jueves, 22 de mayo de 2014

Peggy Guggenheim




Peggy Guggenheim
(1898 - 1979)

Peggy Guggenheim, mecenas y coleccionista de arte del siglo XX, nació el 26 de agosto de 1898, en el seno de una familia de magnates, los Guggenheim, un apellido vinculado al mundo del arte, y murió en Padua, Italia, el 23 de diciembre de 1979. Fue la tercera esposa del pintor surrealista Max Ernst.

Marguerite, su nombre original, era una de las tres hijas de Benjamin Guggenheim y de Florette Seligman. Sus padres provenían de familias judías que habían emigrado desde Europa y llevaban dos generaciones haciendo fortuna en Estados Unidos. Aunque Ben Guggenheim había heredado una considerable suma de su padre, no tenía habilidad para los negocios, por lo que su herencia disminuyó considerablemente debido a un buen número de inversiones desastrosas.


Poseedor de una conocida fama de mujeriego, Ben vivía habitualmente en su apartamento de París lejos de su esposa y de sus hijas, aparentemente por motivos de sus negocios y en realidad viviendo con alguna de sus múltiples amantes. Cuando en abril de 1912 embarcó en el Titanic en Cherburgo (Francia), lo acompañaba su amante, una cantante francesa llamada Léontine Aubart, así como un pequeño grupo de criados, un chófer, una doncella, un mozo, y sobre todo su mayordomo y hombre de confianza Giglio. Tanto él como sus criados perecieron en el hundimiento del transatlántico y sus cuerpos nunca fueron recuperados.

A los catorce años, Peggy pudo heredar una pequeña fortuna que sustentó sus caprichos artísticos. La joven heredera, aunque estilizada e interesante, no calificaba dentro de los parámetros de la estereotipada jovencita bella y adinerada. Su nariz – que había ganado el título de berenjena – atormentaba su frágil autoestima adolescente. Sus complejos y su inseguridad la llevaron a una cirugía plástica de nariz con resultados desastrosos. Así, se volvió una joven solitaria alejada de los círculos sociales de su entorno, retraída y sin encanto. Tras terminar sus estudios, encontró trabajo en una librería que comercializaba literatura de avant-garde y ciertas representaciones inusuales del arte.




En 1920, viajó a Europa y descubrió mucho más que un continente: un horizonte lleno de experiencias aguardaba a una Peggy huérfana de estímulos. Al arribar al viejo mundo nunca imaginó que se quedaría allí veintitrés años. El desembarco europeo le acercó las emanaciones que se respiraban en los barrios bohemios de las grandes ciudades. París y Londres fueron sus maestras y desplegaron ante sus ojos las maravillas del arte que la encandilarían. Peggy no sabía mucho de arte moderno, sus conocimientos de arte llegaban hasta el impresionismo, pero pronto aprendió de su amigo Marcel Duchamp, que le enseñó la diferencia entre abstracto y surrealismo.

En 1938, inauguró en Londres la Guggenheim Jeune con una exposición de Jean Cocteau. El arte surrealista y abstracto que Cocteau exhibió era desconocido en el Reino Unido. Mucha gente estaba desconcertada, si no es que molesta, por este tipo de "arte nuevo" y pocos compraron los cuadros. En afán de fomentar las ventas y consolar a los artistas, la misma Peggy comenzó a comprar las obras secretamente. La exposición de la obra de Cocteau fue seguida por exhibiciones de Kandinsky, Yves Tanguy, Wolfgang Paalen y otros artistas, tanto famosos como emergentes. Peggy convocó a exposiciones de collage y escultura, con la participación de artistas como Antoine Pevsner, Henry Moore, Alexander Calder, Raymond Duchamp-Villon, Constantin Brancusi, Jean Arp, Max Ernst, Pablo Picasso, George Braque y Kurt Schwitters. Peggy admiraba también el trabajo de John Tunnard y es acreditada como su descubridora en la historia modernista.

A partir de este momento la voracidad de Peggy por las obras de vanguardia era cada día más extrema. Su lema se volvió “ Compra una obra cada día ”. Gracias a la posibilidad económica de poder obedecer a dicha premisa, su colección se tornó inmensa. Así consiguió ser dueña y hacedora de una de las colecciones más admiradas de arte moderno del mundo.




Con el estallido de la guerra volvió a su país, Estados Unidos. En Nueva York abrió una galería de arte moderno, Art of This Century. En este lugar, Peggy descubrió el expresionismo abstracto de Jackson Pollock. Su galería acogió las primeras muestras del artista. Peggy le pagaba cada mes y le organizaba exposiciones. Se convirtió en su mecenas. Diariamente, Peggy iba acompañada de sus perros a la galería. De noche, organizaba fiestas salvajes a las cuales asistían invitados del medio artístico. Tras varios años en América, se instaló en la ciudad más romántica de Italia, Venecia, y buscó un palacio para vivir ella y sus perros.

Compró el Palazzo Venier dei Leoni, un palacio inacabado del siglo XVIII, donde instaló un museo privado para su enorme colección de cuadros y esculturas a orillas del Gran Canal. A este museo le dedicó los últimos años de su vida, rodeada siempre de una alborotada jauría de mascotas y mimetizada con la ciudad, adquiriendo cierto aire de misterio y de sofisticación. Deambulaba por sus jardines prósperos de bronces y mármoles, ataviada con excéntricas vestimentas, lentes oscuras y originales accesorios que la dotaban de una enigmática belleza. Así reinó en el palacio renacentista como una antigua emperatriz oriental. Abrió las puertas de su palacio al público durante varios años. Hoy, el palacio acoge el Museo Guggenheim de Venecia. Su costumbre de organizar fiestas siguió vigente y en su casa se reunían celebridades como Yoko Ono o Truman Capote. A principios de los años 60 dejó de coleccionar, si bien prestaba sus obras a exposiciones.

El Palazzo Venier dei Leoni 

En 1962, Peggy fue nombrada ciudadana honoraria de Venecia y podía ser vista con frecuencia recorriendo los canales de Venecia en su góndola privada. En una ocasión escribió a un amigo: "Adoro flotar hasta tal punto que no puedo pensar en nada más hermoso desde que dejé el sexo, o mejor dicho, desde que el sexo me dejó."



Se casó en primeras nupcias con el escritor Lawrence Vail, con quien compartió un matrimonio en donde florecían las escenas violentas, los insultos y los maltratos verbales y físicos, contrastando con la belleza, la elegancia y la sofisticación de los ambientes que frecuentaban. Su genial marido, bon vivant, bohemio, alcohólico y agresivo, no dudaba en denigrarla arrojándole cualquier objeto que se le cruzara, ya fuera en la privacidad del hogar, ya en la esfera pública, la calle o un restaurante, siempre eran lugares aptos para agredirla. De la amarga unión nacieron dos hijos, Sindbad y Jezebel ( a la que llamaban Pegeen ). Tras soportar siete años de abuso de Lawrence Vail, huyó con John Holms. La muerte de John a causa de un infarto fue un duro golpe para ella. Después entraría en su vida Douglas Garman, más tarde llegarían el escritor Samuel Becketty el artista Max Ernst.


Peggy decidió confiar en las vanguardias y en los artistas de su época en un momento en el que nadie lo hacía. “A painting a day” fue su lema durante la Segunda Guerra Mundial. Los artistas buscaban escapar de “La solución final” y se veían obligados a vender su obra a precios muy bajos. Peggy, perseguida por la guerra, también tuvo que viajar a Nueva York , donde creó “Art of this Century”, lugar que se convirtió rápidamente en un punto de encuentro para artistas contemporáneos estadounidenses y europeos. Ella fue la encargada de que muchas obras europeas llegaran por primera vez a Estados Unidos, actuando como puente entre el arte de dos continentes. 

Peggy Guggenheim fotos


Peggy Guggenheim tenía pocas características de una coleccionista de arte: no sabía nada sobre el tema, empezó su carrera hasta los 40 años y definitivamente no tenía tanto dinero. 

Sin embargo, más que una coleccionista de arte, era una coleccionista de personas, artistas famosos y amores fatales. Su vida estuvo indisolublemente ligada a su colección: imaginar la vida de Peggy Guggenheim es pensarla rodeada de los artistas y literatos más brillantes del siglo XX. Marcel Duchamp y Piet Mondrian eran su amigos, Laurence Vail y Max Ernst fueron sus esposos, y se enamoró durante un tiempo de Samuel Beckett y de Jackson Pollock. Así que probablemente Peggy no sabía nada de arte, pero sabía todo acerca de las personas.


Peggy Guggenheim con un cuadro de Picasso y una escultura de Giacometti
Max Ernest

El 12 de junio de 1940, dos días antes de que los alemanes invadieran París, Peggy finalmente huyó a Grenoble, en el sur de Francia. Su colección había sido almacenada en el granero de un amigo en la Francia central para salvaguardarla del pillaje nazi (Peggy estaba furiosa de que el Louvre se hubiera negado a almacenarla, argumentando que era demasiado moderna para guardarla). Pero pronto volvió a las andadas, después de que un grupo de amigos pintores (incluido Max Ernst, que había escapado de un campo de concentración) le pidiera que los ayudara a escapar de Francia. Tras varios meses viviendo en Marsella, donde tuvo un "lujurioso amorío" con Max, Peggy y los artistas rescatados escaparon a Estados Unidos en julio de 1941.
De vuelta Nueva York, Peggy y Max se alojaron en una mansión en East River, y se casaron en diciembre de ese mismo año. En octubre de 1942, Peggy abrió en Manhattan una nueva galería llamada "The Art of This Century Gallery" (Galería el Arte de Este Siglo). La galería estaba dividida en diferentes salas, cada una con un tema artístico, así pues, había una sala para surrealismo y otra para cubismo, además de un espacio para la venta de obras.

El descubrimiento de Jackson Pollock

En 1943, Peggy Guggenheim estaba buscando nuevos talentos para la exposición del Salón de Primavera que sería exhibida en su nueva galería, como parte de esta búsqueda de talentos, Guggenheim colocó un anuncio en la revista Art Digest. El anuncio especificaba que cualquier artista norteamericano menor de treinta y cinco años podía presentar muestras de su obra. Los finalistas serían elegidos por un jurado conformado por Peggy Guggenheim, Piet Mondrian, Marcel Ducham, James Joseph Sweeney y James Thrall Soby.
Uno de los artistas a ser considerados fue Jackson Pollock. El secretario/consejero de Peggy, Howard Putzel, resultó ser un temprano impulsor de Pollock, refiriéndose a él como "genio" y Matta también había recomendado a Pollock. Pero Peggy parecía no poder apreciar el genio de Pollock. Putzel, insistiéndole a Peggy que considerara a Pollock para el próximo Salón de Primavera, fue al estudio de Pollock en la Octava Avenida y llevó una selección de su obra a la The Art of This Century Gallery para consideración del jurado. Mientras Mondrian examinaba Figura Estenográfica (1942) de Pollock, Peggy comentó: "Bastante fea ¿no es así? Eso no es una pintura ¿o sí?" Después de que Mondrian estuviera frente a la pintura por varios minutos, ella continuó su crítica: "Hay una absoluta falta de disciplina en esto," agregando que ella no creía que Pollock fuera admitido para la exhibición. Mondrian respondió, "Peggy, no lo sé. Tengo el sentimiento de que esta puede ser la pintura más emocionante que he visto desde hace mucho, mucho tiempo, aquí o en Europa." Peggy protestó diciendo que no era la clase de cosas que esperaba que fueran del gusto de Mondrian, él respondió que sólo porque fuera diferente de su propia obra no significaba que debía de disgustarle, agregando, "yo no se lo suficiente acerca de este autor como para calificarlo de 'grande', pero sé que me obligó a detenerme y observar. Donde tú ves 'falta de disciplina' yo tengo la impresión de percibir una energía tremenda."
Cuando la exposición fue inaugurada, Figura Estenográfica fue incluida. Y los críticos, como Mondrian, estaban emocionados. La exhibición recibió muy buenas críticas de la prensa estadounidense, pero la que realmente enfatizó la inclusión de la obra de Pollock apareció escrita por Jean Connolly (amiga de Peggy) el 29 de mayo en el periódico Nation y decía: "Por primera vez el futuro revela un brillo de esperanza," comentaba algunas obras de Matta, Motherwell y otros como "pinturas que sería un placer poseer," y luego agregaba, "hay un gran Jackson Pollack (sic) que, me dijeron, hizo que el jurado entornara las pestañas."
Años más tarde, Peggy Guggenheim diría que: "el descubrimiento de Pollock fue, por mucho, mi más notable logro individual." Pero en años posteriores, Peggy resintió que su asociación con el artista fuera subestimada ("todo lo que hice por Pollock fue minimizado o completamente olvidado"). Cuando ella apoyaba la carrera de Pollock, vendía sus pinturas por no más de 1,000 dólares, hoy en día sus pinturas valen más de 100 millones.
Diariamente, Peggy iba acompañada de sus perros a la galería. De noche, organizaba fiestas salvajes a las cuales asistían invitados del medio artístico. Peggy dijo que, durante cinco años, se fue a la cama en estado de ebriedad. Pollock rara vez era invitado a estas fiestas, ya que "tomaba demasiado y, cuando lo hacía podía llegar a ser incómodo por no decir diábolico." En una ocasión, Pollock, tras dejar en su casa una gran pintura que le habían encargado (Mural, 1944), fue directo al mini-bar de Peggy y, tras embriagarse con las botellas que allí había, orinó en la chimenea.
En 1943, Max Ernst y Peggy Guggenheim se separaron. En 1947 Peggy Guggenheim cerró su galería Art of This Century. "Estaba exhausta por mi trabajo en la galería, de la cual me había convertido en una especie de esclava."

De Nueva York a Venecia

A pesar de su éxito en “Art of this Century”, Peggy decidió regresar a Europa debido a que Max Ernst le rompió el corazón enamorándose de Leonora Carrington. Clement Greenberg, crítico de arte americano, al enterarse del regreso de Peggy a Europa, declaró que era un gran error para el arte del siglo XX. Peggy decide irse a Venecia, lugar donde se sentía a salvo, y compró un palazzo junto al Gran Canal, el cual se convirtió en su hogar. Años más tarde abrió las puertas de su casa al público para mostrar su colección. 

Los últimos capítulos

Los últimos capítulos de su vida fueron desoladores. Su hija Pegeen cayó en una profunda depresión consumida por agudas inestabilidades mentales y, luego de años de tortuosa existencia, se suicidó en 1967. Peggy nunca pudo sobreponerse a esa tragedia y se recluyó por completo en sus aposentos venecianos. En 1979 murió a causa de una apoplejía y sus cenizas fueron enterradas en una esquina del jardín del Palazzo Venier, cerca del lugar donde ella solía dar sepultura a sus mascotas.


 "Veo hacia atrás en mi vida con gran alegría. 
Creo que fue una vida muy exitosa. Siempre hice lo que quise 
y nunca me importó lo que los demás pensaran. 
¿Liberación de la mujer? Yo era una mujer liberada 
antes de que hubiera un nombre para eso."
Peggy Guggenheim


Los perros de Peggy Guggenheim

Peggy Guggenheim tuvo catorce perros Lhasa Apsos. En la mayor parte de las fotos sale posando con ellos. El único lugar en el que no se ven perros es cuando la fotografiaban arreglando las obras de su colección en las salas de exposición del Palacio de los Leones. Los perros están en el jardín, recordados por una lápida de mármol rosado. Cuando ella murió en 1979, sus cenizas fueron esparcidas junto a la tumba de sus beloved babies (Capuccino, Pegeen, Peacock, Madame Butterly, Toro, Foglia, Baby, Emily, White Angel, Sir Herbet, Sable, Gypsy, Hong Kong y Cellida).







La colección de Peggy Guggenheim

Joven triste en un tren de Marcel Duchamp“Joven triste en un tren”, Marcel Duchamp
Es así como Peggy crea una colección de arte conformada por los principales exponentes del cubismo como Braque y Picasso, del surrealismo como Ernst, Dalí, Magritte, y otros exponentes de las vanguardias de siglo como Brancusi, Cornell, Kandinsky o Giacometti. Con poco dinero creó una de las colecciones más interesantes de arte moderno. La obra más cara que compró fue Bird in Space, de Brancusi y gastó tan sólo dos mil dólares, la obra más barata fue una cajita de Joseph Cornell por 35 dólares, mientras que la mayoría de sus Pollocks y Ernsts fueron regalos. Peggy hizo una colección casi compuesta por el azar, la suerte y la casualidad; estuvo donde tenía que estar durante la mayor parte del siglo XX.


Atelier de Pablo Picasso
“Atelier”, Pablo Picasso

La colección de Peggy Guggenheim, a pesar de ser un museo tan pequeño, es uno de los museos más importantes de arte moderno y no sólo es de carácter histórico sino de carácter personal. Peggy no es una coleccionista de arte, Peggy es un museo y a pesar de no saber nada de arte, se convirtió en la gran mecenas del arte moderno.

Historia de una fábula de Joseph Cornell“Historia de una fábula”, Joseph Cornell

 "El imperio de las luces" de René Magritte
 ”El imperio de las luces”, René Magritte


Fuentes:
http://almamagazine.com/entradas-peggy_guggenheim-primera_dama_del_arte_moderno
http://es.wikipedia.org/wiki/Peggy_Guggenheim
http://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Guggenheim
Teresa Vallbona, Grandes mujeres, el lado femenino de la historia. Editorial Océano S.L. 2010




sábado, 10 de mayo de 2014

P.D. James

P.D. James
Phyllis Dorothy James
(1920)

Escritora británica, destacada artífice del resurgimiento de la novela policíaca en su línea clásica. Hija de un funcionario de clase media, Phyllis Dorothy James creció en la ciudad universitaria de Cambridge. Por dificultades económicas tuvo que interrumpir sus estudios a los dieciséis años, y a partir de entonces se convirtió en autodidacta. En 1941 se casó con un estudiante de medicina que regresó de la guerra mentalmente desquiciado y pasó gran parte de su vida en hospitales psiquiátricos. Para sacar adelante a su familia (su marido y sus dos hijos), James trabajó en la administración de un hospital.


P. D. James


Tras la muerte de su esposo en 1964, trabajó como funcionaria en el Departamento de Política Policial y Criminal como experta en delincuencia juvenil. Esta experiencia le sirvió sin duda como base para su actividad de escritora, iniciada ya en la madurez con novelas policíacas en las que destaca su dominio del detalle y la perfecta caracterización de los personajes. Con Innocent Blood (Sangre inocente, 1980) asentó su fama como novelista, mientras que la novela futurista The children of men (Los hijos de los hombres, 1992) confirmó su talento narrativo más allá del género detectivesco.

Su obra Cover her face (Cubridle el rostro), de 1962, fue la primera de una serie de novelas policíacas de gran éxito, entre las cuales destacan, junto a las ya citadas, Shroud for a nightingale (La mortaja del ruiseñor, 1971); The black tower (La torre negra, 1975); Death of an expert witness (Muerte de un testigo perital, 1982); A taste of death (Sabor a muerte, 1987); Devices and desires (Aparatos y deseos, 1989); y A certain injustice (Una cierta injusticia, 1997). Muchas de sus historias fueron adaptadas para la televisión. En 1991 ingresó en la Cámara de los Lores con el título de baronesa de Holland Park.


P.D. James
by June Mendoza









Hijos del hijo

 Por Sergio Di Nucci


De pronto, las mujeres dejan de concebir. Las alarmas son inmediatas: se trata de una amenaza más científicamente predecible, más inexorable que la bomba atómica para determinar que el dominio de la especie humana sobre la Tierra tiene fecha de vencimiento. La versión cinematográfica de esta pesadilla futurista llegó a nuestro país con el film Niños del hombre (Children of Men), elogiada adaptación de una novela de P.D. James publicada en 1992. Tanto el original de la escritora británica, que habitualmente es religiosa autora de bisexuales novelas policiales, como la adaptación del mexicano Alfonso Cuarón confirman una tendencia de la ficción de anticipación de los últimos tiempos: parece imposible pensar el futuro sin creer que sus rasgos más salientes, más característicos, quedarán delineados por los cambios que sufrirán, y sobre todo que nos harán sufrir, las ciencias y las tecnologías.
No es imprescindible erudición en historia literaria para saber que no siempre fue así. Durante el Renacimiento podían existir visiones halagüeñas y hasta celebratorias de los futuros posibles. Ejemplar resulta la Utopía (1516) de Santo Tomás Moro, el canciller católico decapitado por su rey Enrique VIII: el futuro podía ser el punto de llegada de nuestras felicidades. La utopía (“no hay tal lugar”, según la etimología griega) era también eutopía (ese término que es bueno, como la buena muerte de la eutanasia).

UNA GUIA PARA EL APOCALIPSIS

En el siglo XX, la novela de anticipación que describe una sociedad futura –género distinto al de la ciencia ficción, que es una novela de aventuras en un entorno diversamente tecnológico– se volvió distópica: de llegar, nuestro futuro será cuanto menos inquietante. De modo que la obra funciona como un aviso acerca de qué acciones hay que tomar hoy, con urgencia, para no llegar a esos momentos de catástrofe. Para limitarnos a las letras inglesas, Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley, 1984 (1949) de George Orwell y aun La naranja mecánica (1962) de Anthony Burgess son ejemplos de la tendencia. La novela de anticipación, que antes era revolucionaria, se ha vuelto reaccionaria: ya no se trata de una guía de instrucciones para llegar a un futuro promisorio sino para impedir que los días por venir sean distintos, con la debida concientización, de los de ayer.
Si la novela y el cine nos advierten sobre los peligros de la ciencia, también lo hacen sobre el mal uso de estos conocimientos si caen en manos de diversos dictadores. Los dos peligros se conjugan en Niños del hombre: la advertencia del “nunca más” referida a los grandes genocidios del siglo XX –nazismo, stalinismo, maoísmo–; y el temor por los avances científicos de las últimas décadas, en especial, y en este caso, en la genética y las ciencias de la vida.

Children of men

LA VIDA MUY BREVE

Llegado el año 2027, en el que se desarrolla la acción de libro y film, el estado de las principales capitales de Occidente es penoso: se suceden variopintas pandemias, el terrorismo parece indetenible. Una Gran Bretaña muy ficticia y un poco retro (porque es representada como homogénea racialmente, y hoy ya es multirracial y multicultural) pone en marcha un plan de limpieza étnica de estilo solución final. Inmigrantes y refugiados son llevados a campos de concentración donde les espera la muerte. Pero entre tanto, en este año 2027, pasan cosas más negras: por alguna razón que el espectador contemporáneo muy pronto puede atribuir a alguno o a todos de los males modernos (la manipulación de los genes, los experimentos secretos que producen radiactividad, las armas no convencionales –e indirectas– de destrucción masiva, y hasta el recalentamiento global), se constata que desde hace 25 años las madres en todo el mundo han dejado de ser fértiles en la reproducción. El hombre más joven del mundo es un mendocino (P.D. James visitó la Argentina y fue entrevistada por un colaborador de Página/12, el gran novelista C.E. Feiling). La esperanza pasa por sacar del país a una mujer negra para contactarla con un hipotético “Human Project”, que podrá revertir el estado de cosas.
Ni la novela ni el film rehúyen un sentido luddita y aun religioso. La hembra que engendra un hijo será perseguida, y deberá emprender “la huida a Egipto”, como la Virgen María que escapó al tirano Herodes, asesino de niños en la matanza de los Santos Inocentes del 28 de diciembre. De hecho, en la Gran Bretaña imaginada por la anglicana P.D. James gobierna un Guardián, el nombre que se le dio a Oliverio Cromwell, el fundador de la democracia parlamentaria británica, que condenó a la decapitación al rey Carlos I. El mismo título del film, que más literalmente se traduciría por Hijos de los hombres, alude a Cristo, el “Hijo del Hombre” según la Biblia. En un contexto de convicciones generalizadas acerca de que la manipulación científica en general, y genética en especial, nos ha arrojado a pesadillas terribles, también se postula que no es seguro que la propia ciencia pueda resolver, o paliar, esa situación.
La ciencia es condenada aquí desde una perspectiva conservadora. Invita a pensar que los objetivos que las clases medias occidentales exigen a la ciencia (anticoncepción, partos sin dolor, eugenesia, eutanasia, fertilización asistida, alquiler de vientres) tienen su castigo, como en el pecado original cuando el demonio prometió a Eva que sería como una diosa, por parte de una naturaleza implacable pero justa.
Desde otro punto de vista, estas ficciones reflejan una reacción de ansiedad y desagrado, europea pero también norteamericana (e incluso argentina), ante inmigrantes que son más fértiles que los estrictamente nacionales. La pesadilla consiste en el desequilibrio demográfico, en el miedo al mestizaje, en la convicción de que las comunidades perderán su conformación actual, y serán étnicamente diversas. ¿Y si el presidente de Estados Unidos es un hispano y el de la Argentina, hijo de bolivianos? Una pesadilla para racistas.
Niños del hombre advierte que la ciencia, si se autonomiza de los fines que han de imponerle quienes disponen de los medios para encauzar la investigación, puede engendrar, casi por sí sola, un mundo que ya no se adecue más a las ideas previas de naturaleza, como insiste la medicina evolucionista. Al igual que muchas otras veces, las impugnaciones de la ciencia y la tecnología esconden el mayor de los cumplidos: les atribuyen un poder del que tantos científicos dudarían.








Todo lo que sé sobre novela negra, P.D. James


***
James
Mi librero catalán nació para vender y ni las más complicadas circunstancias evitan que recomiende libros. Es probable incluso que tenga planificada alguna oferta para poner en el epitafio.  Además, se ha declarado a favor del género negro y me quiere arrastrar. Insistió para que leyera este libro y cedí. En él, Phyllis Dorothy James, que ronda los noventa años de vida y tal vez más de cincuenta de literatura, vierte sus impresiones personales y análisis sobre lo que debió ser traducido como “novela detectivesca”. El trayecto abarca desde los orígenes, con Poe como mojón pero reconociendo antecedentes menos explícitos, hasta las manifestaciones actuales, con autores que ella no llega a conocer y el elemento agregado de las pantallas. Las épocas y autores nombrados, comparados, leídos y releídos, pertenecen a la lengua inglesa, con un fuerte predominio de los británicos, aunque sin descuidar a Hammet y Chandler, que representan un contraste respecto a lo que venía diciendo y a lo que siguió diciendo. Piensa sobre las circunstancias sociales, la necesidad del público de ese tipo de relatos, las distintas estructuras y los elementos recurrentes, además de las adhesiones y las controversias. No faltan Conan Doyle, Chesterton o Agatha Christie y hay un capítulo dedicado a las mujeres que han cultivado el género, que me llamó la atención por el número y la importancia. Aclaro que no se trata de un rasgo de misoginia sino de pura estadística: ¿qué porcentaje de las personas que producen ficción, la publican y la venden son mujeres? Desde hace tiempo he querido saberlo.
Los libros escritos en otras lenguas le son, al parecer, bastante ajenos y solo realiza una mención al tsunami de materiales traducidos provenientes de diversos países. Solamente se detiene, de todos los posibles, en Mankell, pero no demuestra un conocimiento de la obra si se exceptúa la referencia a las adaptaciones televisivas de la saga de Wallander, a cargo de Kenneth Brannagh.
El punto de vista de James va desde la emoción que tenía de niña cuando se gastaba la mesada en libros hasta la explicación de qué conviene hacer para crear un relato interesante. Y funcionó porque, de hecho, emergí de la lectura con una trama en pañales, si se me permite la intromisión ególatra.
Una de las críticas vertidas con más frecuencia sobre la narrativa detectivesca es que este patrón impuesto es una mera fórmula que encorseta al novelista y coarta la libertad artística esencial para el proceso creativo, y que los matices de los personajes, el realismo del contexto e incluso la verosimilitud se sacrifican a favor del predominio de la estructura y de la trama. Pero lo que a mí me resulta fascinante es la extraordinaria variedad de libros y escritores a los que esta fórmula ha sido capaz de adaptarse, y los innumerables autores que han hallado en las limitaciones y las convenciones de la narrativa detectivesca un medio liberador, y no constrictivo, de su imaginación creativa. Afirmar que unono puede escribir una buena novela ciñéndose a la disciplina de una estructura formal resulta tan necio como decir que un soneto no puede ser buena poesía porque debe tener catorce versos –dos cuartetos y dos tercetos- y ajustarse a una estricta secuencia métrica. Además, las novelas detectivescas no son las únicas que se ajustan a unas convenciones una estructura establecidas. Todas las novelas de Jane Austen siguen una misma secuencia narrativa: una joven atractiva y virtuosa logra superar sus dificultades para casarse con el hombre al que ha escogido. Ésta es la vieja convención de la novela romántica y, sin embargo, con Jane Austen obtenemos una novela rosa escrita por un genio.
Calificación: bueno
Título original: Talking about Detective Fiction (nótese que lo escribió con mayúsculas)
Traducción: María Alonso
Ediciones B, 2010
ISBN: 978-84-666-4442-6




BIBLIOGRAFÍA

  • Cover Her Face (1962) (Cubridle el rostro)
  • A Mind to Murder (1963) (Un impulso criminal o Sanatorio para adultos)
  • Unnatural Causes (1967) (Muertes poco naturales)
  • Shroud for a Nightingale (1971) (Mortaja para un ruiseñor)
  • The Maul and the Pear Tree (1971) (La octava víctima)
  • An Unsuitable Job for a Woman (1972) (No apto para mujeres)
  • The Black Tower (1975) (La torre negra)
  • Death of an Expert Witness (1977) (Muerte de un forense)
  • Innocent Blood (1980) (Sangre inocente)
  • The Skull Beneath the Skin (1982) (la calavera bajo la piel)
  • A Taste for Death (1986) (Sabor a muerte)
  • Devices and Desires (1989) (Intrigas y deseos)
  • The Children of Men (1992)
  • Original Sin (1994) (El pecado original)
  • A Certain Justice (1997) (Una cierta justicia)
  • Death in Holy Orders (2001) (Muerte en el seminario)
  • The Murder Room (2003) (La sala del crimen)
  • The Lighthouse (2005) (El faro)
  • The Private Patient (2008) (Muerte en la clínica privada)
  • Death Comes to Pemberley (2011)





jueves, 1 de mayo de 2014

Almudena Grandes

(1960)

Escritora española, una de las más relevantes de las últimas generaciones, con títulos tan significativos como Las edades de Lulú y Malena es un nombre de tango.

Nacida en Madrid, ciudad a la que siempre se ha sentido estrechamente vinculada, Almudena Grandes estudió geografía e historia en la Universidad Complutense y comenzó a trabajar en el mundo editorial como escritora de encargo. Cuenta la autora que se dedicó a la escritura gracias al fútbol y porque no sabía dibujar: “Cuando íbamos a visitar a mi abuelo, mi padre y él veían el fútbol y no se podía hablar. A los niños nos daban lápices de colores, pero como a mí no me gustaba dibujar, me aburría. Y me dijeron que escribiera algo. Aún conservo algunos cuentecitos de regalo de los que obtuve rentabilidad económica. Fue mi primer trabajo profesional”.

Almudena Grandes


Entre sus trabajos como redactora y alguna incursión en el cine (en 1982 tuvo un pequeño papel en el filme de Oscar Ladoire A contratiempo), Almudena Grandes obtuvo el reconocimiento del público con su ópera prima, Las edades de Lulú (1989). La novela, una insólita historia de iniciación y aprendizaje, obtuvo el XI premio La Sonrisa Vertical de narrativa erótica, convocado por la editorial Tusquets, y supuso el mayor éxito en la historia de este premio. Desde su aparición ha sido traducida a 21 idiomas y lleva vendidos más de un millón de ejemplares.

Las edades de Lulú rebasó el ámbito estrictamente literario de la mano del director de cine Bigas Luna, quien la adaptó para la gran pantalla en 1990. La película, protagonizada por Francesca Neri y un entonces prácticamente desconocido Javier Bardem, fue uno de los éxitos de la temporada y acrecentó la flamante popularidad de la escritora.

Grandes publicó su segunda novela en 1991: Te llamaré Viernes. La obra se apartaba de la literatura erótica y tuvo escasa repercusión mediática. Fue realmente tres años más tarde cuando la escritora se consagraría definitivamente con un nuevo título:Malena es un nombre de tango (1994). Ambientada en la España de la transición, narra a lo largo de tres décadas la adolescencia y la madurez de Malena Fernández de Alcántara, una joven de la alta burguesía madrileña, cuya trayectoria vital y sentimental estará marcada por la relación con su hermana melliza.








Sorprende que, en su primera novela, una autora de apenas veintitantos años construyera su historia con semejante brío, seguridad y solidez y creara un personaje tan rico en matices, atrevimientos, un espíritu tan reacio a la domesticación y al compromiso, al lugar común y al escarmiento, como la traviesa Lulú.

La proeza de Almudena Grandes en esta historia consiste en que es una penetrante indagación en los fantasmas recónditos que gobiernan desde la sombra la conducta humana.
Quienes piensen que Las edades de Lulú fue un mero “caso” harían bien en releerla ahora, quince años después. Descubrirían entonces que es una espléndida novela, escrita con madura solvencia, y que, además de captar el espíritu de una época, mantiene en nuestros días toda la pugnacidad crítica, el humor acerbo, la gracia verbal y las audacias imaginativas que sorprendieron tanto, al parecer, hace tres lustros.

Mario Vargas Llosa, El País




"La belleza es un monstruo, una deidad sangrienta
a la que hay que aplacar con constantes sacrificios."
Almudena Grandes
Las edades de Lulú

Foto de Mariana Eliano

Elogio de la literatura


Parecen lo mismo, pero no lo son.
No es lo mismo tragar agua que beber una copa de buen vino, no es lo mismo engullir una hamburguesa que paladear despacio un morteruelo hecho a mano, no es lo mismo pasar cinco minutos en una cabina de rayos UVA que disfrutar de una tarde de pereza en una playa desierta. No es lo mismo.
Un año más, comienza la Feria del Libro de Madrid. Lo que siempre ha sido difícil, este año parece insuperable. El empobrecimiento de las clases medias, vivero tradicional de los buenos lectores españoles; la asquerosa competencia de los piratas que campan a sus anchas en la impunidad que les ha garantizado la cobardía de sucesivos Gobiernos; la depresión general que induce a la gente a no salir de casa, a no gastar, a guardar sus pocas reservas por si les toca el próximo ERE… Siempre ha sido difícil, pero esa es también la buena noticia. Si ­hemos salido de otras, saldremos de esta, y un libro puede ser la mejor munición, una sólida trinchera donde resistir. Por eso es importante aclarar que no todos los libros son iguales.
Todo el mundo tiene derecho a escribir, a publicar lo que escribe. Desde luego, pues no faltaría más. Todo el mundo tiene derecho a planear una historia, a contarla con palabras y a decir que ha escrito una novela. Por supuesto que también, nadie puede arrogarse el título de juez supremo que decide qué es una novela y qué no lo es. Pero existe un plano más profundo, una vocación que desafía a las etiquetas y subyace bajo las estrategias demarketing de las editoriales. Una ambición, una pasión, un oficio. La voluntad de mirar el mundo y contarlo desde la propia mirada. La necesidad de formular preguntas sin buscar ni ofrecer respuestas. La aventura de inventar una isla desierta, un minúsculo punto capaz de modificar los mapas conocidos para invocar el amoroso naufragio de los lectores. Y eso, sólo eso, es ser novelista.

No se dejen engañar. No caigan en la trampa de lo que parece igual pero es distinto”
Hablo de mis semejantes, mis hermanos. Exigentes, perfeccionistas, obsesivos, capaces de dejarse arrebatar por una ficción originada en ellos mismos, de vivir dentro y fuera de su propia vida durante años, persiguiendo una imagen, una idea, el exacto significado de una palabra. No salen en la televisión, no son famosos, no tienen más presencia pública que las fotos de las solapas de sus libros. Pero son los guardianes del tesoro, los depositarios de una herencia ancestral, los héroes de estos tiempos de chichinabo, donde cada día más necios confunden valor y precio. Y encima, tienen que aguantar que tantos famosos de medio pelo, periodistas, estrellas de la televisión, seudoaristócratas y demás aparezcan en los telediarios exhibiendo esos libros que, dicen ellos, son sus novelas.
No se dejen engañar, escojan la literatura. Atrévanse a dejarse seducir por los autores que se juegan la vida en lo que escriben, acepten esa apuesta preciosa, solemne, y no caigan en la trampa de lo que parece igual pero es distinto. Este año tengo la suerte de poder recomendar con el corazón en la mano, sin trampa ni cartón, tres novelas escritas por mujeres. Nada se opone a la noche, de Delphine du Vigan; Las poseídas, de Betina González; Daniela Astor y la caja negra, de Marta Sanz. Tres miradas diferentes, desde París, desde Buenos Aires, desde Madrid, sobre el universo de las mujeres erróneas, esas que nunca acertamos a ser lo que se espera de nosotras. Tres desgarradores relatos sobre la amistad, la relación entre madres e hijas, y la confusión compartida, amores dolorosos, muy diferentes entre sí, pero capaces de inspirar libros espléndidos.
No olvidemos a los hombres. Insisto en Lobisón, de Ginés Sánchez, una asombrosa historia de hombres-lobo situada en la España contemporánea, una primera novela valiente, conmovedora, originalísima. Intemperie, la ópera prima de Jesús Carrasco, ha logrado la proeza de dar que hablar en un territorio, el de la información cultural de ahora mismo, tan hostil como el escenario donde sitúa a su desvalido protagonista. Tenemos además la ocasión de celebrar el retorno a la narrativa de un escritor extraordinario, Felipe Benítez Reyes, que acaba de publicar un excelente libro de relatos,Cada cual y lo extraño.
La literatura es el sudario que la reina Penélope teje de día y desteje de noche desde hace muchos siglos. Desde que ella ideó esa estratagema, mucho antes de que se inventara la televisión, muchos hombres y mujeres han consagrado sus vidas a continuar su labor, tejiendo y destejiendo un relato universal, imprescindible.
Ese tejido está ahora en sus manos.
Por favor, no corten los hilos.


Premios

  • Premio Rosone d´Oro, Ayuntamiento Pianella (Italia), 1997
  • XI Premio La Sonrisa Vertical, por Las edades de Lulú, 1989
  • Record en una maratón de narración de cuentos en Guadalajara, 1995
  • Finalista del Premio de la Crítica (Narrativa), por Malena es un nombre de tango, 1994
  • Finalista Premio Nacional de Literatura (Narrativa), por Malena es un nombre de tango, 1994
  • Premio NH Relatos, por Modelos de mujer, 1996
  • Premio Sindicato UGT Julián Besteiro de las Artes y las Letras, 2002
  • Público del Premio Salambó, por Los aires difíciles, 2003
  • Premio de los lectores de la cadena de librerías Crisol, por Los aires difíciles, 2003
  • Premio Literario Arzobispo Juan de San Clemente, por Los aires difíciles, 2004
  • Premio al Libro del Año 2007 del Gremio de Libreros de Madrid, por El corazón helado, 2008
  • VII Premio de Novela Fundación José Manuel Lara, por El corazón helado, 2008


OBRA

NOVELA
  • Las edades de Lulú (Tusquets, 1989) 
  • Te llamaré Viernes (Tusquets, 1991) 
  • Malena es un nombre de tango (Tusquets, 1994) 
  • Atlas de geografía humana (Tusquets, 1998) 
  • Los aires difíciles (Tusquets, 2002) 
  • Castillos de cartón (Tusquets, 2004)
  • El corazón helado (Tusquets, 2007) 
  • Inés y la alegría (Tusquets, 2010) 
  • El lector de Julio Verne (Tusquets, 2012) 
  • Las tres bodas de Manolita (Tusquets, 2014)
LIBROS DE CUENTOS
  • Modelos de mujer (Tusquets, 1996) 
  • Mercado de Barceló (Tusquets,2003) 
  • Estaciones de paso (Tusquets, 2005) 
ADAPTACIONES CINEMATOGRÁFICAS
  • Las edades de Lulú (de Bigas Luna, 1990)
  • Malena es un nombre de tanto (de Gerardo Herrero,1995)
  • Aunque tú no lo sepas (de Juan Vicente Córdoba, 2000). Adaptación del relato «El vocabulario de los balcones», de su obra Modelos de mujer
  • Geografía del Deseo - adaptación de «Atlas de Geografía Humana». (Miniserie chilena de Boris Quercia e ideada por María Izquierdo Huneeus, 2004)
  • Los aires difíciles (de Gerardo Herrero, 2006)
  • Atlas de geografía humana (de Azucena Rodríguez, 2007)
  • Castillos de cartón (de Salvador García Ruiz, 2009)




miércoles, 16 de abril de 2014

Auguste Villiers de L'Isle-Adam



DE OTROS MUNDOS

DRAGON

PESSOA

RIMBAUD

Auguste Villiers de L'Isle-Adam
Jean-Marie Mathias Philippe Auguste,
Conde de Villiers de L'Isle-Adam
(1838 - 1889)

El escritor francés Villiers de L'isle-Adam nació el 7 de noviembre de 1938 en Saint-Brieuc, y falleció el 18 de agosto de 1889, en París, a los cincuenta años. Autor de cuentos considerados como obras maestras del género, que presentan una novedosa síntesis de cuento filosófico, relato de terror, ciencia ficción y esoterismo, sus primeras obras (Dos ensayos de poesía, 1858; Primeras poesías,1859) no permiten deducir lo que fue su producción posterior, una vez que hubo conocido a Charles Baudelaire (1859) y a Stéphane Mallarmé (1864), y descubierto la filosofía de Hegel. En 1866 colaboró en el Parnasse Contemporain. En 1867 fundó la Revue des Lettres et des Arts y escribió El Intersigno, su primer «cuento cruel». En 1870 tomó partido por la comuna; en 1883, la publicación de sus Cuentos crueles le valió cierta notoriedad, pero sus condiciones de vida siguieron siendo precarias hasta su muerte. Entre sus restantes obras destacan las novelas Isis (1862) y La Eva futura (1886), la novela corta Claire Lenoir(1867) y el drama Axël (1890).

Auguste Villiers de l'Isle-Adam


Auguste Villiers era hijo de una familia muy antigua y orgullosa de su nobleza, pese a hallarse ya entonces en plena decadencia. Con la conformidad de los suyos, llegó a la capital a los veinte años para consumir los últimos recursos familiares en pos de la gloria. En sus primeras poesías se da una mescolanza de Musset y Baudelaire. Pronto, sin embargo, su fe tradicional y el espíritu del primer romanticismo lo iniciaron en el simbolismo cristiano y el ocultismo, y recibió la influencia de Poe y del catolicismo diabólico de Barbey d'Aurevilly. La relación y la amistad con Wagner actuaron como fermento.

Su carácter fastuoso, arrogante y singular, y la curiosidad de su novela filosófica Isis (1862, reducida al primer tomo) y de los dos dramas simbolistas, por lo demás muy débiles, Elën (1865) y Morgane (1866), le valieron, en los círculos literarios de vanguardia anteriores a 1870, una fama a la cual contribuyeron también sus relaciones amorosas (a pesar de sus tendencias a la inversión) con Nina de Callias, la hermosa mundana intelectual. Tras la representación, con escaso éxito, del drama La révolte en 1870, empezó a escribir otro drama en cuatro actos tituladoAxël, mucho mejor, y del que publicaría la primera versión en 1872, manteniéndose cada vez más abiertamente en la reacción mística, idealista e individualista frente al positivismo entonces triunfante.

Después de 1870 cayó en la miseria, y conoció años muy duros, que, sin embargo, no le desalentaron. Sus primeros relatos no obtuvieron éxito alguno: compuso otros, y, finalmente, conoció la fama gracias a los Cuentos crueles (1883). Esta recopilación de narraciones breves es la producción más conocida y más característica del autor; original hasta la extravagancia, desigual y a menudo vigorosa, manifiesta en ella su múltiple inspiración. El absoluto idealismo se refleja en "Vera", la mujer que después de la muerte continúa viviendo en el recuerdo del amado, hasta el día en que éste, imaginándola muerta, la hace verdaderamente morir. En"Desconocida" presenta una delicadísima figura de mujer que, pese a ser sorda, escucha las palabras del alma, y renuncia al amor imposible para no estropearlo con su desventura; en "El Intersigno" desfilan los signos premonitorios de la muerte.

Otra fuente de inspiración es el horror, como en el relato titulado "Convidado de las últimas fiestas", en el que aparece un gran señor que, aficionado a las ejecuciones capitales, se siente feliz cuando puede sustituir al verdugo. La más cruda ironía predomina en "Las señoritas de Bienfilâtre", una de las cuales falta a su deber y muere a causa de ello, después de haber amado sinceramente a un joven en lugar de continuar en su oficio nocturno, gracias al cual, en unión con su hermana, mantenía a sus ancianos padres. En parte de los relatos citados es innegable la influencia de Edgar Allan Poe; pero el tono lírico, exuberante, a menudo intenso, es personal del escritor.

La multiplicidad de inspiración continuaría en los Nuevos cuentos crueles (1888): el idealismo reaparece en "El amor sublime", amor de las almas que no está sujeto a la realidad, ni siquiera a los celos de un marido vulgar; el horror es extraordinario en "La tortura de la esperanza": la esperanza de la evasión imposible es el último tormento dado a un judío en el tribunal de la Inquisición de Zaragoza; y la ironía de "Las señoritas de Bienfilâtre " se repite en "Las amigas de pensión".

En 1883, el mismo año en que publicó sus primeros Cuentos crueles, Villiers de l'Isle-Adam había hecho representar con escasa fortuna otro drama, Le monde nouveau. Alentado por la colaboración en Le Figaro y la admiración de insignes jóvenes amigos, publicó Atribulado Bonhomet (1887), recopilación de cinco relatos de los que sobresale la novela corta Claire Lenoir, una cruel sátira del filisteísmo científico en el siniestro personaje del "doctor" (opuesto a la viuda Claire Lenoir, símbolo de la pureza espiritual delicada y mágica), y la audaz novela La Eva futura (1886), crudo y desconcertante relato del amor de un joven por una mujer mecánica que adquiere un alma misteriosamente y la pierde a través de un misterio no menor. Tras un ciclo de conferencias en Bélgica, Auguste Villiers falleció, agotado, en un hospital, amorosamente asistido por Joris-Karl Huysmans. El Théâtre Libre había representado el mediocre drama Évasion, impreso luego póstumo junto con otras obras del autor.

Sólo unas cuantas narraciones, de ambigua y delicada belleza, destacan intensamente sobre el resto de su producción, animada pero también inficionada por un lirismo ardiente y descompuesto, aunque no carente de matices, y por la excesiva tensión del estilo, fastuoso, musical e interrumpido por mordaces ironías, y a veces con resultados de una desconcertante pureza. Como tantos otros precursores, Villiers de l'Isle-Adam no supo comprender claramente sus propias intenciones; de ahí que la incoherencia de su mundo espiritual aparezca reflejada en sus obras. Axël, el primer drama realmente simbolista, señaló, no obstante, una fecha. "Maestro en idealismo" de Mallarmé, Villiers influyó asimismo en Huysmans y León Bloy, y también Claudel aprendería no poco de su teatro.



Auguste Villiers de L'Isle-Adam
Dibujo de Valloton

SOBRE VILLIERS DE L'ISLE-ADAM

  • Jacques-Henry Bornecque : Villiers de L'Isle-Adam créateur et visionnaire, Nizet, 1974.
  • Deborah Conyngham : Le Silence éloquent, thèmes et structures de L'Eve future de Villiers de L'Isle-Adam, José Corti, 1975.
  • Jean Decottignies : Villiers le Taciturne, Lille, Presses universitaires de Lille, 1983.
  • Marta Giné (ed.): Villiers de l'Isle-Adam, l'home, la realitat, la ficció, editorial Virgili & Pagès, Lleida, 1989.
  • Marta Giné: Villiers de l’Isle-Adam. L’amour, le temps, la mort, L’Harmattan, París, 2007.
  • Alain Néry : Les Idées politiques et sociales de Villiers de L'Isle-Adam, Diffusion Université Culture, 1984.
  • Alan Raitt : Villiers de L'Isle-Adam exorciste du réel, José Corti, 1987.



BIBLIOGRAFÍA

Œuvres complètes, Gallimard, Bibliothèque de la Pléiade, 2 tomos, 1986

CUENTOS Y NOVELAS
  • Isis, 1862, relato, Tr.: Isis
  • Cuentos crueles. 1883, cuentos. Tr.: Cuentos Crueles
  • L'Ève future, 1886, novela. Tr.: La Eva futura
  • L'Amour suprême, 1886, cuentos
  • Tribulat Bonhomet, 1887, cuentos.
  • Nouveaux Contes cruels, 1888, cuentos. Tr.: Nuevos cuentos crueles
  • Histoires insolites, 1888, cuentos. Tr.: Historias insólitas
  • Chez les passants, 1890, textos póstumos.
  • Propos d'Au-delà, 1893, textos póstumos.
  • Reliques, 1954, textos póstumos.
  • Nouvelles reliques, 1968, textos póstumos.

TEATRO
  • Elën, 1865
  • Morgane, 1866
  • La Révolte, 1870
  • Le Nouveau Monde, 1880
  • Axël, 1890, póstumo
  • L'Evasion, 1890, póstumo
  • Le Prétendant (versión definitiva de Morgane), 1965, póstumo en rarara

POESÍA
  • Deux essais de poésie, 1858
  • Premières poésies, 1859