martes, 1 de septiembre de 2015

Oliver Sacks

Oliver Sacks


DE OTROS MUNDOS

DRAGON

PESSOA


Oliver Sacks

(1933 - 2015)
Aficionado a la química, neurólogo y escritor británico conocido por sus libros sobre los efectos de los trastornos neurológicos, basados en las experiencias reales de sus pacientes. Hijo de médicos y educado en los estrictos internados de su país, fue un brillante estudiante de ciencias que se graduó en medicina en la Universidad de Oxford.
El comendador de la Orden del Imperio Británico nació en Londres el 9 de julio de 1933 y falleció en Nueva York el 30 de agosto de 2015.


Oliver Sacks

En 1960 viajó a Estados Unidos para especializarse en neurología en las universidades de San Francisco y Los Ángeles. En 1965 aceptó un puesto como profesor en el Colegio de Medicina Albert Einstein y se estableció en Nueva York, donde ha desarrollado toda su carrera como profesor y doctor especialista en desórdenes del sistema nervioso. Su experiencia con casos de migrañas fue la base de su primer libro, Migraña (1970).
Mientras acababa ese libro, empezó a trabajar en el Hospital Beth Abraham de Nueva York, en el que entró en contacto con varios supervivientes de la epidemia mundial de encefalitis letárgica, una enfermedad del sueño que apareció a finales de la década de 1910 y principios de la de 1920. Los enfermos, sumidos en un sueño profundo comparable a la muerte, padecían diferentes grados de incapacidad para hablar, andar o alimentarse y algunos requerían atención médica permanente.
Oliver Sacks

En 1969, Sacks empezó a administrar a sus pacientes una nueva sustancia experimental llamada L-dopa con resultados extraordinarios en la recuperación de las facultades de los enfermos. Sin embargo, la droga milagrosa que había logrado "resucitar" a los afectados comenzó a fallar al cabo de un periodo de tiempo y las víctimas de encefalitis letárgica regresaron a su estado previo.
Sacks relató aquella experiencia en Despertares (1973), libro se convertiría en la base para la película Despertares (1990), nominada a varios premios Oscar. Dirigida por Penny Marshall, el actor Robin Williams encarnó a Oliver Sacks y Robert De Niro a Leonard Lowe, un enfermo que consigue recuperarse de su aletargamiento. El dramaturgo británico Harold Pinter también escribió en 1992 Un tipo de Alaska, obra inspirada en el texto de Sacks.

Oliver Sacks

En 1974, mientras practicaba senderismo en Noruega, sufrió una lesión severa en su pierna izquierda que le dejó sin sensibilidad. La lenta mejora en la recuperación de la sensibilidad de su pierna inspiró la memoria Con una sola pierna (1984). En 1985 publicó El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, una colección de sus casos clínicos que se convirtió en un best seller, haciéndole llegar a un público más extenso.
Desde entonces, y gracias a su extraordinaria habilidad para describir los fenómenos que alteran el sistema nervioso humano, ha logrado vender millones de libros sobre sus casos clínicos. Su catálogo de "neurorrelatos", traducido a más de veinte idiomas, ha recibido innumerables premios. Algunos de sus títulos son Veo una voz (1989), Un antropólogo en Marte (1995), La isla de los ciegos al color (1997) y El tío Tungsteno (2001). Recientemente, ha sido elegido miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras.


ESCRITOS
A partir de 1970, Sacks escribió sobre su experiencia con pacientes neurológicos. Sus libros han sido traducidos a más de 25 idiomas. Además de sus libros, Sacks era colaborador habitual de The New Yorker y The New York Review of Books, así como de otras publicaciones generales, científicas y médicas. Fue galardonado con el Premio Lewis Thomas para Escritos sobre Ciencia en 2001.
El trabajo de Sacks ha sido difundido en un "amplio rango de medios de comunicación que el de cualquier otro autor médico contemporáneo" y en 1990, The New York Timesdijo que "se ha convertido en una especie de poeta laureado de la medicina contemporánea". Sus descripciones de las personas que hacen frente y se adaptan a condiciones o lesiones neurológicas, iluminan a menudo las formas en que el cerebro normal opera con la percepción, la memoria y la individualidad.
El propio Sacks consideró que su estilo literario surge de la tradición de "anécdotas clínicas" del siglo XIX, un estilo literario que incluye historias de casos narrativamente detalladas. También destacan entre sus fuentes de inspiración las historias clínicas del neuropsicólogo ruso A. R. Luria.
Sacks describió sus casos con una riqueza de detalles narrativos, concentrándose en las experiencias del paciente (en el caso de «Con una sola pierna», el paciente era él mismo). Los pacientes que describió a menudo son capaces de adaptarse a su situación en diferentes modos a pesar de que sus condiciones neurológicas suelen considerarse como incurables. Su libro más famoso, Despertares, sobre el que se basa la película de 1990 del mismo nombre, describe su experiencias con el uso de la nueva droga L-Dopa en pacientes postencefalíticos del hospital Bet Abraham.10 Despertares fue también el tema del primer documental realizado (en 1974) para la serie de televisión británica Discovery.


En sus otros libros, describe los casos del síndrome de Tourette y diversos efectos de la enfermedad de Parkinson. El artículo que da nombre al libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero es sobre un sujeto con agnosia visual y fue el tema de una ópera de 1986 compuesta por Michael Nyman. El título del artículo que da nombre a Un antropólogo en Marte, que ganó un Premio Polk, es sobre Temple Grandin, un profesor autista. Veo una voz, de 1989, cubre una variedad de temas sobre estudios de sordera.
En su libro La isla de los ciegos al color, Sacks escribe sobre una isla donde muchas personas tienen acromatopsia (ceguera al color total, muy baja agudeza visual y alta fotofobia), y describe a los chamorro de Guam, que tienen una alta incidencia de una enfermedad neurodegenerativa conocida como Lytico-Bodig (una combinación devastadora de esclerosis lateral amiotrófica (ALS, por sus siglas en inglés), demencia y parkinsonismo). Junto con Paul Alan Cox, Sacks publicó artículos que sugieren una posible causa ambiental para el grupo, a saber, la toxina beta-metilamino L-alanina (BMAA, por sus siglas en inglés) de la semilla de las cícadas acumuladas por biomagnificación en el murciélago zorro volador (pteropus).
En noviembre de 2012, Oliver Sacks publicó su último libro, Alucinaciones. En este trabajo Sacks exploraba por qué la gente común puede experimentar a veces alucinaciones y elimina el estigma detrás de la palabra. Explicaba: "Las alucinaciones no pertenecen en su totalidad a la locura. Mucho más comúnmente, están vinculados con la privación sensorial, la intoxicación, la enfermedad o el prejuicio". Sacks escribe sobre el conocido fenómeno llamado síndrome de Charles Bonnet, que ha sido detectado en personas de edad avanzada que han perdido la vista. El libro fue descrito por la revista Entertainment Weekly como "elegante ... Una inmersión absorbente al misterio de la mente".

Oliver Sacks
Poster de T.A.

VIDA PERSONAL
A lo largo de su vida, Sacks sufrió de una condición conocida como prosopagnosia o incapacidad de reconocer los rostros. En una entrevista de diciembre de 2010, Sacks declaró cómo había perdido también la visión estereoscópica el año anterior, debido a un tumor maligno en el ojo derecho. Ahora no tiene ninguna visión en este ojo. Esta pérdida de visión fue relatada en su libro Los ojos de la mente, publicado en octubre de 2010. Sacks habla de su lucha con la prosopagnosia en una entrevista con Lesley Stahl en el episodio del 18 de marzo 2012 del programa televisivo 60 Minutos.
Sacks nunca se casó o vivió con alguien y declaró que era célibe. En una entrevista de diciembre de 2001, declaró que no había tenido una relación en muchos años y describía su timidez como "una enfermedad". Sacks nadó casi todos los días durante décadas, sobre todo cuando vivía en el sector City Island del Bronx. Él habló de su trabajo y sus problemas de salud personales el 28 de junio de 2011 BBC en el documental Imagine.'
Sacks también escribió sobre un accidente casi fatal que tuvo a los 41 años, un año después de la publicación de Despertares, cuando se cayó y se rompió la pierna "mientras practicaba solo alpinismo".
Durante sus años en la UCLA, Sacks vivió en Topanga Canyon y experimentó mucho con diversas drogas. Estas experiencias las describió en un artículo publicado en 2012 por The New Yorker y en su libro de 2012 Alucinaciones. Sacks se ocupa de un incidente transformador que vivió después de tomar una dosis masiva de anfetamina y leer un texto del siglo XIX sobre migraña, del médico Edward Liveing (padre de George Downing Liveing). Sacks afirma que esta experiencia lo convenció para relatar y publicar sus observaciones sobre las enfermedades neurológicas y otras rarezas, convirtiéndose en el "Liveing de nuestro tiempo".
En febrero de 2015, Sacks anunció en The New York Times que había sido diagnosticado con un cáncer terminal con metástasis múltiple en el hígado a causa del melanoma ocular por el que perdió anteriormente su visión en un ojo. Con una esperanza de vida medida en "meses", Sacks expresa su intención de "vivir en la forma más rica, más profunda y más productiva posible" y escribió que "quería y esperaba, en el tiempo que le restaba, profundizar mis amistades, despedirme de la gente que amo, escribir más, viajar si tengo la fuerza para ello, con el propósito de alcanzar nuevos niveles de entendimiento y percepción".
Sacks falleció de la enfermedad en su casa en Nueva York en 30 de agosto del 2015 a los 82 aňos.


Oliver Sacks
Poster de T.A.


RECONOCIMIENTOS
Desde 1996, Sacks es miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras (Literatura). En 1999 se convirtió en socio de la Academia de Ciencias de Nueva York. También en 1999, fue nombrado miembro honorario del Queen's College de Oxford.42 En 2002 se convirtió en socio de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias (Clase IV-Humanidades y Artes, Sección 4-Literatura) y fue galardonado con el Premio Thomas Lewis 2001 por la Universidad Rockefeller.
Sacks ha recibido doctorados Honoris Causa por la Universidad de Georgetown (1990), Colegio de Staten Island (1991), Universidad de Tufts (1991), el Colegio Médico de Nueva (1991), el Colegio Médico de Pennsylvania (1992), Bard College (1992), la Universidad de Queen (Ontario) (2001), la Universidad de Gallaudet (2005), la Universidad de Oxford (2005), la Pontificia Universidad Católica del Perú (2006),51 y el Laboratorio Cold Spring Harbor (2008).
La Universidad de Oxford le concedió el grado de doctor honorífico en Derecho Civil en junio de 2005.
Sacks recibió el nombramiento de "Artista de Columbia" de la Universidad de Columbia en 2007, cargo que fue creado específicamente para él. Ello le permitió acceder sin restricciones a la Universidad, independientemente del departamento o disciplina.
Sacks fue nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico (CBE) durante los festejos por el cumpleaños de la reina Elizabeth II en 2008.
El diámetro de 2 millas (3,218688 km) del cinturón principal de un planeta menor descubierto en 2003, fue llamado 84928 oliversacks en su honor.
En febrero de 2010, Sacks fue nombrado como uno de los triunfadores distinguidos del Consejo Honorario de Freedom From Religion Foundation. Él se ha descrito a sí mismo como "un viejo judío ateo".


Oliver Sacks

Al cumplir los 80

No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados



RAQUEL MARÍN
Anoche soñé con el mercurio: enormes y relucientes glóbulos de azogue que subían y bajaban. El mercurio es el elemento número 80, y mi sueño fue un recordatorio de que muy pronto los años que iba a cumplir también serían 80. Desde que era un niño, cuando conocí los números atómicos, para mí los elementos de la tabla periódica y los cumpleaños han estado entrelazados. A los 11 años podía decir: “soy sodio” (elemento 11), y cuando tuve 79 años, fui oro. Hace unos años, cuando le di a un amigo una botella de mercurio por su 80º cumpleaños (una botella especial que no podía tener fugas ni romperse) me miró de una forma peculiar, pero más adelante me envió una carta encantadora en la que bromeaba: “tomo un poquito todas las mañanas, por salud”.
¡80 años! Casi no me lo creo. Muchas veces tengo la sensación de que la vida está a punto de empezar, para en seguida darme cuenta de que casi ha terminado. Mi madre era la decimosexta de 18 niños; yo fui el más joven de sus cuatro hijos, y casi el más joven del vasto número de primos de su lado de su familia. Siempre fui el más joven de mi clase en el instituto. He mantenido esta sensación de ser siempre el más joven, aunque ahora mismo ya soy prácticamente la persona más vieja que conozco.
A los 41 años pensé que me moriría: tuve una mala caída y me rompí una pierna haciendo a solas montañismo. Me entablillé la pierna lo mejor que pude y empecé a descender la montaña torpemente, ayudándome solo de los brazos. En las largas horas que siguieron me asaltaron los recuerdos, tanto los buenos como los malos. La mayoría surgían de la gratitud: gratitud por lo que me habían dado otros, y también gratitud por haber sido capaz de devolver algo (el año anterior se había publicado Despertares).
A los 80 años, con un puñado de problemas médicos y quirúrgicos, aunque ninguno de ellos vaya a incapacitarme. Me siento contento de estar vivo: “¡Me alegro de no estar muerto!”. Es una frase que se me escapa cuando hace un día perfecto. (Esto lo cuento como contraste a una anécdota que me contó un amigo. Paseando por París con Samuel Beckett durante una perfecta mañana de primavera, le dijo: “¿Un día como este no hace que le alegre estar vivo?”. A lo que Beckett respondió: “Yo no diría tanto”). Me siento agradecido por haber experimentado muchas cosas –algunas maravillosas, otras horribles— y por haber sido capaz de escribir una docena de libros, por haber recibido innumerables cartas de amigos, colegas, y lectores, y por disfrutar de mantener lo que Nathaniel Hawthorne llamaba “relaciones con el mundo”.
Siento haber perdido (y seguir perdiendo) tanto tiempo; siento ser tan angustiosamente tímido a los 80 como lo era a los 20; siento no hablar más idiomas que mi lengua materna, y no haber viajado ni haber experimentado otras culturas más ampliamente.
Siento que debería estar intentado completar mi vida, signifique lo que signifique eso de “completar una vida”. Algunos de mis pacientes, con 90 o 100 años, entonan el nunc dimittis —“He tenido una vida plena, y ahora estoy listo para irme”—. Para algunos de ellos, esto significa irse al cielo, y siempre es el cielo y no el infierno, aunque tanto a Samuel Johnson como a Boswell les estremecía la idea de ir al infierno, y se enfurecían con Hume, que no creía en tales cosas. Yo no tengo ninguna fe en (ni deseo de) una existenciaposmortem, más allá de la que tendré en los recuerdos de mis amigos, y en la esperanza de que algunos de mis libros sigan “hablando” con la gente después de mi muerte.

Las reacciones se han vuelto más lentas pero, con todo, uno se encuentra lleno de vida
El poeta W. H. Auden decía a menudo que pensaba vivir hasta los 80 y luego “marcharse con viento fresco” (vivió solo hasta los 67). Aunque han pasado 49 años desde su muerte yo sueño a menudo con él, de la misma manera que sueño con Luria, y con mis padres y con antiguos pacientes. Todos se fueron hace ya mucho tiempo, pero los quise y fueron importantes en mi vida.
A los 80 se cierne sobre uno el espectro de la demencia o del infarto. Un tercio de mis contemporáneos están muertos, y muchos más se ven atrapados en existencias trágicas y mínimas, con graves dolencias físicas o mentales. A los 80 las marcas de la decadencia son más que aparentes. Las reacciones se han vuelto más lentas, los nombres se te escapan con más frecuencia y hay que administrar las energías pero, con todo, uno se encuentra muchas veces pletórico y lleno de vida, y nada “viejo”. Tal vez, con suerte, llegue, más o menos intacto, a cumplir algunos años más, y se me conceda la libertad de amar y de trabajar, las dos cosas más importantes de la vida, como insistía Freud.
Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción, como Francis Crick. Cuando le dijeron, a los 85 años, que tenía un cáncer mortal, hizo una breve pausa, miró al techo, y pronunció: “Todo lo que tiene un principio tiene que tener un final”, y procedió a seguir pensando en lo que le tenía ocupado antes. Cuando murió, a los 88, seguía completamente entregado a su trabajo más creativo.
Mi padre, que vivió hasta los 94, dijo muchas veces que sus 80 años habían sido una de las décadas en las que más había disfrutado en su vida. Sentía, como estoy empezando a sentir yo ahora, no un encogimiento, sino una ampliación de la vida y de la perspectiva mental. Uno tiene una larga experiencia de la vida, y no solo de la propia, sino también de la de los demás. Hemos visto triunfos y tragedias, ascensos y declives, revoluciones y guerras, grandes logros y también profundas ambigüedades. Hemos visto el surgimiento de grandes teorías, para luego ver cómo los hechos obstinados las derribaban. Uno es más consciente de que todo es pasajero, y también, posiblemente, más consciente de la belleza. A los 80 años uno puede tener una mirada amplia, y una sensación vívida, vivida, de la historia que no era posible tener con menos edad. Yo soy capaz de imaginar, de sentir en los huesos, lo que supone un siglo, cosa que no podía hacer cuando tenía 40 años, o 60. No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados, libres para explorar lo que deseemos, y para unir los pensamientos y las emociones de toda una vida. Tengo ganas de tener 80 años.


La modestia de Sacks

Su mensaje es el del sabio, la verdadera voz del héroe. Señala esa desnuda continuidad de vida y muerte y vida

Lo más conmovedor del artículo en el que Oliver Sacks anuncia su cáncer terminal y su próxima muerte es la modestia del tono, la falta total de engolamiento. El yo, que ocupa tantísimo espacio en nuestras vidas, tiende a tomarse todo lo que le afecta bastante a la tremenda, y desde luego la propia muerte es el acontecimiento mayor de la existencia, así que todos los textos semejantes que he leído con anterioridad sobre la propia finitud, por muy bellos que fueran, tenían siempre un toque de épica, un añadido de lírica, un no sé qué candente de emoción apenas contenida. El artículo de Sacks carece de todo eso; en realidad, es casi ramplón. Y eso es lo que lo convierte en algo único y formidable. Esa es la verdadera voz del héroe, el verdadero mensaje del sabio. Nos dice: Soy poco, sentí y viví todo lo poco que fui con intensidad, sé que es hora de irse. “Donde yo ahora estoy, tú estarás”, vaticina una clásica inscripción funeraria presente en muchas lápidas. El artículo de Sacks, con su sencillez, sirve de espejo. Señala esa desnuda continuidad de vida y muerte y vida.
Siento que su próximo fin es el de alguien cercano. Le he leído tantos libros, esos magníficos trabajos sobre las rarezas de la mente. Verdaderos viajes a los extremos del ser, como Un antropólogo en Marte o El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Él mismo tuvo graves problemas neurológicos o quizá neuróticos; lo cuenta en alguno de sus libros, ya no recuerdo cuál. Dolores de cabeza inhabilitantes, cegueras y parálisis momentáneas. Seguramente ese sufrimiento personal le hizo más apto para comprender el sufrimiento de los otros. A fin de cuentas, todos somos raros de una manera u otra. Esa fue la gran aportación de Sacks: la convicción de que todas las rarezas son normales. Y la celebración constante de la vida, del misterio de la vida, de la fuerza de la vida para adaptarse a todo, para crear un mundo a la medida de tus posibilidades. Ahora, fiel a sí mismo, Sacks nos demuestra que también podemos adaptarnos a la certidumbre de nuestra muerte inminente. Es un ejemplo precioso y tranquilizador, aunque no sé si yo seré capaz de seguir su estela.

Ese ejercicio de modestia, tan raro en los humanos, es consolador y relajante
Desde todos los puntos de vista, del más convencional al más personal, Oliver Sacks parece haber tenido una vida de rotundo éxito. Es famoso, es rico, es respetado, es querido, es conocido en todo el mundo, sus libros se venden a millones. Y ha alcanzado la aceptable edad de 81 años, quizá un momento perfecto para despedirse, antes de que la vejez hinque demasiado profundamente los dientes. Pero, enfrentada a la muerte, toda vida, hasta la del personaje más glorioso, se encoge hasta mostrar su microscópica dimensión real. Polvo y cenizas. El barroco español, atormentado por la finitud, llenó los cuadros de calaveras para recordarnos esa nadería, esa futilidad de la vida humana. ¿La pompa del emperador dueño del mundo? Puro espejismo; por debajo del sombrero adornado con plumas de faisán está el pelado cráneo amarillento. Que también acabará desintegrándose. Ya se sabe que nuestra vida es apenas una minúscula gota en el mar del tiempo. En realidad, y si lo piensas bien, ese ejercicio de modestia, tan raro en los humanos, que estamos llenos de pretensiones espectaculares sobre nosotros mismos, es consolador y relajante. Si nuestra vida entera, vista en términos globales, es una fruslería, las angustias por las que perdemos la cabeza, el corazón y el resuello cada día son verdaderas necedades. Deberíamos poner más calaveras barrocas en nuestro entorno y vivir más conscientes de nuestra nimiedad.
Esa modestia es la que llena de luz el texto de Oliver Sacks. Me encanta especialmente cuando dice que se siente liberado de muchas cosas, y que en las semanas o meses que le queden de vida no va a ver más informativos de televisión ni va a preocuparse más por el cambio climático. Y no porque no sea importante, sino porque ya no le incumbe. Él está en otra cosa: en la vida esencial, una vida básica de célula, de animal gozoso de sentirse vivo. Es una observación desternillante: ¿Quién no ha tenido alguna vez la tentación de no ver más los aterradores telediarios, de cerrar los ojos al dolor y al miedo y volver a ser un inocente niño bajo el sol? La vida también pesa. Tal vez el miedo que le tenemos a la muerte no sea más que otro de esos desquiciados, desordenados miedos que apesadumbran absurdamente nuestras vidas. Sacks navega hacia el final libre de carga, marinero de un barco diminuto.


Mi tabla periódica

Me entristece no ser testigo de la nueva física nuclear, ni de otros miles de avances en las ciencias físicas y biológicas


Oliver Sacks. / CORBIS
Espero con entusiasmo, casi ansiosamente, la llegada semanal de revistas como Nature y Science, y me dirijo inmediatamente a los artículos sobre ciencias físicas, y no, como tal vez debería, a los que tratan de biología y medicina. Las ciencias físicas fueron las primeras en fascinarme siendo niño.
En una reciente edición de Naturehabía un apasionante artículo del físico Frank Wilczek, ganador de un premio Nobel, sobre una nueva manera de calcular las masas ligeramente diferentes de los neutrones y los protones. El nuevo cálculo confirma que los neutrones son muy poco más pesados que los protones (la ratio entre sus masas es de 939,56563 a 938,27231). Se podría pensar que la diferencia es insignificante, pero si no fuese así, el universo, tal como lo conocemos, nunca habría llegado a desarrollarse. La capacidad de calcular algo así, dice Wilczek, “nos anima a predecir un futuro en el que la física nuclear alcanzará el nivel de precisión y versatilidad ya logrado por la física atómica”, una revolución que, por desgracia, yo nunca veré.
Francis Crick estaba convencido de que “el problema difícil” —entender cómo el cerebro produce la conciencia— estaría resuelto en 2030. “Tú lo verás”, solía decirle a Ralph, mi amigo neurólogo, “y tú también, Oliver, si llegas a mi edad”. Crick vivió hasta avanzados los 80 años, trabajando y pensando sobre la conciencia hasta el final. Ralph murió prematuramente, a la edad de 52 años, y ahora yo sufro una enfermedad terminal a los 82. Debo decir que no tengo demasiada experiencia con el “problema difícil” de la conciencia. La verdad es que no lo veo como un problema en absoluto, pero me entristece no ser testigo de la nueva física nuclear que vislumbra Wilczek, ni de otros miles de avances en las ciencias físicas y biológicas.

Vi el cielo entero “salpicado de estrellas”. Me hizo darme cuenta de repente de qué poca vida me quedaba
Hace unas semanas, en el campo, lejos de las luces de la ciudad, vi el cielo entero “salpicado de estrellas” (en palabras de Milton). Un cielo así, imaginé, solo se debía de poder contemplar en altiplanos secos y elevados como el de Atacama, en Chile (donde se encuentran algunos de los telescopios más potentes del mundo). Fue ese esplendor celestial el que me hizo darme cuenta de repente de qué poco tiempo, qué poca vida me quedaba. Para mí, mi percepción de la belleza del cielo, de la eternidad, estaba asociada indisolublemente a una sensación de fugacidad y muerte.
Dije a mis amigos Kate y Allen: “Me gustaría ver un cielo así cuando esté muriendo”.
Ellos me respondieron: “Nosotros empujaremos la silla de ruedas”.
Desde que en febrero escribí que tenía cáncer con metástasis, los cientos de cartas recibidas, las expresiones de cariño y aprecio, y la sensación de que (a pesar de todo) he vivido una vida buena y provechosa, me han consolado. Estoy muy feliz y agradecido por todo ello, pero nada me ha impactado tanto como lo hizo aquel cielo nocturno cubierto de estrellas.
Desde mi infancia he tenido la tendencia a afrontar la pérdida —pérdida de personas queridas— recurriendo a lo no humano. Cuando, siendo un niño de seis años, me enviaron a un internado a principios de la II Guerra Mundial, los números se hicieron mis amigos; cuando regresé a Londres a los 10, los elementos y la tabla periódica se convirtieron en mis compañeros. Las épocas de tensión a lo largo de mi vida me han llevado a volverme, o a volver, a las ciencias físicas, un mundo en el que no hay vida, pero tampoco muerte.
Y ahora, en este punto crítico, cuando la muerte ya no es un concepto abstracto, sino una presencia —demasiado cercana e innegable— vuelvo a rodearme, como cuando era pequeño, de metales y minerales, pequeños emblemas de eternidad. En un extremo de mi escritorio, en un estuche, tengo el elemento 81 que me enviaron unos amigos de los elementos de Inglaterra; en el estuche dice: “Feliz cumpleaños de talio”, un recuerdo de mi 81º cumpleaños, el pasado julio. Y después está el reino dedicado al plomo, el elemento 82, por mi 82º cumpleaños, que acabo de celebrar a principios de este mes. En él hay también un pequeño cofre de plomo que contiene el elemento 90: torio, torio cristalino, tan bello como los diamantes, y, por supuesto, radioactivo (de ahí el cofre de plomo).

Tengo náuseas y pérdida de apetito; escalofríos de día y sudores de noche; y un cansancio generalizado
A principios de año, las semanas después de enterarme de que tenía cáncer, me sentía muy bien a pesar de que la mitad de mi hígado estaba invadido por la metástasis. Cuando, en febrero, se aplicó a mi enfermedad un tratamiento consistente en inyectar gotas minúsculas en las arterias hepáticas (un procedimiento conocido como embolización), me encontré fatal durante un par de semanas, pero luego me sentí fenomenal, cargado de energía física y mental. (Casi todas las metástasis habían sido aniquiladas por la embolización). No se me había concedido una remisión, pero sí un descanso, un tiempo para profundizar amistades, visitar pacientes, escribir y volver a mi país natal, Inglaterra. Entonces la gente apenas podía creer que estuviese en fase terminal, y yo mismo podía olvidarlo fácilmente.
Esa sensación de salud y energía empezó a decaer cuando mayo dejó paso a junio, pero pude celebrar mi 82º cumpleaños por todo lo alto. (Auden solía decir que uno debería celebrar siempre su cumpleaños, no importa cómo se encuentre). Pero ahora tengo un poco de náusea y pérdida de apetito; escalofríos durante el día y sudores por la noche; y, sobre todo, un cansancio generalizado acompañado de agotamiento repentino cuando hago demasiadas cosas. Sigo nadando a diario, aunque ahora más despacio, ya que estoy empezando a notar que me falta un poco el aliento. Antes podía negarlo, pero ahora  que estoy enfermo. Un TAC realizado el 7 de julio confirmó que las metástasis no solo se habían reproducido en el hígado, sino que se había extendido más allá de él.
La semana pasada empecé un nuevo tipo de tratamiento: la inmunoterapia. No está exenta de riesgos, pero espero que me proporcione unos cuantos buenos meses más. No obstante, antes de empezar con ella, quería divertirme un poco haciendo un viaje a Carolina del Norte para ver el maravilloso centro de investigación sobre lémures de la Universidad de Duke. Los lémures están próximos a la estirpe ancestral de la que surgieron todos los primates, y me gusta pensar que uno de mis propios antepasados, hace 50 millones de años, era una pequeña criatura que vivía en los árboles no tan diferente de los lémures actuales. Me encantan su saltarina vitalidad y su naturaleza curiosa.
Junto al círculo de plomo de mi mesa está la tierra del bismuto: bismuto de origen natural procedente de Australia; pequeños lingotes de bismuto en forma de limusina de una mina de Bolivia; bismuto fundido y enfriado lentamente para formar hermosos cristales iridiscentes escalonados como un poblado hopi; y, en un guiño a Euclides y la belleza de la geometría, un cilindro y una esfera hechos de bismuto.

El bismuto es el elemento 83. No creo que llegue a mi 83º cumpleaños, pero hay algo alentador en tenerlo cerca
El bismuto es el elemento 83. No creo que llegue a ver mi 83º cumpleaños, pero creo que hay algo esperanzador, algo alentador en tener cerca el “83”. Además, siento debilidad por el bismuto, un humilde metal gris, a menudo desdeñado e ignorado, incluso por los amantes de los metales. Mi sensibilidad de médico hacia los maltratados y los marginados se extiende al mundo inorgánico y encuentra un paralelo en mi simpatía por el bismuto.
Es casi seguro que no seré testigo de mi cumpleaños de polonio (el número 84), ni tampoco querría tener polonio cerca de mí, con su radiactividad intensa y asesina. Pero en el otro extremo de mi mesa —de mi tabla periódica— tengo un bonito trozo de berilio (elemento 4) elaborado mecánicamente para que me recuerde mi infancia y lo mucho que hace que empezó mi vida próxima a acabar.


BIBLIOGRAFÍA
  • Migraine, 1970; trad. La jaqueca: estudio de un trastorno habitual, 1988
  • Awakenings, 1973; trad. Despertares, 1988
  • A Leg to Stand On, 1984; trad. Con una sola pierna, 1998. La experiencia de Sacks tras un accidente y perder la sensibilidad en una de sus piernas
  • The Man Who Mistook His Wife for a Hat, 1985; trad. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, 1991
  • Seeing Voices: A Journey Into the World of the Deaf, 1989, trad. Veo una voz : viaje al mundo de los sordos, 1994
  • An Anthropologist on Mars, 1995; trad. Un antropólogo en Marte: siete historias paradójicas, 1997
  • The Island of the Colorblind, 1997; trad. La isla de los ciegos al color, 1999. Una enfermedad de Guam que consiste en ceguera total al color congénita en una comunidad isleña)
  • Uncle Tungsten: Memories of a Chemical Boyhood, 2001; trad. El tio Tungsteno: recuerdos de un químico precoz, 2003
  • Oaxaca Journal, 2002; trad. Diario de Oaxaca, 2002
  • Musicophilia: Tales of Music and the Brain, 2007; trad. Musicofilia: relatos de música y el cerebro, 2009
  • The Mind's Eye, 2010; trad. Los ojos de la mente, 2011
  • Hallucinations, 2012, Knopf/PicadorAlucinaciones, 2013
  • On the Move (2015) (autobiografía)


martes, 25 de agosto de 2015

Stieg Larsson

Stieg Larsson

Stieg Larsson

(1954 - 2004)

(Karl Stig-Erland Larsson; Skelleftea, Västerbotten, 1954 - Estocolmo, 2004) Escritor y periodista sueco. Especializado en grupos de ultraderecha, saltó a la fama después de su fallecimiento a raíz de la publicación de su trilogía de novelasMillennium, uno de los mayores fenómenos editoriales de las últimas décadas. A partir de 2009 el efecto Larsson llegó también a las pantallas cinematográficas, con el estreno y el rotundo éxito de la versión fílmica de sus novelas.
Stieg Larsson

Nacido en Skelleftea, en la provincia administrativa de Västerbotten, el pequeño Stieg era hijo de padres adolescentes con escasos recursos, que lo llevaron por ello a vivir con sus abuelos, en el pequeño municipio de Norsjb. Su abuelo, un comunista antifascista profundamente implicado en la lucha por los derechos de los trabajadores que había sido recluido en un campo de trabajo, sería una influencia determinante para él. Cuentan quienes conocían a Larsson que cuando en 1962, a raíz a la muerte del anciano, se vio obligado a regresar con sus padres (que a la sazón ya tenían otro hijo), no logró adaptarse; no quería vivir con ellos, ya no eran sus interlocutores en el mundo. Se fue de casa a los dieciséis años.
Corrían los primeros años de la década de 1970 cuando se implicó en política e inició su militancia en la Kommunistiska Arbetareförbundet (Liga Comunista de Trabajadores). Fue en esa época cuando, tras los dos años de servicio militar obligatorio, viajó con frecuencia a África y, como corresponsal de guerra, fue testigo de primera mano de la guerra civil en Eritrea. También por entonces, en una manifestación contra la guerra de Vietnam, conoció a la que sería su compañera para el resto de sus días, Eva Gabrielsson.
Aunque no llegó a cursar la carrera de periodismo, entre 1977 y 1999 Larsson trabajó como periodista y diseñador gráfico para la agencia de noticias Tidningarnas Telegrambyra (TT). Paralelamente, su compromiso en la lucha contra los movimientos de ultraderecha y el racismo lo llevó a fundar el proyecto antiviolencia Stop the Racism a mediados de la década de 1980, y a promover años después, en 1995, la Fundación Expo, de cuya revista, Expo, sería director. A la par publicó varios libros de investigación periodística sobre los grupos nazis en Suecia y las oscuras conexiones entre la extrema derecha y la política y las finanzas, llegando a ser tan experto en la materia que fue requerido por Scotland Yard y por la OSCE.
Expo, revista de investigación dedicada a vigilar el auge del racismo en Suecia, se convirtió en un referente en Escandinavia, equiparable a la británica Searchlight. Se trata de publicaciones incómodas para determinados grupúsculos, por lo que sus autores se ven obligados a mantener el anonimato ante posibles represalias. Larsson recibía tantas amenazas que hubo de optar por la clandestinidad: no constaba en los registros oficiales ni en las guías telefónicas; ni siquiera pudo casarse con su compañera por temor a que algún papel pudiera delatar su paradero.
En medio de esta vida semiclandestina y de persecuciones, Larsson se refugió en su gran pasión: los libros. Gran lector, aficionado a la ciencia ficción (era presidente de la sociedad que reúne a los amantes del género en Escandinavia y dirigió un par de fanzines especializados) y entusiasta de la novela policíaca, empezó a escribir por las noches, para divertirse.
Así se forjaría una de las sagas más célebres de las últimas décadas, la trilogíaMillennium. A diario, después del trabajo, y hasta las 3 o las 4 de la madrugada, ingiriendo cantidades exorbitantes de café y fumando cigarrillos compulsivamente, Larsson crearía una de las parejas más memorables que haya dado la literatura criminal: Lisbeth Salander, la hacker compleja y rebelde, socialmente inadaptada, tatuada y llena de piercings, y su contrapunto, Mikael Blomkvist, un periodista de investigación que es claramente un álter ego del propio Larsson.
De este modo escribió, en tres años, las más de 2.200 páginas de la saga. Sin embargo, el autor nunca vería sus libros publicados: el 9 de noviembre de 2004, días después de haber entregado a su editor el tercer volumen de la serie, y poco antes de la publicación del primero, Stieg Larsson murió víctima de un infarto, sin poder ser testigo de su propio éxito. Su compañera durante más de treinta años tampoco lo podría disfrutar en su justa medida, ya que, al no estar casados, la legislación sueca no le permitía heredar; los derechos de autor pasaron por ley al padre y al hermano de Larsson, a quienes el periodista no había visto desde hacía muchos años.

Los hombres que no amaban a las mujeres (2009)

La primera entrega de Millennium, titulada Män som hatar kvinnor (literalmente, Hombres que odian a las mujeres, 2005) se publicó en Suecia a los pocos meses del fallecimiento del autor y supuso un verdadero fenómeno editorial que pronto se extendió a otros países, como Reino Unido y Francia. En español apareció en 2008 con el título Los hombres que no amaban a las mujeres. El éxito fue también inmediato y desencadenó tal larssonmanía que ese mismo año llegó a las librerías el segundo volumen, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina(Flickan som lekte med elden; literalmente, La niña que jugaba con fuego, 2006). No se quedó a la zaga el tercer volumen, Luftslottet som sprängdes (El castillo en el aire que voló en pedazos, 2007), publicado en español en 2009 como La reina en el palacio de las corrientes de aire, del que en un solo día se vendieron más de 200.000 ejemplares.
La adicción que generaban las peripecias de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist parecía no tener fin. A mediados de 2009, los tres libros habían sido traducidos a más de cuarenta idiomas y habían rebasado la cifra de diez millones de ejemplares vendidos. Sólo en Suecia se habían vendido tres millones de volúmenes, es decir, un libro por cada tres habitantes. En España, la trilogía superó con creces el millón de ventas, y en octubre de 2009 el primer volumen publicado llevaba 65 semanas ininterrumpidas en la lista de los diez libros más vendidos.
Si el éxito del papel fue contundente, no lo fue menos el de la adaptación cinematográfica de las tres novelas de la saga. Dirigidas por Niels Arden Oplev y protagonizadas por los actores suecos Michael Nyqvist y Noomi Rapace, fueron rodadas en 2009 y batieron récords de taquilla en toda Europa. El éxito de estas producciones europeas llamó de inmediato la atención de Hollywood, que produjo ya en 2011 la "versión americana" de la primera entrega de la saga. Titulada The Girl with the Dragon Tattoo, fue dirigida por David Fincher y contó en su reparto con el estelar Daniel Craig, protagonista de los últimos Bond, y con Rooney Mara para el papel de Lisbeth. Se espera que la segunda y la tercera parte lleguen a las salas de proyección en el transcurso de 2012 y 2013.



Stieg Larsson

Historia secreta de Stieg Larsson

La correspondencia que el autor de la trilogía 'Millenium' mantuvo con su editora hasta días antes de morir descubre a un escritor insomne, idealista y obstinado

JUAN DIEGO QUESADA Madrid 14 JUN 2009

Stieg Larsson llegó sobre la una y media de la tarde al vestíbulo de la revista Expo. Era el 9 de noviembre de 2004. Larsson se acercó al ascensor y apretó insistentemente el botón. Pero estaba roto. No funcionaba. Tuvo que subir a pie los siete pisos que le separaban hasta su oficina. Llegó exhausto. Media hora más tarde sufrió un ataque al corazón. En la ambulancia, camino del hospital su corazón dejó de latir. Tenía 50 años.
Antes de que Stieg Larsson tuviera que hacer frente a este ascensor estropeado, el periodista sueco llevaba ya ocho meses sumergido en una actividad frenética con la editorial Norstedts para terminar de pulir la trilogía Millenium. Durante estos meses, escribió y revisó los manuscritos cada noche sin descanso, acompañado de una cafetera y una cajetilla de tabaco. Y mantuvo mientras tanto una vertiginosa correspondencia vía e-mail con su editora, Eva Gedin, a la que ha tenido acceso El PAÍS.

"Dormía tres horas al día, fumaba tres cajetillas y tomaba 20 cafés diarios"
Los e-mails descubren a un Larsson minucioso, obstinado ("me encerraré día y noche para que el libro pueda estar impreso pronto") y bromista. El escritor falleció meses antes de que los libros salieran a la venta y no pudo conocer el éxito mundial de su trilogía(Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, publicados en España por Destino), que ha vendido hasta ahora 12,6 millones de ejemplares en más de 40 países.
Al principio, la editorial Norstedts desconfiaba del título que el escritor pretendía para el primer tomo. Eva Gedin le envía un correo en el que pregunta al escritor si debe darse por vencida con el título. "Le he dado vueltas todo el verano. ¿Intentamos contraatacar con otra alternativa? Aunque me parece que acabará siendo tu elección la que gane", escribe la editora. Larsson no cede, y desde su e-mail,stieg.larsson@expo.es, le contesta: "Creo que ése está muy bien. He preguntado qué opinan algunos conocidos y dicen que es un título que da que pensar".
Stieg Larsson, a finales de abril, está terminando de escribir la tercera parte de la saga y a la vez trabaja en la edición de las dos primeras. Quienes le conocen aseguran que por estas fechas no duerme más de tres horas, fuma tres cajetillas al día y se bebe unos 20 cafés diarios. Al igual que sus personajes, se alimenta de comida basura. Mientras, le explica a la editora cómo ha construido a los dos protagonistas, el periodista Mickael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander: "He creado personajes principales que se distingan de los arquetipos policiales al uso. Así, Blomkvist no tiene úlcera de estómago, ni problemas con el alcohol, ni ansiedad. Su cualidad más destacable es que se comporta como una fulana estereotipada (...) Lisbeth, en cambio, aporta las típicas valoraciones y cualidades masculinas".
Casi desde el principio, Larsson recibe los elogios de los editores, que consideran que los libros están "excepcionalmente bien escritos". El 30 de abril de 2004, después de firmar el contrato, el escritor cuenta que durante el proceso de creación ha seguido una regla muy sencilla. "No he idealizado nunca delitos ni criminales, ni he tipificado a las víctimas. En el primer libro construyo una serie de asesinatos a partir de la reconstrucción de investigaciones policiales reales. La descripción de la violación de Lisbeth Salander está basada en un caso que ocurrió en Östermanlm. Y así con todo. He intentado crear víctimas de crímenes basándome en personas anónimas".
Trotskista, periodista que se dedicó durante 30 años a investigar a la extrema derecha y las conexiones de los nazis con las empresas, Stieg Larsson deja muy claro que aborrece las injusticias. Y no está dispuesto a tolerarlas en sus libros. Odia las novelas policiacas en las que los personajes pueden comportarse de cualquier manera sin consecuencias. "Si Mickael dispara a alguien con una pistola, incluso si lo hace en defensa propia, irá a parar al Juzgado de Primera Instancia", escribe. Aunque exculpa a Lisbeth: "Ella es una excepción porque sencillamente es una sociópata con rasgos psicopáticos y no funciona como la gente normal. Ni siquiera tiene la más mínima consideración sobre lo que está bien o está mal".
Eva Gedin le cuenta a finales de agosto que ha empezado a correr el rumor de su inminente debut literario y que las editoriales extranjeras tienen mucho interés en comprar los derechos. La editora cree que será muy divertido presumir de Millenium en las ferias de Gotemburgo y Francfort. Le cuenta además que han puesto en marcha a varios diseñadores para que trabajen en la cubierta de los libros.
En este aspecto, Larsson es tajante: "Con las cubiertas me pasa que las amo o las odio nada más verlas, para mí no hay posturas intermedias. Las cubiertas de la serie de Hamilton, de Guillou [autor sueco de 10 novelas de espías] pertenecen al tipo que no me gusta, y lo mismo me pasa con las que se basan en figuras planas. Las portadas tienen que ser sugerentes, un poco difíciles de interpretar, quizá un detalle de una imagen mayor. Las cubiertas sexistas, por supuesto están proscritas". El escritor explica más tarde que él tiene la idea de utilizar en portada el detalle de un tatuaje o un piercing.
En la única entrevista que Larsson hizo refiriéndose a sus libros, explicó que el personaje de Lisbeth Salander, la antiheroína favorita de los lectores, la creó a raíz de preguntarse qué habría ocurrido con Pipi Calzaslargas si se hubiese hecho mayor. El peso de esta chica menuda, de aspecto frágil, tuvo que debatirlo con la editorial. Eva Gedin, el 31 de agosto, escribe: "Hemos valorado el peso de Salander y creemos que debería estar en torno a los 42 kilos. Es una mujer obviamente delgada, pero no enfermiza. Aunque seguiré preguntando un poco más aquí y allá. Voy a ser discreta y preguntaré a las chicas bajas y delgadas", bromea la editora. Larsson, divertido, le contesta dos días después: "He estado a punto de preguntar a chicas jóvenes en el metro cuánto pesan, pero al final siempre me echo atrás. Pueden malinterpretarlo. Pero 42 kilos suena razonable".
La feria del libro de Francfort, la más importante del sector, se iba a celebrar ese año a finales de octubre, y Larsson pregunta si para esas fechas habrá traducido algún "pedacito de prueba" de los libros. La editorial le tranquiliza: "Ningún agente-editor extranjero lo habrá podido leer antes de octubre". Gedin le pide también que reserve un par de días para revisar todo el manuscrito del primer libro.
Y el novelista vuelve con humor al tema de la feria de Francfort: "Había oído que la feria es como un pequeño manicomio que dura un par de días. No tengo ni idea de cómo va eso de la venta de derechos en el extranjero y no pienso inmiscuirme, pero supongo que es igual de divertido que celebrar un congreso antifascista con 120 grupos de activistas en Berlín, e intentar alcanzar algún tipo de acuerdo ideológico".
En septiembre, un tornado de grado 5 arrasa la isla de Granada, en el mar Caribe, el peor desde 1954. Deja 35 muertos y cientos de heridos. Ocurre justo en la isla donde arranca la segunda novela de Larsson y que por esos días anda revisando. "He tenido que pensar qué hago con este capítulo", escribe Larsson, e inmediatamente cuenta que trabajará en el comité de ayuda que se abra en Suecia para ayudar a la reconstrucción de la isla. En este e-mail explica que estuvo involucrado en la revolución socialista que se llevó a cabo aquí en los ochenta. Incluso se declara "un buen amigo" del asesinado primer ministro Maurice Bishop. "Pero eso ya es otra historia".
En el último e-mail enviado desde la editorial (28 de octubre), Eva Gedin le dice que le gustaría hablar con él sobre el comienzo, donde cree que es necesario revisar algunos detalles. "Así son las cosas, nosotros los editores y redactores siempre poniendo algún pero".
El mismo día, Larsson le responde: "No dudo que haya que ajustar alguna cosa. Así que permíteme oír tus 'peros', redactora. Besos y abrazos, Stieg".
Aquí acaba la correspondencia.
Nunca pudieron revisar el capítulo. El 9 de noviembre el corazón de Larsson reventó en la redacción de la revista Expo y dejó de latir más tarde en las calles de Estocolmo, en una ambulancia rumbo al hospital.

Una marca millonaria llamada Larsson

- La publicación de la serie Millenium se ha llevado a cabo en 40 países. Las ventas superan los 12 millones de ejemplares.
- En España, entre el primer y segundo tomo, se han vendido 1.500.000 de libros.
- Para la tercera entrega, que sale a la venta el próximo día 18, la editorial Destino ha previsto una primera tirada de 500.000 ejemplares.
- La película basada en el primer tomo, Los hombres que no amaban a las mujeres, fue la segunda más vista en España durante su estreno hace dos semanas y han ido a verla hasta ahora más de medio millón de espectadores.

Lisbeth Salander

"Nuestras vidas están en las novelas"

JUAN DIEGO QUESADA Madrid 14 JUN 2009

Durante unas vacaciones en el archipiélago de Estocolmo, en medio de veleros y casitas de pescadores, Stieg Larsson dijo que se aburría. No aguantaba estar sentado todo el día ante el mar y con un cóctel en la mano. Su novia, Eva Gabrielsson, escribía mientras un libro sobre la capital de Suecia y no le prestaba mucha atención.
-Estás todo el día ocupada y yo no tengo nada que hacer.
-Cariño, ¿qué te parece explicar por qué le regalaban flores a ese anciano cada vez que cumplía años?
Gabrielsson se refería a un relato breve que Larsson había escrito en 1997 y que contaba la historia de un abuelo que recibía flores de un remitente anónimo. Esa escena es el comienzo de Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer libro. Así, por matar el tiempo en vacaciones, Stieg Larsson comenzó a tirar del hilo y se puso a escribir la trilogía Millenium.
En los próximos dos años, hasta su muerte en noviembre de 2004, Larsson mancharía de tinta más de 2.000 páginas con una historia de género policiaco que ha cautivado al planeta.
La anécdota la cuenta Eva Gabrielsson, a través del e-mail, desde Estocolmo. Ella y Larsson fueron pareja durante 32 años, pero nunca se casaron. La muerte repentina del escritor, cuando ya había acordado publicar las novelas con la editorial Norstedts, y la falta de un testamento, hizo que los derechos de autor fueran a parar al padre de Larsson y a un hermano. Suman por ahora siete millones de euros, pero ella no recibe ni un euro.
"Stieg estaría muy enfadado con la situación. Odiaba las injusticias y ésta, sin duda, lo es", cuenta Gabrielsson, arquitecta de profesión. "Por razones de seguridad no quisimos casarnos. Era más seguro para Stieg (perseguido por grupos de extrema derecha) no aparecer en ningún registro. Él era un objetivo de los extremistas, que usan estos datos para tener información de sus víctimas", explica.
El incansable Larsson, trabajador y perfeccionista con sus textos hasta la obsesión, se crió con sus abuelos maternos. No comenzó a vivir con sus padres hasta cumplir nueve años, justo cuando su abuelo murió a los 56. A los 18 se independizó, y tan sólo un año después conoció a Gabrielsson, el amor de su vida. "Él no tenía una estrecha relación con sus familiares. Los veíamos cada dos o tres años", cuenta ella.
Gabrielsson ayudó a editar las novelas antes de que se presentasen a la editorial. Recuerda las noches en vela que pasaban los dos discutiendo la trama. "Su vida, mi vida y nuestras inquietudes están plasmadas en las novelas. En ellos se habla mucho de nuestros amigos y las experiencias que vivimos juntos durante tantos años", dice. Larsson utilizó en las novelas las descripciones de calles y distritos que ella había plasmado años atrás en un estudio sobre arquitectura.
Ella es una de las pocas personas que ha leído el principio de una cuarta novela que comenzó a escribir Larsson. "No es como las otras tres de Millenium. Es muy diferente, aunque Lisbeth Salander y Mickel Blomkvist aparecen. Stieg me contó la historia, pero no era nada definitivo, era más bien un boceto", confiesa.
A Gabrielsson y Larsson les unía el amor por la naturaleza. Ella recuerda unas expediciones "memorables" en velero, entre amaneceres y tormentas, por el archipiélago de Estocolmo. Justo el lugar donde un adicto al trabajo, por tedio y aburrimiento, se puso a crear Millenium.



El último Larsson arrasa en su primer día

'La reina en el palacio de las corrientes de aire', último volumen de la trilogía 'Millennium', salda su primer día en el mercado español con 200.000 ejemplares vendidos

EUROPA PRESS Madrid 18 JUN 2009 - 17:15 CET
Cientos de lectores han acudido a comercios de toda España para adquirir La reina en el palacio de las corrientes de aire, el último volumen de la trilogía Millennium del escritor sueco fallecido Stieg Larsson. El primer día del libro en el mercado español se ha saldado con 200.000 ejemplares vendidos, casi la mitad de los que Destino imprimió en su primera edición. La editorial Destino constató en un comunicado que La reina en el palacio de las corrientes de aire "ha hecho historia" por su acogida y, ante la demanda, ya se prepara una nueva edición de 100.000 ejemplares. Mientras, el gerente de compras del área de libros de Vips, Ignacio Merino, afirmó que la novela se ha vendido "muy por encima de las expectativas iniciales".
Como una "golosina" para un "devorador" de libros. Así calificó el responsable del departamento de Cultura de la cadena Vips la última entrega de Larsson. "Hasta que no lees el tercer libro no vas a atar cabos, así ha enganchado a miles de lectores que normalmente no se hubieran acercado a este tipo de literatura". De la misma manera opinó una madrileña que, después de leer las dos primeras entregas: Los hombres que no amaban a las mujeres y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, se acercó hasta el comercio para adquirir la última. "Me enganchó desde la primera hora que empecé a leerlo".
La reina en el palacio de las corrientes de aire llegará a las librerías casi un mes después de que se estrenara en los cines españoles la película basada en la primera novela, Los hombres que no amaban a las mujeres. El libro que cierra la trilogía de Larsson, fallecido de un infarto en 2004, poco antes de que se publicara en Suecia la primera de sus novelas, también está protagonizada por el periodista Mikael Blomkvist y la hacker bisexual Lisbeth Salander. Larsson (Västerbotten 1954 - Estocolmo 2004), célebre periodista en su país, fue reportero de guerra y fundador de la revista Expo, dedicada a la lucha contra la extrema derecha antidemocrática. Gran lector y entusiasta del género negro y la ciencia ficción, escribía sus novelas por las noches, prácticamente en secreto.
En la tercera entrega de Millennium, se desvela un dato fundamental sobre qué pasó con Lisbeth, que corre alto riesgo de vida. Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del periódico Svenska Morgon-Posten (en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes), Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de la hacker. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado.



La herencia de Stieg Larsson



El legado de Stieg Larsson ha provocado un enfrentamiento entre su compañera sentimental Eva Gabrielsson, por un lado, y el padre y el hermano del escritor (Erland y Joakim respectivamente), por otro. Son éstos quienes han recibido la millonaria herencia, que incluye todos los derechos de sus obras así como la manera de gestionar lo que dejó escrito. Sin embargo, Gabrielsson cree que es ella quien debería tener el control al ser la persona que mejor le conocía; Larsson abandonó el hogar familiar a los 18 años y desde entonces vivió con Gabrielsson sin mantener apenas contacto con su padre y hermano.
Erland y Joakim ofrecieron a Gabrielsson un acuerdo por el que le daban 20 millones de coronas suecas y la tercera parte de los derechos de autor, aunque esta oferta fue finalmente rechazada por la viuda.
En una entrevista para el diario italiano "La Stampa" publicada el 07/02/2010, Gabrielsson desmintió las afirmaciones del colega de Larsson, Kurdo Baksi y del que fuera su jefe durante años en la agencia de noticias sueca TT, Anders Hellberg, que levantaron gran polémica en Suecia al asegurar que otra persona escribió los libros. Gabrielsson afirmó que ella es arquitecta y que "durante un cierto período coleccionó informes y estudios sobre los barrios y los edificios de Estocolmo" de los que el escritor se sirvió para ambientar sus novelas. "No necesitaba ningún tipo de ayuda para escribir. Cuando se sentaba ante el ordenador, tenía las ideas muy claras y escribía muy rápido, mientras que yo soy muy lenta", afirmó.


La saga Millennium

Larsson comenzó a escribir novelas policíacas por las noches, como diversión, en el año 2001. En un primer momento, se planteó, junto con el periodista Kenneth A., de la agencia de noticias TT, escribir una historia sobre los personajes Hernández y Fernández, de Las aventuras de Tintín. Más tarde se propuso imaginar cómo se desenvolvería en la sociedad actual la célebre Pippi Calzaslargas creada por la escritora sueca Astrid Lindgren: así creó a uno de los protagonistas de sus ficciones, la investigadora Lisbeth Salander. Como contrapunto, creó a otro personaje más equilibrado, el periodista de investigación Mikael Blomkvist (cuyo nombre evoca también el de otro personaje de Lindgren, el niño detective Kalle Blomkvist). A partir de ahí creó el resto de los personajes de la denominada saga Millennium, por el nombre de la revista en que trabaja Blomkvist.
Falleció en 2004, a los 50 años, de un ataque al corazón, días después de haber entregado a su editor el tercer volumen de la saga, La reina en el palacio de las corrientes de aire, y poco antes de que se publicara el primero (Los hombres que no amaban a las mujeres).8 No llegó a ver publicada la obra que le llevaría a la fama, y su temprana muerte truncó el plan de continuar la saga, como algunos de sus allegados afirman. Su compañera durante 32 años, la arquitecta sueca Eva Gabrielsson, asegura que cuando Larsson falleció ya había comenzado a escribir la cuarta novela de la saga.
Recientemente, una página web francesa muy influyente (www.evene.fr) calificó a Larsson de «figura legendaria, cuyo extraordinario genio literario ha creado una de las obras literarias más importantes del siglo XXI... Las tres novelas constituyen un auténtico fresco de la sociedad moderna que no puede compararse a lo que ningún escritor de novela criminal ha hecho nunca antes.». Sin embargo, la novelista de misterio Donna Leon afirmó que en Millennium sólo hay maldad e injusticia y algo de cierto encierran sus palabras. Suecia aparece en estas novelas, según Mario Vargas Llosa, como «una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y las instituciones en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones fujimoristas». Hay fallos estructurales y su estilo no es el mejor, pese a lo cual el novelista peruano afirma que esta obra perdurará porque se trata de ficción de la más amena, con unos personajes perfectamente definidos, que, según él, es lo que importa.
En 2009 se ha estrenado una adaptación cinematográfica de la primera novela de la saga, una película dirigida por Niels Arden Oplev con los actores suecos Michael Nyqvist y Noomi Rapace en los papeles protagonistas. Män som hatar kvinnor, de más de dos horas de duración, se estrenó el 27 de febrero de 2009 en Suecia y Dinamarca. La primera película, que ha cosechado un notable éxito de taquilla, ha propiciado el estreno de las películas, Flickan som lekte med elden y Luftslottet som sprängdes adaptaciones dirigidas por Daniel Alfredson, con los actores suecos repitiendo como protagonistas.
The Girl With The Dragon Tatoo, la más reciente adaptación de la trilogía, basada en el primer libro, fue estrenada en 2011, dirigida por David Fincher y protagonizada por Daniel Craig, Rooney Mara y Christopher Plummer.La película ganó un Oscar por Mejor Montaje, además de ser nominada en la categorías: Mejor Actriz (Rooney Mara), Mejor Fotografía, Mejor Mezcla de Sonido y Mejor Edición de Sonido

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BIBLIOGRAFÍA
  • Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatar kvinnor, 2005), ed. Destino, 2008. 
  • La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Flickan som lekte med elden, 2006), ed. Destino, 2008. 
  • La reina en el palacio de las corrientes de aire (Luftslottet som sprängdes, 2007), ed. Destino, 2009.
  • Lo que no te mata te hace más fuerte (con David Lagercrantz), ed. Destino, 2015