viernes, 6 de julio de 2018

Penelope Fitzgerald

Penelope Fitzgerald
Foto de JILLIAN EDELSTEIN
FICCIONES


Penelope Fitzgerald

(1916 - 2000)



Penelope Fitzgerald, de soltera Penelope Knox (Lincoln, 17 de diciembre de 1916 – Londres, 28 de abril de 2000), fue una novelista, poeta, ensayista y biógrafa inglesa, ganadora del Premio Booker 1979.


Penélope Fitzgerald, de ideas independientes, era hija del editor de la revista Punch, Edmund Knox, y sobrina del teólogo y escritor de novelas negras Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox.
En su familia, pues, había hombres de la iglesia y buena formación intelectual, lo que repercutió finalmente, tras una vida agitada, en su tardía dedicación a la escritura: publicó su primer libro en 1975.
Fue educada en Wycombe Abbey y en el Somerville College, de Oxford. Posteriormente, trabajó para la BBC durante la Segunda Guerra Mundial. En 1941, se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés que conoció en una fiesta en ese año de guerra (y que moriría en 1976). De la unión nacieron un varón y dos hijas.
Cuando pudo independizarse de la familia, en la década de 1960, Fitzgerald enseñó en la Italia Conti Academy, una escuela de arte dramático. Continuó su labor de enseñante hasta los setenta años. Además trabajó en una librería en Southwold, Suffolk, cuya experiencia novelará en el libro La librería (The Bookshop), de 1978, que será finalista del premio Booker. Durante un tiempo vivió en una casa fluvial en Battersea, sobre el Támesis, vivencia que inspiraría su novela A la deriva (Offshore), que ganaría el Premio Booker en 1979. Escribía o bien muy temprano o bien en la noche avanzada.


OBRAS INICIALES
Inició su carrera literaria a los 58 años, en 1975, con la publicación de la biografía de un pintor prerrafaelita, Edward Burne-Jones (1833-1898).
Al año siguiente murió su marido, y en 1977 publicó The Knox Brothers, biografía de su padre y de sus tíos, en la que ella misma en cambio no se menciona.
Ese mismo año publica su primera novela, The Golden Child; policíaca y cómica; se desarrolla en un museo y se inspira en la manía por la tumba de Tutankamon que destacó por entonces.
Luego, escribe otras novelas basadas en su experiencia directa: La librería (1978), finalista del Premio Booker (adaptada en 2017 al cine por Isabel Coixet) y A la deriva, sobre su vida fluvial, que gana ese codiciado galardón en 1979. En Human Voices (1980) cuenta su vida en la BBC en tiempos de la guerra, mientras que At Freddie's (1982) recuerda su enseñanza en la escuela de arte dramático.

Tras publicar en 1984, la biografía de la poeta Charlotte Mew (1869-1928), empezó a escribir novelas históricas. La primera fue Inocencia (1986), que se desarrolla en la Italia de 1950 y relata la relación amorosa entre la hija de un aristócrata empobrecido y un doctor comunista de una familia del sur. Antonio Gramsci (1891-1937), el teórico marxista, aparece como un personaje secundario.
Un extenso relato amoroso, El inicio de la primavera (1988), se sitúa en el Moscú de 1913, y aborda el mundo de antes de la revolución bolchevique a través de los problemas de un pequeño empresario británico que había nacido en Rusia. Fitzgerald había estado en Moscú en 1972, y conocía bien la litetatura de ese país.
The Gate of Angels (1990) gira en torno a un físico teórico de 1912 que trabaja en la Cambridge University y se enamora de una enfermera tras caerse de una bicicleta.
Finalmente, La flor azul (1995), la última novela de Fitzgerald, se centra en la figura del poeta y filósofo del siglo XVIII Novalis; la autora había aprendido alemán y consultó fuentes primeras. Otras personajes históricos como Goethe o el pensador Friedrich von Schlegel, intervienen en el relato. El libro, aclamado como obra maestra, ganó el National Book Critics Circle Award, 1997 y fue considerado Book of the Year para la prensa británica.

NOVELAS HISTÓRICAS
Tras publicar en 1984, la biografía de la poeta Charlotte Mew (1869-1928), empezó a escribir novelas históricas. La primera fue Inocencia (1986), que se desarrolla en la Italia de 1950 y relata la relación amorosa entre la hija de un aristócrata empobrecido y un doctor comunista de una familia del sur. Antonio Gramsci (1891-1937), el teórico marxista, aparece como un personaje secundario.
Un extenso relato amoroso, El inicio de la primavera (1988), se sitúa en el Moscú de 1913, y aborda el mundo de antes de la revolución bolchevique a través de los problemas de un pequeño empresario británico que había nacido en Rusia. Fitzgerald había estado en Moscú en 1972, y conocía bien la litetatura de ese país.
The Gate of Angels (1990) gira en torno a un físico teórico de 1912 que trabaja en la Cambridge University y se enamora de una enfermera tras caerse de una bicicleta.
Finalmente, La flor azul (1995), la última novela de Fitzgerald, se centra en la figura del poeta y filósofo del siglo XVIII Novalis; la autora había aprendido alemán y consultó fuentes primeras. Otras personajes históricos como Goethe o el pensador Friedrich von Schlegel, intervienen en el relato. El libro, aclamado como obra maestra, ganó el National Book Critics Circle Award, 1997 y fue considerado Book of the Year para la prensa británica.

La librería, de Penelope Fitzgerald (1978)

Green vive en un pequeño pueblo costero de Suffolk y un buen día tiene la descabellada idea de abrir una librería. Como enclave de tan disparatada idea, escoge Old House, una casa llena de humedades y en la que para colmo habita un fantasma. Pero ha tomado la firme determinación de acercar la literatura a este recóndito lugar. Tras una serie de trámites y con un poco de ayuda, pondrá en marcha su pequeño negocio.

Sin embargo, Florence va a encontrarse con una comunidad cerrada y claustrofóbica en la que las novedades no son bien recibidas. Y como toque de gracia, su elección de Old House levantará ampollas en la reina de la aristocracia local, Violet Gamart. Al parecer, a pesar de que la vivienda llevaba vacía desde hacía algunos años, Violet tenía en mente abrir un centro de arte justo en ese edificio, y los planes de Florence trastocan por completo los suyos.

Esta ha sido la segunda vez que me he enfrentado a La librería, y desde luego ha sido una lectura muy diferente. Quizá por mi falta de atención en la primera lectura en aquel momento terminé el libro completamente decepcionada. Sin embargo en esta ocasión he captado una gran cantidad de matices que no percibí en la primera lectura.

Mientras que en la primera ocasión Florence Green me pareció un personaje sin fuerza ni coraje, ahora he podido ver lo valiente que fue en su decisión de abrir una librería en un lugar que obviamente no estaba preparado intelectualmente para dicho menester. No por falta de cultura, sino de formación respecto a lo que una librería puede llegar a aportar a una comunidad. Una de las actividades que le demandarán rápidamente a Florence será la falta de una biblioteca en la localidad, y aunque vaya completamente contra los intereses de un negocio de estas características, ella les proporcionará una. A pesar incluso de que dicha biblioteca genere aún más conflictos entre sus vecinos.
penelope-fitzgerald
Penelope Fitzgerald
Nada en la librería de Florence es normal, empezando por su ayudante Christine de 10 años hasta las compras que realiza de cara a futuras ventas. Quizá el momento más controvertido de la librería será cuando Florence adquiera más de 200 ejemplares de Lolita de Nabokov y reciba quejas por motivos tan absurdos como que los visitantes y fisgones ocupan toda la calzada de la calle.

A pesar de que no nos encontramos con la típica novela de humor inglés, sí que está plagada de pinceladas humorísticas que buscan la complicidad con el lector. El estilo de Fitzgerald es sencillo, sin grandes artificios y sin una prosa espectacular, pero que aún así cumple su propósito: construir una historia reflejo de la época en la que transcurre; un relato sobre las pequeñas comunidades rurales y su cerrada estructura tras el fin de la II Guerra Mundial. La elección de una protagonista viuda y sin hijos tampoco es fortuita. De ese modo, Florence es por completo dueña de su vida y sus decisiones, algo que con una familia a su cargo sería impensable.

En La librería, Fitzgerald trata de poner sobre la mesa uno de los temas que abundarán en sus obras: la realidad de que con buenas intenciones no suele llegarse demasiado lejos. Estamos ante una autora defensora de la bondad de corazón y de las acciones llevadas a cabo con propósitos honrados. Sin embargo no aborda esta cuestión con ingenuidad. Como contrapunto introduce personajes mezquinos que pondrán aún más de relieve la calidad humana de sus antagónicos, héroes a pequeña escala con firmes valores morales que no renunciarán a sus ideales tan fácilmente.


Penelope Fitzgerald fue una escritora tardía. A pesar de haber nacido en 1916 no fue hasta 1975 cuando publicó su primer libro. Y su primera novela en 1977.  Su etapa como novelista está marcada claramente por dos tipos de libros: aquellos en los que aparecen vivencias de su propia vida y aquellas en las que decide hacer viajar al lector a otras épocas y otros lugares. La librería pertenece a las primeras, basándose para ella en su época como empleada en una librería. En los años 50 trabajó en Sole Bay Bookshop a media jornada, lo que fue una gran ayuda económica para ella en aquel momento. En aquella librería descubrió lo difícil que podía ser vender libros en la rural Suffolk, pero atesoró preciosos recuerdos como aquellas tardes de lluvia en las que los vecinos se refugiaban de la lluvia allí para charlar, a pesar de que en la mayoría de las ocasiones no se llevasen ninguna adquisición.
En los próximos meses podremos ver una adaptación de esta novela en la gran pantalla de la mano de Isabel Coixet. Creo que puede ser una buena adaptación dado el interés de Coixet por las historias cotidianas en las que los personajes son más importantes que la propia narración. Veremos.


Inocencia, de Penelope Fitzgerald (1986)

Inocencia de Penelope Fitzgerald fue publicada originalmente en 1986. Durante mucho tiempo, quizá por las fotografías en blanco y negro de la autora, o quizá por dar por supuesto que todos los autores consagrados murieron hace mucho, siempre creí que las obras de esta autora pertenecían más a los años 50 que a los 80. Tras investigar un poco sobre su vida y su obra, y después de haber leído 3 de sus novelas, veo que el momento en el que las escribió nunca fue vinculante para la época en las que las ambientó. Con Inocencia, Fitzgerald abre una nueva etapa en su vida como novelista en la que se desvincula de los recuerdos de su pasado para tratar de ficcionar algunos de los lugares que más le impactaron en sus viajes.

Con Inocencia viajamos a los años 50 de una Italia que aún está reponiéndose de los estragos de la II Guerra Mundial y de la huella del fascismo. Aunque nuestra imagen de esa década esté inundada por el hambre y la pobreza que asoló a España, en Italia las cosas fueron bastante diferentes. Italia fue una de las grandes favorecidas por el Plan Marshall y gracias a ello las arcas del estado se llenaron hasta rebosar. Un país principalmente agrícola vivió una revolución industrial que le convirtió en uno de los países a la cabeza del Mercado Común Europeo. Lo cual no solo cambió por completo la economía del país, sino también el ánimo de sus habitantes.

Chiara Ridolfi es la pequeña de una familia italiana adinerada venida a menos. Acaba de terminar sus estudios en un colegio inglés, y está a punto de alcanzar la mayoría de edad. La vida le sonríe. La guinda del pastel la pondrá el doctor Salvatore Rossi, un hombre serio y algo mayor que Chiara. Una noche se conocerán en un concierto de violín, y las flechas de Cupido darán en el centro de sus corazones. Con tan solo unos minutos de conversación, Chiara sabrá que es el hombre de su vida y que está destinada a ser su esposa.

Campiña italiana
Al inicio la novela resulta un tanto confusa y desconcertante. Fitzgerald quiere a toda costa la atención del lector, y se la ganará con continuos saltos en el tiempo. Primero conoceremos la noticia de que Chiara va a casarse antes aún de saber cómo o cuándo han llegado a conocerse o a enamorarse. Por ello, Inocencia es una de esas novelas en las que no puedes distraerte ni una sola línea o te verás recorriendo sus páginas adelante y atrás. Que esto no os desanime: este tipo de libros se disfrutan aún más si tienes que realizar un esfuerzo para leerlas.

La historia podría dividirse en dos partes, siendo la segunda mucho más lineal y fácil de seguir que la primera. Sé que me repito en cada una de las reseñas de esta autora, pero es que es una máxima que se cumple novela tras novela: los argumentos escogidos por Penelope Fitzgerald son tan solo una excusa. Poco importa que recuerdes lo que dijo el primo Cesare al inicio de la trama, o en qué momento sucede cada acontecimiento. Fitzgerald es puro deleite narrativo.

Su prosa es delicada, su elección de las palabras medida al milímetro. Nada está ahí por azar o como relleno. No sobra una sola coma, no falta un solo punto. Y cuando terminas, no sabes muy bien qué es lo que te ha querido contar. Pero lo mejor de todo es que no importa. Las novelas de Fitzgerald son como un buen vino: tan solo necesitas una copa y deleitarte con su aroma, su cuerpo, su bouquet, su dulzura, o su acidez. Sus personajes están construidos con precisión y con una intención muy clara a la hora de dirigir la trama. Inocencia es una historia de desamor, de decisiones atropelladas y lo difícil que es vivir luego con ellas. De cómo la falta de comunicación puede convertirse en un muro infranqueable de hormigón.

Penelope Fitzgerald
Y la ambientación es sencillamente impecable. Aunque jamás hayas pisado Italia, la imagen que transmite sobre la forma de vivir, de actuar, de pensar de sus gentes es tomada como una realidad certera. Y no es de extrañar. En las notas que existen sobre la documentación que llevó a cabo la escritora encontramos análisis sobre la construcción de las villas y su diseño, el trabajo de los médicos y las coberturas sanitarias del país, el tipo de flores salvajes que había en los campos o si un determinado tipo de coche sería apropiado para el país y para la fecha.

A pesar de que supuestamente en esta obra se desvincula de sus vivencias personales, sí que hay determinadas pinceladas en la historia que remiten a acontecimientos de su pasado. Debido a que se encuentran en un momento avanzado de la novela no quiero desvelarlos para no estropearos el libro, pero digamos que el acontecimiento más traumático de la vida de Chiara está inspirado en un momento real de Fitzgerald.

Cada vez tengo más y más la sensación de que Penelope Fitzgerald pasó toda su vida escribiendo sus obras. Quizá no sobre el papel, pero estoy convencida que cada experiencia vital era meditada y registrada para ser utilizada a posteriori en sus novelas. Cada viaje, cada persona conocida, cada discusión, cada sensación, cada olor de los que acontecieron en su vida creo que están volcados en sus libros. Libros que meditó y estudió durante años antes de decidirse a componer una historia autoconclusiva con ellos. Por eso leer a Fitzgerald es como adentrarse en lo más recóndito de su corazón.


Penelope Fitzgerald, una mujer con coraje

Manuel Hidalgo
28 de octubre de 2017

Isabel Coixet ha hecho una admirable versión de La librería (1978), de Penelope Fitzgerald, que vuelve a publicar Impedimenta. Es una película sobre el coraje, la determinación y la resistencia de una mujer frente al abuso del poder, sobre los lazos de afecto y generosidad que pueden sostener a las personas de bien, sobre las miserias de una comunidad pueblerina, chismosa y cobarde y, muy especialmente, sobre los libros. Sobre el amor a los libros y a la lectura (Lolita), fuente de dignidad, entereza y consistencia espiritual. Coixet, que dirigió en teatro una versión de otra novela de librería (84 Charing Cross) ha hecho una película muy bella y elegante, con efluvios del cine clásico y humanista.
Impedimenta ha editado, desde 2010, cinco de las nueve novelas que dio a la imprenta a partir de los 61 años la escritora inglesa. Publicará una sexta, A la deriva (1979, Premio Booker), muy inspirada -como La librería- en sus experiencias personales, en los dos años que vivió, a principios de los 60, en el Grace, un barco destartalado -y hundido dos veces- atracado en el Támesis, en tiempos de indigencia económica, antes de convertirse en una persona sin techo, ingresar en un centro de acogida para homeless y lograr una vivienda de protección oficial. De ese túnel negro salió al obtener un empleo como profesora.
En 1957, ya en mala racha, Fitzgerald se trasladó con su marido y sus tres hijos al pueblo costero de Southwold, en el condado de Suffolk, donde antes había vivido George Orwell y que W. G. Sebald describió en Los anillos de Saturno (1995). Allí, Fitzgerald fue dependienta de la librería Sole Bay y contrató como niñera a una chica llamada Jennifer Lash, futura escritora y madre de los actores Joseph y Ralph Fiennes.
Bella, culta y de excelente familia, nada hacía presagiar que Penelope Fitzgeraldllegaría a pasar tantas estrecheces. Nació en 1916 en el palacio episcopal de Lincoln, nieta por parte de madre de un obispo anglicano y miembro, por parte de padre, de una eminente familia de escritores e intelectuales, entre los que cabe citar al brillante teólogo y escritor de novelas policíacas Ronald Knox, amigo de G. K. Chesterton, biografiado nada menos que por Evelyn Waugh y muy apreciado en España en ciertos círculos de intelectuales católicos.
El padre de Penelope fue Edmund Knox, director durante 17 años de la célebre revista satírica ilustrada Punch, en la que la escritora llegó a colaborar. Fitzgerald también trabajó durante dos periodos distintos para la BBC. El primero, durante la guerra, inspiraría su novela Human Voices (1980).
Sobre su ilustre estirpe, Fitzgerald escribiría la segunda de sus biografías, The Knox Brothers (1977), libro que siguió a su recuento biográfico del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. Fitzgerald dibujaba muy bien, era gran admiradora de William Morris (ahora, en la Fundación March) y, en el desenlace de La librería, cita muy significativamente al poliédrico escritor y crítico de arte John Ruskin, amigo y mentor de los prerrafaelitas. Todo cuadra: Hermione Lee, biógrafa de Fitzgerald, dice que la escritora, sin ser una beata, fue sensible a lo religioso.
Tal vez por ello, Penelope aguantó el duro y complicado tirón de su matrimonio con Desmond Fitzgerald, a quien conoció en sus años de estudiante en la Universidad de Oxford, donde también había estudiado su madre. En Oxford, Penelope tenía mucho éxito y le llamaban la bomba rubia. Desmond, apuesto y gran deportista, estudiaba Derecho.
Penelope se casó con Desmond en 1942, y su marido tuvo que marchar al frente africano como oficial de la Guardia Irlandesa. Volvió de la guerra muy tocado e iniciado en el alcoholismo. Desmond, también escritor, compartió con Penelope la creación y dirección de la revista World Rewiew, que fracasó en 1953 después de haber publicado inéditos de J. D. Salinger, Norman Mailer y Alberto Moravia. Fue la ruina. El trabajo de Desmond como abogado, afectado por el alcohol y malogrado por algún delito económico, puso en muy difícil situación a Penelope y a sus tres hijos, un niño y dos niñas. La primera hija se llamó y se llama Christina (Tina), como la madre de Penelope y la encantadora, aguda y fuerte -tres características de la escritora, ojito- niña de La librería.
Cuando Desmond estaba muy mal por su cáncer -murió en 1976-, Penelope, para distraerle, empezó a escribir su primera novela, The Golden Child (1977), que pertenece a su ciclo de inspiración autobiográfica, al igual que La librería, A la deriva -el barco en el río-, la también citada Human Voices y At Freddie's (1982), que alude a su etapa como profesora en una escuela de teatro.
Muy interesada por la Historia y muy viajera, Penelope Fitzgerald, tras la muerte de su marido, se lanzó en tromba y con gran reconocimiento (Julian Barnes, A.S. Byatt) a escribir novelas. A partir de 1986 (con Inocencia, que transcurre en la Italia de los años 50), sus relatos -los más asiduamente publicados por Impedimenta- tuvieron ambientación en el pasado histórico. Así, El comienzo de la primavera (1988, sobre el trabajo en Moscú en la Rusia prerrevolucionaria), La puerta de los ángeles (1990, los amores de un físico en el Cambridge de 1913) y, al fin, su, para algunos, obra maestra, La flor azul (1995, sobre Novalis y la Alemania del XVIII, con aparición estelar de Goethe).
Fitzgerald, que dominó el ruso y el español, admiró la cultura española(¡Gutiérrez-Solana!) y viajó a nuestro país varias veces, visitando, entre otras ciudades, Madrid, Peñíscola y Córdoba, donde su hijo se casó con una española en 1968. La escritora murió sola en su casa de Londres en el año 2000, en ausencia ocasional de la enfermera que la cuidaba.
Coixet, que homenajea por su cuenta a Ray Bradbury en La librería, ha elegido como protagonista a Emily Mortimer, hija de John Mortimer y de otra Penelope, no la escritora Penelope Mortimer, sino Penelope Gollop, segunda esposa del jocoso novelista.

EL MUNDO


BIBLIOGRAFÍA

BIOGRAFÍAS
  • Edward Burne-Jones (1975)
  • The Knox Brothers (1977)
  • Charlotte Mew and Her Friends: With a Selection of Her Poems (1984)

NOVELAS


CUENTOS
  • The Means of Escape (2000), póstuma.
ENSAYOS
  • A House of Air (2005), editado por Terence Dooley; introducción de Hermione Lee.

CARTAS
  • So I Have Thought of You. The Letters of Penelope Fitzgerald (2008), editado por Terence Dooley; prefacio de A. S. Byatt.







domingo, 24 de junio de 2018

Pola Negri / Estrella del cine mudo




Pola Negri
(1897 - 1987) 

Barbara Apolonia Chalupiec (Lipno, Polonia, 3 de enero de 1897 - San Antonio, 1 de agosto de 1987), conocida artísticamente bajo el seudónimo de Pola Negri; fue una actriz polaca de ascendencia eslovaca, una de las grandes divas del cine mudo. Nacionalizada estadounidense en 1951.

PRIMEROS AÑOS
Su padre Jerzy Mathias Chalupiec, de origen eslovaco, fue detenido por el ejército ruso por 'actitudes anti-zaristas' y enviado a Siberia, lo que hizo que la familia Chalupiec (Barbara y su madre Eleonora) pasara por momentos difíciles económicamente, viviendo en un suburbio de Varsovia. Sin embargo, Negri fue admitida en el Ballet Imperial ruso, para el que trabajó hasta que a causa de la tuberculosis (según otras fuentes, una lesión), tuvo que abandonar la compañía; así, Negri centró su atención en el teatro, y estudió interpretación en la Escuela de Arte Dramático de Varsovia.

CARRERA EN EL CINE
Aun en Polonia, Negri (rebautizada así por la poetisa italiana Ada Negri) llegaría a actuar en películas como Zona (La esposa), Bestia (La bestia) o Studenci (Estudiantes). Poco después viajaría a Berlín, Alemania, donde trabajaría en la compañía de teatro de Max Reinhardt y más tarde con Ernst Lubitsch.
La película de este último, Los ojos de la momia (Die Augen der Mumie), fue un éxito que hizo que Negri consiguiera una oportunidad en Hollywood.
Algunas de sus películas hollywoodienses más reconocidas son: La frivolidad de una dama, dirigida por el también exiliado Lubitsch, La bailarina española o Sombras de París. En 1927 rodó a las órdenes de Mauritz Stiller Hotel Imperial y The Woman on Trial.
En esta época, Negri dio mucho que hablar no sólo por su romance con el cómico británico Charles Chaplin sino, sobre todo, por sus supuestos planes de boda con Rodolfo Valentino, que Pola se encargó de airear a la prensa tras la muerte de éste. Incluso, durante el funeral de Valentino, Negri siguió el féretro desde Los Ángeles a Nueva York, posando para la prensa como si fuera su viuda. Muchos actores, como Tallulah Bankhead, Mary Pickford o Alberto Valentino, hermano de Rodolfo, criticaron esto y la acusaron de mentir a la prensa.
Con la llegada del cine sonoro, su popularidad de la década de 1920 se desvaneció por completo debido a su fuerte acento polaco y su dificultad para hablar inglés. Regresó a Alemania, y trabajó para los estudios UFA, controlados por entonces por Goebbels. Protagonizó, en 1935, la película Mazurka, de Willi Forst. Sin embargo, por sus supuestas raíces judías, emigró otra vez a Estados Unidos en la década de 1940 y se nacionalizó estadounidense.


ULTIMOS AÑOS
Los últimos años de su vida son un misterio, por lo que se la suele comparar con el personaje de Norma Desmond que interpretó Gloria Swanson en Sunset Boulevard. Negri fue, de hecho, la principal candidata de Billy Wilder para el papel, pero lo rechazó, considerándolo una ofensa.
Murió de un tumor cerebral (o neumonía) en 1987, a los 90 años, y legó casi todos sus bienes a la St. Mary’s University. Está enterrada en el cementerio de Calvary, en Estados Unidos.
Tiene una estrella en el 6933 del Paseo de la Fama de Hollywood.




Pola Negri

Cuando el maestro Wilder decidió rodar una de las obras cumbres de su carrera, Sunset Boulevard, en la primera actriz que pensó para interpretar el papel de Norma Desmond, fue en Pola Negri.
El nombre de Gloria Swanson ni siquiera había sido barajado en un primer momento, ya que Billy Wilder , con la obstinación que le
caracterizaba ,ya había puesto cara y nombre a la actriz que debia interpretar la vida y el ocaso de una antigua actriz de cine mudo;con lo que el maestro no contó fue con la indiferencia de la actriz, que incluso llegó a sentirse ofendida al serle ofrecido el papel; ella…. la gran Pola Negri, que fue amante de los hombres más poderosos de la época, entre los que destacaron Valentino , Chaplin, e incluso supuestamente Hitler, no iba a mostrar su decadencia y su olvido de manera tan explícita. Tal vez se arrepintiera al ver el resultado de tan magnífica obra… o tal vez no; lo cierto es que sus últimos años de vida fueron igual de misteriosos y herméticos que los del personaje que despreció en su momento, por eso dicen que nadie mejor que ella hubiera dado vida al personaje de la excéntrica y atormentada Norma Desmond.

Pola Negri nació en el 31 de Diciembre de 1894 en la localidad polaca de Janowa, en esos momentos un territorio aún perteneciente a Rusia. Las penurias la acompañaron durante toda su infancia, ya que al ser su padre acusado de tendencias anti-zaristas fue deportado a Siberia, quedando la familia abandonada a su suerte en un suburbio de Varsovia. Ya desde pequeña la actriz manifestó grandes dotes para el baile, llegando incluso a ser admitida por El ballet imperial ruso, con el que trabajó hasta que la tuberculosis la obligó a abandonar esta gran pasión. 

Viendo privada su gran vocación, comenzó a interesarse por el mundo del teatro, en el que de alguna manera también podía expresar toda su creatividad, y acabó matriculándose en La Escuela de Arte Dramático de Varsovia.

Pola destacó entre sus compañeros, y pronto comenzó su incursión en el cine mientras vivía en Varsovia, y aunque ella aún no lo supiera esto tan sólo sería el preludio de una exitosa carrera tanto en Alemania como en América.

Fue al trasladarse a Berlín cuando tuvo la oportunidad de trabajar junto al prestigioso director Max Reinhartd, que además tuvo la consideración de recomendar a la actriz para que trabajase en Alemania, bajo la tutela de Lubitsch que le procuró el papel principal en la película “Los ojos de la momia” 1918, película que por otra parte alcanzaría un gran éxito, sobre todo debido a que la mayor parte de la cinta se rodó en escenarios naturales de Egipto.

Comienza entonces para la actriz una estupenda trayectoria cinematográfica con inolvidables títulos como “Carmen”de Bizet, o “Madame Dubarry”, que fueron las producciones que la hicieron conocida mundialmente y las que le abrieron las puertas de Hollywood.

Así que Pola se convirtió en la primera estrella europea que cruzó el charco para trabajar con la Paramount , viajando también junto a ella Lubitsch que más tarde la dirigiría , ya en tierras americanas, en una de sus películas más recordadas, “La frivolidad de una dama”1924.
“Bella Donna”, “La bailarina española” o “Sombras de París”, la consagraron definitivamente en el cine, convirtiéndo a Pola en una de las actrices más influyentes y ricas de la época.
En estos tiempos fue cuando comenzó su romance con Rodolfo Valentino, del que, y trás la muerte de éste,llegó a considerarse su viuda oficial,ya que en el funeral del actor, ella fue siguiendo al féretro como si así lo fuera: contaron las voces de la época ,que fue vergonzoso el espectáculo protagonizado por Pola, que llegó a tirarse encima del féretro entre sollozos desgarradores.


“El pasado fue juventud y regocijo: 
el presente, nostalgia y sabiduría.”
Pola Negri


Al llegar el cine sonoro, tuvo que volver a Alemania debido a que su fuerte acento polaco y su dificultad con el inglés le fueron cerrando puertas en el cine americano.
Volvió a Alemania y participó en algunas producciones, siendo las más destacadas “Madame Bovary” y Mazurca; fue en esta época cuando se comenzó a rumorear que la actriz mantenía un affaire con el mismísimo Hitler, que por otra parte la adoraba; años más tarde la actriz negó cualquier relación con el dictador.
Estando en Alemania se le atribuyeron ascendencias judias, por lo que la actriz temerosa de represalias, volvió a América donde por fin consiguió la nacionalidad americana, pero donde también se inició su decadencia y por lo tanto su desaparición progresiva.
Desde entonces vivió su retirada del cine, aunque lo cierto es que su última aparición publica se produjo en el año 1984 con la película “La bahía de las esmeraldas”, con tal hermetismo que dicen que Wilder se inspiró en su figura para dar vida al famoso personaje de Norma Desmond.

Su apasionante vida fue plasmada por ella misma en una autobiografía en la que contó todos sus romances, se casó con un conde y más tarde con un príncipe, y en la que llegó a reconocer que el amor de su vida había sido Valentino.
Su recuerdo hoy en día es prácticamente inexistente, y queda diluido junto a tantos y tantos rostros que marcaron una época en la que las damas del cine expresaban todas sus emociones simplemente con la gestualidad del rostro, ya que entonces para ellas parecían no existir las palabras.
Murió ya nonagenaria un 1 de Agosto de 1987.




Pola Negri, actriz

EL PAÍS
4 AGO 1987

La actriz y estrella del cine mudo Pola Negri falleció el pasado fin de semana en San Antonio (Tejas) víctima de un tumor inoperable en el cerebro. Algunas fuentes indican que ha fallecido a los 93 años, otros aseguran que a los 81; o a los 91, después de 25 años de reclusión voluntaria. Pola Negri, cuyo auténtico nombre era Bárbara Apolonia Chalupiec, había nacido en la ciudad polaca de Janova. Cursó estudios artísticos en la escuela de ballet de San Petersburgo y en el conservatorio de Varsovia. Debutó en el teatro en 1913, y un año después lo hizo en el cine de la mano de los directores Max Reinhardt y Ernst Lubitsch. Su belleza, sus condiciones artísticas y los éxitos obtenidos en Europa con las películas Carmen, Pasión y Madame Dubarry le abrieron las puertas de los estudios de Hollywood, donde llegó a rodar una veintena de películas que la consagraron mundialmente, Hotel Imperial, La bailarina española y Confesión entre otras. El advenimiento del cine sonoro acabó con su carrera. Pola Negri encarnó el prototipo de la romántica vampiresa tanto en la pantalla como en la vida real. Contrajo matrimonio en cinco ocasiones, estuvo prometida con Rodolfo Valentino, y mantuvo relaciones sentimentales con Charles Chaplin y Lenin. En 1973 publicó su biografía, Memorias de una estrella.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de agosto de 1987

Pola Negri

Muere Pola Negri,

estrella del cine mudo

AGENCIAS
San Antonio 4 AGO 1987

Su belleza extraordinaria y sus dotes interpretativas llamaron la atención del director alemán Max Reinhardt, que la contrató para actuar en Alemania. También trabajó allí con el director austriaco Ernst Lubitsch, que le encomendó el papel principal de su película Los ojos de la momia. Tras esta película, Carmen y Madame Dubarry fueron las producciones que le abrieron las puertas de Hollywood e hicieron su nombre famoso en todo el mundo. Pola Negri alcanzó su máxima celebridad a partir de 1913, por sus actuaciones en películas como Hotel Imperial, La bailarina española, Una noche en Arabia, El gato montés o Confesión, entre más de 20 producciones que despertaron una gran expectación.
La llegada del cine sonoro puso fin a su carrera. La actriz polaca no pudo sobreponerse a las nuevas formas de producción y, desilusionada, regresó a Alemania, donde aún intervino en dos películas, Madame Bovary y Mazurca. De esa época se dice que Adolf Hitler quedó prendado de ella.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial Pola Negri regresó a Estados Unidos, donde actuó esporádicamente en algunas galas y espectáculos, e incluso en una serie de televisión. En 1943 realizó un último intento de regresar al mundo del cine, interpretando un pequeño papel en Hi Diddle DidIe. Su última actuación fue en la película La bahía de las esmeraldas, de Producciones Walt Disney, rodada en 1984. Decepcionada por sus actuaciones en estas películas, Pola Negri se retiró a su finca en San Antonio.
La apasionada y tormentosa vida de Pola Negri está recogida en su autobiografía Memorias de una Estrella, publicada en 1970. En ella cuenta su romance con Rodolfo Valentino, el actor del cine mudo por excelencia, del que dijo: "Lamento haberle encontrado tan tarde. Sólo tuvimos un año de felicidad". La leyenda de Hollywood dice que Valentino susurró el nombre de Pola Negri en el momento de su muerte. Su gran amigo Gilbert Denman comentó que Valentino "fue el gran amor de su vida". También mantuvo un apasionado romance con Charles Chaplin, quien, según la autobiografía de la actriz, lloró cuando ella interrumpió sus relaciones.
Pola Negri contrajo matrimonio con el conde polaco Eugene Domiski, en 1919, y se divorció un año más tarde. En 1927 se casó con el príncipe ruso Serge Mdivani, que murió en un partido de polo en 1936. En 1979 dijo haberse enamorado de Lenin -al que conoció en 1914, en Ginebra-, por el "fulgor de su mirada".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de agosto de 1987

Pola Negri

Un sueño perdido


Eduardo Haro Tegglen
4 de agosto de 1987
La primera imagen de Pola Negri debió ser la de Mazurca, metidos ya aquí en aquella guerra, poniendo en la sordidez de la aventura real el sueño vienés. Ya no era una niña, en 1936 debía tener 42 años, si es verdad que nació en 1894 (borró las huellas de su edad cuidadosamente), y, sin embargo, en la primera parte de aquella película era una adolescente delicada, sensual, con la frivolidad de 1912 en Varsovia, cuando todavía su primera gran guerra no había caído sobre ellos; en la segunda -1932: los característicos 20 años después- ya era una dama arrasada en Viena, entre serpentinas y confetis, en la ópera, en el cabaré enloquecido por los taponazos del champaña, bailando la incansable mazurca y paseando un rostro dolorido y amargo: el rostro del destino.Todavía dominaba el folletín y el melodrama, Hollywood compraba el encanto europeo, la verdad es que Europa se prestaba más en los vestidos rotos y en los ángeles caídos que Estados Unidos, donde la moral era de triunfo y todo estaba demasiado nuevo, inútil para la nostalgia. Se había comprado a Pola Negri y Willi Forst, que Hevaban consigo la dulzura vienesa, y la amarga lágrima.

Todo el cine mudo había trabajado bien ese género y, a falta de la palabra, iluminaba bien, y producía unos seres femeninos que iban a equivocar para siempre la conducta de los niños o adolescentes que se creían que ellas -Pola Negri, Ila Nacivoma y Lillian Harvey; la pequeña y maravillosa Janet Gaynor, la pelirroja Clara Bow: en fin, las mujeres- iban a ser siempre esos seres que esperaban redención, ayuda y galantes salvadores, emergidas del pozo de la ruina, la orfandad y la desesperación. Ésa era la materia del sueño, que se proyectaba en esa especie de sala de alcoba que era la sala del cine. Las tinieblas del cine eran también las tinieblas del sueño, o del ensueño. Qué desastre.
Pola Negri no llegó a Hollywood hasta el año 1922, después de unos años vieneses -ella era polaca, pero el imperio austrohúngaro era entonces un polo de atracción-, después de la larga mudez del cine donde el rostro era el que lo expresaba del todo. Otros caerían cuando llegó la voz: pero Pola Negri supo conservar el gesto emotivo, la mirada del patetismo humano junto con la voz. Y un recuerdo de Europa. Pero sólo duró mientras el recuerdo y la nostalgiase agarraban a los ojos de los emigrantes. El director Willi Forst sabía crear en un estudio desolado el ambiente de la gran época: se decía entonces que los vieneses "hacían hablar a los decorados: sus cuadras huelen a excrementos de caballo y sus boudoirs al amor" (Georges Champeux, citado por Sebastián Gasch). Y los caballos no eran más que un fondo para el amor, que lo dominaba todo.
Otras heroínas
Pola Negri se nos puede confundir, ahora en el recuerdo, con las otras heroínas del cine mudo, con las Theda Bara o las hermanas Talmadge o las hermanas Gish, porque en el fondo todas eran hermanas: las mujercitas rubitas y un poco despeinadas -para que los haces de luz pasaran entre los cabellos y pusieran el limbo que había que adorar- y con los tiernos ojos claros de la pequeñita y dulce ingenua. Sufrían. Poco después, cuando Hollywood empezó a dirigir los restos de Europa y a dirigir la imagen, la misma Pola Negri empezó el turno de las vampiresas, las que arrastraban al hombre bueno al torbellino del amor impuro o imposible, en que ellas mismas se quedaban con los labios secos y la sed sin calmar. Vendrían para Pola Negri una Carmen y una Madame Dubarry donde Europa y la época ya no eran cartón piedra y el amor no tenía sutilezas. Ya no hablaban los decorados y el folletín se disparataba: no alcanzaba a los sentidos.
Poco después, Pola Negri empezó a desaparecer, el ensueño había entrado en decadencia y la mujer americana de paso largo y la mirada al frente, de millones a la espalda, servía sobre todo para la comedia. Y lo que ha muerto ahora es una superviviente, una desaparecida. Hasta su propio recuerdo queda confundido entre otros rostros. Pero la televisión haría bien, y tendría muchos nostálgicos agradecidos, si pudiera ahora proyectar Mascarada. Aunque quizá sólo sea mejor recordarla, dejarla vivir en el flou de la memoria de los desmemoriados.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de agosto de 1987

FILMOGRAFÍA
  • 1964 - The Moon-Spinners
  • 1937 - Tango notturno (Tango nocturno)
  • 1937 - Madame Bovary
  • 1935 - Mazurka
  • 1926 - Hotel Imperial
  • 1924 - Sombras de París
  • 1924 - Det förbjudna paradiset (El paraíso perdido)
  • 1923 - La bailarina española
  • 1922 - Das karussell de Lebens
  • 1921 - Safo
  • 1921 - El gato montés (Die Bergkatze)
  • 1920 - Sumurun (Una noche en Arabia)
  • 1919 - Madame du Barry
  • 1918 - Carmen
  • 1918 - Los ojos de la momia
  • 1917 - Bestia (La bestia)
  • 1916 - Studenci (Estudiantes)
  • 1915 - Zona (La esposa)
  • 1914 - Niewolnica zmyslów (Esclava del pecado)