John Ashbery (Rochester, Nueva York, 28 de julio de 1927) es un poeta estadounidense, considerado el máximo exponente de la escuela poética neoyorquina.
John Ashbery es profesor de literatura de la universidad Bard College, y vive entre Nueva York y la ciudad de Hudson, en las riberas del río del mismo nombre, en el condado de Columbia.
Autor de más de una veintena de libros de poesía, ha sido distinguido con numerosos premios y reconocimientos, entre los que se cuentan el Premio Pulitzer, 1976, por su libro Autorretrato en un espejo convexo, (Self-portrait in a convex mirror); el Premio Nacional del Libro, La medalla Bollingen y el reconocimiento de la academia de los miembros del dei Lincei de Italia Ha sido el primer poeta de lengua inglesa en ganar el Gran Premio de las Bienales Internacionales de Poesía de Bruselas y, en 1992, obtuvo el premio de Feltrinelli de Italia para poesía internacional.
ESTILO
John Ashbery es profesor de literatura de la universidad Bard College, y vive entre Nueva York y la ciudad de Hudson, en las riberas del río del mismo nombre, en el condado de Columbia.
Autor de más de una veintena de libros de poesía, ha sido distinguido con numerosos premios y reconocimientos, entre los que se cuentan el Premio Pulitzer, 1976, por su libro Autorretrato en un espejo convexo, (Self-portrait in a convex mirror); el Premio Nacional del Libro, La medalla Bollingen y el reconocimiento de la academia de los miembros del dei Lincei de Italia Ha sido el primer poeta de lengua inglesa en ganar el Gran Premio de las Bienales Internacionales de Poesía de Bruselas y, en 1992, obtuvo el premio de Feltrinelli de Italia para poesía internacional.
¿Oyes, pájaro?
John Ashbery
Traducción de Alejandro Valero
Cátedra. Madrid, 1999. 216 páginas
Jaime SILES | Publicado el 03/10/1999
A shbery es un poeta de la inteligencia que no ha renunciado a la emoción y cuyos libros se conciben no como colecciones sino como unidades, en las que los poemas parecen seguir el orden musical y los ritmos del “blue”. ¿Oyes, pájaro? describe la imperfección del ser y el malestar del mundo (“Nada bajo esta bóveda celeste está colocado en su lugar”), la imposibilidad de conocernos y la dificultad de interpretarnos: “no me entiendo a mí mismo - sólo segmentos/ de mí mismo que no se comprenden entre sí”. Sus poemas presentan multitud de esquemas y registros y una estructura irónica tan profunda como funcional: la elipsis, que es uno de sus rasgos, se constituye en única depositaria del sentido; las “palabras que la música expresa/ casi con plenitud” son un “andante misterioso”; y la lengua coloquial, la clave en que se despliega una caústica y desesperada ironía a la que la gramática de los colores presta una sangrante plasticidad. Antiguilleniano en esto y eliotiano en casi todo lo demás, Ashbery ensaya aquí un tipo de escritura que se acerca al relato y que se aproxima a la cara norte que atrajo siempre a Juan Benet, con una de cuyas fábulas coincide en “Por un terremoto”, un poema largo en el que las máscaras que el yo se va poniendo desnudan, más que cubren, lo que en un poeta menos diestro no habría pasado de ser sólo un disfraz.
Poesía de la supervivencia, que rinde homenaje al humorismo americano de Mark Twain y a la reunión de lugares (“Collected places”) que uno quiere oír, ¿Oyes, pájaro? es un libro complejo, en el que los materiales de derribo se unen con los de construcción y forman, juntos, no la descripción de un edificio sino la crónica de una existencia. De ahí la forma de los poemas, que nunca es una sola ni la misma, sino que va cambiando su fisonomía tanto como el tiempo varía las figuras de su composición: “Morir en la página adecuada” sabiendo que “nada está lo bastante seco o lo bastante mojado”, y que la vida, filtrada “a través de persianas venecianas con sabor a vainilla”, es una “carrera por la luz”.
La fichteana agilidad de Ashbery no le impide desarrollar a Hegel y concluir que “Los pensamientos felices no duran” y es “su solidez lo que nos elude”. El lenguaje crudo de “Responsabilidad limitada” alterna con el elogio de la miscelánea, explícito en “Amor con botas”, y con el espacio lúdico que queda “en las grietas que hay entre las ideas”. Ahora -dice- “todo es como otra cosa”: ahora todo es una comparación. Lo que explica su “Oda a John Keats” y su interés por el palíndromo y por las reglas de una perspectiva que parece una anamorfosis manierista y que traduce el mundo a las medidas de un salón de té, donde las “cosas son como instituciones”, y la literatura, “las lágrimas del reloj reflejado contra el tiempo”. Los títulos de los poemas son superiores a los poemas, y las mentiras de las frases, más ciertas que la realidad. Lo que le ha permitido escribir una metapoesía diferente, que parece parodiar a Bloom y aproximarse al penúltimo territorio poético de Guillermo Carnero. “Martes por la tarde”, tal vez el mejor y más intenso poema de este libro, recomienda practicar en “momentos difíciles”, “el arte de las paráfrasis”, reconoce que “ahora todo es retrógrado” y que “la nueva sinceridad empalaga”, y admite que “en tiempos de lucha componemos palinodias contra las rompientes, retractándonos de lo que había de ágil en nuestras creencias”. Asimismo acepta que, en lo relativo al lenguaje, estaba equivocado, porque “un alfabeto está formando palabras” y “nosotros que las observamos nunca nos imaginamos pronunciándolas”. Las imágenes del yo vistas en la hora del ocaso constituyen una película muda y borrosa, y la lucidez del espectador consiste en afirmar que “los buenos tiempos fueron los del fonógrafo”.
En una época de jactancia, Ashbery apuesta por la humildad y, con una escritura tan elegíaca como inteligente, da cuenta de las miserias de este fin de siglo, en el que la historia y el sentido de la historia están aún por definir. Alejandro Valero lo ha traducido fiel y pulcramente, manteniendo la rigidez de sus aristas y la coloratura de su no menos dura y acidulada expresión.
María Luisa Landín grabó en 1949 el bolero «Amor perdido», de la autoría del puertorriqueño Pedro Flores, que ―después de «Las mañanitas»― es la canción más tocada en la historia de la radiodifusión mexicana. Es un auténtico clásico musical que ha sobrevivido al paso de los años.
Los boleros despechados y adoloridos de María Luisa Landín son la esencia misma del cabaré, ese sitio de perdición y pecado, recreado o inventado por el cine mexicano, un abigarrado microcosmos de atmósfera sórdida y pecaminosa, donde tenían lugar los melodramas más insólitos, sitios donde se desbordaban las pasiones, donde las aventureras, pecadoras y pervertidas desbordaban su erotismo pero mantenían milagrosamente incólumes su virtud y pureza. No ha habido música más deliciosamente cabaretera que las canciones interpretadas por la Landín, con estupendos arreglos instrumentales.
Aunque algunas fuentes insisten en ubicar la oriundez de María Luisa Landín y de su hermana Avelina en el Puerto de Veracruz, así como sus años de nacimiento en 1921, en el caso de Avelina, y en el caso de María Luisa, en 1922. Lo cierto es que la propia María Luisa se encargó de desmentir dicha información, aclarando enfáticamente que tanto ella como Avelina nacieron en la Ciudad de México, concretamente en el barrio de “Tepito”. Ella, el 9 de octubre de 1921 y Avelina, el 10 de noviembre de 1917. Sus padres fueron Irineo Landín y Magdalena Rodríguez, ambos con marcada afición a la música; Don Irineo fue un excelente guitarrista y Doña Magdalena una cantante. De modo que, las Hermanas Landín habrian de heredar facultades especiales para el canto desde muy pequeñas.
Don Andrés Castillo, vecino de la familia Landín y destacado músico, escuchó cantar a las Hermanas Landín y las invitó a probar suerte en las legendaria radiodifusora XEYZ, donde son escuchadas por los directores artísticos, de la oficial XEFO, Chalo Cervera y Guillermo Álvarez quienes las incluyen en un elenco de primera calidad, al lado de Margarita Romero, María Luisa Bermejo, Emilio Tuero, Vicente Bergman, etc, para después integrarlas a su programación.
Debutan en la XEW, en 1938, con el nombre de “Pirita y Jade”, acompañados por las orquestas de Gabriel Ruiz, Ray Montoya y Federico Bahena. En octubre del mismo año se incorporan a la programación de la naciente XEQ, donde su director artístico Enrique Contell, las contrata para que compitan con las “Hermanas Águila”, conocido ya como el “Dueto de América” a partir de entonces se originaria una rivalidad artística entre ambos duetos, que duraría muchos años en la programación de las radiodifusoras.
A partir de 1939, ya bajo el nombre de Hermanas Landín, pasan a formar parte del elenco de la RCA y su fama y popularidad alcanzan grandes dimensiones. Para entonces, hay una efervescencia por los duetos femeninos y así surgen “Las Hermanas Escoto”; “Hermanas Ruiz Armegol”; “Hermanas Vargas Dulche”; “Hermanas Padilla”; “Hermanas Barraza”; “Cuatitas Herrera”, con las que las “Landín” entraron en franca competencia. De esta época son sus primeras grabaciones: “Vuelve”; “Pasional”; “Arrejúntateme”; “Por quererte tanto”; “La Perlita”; “La Pendenciera”; “Yo quiero de eso”; “Mi destino fue quererte”; “Amor perdido”; etc.
En 1940, las Hermanas Landín inician una gira por el Caribe, particularmente por Cuba y República Dominicana. El dueto se mantiene firme en las preferencias del público hasta 1942, en que el dueto se disuelve, ya que Avelina contrae nupcias con Ángel Zempoalteca y se retira de los medios. Eventualmente habrían de reunirse nuevamente, bajo el nombre del dueto Mari-Lina, a finales de los años cuarenta; de esta época son los temas “Amargado de la Vida” y “Los Magueyes”. Este dueto sería de corta vida musical ya que vuelven a separarse iniciando exitosas carreras por separado tanto Avelina como María Luisa.
Aunque María Luisa Landín ya había grabado como solista en 1941 con RCA temas como: “Allá”; “Pasional”; “Sin ti”; “Una canción más”; “Vuelve”; y “Canción del alma”, es a partir de 1942 cuando despega su carrera como solista y obtiene grandes éxitos discográficos. Al diluirse el dueto Hermanas Landín, María Luisa, realiza una serie de grabaciones para la empresa refresquera “Coca-Cola”, dedicadas a la difusión y promoción de la empresa, por las más importantes radiodifusoras de México y Latinoamérica. La estrategia promocional para posicionar a la firma “Coca-Cola” en América Latina fue diseñada por Terig Tucci, quien desde New York, realizó el proyecto para competir con la compañía “Pepsi-Cola”. Las grabaciones en cuestión se hicieron en discos de 16 pulgadas, en una de las salas del Palacio de Bellas Artes y en el Cine Bucareli. En estas grabaciones participaron diversos cantantes tales como: Néstor Mesta Chaires; Nicanor y sus Tres Vaqueros; Los Hermanos Hernández; Los Cubanos; Manuel Álvarez “Maciste”; Los Reyes del Tango y María Luisa Landín, con la orquesta de Alfredo González, teniendo como presentador al famoso locutor de la XEW, Ramiro Gamboa, también conocido como el “Tío Gamboín”.
En estas grabaciones, María Luisa Landín realiza dúos con el tenor Néstor Mesta Chaires, destacando los temas: “Que voy hacer sin ti”, “Bésame mucho”, “Delirio”, “Enamorado de ti”, “Luna de Plata”, “Vivirás en mí” y “Muchos besos”.
En 1946, María Luisa inicia su exitosa carrera como solista, quizás una de las más largas de la historia musical de México, acumulando una gran cantidad de reconocimientos y un amplio repertorio que incluye más 150 grabaciones, la mayoría hechas para la disquera RCA, a excepción de 4 boleros grabados en 1944 para PEERLESS: “Entre hamacas”, “Regresa”, Me gustabas” y “Noche”.
El repertorio de María Luisa Landín incluye temas de Consuelo Velázquez, Federico Bahena, Rafael Hernández, Salvador Rangel, Mario Álvarez, Gabriel Ruiz, María Alma, Fernando Z. Maldonado, Alfredo Parra, Fernando Mulens, Pedro Flores, Carlos Crespo y Rodolfo Mendiolea.
Fue muy notorio que María Luisa, no hubiese grabado ningún tema de Agustín Lara, aunque como Hermanas Landín habían grabado solo un tema del compositor veracruzano: “Pobre de mí”. Lo que hacía suponer que hubo entre ambos algún problema; sin embargo María Luisa aclaró que siempre llevó una cordial y amistosa relación con el “El flaco de Oro”; tanto que explicaba que Agustín, se refería a ella diciendo: “No cualquiera compone canciones para María Luisa Landín”.
Hacia 1946, empiezan a destacar sus grandes éxitos, tales como: “Aunque tengas razón”, de Consuelo Velázquez; “Déjame en paz”, de Luciano Miral; “Dos almas”, de Don Fabián; “Injusticia”; de Pablo Beltrán y “Será por Eso” también de Consuelito Velázquez.
Hay una inclinación especial de María Luisa hacia los temas de desamor y despecho, de boleros cabareteros de “Rompe y rasga”. Así, entre 1948 y 1949, graba resonantes éxitos en este género, entre los que podemos citar: “Criminal”, de Rafael de Paz; “Malos pensamientos”, de Alberto Domínguez; “Porque no te vas”, de Rafael Hernández; “Traidoramente”, de Chucho Monge; “Verdad amarga”, de Consuelito Velázquez; “Hay que saber perder”, de Abel Domínguez; “Miseria”, de Miguel Ángel Valladares; “Qué te pedí”, de Fernando Mulens (bolero dedicado por el autor a María Luisa); “Mis ojos me denuncian”, de Manuel S. Acuña, etc.
Hasta que llega el momento de su mayor éxito, cuando graba "Amor perdido" (1949) de Pedro Flores, bolero que habría de proyectarla a sus más altos índices de popularidad. Con un increíble arreglo orquestal del maestro José Sabré Marroquín y de Rafael de Paz. Aunque María Luisa estaba renuente a grabar este tema, argumentando que ya lo había grabado varias veces Manolita Arriola. Y porque también lo habían grabado como Hermanas Landín sin el mayor éxito. Sin embargo, esta grabación habría de marcar positivamente a su carrera, dándole dimensiones épicas y poniéndola muy por encima de las demás boleristas de la época, en el gusto de la gente. Aún esta interpretación sigue cautivando a los amantes de la buena música. Eventualmente, María Luisa Landín realizó algunos duetos, en 1941 graba “Allá” a dueto con Guillermo C. Álvarez y en los años 50`s, con María Victoria, dos temas rancheros: “Paque me sirve la vida” y “Paloma mensajera”. Con Fernando Fernández interpreta a dúo “Aviso de Ocasión” y con Miguel Aceves Mejía graba,“La Vida es Así” de Rafael Hernández, acompañada de su misma orquesta. Asimismo, con Carmen Rello graba a dúo “Con Otro Pagarás” y “Pesadilla”, acompañadas por el Mariachi Vargas.
Precedida de una fama internacional extraordinaria, María Luisa Landín realizó innumerables y exitosas giras por Estados Unidos y Sudamérica, presentándose en San Francisco y Los Ángeles, La Habana, Santo Domingo, Caracas, Medellín, Santiago de Chile, Buenos Aires, Panamá y Puerto Rico. A lo largo de su carrera fue acompañada por las mejores orquestas de su tiempo: La de Rafael Hernández, Gabriel Ruiz, Rafael de Paz, José Sabré Marroquín, Mario Ruiz Armengol, Absalón Pérez y Miguel Ángel Pazos. Después de estas exitosas giras, en 1949 regresa a la XEW como voz estelar de la serie “El Milagro de las Canciones” y al mismo tiempo trabajara en los programas radiales “Éxitos musicales” patrocinados por la compañia Nestlé.
La década de los 50’s, encuentra a una Maria Luisa Landín, en posesión de todas sus capacidades vocales, que se ven reflejadas en la plena madurez de su voz y en el sentimiento especial que imprime a cada interpretación. Pudiera decirse que fue el momento de su mayor realización artística. De esta época son sus éxitos “Se sufre pero se aprende”, de Federico Bahena; “Por pasar el rato”, de Miguel Ángel Valladares; “Mi último refugio”, de Miguel Ángel Pazos”; “Inevitablemente”, de Gonzalo Curiel: “Por amor de Dios”, de Carlos Crespo, “Qué tontería”, de Consuelo Velásquez, etc…
En esta época, María Luisa Landín tuvo destacadas actuaciones en diversos teatros y centros nocturnos de la Ciudad de México. Así, desarrolló importantes temporadas en “El Patio” ubicado en la Col. Juárez, donde alternaría con importantes artistas, tales como: Hugo Del Carril, Libertad Lamarque, Ray Coniff, Los Platters y otros. Asimismo realizó exitosas temporadas en los teatros “Follis Bergére”; “Tivoli”; “Los Globos”; “Terraza Casino”; el “Bar Capri” del Hotel Regis; así como en “El Retiro” (propiedad del empresario Vicente Miranda) y en el “Mar y Cel” (ubicado en Aquiles Serdán y Sta. Veracruz #5, propiedad de Manuel Medel) donde canta a lado de Manolita Arriola. También tuvo grandes temporadas en el teatro “Blanquita”, donde compartió el escenario con cantantes de la talla de Lupita Palomera, Fernando Fernández, José Alfredo Jiménez, La Sonora Santanera, Lucha Villa y Vicente Fernández, entre otros.
Participó activamente en los programas radiales de la XEW en los años 50’s, entre los que destacan: “La Hora Azul”; “La Hora del Cancionero Picot”; “Desfile de Éxitos” y fue artista exclusiva de “La Hora Nescafé” por 5 años.
Su actividad discográfica empieza a verse limitada a partir de los años 60’s por la incursión de nuevos ritmos provenientes del extranjero tales como el Rock and Roll y el Twist. Así que sus últimas grabaciones en esta década fueron “Tú y la Noche” y “Desgracia”, en 1960; “Una Espina”, “Mi amor ante todo”, “Escándalo” y “Amor de Sangre”, grabadas en 1961; los temas “Pero no, no y no” y “Dos Caras” grabados en 1962; “La mano de Dios”, “Una y otra vez”, grabadas en 1963. Y sus últimas grabaciones son: “Horas en vano” y “Menor de edad”, fechadas en 1967; año en que termina su actividad discográfica; aunque sus canciones permanecerían mucho tiempo en la programación de las radiodifusoras del país.
En la actualidad, a pesar de sus casi 91 años de edad, María Luisa Landín es una mujer vital, con gran fuerza espiritual y un caracter firme e indoblegable; mantiene una mente muy lúcida y una hermosa voz como la de sus mejores tiempos. Su mayor orgullo aparte de su historia musical, lo constituye su familia: Su hija la eminente Dra. Graciela Ibañez Landín, quien siempre está al pendiente de la salud de su madre, prodigándole todo tipo de cuidados y profesándole un amor infinito, al igual que su nieta Graciela y bisnieta Renata.
* Avelina Landín Rodríguez fué conocida como “La Voz que canta al corazón” por su forma desgarradora e impetuosa de interpretar los boleros y fue una de las grandes boleristas de la Época de Oro de la Música Mexicana. Entre 1949 y 1965 participó en inumerables programas radiales en la XEW, en la XEQ, patrocinada por las compañías “General Motors” y “Nestlé”, con la conducción del locutor Luis Ignacio Santibañez. Fue figura principal en los programas “Inspiración”, narrados y dirigidos por María Grever desde su silla de ruedas. Participó también en la popular serie “Éxitos musicales Choco Milk”. Avelina falleció en la Ciudad de México el 21 de Febrero de 1991.
Agradecimientos
Quiero agradecer particularmente a María Luisa Landín, por haberme dado la oportunidad de platicar directamente con ella sobre su carrera artística y su biografía, proporcionándome importantes datos para la construcción de la misma. Del mismo modo, quiero agradecer a mi buen amigo Luis Jaime Chapa Elizondo por haberme brindado un gran apoyo para la construcción de la discografía de esta página. También a la cantante cubana Miriam Bayard por ser mi enlace con María Luisa; asimismo agradecer a Liliana Vargas Ortega por su interés en este proyecto.
Religiosamente, a las siete en punto, todas las noches de lunes a sábado abrían las puertas los prostíbulos de la zona de tolerancia en Cali. Se encendían las luces intermitentes de neón y los bombillos rojos y comenzaba la música estridente de ritmos, que acompasaban de inmediato deseos ocultos de cuerpos empapados en sudor y la tristeza quedaba guardaba en los oscuros rincones del olvido. Por aquella época de los tenebrosos años 50, la zona de tolerancia permitía a los caleños escapar, momentáneamente de la otra noche que había invadido a Cali: la noche de los carros fantasmas, manejados por lospájarosi que sigilosos con sus armas listas buscaban con toda calma el corazón de cualquier víctima inocente. Noches de miedo colectivo, noches de muerte a destiempo. En cambio, aquel perímetro de perversión carnal, con sus olores a riegos de hierbas de la buena suerte y creolina, se convertía con su bullicio en verdadera zona de tolerancia para la diversidad étnica y social que la frecuentaba
Por: Arturo Alape Especial para EL TIEMPO
10 de septiembre de 2000, 05:00 am
Nuestra generación, lo confieso públicamente, debe a la zona de tolerancia no solo el aprendizaje de los secretos y pasiones del cuerpo, sino también otras enseñanzas que aún siguen acompañando las huellas de la vida. En sus diversos establecimientos, presenciamos de muchachos verdaderos duelos de bailarines de los barrios populares, con parejas de prostitutas que además de ofrecer sus cuerpos al mejor postor, eran gozonas bailadoras, en noble competencia por dominar los diversos ritmos del momento: guarachas, sones, fox, pasodobles, tangos, boleros. En el Tabaré, cuna y origen de bailarines y salsa caleña, nosotros aprendimos a bailar. En otros sitios emergió el llamado bolero caleño, mezcla de fox, pasodoble y pases de tango. En aquellos lúgubres lugares de mujeres pintarrajeadas, aparece como signo y movimiento, la gestualidad rítmica del cuerpo que expresa la emoción del sentido de la música y explaya por doquier la lluvia del frenesí bailador caleño.
En el bar Fantasio, cuya dueña era una negra de labios carnosos y senos fenomenales, hipnotizados por los colores envolventes de la rockola, aprendimos de memoria el catálogo de lenguas que devienen del bolero como profunda catarsis amorosa: desde la declaración de amor eterno al otro hasta la doliente elaboración del duelo frente a la separación o el abandono, pasando por el puente de amargas incertidumbres y el fervor de la dicha y de la idealización, la veneración y el desprecio, la humillación y la venganza. En Fantasio, de brazo de la gris soledad, aprendimos ante al endiablado girar del acetato, en la voz de María Luisa Landín, bolerista mexicana, lo que sería para la vida el sentimiento de aquel discurso que sostiene el devenir de las batallas del amor. En su voz de timbre maravilloso interpretando boleros de Pedro Flores, Consuelo Velásquez, Rafael Hernández, Federico Baena y Miguel A. Balladares, en su despliegue textual siempre nos sentimos reflejados y representados, confortados y amparados en carne y espíritu, simbólicamente en nuestra angustia y alegría de pobres enamorados.
El bolero con sus letras, a veces cursis, nos hizo vivir las diversas y complejas instancias del amor: Yo sé que es imposible nuestro amor porque el destino manda, y tú sabrás un día perdonar esta verdad amarga, verdad que coloca al enamorado al borde del suicidio, cortándose las venas frente al espejo; Cuando un amor se va que desesperación, cuando un cariño vuela nada consuela mi corazón, la despedida que deja el vacío como cueva de gusanos vengativos, por la despedida que nunca tendrá regreso; Mi último refugio pensé que fueras tú y fue mi gran fracaso poner mi fe en tu amor, vana ilusión que apenas fue una flor de desesperanza; Nuevamente vendrás hacia mí, yo... yo lo aseguro cuando nadie se acuerde de ti tú volverás, seguridad del amante que piensa, iluso que él es el único y definitivo gran amor del otro; Si tu supieras que me parte el alma el pensar que pronto te veré partir, si comprendieras lo que estoy sufriendo porque sé que tengo que dejarte partir, sabor a ausencia que tiene como anuncio los vientos fugitivos; no estoy herido; y, por mi madre, que no te aborrezco ni guardo rencor, el amor perdido en el juego del azar amoroso, que cuando se pierde deja en la boca del amante la apariencia de una supuesta victoria.
María Luisa Landín, con el respaldo de magníficas orquestas entre ellas la de Rafael Paz y la de Rafael Hernández, llegó a convertirse en símbolo del bolero en Latinoamérica y superó en ventas de discos a todas sus contemporáneas, como Toña la Negra y María Victoria. En una de las visitas que hizo a Colombia, cometió un segundo matrimonio con un desconocido poeta barranquillero: Juan Eugenio Cañavera, matrimonio que duró poco tiempo, luego embarcó la existencia hacia un tercero. En los años sesenta, su voz del alma se perdió en los misterios de un inmenso escenario y dejó un gran vacío en nosotros tan profundo, que aún seguimos metiendo la mano en él para buscar imborrables recuerdos.
María Luisa Landín si vive, el próximo mes de octubre cumplirá ochenta años, muy dedicados a develar y descifrar los amasijos del amor. La imagino sentada en silla de mimbre, con vestido largo y negro, cubierto de lentejuelas, abanicándose, pidiéndole en susurros a la muchacha de compañía que le coloque en el equipo de sonido, uno a uno los boleros que la hicieron famosa y ella, en murmullos cadenciosos los deletrea, siguiendo su ritmo como si fueran una sola canción. Cuando escucha Canción del alma, detiene la respiración, suspira largo: No sé cómo he podido estar tanto tiempo lejos de ti, no sé cómo he podido esperar y saber resistir. Yo vivo, y tú lo sabes, desesperado y triste y, desde que te fuiste no sé lo que es vivir, cierra los ojos como cortando el silencio y entonces duerme plácidamente. Hoy, la antigua zona de tolerancia en Cali está convertida en inmensa hoya urbana que se deshace con las palmas del tiempo y la sobrevivencia feroz de sus habitantes aparece día a día con el brillo del cuchillo que preciso desangra el corazón ajeno.
Despiden a María Luisa Landín 'La reina del bolero'
Familiares y amigos dan el último adiós a la cantante quien falleció a los 92 años de edad a causa de una neumonía
21/06/2014 22:02 NOTIMEX / FOTOS: ESPECIAL
La llamada Reina del bolero se encontraba retirada de los escenarios desde hace más de dos décadas y vivía en la Ciudad de México.
CIUDAD DE MÉXICO 21 de junio.- Familiares y amigos dan el último adiós a la cantante María Luisa LandínLa reina del bolero, quien falleció a los 92 años de edad, a causa de una neumonía con insuficiencia respiratoria.
Graciela Ibáñez Landín, hija de la cantante, confirmó la muerte de la intérprete ocurrida la noche del viernes a las 21:30 horas.
Ella tenía problemas crónico degenerativos, pero recientemente tuvo una neumonía, con mucha insuficiencia respiratoria y eso hizo que se diera su deceso”, comentó Ibáñez
Puntualizó que su madre tenía varios problemas de salud desde hace tiempo, por lo cual la cantante ya no tenía ninguna actividad artística, “tenía otro tipo de actividades de acuerdo a su edad”.
La llamada Reina del bolero se encontraba retirada de los escenarios desde hace más de dos décadas y vivía en la Ciudad de México, en compañía de su única hija, Graciela Ibáñez Landín.
Familiares y amigos acudieron a la capilla tres de una agencia funeraria al sur de la ciudad, donde la cantante será cremada este mismo sábado.
Explicó que las cenizas de su madre estarán con la familia por un tiempo.
La actriz y cantante María Victoria también acudió a dar el pésame y al servicio religioso que se realizó en el lugar, alrededor de las 14:00 horas.
Graciela Ibáñez señaló que desconoce si se le harán homenajes póstumos a su madre, “espero que la Asociación Nacional de Actores (ANDA) me comente algo al respecto”.
A María Luisa Landín La reina del bolero, le sobreviven su hija Graciela, su nieta Graciela Elizabeth y su bisnieta Renata.