martes, 19 de abril de 2011

Elmo Valencia / Nadaísta

Elmo Valencia
Bogotá, 2010
DE OTROS MUNDOS

MESTER DE BREVERÍA
Elmo Valencia / Ícaro

Elmo Valencia
(1933 - 2017)



Cali, 1933. Fue cofundador del movimiento nadaísta colombiano, junto a Gonzalo Arango, Jotamario Arbeláez, Eduardo Escobar y otros escritores. Poeta, novelista y ensayista. Se graduó en ingeniería electrónica. Estuvo como jurado en el concurso literario “Casa de las Américas”, La Habana, 1966, en unión de Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela y participó en los Recitales de Poesía en Praga con Allen Ginsberg. Obtuvo en 1967 el Premio Nadaísta de Novela por su obra Islanada. En 2010 publicó Bodas sin oro, Cincuenta años del Nadaísmo. En Antología de cuento colombiano, “El universo humano”, bella y delicada metáfora de la maternidad.


Elmo Valencia




"Éramos muy vagos. ¿Sabes por qué nos metían a la cárcel? Porque nos encontraban con el pelo largo o en un automóvil con una chica, contándole los dedos de los pies o leyéndole el Kamasutra"
Elmo Valencia


Elmo Valencia con Carolina Patiño



La última 

entrevista 

de Elmo 

Valencia


Para hablar de la poesía colombiana del siglo XX, indudablemente, habría que remitirse al Nadaísmo. Al hacerlo, se encontraría el nombre de Elmo Valencia, uno de sus fundadores. ‘El Monje Loco’ del nadaísmo ya no tiene la lucidez que algún día tuvo, pero es que el tiempo nos pasa la factura…, con intereses.



Por Joan Camilo Bolaños

Especial para Gaceta
18 de mayo de 2017


91 años no son poca cosa. Ahora mezcla la realidad con su literatura, ¿o ese habrá sido el secreto para escribir sus libros? No importa, él ha vivido con una pasión de la que la historia no tendrá memoria. 
Tiene una sonrisa sincera, de esas que miran al otro. Ese, afirma, es su más grande legado.

¿Cómo se define?
Elmo Valencia es un poeta iconoclasta que abrazó el nadaísmo en el año 58 cuando lo fundamos tanto en Cali como en Medellín.

¿Qué formación académica tiene?
Yo comienzo a estudiar Derecho, porque la familia estaba jodiendo mucho, en la Universidad del Valle. Pero no pude con el Derecho, pues confundí la Constitución de la República con ‘La Náusea’ de Sartre. Después todo se dañó y, por ese lado, salimos de esa carajada. 

¿Por qué El Monje Loco?
Elmo, Elmo-nje y loco porque soy un tipo bastante cuerdo.

¿Cómo fundaron el Nadaísmo?
Acá en Cali fundamos el Nadaísmo enviándole una carta al Alcalde en la que le dijimos que quitara el monumento a Efraín y María y pusiera en su lugar una estatua de cualquiera de las viejas de esa época.
Entonces, al burgomaestre no le gustó la idea y ni siquiera nos respondió. En Medellín quemamos todos los libros que más nos habían torturado el cerebro, como Historia de Heródoto, pues toda historia es mentirosa. También la ‘María’ que era un libro que yo venía guardando y que me lo había cuidado una novia que tuve y murió de un beso que le di en esos tobillos de Carbono-14. Después de eso nos orinamos sobre las cenizas para ver ascender el humo. A continuación, decidimos emborracharnos en el Café Metrogolder con una botella de Ron Medellín Añejo.
Fue cuando Gonzalo Arango, alzando la copa, dijo “brindo por esa máscara con que han tratado de ocultar a Cristo de su rostro revolucionario que no tiene Renault 4, ni acciones en el Manhattan Bank”. Jotamario no brindó por nada sino que pasó al baño a vomitar y le salió una perla. Darío prendió un cigarrillo, lo absorbió, levitó, le pasó la chicharra a Eduardo, Eduardo a Darío, Darío al negro Billys y como era negro cambió de color. Yo, agarrando mi copa, dije “brindo por los dientes que tenía Eva en ese tiempo para comerse la manzana y otros frutos prohibidos como la Naranja Mecánica”.

¿Cómo se conecta usted con el Nadaísmo?
Yo estaba estudiando física en Estados Unidos, en donde conozco a los ‘beatniks’, unos poetas bohemios, ese es mi primer contacto con la poesía. Sin embargo, me aburrí y regresé a Cali. Tras mi retorno, Jotamario me habló del Nadaísmo y del ‘profeta’. De esa manera, decido establecerme en la ciudad. Allí nos contactamos con Gonzalo. Él vio en nosotros unos jóvenes con la capacidad de decir cosas, con berraquera para fundar algo nuevo. Nos invita a Medellín y agarramos un bus de la flota Magdalena porque “si flota Magdalena, flota el Nadaísmo” y llegamos allá que es en donde comienza lo fuerte.

¿Y qué vino después?
Faltaba lo más importante, papá: regar el Nadaísmo por toda Colombia. Así que apareció en El Colombiano de Medellín la noticia de que se iba a efectuar un Congreso de Escribanos Católicos. Entonces, dijimos acá está el momento oportuno para escribir en su contra. 
Gonzalo hizo el prólogo y los demás compusieron una mezcla que olía asqueroso, capaz de levantar un muerto, y la tiraron sobre la audiencia que estaba en el paraninfo de la Universidad de Antioquia. Estaba hablando el gobernador y salieron corriendo. La Policía los agarró y los metieron en la celda más peligrosa, en donde estuvieron ocho días. Al final, vino un abogado amigo de Gonzalo y los sacó de ese enredo.
Después de eso, tuvimos mayor audiencia, pero la sensación fue ‘Pablus Gallinazus’, el ‘comandante’, un poeta con una guitarra maravillosa. Era el tipo que necesitábamos, pues traía la ‘mula revolucionaria’ y las ‘cinco balas’ de las que precisaba el Nadaísmo.  Su llegada al movimiento nos dio una difusión mayor, dado que los lugares se llenaban para escucharlo.

¿Cómo más difundían sus textos?
A través de distintas conferencias en La Tertulia, en las universidades de nuestro país y en cualquier lugar al que nos invitaban. Ni siquiera cobrábamos, sino que nos pagaban con jabones, platos de lentejas y cosas de ese estilo. Vivíamos de la vida, aunque sin un peso.

Yo sé que siempre se lo preguntan, ¿pero qué es el Nadaísmo?
Dar definiciones es muy jodido porque el Nadaísmo es nada, es un concepto, es un estado de conciencia de los acontecimientos que suceden, de uno ver cómo están las cosas, qué debe hacerse, pero no es una cosa que tenga esencia, como llamaría Sartre en su libro ‘El ser y la nada’. Algo que uno no ve, pero está allí, para observar el mundo de una manera diferente.

¿Cuál fue el mayor aporte del Nadaísmo a la literatura colombiana?
Bogotá siempre ha sido la capital de Colombia. Si usted era poeta, tenía que ir para allá, pues acá nunca lo iban a conocer ni a agradecer su poesía. Esto acá es medio folclórico. Así era 50 años atrás. Acá no había llegado la vanguardia. Primero, llegó a México. Pero ese modernismo, ese modo de usar un lenguaje diferente, de ver las cosas de otra manera, lo iniciamos nosotros. 

En ese tiempo, había lo que se llamaba el piedracielismo, es decir, los poetas de piedra y cielo como Jorge Rojas, Arturo Camacho Ramírez y Carranza, que era la belleza de la palabra traída de España. Un lenguaje todo bello, pero nada más. En cambio, a nosotros no nos importaba la belleza de la palabra, sino que íbamos por el contenido, el veneno, la pólvora que traía el poema. Y esa era la vanguardia. Tanto que cuando nosotros llegamos a Bogotá y fuimos al Café Automático en donde ellos se reunían, nos saludaban pero no nos invitaban a nada. Nosotros fuimos la vanguardia en Colombia, no solo por nuestros poemas sino por los actos locos que cometíamos en torno.

Usted menciona constantemente a Gonzalo como el padre del Nadaísmo...
Sí, es que él fue quien gestó todo esto. Gonzalo decía “nací en Andes, Antioquia, un pueblo del sureste antioqueño, pueblo sin ninguna trascendencia pero que se va a hacer famoso porque yo nací en él”, imagínate el egoísmo tan berraco.

¿Por qué lo echaron del movimiento?
Salió en el periódico algo que nos pareció muy humanista, no nos gustó. Entonces, decidimos quemarlo en figura, hicimos un mamotreto con aserrín y pantalones viejos y nos fuimos para el Puente Ortiz y le prendimos candela. 
También hubo otro problema y fue cuando el ‘chiquito’ Lleras invita a Gonzalo a estar presente en la voladura de un buque de guerra que había comprado Colombia en Suecia, el Buque Gloria. Entonces, allí habló el almirante, el alcalde de Cartagena y Gonzalo afirmó que Carlos Lleras era el poeta de la acción, cosa que no nos gustó para nada. Lo sacamos del movimiento, él se sintió mucho. 

¿Cómo fue la muerte de Gonzalo?
El alcalde echó su discurso,/ dijo lo que tenía que decir./El cura dijo que gonzaloarango había sido una blanca paloma./Jotamario dijo que había que canonizar a gonzaloarango./Yo no dije nada.
Nos llevamos los restos a una montaña/ y allá se quedaron unos medio borrachos esperando que al tercer día resucitara,/pero esto no sucedió, /afortunadamente.
Dicen en el pueblo que Gonzalo le hace el milagro a la persona que toca su tumba./Yo la toqué./Me hizo el milagro.../Cuando regresé a Bogotá me habían robado el apartamento/ Pero no se robaron la pared/ porque gonzaloarango es muy grande.



¿Cómo ve usted la poesía colombiana actual?

Hay mucha ternura en los muchachos y están interesados. Vemos que hay como un deseo de estudio, de leer poetas extranjeros, especialmente españoles y franceses. Seguimos en contacto con la poesía internacional, aunque aún no he visto a alguien que sobresalga.

¿Pero hay algún apoyo desde las administraciones?
No. Yo creo que en buena medida esa es la causa por la cual la cultura en Colombia se está muriendo. La mayoría de estos recursos van a las manos equivocadas y terminan perdiéndose. Además, pareciera que las artes no ocupan el lugar prioritario que precisan, todo el dinero se va en rumba. Sin embargo, es un problema de orden mundial que termina acabando con los valores de la sociedad: bastaría con fijarse en la cantidad de guerras que hay en el planeta. Eso pasa cuando las personas no tienen un contacto real con la vida.

¿Qué mensaje le deja a esta nueva generación de poetas?
Por aquello de los años se va opacando el movimiento a nivel del poeta, pero no de la poesía que se escribió. Morimos, pero la poesía sigue prosperando. Sigamos con la carreta de cambiar todo porque a este mundo hay que ponerlo patas arriba.

Elmo Valencia

Falleció el poeta nadaísta Elmo Valencia

Cultura

"El Monje Loco”, uno de los fundadores del movimiento nadaísta, falleció este mediodía con 91 años en el ancianato San Miguel, al sur de Cali, en donde pasó sus últimos meses de vida. A continuación tres poemas para recordarlo.
EL ESPECTADOR

"Elmo siempre era el personaje de la alegría, de la risa desenfrenada, del humor negro permanente. Por eso fue el verdadero ‘motor’ en el sentido lúdico del movimiento"
Jotamario Arbeláez

Elmo Valencia
Foto de Claudia Rubio


Elmo Valencia, profecías no cumplidas


Cultura

Se había muerto mi padre y tras él la esperanza de creer en lo bueno. Estaba la literatura y al final de cuentas no tenía nada. Se fue mi amor de la vida y con eso, nada podría salir a defender la esperanza de lo que quedaba. Luego, llegaron las letras que desafiaban todo, que buscaban cambiar comportamientos modernos por otros que, aunque no querían imponer nada, resultaron para mí ser lo que buscaba.
Se instauró en mi la voz de Gonzalo Arango para acompañarme todo el tiempo, parafraseando historias y releyendo libros de él que algún día sirvieron para odiar y amar al padre de todo. Pero este texto no es para él. Él que debe saber en su muerte mi amor inmensurable, sabrá que ahora, en donde quiera que esté, tendrá una compañía de nuevo para hablar de su movimiento.
Se murió Elmo Valencia y seguro él está feliz porque ya no está en este mundo que no los merecía. “El monje loco”, como fue bautizado, se murió con 91 años de edad en Cali, su tierra natal.
Empezó estudiando derecho por capricho familiar, pero terminó confundiendo la Náusea de Sartré por la Costitución Política de Colombia. Luego estudió Ingeniería Eléctrica en Estados Unidos, donde conoció los beatniks, unos poetas bohemios de la época. Ellos le despertaron la inquietud de la poesía. De esa manera prefirió volver a su ciudad para unir un movimiento poético que cambiaría para ese entonces Colombia, en vez de ser uno de los muchos electrónicos que había.
El silencio del Estado fue lo que provocó el movimiento nadaísta en su ciudad. Él y Jota Mario Arbeláez, enviaron una carta al Alcalde en la que pedían que quitaran unos monumentos que hacían alusión a tiempos a pasados, y en vez de eso, dejaran ver las personas nuevas de la época. No sirvió de nada. Al mismo tiempo en Medellín, los nadaístas de la ciudad, que hasta entonces sólo eran Jaime Jaramillo Escobar, Eduardo Escobar, Humberto Navarro, Fanny Buitrago, Amílcar Osorio, estaban quemando las obras literarias que habían acompañado  a varias generaciones y que ellos no consideraban importantes por el poco estupor que causaban.
Así pasó gran parte de su vida, construyendo palabras que harían alusión a su movimiento y desdibujando las historias del colombiano popular, el costumbrista y subyugado a la vida burguesa moralista. Quienes lo conocían, hablaban de su risa burlesca e irónica que logró impregnar en sus letras de nadaísta. Lo conocieron también como un gran intelectual de la época que logró ganar el Premio Nadaísta con su novela “Islandia”, en 1967.
No se conoce mucho de su amor a parte del que le dedico a sus amigos. Seguramente por lo mismo, esta conexión con ellos fue lo único que lo ayudó para entrar en un acilo para pasar sus últimos años. Jota Mario Arbelaéz estuvo a cargo, junto con otros, en buscar ese lugar, por la economía con la que había terminado de escritor.
De este escritor no hay mucho que decir, quizá porque nunca prefirió que dijeran de él, sino que él prefería decir de sí mismo. Ahora está en la memoria de quienes leímos sus poemas y de quienes acompañamos a Gonzalo Arango con amor. Queda para él y para sus lectores, la esperanza de sus profecías no cumplidas: esperar la resurrección de Gonzalo y la suya.

3 comentarios:

  1. Murió ayer 11 de Septiembre de 2017 en Cali, en el Hospital Geriátrico Ancianato San Miguel.

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  2. Elmo Valencia, El Monje Loco. Poeta Nadaista.
    VELACIÓN: CAPILLA del Ancianato San Miguel,
    Cali, Septiembre 13, 2017.
    Visita de amigas y amigos.
    Acceder:
    http://ntc-documentos.blogspot.com.co/2017_09_14_archive.html

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