viernes, 1 de julio de 2016

Reinaldo Arenas


(1943 - 1990)



Reinado Arenas nació en Aguas Claras, Cuba, en 1943 y falleció en Nueva York, en 1990. Su obra inicial se inscribió en la narrativa del boom latinoamericano. Sus últimas producciones son un testimonio doloroso y satírico de su vida, como en Antes que anochezca (1992).
Criado en el seno de una familia humilde y campesina, su adolescencia estuvo marcada por su unión a la insurrección castrista desde 1958. Con el triunfo de la Revolución, tuvo oportunidad de participar en el programa de educación del nuevo gobierno, donde su formación autodidacta se vio enriquecida por la frecuentación de dos maestros, José Lezama Lima y Virgilio Piñera, que avalaron sus tempranas publicaciones.
En 1962, cuando sólo contaba diecinueve años, apareció su primera y última novela editada en la isla, Celestino antes del alba, ya que el resto de su producción se publicó en el extranjero. Entrada la década de los años sesenta, fue víctima de las medidas del gobierno cubano contra los homosexuales y el acoso contra él aumentó hasta que en 1973 fue acusado de abuso sexual y arrestado: huyó y se convirtió en fugitivo por el interior de la isla, pero poco después se le detuvo y encarceló en la prisión de El Morro.
Finalmente, en 1980, por una amnistía gubernamental, pudo optar por el exilio. Se trasladó primero a Miami, donde no tuvo suerte, y luego a Nueva York, ciudad en la que se instaló definitivamente y continuó escribiendo, hasta que, enfermo de sida, decidió quitarse la vida en 1990, dejando más de veinte libros, que incluyen diez novelas, algunos poemas, relatos breves y obras de teatro.
En esa densa producción corresponde destacar El mundo alucinante (1965), Otra vez el mar y la autobiográfica Antes que anochezca, cuya versión cinematográfica se estrenó en 2001. El mundo alucinante fue llevada de contrabando a Francia, hecho que acentuó la hostilidad del gobierno cubano hacia el escritor; la obra es una recreación mítica de la vida del cura mexicano Servando Teresa de Mier. Otra vez el mar, una de sus novelas fundamentales, fue confiscada por la policía política; Reinaldo Arenas se vio obligado a reescribirla tres veces.
Otras obras que cabe mencionar son El palacio de las blanquísimas mofetas (1980), El central (1981), Termina el desfile (1981), Arturo, la estrella más brillante (1984), El color del verano (1991) y El asalto (1991). Arenas, junto a S. Sarduy, está considerado uno de los principales continuadores del neobarroquismo cubano inaugurado por la obra de Lezama Lima.

Pelicula "Antes que Caiga la Noche".

El poeta Reinaldo Arenas se suicida en Nueva York

  • Javier Bardem bordó el papel del disidente homosexual en la película 'Antes que anochezca'
  • "Cuba será libre. Yo ya lo soy". Esta fue la nota de despedida del poeta cubano antes de quitarse la vida en 1990, tres años después que le diagnosticaran Sida

 
“Cuba será libre. Yo ya lo soy”. Con esta nota se despedía del mundo el novelista y poeta cubano Reinaldo Arenas  antes de quitarse la vida. Era el 7 de diciembre de 1990, tenía 47 años y hacía tres que le habían diagnosticado Sida. Javier Bardem se puso una década después en la piel del disidente cubano e hizo que el gran público conociera su historia.
Perseguido en Cuba por su condición de intelectual y homosexual (por esto último estuvo encarcelado como “delincuente social”) a Reinaldo Arenas no le quedó otro camino que la disidencia. Y logró huir de la opresión, esto es, del régimen de Fidel Castro, en 1980. Por aquel entonces ya hacía mucho tiempo que había conseguido el reconocimiento internacional dentro del género de literatura cubana fuera de Cuba . Falleció en Manhattan tras ingerir una combinación de píldoras y alcohol.
Pero parte del gran público conoció la vida y la obra de Arenas una década después de su muerte gracias a la adaptación al cine de su autobiografía, Antes que anochezca (es su libro más conocido aunque el más celebrado es Un mundo alucinante). El actor español Javier Bardem fue el escogido para dar vida al poeta cubano. El guión ya estaba escrito puesto que se basaba en la desgarradora biografía que el propio Arenas escribió; un libro muy exitoso en Estados Unidos y que a España llegó dos años después de la muerte del poeta.
La impecable interpretación que Bardem hizo del poeta cubano lo catapultó como uno de los grandes actores a nivel mundial. Se llevó la Copa Volpi en Venecia (y le dedicó el galardón a Reinaldo Arenas). Más tarde, tras hacerse pública su nominación al Oscar, el español confesaría sus reticencias iniciales a interpretar el papel del poeta “con la cara de bestia que tengo, hacer creer a la gente que soy homosexual ya es un reto” (8). Bardem se quedó a las puertas del galardón, pero la candidatura le sirvió para hacerse un nombre en Hollywood. Además, su magnifica interpretación permitió al gran público conocer más de cerca a Reinaldo Arenas. 


Reinaldo Arenas
ERA LA NOCHE DE LA MUERTE

El 7 de diciembre de 1990, un hombre de 47 años, escribió lo que de seguro sería el texto más difícil de su vida: “Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. (...) Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país”. 

La breve nota sería firmada por él con la precisa instrucción de ser publicada y enviada a todos sus amigos. Luego de escribirla, Reinaldo Arenas preparó un cóctel de alcohol y pastillas. Y bebió.

La leyenda urbana afirma que Lázaro Gómez Carrillo estaba presente aquel día en el apartamento de Nueva York, que posiblemente Arenas le dictó aquella última carta a Lázaro y que éste le ayudara a ingerir el cóctel de pastillas. 

La presencia de Lázaro Gómez no es improbable debido a que en los tres años anteriores a su muerte, Arenas llegaría a estar en muchas ocasiones tan debilitado y enfermo que no podía escribir y dictaba todo en una grabadora. Lázaro se convirtió en un asistente cercano. Arenas siempre describió su relación como una amistad que se había convertido “en una suerte de hermandad” aunque muchos creen que fue su amante.

El círculo íntimo de sus amistades no se sorprendió mucho de su suicidio. No sólo porque sabían de su cada vez más deteriorada salud, sino porque en diversas ocasiones, Arenas había hablado del horror que le provocaba “el insulto de la vejez”, como él lo llamaba. 

Además, el desencanto había comenzado a rondarlo: “hacía unos meses había entrado en un urinario público y no se había producido esa sensación de expectación y complicidad que siempre se había producido. Nadie me había hecho caso y los que allí estaban habían seguido con sus juegos eróticos. Yo ya no existía. No era joven. Allí mismo pensé que lo mejor era la muerte. Siempre he considerado un acto miserable mendigar la vida como un favor. O se vive como uno desea, o es mejor no seguir viviendo. En Cuba había soportado miles de calamidades porque siempre me alentó la esperanza de la fuga y la posibilidad de salvar mis manuscritos. Ahora la única fuga que me quedaba era la muerte”. 

Entre los libros que Arenas completó antes de morir estaban las dos novelas que faltaban para terminar su Pentagonía y su autobiografía Antes que anochezca, acaso su libro más conocido gracias a la película que muchos años después dirigiera Julian Schnabel y en la cual el papel de Arenas fuera interpretado por Javier Bardem. Pero no era la primera vez que Antes que anochezca era escrito. Ni tampoco lo primera vez que el suicidio se planteara como una puerta de salida a una situación invivible. 

“Nada hay peor en Cuba que ser disidente, escritor y maricón”, decía el mismo Arenas. Y él era las tres cosas. Aunque involucrado en el movimiento inicial que derrocó a Batista, muy pronto se daría cuenta de que el nuevo régimen socialista no era lo que todos habían soñado o imaginado. Como muchos intelectuales, vio censurados sus escritos que eran una explosiva mezcla de disidencia política junto con la experiencia homosexual de la que él se ufanaba sin pudor alguno.

En La Habana, y huyendo de la policía luego de un frustrado intento por salir de la Isla, se escondió en el Parque Lenin. Durante el día, Arenas se apuraba a escribir los recuerdos de su vida mientras hubiera luz, antes que anocheciera. De ahí el título de su autobiografía. Sabía que era improbable que pudiera publicar aquellos apuntes porque ya muchas veces anteriormente había escrito algo y luego los manuscritos eran destruidos o se perdían en alguna persecución. Pero escribir en aquellas circunstancias, como en todas las demás de su vida, le servían de alivio. Finalmente fue encontrado por la policía entre el follaje del Parque y enviado al Castillo del Morro. Aquel primer manuscrito de sus memorias se perdió para siempre.

Lo que no perdió Arenas al ser apresado, y que curiosamente ningún policía le confiscó antes de entrar a prisión, fueron un reloj, una brújula y unas pastillas alucinógenas que le había dado alguna amistad. Arenas le temía a la tortura y temía comprometer a sus amigos. Tomó un puñado de aquellas pastillas con la esperanza de morir y evitar lo que se avecinaba. Tres días después recuperó el conocimiento en un hospital de la prisión, una galera llena de personas con enfermedades infecciosas. El médico le dijo que se había salvado de milagro.

La estadía en el Morro fue, como lo presintió, un auténtico infierno: convivir con asesinos y violadores despiadados, donde se corría peligro real de morir, hacinamiento, ruido, malos olores, violencia entre los prisioneros y los guardas, enfermedades, pésima alimentación, el calor húmedo e insoportable, además de la constante tensión de si sería interrogado o torturado...

Luego de una semana de intensos interrogatorios, decidió intentar suicidarse de nuevo. Pero no era fácil hacerlo. No había cuchillas, objetos punzantes ni cordones de zapato en aquel lugar. Optó por dejar de comer, pero no le funcionó. Así es que una noche rompió el uniforme, hizo con las tiras una especie de soga y se colgó de la baranda de hierro de la cama. Estuvo colgado cuatro o cinco horas, perdió el conocimiento, pero tampoco murió. Los soldados lo encontraron y el médico de la prisión lo atendió. Era el mismo que lo había atendido cuando lo de las pastillas. “Tienes mala suerte, no lo lograste”, fue lo único que le dijo. 

Luego de dos años de estadía en el Morro, Arenas fue liberado. Pero la calle no era mucho mejor que la prisión. Era constantemente vigilado, descubrió que muchos a quienes creyó sus amigos eran en realidad delatores, escribía y escondía sus manuscritos para que no cayeran en manos de la seguridad. Dos golpes que lo deprimirían profundamente fueron las muertes de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, ambos amigos suyos y cuya relación le valió sus primeras persecuciones políticas.

Fue en esa época que conoció a Lázaro Gómez, quien aunque era heterosexual, logró congeniar con Arenas a tal punto que jamás se volverían a separar. Ambos salieron de Cuba cuando la crisis del Mariel en 1980. Arenas tuvo que falsificar el apellido de su pasaporte transformándolo en “Arinas” puesto que su nombre estaba en una lista de gente a la que no se le permitiría salir.
La vida en las entrañas del imperio tampoco era fácil y de eso Arenas se dio cuenta bastante rápido. Pasó aprietos para comer, trabajar, encontrar un techo. Se trasladó a Nueva York. Reinaldo lograría, gracias a su prestigio como escritor, viajar a varios países como Venezuela, Francia y España y denunciar la situación en Cuba. 

En el invierno de 1987, luego de una serie de fiebres inexplicables y terribles, acudió al médico. Le fue diagnosticado SIDA. Al regresar a su apartamento, Reinaldo Arenas se plantó delante de una foto de Virgilio Piñera que tenía colgada en la pared. Le dice: “Óyeme lo que te voy a decir. Necesito tres años para terminar mi obra, que es mi venganza contra casi todo el género humano”. Y Virgilio Piñera, generoso, obra el milagro: le concede esos tres años en los que Arenas terminó de escribir lo que le faltaba por decir antes de que anocheciera la noche de su muerte.
Gracias Virgilio.

(Publicado en C.A. 21, artículo 4 de la serie El Club de los Escritores Suicidas).

Reinaldo Arenas 
EL CHAPERO DELATOR 

Entonces salió a la calle, es decir, a aquellos callejones soleados llenos de arena y casas de madera tras las cuales retumbaba el mar. En una de las esquinas estaba un joven, uno de los tantos muchachos que parecen surgir del mismo mar, ensimismado en su indolencia, ofreciéndose sin ofrecerse, llamándolo sin siquiera decirle media palabra. Ven, ven, ahora mismo ven aquí... Sí, ya sé que otros podrán decir que han sentido lo mismo o algo parecido, pero lo que yo sentí era precisamente único porque era mi sentimiento. Y ese sentimiento me decía que aquel muchacho me estaba esperando, que esa manera de sonreírse al yo pasar, de estirar aún más las piernas, de recostarse a la pared de la esquina; todo eso estaba dedicado -deparado-, quizá desde hacía muchos siglos, exclusivamente a mí, y que ese momento, por múltiples razones, incluyendo la ausencias de Elvia y del niño y hasta la misma calle súbitamente vacía, era mi momento, el único que quizás en toda mi vida iba a ser exclusivamente mío. Ya sé, ya sé, ya sé que no es así. Pero es así... Ismael saludó al joven y éste con mucha desenvoltura le extendió una mano y dijo llamarse Sergio. Caminaron un corto tramo bajo los portales de madera. Sergio le preguntó que si vivía en Santa Fe. Ismael no pudo negarlo e incluso señaló para la calle donde estaba su apartamento. Sergio preguntó entonces que si vivía solo. Sí, ahora estoy solo, dijo Ismael. Es por aquí, agregó. Y los dos subieron hasta el apartamento. No hubo mayores preámbulos, ningún tipo de comentarios o preguntas. Sergio no era Sergio. Era como una aparición, como una compensación, como algo previsto por el tiempo, quizás por los dioses o por lo menos que algún dios piadoso, por alguna marica divina, por alguien que a pesar de todo quería y lograba que uno no fuese completamente desdichado. Y al desabrocharle la camisa, Ismael supo que aquel joven no era una aparición, sin algo más rotundo e inefable a la vez : un cuerpo real, un joven y bello cuerpo deseoso de ofrecerse. 

Se amaron desenfrenadamente, como si ambos (también Sergio) viniesen de tortuosos caminos de abstinencia obligatoria. Abrazados se revolcaron en el sobrecama tejido por la misma Elvia, entre las sábanas almidonadas y también planchadas por Elvia; cayeron sobre el piso y volvieron a abrazarse y a poseerse entre ronquidos de placer mientras tropezaban con la cuna de Ismaelito que rodó hasta chocar contra el espejo del cuarto que reflejaba los cuerpos desnudos. Así, en el suelo, todavía abrazados, se quedaron por un rato. No se trata de una compensación o de un desahogo, pensó Ismael (la cabeza todavía colocada sobre el vientre del muchacho), es la felicidad, algo que no volverá a repetirse nunca y que no es necesario que se repita; al contrario, que no debe repetirse nunca para que siempre sea la felici dad. Despacio, Sergio apartó la cabeza de Ismael de su vientre, y aún excitado, dando testimonio de los dieciocho años que en cierto momento dijo tener, se puso la ropa y despidiéndose apresuradamente se marchó. Desnudo, tirado sobre el piso, apoyándose entre algunos cojines, Ismael se quedó solo en la habitación matrimonial, disfrutando toda la escena que acababa de ocurrir, disfrutando ahora más que en el momento en que ocurrió. Hasta que escuchó que alguien tocaba con fuerza a la puerta. Todavía por un momento, Ismael se quedó ensimismado en el piso. Pero las llamadas insistían y pensando que podía ser alguna vecina que solicitaba algo de Elvia, un sobre de café, una cuchara de manteca, se tiró encima el sobrecama y fue a abrir. Junto a la puerta estaba Sergio acompañado de dos milicianos con brazaletes, la presidenta del C.D.R., y más atrás un policía. No sé qué tiempo estuve así, tirado en el piso abrazado a los cojines hechos por las manos de Elvia, siempre pensando, o más bien sintiendo (porque en ese momento no se piensa), sintiendo: la dicha, la dicha, la verdadera dicha, mucho más grande, mucho más grande a medida que pase el tiempo y la recuerde. No, no sé qué tiempo estuve así, quizás sólo el necesario para que el muchacho regresara con la policía, tocara a la puerta y señalando para Ismael envuelto en el sobrecama dijera: Es él, este señor me invitó a su casa e inmediatamente se me tiró al rabo. No, no sé qué tiempo estuve así, sin decir nada, el sobrecama cubriéndome hasta los tobillos, el muchacho frente a mí señalándome con un gesto de odio, detrás la vieja del C.D.R. mirando fijamente a Ismael, diciéndose «yo sabía, yo sabía», y al fondo el policía, la mano sobre la pistola por si remotamente Ismael intentaba darse a la fuga. ¿ Qué tiempo, qué tiempo, qué tiempo estuve así? Toda mi vida, toda mi vida, desde ese momento hasta ahora aquí, junto a la nieve, desde ese momento hasta que muera aquí y me pudra (o no me pudra) bajo la nieve. De todos modos no pudo haber sido mucho tiempo, pues el muchacho que era del vecindario y de una familia integrada al sistema, volvió a testificar rápidamente la acusación, y como si eso fuera poco allí estaba Ismael semidesnudo, dando pruebas de su inmoralidad, y más allá la cama revuelta, las sábanas tiradas por el piso y hasta un olor a sexo, a un reciente combate erótico, flotando en el aire. Todo eso fue cogido al vuelo por la presidenta del C.D.R. quien dueña de la situación, y al parecer ya del apartamento, avanzó resuelta hacia Ismael... Aquello fue un verdadero escándalo en todo el pueblo de Santa Fe. Que lo hubiera hecho otro, un pájaro común, un maricón reconocido, alguien que estuviera definido, pero Ismael, él que era incluso jefe de los círculos de estudio del C.D.R., un hombre que parecía tan serio, tan moral, que parecía tan hombre, y con un niño, con un muchacho de buena familia y que tenía, según él mismo confesó, sólo diecisiete años -uno menos que los que Ismael recordaba haberle oído decir cuando se conocieron-. Hasta las locas comunes, aquellas que pagaban el precio de su autenticidad, aprovecharon la oportunidad para desquitarse y levantar un poco la imagen de ellos, incapaces, según confesaban, de violar (pues ya se hablaba de violación) a un menor de edad. 

Reinaldo Arenas 
Viaje a la Habana 
Editorial Narrativa Mandadori, Madrid, 1990.

BIBLIOGRAFÍA

Novelas

1967: Celestino antes del alba
1969: El mundo alucinante
1980: El palacio de las blanquísimas mofetas
1980: La vieja Rosa
1982: Otra vez el mar
1984: Arturo, la estrella más brillante
1987: La loma del ángel
1988: El asalto
1989: El portero
1990: Viaje a La Habana
1999: El color del verano o Nuevo Jardín de las Delicias

AUTOBIOGRAFÍA
1992: Antes que anochezca


NARRATIVA BREVE
1972: Con los ojos cerrados
1981: Termina el desfile




miércoles, 22 de junio de 2016

Mariel Hemingway

Mariel Hemingwayt
Photo by Michel Comte
Mariel Hemingway
(1961)

Hija de Jack Hemingway y nieta de Ernest Hemingway, Mariel Hadley Hemingway nace el 22 de Noviembre de 1961 en Mill Valley, California, fue llamada Mariel, por un puerto pesquero cubano donde su padre y su abuelo solían ir a pescar. Creció en Ketchum, Idaho, donde su padre poseía una granja y su abuelo pasaba gran parte del tiempo escribiendo. Además deKetchum, Mariel pasa su adolescencia entre New York y Los Angeles.


Inició su carrera como modelo y su primera participación en el cine fue en la película"Lipstick" junto a su hermana Margaux en 1976. A pesar de que la película no fue considerada un éxito, Mariel, con tan solo 15 años, fue nominada a los Globos de Oro (Golden Globes) como mejor debut cinematográfico. En 1979 con 17 años, participa en la película de Woody Allen"Manhattan", en la que hace de amante de Isaac, personaje que interpreta el propio Woody Allen. Su actuación fue recompensada con una nominación como mejor actriz secundaria a los Oscar.


En su siguiente película en 1982 "Personal Best", interpreta a una atleta bisexual, cuya relación con otra atleta tras cuatro años de relación entra en crisis. Esta película fue el comienzo de su figura como "dykon", convirtiéndola en icono para la comunidad lésbica. Para su siguiente película, en la que interpretaba a Dorothy Stratten, la vida de una estrella de Playboy tuvo que aumentarse la talla del pecho; implantes que fueron retirados posteriormente en 2001 cuando uno de ellos estalló.

Mariel Hemingway formó parte de la historia televisiva en 1994 cuando intervino en el episodio "Don't Ask, Don't Tell" de la famosa serie "Roseanne". En el episodio el personaje deMariel, Sharon, era una amiga lesbiana de Nancy Bartlett, personaje interpretado por la actriz lesbiana Sandra Bernhard. Durante una fiesta en un bar de ambiente, el personaje de Mariel besa en los labios a Roseanne Barr, protagonista principal de la serie. Este beso fue el primer beso lésbico en un sitcom en prime-time, lo que provocó airadas protestas de grupos religiosos conservadores. La participación de Mariel, hizo que un año después reapareciera como un guiño especial, durante la boda gay de Leon Carp (Martin Mull).

En la película "The Sex Monster" (1999) interpreta a una mujer casada a quien su marido intenta convencer para mantener un trío con otra mujer. Ese año es nominada a los premios "L.A. Outfest" como actriz destacada. En 2002 interviene en la serie "Crossing Jordan", donde interpreta a Lisa Fromer en el episodio "Scared Straight", donde hace el papel de una consultora sentimental de radio lesbiana, sospechosa del asesinato de su amante y por la que Jordan, la protagonista principal, sentirá cierta "curiosidad". En una de sus últimas películas "In Her Line of Fire" (2006) interpreta a la primera heroína lesbiana.


Stephen Crisman




FILMOGRAFÍA

1976: Lipstick: Kathy McCormick
1979: Manhattan: Tracy
1982: Personal Best: Chris Cahill
1983: Star 80: Dorothy Stratten
1985: Creator: Meli
1985: The Mean Season: Christine Connelly
1987: Amerika: Kimberly Ballard
1987: Superman IV: The Quest for Peace: Lacy Warfield
1988: Steal the Sky: Helen Mason
1988: Sunset: Cheryl King
1991: Delirious: Janet Dubois/Louise
1992: Falling From Grace: Alice Parks
1996: Bad Moon: Janet
1997: Deconstructing Harry: Beth Kramer
1999: The Sex Monster: Laura Barnes
1999: First Daughter: Alex McGregor
1999: American Reel: Disney Rifkin
2000: The Contender: Cynthia Charlton Lee
2001: Perfume: Leese Hotton
2005: Avión Presidencial 2: Agente Delaney
2006: In Her Line of Fire: Lynn Delaney
2007: Nanking como la misionera Minnie Vautrin
2008: The Golden Boys: Martha
2008: My Suicide: Charlotte Silver
2012: Rise of the zombies
2013: Man Camp
2014: Lap Dance





domingo, 12 de junio de 2016

Hieronymus Bosch / El Bosco

El Bosco, hacia 1550.
Retrato atribuido a Jacques Le Boucq.

DE OTROS MUNDOS

Hieronymus Bosch

El Bosco

(1450 - 1516)
(Hieronymus Bosch; Hertogenbosch, actual Países Bajos, h. 1450-id., 1516) Pintor holandés. Debe su nombre a su ciudad natal, en la que al parecer permaneció durante toda su vida. Fue hijo y nieto de pintores, por lo que su educación tuvo lugar probablemente en el taller familiar, y realizó un matrimonio ventajoso, que le permitió vivir desahogadamente, entregado a su vocación por la pintura, que le reportaría un gran éxito. No muchos años después de su muerte, personalidades como el rey Felipe II fueron coleccionistas fervorosos de sus obras, que se hallan repartidas por todo el mundo y de las que existe una excelente muestra en el Museo del Prado.
Aunque se desconoce la cronología de su producción artística, se cree que pertenecen a la primera época sus obras más convencionales, como El charlatán oLa crucifixión. En el centro de su carrera se sitúan sus realizaciones más famosas, una serie de creaciones abarrotadas de figuras, completamente al margen de la iconografía de la época, ambientadas en paisajes imaginarios y repletas de elementos fantásticos y monstruosos, tales como demonios o figuras medio humanas y medio animales, que conviven con figuras diáfanas y paisajes tranquilos y encantadores.
En esta línea se sitúan los trípticos de Las tentaciones de san AntonioEl carro del heno y El jardín de las delicias, en los que más allá de la fantasía turbulenta y de la dificultosa interpretación de la simbología, triunfan una técnica excelente, fluida y pictórica, y un color brillante, en los que reside buena parte de su belleza.
Después de estas obras magistrales, en las que algunos intérpretes ven la representación de la locura humana, realizó cuadros más tranquilos y positivos (El hijo pródigo), para cerrar su carrera con una serie de obras sobre la Pasión de Cristo, en las cuales la figura bondadosa del Salvador aparece rodeada de una muchedumbre de seres deformes y de rostros bestiales.


EL BOSCO

Jheronimus van Aken, conocido en España como “el Bosco”, nació y vivió en ‘s-Hertogenbosch (Bois-le-Duc), una ciudad al norte del ducado de Brabante, en la actual Holanda, a la que vinculó su fama al firmar sus obras como “Jheronimus Bosch”.
Su inmensa capacidad de invención queda patente en la renovación que experimenta en sus manos la técnica pictórica, con su personal tratamiento de la superficie, que se suma a la que muestran sus contenidos, en ocasiones difíciles –o casi imposibles- de descifrar, al haberse perdido en nuestro días muchas de las claves para interpretarlas.
Esta sección, que sitúa al pintor y a su obra en una ciudad que para él fue casi su seña de identidad, está centrada en torno al tríptico del Ecce Homo de Boston, realizado por el taller del pintor para Peter van Os.
Incorpora obras de artistas que, o bien trabajaron para la ciudad en tiempos del Bosco como los dos relieves del escultor de Utrecht Adriaen van Wessel para el retablo de la capilla de la Cofradía de Nuestra Señora en la iglesia de San Juan (1475-1477), o bien desarrollaron su labor en ella en esos años, como los tres grabados del arquitecto y grabador Alart du Hameel.
A ellos se suma un grabado de Cornelis Cort con el retrato del pintor, la pintura anónima del mercado de paños en la plaza de ‘s-Hertogenbosch del Noordsbrabant Museum, en la que se puede ver la casa en la que vivió el Bosco, y el manuscrito de los Comentarios de la pintura de Felipe de Guevara de la Biblioteca del Museo del Prado.
En la época del Bosco, ‘s-Hertogenbosch era una ciudad próspera. La plaza del mercado, en la que el artista residió entre 1462 y 1516, era punto de encuentro de todas clases sociales y escenario de toda suerte de acontecimientos –cotidianos y festivos, religiosos o profanos-, fundamentales en el mundo visual del pintor, que asistió a ellos como espectador privilegiado, desde cas o fuera de ella.
Prueba del ascenso social del Bosco fue su nombramiento de 1487-88 como hermano jurado de la cofradía de Nuestra Señora, que le puso en contacto con las élites de la ciudad. Recibió así encargos de particulares como Peter van Os, hermano jurado de la cofradía, así como de instituciones eclesiásticas, muy numerosas entonces.
La ausencia de una tradición local y de un gremio de pintores favoreció que el Bosco creara un estilo original. Aunque partió del arte de los pintores que le precedieron, como Jan van Eyck, rompió con ellos tanto en la técnica como en la iconografía.

Infancia y vida pública de Cristo

En torno al tríptico de la Adoración de los Magos del Prado se disponen las Adoraciones de los Magos de Nueva York y Filadelfia y el dibujo de las Bodas de Caná del Louvre, obra de un seguidor, además de un buril de Alart du Hameel.
En ellas la atención recae en Cristo, de acuerdo con la corriente espiritual de la devotio moderna, que trataba de transmitir a los creyentes el mensaje de la imitación de Cristo.
El tema más repetido del Bosco es el de la Adoración de los Magos, con el que se expresa la universalidad de la Redención. Los paganos –los Magos- hacen un largo viaje para adorar al Mesías, mientras que los judíos le rechazan.
Como muestran los temas presentes en las ofrendas y la indumentaria de los Reyes de la Adoración del Prado, el Bosco aboga por un regreso a las fuentes del Antiguo Testamento, que prefiguran el Nuevo, para revitalizar la fe y la piedad cristianas.
Pese a que en estas obras el artista se encuentra más cerca de la tradición, no duda en reelaborarlas con su personal estilo, incorporando elementos simbólicos en sus fondos y edificios, o la figura del Anticristo en el tríptico del Prado.

Las tentaciones de San Antonio

Los santos

Esta sección, la más numerosa, gira en torno al tríptico de las Tentaciones de San Antonio del Museo de Lisboa, al que se suman las dos Tentaciones de san Antonio del Prado, una original  y otra de taller, y el fragmento de las Tentaciones del Museo de Kansas City, así como el dibujo del Louvre con bocetos para unas Tentaciones de San Antonio.
Completan la sección los trípticos de Santa Wilgefortis de Venecia y de Job del Museo de Brujas –este último obra de un seguidor- y las tablas de San Juan Bautista del Museo Lázaro Galdiano, de San Juan evangelista del Museo de Berlín, San Jerónimo de Gante y San Cristóbal de Rotterdam y el dibujo con Mendigos y lisiados de la Albertina, de mano de un seguidor.
El culto a los santos experimentó un gran auge en los tiempos del Bosco, como lo prueba la amplia presencia que tienen en sus obras y en las de su taller, ya sea como protectores o con carácter autónomo. Entre ellos incluyó a Job y a alguno de los apóstoles, honrados entonces como tales. No faltan imágenes de las santas protectoras como santa Inés, santa Catalina o María Magdalena, o titulares como santa Wilgefortis, la virgen barbuda venerada en los Países Bajos.
Entre los santos –los más numerosos-, algunos gozaban de una gran devoción, como san Cristóbal que defendía de la muerte súbita. Especial protagonismo tienen los ermitaños, cuya vida transcurre al margen de la sociedad, en el desierto, que en esa época era sinónimo de soledad, no de ausencia de vida.
San Jerónimo, y sobre todo san Antonio Abad –su santo patrón y el de su padre-, son ejemplos para el fiel. Exhortan al autocontrol –especialmente sobre las pasiones de la carne-, a la paciencia y a la constancia frente a las tentaciones del Demonio.
En el san Antonio de Lisboa los fondos no tienen relación directa con la vida del santo. El Bosco los inventa, se deja llevar por su fantasía, como cuando representa a los demonios.
El carro de heno

Del Paraíso al Infierno

Alrededor del Carro de heno se incorporan, varios trípticos del Bosco en los que el Paraíso y el Infierno aparecen representados en las tablas laterales, aunque varíe la forma de mostrarlos. Tradicionalmente, en la tabla central se incluía el Juicio Final, como sucede en el ejemplar de Brujas. En las Visiones del Más Alláde Viena, más que la visión del infierno, resulta original –y aún sorprendente- la del paraíso, con el túnel de luz deslumbrante que atraviesan los elegidos para llegar al Empíreo.
En el Carro de heno, por primera vez en una pintura y de manera totalmente original, el Bosco dispuso en el centro del tríptico, entre el paraíso y el infierno, un carro de heno para mostrar cómo el hombre de cualquier clase social, en su afán por dejarse llevar por el goce de los sentidos y el deseo de adquirir bienes materiales, se deja engañar por los demonios que lo conducen al infierno. El carro se convierte en un espejo en el que quien lo contempla ve reflejada su imagen y propone al hombre como lección que, para no condenarse eternamente, no tiene tanto que hacer el bien, como evitar el mal a lo largo de la vida. Se ilustran aquí los exempla contraria, los ejemplos a evitar.
Junto a ellos, dos dibujos de Berlín, uno con una cabeza andante grotesca y un pequeño monstruo sapo, y el otro, de taller, con una escena infernal que se une al dibujo de Viena, Barco infernal, también de taller.


EL JARDÍN DE LAS DELICIAS
Junto a la pintura más emblemática y admirada de este genial artista, se exponen la reflectografía infrarroja y la radiografía de la obra, a menor escala, para que los visitantes puedan apreciar los cambios que el artista realizó desde que inició el dibujo subyacente hasta que concluyó la superficie pictórica, y el extraordinario dibujo del Hombre-árbol de la Albertina.
La sección se completa con el retrato de su comitente, Engelbert II de Nassau del Rijkmusum de Amsterdam, obra del Maestro de los retratos de príncipes, y El Libro de Horas de Engelbert de Nassaudel Maestro de Viena de Maria de Borgoña de la Bodleian Library de Oxford, así como el manuscrito de Las visiones del caballero Tondal de Simon Marmion del Museo Getty de Los Angeles.

Radiografía

La radiografía revela detalles internos del soporte y de la pintura que no se aprecian a simple vista. Al atravesar todas las capas, las escenas del anverso y del reverso de las tablas laterales aparecen superpuestas.
Durante el proceso pictórico se produjeron cambios y pequeñas rectificaciones. En el Jardín se eliminaron elementos como fruta –quizás una granada- del extremo inferior izquierdo, y se modificaron aspectos del paisaje, como el plano diagonal que emergía por la derecha.
Sorprendente es también la precisión de los contornos y cómo el Bosco presta especial atención a algunas figuras, como la mujer coronada con cerezas, cuyo rostro repasa insistentemente. En el Infierno se suprimieron objetos y animales fantásticos de gran tamaño, como el anfibio de cuyo cuerpo surge una gran esfera con un hombre en su interior.

Reflectografía infrarroja

El dibujo subyacente fue realizado con pincel y a mano alzada sobre la preparación blanca. Muestra los trazos característicos del Bosco, como se aprecia en los rostros, cuyos rasgos se definen con apenas tres líneas para ojos y nariz.
El dibujo del Paraíso ha sufrido cambios importantes: Adán, Eva y Dios Padre, situados inicialmente en el medio de la escena, se desplazaron hacia abajo. Dios Padre, primero barbado y dirigiéndose a Adán, se representó luego con la apariencia de Cristo y mirando hacia el espectador. Más relevantes aún son las modificaciones que muestra el Jardín: la pareja en la cueva –en el ángulo inferior derecho- y el grupo de mujeres y hombres a su lado –uno de ellos negro-; el jinete que rompe el círculo en torno al estanque y, sobre todo, la falsa fuente de los Cuatro Ríos, al fondo, en el centro.

El mundo y el hombre: Pecados Capitales y obras profanas


Esta sección discurre en torno a la Mesa de los pecados capitales del Prado y el tríptico incompleto del Camino de la vida, compuesto por El vendedor ambulante de Rotterdam, La muerte y el avaro de Washington, La nave de los necios del Louvre y la Alegoría de la intemperancia de New Haven.
Se suman a ellos el dibujo con La escena burlesca con un hombre en un canasto de la Albertina de Viena, así como El prestidigitador del Museo de Saint-Germain-en-Laye, el Concierto en el huevo del Museo de Lille, y el Combate entre Carnaval y Cuaresma del Noordsbrabant Museum de ‘s-Hertogenbosch, estos tres últimos obras de la mano de seguidores del Bosco.

La pasión de Cristo

LA PASIÓN DE CRISTO
Completan la exposición obras relativas a la pasión de Cristo: el Ecce Homo de Frankfurt, la Coronación de espinas de la National Gallery de Londres; los Caminos del Calvario de El Escorial y de Viena, elTríptico de la pasión del Museo de Valencia, obra de un seguidor, y tres dibujos, el Entierro de Cristo del British Museum, dos orientales en un paisaje de Berlín y dos figuras masculinas de una colección privada de Nueva York.
Además de la representación de pasajes de la Pasión en grisalla en los reversos de la Adoración de los MagosSan Juan Evangelista en Patmos y en las Tentaciones de san Antonio, el Bosco también representó estas escenas de forma autónoma, en pinturas en las que reduce el número de figuras y Cristo dirige su mirada al creyente, interpelándole y despertando en él sentimientos de angustia y compasión, influido por la corriente espiritual que propugnaba la vida ascética y la oración.
Las tentaciones de San Antonio, detalle
OBRAS
La Adoración de los Reyes, obra del círculo del Bosco, 1475 (Nueva York, Museo Metropolitano de Arte).
Ecce Homo, 1476 o más tarde, (Fráncfort del Meno, Städelsches Kunstinstitut)
El Jardín de Las Delicias, 1480-1490 (Madrid, Museo del Prado).
Tríptico del Juicio de Viena, hacia 1482 (Viena, Academia de Bellas Artes)
San Jerónimo en oración, hacia 1482 (Gante, Museum voor Schone Kunsten)
Crucifixión con donante (Bruselas, Museos reales de Bellas Artes de Bélgica)
La coronación de espinas o Los Improperios, hacia 1485 (Londres, National Gallery)
Los siete pecados capitales, 1485 (Madrid, Museo del Prado)
Tríptico de la Adoración de los Reyes, 1485-1500 (Madrid, Museo del Prado).
Tríptico del Juicio de Brujas, hacia 1486, con participación del taller (Brujas, Groeningemuseum)
San Juan Bautista en meditación, hacia 1489, ala del retablo de la cofradía de Nuestra Señora (Madrid, Fundación Lázaro Galdiano)
San Juan en Patmos (anverso) e Historias de la Pasión (anverso y reverso), hacia 1498, alas del retablo de la cofradía de Nuestra Señora (Berlín, Staatliche Museen zu Berlin, Preussischer Kulturbesitz, Gemäldegalerie)
Cuatro postigos con la Visión del Más Allá: El Paraíso terrenal; la Ascensión al Empíreo; la Caída de los Condenados y El Infierno, hacia 1490 (Venecia, Palacio Ducal)
Tríptico de los ermitaños o El retablo de los eremitas, hacia 1493 (Venecia, Palacio Ducal)
La muerte de un avaro (Washington, Galería Nacional de Arte, col. Samuel H. Kress)
Extracción de la piedra de la locura hacia 1494 o más tarde (Madrid, Museo del Prado).
San Cristóbal (Rotterdam, Museum Boymans van Beuningen)
La Crucifixión de Santa Julia, hacia 1497, (Venecia, Palacio Ducal)
Cristo con la cruz a cuestas, hacia 1498 (Madrid, Monasterio de San Lorenzo del Escorial)
El vendedor ambulante, hacia 1500 (Rotterdam, Museo Boymans Van Beuningen)
Cristo con la cruz a cuestas (Viena, Kunsthistorisches Museum)
Las Tentaciones de san Antonio (Madrid, Museo del Prado)
Tríptico de las Tentaciones de san Antonio, 1501 o más tarde, (Lisboa, Museu Nacional de Arte Antiga)
El Prestidigitador hacia 1503, con participación del taller, (Saint-Germain-en-Laye, Museo Municipal)
La Nave de los locos, hacia 1503-1504 (París, Museo del Louvre)
El Carro de Heno (Madrid, Museo del Prado; obra discutida, según el análisis dendrocronológico se situaría entre 1510 y 1516; otra versión de taller en El Escorial, hacia 1516).
Cristo con la Cruz a cuestas (El Bosco, Gante) (Museo de Bellas Artes de Gante, Bélgica. Obra debatida, entre 1510 y 1535).
Tríptico del Diluvio, las tablas laterales de la inundación [2] y del infierno [3], hacia 1515 (Rotterdam, Museo Boymans van Beuningen)
Dos tablas con representaciones de símbolos religiosos, hacia 1515 (Rotterdam, Museo Boymans van Beuningen) [4] [5]
Tríptico de los Improperios o de la Pasión (Valencia, Museo de Bellas Artes San Pío V). Realizado entre 1510-1520 por el taller de El Bosco tras su muerte8
La coronación de espinas (Madrid, Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Obra de un seguidor o imitador; el análisis dendrocronológico indica una fecha de ejecución después de 1517.) [7]
La Adoración de los Reyes hacia 1518, seguidor o imitador del Bosco (Filadelfia, Philadelphia Museum of Art, col. John G. Johnson.)
Ecce Homo (El Bosco, Filadelfia), Museo de Arte de Filadelfia, Filadelfia. Colección John G. Johnson. Obra incorrectamente atribuida. El análisis dendrocronológico indica que la tabla se pintó después de 1557.