viernes, 1 de febrero de 2013

Robert Walser




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Robert Walser o la literatura como paseo
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Robert Walser / Jacob von Gunten / Reseña
Robert Walser / Escrito a lápiz
Robert Walser / Microgramas
Así comienza Los hermanos Tanner
Giorgio Agamben / El paseo filosófico de Robert Walser
Así comienza Jacob von Hunten
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Robert Walser
Robert Otto Walser
(1878 - 1956)

BIOGRAFÍA BREVE

Escritor suizo en lengua alemana, nacido en Bienne, Berna, en 1878, y fallecido en Herisau, Eppenzell, en 1956. Su obra, olvidada durante mucho tiempo, está considerada actualmente como una de las más originales de la literatura en lengua alemana del s. XX. Ejerció los más diversos oficios, entre Zurich y Berlín, incluyendo el de sirviente de una mansión a orillas del lago de Zurich. Desde 1929 hasta su muerte vivió recluido en una clínica psiquiátrica. Es autor de relatos y novelas en los que supo instilar el misterio y el absurdo de la vida cotidiana. Destacan Los hermanos Tanner(1907), El ayudante (1908) y, sobre todo, Jakob von Gunten (1909).


BIOGRAFÍA

Robert Walser, hermano del conocido pintor Karl Walser, nació en Biel, Suiza, el 15 de abril de 1878, y murió en la nieve, cerca de Herisau, Suiza, el 25 de diciembre de 1956. Había salido a pasear cerca del manicomio donde estaba recluido desde 1930.

Fue autor de una no demasiado extensa obra con tintes autobiográficos y caracterizada por un estilo que le es propio e inconfundible. Sus principales obras son Los hermanos TannerJakob von GuntenEl ayudanteEl bandido, Jakov von Gunten, Los cuadernos de Fritz Kocher, La habitación del poeta, El paseo y otros relatos. De manera póstuma han aparecido publicados Microgramas, una serie de notas que el autor escribía en papeles sueltos sin ánimo de publicarlos. En la actualidad está considerado como uno de los autores más originales de la literatura en lengua alemana del siglo XX.

Robert Walser nació en el seno de una familia numerosa y se crió en la ciudad de Biel, una de las tres ciudades bilingües de Suiza junto con Friburgo y Sierre, por lo que hablaba alemán y francés en forma fluida. Finalizados sus estudios primarios, ingresó en la escuela de educación secundaria "Gymnasium", pero debió abandonarla por los problemas económicos que tuvo la familia. Vivió durante varias temporadas en Berlín junto a su hermano mayor. Entre 1892 y 1895 trabaja como empleado de oficina, trasladándose a Stuttgart en 1895 y a Zürich en 1896, de un empleo en otro. Comenzó a dar sus primeros pasos como poeta. Con el tiempo, su interés y sus aptitudes literarias lo llevarían también a probar suerte como novelista, ensayista y creador de relatos cortos.

En 1898 el influyente crítico Joseph Victor Widmann publicó varios poemas de su autoría en el periódico "Der Bund", llamando la atención del escritor y crítico Franz Blei, quien lo introdujo en el mundo literario publicando numerosos relatos y poemas en la revista "Die Insel". En 1903 Robert Walser cumplió con el servicio militar obligatorio y tiempo después comenzó a trabajar como ayudante de un ingeniero e inventor en Wädenswil (cerca de Zürich), experiencia que se convertiría tiempo después en su novela "El ayudante" (1908). A finales de 1905 asistió a un curso para convertirse en sirviente del castillo de Dambrau en la Alta Silesia, episodio que se reflejaría luego en su obra "Jakob von Gunten" (1909). Tras unos años viviendo en Berlín, en 1913 volvió a Suiza y vivió en diferentes lugares hasta terminar en una buhardilla en el hotel "Blaues Kreuz" de Biel. Mientras participaba en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), fallecieron su padre y su hermano Hernest, y tiempo después se suicidó Hermann, otro de sus hermanos. A principios de 1921 se trasladó a Berna con el fin de trabajar en la oficina de registro público, viviendo en diferentes lugares y siendo una persona muy solitaria.

 En 1929 comenzó a sufrir ataques de ansiedad y alucinaciones, y decidió internarse en el manicomio de Herisau. Ya en 1909, al volver a su ciudad natal, había sufrido una fuerte depresión agravada por un cuadro de alucinaciones auditivas. En el manicomio permaneció el resto de su vida: 28 años. En la Navidad de 1956, en una de las tantas caminatas largas y solitarias que hacía Robert Walser, fue encontrado muerto de un ataque al corazón en un campo de nieve cerca del manicomio. Unos niños descubrieron el cuerpo y avisaron a la policía.



Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como se me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos (o de los espiritus?), y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle... Olvidé con rapidez que arriba en mi cuarto había estado incubado, sombrío, sobre una hoja de papel en blanco...

Robert Walser





Pasear me es imprescindible para animarme 

y para mantener el contacto con el mundo vivo, 

sin cuyas sensaciones no podría escribir media letra más 

ni producir el más leve poema en verso o prosa. 

Sin pasear estaría muerto.



Robert Walser



“Es absurdo y grosero,
sabiendo que estoy en un hospicio,
pedirme que siga escribiendo libros”
Robert Walser a un visitante 
en el manicomio de Herisau.


"El método del lápiz"

Así denominaba Walser a sus 526 manuscritos, compuestos con microscópica caligrafía gótica, parte de los cuales han sido descifrados mientras otra va entregándose lentamente a sus estudiosos. Escritura secreta, fuga tímida fuera del alcance del público, de uno de los grandes escritores en lengua alemana del siglo XX, cuyo genio ha sido celebrado por Kafka, Musil, Walter Benjamin o Elias Canetti. 

Madrid, El País, 7 de diciembre de 2002



Microgramas / El territorio del lapiz 

"Para mi sin embargo, el procedimiento del lápiz tiene un significado. En lo que respecta al autor de estas líneas, hubo un cierto momento, en efecto, en el que se encontró presa de una terrible, de una espantosa aversión a la pluma, un momento en el que se cansó de ella a un punto imposible de describir, un momento en el que por poco que tomara una pluma para escribir, se volvía estúpido, y para liberarse del asco a la pluma, se puso a escribir con lápiz, a bocetar, a esbozar, a juguetear. Gracias al lápiz, yo podía permitirme jugar, componer ; me parecía entonces que el placer de escribir, retomaba vida. 

Le puedo asegurar que con la pluma (esto ya había comenzado en Berlín), asistí a la quiebra de mi mano, un verdadero ahogo, una suerte de calambre, de dolor, del cual me fue liberando lentamente, con dificultades, este procedimiento del lápiz. Una impotencia, un calambre, es a la vez algo físico y mental. Yo pasé por una época de desamparo total, que de cierta manera se reflejó en mi escritura, en la disolución de esa escritura, y es el acto de copiar lo ya escrito a lápiz que pude reaprender a escribir, como un niño”

Robert Walser
20 junio de 1927 
(carta a Max Rychner)











Robert Walser 

Una biografía literaria 

 Por Jürg Amann






Jürg Amann (Winthertur, 1947), autor y crítico literario suizo, estudió Germánicas y periodismo en Zurich y enBerlín, dedicándose por entero a la literatura a partir de 1976 escribiendo guiones para radio, biografías y otras obras. Ha recibido múltiples premios a su labor.



Estamos ante un libro editado con amor, con encanto. No es una biografía al uso; ya en el subtítulo, el autor nos anticipa que se trata de una biografía literaria, y,efectivamente, lo es.

Pero no sólo es una biografía sino, a la vez, una excelente antología de textos del autor biografiado, textos que por su carácter autobiográfico, añaden información sobre el estado anímico de Walser, sobre sus pensamientos e íntimos deseos, sobre sus sufrimientos o sus miedos, en fin, más que datos externos, constituyen un conjunto de anotaciones, o aforismos que nos sugieren estados de ánimo, situaciones, etc. vividas por Walser, aunque puestas en boca de otros personajes de sus libros.

Cada capítulo de los trece que componen el libro, se refiere a una etapa de la vida de Robert Walser(1878-1956). Los textos se acompañan de una gran cantidad de fotografías de la época, dibujos, escritos, carteles o invitaciones, todo ello con un tono sepia que unifica todas las imágenes y les da un carácter de vetustez que nos hace sentirnos como buceando en el baúl de los abuelos, o como investigadores buscando en una vieja librería, imágenes y textos del pasado, mohosos y empolvados, pero con el atractivo de lo oculto, presto a ser descubierto.
Breves textos de Jurg Amann, muy en la línea casi minimalista de la escritura de Walser, , de cortas frases, nos van contando a grandes rasgos la vida del escritor. En cada capítulo hay un documento más concreto, objetivo, que nos sitúa a Walser en cada año de su vida, su actividad, sus relaciones, sus familiares, desplazamientos, etc.

Y por último, cada capítulo incluye un número variable de citas de cortos textos entresacados de las obras de Walser, textos que vienen muy ajustados para ampliar el tono de lo que nos cuenta Amann.

En suma, un libro cuidadísimo, muy atractivo, que invita más a la reflexión, a la lectura en voz alta, mientras miramos las imágenes y nos adentramos en el mundo cerrado del autor.
Walser es un personaje que roza los límites de la cordura y la genialidad. En el arte, suele ser a veces difícil de discriminar entre la locura y la cordura, es común a algunos artistas trasgredir esos difusos límites, incluso pasar temporadas en los que claramente su mente supera la racionalidad y se sumerge en el magma de la fantasía y lo irracional. Walser buscó siempre pasar desapercibido, esconderse, no ser importante, no ligarse a nada. De ahí su constante ir y venir, no quedarse mucho tiempo en el mismo sitio.

Por otra parte, el recuerdo de la madre, omnipresente, retrotrae a su mundo de la infancia, en el que sumergido entre sus siete hermanos Robert Walser se diluye y añora el cariño materno, que debe prodigarse y del que no puede disfrutar en solitario.

Su deseo adolescente de convertirse en actor, frustrado por la familia, y la muerte de su madre, le dejan confuso y ya inicia sus traslados: Basilea y luego Stutgart. En Zurich consigue estar diez años seguidos, pero cambiando de vivienda y de trabajo casi constantemente. De ahí su eterno vagar de una casa a otra, de un trabajo a otro, de una ciudad a otra. Y sus últimos años fueron de paseante sin rumbo, cuando ya estaba tan desnortado que se fue a vivir a un psiquiátrico.

Durante sus años de juventud y primera madurez, escribió una serie de obras, novelas, relatos,microgramas, etc. algunas de las cuales las destruyó, otras se perdieron con tanto traslado. ¿Por qué escribía? Probablemente para exorcizar sus demonios internos, sus sueños y sus alucinaciones, sus deseos o su ausencia de deseos. Pero escribía sin darle importancia a lo que hacía, escribía como si respirase, como si caminase, como solía, cubriendo grandes distancias sin importarle el frío o el agua, el viento o el sol.

Y las temporadas en que convivió con su hermano Karl, pintor en Berlín, o sus hermanas, una vez fallecidos sus padres, constantemente creó problemas por su poca capacidad de relacionarsesocialmente. Necesitaba atención pero era incapaz de conseguirla; incluso a veces lo que buscaba era el desprecio y la humillación: un cierto masoquismo mental. Con las mujeres apenas su relación pasó de un trato distante o incluso sólo por correo. El recuerdo de la madre debió de ser demasiado fuerte.

En cierto modo Walser es un personaje que recuerda a Ludwig Wittgenstein, que también dedicó toda su vida a abandonarlo todo: su acomodada posición social, su numerosa familia, su prometedor futuro; se decidió a perderse, a buscar escondites como cuando se fue a una aldea de Galitzia a impartir clases a niños, o cuando se retiró a una cabaña en Noruega, o a una especie de choza en Irlanda. Esa búsqueda de la soledad, ese desligamiento de la sociedad, les une. Walser, por otra parte, está incluido en el listado de bartlebys del libro de Vilá Matas Bartleby y compañía. No tanto por la obra que sí escribió sino por el constante desprecio que manifestó a su propia obra y su decisión final de enmudecer, de dejar de escribir y dedicarse a pasear. Wittgenstein también apostó por el silencio en algún momento y su aforismo nº 7 del Tractatus“sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar” podría muy bien aplicarse a la actitud de Robert Walser.

SINOPSIS

Jürg Amann nos acerca en esta biografía no sólo al Robert Walser escritor, sino también al ser humano. Al ensayo literario jalonado por las etapas vitales de Walser, se añaden más de noventa fotografías y documentos gráficos sobre su vida, así como una cronología. Numerosas citas de la obra de RobertWalser completan –gracias a su matiz autobiográfico– la imagen del escritor suizo. De este modo, JürgAmann elabora una singular biografía literaria, que no encasilla a Robert Walser, sino que ofrece al lector la posibilidad de redescubrir, por sí mismo, a este autor fascinante.

http://www.elplacerdelalectura.com/2010/07/robert-walser-una-biografia-literaria-jurg-amann.html


Las dos muertes de Robert Walser

A la vez poético y documental, el crítico Jürg Amann construye en esta biografía del escritor suizo un excepcional recorrido por la vida y la obra de un autor fiel a su literatura.

POR LUIS GUSMAN
Revista Eñe, 28 de octubre de 2010




El título de la biografía de Walser escrita por Jürg Amann y publicada en español por editorial Siruela es: Robert Walser-Una biografía literaria . Nunca más justo. La vida privada de este escritor adquiere los ribetes de una vida literaria, si entendemos por ello, una serie de vicisitudes que comienzan como hijo perdido, además tiene que contar un cuento. Es cierto, como dice el psicoanalista y pediatra inglés Donald Winnicott: “Si un chico se esconde no hay nada peor que no lo descubran”. El montaje de ese suicidio, una verdadera puesta en escena, es tan real que los familiares la creen hasta el punto de hundirse en la desesperación y el llanto; ésta es la primera ficción que inventa el escritor. O quizás, es su única actuación creíble ya que en los años venideros infructuosamente querrá ser actor. Por otra parte, la familia Walser no será ajena a estos actos extremos: Hermann, uno de sus hermanos, se suicida en 1919.

Jürg Amann (Winterthur, Suiza, 1947) ha dispuesto la biografía intercalando un capítulo escrito por él, y el capítulo siguiente con textos de Walser. La máquina narrativa de la que dispone Amann funciona a la perfección no sólo por la performance de su escritura sino que se sitúa en un registro poético y documental muy difícil de lograr; a lo que se agrega un lirismo que proviene de la profunda admiración por el escritor que está biografiando.

La manera que encuentra Amann para contar una vida ajena y a la vez tan íntima, introduce en el género biográfico una novedad que seguramente no pasará inadvertida. A lo largo de su vida, Walser ha sido fiel a su literatura y su literatura fiel a su vida, ambas están absolutamente imbricadas. Esta relación dramática le hace no sólo escribir esta frase, sino también vivirla: “El que se niega a perderse, tampoco conseguirá encontrarse jamás”. Cuando el lector lee esta biografía sigue los pasos de estos encuentros y desencuentros.

Lo que sucede es que cada hecho de su vida, Walser lo registra literariamente como en un cuaderno de contabilidad. Sobre su suicidio escribe: “los niños enfermos o extraviados son más valorados que los que se saben seguros”. De hecho, como uno puede comprobar en esta biografía, es que Walser nunca ha dejado de ser un niño desvalido. Amann va siguiendo los pasos de ese niño, ya que todos los capítulos llevan como título: En busca del niño perdido I, II, así hasta el capítulo XIII que lleva como subtítulo... Y “finalmente hallado”.

El biógrafo, crítico literario, habla de los frecuentes cambios de domicilio y de trabajo que atravesaron la vida de este escritor y que constituyeron parte de la trama de su obra.

En 1895 vive en Basilea; posteriormente, con su hermano el pintor Karl, en Stuttgart. Gracias a este hermano disponemos de varios retratos de Walser. Con él vivió en Zürich, y en el club de Hottingen llevaron a cabo diversas veladas de lecturas literarias, de Biel se trasladó a Berna.

Sus domicilios acompañaron sus trabajos y sus trabajos acompañaron sus domicilios. Sus mudanzas también fueron siguiendo los pasos de su hermano Karl. En 1906 en Berlín y en la casa de Karl, escribió su primera novela: Los hermanos Tanner .

Trabajó como empleado en una fábrica de tejidos elásticos, como ayudante del ingeniero inventor Dubler en la ciudad de Wädenswil, también como empleado de la Kantonalbank en Zürich, habiendo ya trabajado como aprendiz para la misma institución. En Berna durante unos meses se desempeñó como ayudante de bibliotecario en el archivo municipal; en Alemania ingresó como aprendiz en la escuela de criados de Berlín.

Sus oficios también se transformaron en literatura. Desde su primera novela publicada en 1907 que lleva como título: El ayudante , ya releva la experiencia vivida con el ingeniero inventor; narra, a la manera kafkiana: “la extraña fidelidad de un ayudante fatalista hacia su señor inventor de objetos inútiles, jugador y arruinado y su melancólica esposa”; su novela más famosa aparecida al año siguiente en 1908, Jakob von Gunten, como señala Amann, “es una extraña variante de novelas sobre discípulos, en la que no es tanto el discípulo quien depende de los educadores sino más bien la escuela depende de su último discípulo”. Aquí relata sus experiencias vividas en la escuela de criados de Berlín. Quizás esta inversión y esta inutilidad del mundo hasta volverlo absurdo, son los motivos por los cuales Kafka, según como confiesa en sus Diarios , cuando leía las novelas de Walser comenzaba a reír a carcajadas.

El paisaje nevado formó parte de su entorno cotidiano durante veintitrés años de su vida ya que el lugar donde estaba el manicomio donde estuvo internado desde 1933 quedaba en Herisau, capital del cantón natal de Appenzell, donde muere en 1956. Resulta impresionante ver en la biografía una secuencia de fotos que finalizan con el último día de su vida. En la foto final, Walser es hallado muerto. Las huellas negras de sus pisadas contrastan con la nieve blanca. Alguien fotografió esa pose fatal que parece una muerte fingida, escenográfica, como aquel suicidio que montó en su infancia. Muerte anticipada por escrito en Los hermanos Tanner : “¡Con qué nobleza ha elegido su tumba! Yace en medio de espléndidos abetos verdes, cubiertos de nieve... Yacer y congelarse bajo unas ramas de abeto sobre la nieve ¡qué espléndido reposo!” Walser tenía setenta y ocho años y murió un 25 de diciembre de 1956 dando su último paseo solitario por Herisau, ya que en esa ocasión su traductor y mecenas, el escritor Carl Seelig, no pudo acompañarlo. La trama que construye Amann acompaña esa última fotografía con un texto de “Una historia navideña” (1919): “Ojalá me dejara cubrir por la nieve y yaciera sepultado en ella y muriese dulcemente”. Entre estas dos navidades habían transcurrido treinta y siete años: toda una vida. Había nacido en Biel, en el cantón de Berna, en 1878. En su poema “Nieve” se pueden leer estos versos: “Nieve// Nieva que nieva, la tierra se cubre/ de un blanco quejido allá a lo lejos”. La excepcional biografía de Amann nos devuelve a ese paisaje y a ese lamento.

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/ficcion/muertes-Robert-Walser_0_361764026.html



Robert Walser
UNA BIOGRAFÍA LITERARIA

Jürg Amann

Por Luis Antonio de Villena
El Cultural, 27 de julio de 2010

Traducción de Rosa P. Blanco. Siruela. Madrid, 2010. 340 páginas. 24'95 euros



Poco a poco, el suizo de lengua alemana Robert Walser (1878-1956) se ha ido abriendo camino, no sólo como uno de los más notorios novelistas del principio de siglo germano (gracias a obras hoy ya clásicas como Jakob von Gunten o Los hermanos Tanner) sino como un caso humano de singular inteligencia y rareza, por lo que no es de extrañar que en esta biografía -casi autobiografía montada por el biógrafo- Jürg Amann no se preocupe únicamente del escritor (que al fin pudo parecer un fracasado), sino también del hombre que quiso alojarse voluntariamente en un manicomio y siempre se negó a abandonarlo. 

Lo que ha hecho Amann (con ayuda de abundante material fotográfico y de los manuscritos con la caligráfica letra de Walser) es redactar una introducción a cada período de la vida del novelista y poeta -todos empiezan con el epígrafe “En busca del hijo perdido” y hasta trece números romanos-, para inmediatamente después dejar la palabra al propio Walser, tomando fragmentos fechados de todas sus obras y epistolario. En tal sentido he hablado de “autobiografía montada por el biógrafo”, pues el lector se va a encarar mucho más a los textos de Robert Walser que a los de Amann, aunque sería un craso error subestimar la labor de éste (en apariencia parca) pues para escoger y ordenar los textos se precisa un conocimiento exhaustivo de la obra walseriana y tener en mente un plano significativo y estructurado de lo que fue una vida tan peculiar... 

Hermano de un notable dibujante que ilustró muchos de sus libros, Karl Walser, parece que Robert se sintió poco querido en su infancia, de donde el biógrafo extrae (en textos del propio biografiado) su peculiar mundo de errancias, soledad, singulares amistades o amores femeninos -a alguna de sus corresponsales no llegó a conocerla en persona- sus luchas con los editores, que al inicio le hicieron caso para irle olvidando poco a poco, lo que irritaba sobremanera a un hombre de natural calmo, y en fin, su final y sorprendente decisión de internarse en una casa de salud en Waldau, cerca de Berna, el 25 de enero de 1929, donde le lleva su hermana Lisa, preocupada por su soledad, pero de donde él no querrá salir nunca más (aunque los médicos se lo ofrecieron a menudo), abandonando durante los veintitrés últimos años de su vida no sólo la literatura -parece que le interesaba poco el tema- sino, de alguna manera, la vida misma. 

En 1919 había escrito: “En medio del avance ininterrumpido, me apeteció detenerme.” Y eso exactamente hizo. Paseando, después de almorzar (como solía) por el jardín nevado, el día de Navidad de 1956, Walser -olvidado del mundo- cae muerto de un súbito ataque al corazón. Sólo el escritor Carl Seeling (a partir de 1936 y durante casi diez años) visitó a Walser y paseó con él -era su entretenimiento favorito-, de donde sacó un interesante libro (traducido ya al español) Paseos con Robert Walser, que en cierto modo podría ser calificado de testamento literario “per interposita persona”. 

En 1947, un estudioso, Otto Zinniker, publica la primera biografía del recluido,El poeta Robert Walser, pero el biografiado no muestra el menor interés en ella. Poeta y narrador de la meditación y el desamparo, la obra de Walser rebosa una singular belleza que está por la vida y contra la vida, por lo que citaba con frecuencia a Hörderlin. “Deseo pasar inadvertido. Pero si a pesar de todo me prestan atención, yo no se la prestaré a los que atienden.” Y otra pista más: “Pues ¿qué era un muerto? Oh, una incitación a la vida. Nada más.” (Y esto está escrito en 1907, en Los hermanos Tanner). Caído en la nieve con 78 años, muerto al fin, o vivo al fin, entonces empieza verdaderamente la interpretación de una literatura lírico-meditativa, que no está llamada a dejar indeferente. Y que subraya (otra vez) que, aún no pareciéndolo, vida y literatura se comen, en prácticamente todos los autores, en un mismo plato. 

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/27662/Robert_Walser_Una_biografia_literaria

Jürg Ammann
Robert Walser: Una biografía literaria
Traducción de Rosa P. Blanco
Madrid, Siruela, 2010, 340 páginas
















OBRAS EN ESPAÑOL

  • Escrito a lápiz: MICROGRAMAS I (1924 - 1925)
  • Escrito a lápiz: MICROGRAMAS II (1926-1927)
  • Escrito a lápiz: MICROGRAMAS III (1925-1932)
  • La habitación del poeta (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2005)
  • El bandido (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2004)
  • Jakob von Gunten (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2003)
  • Historias de amor (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2003)
  • El ayudante (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2001)
  • Los hermanos Tanner (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2003)
  • Los cuadernos de Fritz Kocher (PRE-TEXTOS, 1998)
  • La rosa (EDICIONES SIRUELA, S.A., 1998)
  • El paseo (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2001)
  • Vida de poeta (EDICIONES ALFAGUARA, S.A. - GRUPO SANTILLANA, 2003)
  • Las composiciones de Fritz Kocher (UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, 2000)
  • Historias (EDICIONES SIRUELA, S.A., 2010)

viernes, 25 de enero de 2013

Raúl Gómez Jattin




Raúl Gómez Jattin

(1945 - 1997)



Raúl Gómez Jattin (Cartagena de Indias, 31 de mayo de 1945 - 22 de mayo de 1997), fue un poeta colombiano.



Raúl Gómez Jattin nació en Cartagena, el 31 de mayo de 1945, aunque todo el mundo lo tiene por cereteano, porque de Cereté, Córdoba, era su familia y allí pasó su infancia.



Su padre fue Joaquín Pablo Gómez Reynero. Su madre, Lola Jattin, nacida en Colombia de padre libanés y madre siria. Raúl Gómez Jattin fue educado en varias poblaciones de la costa norte colombiana.

Llegó a Bogotá en 1965 a estudiar Derecho en la Universidad Externado de Colombia. Era un muchacho de provincia tímido, respetuoso, inteligente y buen estudiante pero sin vocación, estudiaba Derecho por imposición paterna. En el teatro encontró su sitio. Entró pronto a trabajar con el Grupo de Teatro Experimental de su universidad, bajo la dirección de Carlos José Reyes, y participó durante años en un montaje tras otro.

Quienes tuvieron oportunidad de verlo actuar lo recuerdan como un excelente actor, muchos dicen que de los mejores que tenía el país. Un actor inmenso con vozarrón grave y profundo y ademán aristocrático que vivía para el teatro y parecía destinado a no hacer otra cosa.

Hasta que, alrededor de 1972, presentó en el Festival de Manizales un montaje propio, Las nupcias de su excelencia, que el público recibió con una tremenda pitada, dicen que porque no representaba lo que los grupos comunistas del momento esperaban de una obra de teatro.

Porque Raúl despreciaba el teatro panfletario: si el arte se vuelve propaganda, decía, pierde todo su valor. A él, que era orgulloso, que le silbaran en su primer montaje lo hundió; y salió huyendo. Dejó todo atrás y se volvió Cereté, a vivir en un terrenito que había comprado su padre muy cerca de la casa familiar y al que puso por nombre Mozambique, como las canciones de Bob Dylan y de sus admirados Richie Ray y Bobby Cruz.

Aunque regresó todavía a Bogotá y siguió haciendo teatro, no volvió nunca a escribir otra obra y se limitó a hacer adaptaciones. Muchos recuerdan aún su montaje de Los Acarnienses, una selección de algunos pedazos del texto de Aristófanes. El estudio a fondo de la pieza derivó en una obsesión por la cultura griega que le duraría toda la vida y que, con el tiempo, marcará su poesía.

Fue en Cereté, durante uno de esos continuos ires y venires a lo largo de los últimos 70s, cuando comenzó su locura, esos ataques que le daban de tanto en vez y que lo fueron metiendo en una vorágine de hospitales, drogas psiquiátricas e idas y vueltas de la normalidad a la locura. 

Esa locura de Raúl era locura de enfermo. No se volvió loco por las drogas ni por su vida excesiva. Era loco porque era loco, por esas cosas de la vida que lo enferman a uno y contra las que no hay casi qué hacer.

Y como Raúl era excesivo en todo, fue excesivo también en su locura. Los ataques que le daban eran tremebundos, asustadores, frenéticos. Cuentan los amigos que en esos momentos se volvía intratable, insoportable, inaguantable. Que no veían la hora de devolverlo para Cereté o de mandarlo para un psiquiátrico. Hospitales conoció muchos, aunque a menudo los directores se empeñaban en darle el alta, quién sabe si porque no terminaban de verle la locura o por quitárselo de encima. Él sabía también cómo manipular el mundo a su gusto con el cuento de que era loco.

Fue ahí, en esos años de vuelta en Cereté, cuando empezó también a escribir poesía. Poema tras poema que guardaba o que enviaba a los amigos sin más pretensiones. Hasta que uno de ellos, el más cercano toda su vida, se dio cuenta de que esos poemas de Raúl eran buenos y merecían ser publicados. Él mismo se encargó de la edición. Ese libro, el primero de Raúl Gómez Jattin, Poemas (1980), es hoy casi inencontrable.

Años después vendrá Tríptico ceretano (1988), la trilogía integrada por Retratos, Amanecer en el valle del Sinú y Del Amor, la cumbre de su obra. Ahí están algunos de los temas más escabrosos, tal vez los que más lo identifican entre quienes apenas lo conocen: drogas, amores prohibidos, escarceos de niño con empleadas domésticas rebosantes de lujuria, iniciaciones zoofílicas con terneras, con gallinas…


Pero están también la amistad, los recuerdos de infancia, el amor descrito en ocasiones con belleza conmovedora:

“Dibujo tu perfil del faro a las murallas 
Luz de alucinación son tus ojos de hierro 
El mar salta en las piedras y mi alma se equivoca 
El sol se hunde en el agua y el agua es puro fuego 
Eres casi de sueño. Eres casi de piedra con el vaivén del tiempo”

En 1989 publicará Hijos del tiempo, una obra madura, más serena que el Tríptico, donde el protagonista ya no es él mismo sino otros: Micerino, Teseo, Medea, Homero, Penélope y Odiseo, Scherezada, Li-Po, El rey moro, Moctezuma, El cacique Zenú, Antínoo… Uno siente como si esos poemas sin Raúl no fueran suyos. Aunque ahí está el estremecedor poema final a su madre, Lola Jattin, que recupera la belleza y la fuerza de los mejores del Tríptico.

La edición en 1994 de la antología Poesía 1980-1989, que recoge buena parte de sus tres primeros libros, lo dio a conocer a un público amplio. Es una antología de autor, que incluye sólo los poemas que Raúl quiso y que hasta cambia algunos.

Su última publicación, Esplendor de la mariposa (1995), ya no es, en cambio, un buen libro: esos poemas de manicomio y encierro apenas merecen la pena.

A Raúl lo recuerdan los amigos como un hombre elegante, de maneras aristocráticas, digno, culto, siempre cantando a Serrat y hablando de los griegos, preocupado por ser bien visto y porque se apreciara su poesía. Un hombre que sabía de su condición de enfermo y de drogadicto y que quería curarse.

Murió el 22 de mayo de 1997 en Cartagena de Indias. Muchos dijeron que se había suicidado, que se había “mandado” a una buseta. Pero no, Raúl no se habría suicidado. Tirarse a una buseta no sería propio de sus maneras aristocráticas. Y era, además, un hombre cobardón. Debió ser un accidente, un atropello a esas horas de la mañana en que los buses bajan a toda velocidad por la cuesta de la India Catalina. Nadie quiso decir nada y así quedaron las cosas. Pero no, los amigos saben muy bien que Raúl no se habría suicidado, que Raúl no se suicidó. Pocos años antes de morir Gómez Jattin aceptó abiertamente su homosexualidad.

Cuando apenas era todavía conocido, en 1983, el gran poeta Jaime Jaramillo Escobar le escribió en una carta lo que sigue siendo el mejor homenaje que se ha hecho a Raúl,

“eres el viento, eres un potrillo, eres el río que arrasa, no limitas con nada, no tienes cuñados en el cielo, no tienes participación en la bolsa de valores, eres un bruto, eres Atila, eres el mismísimo Adán, Dios en persona completamente loco deshojando los bosques y tirando las hojas al aire, eres el ciclón, la barriga pelada, el escándalo furioso, todo lo que yo no soy ni hay aquí poeta que lo sea, eres el fauno, el unicornio, el centauro, el volcán, eres el putas...”





ME DEFIENDO

Antes de devorarle su entraña pensativa
Antes de ofenderlo de gesto y palabra
Antes de derribarlo
Valorad al loco
Su indiscutible propensión a la poesía
Su árbol que le crece por la boca
con raíces enredadas en el cielo

Él nos representa ante el mundo
con su sensibilidad dolorosa como un parto

Raúl Gómez Jattin



Obras publicadas

• Poemas (1981) 
• Retratos (1980-1989) 
• Amanecer en el valle del Sinú (1983-1989) 
• Del Amor (1982-1987) 
• Hijos del tiempo 
• Esplendor de la mariposa (1993). 
• Los poetas, amor mío... (2000) -Libro póstumo-. 
• Conjuro (1957-)


Antologías y recopilaciones

• Raúl Gómez Jattin. Poesía 1980-1989. Norma. Santafé de Bogotá. 1995. ISBN 958-04-3059-4 
• Raúl Gómez Jattin. Amanecer en el Valle del Sinú: Antología Poética. Pre-Textos. Valencia. 2006. ISBN 84-8191-734-6

Libros sobre Raúl Gómez Jattin

José Antonio de Ory, Ángeles clandestinos. Una memoria oral del poeta Raúl Gómez Jattin. Grupo Editorial Norma, Bogotá, Colombia, 2004 ISBN 958-04-8245-4

Fuente

Wikipedia - http://es.wikipedia.org/wiki/Raúl_Gómez_Jattin




domingo, 20 de enero de 2013

Porfirio Barba Jacob / Uno de los malditos

Los 17 malditos


Porfirio Barba Jacob
(1883 - 1942)



Porfirio Barba-Jacob (Seudónimo de Miguel Ángel Osorio Benítez; Santa Rosa de Osos, 29 de julio de 1883 - México, 14 de enero de 1942) Poeta y periodista colombiano polémico e influyente, cuya obra suele clasificarse dentro de un modernismo ecléctico. Hijo de Antonio María Osorio y Pastora Benítez, se crió con sus abuelos en Angostura y en 1895 inició su peregrinaje, que lo llevo por varias ciudades del país y, a partir de 1907, a Centroamérica y Estados Unidos.

En su primera juventud fue un sencillo maestro de escuela rural en Antioquia, donde fundó la campesina Escuela de la Iniciación. A los 23 años, habiéndose trasladado de Antioquia a Barranquilla, comenzó a publicar sus primeros poemas, entre ellos la Parábola del retorno, muy conocida en Colombia. Entonces adoptó el sobrenombre de Ricardo Arenales, que usó hasta 1922, cuando en Guatemala, lo cambió por Barba Jacob que conservó hasta su muerte. Con algunos amigos trovadores colombianos, se trasladó a México.

Comienza así una vida de incesante recorrido por varios países de América, siempre alternando su tarea de periodista con su vocación de poeta. Establecido en Monterrey, fundó en esa ciudad la Revista Contemporánea y fue jefe de redacción del periódico El Espectador. Por sus ataques al régimen porfirista pasó seis meses en la cárcel, de la cual fue sacado por los revolucionarios. Posteriormente colaboró en México capital con El imparcial y El independiente, así como en la revista El Porvenir. De México se vio obligado a huir al publicar el reportaje periodístico titulado "El combate de la ciudadela narrado por un extranjero", que relata los sucesos que siguieron al asesinato del ex presidente Francisco Madero.

Pasó entonces a Guatemala en 1914, donde dejó honda huella literaria. Ese año su amigo el poeta y cuentista guatemalteco Rafael Arévalo escribió su mejor cuento, titulado El hombre que parecía un caballo, relato que se refiere a Barba-Jacob y que, al mismo tiempo que dio notoriedad al autor, señaló el inicio del forjamiento de la leyenda del poeta colombiano. También de Guatemala tuvo que huir, dejando a medio publicar su obra Tierras de Canaán.

En 1915 viaja por segunda vez a Cuba (ya había visitado la isla en su primer viaje hacia México), donde compone sus poemas Canción innominada, Elegía de septiembre, Lamentación de octubre, Soberbia y Canción de la vida profunda, que es su poema más célebre. Tras pasar algunos meses en Nueva York, se trasladó a Honduras, donde fundó el diario Ideas y Noticias en un pueblito del norte, La Ceiba. De Honduras pasó a El Salvador el 7 de junio de 1917, día en que ocurrió el terremoto que destruyó la ciudad. Porfirio Barba Jacob escribió como homenaje su folleto El terremoto de San Salvador, narración de un sobreviviente. Regresado a Monterrey, fundó el periódico El Porvenir, que llegaría a convertirse en un gran diario del norte de México.

En 1920 se encontraba de nuevo en México capital, escribiendo crónicas espantosas y sensacionalistas, como la serie de cinco reportajes titulada Los fenómenos espíritas en el palacio de la Nunciatura. Los relatos se desarrollaban en el palacio que había sido destinado para residencia del Nuncio. El gobierno prohibió la entrada del representante papal, por lo cual el edificio quedó vacío y se convirtió más bien en sede de las orgías del poeta colombiano, quien, entre otros excesos y extravagancias, se dedicaba por aquel entonces al consumo y exaltación de la marihuana. En esta época escribió poemas como "El son del viento", "Balada de la loca alegría", "Canción de la soledad" y otros.

Durante el año 1921 dirigió la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco, adonde fue a visitarlo el escritor español Ramón del Valle Inclán. Tuvo que dejar ese cargo debido a sus escándalos. El año siguiente fue expulsado igualmente de México a causa de las diatribas lanzadas contra el gobierno de turno. Volvió de nuevo a Guatemala, y logró hacer del periódico El Imparcial el más importante de toda Centroamérica. Viéndose expulsado de este país y luego también de El Salvador, se disfrazó de cura y se dedicó a la predicación a lo largo de las plantaciones bananeras de Honduras.

En 1925 regresó por tercera vez a Cuba, donde simpatizó con los fundadores del partido comunista, pero un año más tarde estaba dirigiendo el periódico La Prensa de Lima. Caído en desgracia ante el gobierno de Perú, después de vagar largo tiempo en ambientes de miseria, el embajador de Colombia lo repatrió a su país. Habían transcurrido 20 años desde su salida. Durante tres años recorrió diversos pueblos y ciudades de Colombia dando recitales de sus poemas. También se desempeñó como jefe de redacción de El Espectador de Bogotá. Más tarde viajó de nuevo a Cuba, donde se encontró con el poeta español Federico García Lorca.

Finalmente, en 1930 se le abrieron de nuevo las puertas de México, y allí publicó durante varios años, en el periódico Excélsior, su columna "Perifonemas", en una prosa magistral, no igualada por ningún otro periodista contemporáneo de América. Lastimosamente, sus artículos no han sido recogidos en un volumen. Por otra parte, el propio Barba Jacob no estimaba mucho su producción, dado que entendía su profesión de periodista como una mera forma de ganarse la vida. Nunca se preocupó de publicar sus propios versos, pues jamás se sentía satisfecho con sus escritos, sino que los pulía continuamente, pero sus poemas aparecieron en las más prestigiosas revistas del continente.

Todavía en vida del poeta, sus amigos le publicaron tres recopilaciones: Rosas negras (1932, en Guatemala), Canciones y elegías (1933, en México) y La canción de la vida profunda y otros poemas (1937, en Manizales). Una cuarta recopilación fue publicada póstumamente en una imprenta oficial, con el título Poemas intemporales (1944). Murió en Ciudad de México consumido por la marihuana, el alcohol, la tuberculosis y la miseria.

El conjunto de su obra muestra un estilo modernista anacrónico, lleno de palabras altisonantes, pero con un ritmo emocionado, angustioso, sincero y pasional. Influido por Baudelaire, tiene más vida interior que imaginación, y temperamento más romántico que modernista; se acerca unas veces a la belleza formal de Rubén Darío, a la delicadeza de Amado Nervo, al vigor de Santos Chocano y al sentido trágico de José Asunción Silva, en una agitación lírica menos irregular que su vida misma; fue indudablemente un gran poeta.


Porfirio Barba Jacob, 1949
Caricatura de Omar Rayo

FRASES


"La poesía es la religión de los cultos. Si en lugar de adorar a Jesús amáramos a Homero, la humanidad no sufriría tanto."
"El corazón del campo te dará su vigor para entrar en el último sueño."
"La dama de los cabellos ardientes."
"Nadie puede impedir que un perro callejero se orine en el monumento más glorioso."
"Vale más el oro del sonido, que el sonido del oro."


Porfirio Barba Jacob, uno de 'los malditos' autores latinoamericanos


Un libro reúne 17 perfiles de desdichados, 

pero con una gran obra. 

Aparte del perfil del colombiano.


¿Quién era en realidad? Porfirio Barba Jacob, que de niño y de joven fue Miguel Ángel Osorio, que durante un breve tiempo fue Maín Ximénez y luego, durante un tiempo no tan breve, Ricardo Arenales: ¿quién era este hombre? Porfirio Barba Jacob, que al final de su vida llegó a pensar en llamarse Juan Pedro Pablo y pasar así de tener un nombre que no tenía nadie a tener un nombre que era todos y, por tanto, lo convertía en nadie: ¿quién era? El 23 de junio de 1941, medio año antes de su muerte, Porfirio Barba Jacob escribía en una carta: "Mi enfermedad sigue avanzando. Ya no soy Barba Jacob el optimista, Barba Jacob el errabundo, Barba Jacob el impetuoso. Ahora soy el viajero que se marcha definitivamente hacia lo desconocido". Barba Jacob el agnóstico, Barba Jacob el iconoclasta, ahora escribía: "Pero ya creo en Dios, ha resucitado en mi alma la fe vibrante y consoladora, mi corazón ha vuelto a la niñez". No fue la única vez que asoció la religión con la nostalgia: "Mi fe renacida en los escombros de mi alma", escribió más tarde, "el recuerdo de la niñez, esas cosas que se van ahondando en el corazón a medida que pasan los tiempos".
Eso escribía el que ya no era Barba Jacob el impetuoso, Barba Jacob el errabundo, Barba Jacob el optimista. Todas esas cosas no era. ¿Pero quién era, entonces?

Era un colombiano que vivió más tiempo fuera de Colombia que en ella. Era un periodista mercenario que solo escribía por dinero pero que produjo, según Alfonso Reyes, la mejor prosa periodística de la lengua española. Era un defensor de ideas liberales que, en algún momento, justificó los fascismos europeos. Era, como lo escribió el poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda, "homosexual, sifilítico y marihuanero", pero también un espíritu conservador que aconsejaba a alguien en una carta: "cuide su moral y su salud, no pierda todo el tiempo, lea cuanto pueda". Era un oportunista que llegó a escribir una biografía del revolucionario mexicano Pancho Villa, a pesar de que años antes había tenido que huir de México por sus escritos antirrevolucionarios.




Todo eso era.


Y era un poeta, un gran poeta que nunca publicó un libro en vida. Sus versos aparecieron en revistas de mayor y menor prestigio, en periódicos, en cuadernillos, pero si hubo libros fue porque los publicaron sus amigos, a veces sin consultárselo, lanzando al mundo versiones muy diversas de los poemas, lo que le provocaba grandes disgustos. En síntesis: la bibliografía de Barba Jacob es una contradicción tozuda. Los libros que quiso publicar quedaron inéditos; los que se publicaron durante su vida no tuvieron su participación cabal.


Libros que quiso publicar y no publicó: una novela de juventud llamada Virginia, escrita en el municipio colombiano de Angostura y cuyo manuscrito fue sometido a embargo por el alcalde bajo cargos de inmoralidad. Una colección de poemas titulada La vida profunda que, anunciada en 1928, recogería los poemas de su vida pasada pero que nunca llegó a existir. Una colección de poemas sin título que recogería los poemas de su vida presente pero que, por supuesto, corrió la misma suerte desgraciada. Un tratado sobre la "Filosofía del lujo". Una novela sobre su niñez titulada Viaje a Sopetrán, y de la que llegó a escribir algunas páginas que se perdieron después de su muerte.


Libros que otros publicaron sin pedirle autorización o sin que él tuviera oportunidad de dar el visto bueno sobre las versiones de los poemas o sobre su organización: Rosas negras, publicado por sus amigos de Guatemala en 1932, sin su consentimiento, usando como prólogo un escrito autobiográfico que Barba Jacob había escrito en México años atrás. Canciones y elegías, publicado por sus amigos de México en 1933. La canción de la vida profunda y otros poemas, publicada en Colombia por Juan Bautista Jaramillo Meza en 1937. Y el que apareció después de su muerte: Poemas intemporales. Se publicó en México, en 1944. El escritor colombiano Fernando Vallejo, autor de El mensajero, la mejor biografía jamás escrita sobre Barba Jacob, dice que se publicó en una "imprenta oficial y con papel regalado".


Todo lo cual, como se sabe, no ha impedido que miles de colombianos sean capaces de recitar, aunque nunca hayan oído hablar de Porfirio Barba Jacob, los siguientes versos:

Hay días que somos tan móviles, tan móviles,

Como las leves briznas al viento y al azar.

De manera que Porfirio Barba Jacob fue muchas cosas.


Bueno, sí. ¿Pero quién era?


(...)


En octubre de 2010, durante una larga mañana lluviosa de París, Fernando Vallejo me habla de la muerte de Barba Jacob. Estamos en un comedor de hotel en el bulevar Raspail; hemos comenzado a hablar de El mensajero. Vallejo lo escribió dos veces: una vez usando la tercera persona que corresponde a las convenciones de la biografía y otra en primera persona, esa primera persona airada y caprichosa y llena de digresiones que usa en sus novelas. ¿Qué lo llevó a rehacer por entero un libro ya publicado? Muy sencillo: Vallejo había llegado al convencimiento de que el proceso de investigación sobre la vida de Barba Jacob había sido igual de interesante que la información conseguida.


-En una biografía -me dice- lo importante no solo es saber, sino contar cómo se sabe.


Y Vallejo sabe mucho de Barba Jacob. Le pido entonces que me hable de él. O mejor: le pido que me hable de su muerte, ocurrida en Ciudad de México y en la madrugada del 14 de enero de 1942.


-Desde el día anterior había estado bajando la temperatura -me dice-. Esa noche estaban a seis grados bajo cero. El agua se congelaba en las tuberías.


Barba Jacob vivía en el tercer piso (segundo, si no se cuenta la planta baja) del número 82 de la calle de López, un apartamento frío y desnudo que sin embargo era mejor que la pieza del Hotel Sevilla en la que había pasado los últimos años. Se había mudado el 2 de enero, según Vallejo, "para tener un lugar decente donde recibir a sus últimos visitantes". Estaba consciente de que le quedaba poco de vida, de que la tuberculosis que lo aquejaba estaba ganando la batalla, y quería tener un mejor lugar para recibir visitas.


-El problema es que los visitantes ya no llegaban -dice Vallejo-. O por lo menos no como antes.


Como antes. Durante los años en el Hotel Sevilla, la habitación de Barba Jacob había sido una especie de lugar de encuentro de la vida mexicana. La gente comenzaba a llegar a las siete y se iba a la madrugada. Escritores, marihuaneros, poetas, políticos, borrachos, artistas: Alfonso Reyes, José Revueltas, Octavio Paz: todos pasaron por el cuarto de Barba Jacob, todos lo oyeron recitar poesía y dar opiniones políticas con un cigarrillo encendido entre los dedos. Sobre esa habitación Vallejo escribió: "Lejos de la prosaica realidad, caldeado por el humo de la marihuana, el cuarto empezaba a flotar, como globo aerostático". Barba Jacob recibiendo el homenaje de sus admiradores, Barba Jacob recibiendo las acusaciones de sus enemigos, Barba Jacob peleándose con sus amigos y echándolos del cuarto. Barba Jacob mostrándoles fotos de muchachos desnudos, Barba Jacob metiendo en el cuarto a jóvenes que encontraba por la calle y que a veces le robaban, Barba Jacob leyendo, muerto de risa, las acusaciones de homosexualidad que le lanzaban los periódicos mexicanos. Barba Jacob tomando tequila de una botella que parecía no tener fondo, Barba Jacob cocinando sancochos y preparando agua de panela en un reverbero de alcohol, Barba Jacob usando el alcohol del reverbero para darle algo más de interés al agua de panela. Barba Jacob, en fin, tosiendo hasta echar sangre por la boca. "Mis pulmones son ya una pobre cosa que se deshace", escribió en una carta en junio de 1941.


-Lo operaron por esos días -dice Vallejo-. Le dijeron que con esa operación le regalaban ocho meses de vida, y resultó verdad. En todo caso, en enero del 42 ya estaba en las últimas. Le subían los tanques de oxígeno por la escalera. Los tanques de oxígeno pesan mucho, y se los subían por la escalera, hasta el tercero, para que pudiera respirar. (...)




En la pluma de Vásquez
Ganador del Premio de Novela Alfaguara el año pasado, por 'El ruido de las cosas al caer', el escritor Juan Gabriel Vásquez participa en 'Los malditos' con un extenso perfil de Barba Jacob. La no ficción ha sido parte importante, también, de la carrera literaria del autor bogotano.
'Los malditos'
Los perfiles -de autores como Alejandra Pizarnik y César Moro- fueron hechos por periodistas y escritores de América Latina. La edición estuvo a cargo de la periodista argentina Leila Guerriero y fue publicado por la Editorial Universidad Diego Portales, de Chile.
http://www.eltiempo.com/cultura/libros/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-10942729.html


RECOPILACIONES DE SUS OBRAS
  • Campiña Florida (Barranquilla, 1907).
  • Canciones y Elegías (México, 1933).
  • Rosas Negras (Guatemala, 1933) 
  • Poemas intemporales (México, 1944).
  • Antorchas contra el viento (Bogotá, 1944).
  • Poemas Fernando Vallejo (editor). Procultura. (Bogotá, 1986).
  • Antología S. Ernesto Ojeda (editor). Editorial Panamericana (Bogotá, 1994). 
  • Rosas negras (antología hecha por Luis Antonio de Villena) Mestral Poesía. (Valencia, España,1988).

Referencias

www.biografiasyvidas.com/biografia/b/barba_jacob_porfirio.htm