viernes, 1 de mayo de 2020

Harriet Andersson / Entre gritos y susurros


Harriet Andersson
Un verano con Mónica


Harriet Andersson

(Estocolmo, 14 de febrero de 1932)


Juan Luis Sánchez
18 de abril de 2018

Una de las más versátiles componentes de la compañía estable de Ingmar Bergman, que escribió para ella el papel protagonista del film que la dio a conocer, “Un verano con Mónica”, y la recuperó para “Gritos y susurros”, una de las cumbres de su cine. Harriet Andersson representó la imagen de la mujer sueca más moderna de su época, pero salía airosa de los papeles más variopintos.
Harriet Andersson
Un verano con Mónica

Nacida el Día de los Enamorados, de 1932, en la capital del país sueco, a los 15 años se matriculó en la escuela de interpretación Calle Flygare. A continuación participa en diversos montajes clásicos del teatro municipal de Malmö, alguno a las órdenes de Ingmar Bergman, que solía montar un par de ellos cada temporada. Impresionado por su talento, el cineasta la convirtió en la adolescente rebelde y problemática de Un verano con Mónica, que tras una discusión con su padre abandona el hogar para pasar unas semanas navegando en un bote con su novio. Supuso uno de los primeros éxitos internacionales del realizador.



Curiosamente, en las revistas del momento apareció que había descubierto a la actriz cuando ésta trabajaba de ascensorista. “¿En serio? Eso es nuevo para mí, yo ya actuaba mucho antes de conocerle, y nos vimos por primera vez en el teatro”, comentó en una entrevista en 2008. Pese a que por aquel entonces tenía una relación con el actor Per Oscarsson, durante el rodaje surgió un apasionado romance con Bergman, pese a que éste acaba de casarse con la periodista Gun Hagberg, con la que tuvo un hijo, Lill-Ingmar. Ambos se mudaron al pequeño apartamento de soltero que el director tenía en Österlmam, el barrio de Estocolmo, muy cercano al de Gun con el bebé.
Harriet Anderson
Un verano con Mónica

Sin embargo, en su libro de memorias, “Harriet Andersson. Conversación con Jan Lumholdt”, le desvela al periodista al que alude el título que fue una etapa horrible para ella. Describe a Bergman como un tipo “horrible, patológicamente celoso a veces”. Pese a que el idilio acabó fatal, siguió contando con ella, para diversas obras teatrales, y varios de sus largometrajes más conocidos. Fue una amazona en Noche de circo (1953), una fría muchacha en Una lección de amor (1954), modelo en Sueños (1955), la criada de Sonrisas de una noche de verano (1955), y la esquizofrénica de Como en un espejo (1961). “Nunca pensé en él como un genio reconocido en todo el mundo. De hecho en Suecia no lo trataban así, no era tan famoso como en cualquier otro país. Pienso que estaba un poco triste por eso”.



Tras separarse de Bergman, se casó con Bertil Wejfeldt, ajeno al mundo de la interpretación, en 1959, pero se divorció tres años después, tras dar a luz a Petra Wejfeldt, su única hija. La niña se llamó igual que el personaje de su madre en la citada Sonrisas de una noche de verano.
Emparejada con otro realizador, Jorn Donner, participa en sus filmes Un domingo de septiembre (1963), Amar (1964), Aquí empieza la aventura (1965), y Anna (1969). En Hollywood rueda Llamada para un muerto, adaptación de la novela de John le Carré, a cargo de Sidney Lumet, donde interpreta a la esposa del agente secreto prejubilado que encarna James Mason. En la coproducción hispano-sueca La sabina, de José Luis Borau, interpreta a la esposa de un escritor inglés exiliado en España.



Tras una década sin trabajar con ella, Ingmar Bergman la recupera para Gritos y susurros, uno de sus dramas más apreciados, donde encarna a Agnes, que en el siglo XIX está a punto de morir de cáncer de útero, acompañada por sus dos hermanas y una criada. En la cinta realiza el que quizás sea su mejor trabajo, con una escena terrible, en la que su personaje deja de estar viva de repente, mientras abraza a Liv Ullmann. “Me inspiré en la muerte de mi padre, es la única persona a la que he visto fallecer. Empezó a respirar con dificultad y a jadear mucho, y después se hizo el silencio, así que supe que había muerto. De esa forma me di cuenta de que la vida te abandona en muy poco tiempo”.
Volvería a acordarse de ella para su penúltimo film, Fanny y Alexander, donde interpretaba a Justina, criada que delata a los niños porque le han contado que les visitan fantasmas, historia que les costará un duro castigo corporal. En la última etapa de su carrera trabaja sobre todo en la televisión. El danés Lars Von Trier la reclutó para Dogville, donde encarna a una de las vecinas del pueblo en donde se refugia el personaje de Nicole Kidman. Harriet Andersson se retiró tras Los crímenes de Fjällbacka: El mar da, el mar quita, un telefilm de intriga de 2003.
Pese al apellido, no tiene ninguna relación familiar con Bibi Andersson, otro de los rostros habituales de Bergman, en títulos como El séptimo sello o Fresas salvajes.

DE LA NECEDAD DE SER JOVEN: UN VERANO CON MÓNICA, DE INGMAR BERGMAN

Juan Carlos González
9 de marzo de 2018

“Nunca he hecho una película menos complicada que Un verano con Mónica. Sencillamente nos largamos y la rodamos”
-Ingmar Bergman
Mónica -o mejor Monika, que es su nombre original en sueco- sale de juerga, abandonando a su bebé y a su marido, a los que no soporta. Se va a beber y a fumar a un bar con Lelle, un ex amante, y la vemos sentada con él mientras intercambian fuego para encender sus cigarrillos. Monika (interpretada por Harriet Andersson) fuma y de repente voltea su rostro y su mirada hacia la derecha, hacia donde estamos nosotros. Nos mira. Y nos desafía. Sabe que hemos presenciado su desazón, su aburrimiento y su decepción con la vida que lleva y que ahora somos testigos de su traición. Nos mira para decirnos que no le importa lo qué pensemos, que se sabe culpable, pero que no va a hacer nada al respecto. Monika no busca ser redimida ni redimirse, tampoco le interesa nuestra opinión ni nuestro juicio, acaso quiere saber quién va a tirarle la primera piedra, a sabiendas que todos somos tan pecadores como ella. Por eso nos sostiene la mirada mientras la cámara va cerrando ese primer plano, rodeándolo de oscuridad para acentuarlo aún más. Monika nos gana esta partida, este juego de miradas que nos obliga a bajar los ojos ante su decisión atrevida e irreductible de no someterse, de dejar cualquier atadura, de sentirse libre de nuevo.

Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953)
Con esos ojos hacia la cámara Monika nos enrostra nuestra falta de decisión, nuestro conformismo, nuestra abulia. Nos falta sangre en las venas, nos falta fuego en las entrañas, parece decirnos. Ingmar Bergman describe ese momento: “Ella traslada la mirada de su pareja a la cámara y la clava en el objetivo. Así se estableció de repente y por primera vez en la historia del cine un descarado contacto directo con el espectador” (1). Para Jean-Luc Godard esos ojos fijos tampoco pasaron inadvertidos, pero le da a esa mirada un acento no de desafío, sino de desesperación nihilista: “esos minutos extraordinarios en los que Harriet Andersson, antes de volver a acostarse con un tipo al que ha abandonado, mira fijamente a la cámara con los ojos risueños anegados de angustia y tomando al espectador por testigo del desprecio que siente por sí misma al preferir sin querer el infierno en lugar del cielo. Es el plano más triste de la historia del cine” (2).
Que Ingmar Bergman dejara impune la conducta de la protagonista de Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953), que la dejara marcharse sin remordimiento alguno, es muy consecuente primero con el propio personaje, una joven mujer apenas saliendo de la adolescencia que busca un escape a la fea y gris cotidianidad, y lo encuentra en la ensoñación del cine que ve y en los brazos de un joven a quien se entrega y con quien pasará un verano idílico que pretenden sea eterno. Y segundo, era también el modo que tenía Bergman para decirnos que no está ahí para juzgarla, que no se cree moralmente superior a ella. Su narración no busca darle a ella –ni a nosotros- una lección. Los actos y las decisiones de Monika son solo suyos, su rebeldía frente a lo que socialmente se esperaría de ella es respetada por el director. Además el cine de este autor –en palabras de Jacques Mandelbaum, crítico de cine de Le Monde– desde el orden moral quiere mostrarnos siempre “la lucha infatigable contra toda pretensión de pureza, la afirmación de la imperfección como signo decisivo de la humanidad” (3). Monika no es un ejemplo a seguir, pero no por ello su historia es menos digna de ser contada.

Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953)
Considero más bien que Bergman en este filme se solaza en la alegría despreocupada de Monika, en su apasionamiento irresponsable, en su necedad juvenil. El director celebra esa chispa de pasión romántica y erótica que la lleva a dejar todo (un padre que la golpea, una madre aún criando hijos pequeños, unos compañeros de trabajo que la acosan sexualmente) y a huir con Harry (Lars Ekborg), un hombre tan joven e inexperto como ella, para buscar el consuelo del sol veraniego en el archipiélago de Estocolmo, y a vivir de amor, sueños, planes ilusorios y la creencia absoluta de que son la única pareja del universo. Nada del mundo parece tener la fuerza necesaria para tocarlos, para alcanzarlos siquiera. La cámara de Gunnar Fischer se encarga de realzar la belleza paisajista del mar, las rocas, el reflejo del sol sobre las superficies, los cuerpos de los amantes besándose y acariciándose.

Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953)
Pero si Bergman se complace en la descripción de este paraíso sensual –que incluye unos osados desnudos de Harriet Andersson- también tiene el aplomo suficiente como para mostrarnos el inevitable derrumbe de esa quimera apuntalada en cera, que el sol sueco derritió. Lentamente la realidad, la sosa vida real, va carcomiendo ese edén privado forzándolos a regresar a la ciudad y a establecerse como pareja formal, integrándolos a un círculo vicioso de rutina, deberes, compromisos, necesidades, humillaciones y pobreza. Algo que Monika, desde su egocentrismo, no va a tolerar. No hace parte de su esquema mental asumir responsabilidad alguna por sus actos. Por eso se va. Y Bergman la deja irse.
Mujeres como ella van a ser centrales a partir de acá -y durante toda su filmografía- para este director que afirmó que “todas las mujeres me mueven –viejas, jóvenes, altas, bajas, gordas, delgadas, gruesas, pesadas, ligeras, hermosas, encantadoras, vivas, muertas. (…) El mundo de las mujeres es mi universo” (4).
La película más barata de la historia
Un verano con Mónica fue la segunda película que Bergman se vio obligado a hacer para Svensk Filmindustri tras recibir de esa empresa un préstamo de dinero que necesitaba urgentemente. El origen del guion surge, según Bergman, de un encuentro que tuvo en una popular calle comercial de Estocolmo con el escritor Per Anders Fogelström –con quien ya había trabajado como guionista. Al preguntarle que estaba escribiendo, este le dijo que estaba elaborando “la historia de una chica y un chico que se escapan juntos y viven unas semanas de vida primitiva en el archipiélago antes de volver a la civilización” (5). A Bergman el tema le parecía perfecto y entre los dos trabajaron en el guion, aprovechando un paro que hubo en la producción fílmica nacional promovido por los productores, que protestaban por un impuesto estatal a los espectáculos.

Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953)
El argumento terminado fue puesto en manos del jefe de Svensk Filmindustri, Carl Anders Dymling, quien logró convencer a la junta de la compañía productora para permitirle a Bergman llevar a cabo este filme: tras el paro había urgencia de proveerse de nuevas películas. “Yo le dije [a Dymling] que un grupo pequeño de nosotros iba a salir al archipiélago, solo una pequeña pandilla, con una cámara sin sonido. Todo iba a ser muy pequeño y sencillo; la película más barata del mundo” (6), recordaba Bergman. El filme se rodó entre julio y octubre de 1952 en medio de un ambiente relajado y festivo.
“Para el papel de Mónica se eligió a una actriz joven que hacía revista con medias de malla y elocuentes escotes en el Teatro Scala. Tenía alguna experiencia cinematográfica y era novia formal de un actor” (7), escribe Bergman en su libro de memorias Linterna mágica para referirse a Harriet Andersson, con quien viviría un romance durante el rodaje de la película, lo que hizo que se separara de su tercera esposa, Gun Grut. Harriet sería la primera de las actrices que estuvieron a sus órdenes durante un rodaje y con las cuales se involucró sentimentalmente (le seguirían Bibi Andersson y luego Liv Ullmann). El director justifica esas relaciones en el mismo apartado de sus memorias en el que habla de Un verano con Mónica: “El trabajo cinematográfico es una actividad fuertemente erótica. La proximidad a los actores no tiene reservas, la entrega mutua es total. La intimidad, el afecto, la dependencia, la ternura, la confianza, la fe ante el mágico ojo de la cámara, nos dan una seguridad cálida, posiblemente ilusoria. Tensión, relajamiento, respiración común, momentos de triunfo, momentos de fracaso. La atmósfera está irresistiblemente cargada de sexualidad” (8).

Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953)
Esa pasión por Harriet Andersson se trasladó al rodaje en la isla de Örnö, que fue toda una fiesta. Allí vivían en un albergue y todos los días los llevaban en barcos de pesca a las islas lejanas del archipiélago para filmar ahí utilizando la luz veraniega y los paisajes marítimos naturales. Durante las tres semanas de rodaje dejaron apilar los copiones para evitar aumentar los costos de transporte del material, sin embargo cuando los revelaron “descubrimos que en prácticamente todo lo que habíamos rodado había un rayón en el negativo. Desde Estocolmo recibimos el mensaje de que teníamos que volver a rodar todo de principio a fin, o por lo menos el setenta y cinco por ciento. Ningún equipo de filmación derramó alguna vez lágrimas de cocodrilo más grandes. ¡Estábamos demasiado felices de quedarnos!” (9), recordaba Bergman.

Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953)
Tras volver, rodar algunas escenas en estudio, hacer el montaje y doblar las voces la película fue sometida a la censura estatal que cortó una escena de alto contenido erótico y otra en la que Harry se emborracha. Un verano con Mónica se estrenó el 9 de febrero de 1953. Era la película número doce que Ingmar Bergman dirigía pero de lejos se convirtió en ese momento en la más popular. En Estados Unidos el temerario productor Howard “Kroger” Babb supuestamente adquirió por terceras personas los derechos de distribución del filme, lo dobló al inglés, cortó buena parte del metraje y los 62 minutos restantes fueron remontados para enfatizar los aspectos sexuales del filme y la desnudez de Harriet Andersson. Incluso la película se rebautizó como Monika, the Story of a Bad Girl!. Svensk Filmindustri demandó a Babb, a quien se le envió una orden de cesación y desistimiento, pues era Janus Film el poseedor legal de los derechos en Norteamérica.
Pese a ese insulto, el cariño de Bergman por Un verano con Mónica nunca cesó. “Está cerca de mi corazón y es uno de los filmes que siempre estoy feliz de ver de nuevo” (10), contaba. No le faltaban razones.
Referencias:
1. Ingmar Bergman, Imágenes, Barcelona, Tusquets, 2001, p. 253
2. Jacques Mandelbaum, Ingmar Bergman, París, Cahiers du Cinéma Sarl, 2011, p. 24
3. Ibid., p. 73
4. François Truffaut, The films in my life, New York, Da Capo Press, 1994, p. 255
5. Ingmar Bergman, Op Cit., p. 253
6. Stig Björkman, Torsten Manns, Jonas Sima, Bergman on Bergman, Nueva York, da Capo Press, 1993, p. 75
7. Ingmar Bergman, Linterna mágica, Barcelona, Tusquets, 2017, p. 181-182
8. Ingmar Bergman, Op Cit., p. 182
9. Stig Björkman, Torsten Manns, Jonas Sima, Op Cit., p. 75
10. Ibid., p. 79


Ingmar Bergman con el elenco de Gritos y susurros:
Ingrid Thulin, Kari Sylwan, Harriet Andersson y Liv Ullmann



ESTUDIO EN ESCARLATA: GRITOS Y SUSURROS, DE INGMAR BERGMAN


“La lección de Bergman es triple: libertad en el diálogo, limpieza radical de la imagen y la prioridad absoluta del rostro humano”.
– François Truffaut
Juan Carlos González
27 de enero de 2016
“Es lunes, temprano en la mañana, y siento dolor”, escribe Agnes en su diario, mientras su voz en off nos repite las mismas palabras. Es la primera frase de Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972), y significativamente no es pronunciada, sino escrita y leída. Lo que decimos es reemplazado aquí por lo que sentimos. Lo primero puede ser falso, circunstancial y ambiguo, lo segundo nunca lo es. En el mundo fílmico de Bergman el sentimiento es crucial: lo que sienten sus personajes es el alma de su cine, sea amor, hastío, soledad, incomunicación, frustración, deseo. Sin embargo, Gritos y susurros se centra en otra experiencia humana fundamental: el dolor.
Pero no sólo se trata del dolor del alma atormentada, del dolor de ser, sino del dolor físico, de esa sensación que experimentamos desde que nacemos -cegados por la luz, ateridos de frío, asustados de abandonar el vientre materno- y que nos acompañará hasta nuestro última exhalación. Seremos testigos, a veces contra nuestra propia voluntad, de los últimos dos días de la vida de Agnes (Harriet Andersson), una mujer consumida por un penoso cáncer. La veremos temblar de dolor, pedir ayuda a gritos, contraerse en un espasmo aterrorizante por lo real. Sus dos hermanas, Karin y Maria están allí acompañándola, en esa enorme y fría mansión de principios de siglo, pero son incapaces de confortarla. Son almas habitadas por el egoísmo y no quieren escapar a ese caparazón que las rodea. Sólo Anna, la diligente mucama, imbuida de fe, caridad y compasión, cuida de veras a Agnes, quien reclama –obnubilada- su presencia.
Gritos
Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
“La primera imagen siempre volvía: la habitación roja con las mujeres vestidas de blanco. A menudo algunas imágenes vuelven a mi mente con tozudez, sin que sepa lo que quieren de mí. Después desaparecen y reaparecen de nuevo, y son exactamente iguales. Cuatro mujeres vestidas de blanco en una habitación roja. Se movían y hablaban al oído, y eran extremadamente misteriosas. Justo entonces yo estaba ocupado en otras cosas pero, como volvían con tanta tenacidad, comprendí que querían algo”, escribía Bergman en su texto Imágenes, a propósito del origen de este filme. He ahí a las tres hermanas, reunidas por última vez. Agnes, que nunca se casó, recuerda a su madre, aún joven. María (Liv Ullmann), eternamente infantil, rememora sus amoríos con el médico que atiende a su hermana, que llevaron a que su esposo intentara suicidarse. De Karin (Ingrid Thulin) sabremos que odia a su cónyuge y que llegará a atentar contra su propio cuerpo con tal de evitar que él la toque. Las tres mujeres son una sola, celosa, caprichosa y egoísta, incapaz de abrirse a los demás. Incluso Bergman reconoció que cada una evoca un aspecto de la personalidad de su madre. Anna (Kari Sylwan) representa el otro lado, el maternal, generoso y desprendido. Entre las cuatro se forma una mujer completa, llena de certezas, pero también de dudas sobre su misma naturaleza como ser humano.

Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
Robert Lauder, en su texto sobre la mirada filosófica de la obra de Bergman, hace una conclusión a la que Gritos y susurros se acoge: “El viaje humano es hacia la muerte. Al disolverse la presencia de Dios, el ser humano tuvo que mirar hacia otra parte buscando sentido a su existencia y alguna esperanza a la que aferrarse al enfrentar la muerte. El arte le ofrece explicaciones indirectas, pero sin la presencia animada de Dios y la superestructura de significados que la religión alguna vez le brindó al artista, las “respuestas” del arte nunca pueden ser adecuadas. La única esperanza que tenemos, de acuerdo a Bergman, es el amor humano. No hay esperanza celestial. La única salvación posible para nosotros es el contacto afectivo con otro o quizá con muchos otros seres humanos” (1). Agnes -al momento de su muerte, y a pesar de su angustia- no recurre a Dios. Tampoco sus hermanas lo hacen. Y cuando el sacerdote llega a la mansión y pronuncia una oración frente al cadáver de Agnes, expresa también dudas y desilusión sobre ese más allá, que él tampoco es capaz de imaginar. Incluso, en un momento dado, la expresión facial del sacerdote hace un rictus que parece burlón frente a la gravedad que sus palabras expresan. Al manifestar esas dudas, este hombre se hace eco de los falibles ministros de Dios que Bergman nos había mostrado, como Tomas Ericsson en Luces de invierno.
Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
¿Hacia dónde dirigirnos entonces? Después del funeral, Karin y Maria se van con sus esposos, aliviados todos de salir de esta situación, y Anna queda sola en la mansión. Ella conserva el diario de Agnes y allí encuentra la respuesta, al leer la evocación que la difunta hizo de un momento particularmente feliz de su pasado, cuando sus hermanas fueron a visitarla: “Es maravilloso estar juntas otra vez, como en los viejos tiempos. Me estoy sintiendo mucho mejor e incluso pudimos ir a caminar, lo cual es todo un evento para mí, puesto que hace mucho que no salgo. Repentinamente empezamos a reír y a correr hacia el viejo columpio que no veíamos desde que éramos niñas. Nos sentamos en él como tres hermanitas buenas, mientras Anna nos empuja lenta y gentilmente. Todos mis dolores y lamentos se fueron. Las personas de las que estoy más orgullosa entre todo el mundo estaban conmigo. Podía escuchar su conversación a mí alrededor, podía sentir la presencia de sus cuerpos, la tibieza de sus manos. Yo quería que el momento durara y pensaba: Venga lo que venga, esta es la felicidad. No puedo desear algo mejor. Ahora, por pocos minutos puedo experimentar la perfección. Y me siento profundamente agradecida con mi vida, que me ha dado mucho”.
Ante la falta de fe, que se traduce en el silencio y la indiferencia de Dios, los personajes de Bergman buscan alivio en los demás, en las posibilidades terapéuticas –si cabe el término- del afecto y del amor. Pero el director se niega a brindar soluciones perfectas: al amor anhelado contrapone el egoísmo y la incomunicación. A la muerte de Agnes –como si ese hubiera sido la justificación de su deceso- hay un reencuentro mutuo entre las dos hermanas restantes, propiciado por María y al que Karin acepta renuente. Se tocan, se besan, se prometen estar cerca y ser cómplices como cuando eran niñas. Pero esa tregua es momentánea y circunstancial. Al momento de abandonar la mansión, tras el funeral, es Karin la que trata de acercarse, pero ahora María la rechaza. Entre las dos sólo hubo palabras, no un encuentro de dos almas que se necesitaran. Y las palabras, ya lo sabemos, no siempre reflejan con fidelidad lo que el alma siente.
Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972) 
Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
¿Y qué siente el alma?, sobre todo ¿Qué color tiene? Leamos a Bergman: “Todas mis películas se pueden pensar en blanco y negro, excepto Gritos y susurros. En el guion consta que he imaginado lo rojo como el interior del alma. Cuando era niño veía el alma parecida a un fantasmal dragón, azul como el humo, que volaba como una enorme criatura alada, mitad ave, mitad pez. Pero, por dentro, el dragón era todo rojo”. Si el director quería mostrarnos el alma, sus recovecos y sus heridas, no pudo entonces haber elegido otro tono distinto al rojo. Un cineasta que sólo en 1963 se dejó seducir por el color en sus películas, requería usarlo necesariamente aquí. Así, toda la película está teñida de un rabioso escarlata. Las habitaciones de la mansión y todos los elementos del decorado son rojos, haciendo un fuerte contraste con el vestuario de los protagonistas, que fluctúa entre el blanco y el negro, en una alegoría visual mucho más fuerte que la que expresan los parlamentos de los actores.

Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
El maestro Sven Nykvist tenía la misión de fotografiar la película como si reflejara un estado del alma, algo subjetivo y alegórico, y no exactamente real. Bergman lo expresaba a sus actores: “Cuando pienso en este proyecto nunca aparece como algo completo. A lo que más se parece es a una corriente oscura que fluye: rostros, movimientos, voces, gestos, exclamaciones, luz y sombra, talantes, sueños”. Por eso la película deambula en un estado de semi inconsciencia, donde los recuerdos y la imaginación fluyen en un reverbero constante, sin que haya límites entre unos y otra. A eso se debe que Agnes pueda resucitar en la visión que tiene Anna, convocando a sus hermanas en busca de un alivio que ellas –aterradas- no van a brindarle. Sólo Anna –la creyente- es capaz de sanar ese espíritu, tomando en sus brazos el cuerpo de Agnes, en una postura que evoca, inequívoca, a La piedad de Miguel Angel. ¿Agnes ha muerto o no? Para Bergman el proceso de la muerte es un misterio, un hecho traumático cuya mecánica desconocemos, y cuyo desenlace no podemos presagiar. Por eso es posible que la muerte física no sea a la vez la muerte del espíritu y que este siga pidiendo ayuda, pidiendo un abrazo a tiempo.
Bergman durante el rodaje de Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
Bergman durante el rodaje de Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972)
El rodaje de Gritos y susurros, cuyo título surge de la descripción que el crítico sueco Yngve Flycht hiciera del concierto para piano No.21 de Mozart, empezó en el otoño de 1971 en el castillo de Taxinge en las afueras de Mariefred, al oeste de Estocolmo, y corresponde al florecimiento de la relación de Bergman con la condesa Ingrid von Rosen, a quien desposaría en noviembre del mismo año. Nadie quería invertir en el proyecto y el director tuvo que pedir ayuda al Instituto Fílmico Sueco, a las tres coprotagonistas y a Sven Nykvist, quienes se comprometieron a no exigir contraprestación económica alguna hasta que el filme hubiera sido negociado. La filmación se extendió durante cuarenta y dos días y tuvo un costo de cuatrocientos mil dólares.
Casi un año después del rodaje, los derechos internacionales del filme fueron comprados y pudo exhibirse en Estados Unidos a tiempo para ser candidatizada al Oscar. Obtuvo cinco nominaciones, incluyendo mejor película, y Sven Nykvist ganó el galardón a la mejor cinematografía. Fue uno entre los muchos premios que la película obtuvo, además del reconocimiento de la crítica y del público, que desde el momento de su estreno percibieron que estaban ante una obra extraordinaria.
Ahora las puertas de la mansión se han cerrado. Anna permanecerá allí unos días más. Luego también se irá. Ya no se escuchan gritos. Pero, ¿habrá cesado el dolor?
Referencia:
1. Lauder, Robert E. God, death, art, and love: the philosophical vision of Ingmar Bergman. Paulist Press, New York 1989.





FILMOGRAFÍA
  • 1950 : Motorkavaljerer de E.Ahrle
  • 1950 : Medan staden sover de L.E Kjellgren
  • 1950 : Två trappor över gården de G.Werner
  • 1950 : Anderssonskans Kalle de R.Husberg
  • 1951 : Biffen och Bananen de R.Husberg
  • 1951 : Puck heter jag de S.Bauman
  • 1951 : Dårskapens hus de E.Ekman
  • 1951 : Frånskild de G.Molander
  • 1952 : Ubåt 39 de E.H.Faustman
  • 1952 : Sabotage de E.Jonsson
  • 1952 : Trots de G.Molander
  • 1953 : Un verano con Mónica de Ingmar Bergman
  • 1953 : Gycklarnas afton de Ingmar Bergman
  • 1954 : En lektion i kärlek de Ingmar Bergman
  • 1955 : Kvinnodröm de Ingmar Bergman
  • 1955 : Hoppsan! de S.Olin
  • 1955 : Sommarnattens leende de Ingmar Bergman
  • 1956 : Nattbarn de G.Hellström
  • 1956 : Sista paret ut de A.Sjöberg
  • 1957 : Synnøve Solbakken de G.Hellström
  • 1958 : Flottans överman de S.Olin
  • 1958 : Kvinna i leopard de G.Molander
  • 1959 : Noc Poslubna - Haayo - En Brollopsnatt de E.Blomberg
  • 1959 : Brott i paradiset de E.Kjellgren
  • 1961 : Barbara de Frank.Wisbar
  • 1961 : Såsom i en spegel (Como en un espejo), de Ingmar Bergman
  • 1962 : Syska de A.Kjellin
  • 1963 : Lyckodrömmen de H.Abramson
  • 1963 : En söndag i september de Jörn.Donner
  • 1964 : För att inte tala om alla dessa kvinnor (Por no mencionar todas estas mujeres), de Ingmar Bergman
  • 1964 : Att älska (Aimer) de Jörn.Donner
  • 1964 : Älskande par (les amoureux) de Mai Zetterling
  • 1965 : For vänskaps skull de H.Abramson
  • 1965 : Lianbron de S.Nykvist
  • 1965 : Här börjar äventyrettaalla alkan seikkailu de Jörn.Donner
  • 1966 : Ormen (Le serpent) de H.Abramson
  • 1967 : The deadly affair de Sydnet Lumet
  • 1967 : Stimulantia - Han Hon de Jörn.Donner
  • 1967 : Tvärbalk (Chassé-croisé) de Jörn.Donner
  • 1967 : Mennesker modes og sod musik opstar i hjertet - Manniskor möts och ljuv musik uppstår i hjärtat de H.Carlsen
  • 1968 : Jag älskar, du älskar de S.Björkman
  • 1968 : Flickorna de Mai Zetterling
  • 1968 : Oberman de H.Embach
  • 1969 : Kampf um rom - Bataglia pentru roma de Robert Siodmak
  • 1969 : Anna de Jörn.Donner
  • 1971 : I havsbandet de B.Lagervist
  • 1972 : Viskningar och rop (Gritos y susurros) de Ingmar Bergman
  • 1972 : El día que el payaso lloró de Jerry Lewis (inédita)
  • 1973 : Bebek de B.Karabuda
  • 1975 : Monismanien 1995 de K.Fant
  • 1975 : Två kvinnor - Den vita vagen de S.Björkman
  • 1977 : Hempas bar de L.G.Thelesman
  • 1977 : Snorvalpen de Vilgot Sjöman
  • 1979 : La Sabina de José Luis Borau







martes, 28 de abril de 2020

Volker Schlöndorff

Volker Schlöndorff
(1939)

Nació el 31 de marzo de 1939 en Wiesbaden, Hessen (Alemania)
Volker Schlöndorff estudió Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de la Sorbona, París, ciudad francesa en la que también se instruyó en Cinematografía.
Su carrera en la gran pantalla, significada por adaptaciones literarias y películas documentales, se inició a comienzos de los años 60 como asistente de dirección colaborando con gente tan importante como Alain Resnais en su conocida película “El Año Pasado En Marienbad” (1961), Louis Malle en “Una Vida Privada” (1962), “El Fuego Fatuo” (1963) o “¡Viva María!” (1965), o Jean-Pierre Melville en “El Confidente” (1962).
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Su primer largometraje de ficción fue “El Joven Torless” (1966), adaptación de una novela de Robert Musil que consiguió una gran repercusión fuera de las fronteras alemanas, ganando Schlöndorf el premio FIPRESCI en el Festival de Cannes y convirtiéndose en uno de los puntales, junto a Rainer Werner Fassbinder o Werner Herzog, del llamado nuevo cine alemán.
Al año siguiente filmó un episodio de la película “Der Paunkenspieler” (1967) y “Mord Und Totschlag” (1967), película que contó con el protagonismo de una de las musas de los Rolling Stones, Anita Pallenberg, quien también aparece en “El Rebelde” (1969), film ambientado en la Edad Media con el protagonismo de David Warner.
La década de los 70, época en la que Schlondorff fundó su propia productora, Bioskop Film, comenzó para el director alemán con dos trabajos para televisión, una versión televisiva del “Baal” (1970) de Bertolt Brecht en la que compartió créditos con su esposa, la actriz, guionista y directora Margarethe von Trotta; y “La Repentina Riqueza De Los Pobres De Kombach” (1971), con el protagonismo de nuevo de Margarethe. Su regreso al cine se produjo con “Die Moral Der Ruth Halbfass” (1972), película protagonizada por la rubia Senta Berger.
Junto a otras incursiones en la pequeña pantalla, como el telefilm “Fuego De Paja” (1972) o una serie sobre textos de Henry James, Volker Schlöndorf filmó una versión cinematográfica del célebre libro de Heinrich Böll “El Honor Perdido De Katharine Blum” (1975), película que fue recibida con entusiasmo en el Festival de San Sebastián.
volker-schlondorff-ahora“Tiro De Gracia” (1976), adaptación de una novela de Marguerite Yourcenar ambientada en la Primera Guerra Mundial y varios documentales fueron el preludio de “El Tambor De Hojalata” (1979), drama basado en la novela homónima de Günter Grass gracias a la que logró la fama internacional y premios tan importantes como la Palma de Oro en Cannes o el Oscar al mejor film de habla no inglesa.
“Die Fälschung” (1981), con Bruno Ganz y Hannah Schygulla, el documental “Guerra y Paz” (1982), con guión de Böll, “El Amor De Swan” (1984), adaptación del conocido texto de Marcel Proust, y los telefilms “Muerte De Un Viajante” (1985), basado en la obra teatral de Arthur Miller, y “Los Viejos Recuerdos De Louisiana” (1987), versión del texto de Ernest J. Gaynes, fueron sus películas en los años 80.
Más tarde, con menor trascendencia que en su primera época, rodó “El Cuento De La Doncella” (1990), film de ciencia-ficción con guión de Harold Pinter, “El Viajero” (1991), drama romántico con el protagonismo de Sam Shepard y Julie Delpy, “El Ogro” (1996), título sobre la Segunda Guerra Mundial basado en una novela de Michel Tournier, “Seducción Letal” (1998), con Woody Harrelson y Elisabeth Shue, o “El Silencio Tras El Disparo” (2000).
Algunos de sus últimos estrenos como director son “El Noveno Día” (2004), drama sobre el sacerdote Jean Bernard, superviviente del campo de concentración nazi de Duchau,  “Diplomacia” (2014), film ambientado en la Francia ocupada del año 1944, y “Regreso a Mountauk” (2017), romance en Nueva York entre Stellan Skarsgard y Nina Hoss.


Volker Schlöndorff

VOLKER SCHLÖNDORFF 

UN EXILIADO DEL CINE 

EN EL PAÍS DE LA LITERATURA

ANA USEROS



Cuando a Max Aub le mencionaban (y debía ser muy a menudo) la paradoja de que un apátrida como él, víctima de todas las diásporas europeas del siglo, se reclamara tan ferozmente exiliado español, nativo de un país en el que no había nacido, respondía: «Se es de donde se hace el bachillerato».

Cuando a Max Aub le mencionaban (y debía ser muy a menudo) la paradoja de que un apátrida como él, víctima de todas las diásporas europeas del siglo, se reclamara tan ferozmente exiliado español, nativo de un país en el que no había nacido, respondía: «Se es de donde se hace el bachillerato».
Volker Schlöndorff hizo su bachillerato de cineasta en Francia, en las aulas del IDHEC (la escuela técnica de cine), en la sala de la Cinémathèque (la escuela ética y estética de cine) y en el aprendizaje a las órdenes de Louis Malle, Jean-Pierre Melville y Alain Resnais. Pero, como él mismo dijo en su visita al CBA, cuando le llegó la hora de dirigir su primera película todos le aconsejaron que, en tanto que alemán, regresara a su país e hiciera una película alemana.
Diez años atrás hubiera sido un consejo suicida, pero en 1962 el Manifiesto de Oberhausen había dado carta de naturaleza a lo que se llamó el Nuevo Cine Alemán a imagen y semejanza de la Nouvelle Vague francesa. El proyecto que Schlöndorff trae bajo el brazo es la adaptación de la primera novela de Robert Musil, Las tribulaciones del estudiante Törless, una disección moral de las relaciones de poder dentro de un instituto a principios de siglo que constituye una denuncia de esa mentalidad burocrática y jerárquica que condujo primero al Imperio Austrohúngaro y, más tarde, terminó por conducir a Alemania al desastre.
Para el voluntarioso retorno a una realidad que ya no es la suya, Schlöndorff recurre al filtro de la literatura, busca un texto ajeno que le proporcione las claves, una novela de aprendizaje que le permita recrear precisamente los años de bachillerato. No deja de ser curioso que sea Alexander Kluge, el redactor del manifiesto y el líder «teórico» del Nuevo Cine Alemán, quien lleve al recién llegado a localizar los exteriores de la película. Se inicia así un periodo «alemán» en la carrera de Schlöndorff que durará de 1966 a 1983, coincidiendo con los años de expansión del Nuevo Cine Alemán, una época de intenso compromiso cívico de los cineastas implicados. Schlöndorff busca su lugar entre las corrientes del nuevo cine: el Heimatfilm, cine regional, para lo que funda una efímera productora con Peter Fleischmann; el documental comprometido junto con Kluge (Der Kandidat, 1980); la sátira burguesa al estilo Fassbinder (La moral de Ruth Halfbass). Son películas marcadas por la urgencia de denunciar la herencia nazi no asumida y el recorte progresivo de libertades públicas que se está llevando a cabo en los años setenta con la excusa de combatir el terrorismo de extrema izquierda. Pero la literatura sigue ahí presente, de una forma u otra. En Alemania en otoño (Deutschland im Herbst, 1977), película colectiva rodada para seguir de cerca los acontecimientos que, tras la muerte de los integrantes de la banda Baader Meinhof, condujeron a la proclamación del estado de excepción en Alemania, el episodio que firma Schlöndorff en solitario parte de una reflexión de Heinrich Böll sobre la conveniencia de adaptar Antígona en los tiempos que corren.
En 1979 Schlöndorff escribe y dirige El tambor de hojalata, basada en la novela de Günter Grass, que inmediatamente se convierte en su mayor éxito y aún hoy es su película más conocida. Obtiene la Palma de Oro en Cannes y el Oscar a la mejor película extranjera y es quizá el principio del reconocimiento internacional de los cineastas alemanes y también el principio de la disolución del movimiento. En pocos años muere Fassbinder, Wenders comienza su aventura americana y Herzog su búsqueda del paraíso (Fitzcarraldo, Aguirre). Las producciones alemanas se espacian y buscan financiación fuera del país. Los cineastas más comprometidos, como Kluge y Reitz, se refugian en la televisión. Es el repliegue y, a la vez, el nacimiento de otro nuevo cine, el «europeo».
Para Schlöndorff, el momento de la migración llega en 1983, cuando hereda un proyecto de prestigio, una producción francesa con un reparto internacional: la adaptación de Un amour de Swann, de Marcel Proust.
El éxito de su primera película, confirmado por el de El tambor de hojalata, había encasillado en cierto modo a Schlöndorff como un «adaptador», una etiqueta no muy halagadora dentro del mundo cinematográfico pero que él asume y defiende con orgullo. En su filmografía se suceden adaptaciones de prestigiosos autores clásicos y contemporáneos: Heinrich von Kleist (Michael Kolhaas, 1969), Bertolt Brecht (Baal, 1969), Marguerite Yourcenar (Le Coup de grâce, 1976), Henry James (Georgina’s Reasons, 1974), Arthur Miller (Muerte de un viajante, 1985), Margaret Atwood (El cuento de la doncella, 1987), Max Frisch (Homo Faber, 1991), Michel Tournier (El ogro, 1996).
Con Un amour de Swann, los halagos que había recibido Schlöndorff por su trabajo en El tambor de hojalata se vuelven reproches. Se le acusa de excesiva fidelidad a la letra de la novela, algo que en el caso de El tambor de hojalata había sido motivo de elogio, y se le recuerda una y otra vez que Proust es «infilmable».
Lo cierto es que Un amour de Swann es un buen exponente de los problemas que supone adaptar clásicos de la literatura, entendiendo por «clásicos» esas obras de las cuales un individuo occidental de cultura humanista media tiene una idea concebida por su lectura directa o preconcebida por su educación. Los adaptadores evocan un universo que ya existe debido a un trabajo anterior del escritor, confiando en que nosotros, como ellos, demos por sentado su necesidad. Es posible que en la prosa de Un amour de Swann no haya una descripción «psicológica» de los personajes, pero éstos existen gracias a la inmensa capacidad mitológica que posee el narrador para hacerlos aparecer como signos frágiles y dioses de una época. En la película, el narrador desaparece y el espectador debe acatar que ese mundo que se despliega minuciosamente ante sus ojos en toda su mezquindad tiene alguna razón de ser.
Naturalmente, esto ocurre prácticamente con cualquier adaptación literaria, aunque en el caso de novelas no tan clásicas, el menor respeto que suscitan hace que el problema se suavice. Adaptar una obra al cine es visitar el universo de otro; el cineasta es un huésped, más o menos discreto, más o menos amable, en una casa ajena. Y si el cine es un país (una metáfora habitual en los discursos de Godard, entre otros) en el que cada cineasta trata de construirse un lugar, un territorio, Schlöndorff, al perseverar en su oficio de adaptador, habría sido consecuente con su doble condición, primero de paradójico exiliado en su país natal y después de viajero por las sendas del cine internacional.
Ser un exiliado del cine en el país de la literatura significa renunciar a la «obra», a las marcas de estilo, para adoptar las del territorio que se visita. En las adaptaciones literarias de Schlöndorff casi siempre hay un personaje central que llega y que, al final de la película, vuelve a marcharse. Puede ser un adolescente (Törless), un niño que se niega a crecer (El tambor de hojalata), un adulto retrasado (El ogro) o un hombre con una misión, como el periodista de Círculo de engaños (1981). Todos ellos tienen en común el ser observadores pasivos y muchas veces cómplices de un mundo (horrible) que les fascina. Solitarios, incapaces de actuar, consumen su tiempo en tratar de comprender las reglas de ese mundo ajeno. Finalmente, con la lección aprendida, abandonan el escenario.
Las excepciones, los personajes sedentarios, conservan igualmente el estigma del viajero: entre la codificada y racista burguesía parisina, Charles Swann será siempre el judío, errante casi por definición. En La muerte de un viajante la desaparición del viaje (el despido y muerte de Willy Loman) se traduce en que literalmente no hay mundo que habitar, puesto que la adaptación renuncia a los decorados naturales y opta por una estilización teatral del espacio dramático.
Pero cuando la película está protagonizada por una mujer, como en El cuento de la doncella, la inacción habitual se transforma en actividad. Kate llega a un mundo ajeno cuando es atrapada y destinada a convertirse en esclava en la sociedad posnuclear que describe la película. Pero no es una observadora, sino una resistente que abandona el escenario para seguir la lucha desde el exterior.
Otra película atípica dentro de las reglas del errante universo de Schlöndorff tiene también protagonista femenina. Se trata de El honor perdido de Katharina Blum (1975), codirigida con su entonces mujer, Margarette von Trotta. Aunque a primera vista parezca otra adaptación literaria, Schlöndorff y von Trotta trabajaron junto con Heinrich Böll sobre un relato que prácticamente se editó a la vez que se hacía la película, basado en el acoso que sufrió Böll por parte de la prensa sensacionalista, que le acusaba de colaborar con el terrorismo. La conjunción de la literatura, la actualidad y, probablemente, la colaboración con von Trotta logran una película de urgencia centrada en una mujer de una silenciosa dignidad, enfrentada a una espiral de absurdos intereses, y que aprende, como casi todos los personajes de Böll, la lección que ofrece Brecht en Santa Juana de los mataderos: «Sólo la violencia ayuda allí donde la violencia impera».
Schlöndorff ha declarado en los últimos años que ya no quiere adaptar novelas y que pretende recurrir a su propio material. Tras el fracaso en taquilla de El ogro rodó en Estados Unidos Palmetto (1998), sobre una novela de James Hadley Chase, una historia de cine negro que en nada recuerda a su cine habitual excepto por la presencia de un personaje central bastante desorientado. Sus siguientes películas, El silencio tras el disparo (2000) y El noveno día (2004) se basan más o menos libremente en hechos reales. El sacerdote protagonista de El noveno día es liberado por unos días del campo de Dachau para que traicione sus creencias. Ni lo hace, ni escapa; como buen personaje masculino no actúa, pero esta vez por excesiva conciencia de lo que ocurre a su alrededor, y su partida final es un regreso al mundo del horror. Su nuevo proyecto se centra en una sindicalista polaca, miembro de Solidaridad. Quizá el filtro del tiempo haga cada vez menos necesario el filtro de la literatura. O quizá ha llegado ya la hora de volver.
Volker Schlöndorff



FILMOGRAFIA

EL JOVEN TORLESS (1966) con Mathieu Carriére, Marian Seidowski, Bernd Tischer.
DER PAUNKENSPIELER (1967) –episodio- con H. Rimbach, Volker Schlöndorff
MORD UND TOTSCHLAG (1967) con Anita Pallenberg, Hans Peter Hallwachs
EL REBELDE (1969) con David Warner, Anna Karina, Anita Pallenberg
DIE MORAL DER RUTH HALBFASS (1972) con Senta Berger, Helmut Griem, Peter Ehrlich
EL HONOR PERDIDO DE KATHARINE BLUM (1975) con Angela Winkler, Mario Adorf, Dieter Laser
TIRO DE GRACIA (1976) con Matthias Habich, Margarethe von Trotta, Mathieu Carriére
NUR ZUM SPAB, NUR ZUM SPIEL (1977) con (película documental)
DEUTSCHLAND IM HERBST (1978) con (película documental)



EL TAMBOR DE HOJALATA (1979) con David Bennent, Angela Winkler, Mario Adorf.
EL CANDIDATO (1980) (episodio documental)
DIE FÄLSCHUNG (1981) con Bruno Ganz, Hannah Schygulla, Jean Carmet
filmografia volker schlodorffGUERRA Y PAZ (1982) con Manfred Zapatka, Karl-Heinz Merz, Edgar Selge
EL AMOR DE SWAN (1984) con Jeremy Irons, Ornella Muti, Alain Delon
MUERTE DE UN VIAJANTE (1985) con Dustin Hoffman, John Malkovich, Kate Reid
EL CUENTO DE LA DONCELLA (1990) con Natasha Richardson, Aidan Quinn, Faye Dunaway
EL VIAJERO (1991) con Sam Shepard, Julie Delpy, Barbara Sukowa
THE MICHAEL NYMAN SONGBOOK (1992) con (película documental)
EL OGRO (1996) con John Malkovich, Gottfried John, Marianne Sägebrecht
SEDUCCIÓN LETAL (1998) con Woody Harrelson, Elisabeth Shue, Gina Gershon
EL SILENCIO TRAS EL DISPARO (2000) con Bibiana Beglau, Richard Kropft, Martin Wuttke
TEN MINUTES OLDER: THE CELLO (2002) (episodio) Bibiana Beglau, Mario Irrek, Irm Herrmann
EL NOVENO DÍA (2004) con Ulrich Matthes, August Diehl, Hilmar Thate
STRAJK (2006) con Katharine Thalbach, Dominique Horwitz, Andrzej Chyra
ULZHAN (2007) con Philippe Torreton, Ayanat Ksenbai, David Bennent
LA MER ‘A L’AUBE (2011) con Léo-Paul Saiman, Marc Barbé, Ulrich Matthes
DIPLOMACIA (2014) con André Dussollier, Niels Arestrup, Burghart Klaubner
DER NAMENLOSE TAG (2017) con Devid Striesow, Thomas Tieme, Michael Ihnow
REGRESO A MONTAUK (2017) con Stellan Skarsgard, Nina Hoss, Bronagh Gallagher

Filmografía


Filmografía como director
2014
Diplomacia.
2011
La mer à l'aube.
2008
Pope Joan (en producción).
2007     
Ulzhan.
2006     
Strajk - Die heldin von danzig.
Billy Wilder speaks (TV).
2005     
Enigma - Eine uneingestandene liebe (TV).
2004     
Der Neunte tag.
2002     
Ten minutes older: the cello.
Produzent hat seele oder er hat keine, Ein (TV).
1999     
Die Stille nach dem Schuß (El silencio tras el disparo).
1998     
Palmetto.
1996     
Der Unhold (El ogro).
1992     
The Michael Nyman songbook.
Billy Wilder, wie haben sie's gemacht?.
1991     
Homo faber.
1990     
The handmaid's tale (El cuento de la doncella).
1987     
A gathering of old men (TV) (Viejos recuerdos de Lousiana).
1985     
Death of a Salesman (TV) (Muerte de un viajante).
1984     
Eine liebe von Swann (El amor de Swann).
1982     
Krieg und frieden.
1981     
Die Fälschung (Círculo de engaños).
1980     
Der Kandidat.
1979     
Die Blechtrommel (El tambor de hojalata).
1978     
Deutschland im herbstn(Alemania en otoño).
1977     
Nur zum Spaß, nur zum spiel.
1976     
Der Fangschuß (Tiro de gracia).
1975     
Die Verlorene Ehre der Katharina Blum oder: Wie Gewalt entstehen und wohin sie führen kann (El honor perdido de Katharina Blum).
1974     
Nouvelles de Henry James (TV).
Übernachtung in Tirol (TV).
1972     
Strohfeuer (TV) (Fuego de paja).
Die Moral der Ruth Halbfass.
1971     
Der Plötzliche reichtum der armen leute von Kombach (TV) (La repentina riqueza de los pobres de Kombach).
1970     
Baal (TV).
1969     
Michael Kohlhaas - Der rebell (El rebelde).
1967     
Mord und totschlag.
Der Paukenspieler.
1966     
Der Junge Törless (El joven Törless).
1963     
Méditerranée.
1960     
Wen kümmert’s.

Filmografía como guionista

2006     
Billy Wilder Speaks (TV).
2000     
Die Stille nach dem Schuß.
1996     
Der Unhold.
1984     
Un amour de Swann.
1982     
Krieg und frieden.
1981     
Die Fälschung.
1980     
Der Kandidat.
1979     
Die Blechtrommel.
1978     
Deutschland im herbst.
1977     
Nur zum Spaß, nur zum Spiel.
1975     
Die Verlorene Ehre der Katharina Blum oder: Wie Gewalt entstehen und wohin sie führen kann.
1974     
Nouvelles de Henry James (TV).
Übernachtung in Tirol (TV).
1972     
Strohfeuer (TV).
Die Moral der Ruth Halbfass.
1971     
Der Plötzliche reichtum der armen Leute von Kombach (TV).

1970     
Baal (TV).
1969     
Michael Kohlhaas - Der Rebell.
1967     
Mord und totschlag.
Der Paukenspieler.
1966     
Der Junge Törless.

Filmografía como actor

2006     
Strajk - Die heldin von danzig.
2000     
Schrott - Die atzenposse.
1981     
Rece do góry.
1970     
Mathias Kneissl.
1964     
La Chance et l'amour.
1962     
Le Doulos.
1961     
Léon Morin, prêtre.
               
Filmografía como productor

2007     
Ulzhan.
2006     
Billy Wilder speaks (TV).
1995     
Une femme française.
1979     
Beto, Nervio contra el poder de las tinieblas.