir una educación política”.
Entre 1968 y 1990 la práctica totalidad de la producción de Loach fue para la televisión, con excepción de algunos largometrajes aislados (como Kes, éxito de crítica en Cannes en 1970). Pero el ascenso al poder de Margaret Thatcher y el creciente desgarro social favorecido por el ultraliberalismo de sus sucesivos gobiernos llevaron al realizador a cambiar de medio.
Un cine comprometido
En 1990 Loach estrenó Riff Raff, filme con el que de algún modo se reinventaba a pesar de mantener el discurso de sus casi veinte producciones precedentes. Cine y conciencia de clase, Riff Raff reivindicaba el estilo directo, de gran fuerza narrativa, que había hecho suyo el neorrealismo italiano a través de maestros como Luchino Visconti o Roberto Rossellini. Aunque Loach siempre criticó el llamado realismo socialista (ha recordado en multitud de ocasiones que Trotski postulaba que el partido debía mantenerse al margen de la imposición de cualquier tendencia artística), lo cierto es que su cine se presenta al público desnudo de todo artificio.
Habitualmente los equipos de rodaje de Loach mezclan actores profesionales y no profesionales, hermanados por una visión política común acerca del conflicto y los hechos explicados en el guión. Riff Raff, que narra las experiencias de un grupo de trabajadores de la construcción, respondía por completo a este esquema.
La fórmula se repitió en 1993 con Lloviendo piedras, para muchos su mejor filme. La conmovedora historia del irlandés en paro que se mete en líos con un prestamista ilegal para poder comprarle a su hija el vestido para la comunión golpeó la conciencia del público europeo, incluido el del Festival Internacional de Cine de Cannes, que concedió a la película el premio del Jurado. Contundente y no exento de humor, el cine de Loach se reivindicaba al mismo tiempo como una punzante herramienta de denuncia social y un acongojante modo de sufrir en la oscuridad de una sala de cine.
En 1995, tras Ladybird, Ladybird, Loach acometió la que probablemente sea su película más ambiciosa: Tierra y libertad. Filme coral ambientado en la Guerra Civil española, Tierra y libertad se centra en las vivencias de un joven combatiente inglés de las Brigadas Internacionales. Basada en parte en la obra de George Orwell Homenaje a Cataluña, pero también en el recopilatorio Barcelona Roja: Dietario de la revolución (julio 1936 - enero 1939), era probablemente la más conmovedora película jamás dedicada al conflicto, y también la más alejada de los tópicos habituales en la mayor parte de las numerosas producciones españolas en él centradas.

Tierra y libertad (1995)
El ascenso al poder del Partido Laborista de Tony Blair en 1997 no modificó la actitud de Loach, que criticó abiertamente el plan "Welfare to Work" (conjunto de proyectos de capacitación laboral para personas desocupadas). El hecho de que el Banco de Inglaterra sugiriese que la tasa de desocupación estaba “por debajo de su nivel natural” llevó a Loach a preguntarse si el clima de fluido diálogo entre esta institución y Gordon Brown (ministro de Hacienda del Gobierno Blair) no ocultaba las verdaderas intenciones de un primer ministro más popular entre los partidos conservadores europeos que entre los socialdemócratas.
Desde entonces, el cine de Loach ha ido reiterando su fórmula: historias sencillas de los perdedores del capitalismo, personajes marginales asfixiados por problemas de clase que tratan de sobrevivir en un entorno hostil. La canción de Carla (1996), Mi nombre es Joe (1998), La cuadrilla (2001) o Felices dieciséis (2002) son ejemplos de los derroteros por los que transcurrió la cinematografía de un autor que corría serio riesgo de convertirse en objeto de atención exclusiva de militantes izquierdistas.

El viento que agita la cebada (2006)
Las cosas, afortunadamente, cambiaron gracias al éxito obtenido por la brillante El viento que agita la cebada en su presentación en la 59ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. El filme, que analiza el origen de la guerra civil irlandesa y el nacimiento del IRA (Ejército Republicano Irlandés), obtuvo la Palma de Oro del certamen y devolvió a su autor al primer plano de la actualidad. Loach, que aseguró que el proyecto le llevó diez años, se mostró sinceramente sorprendido por el recibimiento que crítica y público dispensaron a su trabajo, al que seguiría el filme These Times.




En Cannes se concentra la industria. No imagino un premio más prestigioso que la Palma de Oro. No la cambiaría por un Oscar.


Desafiar a la ortodoxia es cada vez más difícil.


En Gran Bretaña decimos que no necesitamos al KGB porque tenemos a la BBC. Manipula tu punto de vista con tanta sutileza que no te das cuenta.


No valoramos a los inmigrantes como es debido.



Siempre que hay un ejército de ocupación, la gente quiere echarlo de su país, y las tropas invasoras reaccionan contra el pueblo con racismo y desprecio.


“El amor no lo puede todo. El problema es el entorno social y económico que envuelve la gente. No se trata de «all you need is love» (todo lo que necesitas es amor); Yo soy leninista, no «lennonista».”

Lo mejor de Ken Loach en VOD

Lo mejor de Ken Loach en VOD

18/03/2015
Acaba de estrenarse online la nueva (¿y última?) película de uno de los más importantes directores europeos de su generación.

Estamos hablando de Jimmy's Hall, la nueva propuesta del gran Ken Loach, que también es uno de los autores más prolíficos del cine actual (y antes responsable de algunas de las mejores series británicas), aunque a diferencia de otros (y no hablamos del genio Woody Allen y sí de algunos mucho más cercanos y que incomprensiblemente siguen recibiendo ayudas para hacer películas) el cine de Loach garantiza una calidad y personalidad indiscutible e intransferible
.
13 premios en varios festivales de Cannes (alguien tendría que rodar una comedia romántica con el affair entre Loach y Cannes), un BAFTA y el BAFTA de honor, 8 premios en el Festival de Berlín, dos César, el Europen Film Award de Honor, premio del público en San Sebastián, 9 en Venecia... estamos ante uno de los directores más premiados del cine europeo (solo le falta el Oscar), ante el director más social que el género puede reconocer.

Grandes películas como La canción de Carla, Tierra y libertad, Lloviendo piedras, Agenda oculta, Pan y rosas, La cuadrilla, Kes, Riff Raff... el bueno de Loach nos ha visitado casi cada año. Y quizá lo haya hecho ya por última vez. Le debemos mucho, como cinéfilos y como interesados en las cosas que no funcionan en el mundo.
Repasemos sus títulos disponibles en VOD.


JIMMY'S HALL (2014).
Es su último estreno en cines y gran novedad de la semana en VOD, y mucho se teme que podría ser la última película del veterano director.
Es su nueva colaboración con el guionista Paul Laverty, que adapta la obra de Donal O'Kelly, en la que desde una postura más entretenida y lúdica hablan de política y de activismo social a través de una historia real con ciertos ecos a nuestro presente.
En 1921 El pecado de Jimmy Gralton fue construir un salón de baile en un cruce de caminos rurales en una Irlanda al borde de la guerra civil. El Pearse-Connolly Hall era un lugar donde los jóvenes podían venir a aprender, a discutir, a soñar... pero sobre todo para bailar y divertirse. Mientras la popularidad de la sala crecía, su reputación socialista y de espíritu libre atrajo la atención de la iglesia y los políticos, que obligaron a Jimmy a cerrar la sala y huir. Pero...
Barry WardSimone KirbyAndrew Scott y Jim Norton protagonizan Jimmy's Hall. Hay que verla, sobretodo si es el adiós de la brillante carrera del director.

LA PARTE DE LOS ÁNGELES (2012).

Gran Premio del Jurado en Cannes, nominada a la enésima Palma de Oro de Loach, Bafta a Actor y Guionista (de nuevo, Paul Laverty) y premio a la Mejor Película Europea en San Sebastián, esta película llena de corazón, de sentimientos y... de buen whiskey. La mejor película del director de esta década.
Quizá una de las películas menos conocidas del director, aunque también -como manda la tradición- se vio en Cannes y es un estudio de las secuelas de la guerra en la piel de dos soldados británicos.
Una de sus cintas más divertidas. Repleta de imaginación, pero con un toque muy realista. En ella vemos a un tipo que se imagina a Eric Cantona, sí, al ex grandioso futbolista francés. Y Eric Cantona es protagonista de la película. Así de grande es la habilidad de Loach con la dirección de actores. Un experimento que quedó muy bien. De nuevo con el toque Laverty en el guión. Cómo no, se llevó un premio de Cannes, el del Jurado Ecuménico.

EN UN MUNDO LIBRE (2008).
Tres premios en Venecia, nominada a Mejor Actriz (Kierston Wareing) a los BAFTA y fue la Mejor Película en el Festival de Sevilla. Una historia ambientada en la realidad anglosajona actual, presidida por el "milagro" de la flexibilidad laboral, la globalización, los dobles turnos de trabajo, los salarios bajos y muchos consumidores felices y despreocupados: nosotros.

Una de las películas más celebradas en la carrera del director. Se llevó la Palma de Oro en Cannes y, algo poco habitual, en ella vemos a una estrella de protagonista: Cillian Murphy, que ya había aparecido en clásicos modernos como Batman Begins, Cold Mountain, 28 días despuésy La joven de la perla. En ella también vemos, como actor, a Laverty.


FELICES DIECIÉIS (SWEET SIXTEEN) (2002).

Esta vez, de Cannes se llevó Mejor Guión (para Laverty) y el Premio FIPRESCI del Cine Europeo.
Una de las mejores obras del último Loach. Melodrama familiar como punto de partida para retratar a la sociedad y sus miserias. Realismo puro pero no exento de cierto corte poético con un guion magnífico y unos actores que emanan naturalidad. El final es espectacular.

Su película española, quizá la mejor aproximación a la Guerra Civil, a las milicias internacionales, a la aberración que suponen tantas cosas. Una película a revisar y a mostrar a las nuevas generaciones, para que las cosas no se olviden.
Dos premios en Cannes, un César y solo una nominación al Goya, premio que se llevó Rosana Pastor.

Para muchos, su mejor film. Con Ray WinstoneVladimir Vega y Crissy Rock, que se llevó el Oso de Plata de Berlín por su gran papel.
Con ella conocemos a Maggie, que es madre de cuatro hijos, todos de distintos padres y que, debido al violento ambiente familiar, están a cargo de los servicios sociales británicos. Cuando Maggie conoce a Jorge, un refugiado hispanoamericano, vislumbra la posibilidad de rehacer por fin su hogar. Sin embargo, su pasado sigue atormentándola. Una vez involucrada en la burocracia de la asistencia social, le resultará muy difícil conseguir la custodia de sus hijos.

Quizá su película más “Hollywood”, y es que en su reparto brillaban Frances McDormandBrian Cox y Brad Dourifen una película que, cómo no, se llevó dos premios del Festival de Cannes y una nominación al Goya a la Mejor Película Europea.

Ken Loach: Su obra Online, Gratis y Legal.


El director británico a decidido a través de la productora de sus películas, poner toda su filmografía online a través de su canal de youtbe y poner así su obra a disposición de todo el mundo de manera libre y gratuita. A su vez a puesto a la venta para quien quiera comprar y coleccionar un par de cajas con todas las películas, pero sin que esto vaya en perjuicio de su distribución online, que hará a razón de una película cada semana hasta completar el mismo contenido que en su versión de física y de pago.
Me parece que una vez mas Ken Loach da una lección de cómo otra forma de ver las cosas es posible. Frente a la cerrazón de los políticos, tanto españoles como Ingleses, que no se quedan cortos tampoco a la hora de atropellar los derechos de los usuarios, ni de criminalizar a los consumidores. Frente a los medios tradicionales de distribución y venta de contenidos, Ken Loach sale con esta iniciativa a demostrar que una Internet libre y culturalmente atractiva no esta reñida con la búsqueda de nuevas formulas comerciales.
Y ahora un poco de desbarre personal explicando mi relación con el tipo en cuestión.  Mi primer encuentro con el cine de Ken Loach se produjo en 1990 contando 15 añitos. Ese año yo fui a estudiar a Irlanda en verano, pero también vi con mis padres en el cine, “Agenda Oculta”, que trataba precisamente sobre Irlanda del norte y los trapicheos y desmanes de los británicos bajo el amparo de las siempre tan convenientes leyes antiterroristas. Primera película de Ken Loach y primer encuentro con la política de Tacher y sus conspiraciones electorales amparándose en la violencia y bueno… todas esas cosas que nos son tan conocidas y que luego han sido aplicadas en mas sitios (un dos tres responda otra vez..). Una película dura, en la que la policía asesina a unos activistas pro derechos humanos americanos que investigaban las violaciones de derechos humanos por parte de las autoridades británicas y que destapaba un hilo de conspiraciones y de practicas que de chaval te van dejando un poco descolocado. Ahí quedó mi primer encuentro, en ver una visión no británica del conflicto norirlandés, en el mismo momento en el que yo visitaba aquel país tan verde y tan lluvioso como el mío y que tanto se aprecia en cuanto uno lo pisa por primera vez.
Años mas tarde, tras mis fallidos intentos de convertirme en una persona respetable y de ir a la universidad, por motivos x que un día explicare en el tema de las citas y desengaños,  acabé estudiando una formación profesional superior en “Comercio Exterior y Transportes” y dentro de nuestras clases de economía, nuestro joven pero entusiasta profesor instauró que un viernes al mes, la clase fuera directamente una película de Ken Loach. Que mejor ejemplo para explicar las políticas económicas liberales (en el sentido europeo, de derechas y no en el sentido americano de libres), que ver a modo de película las repercusiones sociales que tenían los gobiernos conservadores de Tacher, Reagan y demás gentuza de la época. Fue un buen profesor, demasiado keynesiano, pero me temo que es la puerta de entrada para que a uno le interese ese campo tan filosófico que es la economía. Es imposible ser objetivo, y trató de hacernos pensar por nosotros mismos lo cual nunca fue excesivamente bueno para el capitalismo salvaje que nos ha traído a este día de hoy tan nefasto. Pero eso ya es harina de otro costal.
Y ya he desbarrado suficiente… solo comentar mi aplauso por Ken Loach y su  iniciativa y que a pesar de la parrafada hace tiempo que no veo una película suya y tengo la “Looking for Eric” en casa lista para ver hace tiempo, y ni siquiera he visto “El viento que agita la cebada” con la que ganó en Cannes. Dicho sea de paso que in extremis ha decidido aceptar el concursar también en la presente edición del festival con “Route Irish” una película sobre la intervención Inglesa en Irak que cuenta en su reparto con la cantante y actriz Vasco-Jordana Najwa Nimri… Un aplauso para Ken Loach por mi parte, y un mea culpa para mi mismo, que me tiro la parrafada y no veo sus películas desde hace mucho tiempo…
Os dejo la fimografía completa de Ken Loach
  • Poor Cow (1967)
  • Kes (1969) (as Kenneth Loach)
  • The Save the Children Fund Film (1971)
  • Family Life (1971)
  • Black Jack (1979)
  • The Gamekeeper (1980)
  • Looks and Smiles (1981) (as Kenneth Loach)
  • Which Side Are You On? (1984)
  • Fatherland (1986)
  • Hidden Agenda (1990). Cannes Special Jury Prize.
  • Riff-Raff (1990).
  • Raining Stones (1993). Cannes Special Jury Prize.
  • Ladybird, Ladybird (1994)
  • Land and Freedom (1995). FIPRESCI International Critics Prize and the Prize of the Ecumenical Jury at the Cannes Film Festival
  • A Contemporary Case for Common Ownership (1995)
  • Carla’s Song (1996)
  • The Flickering Flame (1997)
  • My Name Is Joe (1998)
  • Bread and Roses (2000)
  • The Navigators (2001)
  • Sweet Sixteen (2002)
  • 11’09″01 September 11 (segment “United Kingdom”) (2002)
  • Ae Fond Kiss… (2004)
  • Tickets (2005), along with Ermanno Olmi and Abbas Kiarostami
  • The Wind That Shakes the Barley (2006) Palme d’Or, Cannes
  • It’s a Free World… (2007) Screenplay Osella at 64th Venice Film Festival
  • Looking for Eric (2009)
  • Route Irish (TBA)

Ken Loach
"MIS PERSONAJES HACEN LO QUE PUEDEN"
Ken Loach sigue fiel a sus principios, que avalan su coherencia como realizador. En esta entrevista repasa detalles relacionados con "My name is Joe", su film premiado en Cannes.

Después de haber batallado en su cine contra el conservadorismo, ahora también critica el modelo de Tony Blair.
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Ken Loach ratificó en Cannes por qué sigue siendo uno de los referentes obligados del cine inglés actual.
Por Luciano Monteagudo

t.gif (67 bytes)  "La idea de My Name is Joe nació en Nicaragua, durante los últimos días del rodaje de La canción de Carla, cuando el guionista Paul Laverty y yo pensamos que sería bueno hacer toda una película en Glasgow, filmar en un clima al que estuviéramos más acostumbrados. Y donde no hubiera tantos mosquitos". Sentado en uno de los jardines del Hotel Resideal, en medio del bullicio y la agitación de Cannes, el director británico Ken Loach parece sin embargo, ajeno a la feria de vanidades que tiene lugar a su alrededor. De trato sencillo, tan modesto y transparente como su propio cine, Loach (61 años) es todo un veterano del festival, de donde Agenda secreta y Como caídos del cielo salieron premiadas, y sabe que "Cannes representa cosas muy distintas, todas a la vez, pero para mí es la oportunidad de presentar la película en sociedad, de mostrársela al mismo tiempo a gente de los más diversos países y también, por qué no, de tomar un buen trago a la tarde y eventualmente tener una conversación inteligente".
My Name is Joe fue una de las películas más aplaudidas de la muestra que culminó la semana pasada y le valió a su protagonista, el actor escocés Peter Mullan, el premio al mejor actor, por su magnífica composición de un desocupado de la flamante era Blair, un ex alcohólico que trata de rehacer su vida junto a una asistente social, pero al que las circunstancias sociales lo ponen ante opciones cada vez más difíciles, en una encrucijada donde no existe la posibilidad de un esquemático final feliz, aunque no falten momentos de humor, un poco a la manera de la recordada Riff-Raff. Para Loach, se trata de un regreso a las fuentes y de eso y de política y de televisión habló con Página/12 en una soleada tarde de Cannes.
--Con "Tierra y libertad" y "La canción de Carla" su cine parecía apartarse de la realidad británica. ¿De qué manera "My Name is Joe" se conecta con su obra previa?

--Sí, Tierra y libertad y La canción de Carla son para mí films muy personales, pero tenían cierta dimensión épica que My Name is Joe no tiene, porque es una película más intimista, que busca sobre todo las relaciones entre los personajes, aquello que los atrae y que los separa. Pero estas relaciones, a su vez, también hablan del mundo en que viven. Y aquí, a diferencia de mis dos películas anteriores, volví a jugar de local, por lo que todo fue también más simple. Como Ladybird, Ladybird o Riff-Raff, My Name is Joe es una película a pequeña escala, más sencilla en términos de logística, pero no por ello menos intensa. Lo que me importaba en My Name is Joe era que lo que le sucediera a los personajes fuera indicativo de lo que estamos viviendo en estos días en mi país. Pero siempre teniendo en cuenta que no se puede utilizar un personaje para decir lo que el director tiene para decir.
--De otro modo faltaría esa autenticidad que es esencial en su cine...
--Lo que diga Joe, lo que diga su compañera Sarah siempre debe responder a lo que ellos sienten como personajes. Lo importante siempre es la lógica de las situaciones. Se trata de establecer los personajes y echarlos a andar y averiguar quiénes son y por qué actúan como actúan. Hay que ser consecuente con los personajes y seguir la lógica de su forma de pensar. Hay que respaldarlos en sus sentimientos. El tema de la solidaridad, por ejemplo, que aparece en la película... No se puede ser simplista en esto. Mis personajes hacen lo que pueden los unos por los otros, lo mejor que pueden, considerando el medio en el que viven, porque las circunstancias objetivas son muy destructivas para ellos. No es cuestión de forzar un final feliz ni nada que se le parezca. Se trata simplemente de decir: aquí está esta gente, así son y así viven. Lo que me interesa como cineasta son las vidas y las emociones de la gente común que, enfrentada a una situación difícil, es capaz de mostrar un talento insospechado, una energía espiritual y una fuerza sobrehumanas.

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Peter Mullan obtuvo en Cannes el premio al mejor actor

En "My name is Joe" encarna a un alcohólico recuperado.
Definición: "Si hay un cine que tiene una influencia profunda en el gran público ese es el peor cine posible, el cine de los grandes estudios de Hollywood."
--¿Cómo eligió a Peter Mullan, que está tan natural en su papel?
--Ya habíamos trabajado juntos en Riff-Raff y siempre pensé en él para Joe, por su franqueza y por su sentido del humor, que es algo que siempre aprecio mucho. Es un actor con mucha verdad, muy auténtico. Igualmente hicimos largas sesiones de casting y entrevistamos un montón de gente, pero todo este proceso no hizo sino confirmar nuestra certeza de que habíamos dado con el actor indicado.
--¿De qué manera trabaja con los actores?

--No me gusta ensayar mucho, porque se pierde espontaneidad en la toma. Prefiero conversar con ellos, compartir las experiencias que yo he tenido con gente parecida a sus personajes, pero de carne y hueso. Hablamos mucho del pasado de los personajes: quiénes son, de dónde vienen, cosas muy concretas, que después no aparecen en la película pero que quedan fijadas de manera muy fuerte en los actores en el momento de hacer ciertas escenas. Nunca creí en la necesidad de decirle al público todo, pero hay cosas que tienen que estar muy claras para los actores, para que puedan transmitir toda la verdad y la complejidad de sus personajes. Por eso, cuando uno ve la escena terminada puede parecer espontánea, pero la clave está en la preparación, en el trabajo previo, que no es necesariamente un ensayo, en términos convencionales.
--Su cine siempre ha tenido un fuerte contenido social. ¿Piensa que una película suya puede influir en la realidad?

--Probablemente una película mía pueda causar una gran impresión en un grupo muy pequeño de gente y una impresión superficial en un público más amplio. Si hay un cine que realmente tiene una influencia profunda en el gran público ese es el peor cine posible, el más peligroso, el cine de los grandes estudios de Hollywood, ese cine que dice que todo en el mundo lo puede resolver una persona por sí sola, si tiene un arma en la mano.
--Usted empezó haciendo películas producidas y destinadas a la televisión, como "Cathy Come Home", que fue su primer éxito. ¿Cuánto ha cambiado la relación entre el cine y la televisión desde aquellos comienzos?
--Muchísimo. Se han producido cambios enormes, sobre todo en lo que tiene que ver con la multiplicidad de ofertas que ofrece ahora la televisión. Cuando yo empecé haciendo cine para la televisión, a fines de los años 60, en Gran Bretaña había solamente tres canales y cuando uno hacía una película que valía la pena, todo el país la veía por TV, era un acontecimiento nacional. Ahora la televisión sigue aportando capitales para la producción de cine, pero prácticamente se fagocita a las películas, porque con la infinidad de canales de aire y de cable y satelitales que hay hoy la dispersión es enorme y todo da lo mismo. Nada adquiere valor. Además, cada vez más la televisión exige el formato de "serie", en capítulos, que también contribuye a la fragmentación del material. Ahora todo está mucho más mecanizado, todo son fórmulas. No era así cuando yo me inicié.


UNA RETROSPECTIVA FIEL Y NECESARIA
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t.gif (67 bytes) Desde su reaparición internacional en 1990 con Agenda secreta, el director inglés Ken Loach (Warwickshire, 1936) ha dado la visión más lúcida y rigurosa sobre las consecuencias de la política impuesta en su país por el poder conservador. En Riff-RaffComo caídos del cielo y sobre todo en LadybirdLadybird -–hasta ahora inédita en Argentina—- Loach ha hecho un cine realista, duro, combativo y en algún caso incluso no exento de cierto humor. Con Tierra y libertad, Loach también demostró que era capaz de abordar el complejo período de la Guerra Civil Española sin nostalgia ni condescendencia, desnudando las contradicciones de la izquierda que llevaron a la revolución republicana a la fractura y la derrota. Con La canción de Carla, Loach se internó en una herida aún abierta, Nicaragua, y lo hizo con la nobleza de espíritu y la honestidad intelectual que siempre caracterizaron su cine. Durante junio y julio, cuando todavía está fresca la participación de Loach en el Festival de Cannes con su film más reciente, My Name Is Joe, el British Arts Centre (BAC) presenta una retrospectiva de su obra más significativa. Esta muestra -–posible gracias a la colaboración de The British Council-- no incluye solamente sus títulos más famosos sino también dos de las mejores películas de sus comienzos –-CathyCome Home, Family Life, virtualmente desconocidas en Argentina—- y el pre-estreno local de la arrolladora LadybirdLadybird, ganadora del Oso de Plata del Festival de Berlín 1994.
La agenda completa del ciclo es la siguiente: martes 2 de junio, a las 17 y 21 horas, Family Life (1972), con Sandy Ratcliff y Bill Dean. Versión original en inglés, sin subtítulos. Martes 2 de junio, a las 19 horas, Cathy Come Home (1966), con Carol White, Ray Brooks. Una película de corte documental sobre la vida de los vagabundos, producida originalmente para la TV. Film inédito en Argentina. Versión original en inglés, sin subtítulos. Martes 9 de junio, a las 17, 19 y 21 horas, Agenda secreta (1990), con Frances Mc Dormand, Brian Cox, Brad Dourif. Subtítulos en castellano. Martes 16 de junio, a las 17, 19 y 21 horas.

Riff-Raff (1991), con Robert Carlyle. Subtítulos en castellano. Martes 23 de junio, a las 17, 19 y 21 horas, Como caídos del cielo (1993), con Bruce Jones y Julie Brown. Subtítulos en castellano. Martes 30 de junio, a las 17, 19 y 21 horas. Ladybird, Ladybird (1993), con Crissy Rock y Vladimir Vega. Film inédito en Argentina. Versión original en inglés, sin subtítulos. Martes 7 de julio, a las 17, 19 y 21 horas, Tierra y libertad (1995), con Ian Hart, Rosana Pastor, Iciar Bollain. Subtítulos en castellano. Martes 14 de julio, a las 17 y 20 horas, La canción de Carla (1996), con Robert Carlyle y Oyanka Cabezas. Subtítulos en castellano.


A LA IZQUIERDA DE BLAIR



--My Name is Joe es la primera película que hace en su país desde que asumió el gobierno de Tony Blair. ¿Cómo ve la situación política?
--El gobierno conservador estaba acabado y esto lo sabían también los grandes grupos empresarios y de la prensa, que le dieron todo su apoyo a Tony Blair y al laborismo. Todos sabíamos esto antes de las elecciones, pero también es verdad que no se podía ver mucho más allá, que lo primero en el horizonte era derrotar, después de tanto tiempo, al conservadurismo y recién después preguntarse qué podía hacer Tony Blair en el gobierno. Ahora, con el laborismo como partido gobernante, la pregunta es quién habla por la izquierda, por los desocupados, por los trabajadores que siguen siendo explotados como antes. Pienso que tenemos que repensar a la izquierda, volver a formular una cierta idea de la izquierda, porque la verdad es que la gente no se queda cruzada de brazos. Hay todo tipo de movimientos espontáneos en Europa, luchas por reivindicaciones muy concretas, laborales, sociales, pero no están encauzadas. Y el riesgo --y creo que de esto somos todos muy conscientes-- es que la extrema derecha populista se haga cargo de estas demandas, con sus argumentos racistas. Por eso creo que desde la izquierda tenemos que encontrar respuestas, de manera urgente. Tenemos que volver a construir a la izquierda.
--¿El cine puede ayudar a esa construcción?
--Son cosas distintas. El cine no puede hacer gran cosa por esto. ¿Qué me impulsa a filmar, entonces...? Lo que me lleva a querer hacer una película son esos pequeños momentos que descubro entre la gente, pequeños intercambios, algunas experiencias, fragmentos de la realidad a los que yo trato de dar cierta unidad, a través de una narrativa y de un conflicto dramático... Eso es lo que me lleva a filmar.


Justo Navarro
Ken Loach

JUSTO NAVARRO
6 JUL 2003


Tengo un problema veraniego: duermo poco. Y no es por el calor, o no es directamente por el calor: es el ruido. Duermo sobre una plaza silenciosa, vacía, popular (magnolios, una fuente, cajas de ahorros, una ermita, dos despachos de apuestas y loterías del Estado, es decir, los pilares del mundo: dinero, fe y providencia), pero a las cinco de la mañana cierran las discotecas y en la plaza estallan interminables peleas plurilingües (estas peleas son uno de los encantos del veraneo). Tres noches llevan viniendo dos enamorados ingleses. El enamorado ha aprendido una palabra española, "Bruja", que en sus labios suena casi igual que "Graja", rugido escalofriante. Parece una película de Ken Loach.
Ayer lo vi, a Ken Loach, que rodaba en la Plaza Cavana, en Nerja. Los rodajes cinematográficos suelen ser espectaculares, parte del aura publicitaria de la película, pero el director de Tierra y libertad y Sweet Sixteen había decidido fundirse en Nerja con lo real: casi no se veía la gran cámara, y el equipo, una docena de personas más un operario con un micrófono de jirafa de tres metros, se mimetizaba con los clientes de un café. Los actores, una chica rubia y un chico moreno, eran dos clientes más en la terraza de la cafetería Cavana, todos tan invisibles o normales como el propio Loach, vestido de un solo color, del color de su pelo, con gafas, sin levantar la voz, con unos auriculares para oír lo que los actores dicen. El camarero va y viene cuando lo llaman los clientes, es decir, los dos actores. La cámara sigue rodando. En la claqueta leo el título de la película: Ae Fond Kiss, palabras en inglés-escocés que yo traduciría por Un beso de cariño.
Me entero de que se trata de una película de amor: una versión moderna de Romeo y Julieta. El título pertenece a un poema del escocés Robert Burns, que murió hace más de doscientos años. Burns tuvo enormes líos con las mujeres y fue demasiado a la taberna, "la única institución igualitaria de su tiempo, mucho más que la Iglesia", según un historiador, y, a pesar de que se rió de la Iglesia (la Iglesia de Burns era protestante, pero era la Iglesia), la gente bien lo quiso convertir en el modelo de hombre de pueblo, ignorante, ocurrente, simple y de corazón ancho: lo mismo que aquí han hecho siempre las clases superiores para engatusar, adulando, a los que juzgan inferiores. Hoy podría ser un personaje de Ken Loach, canturreando sentimentalmente: "Un beso de cariño y luego nos separaremos para toda la vida".
Veo rodar una escena de verano, insulsa: una conversación de chico y chica, un camarero que va y viene, dos brindis, un beso en los labios, de cariño, suave, de hermanos. Aunque no se note, están rodando la historia de Romeo y Julieta en nuestros días: no hay rivalidades de familia, sino choque racial. Julieta es católica y rubia, Romeo es moreno y musulmán. En esta escena banal, de refrescos en la terraza de un café, está contenida una tragedia de Shakespeare, según Loach, que hace cine sobre la vida en las ciudades: cómo se encuentra, se roza, se separa la gente o acaba chocando o chillando en la calle a las cinco de la mañana.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de julio de 2003




Filmografía

2016 I, Daniel Blake
2014 Jimmy's Hall
2013 The Spirit of '45
2012 The Angels' Share
2010 Route Irish 
2009 Looking for Eric
2007 It's a free world
2006 The Wind That Shakes the Barley
2005 Tickets 
2004 æ Fond Kiss 
2002 September 11 
2002 Sweet Sixteen 
2002 11'09"01 - September 11 
2001 The Navigators 
2000 Bread and Roses 
1998 My Name Is Joe 
1996 Carla's Song 
1995 Land and Freedom 
1994 Ladybird, Ladybird 
1993 Raining Stones 
1991 Riff-Raff 
1990 Hidden Agenda 
1986 Singing the Blues in Red 
1986 Fatherland 
1981 Looks and Smiles 
1980 The Gamekeeper 
1970 Kes Adaptation 
1968 Poor Cow 
1964 Diary of a Young Man 






miércoles, 7 de diciembre de 2016

Leopoldo María Panero / El último poeta transgresor

Leopoldo María Panero

DE OTROS MUNDOS





Leopoldo María Panero

(1948 - 2014)

Leopoldo María Penero
EL ÚLTIMO POETA TRANSGRESOR


Por JAVIER MEMBA


Parece ser que fue Pere Gimferrer, en aquel tiempo delfín de la nueva poesía española, quien recomendó encarecidamente a Manuel Casarena la publicación de "Por el camino de Swan". Pero Leopoldo María Panero, el joven autor que se descubriera en aquellos versos dados a la estampa en Málaga en 1968, poco o nada tenía que ver con su padrino. Incluidos ambos con posterioridad en la hoy legendaria antología de José María Castellet"Nueve novísimos poetas españoles" (Barral, 1970), lo que para Gimferrer era sorpresa, fascinación ante la belleza, para Panero era desesperación ante la irremediable pérdida de la infancia.



En los más de 30 años transcurridos desde entonces, mientras el resto de sus compañeros de generación han pasado ha engrosar el parnaso de la excelencia de nuestras letras, Panero se ha convertido en el único poeta maldito que ha conocido nuestra literatura en ese tiempo. Mientras los otros ganaban premios, ocupaban cargos y debatían en las tertulias de los distintos medios de comunicación, Panero languidecía en cárceles, manicomios y sórdidas pensiones. "Mal puedo vender la ruina de mi conciencia o mi desastre al mejor postor. Me conformo con escribirla porque sólo eso no muere, sólo eso nos salva de la muerte", apuntaba en la contraportada de "Antología" (Ediciones Libertarias, 1985).

Una saga de poetas 

Hijo de Leopoldo Panero (1909-1962), sobrino de Juan Panero (1908-1937) y hermano de Juan Luis Panero (1942), todos ellos poetas de sugerente voz, Leopoldo María Panero nació en Madrid en 1948. Al igual que tantos descendientes de los prohombres del régimen franquista –su padre, pese a haber estado a punto de ser fusilado a comienzos de la guerra por los nacionales como consecuencia de su amistad con destacados poetas comunistas, terminó por alistarse en las tropas de Franco para acabar, ya en los años 50, siendo director del Instituto de Cultura Hispánica–, el joven Panero se siente fascinado por la izquierda radical. Vive pues con la pasión que corresponde la aventura de la clandestinidad. Su militancia antifranquista constituirá el primero de sus grandes desastres y le valdrá su primera estancia en prisión.

Drogas y manicomio 

De aquellos años jóvenes datan también sus primeras experiencias con las drogas. Desde el alcohol hasta la heroína, a la que dedicaría una impresionante colección de poemas en 1992, ninguna le es ajena. Según comenta él mismo en la película "El desencanto", dirigida por Jaime Chávarri en 1976, fue uno de los primeros consumidores de ácido lisérgico que hubo en Madrid. No obstante, se engañan quienes piensan que sus viajes a los paraísos artificiales los que le llevaron al manicomio por primera vez. Es el resquebrajamiento de un paraíso tan verdadero como la infancia y, sobre todo –como con tanto acierto apunta Rosa María Pereda en "Joven Poesía Española" (Cátedra, 1979)– la exacerbación de la lectura, lo que –si es que verdaderamente la ha perdido– hace a Panero perder la razón. Las voces que oye nuestro poeta nada tienen que ver con esas otras que agobian a los desequilibrados entre los que vive desde hace más de 15 años. En los oídos de Panero susurran Lewis Carroll, Edgar Allan Poe, James M. Barrie, H. P. Lovecraft...

«Forzar la vida» 

Es por ello que sus constantes reclusiones no le impiden desarrollar una copiosa bibliografía no sólo como poeta, sino también como traductor, ensayista e incluso narrador. Mientras va de la antigua prisión madrileña de Carabanchel al manicomio de Cienpozuelos y de éste al de Mondragón, convencido siempre de que "la vida hay que forzarla", lo que invariablemente acaba traduciéndose en un irremediable intento de autodestrucción, sus distintas entregas aparecen con regularidad. A partir de la segunda de ellas, "Así se fundó Carnaby Street" (Ocnos, 1970), donde se incluye su célebre poema "Deseo de ser piel roja", la melancolía de los mitos de su infancia corre pareja a un experimentalismo apasionado. Así aparecen "Teoría" (Lumen, 1973), "Narciso o el acorde último de las flautas" (Visor, 1979), "Last River Together" (Ayuso, 1980), "Dioscuros" (Ayuso, 1982), “El último hombre" (Ediciones Libertarias, 1984)... Su obra narrativa incluye "En lugar del hijo" (Tusquets, 1976) y "Dos relatos y una perversión" (Ediciones Libertarias, 1984). Entre sus versiones de distintos autores anglosajones destacan las de Lewis Carroll: "La matemática demente", "La caza del Snark", etcétera.

De una u otra manera, todas sus páginas, hasta sus traducciones, son autobiográficas. La autocontemplación, junto a esa ya aludida autodestrucción, es otra de las claves de su obra. Más de 30 años después de la publicación de sus primeros versos, Leopoldo María Panero no sólo es el único poeta maldito de nuestro panorama literario, sino también el transgresor por antonomasia de nuestras letras. No en vano, la biografía que su singular experiencia inspiró recientemente lleva por título "El contorno del abismo". 




Leopoldo María Panero, maldito sea

El autor de ‘Poemas del manicomio de Mondragón’ y ‘Así se fundó Carnaby Street’ muere a los 65 años tras una vida destilada en la escritura y la desmesura


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid 6 MAR 2014 - 19:04 COT



“No tenía a nadie”. Así resumía hace unas horas el editor Antonio Huerga la soledad en la que ha muerto Leopoldo María Panero a los 65 años. Lo decía para explicar la incertidumbre sobre los restos del poeta: “¿Incinerarlo? ¿Enterrarlo? ¿Quién decide? No tenía a nadie”. Tras la desaparición de su hermano Juan Luis en septiembre pasado, la muerte de Leopoldo es el último capítulo de una convulsa historia familiar llevada al cine por Jaime Chávarri y Ricardo Franco. Él decía que prefería la película del segundo “por los colores”. Lo decía como lo decía todo, con una salvaje ingenuidad llena de citas de poemas ajenos y propios, teorías conspirativas, críticas a España, a la OTAN, a sus editores o a sus compañeros en el psiquiátrico de Las Palmas, donde se había recluido voluntariamente hace más de una década. Los elogios quedaban reservados para sus colegas de generación: Gimferrer, Colinas o Ana María Moix, fallecida la semana pasada.
“Vivo dentro de la fantasía paranoica del fin del mundo y no solo no quiero salir de ella sino que pretendo que los demás entren en ella. Todas mis palabras son la misma que se inclina hacia muchos lados, la palabra FIN, la palabra que es el silencio, dicha de muchos modos”. Así abría Panero su poética para Nueve novísimos, la antología de Josep Maria Castellet que le señaló en 1970 como una de las grandes promesas de la literatura por venir. Era el más joven de la selección y dos años antes se había estrenado con Por el camino de Swan, publicado en Málaga en 1968.









POEMA INÉDITO

SCIAMMARELLA

En cuanto a la tristeza como modo de venerar la libertad no libre del delirio
Diré lo mismo de otra forma porque la repetición es un señuelo casi inteligente
Ciertamente la mano polvorienta de un enano
Enseña a los hombres un pez
Significando la poesía
Que se opone bastardamente a la verdad
Que rumia aforismos en pie sobre las tumbas
Sobre las que llora el ruiseñor
Como una bruja significando el silencio
Con un vaso de placenta enemiga de la verdad
La poesía como un hombre enemigo del hombre
Azuzando a sus perros
Para que persigan la eternidad que venden los relojeros.
Del poemario Rosa enferma, que publicará en otoño Huerga y Fierro.

Repasar su vida durante ese año inaugural permitiría hacerse una idea de quién era Leopoldo María Panero, un poeta crucificado entre su propia desmesura y los tópicos de loco oficial de la poesía española. 1968 fue el año de su primer libro, de su primer intento de suicidio, de su ingreso en el Instituto Frenopático de Barcelona y de su paso por la cárcel de Carabanchel después de que lo detuvieran en Madrid junto a Eduardo Haro Ibars por consumo de marihuana y le aplicaran la Ley de Vagos y Maleantes. También fue el año en que escribió Así se fundó Carnaby Street. Publicado en 1970, ese libro contiene ya hecha (y deshecha) la voz de un autor que escribía todo lo que se le ocurría y publicaba todo lo que escribía. Cuando en 2001 Visor reunió su poesía completa hasta ese momento -588 páginas, una veintena de títulos- Panero tenía ya tres libros más en marcha en tres editoriales distintas. Uno de ellos Prueba de vida, una “autobiografía de la muerte” cuyo maltrecho mecanoscrito original paseaba por Las Palmas dentro de una bolsa de tela entre cintas de Los Chichos y antologías de Emily Dickinson.
A su muerte, Leopoldo María Panero ha dejado, al menos, un poemario inédito titulado Rosa enferma. Huerga y Fierro, su editorial de los últimos años, lo publicará el próximo otoño. Entre tanto, el sello madrileño ha emprendido la publicación de su obra título a título. De esa serie forman parte poemarios como Teoría, Narciso en el acorde último de las flautas, Last River Together, El último hombre, Poemas del manicomio de Mondragón, Contra España y otros poemas no de amor o Locos. Irracionalismo, expresionismo, culturalismo y hermetismo atraviesan una obra irreductible a una fórmula salida del cerebro de un hombre irreductible, más fácil de tratar para los rockeros que para los catedráticos.
El desencanto, sus intervenciones en público y sus apariciones en la radio (La ventana) o la televisión (Crónicas marcianas) quedarán para la leyenda del penúltimo poeta oficialmente maldito. En la memoria de sus lectores -y son muchos- quedarán los versos de “Deseo de ser piel roja”, “El loco mirando desde la puerta del jardín” o “Ma mère”, dedicado “A mi desoladora madre, con esa extraña mezcla de compasión y náusea que puede solo experimentar quien conoce la causa, banal y sórdida, quizá, de tanto, tanto desastre”. Era en 1979. Ocho años más tarde subtituló como “reivindicación de una hermosura” otro poema, “A mi madre”, que termina: “y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra / y ahora que el poema expira / te digo como un niño, ven / he construido una diadema / (sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)”.


Un fotograma de la película documental 'El desencanto' de Jaime Chávarri.


Los Panero y la teoría de la destrucción

Luis Antonio de Villena mezcla memoria personal y ensayo literario en ‘Lúcidos bordes del abismo’


FERRAN BONO
Madrid 26 DIC 2014 - 18:00 COT
La teoría de la destrucción explica el devenir trágico de la familia Panero. No se trata de ninguna ciencia exacta, sino de una hipótesis vivencial y literaria formulada por Luis Antonio de Villena a partir del conocimiento directo que tuvo de los miembros de la saga que dio a luz un poeta clásico que fue emblema franquista, Leopoldo Panero, el padre; una mujer distinguida de familia bien que murió en soledad, Felicidad Blanch, la madre; dos poetas notables, el más ortodoxo Juan Luis y el maldito Leopoldo María, y un “gran perdedor” periodista,José Moisés, Michi, los hijos.
Luis Antonio de Villena desarrolla su teoría en su último libro Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero, que estrena una nueva línea editorial de la Fundación José Manuel Lara, una vez fallecidos todos los miembros de la familia Panero, que no tuvieron descendencia y con los que mantenía una estrecha relación de amistad. "En el libro se cuentan muchas cosas de las que fui testigo y que nunca se han contado por escrito. Pero por encima de anécdotas que se vuelven categoría, creo que lo más novedoso del libro no es el horror hacia la familia franquista o hacia el padre, sino su búsqueda de la total destrucción. Su horror a la vida", dice el también poeta y ensayista. "El mito de los Panero empieza primero contra su padre, luego los hijos se volvieron contra la madre, pero en realidad su mito fue contra la vida. El error es la vida", agrega.



Los miembros de la familia se despedazaron unos a otros, sacando sus trapos sucio -con el padre ya fallecido en 1962- en la película El desencanto, dirigida por Jaime Chávarri y estrenada en 1976, que tuvo una especie de continuación en 1994 con el también documental Después de tantos años, de Ricardo Franco. A partir de esta película, que catapultó a la fama a los Panero, arranca la narración de Luis Antonio de Villena, que combina el ensayo literario y la memoria personal para trazar un retrato de claroscuros con el fin de dar una idea más fiel tanto de la "estatua de mármol" de la vida de la familia como "los ángeles negros que sobrevuelan esa estatua".
De Leopoldo María, que vivió más de 30 años en un psiquiátrico, el autor recuerda que "era un maldito, como su admirado Artaud, pero con su enfermedad lo único que hacía era fumar y beber coca-colas. Lo de la bebida y las drogas fue mucho antes. Para él, la escritura era una terapia", una tabla de salvamento de sus ideas suicidas, y su estancias en los centros le "estabilizó, aunque no le ayudó a mejorar". "Escribía mucho y se repetía mucho" sin que luego depurase su obra, pero también componía poemas de gran altura. Y a pesar de su éxito literario, "la gente que iba a verlo, iba a ver el monstruo", como consecuencia de la degradación física que le provocaba su enfermedad, "que lo iba desfigurando".


En el libro se cuentan muchas cosas de las que fui testigo y que nunca se han contado por escrito
LUIS ANTONIO DE VILLENA

Juan Luis era el "más normal pero su pose de señorito le pasó factura porque resultaba antipático". Michi fue "un gran perdedor": perdió su empleo de columnista y tuvo que dejar su casa. Unas amigas le proporcionaron un pequeño apartamento en el que vivió hasta su muerte. "Era el más joven y fue el primero en morir", comenta el escritor, que recuerda la "gran facilidad que siempre tuvieron los Panero para que las mujeres les protegiesen".
En su opinión, los Panero siguen despertando el interés de la gente por "el hecho insólito en España de que hablasen tan claramente de ellos mismo, de contar las verdades". Luis Antonio de Villena sólo se ha decidido a contar sus verdades sobre la familia cuando murió el último de sus miembros, su amigo Leopoldo María Panero.