viernes, 6 de julio de 2018

Penelope Fitzgerald

Penelope Fitzgerald
Foto de JILLIAN EDELSTEIN
FICCIONES


Penelope Fitzgerald

(1916 - 2000)



Penelope Fitzgerald, de soltera Penelope Knox (Lincoln, 17 de diciembre de 1916 – Londres, 28 de abril de 2000), fue una novelista, poeta, ensayista y biógrafa inglesa, ganadora del Premio Booker 1979.


Penélope Fitzgerald, de ideas independientes, era hija del editor de la revista Punch, Edmund Knox, y sobrina del teólogo y escritor de novelas negras Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox.
En su familia, pues, había hombres de la iglesia y buena formación intelectual, lo que repercutió finalmente, tras una vida agitada, en su tardía dedicación a la escritura: publicó su primer libro en 1975.
Fue educada en Wycombe Abbey y en el Somerville College, de Oxford. Posteriormente, trabajó para la BBC durante la Segunda Guerra Mundial. En 1941, se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés que conoció en una fiesta en ese año de guerra (y que moriría en 1976). De la unión nacieron un varón y dos hijas.
Cuando pudo independizarse de la familia, en la década de 1960, Fitzgerald enseñó en la Italia Conti Academy, una escuela de arte dramático. Continuó su labor de enseñante hasta los setenta años. Además trabajó en una librería en Southwold, Suffolk, cuya experiencia novelará en el libro La librería (The Bookshop), de 1978, que será finalista del premio Booker. Durante un tiempo vivió en una casa fluvial en Battersea, sobre el Támesis, vivencia que inspiraría su novela A la deriva (Offshore), que ganaría el Premio Booker en 1979. Escribía o bien muy temprano o bien en la noche avanzada.


OBRAS INICIALES
Inició su carrera literaria a los 58 años, en 1975, con la publicación de la biografía de un pintor prerrafaelita, Edward Burne-Jones (1833-1898).
Al año siguiente murió su marido, y en 1977 publicó The Knox Brothers, biografía de su padre y de sus tíos, en la que ella misma en cambio no se menciona.
Ese mismo año publica su primera novela, The Golden Child; policíaca y cómica; se desarrolla en un museo y se inspira en la manía por la tumba de Tutankamon que destacó por entonces.
Luego, escribe otras novelas basadas en su experiencia directa: La librería (1978), finalista del Premio Booker (adaptada en 2017 al cine por Isabel Coixet) y A la deriva, sobre su vida fluvial, que gana ese codiciado galardón en 1979. En Human Voices (1980) cuenta su vida en la BBC en tiempos de la guerra, mientras que At Freddie's (1982) recuerda su enseñanza en la escuela de arte dramático.

Tras publicar en 1984, la biografía de la poeta Charlotte Mew (1869-1928), empezó a escribir novelas históricas. La primera fue Inocencia (1986), que se desarrolla en la Italia de 1950 y relata la relación amorosa entre la hija de un aristócrata empobrecido y un doctor comunista de una familia del sur. Antonio Gramsci (1891-1937), el teórico marxista, aparece como un personaje secundario.
Un extenso relato amoroso, El inicio de la primavera (1988), se sitúa en el Moscú de 1913, y aborda el mundo de antes de la revolución bolchevique a través de los problemas de un pequeño empresario británico que había nacido en Rusia. Fitzgerald había estado en Moscú en 1972, y conocía bien la litetatura de ese país.
The Gate of Angels (1990) gira en torno a un físico teórico de 1912 que trabaja en la Cambridge University y se enamora de una enfermera tras caerse de una bicicleta.
Finalmente, La flor azul (1995), la última novela de Fitzgerald, se centra en la figura del poeta y filósofo del siglo XVIII Novalis; la autora había aprendido alemán y consultó fuentes primeras. Otras personajes históricos como Goethe o el pensador Friedrich von Schlegel, intervienen en el relato. El libro, aclamado como obra maestra, ganó el National Book Critics Circle Award, 1997 y fue considerado Book of the Year para la prensa británica.

NOVELAS HISTÓRICAS
Tras publicar en 1984, la biografía de la poeta Charlotte Mew (1869-1928), empezó a escribir novelas históricas. La primera fue Inocencia (1986), que se desarrolla en la Italia de 1950 y relata la relación amorosa entre la hija de un aristócrata empobrecido y un doctor comunista de una familia del sur. Antonio Gramsci (1891-1937), el teórico marxista, aparece como un personaje secundario.
Un extenso relato amoroso, El inicio de la primavera (1988), se sitúa en el Moscú de 1913, y aborda el mundo de antes de la revolución bolchevique a través de los problemas de un pequeño empresario británico que había nacido en Rusia. Fitzgerald había estado en Moscú en 1972, y conocía bien la litetatura de ese país.
The Gate of Angels (1990) gira en torno a un físico teórico de 1912 que trabaja en la Cambridge University y se enamora de una enfermera tras caerse de una bicicleta.
Finalmente, La flor azul (1995), la última novela de Fitzgerald, se centra en la figura del poeta y filósofo del siglo XVIII Novalis; la autora había aprendido alemán y consultó fuentes primeras. Otras personajes históricos como Goethe o el pensador Friedrich von Schlegel, intervienen en el relato. El libro, aclamado como obra maestra, ganó el National Book Critics Circle Award, 1997 y fue considerado Book of the Year para la prensa británica.

La librería, de Penelope Fitzgerald (1978)

Green vive en un pequeño pueblo costero de Suffolk y un buen día tiene la descabellada idea de abrir una librería. Como enclave de tan disparatada idea, escoge Old House, una casa llena de humedades y en la que para colmo habita un fantasma. Pero ha tomado la firme determinación de acercar la literatura a este recóndito lugar. Tras una serie de trámites y con un poco de ayuda, pondrá en marcha su pequeño negocio.

Sin embargo, Florence va a encontrarse con una comunidad cerrada y claustrofóbica en la que las novedades no son bien recibidas. Y como toque de gracia, su elección de Old House levantará ampollas en la reina de la aristocracia local, Violet Gamart. Al parecer, a pesar de que la vivienda llevaba vacía desde hacía algunos años, Violet tenía en mente abrir un centro de arte justo en ese edificio, y los planes de Florence trastocan por completo los suyos.

Esta ha sido la segunda vez que me he enfrentado a La librería, y desde luego ha sido una lectura muy diferente. Quizá por mi falta de atención en la primera lectura en aquel momento terminé el libro completamente decepcionada. Sin embargo en esta ocasión he captado una gran cantidad de matices que no percibí en la primera lectura.

Mientras que en la primera ocasión Florence Green me pareció un personaje sin fuerza ni coraje, ahora he podido ver lo valiente que fue en su decisión de abrir una librería en un lugar que obviamente no estaba preparado intelectualmente para dicho menester. No por falta de cultura, sino de formación respecto a lo que una librería puede llegar a aportar a una comunidad. Una de las actividades que le demandarán rápidamente a Florence será la falta de una biblioteca en la localidad, y aunque vaya completamente contra los intereses de un negocio de estas características, ella les proporcionará una. A pesar incluso de que dicha biblioteca genere aún más conflictos entre sus vecinos.
penelope-fitzgerald
Penelope Fitzgerald
Nada en la librería de Florence es normal, empezando por su ayudante Christine de 10 años hasta las compras que realiza de cara a futuras ventas. Quizá el momento más controvertido de la librería será cuando Florence adquiera más de 200 ejemplares de Lolita de Nabokov y reciba quejas por motivos tan absurdos como que los visitantes y fisgones ocupan toda la calzada de la calle.

A pesar de que no nos encontramos con la típica novela de humor inglés, sí que está plagada de pinceladas humorísticas que buscan la complicidad con el lector. El estilo de Fitzgerald es sencillo, sin grandes artificios y sin una prosa espectacular, pero que aún así cumple su propósito: construir una historia reflejo de la época en la que transcurre; un relato sobre las pequeñas comunidades rurales y su cerrada estructura tras el fin de la II Guerra Mundial. La elección de una protagonista viuda y sin hijos tampoco es fortuita. De ese modo, Florence es por completo dueña de su vida y sus decisiones, algo que con una familia a su cargo sería impensable.

En La librería, Fitzgerald trata de poner sobre la mesa uno de los temas que abundarán en sus obras: la realidad de que con buenas intenciones no suele llegarse demasiado lejos. Estamos ante una autora defensora de la bondad de corazón y de las acciones llevadas a cabo con propósitos honrados. Sin embargo no aborda esta cuestión con ingenuidad. Como contrapunto introduce personajes mezquinos que pondrán aún más de relieve la calidad humana de sus antagónicos, héroes a pequeña escala con firmes valores morales que no renunciarán a sus ideales tan fácilmente.


Penelope Fitzgerald fue una escritora tardía. A pesar de haber nacido en 1916 no fue hasta 1975 cuando publicó su primer libro. Y su primera novela en 1977.  Su etapa como novelista está marcada claramente por dos tipos de libros: aquellos en los que aparecen vivencias de su propia vida y aquellas en las que decide hacer viajar al lector a otras épocas y otros lugares. La librería pertenece a las primeras, basándose para ella en su época como empleada en una librería. En los años 50 trabajó en Sole Bay Bookshop a media jornada, lo que fue una gran ayuda económica para ella en aquel momento. En aquella librería descubrió lo difícil que podía ser vender libros en la rural Suffolk, pero atesoró preciosos recuerdos como aquellas tardes de lluvia en las que los vecinos se refugiaban de la lluvia allí para charlar, a pesar de que en la mayoría de las ocasiones no se llevasen ninguna adquisición.
En los próximos meses podremos ver una adaptación de esta novela en la gran pantalla de la mano de Isabel Coixet. Creo que puede ser una buena adaptación dado el interés de Coixet por las historias cotidianas en las que los personajes son más importantes que la propia narración. Veremos.


Inocencia, de Penelope Fitzgerald (1986)

Inocencia de Penelope Fitzgerald fue publicada originalmente en 1986. Durante mucho tiempo, quizá por las fotografías en blanco y negro de la autora, o quizá por dar por supuesto que todos los autores consagrados murieron hace mucho, siempre creí que las obras de esta autora pertenecían más a los años 50 que a los 80. Tras investigar un poco sobre su vida y su obra, y después de haber leído 3 de sus novelas, veo que el momento en el que las escribió nunca fue vinculante para la época en las que las ambientó. Con Inocencia, Fitzgerald abre una nueva etapa en su vida como novelista en la que se desvincula de los recuerdos de su pasado para tratar de ficcionar algunos de los lugares que más le impactaron en sus viajes.

Con Inocencia viajamos a los años 50 de una Italia que aún está reponiéndose de los estragos de la II Guerra Mundial y de la huella del fascismo. Aunque nuestra imagen de esa década esté inundada por el hambre y la pobreza que asoló a España, en Italia las cosas fueron bastante diferentes. Italia fue una de las grandes favorecidas por el Plan Marshall y gracias a ello las arcas del estado se llenaron hasta rebosar. Un país principalmente agrícola vivió una revolución industrial que le convirtió en uno de los países a la cabeza del Mercado Común Europeo. Lo cual no solo cambió por completo la economía del país, sino también el ánimo de sus habitantes.

Chiara Ridolfi es la pequeña de una familia italiana adinerada venida a menos. Acaba de terminar sus estudios en un colegio inglés, y está a punto de alcanzar la mayoría de edad. La vida le sonríe. La guinda del pastel la pondrá el doctor Salvatore Rossi, un hombre serio y algo mayor que Chiara. Una noche se conocerán en un concierto de violín, y las flechas de Cupido darán en el centro de sus corazones. Con tan solo unos minutos de conversación, Chiara sabrá que es el hombre de su vida y que está destinada a ser su esposa.

Campiña italiana
Al inicio la novela resulta un tanto confusa y desconcertante. Fitzgerald quiere a toda costa la atención del lector, y se la ganará con continuos saltos en el tiempo. Primero conoceremos la noticia de que Chiara va a casarse antes aún de saber cómo o cuándo han llegado a conocerse o a enamorarse. Por ello, Inocencia es una de esas novelas en las que no puedes distraerte ni una sola línea o te verás recorriendo sus páginas adelante y atrás. Que esto no os desanime: este tipo de libros se disfrutan aún más si tienes que realizar un esfuerzo para leerlas.

La historia podría dividirse en dos partes, siendo la segunda mucho más lineal y fácil de seguir que la primera. Sé que me repito en cada una de las reseñas de esta autora, pero es que es una máxima que se cumple novela tras novela: los argumentos escogidos por Penelope Fitzgerald son tan solo una excusa. Poco importa que recuerdes lo que dijo el primo Cesare al inicio de la trama, o en qué momento sucede cada acontecimiento. Fitzgerald es puro deleite narrativo.

Su prosa es delicada, su elección de las palabras medida al milímetro. Nada está ahí por azar o como relleno. No sobra una sola coma, no falta un solo punto. Y cuando terminas, no sabes muy bien qué es lo que te ha querido contar. Pero lo mejor de todo es que no importa. Las novelas de Fitzgerald son como un buen vino: tan solo necesitas una copa y deleitarte con su aroma, su cuerpo, su bouquet, su dulzura, o su acidez. Sus personajes están construidos con precisión y con una intención muy clara a la hora de dirigir la trama. Inocencia es una historia de desamor, de decisiones atropelladas y lo difícil que es vivir luego con ellas. De cómo la falta de comunicación puede convertirse en un muro infranqueable de hormigón.

Penelope Fitzgerald
Y la ambientación es sencillamente impecable. Aunque jamás hayas pisado Italia, la imagen que transmite sobre la forma de vivir, de actuar, de pensar de sus gentes es tomada como una realidad certera. Y no es de extrañar. En las notas que existen sobre la documentación que llevó a cabo la escritora encontramos análisis sobre la construcción de las villas y su diseño, el trabajo de los médicos y las coberturas sanitarias del país, el tipo de flores salvajes que había en los campos o si un determinado tipo de coche sería apropiado para el país y para la fecha.

A pesar de que supuestamente en esta obra se desvincula de sus vivencias personales, sí que hay determinadas pinceladas en la historia que remiten a acontecimientos de su pasado. Debido a que se encuentran en un momento avanzado de la novela no quiero desvelarlos para no estropearos el libro, pero digamos que el acontecimiento más traumático de la vida de Chiara está inspirado en un momento real de Fitzgerald.

Cada vez tengo más y más la sensación de que Penelope Fitzgerald pasó toda su vida escribiendo sus obras. Quizá no sobre el papel, pero estoy convencida que cada experiencia vital era meditada y registrada para ser utilizada a posteriori en sus novelas. Cada viaje, cada persona conocida, cada discusión, cada sensación, cada olor de los que acontecieron en su vida creo que están volcados en sus libros. Libros que meditó y estudió durante años antes de decidirse a componer una historia autoconclusiva con ellos. Por eso leer a Fitzgerald es como adentrarse en lo más recóndito de su corazón.


Penelope Fitzgerald, una mujer con coraje

Manuel Hidalgo
28 de octubre de 2017

Isabel Coixet ha hecho una admirable versión de La librería (1978), de Penelope Fitzgerald, que vuelve a publicar Impedimenta. Es una película sobre el coraje, la determinación y la resistencia de una mujer frente al abuso del poder, sobre los lazos de afecto y generosidad que pueden sostener a las personas de bien, sobre las miserias de una comunidad pueblerina, chismosa y cobarde y, muy especialmente, sobre los libros. Sobre el amor a los libros y a la lectura (Lolita), fuente de dignidad, entereza y consistencia espiritual. Coixet, que dirigió en teatro una versión de otra novela de librería (84 Charing Cross) ha hecho una película muy bella y elegante, con efluvios del cine clásico y humanista.
Impedimenta ha editado, desde 2010, cinco de las nueve novelas que dio a la imprenta a partir de los 61 años la escritora inglesa. Publicará una sexta, A la deriva (1979, Premio Booker), muy inspirada -como La librería- en sus experiencias personales, en los dos años que vivió, a principios de los 60, en el Grace, un barco destartalado -y hundido dos veces- atracado en el Támesis, en tiempos de indigencia económica, antes de convertirse en una persona sin techo, ingresar en un centro de acogida para homeless y lograr una vivienda de protección oficial. De ese túnel negro salió al obtener un empleo como profesora.
En 1957, ya en mala racha, Fitzgerald se trasladó con su marido y sus tres hijos al pueblo costero de Southwold, en el condado de Suffolk, donde antes había vivido George Orwell y que W. G. Sebald describió en Los anillos de Saturno (1995). Allí, Fitzgerald fue dependienta de la librería Sole Bay y contrató como niñera a una chica llamada Jennifer Lash, futura escritora y madre de los actores Joseph y Ralph Fiennes.
Bella, culta y de excelente familia, nada hacía presagiar que Penelope Fitzgeraldllegaría a pasar tantas estrecheces. Nació en 1916 en el palacio episcopal de Lincoln, nieta por parte de madre de un obispo anglicano y miembro, por parte de padre, de una eminente familia de escritores e intelectuales, entre los que cabe citar al brillante teólogo y escritor de novelas policíacas Ronald Knox, amigo de G. K. Chesterton, biografiado nada menos que por Evelyn Waugh y muy apreciado en España en ciertos círculos de intelectuales católicos.
El padre de Penelope fue Edmund Knox, director durante 17 años de la célebre revista satírica ilustrada Punch, en la que la escritora llegó a colaborar. Fitzgerald también trabajó durante dos periodos distintos para la BBC. El primero, durante la guerra, inspiraría su novela Human Voices (1980).
Sobre su ilustre estirpe, Fitzgerald escribiría la segunda de sus biografías, The Knox Brothers (1977), libro que siguió a su recuento biográfico del pintor prerrafaelita Edward Burne-JonesFitzgerald dibujaba muy bien, era gran admiradora de William Morris (ahora, en la Fundación March) y, en el desenlace de La librería, cita muy significativamente al poliédrico escritor y crítico de arte John Ruskin, amigo y mentor de los prerrafaelitas. Todo cuadra: Hermione Lee, biógrafa de Fitzgerald, dice que la escritora, sin ser una beata, fue sensible a lo religioso.
Tal vez por ello, Penelope aguantó el duro y complicado tirón de su matrimonio con Desmond Fitzgerald, a quien conoció en sus años de estudiante en la Universidad de Oxford, donde también había estudiado su madre. En Oxford, Penelope tenía mucho éxito y le llamaban la bomba rubia. Desmond, apuesto y gran deportista, estudiaba Derecho.
Penelope se casó con Desmond en 1942, y su marido tuvo que marchar al frente africano como oficial de la Guardia Irlandesa. Volvió de la guerra muy tocado e iniciado en el alcoholismo. Desmond, también escritor, compartió con Penelope la creación y dirección de la revista World Rewiew, que fracasó en 1953 después de haber publicado inéditos de J. D. SalingerNorman Mailer y Alberto Moravia. Fue la ruina. El trabajo de Desmond como abogado, afectado por el alcohol y malogrado por algún delito económico, puso en muy difícil situación a Penelope y a sus tres hijos, un niño y dos niñas. La primera hija se llamó y se llama Christina (Tina), como la madre de Penelope y la encantadora, aguda y fuerte -tres características de la escritora, ojito- niña de La librería.
Cuando Desmond estaba muy mal por su cáncer -murió en 1976-, Penelope, para distraerle, empezó a escribir su primera novela, The Golden Child (1977), que pertenece a su ciclo de inspiración autobiográfica, al igual que La librería, A la deriva -el barco en el río-, la también citada Human Voices At Freddie's (1982), que alude a su etapa como profesora en una escuela de teatro.
Muy interesada por la Historia y muy viajera, Penelope Fitzgerald, tras la muerte de su marido, se lanzó en tromba y con gran reconocimiento (Julian Barnes, A.S. Byatt) a escribir novelas. A partir de 1986 (con Inocencia, que transcurre en la Italia de los años 50), sus relatos -los más asiduamente publicados por Impedimenta- tuvieron ambientación en el pasado histórico. Así, El comienzo de la primavera (1988, sobre el trabajo en Moscú en la Rusia prerrevolucionaria), La puerta de los ángeles (1990, los amores de un físico en el Cambridge de 1913) y, al fin, su, para algunos, obra maestra, La flor azul (1995, sobre Novalis y la Alemania del XVIII, con aparición estelar de Goethe).
Fitzgerald, que dominó el ruso y el español, admiró la cultura española(¡Gutiérrez-Solana!) y viajó a nuestro país varias veces, visitando, entre otras ciudades, Madrid, Peñíscola y Córdoba, donde su hijo se casó con una española en 1968. La escritora murió sola en su casa de Londres en el año 2000, en ausencia ocasional de la enfermera que la cuidaba.
Coixet, que homenajea por su cuenta a Ray Bradbury en La librería, ha elegido como protagonista a Emily Mortimer, hija de John Mortimer y de otra Penelope, no la escritora Penelope Mortimer, sino Penelope Gollop, segunda esposa del jocoso novelista.

EL MUNDO


BIBLIOGRAFÍA

BIOGRAFÍAS
  • Edward Burne-Jones (1975)
  • The Knox Brothers (1977)
  • Charlotte Mew and Her Friends: With a Selection of Her Poems (1984)

NOVELAS


CUENTOS
  • The Means of Escape (2000), póstuma.
ENSAYOS
  • A House of Air (2005), editado por Terence Dooley; introducción de Hermione Lee.

CARTAS
  • So I Have Thought of You. The Letters of Penelope Fitzgerald (2008), editado por Terence Dooley; prefacio de A. S. Byatt.