domingo, 11 de agosto de 2013

Quentin Tarantino

Quentin Tarantino
(1963)


Quentin Tarantino es guionista, director, productor y actor. La carrera de Quentin Tarantino es corta, pero ya es considerado director de culto e icono del cine independiente. Entres los premios obtenidos se cuentan dos Óscar, el Glogo de Oro, la Palma de Oro y el BAFTA. Comenzó en la década de los 90 y promete hacer cine hasta los 60 años. Sus historias, no lineales, magnifican la violencia. 

La vida de este gran guionista, director y actor estadounidense es una de esas que se reservan para las estrellas. Un toque de suerte, mucho carisma, genialidades y estilo, son algunos de los condimentos que encontraremos en la receta de su vida.

Quentin Tarantino nació en Knoxville, Tennessee, el 27 de marzo de 1963 y cuando cumplió dos años ya residía en South Bay, al sur de Los Ángeles. Se crió con su madre soltera y siempre sintió una atracción especial por el cine. Desde muy joven recibió las influencias de diversas culturas populares y cinematográficas.




A los 22 años llegó a Video Archives en Manhattan Beach y se sintió como en su casa, allí sus conocimientos de películas antiguas le fueron sumamente útiles y junto a Roger Avery y Jerry Martínez convirtieron el local en una escuela de cine improvisada.

Con el fin de generar escenas prácticas en sus clases de interpretación, Quentin Tarantino, comenzó a escribir y pulió al máximo esta faceta suya.

Los años corrían y Tarantino pretendía poner en marcha algunos guiones que tenía, pero las oportunidades no aparecían y en su lugar se dejaba notar la frustración. El golpe de fortuna llegó con el guión de "Reservoir Dogs" en 1991, el cual pretendía convertirse en una película sumamente minimalista, barata, en 16mm y con sus amigos como principales intérpretes.

Por fortuna ese guión llegó a manos de Lawrence Bender, quien quedó fascinado y destinó toda su ambición a que se convirtiera en una excelente película. Con las actuaciones de Harvey Keitel, Michael Madsen, Steve Buscemi, Tim Roth, Lawrence Tierney, Chris Penn y el propio Tarantino, "Reservoir Dogs" se transformó en un verdadero éxito a nivel mundial



La carrera de Quentin Tarantino había comenzado y su nombre ya se encontraba en el tapete, lo que vino luego fue todo muy vertiginoso y el director jamás defraudo, lo cual pone a las claras que estamos ante un hombre de cualidades indiscutibles y sobre todo un trabajador incansable.

En 1992 estrena "True Romance" (Amor a quemarropa), la cual fue dirigida por Tony Scott; y un año después se presenta "Natural Born Killers" (Asesinos natos), la cual fue reescrita y dirigida por Oliver Stone.

En 1994 Quentin Tarantino definitivamente se consagra como un guionista y director de suma importancia a nivel mundial con el estreno de "Pulp Fiction", película para la que contó con las actuaciones estelares de John Travolta y Uma Thurman.

A pesar de que la brevedad de su carrera, Tarantino ya es considerado como un director de culto, un icono del cine moderno y actual independiente. De todos modos queda a la vista en sus participaciones actorales su viejo sueño de ser actor, el cual ha logrado concretar, aunque todos sabemos que el guión y la dirección son sus lugares indicados.



Reciclaje Tarantino

En obra de Quentin Tarantino se impone recoger materiales no considerados como productos de alta calidad, y convertirlos en verdadero arte


Ritmo, ingenio, banda sonora, ironía, tempo a la hora de graduar los diálogos y aderezos cómicos (¡esa carreta de dentista con la muela ondulante!) se unen en las extraordinarias dos primeras secuencias deDjango desencadenado, portentos de violencia barriobajera y de insólita desvergüenza cómica que, como la secuencia inicial de Malditos bastardos, pasarán a la historia como parte de lo mejor del cine de Tarantino. Eso sí, a partir de ahí, y como le viene ocurriendo en sus últimos trabajos (no en los dos primeros, Reservoir dogs y Pulp fiction,deslumbrantes, perfectos), a Tarantino le puede un tanto la desmesura. Quizá como metáfora de esos disparos de las Smith & Wesson del siglo XIX que resquebrajan cuerpos como bazocas del XXI, las dos horas y 45 minutos de duración se antojan excesivas. Lo que unido al equivocado trazado del personaje de Samuel L. Jackson (un fantoche paródico en medio de una farsa grotesca, lo que no es lo mismo), provoca que se rebajen un tanto las prestaciones de un, por otra parte, festín visual de primera magnitud.

Sally Menke, la creadora del 'ritmo Tarantino'

Para el director era su "única y auténtica colaboradora"

El estilo Tarantino, ese estilo de rodar películas que golpeó al público en 1992 con Reservoir dogs, ha perdido uno de sus puntales. Quentin Tarantino tiene un oído extraordinario para los diálogos y la música, escribe personajes antológicos y bucea en la historia del cine sin complejos. Pero a todos esos elementos los une una amalgama, el ritmo, y eso nacía de Sally Menke. El pasado lunes 27, Menke, de 56 años, la montadora de todos los largometrajes de Tarantino, fallecía en Los Ángeles mientras caminaba por un sendero en el cañón Bronson en el parque Griffith, una zona agreste de barrancos. El resultado de la autopsia asegura que la muerte le sobrevino tras un golpe de calor, por culpa de los 45 grados que marcaban los termómetros en el día más caluroso en la ciudad californiana desde que en 1877 empezaron a archivarse estos datos. Para Tarantino ha sido una pérdida devastadora en lo personal y en lo artístico
Sally JoAnne Menke nació el 17 de diciembre de 1953 en Mineola (Nueva York). En 1978 se graduó en la escuela de artes Tisch, dependiente de la Universidad de Nueva York. Empezó a trabajar como montadora en documentales y en reportajes de las cadenas de televisión CBS y PBS. "Siempre recomiendo a mis ayudantes que empiecen en los documentales como entrenamiento para saltar a la ficción. Los documentales son emoción, impulso, instinto", aseguró Menke en una entrevista en Daily Variety. En su primer trabajo en un largo de ficción montó la comedia Cold feet (1983) y no volvió al cine hasta 1990 con Las tortugas ninja. "Quentin estaba buscando un editor barato y me entrevistó para Reservoir dogs". A Menke el guión le había parecido sorprendente, y se fue a hacer marcha a Canadá. Desde allí telefoneó a Tarantino para saber si había logrado el trabajo, y recibió una respuesta afirmativa. Así nació una relación que la misma Menke calificó de "relación simbiótica creativa". Tras El cielo y la tierra (1993), de Oliver Stone, volvió a trabajar con Tarantino en Pulp fiction (1994) con la que Menke obtuvo su primera candidatura al Oscar. Ella siempre estuvo al lado del genio en la mesa de montaje en Four rooms, Jackie Brown, Kill Bill 1 y Kill Bill 2, Death proof y en Malditos bastardos, su segunda aparición en los Oscar. Gracias a su trabajo en el díptico Kill Bill fue elegida Montador del Año en el festival de cine de Hollywood. "Quentin dice que no sabe dónde empiezan sus ideas y acaban las mías, y viceversa. Pero somos lo suficientemente diferentes en el aspecto creativo como para que sigamos creciendo". Joan Sobel, ayudante de Menke en cuatro largometrajes, la definía así en Los Angeles Times: "Era una brillante montadora, rápida e innovadora. Tenía la habilidad de ver el punto de vista de la secuencia y a la vez tener en cuenta la película en su conjunto". El mismo Tarantino dijo de ella: "Es mi única y auténtica colaboradora. Las mejores relaciones en equipos de director y montador ocurren cuando cada uno de ellos puede acabar las frases del otro. A nosotros nos pasaba".
Sally Menke también trabajó con Lee Tamahori (La brigada del sombrero), Ole Bornedal (La sombra de la noche), Billy Bob Thornton(Todos los caballos bellos y Daddy and them) y Michael Lander(Peacock). El martes, Menke salió pronto de su casa con un amigo y su perro labrador a realizar la excursión. A la hora de marcha decidió acortar de vuelta al hogar, y nadie volvió a verla. Su marido, el director Dean Parisot, alarmado tras saber que su acompañante ya estaba en su casa, llamó a la policía a las cuatro de la tarde. Su cuerpo fue encontrado a las dos de la mañana del martes, con su labrador negro al lado muy deshidratado.




QUENTIN TARANTINO

«La esclavitud es el equivalente americano al Holocausto»



por LUIS MARTÍNEZ

En un lujoso hotel junto al Central Park neoyorquino nos recibe un señor de casi 50 años que odia hablar de la violencia de su cine. El director de 'Pulp Fiction', 'Kill Bill', 'Reservoir Dogs', y ahora 'Django desencadenado'. El hombre que cambió las reglas.
Han pasado casi 20 años desde que se estrenara 'Pulp Fiction' en octubre de 1994. Por primera vez, una película cuadraba el círculo: cine independiente capaz de llevar al gran público a las salas. Aquella película, con su relato fracturado, sus diálogos explosivos y su celebración desinhibida de la cultura pop, se convirtió en la primera producida lejos de los grandes estudios que sobrepasó la barrera de los 100 millones. Ahora, el responsable de todo aquello, Quentin Tarantino (Knoxville, 1963), ya no es el 'enfant terrible' o simplemente 'nerd' que con apenas 30 años cambió las reglas del cine para siempre.
En este preciso momento, en el lujoso hotel al lado del Central Park neoyorquino donde tiene lugar la entrevista, nos recibe un señor de casi 50 años que odia hablar de la violencia de su cine, que no teme referirse a su posible retirada y que, ¡dios mío!, se peina al modo persiana, síntoma ineludible del paso del tiempo. Su último trabajo, no obstante, mantiene de forma pulcra el libro de estilo de una forma de hacer cine tan original, peculiar y única como, y pese a todos sus imitadores, inimitable. El hombre que liberó a Django, a 'Django desencadenado'.


Pregunta.— Da la impresión de que con esta película, más madura, más cruda, menos divertida, cierra un círculo, acaba una etapa.

Respuesta.— Sí, de hecho me he pasado la vida respondiendo a la pregunta: '¿Y ahora qué?'. Y en este momento siento que la pregunta es más pertinente que nunca, porque, realmente, no tengo respuesta. Quizá por primera vez. No hay otros géneros cinematográficos esperando a que me haga cargo de ellos. Yo mismo siento que he cerrado una etapa.
P.— ¿Está hablando de retirada, acaso?

R.— Bueno, tengo claro que nunca haré cine por hacerlo. No me gustaría verme caer por la pendiente de la decrepitud creativa. Prefiero pensar que todas las cosas que he hecho son relevantes y que se recordarán dentro de 20 a 30 años... Por lo demás, he dedicado mi vida al cine. No tengo ni familia ni nada más que un puñado de películas. No soportaría vivir de las rentas y verme haciendo las últimas películas que hicieron genios como Billy Wilder, por ejemplo.
P.— ¿Qué es lo más ha cambiado de su concepción del cine desde que empezó?

R.— Bueno, ahora hago mejores películas y... despido más rápido a la gente [se ríe].
P.— ¿Siente que ya ha hecho todo en el cine?

R.— Paso la mayor parte de mi tiempo viendo y estudiando cine. Nunca paro de aprender. Me considero, de hecho, un aprendiz, no un maestro, y tengo claro que el día que me gradúe será el día que muera. Una de las actividades que más me gusta actualmente es analizar películas para algún director o actor. Disfruto mucho con esto y lo considero una extensión más de mi trabajo como director.
P.— ¿Qué momento prefiere del largo proceso de hacer una película?

R.— Sin duda cuando más feliz soy es en los preparativos: cuando me informo, cuando veo películas, cuando construyo el guión de lo que será un nuevo proyecto.
P.— Ahora que se acercan los Oscar, ¿qué significan los premios para usted?

R.— Son fundamentalmente muy divertidos. El único premio que considero un trofeo por encima de cualquier otro es la Palma de Oro por 'Pulp Fiction'. Todos los demás, los Bafta, los Oscar, los Globos de Oro... están por detrás. En cualquier caso,un Oscar no hace mejor o peor una película. Muchísimas películas o actores que admiro profundamente jamás tuvieron reconocimiento alguno. Un ejemplo es Eli Wallace en el 'El bueno, el feo y el malo'...
P.— Y ahora, por fin, su 'spaghetti-western'...

R.— Me gustan los 'westerns', pero, sobre todo, los 'spaghetti-westerns' de directores como Sergio Corbucci y Sergio Leone. Hay influencias estéticas del 'spaghetti' en todas mis películas. 'Pulp Fiction' es un moderno 'rock and roll-spaghetti-western'. El rock and roll funciona de la misma manera que la música de Ennio Morricone en los 'spaghetti'. Lo mismo ocurre en Kill Bill, en la segunda parte especialmente, o en la primera secuencia de 'Malditos bastardos'. He estado usando sus reglas estéticas, narrativas y su música a lo largo de la última década. Ya era hora de que hiciera uno. En cualquier caso, conviene tener en cuenta que no puedes hacer hoy en día un 'spaghetti-western' tal cual; de la misma manera que tampoco puedes rodar un 'film-noir', porque los dos géneros son producto de su tiempo.
P.— En su anterior película, 'Malditos bastardos', acababa con Hitler y en ésta, a su manera, asesina a la imagen más cercana al nazismo que ha dado la historia americana, la de los esclavistas. ¿Por qué ese empeño de revisar la Historia desde el punto de vista de las víctimas?

R.— No las considero revisionistas, no se trata de contar la Historia de otro modo ni nada de eso. Aunque las dos están basadas en hechos reales, tengo claro que son trabajos de la imaginación. Lo que sí es cierto y creo que es importante resaltar, dada la fama de mi cine, es que por crueles y desagradables que nos parezcan las atrocidades que se ve en ellas, la realidad fue mucho peor.
P.— ¿Le molesta que le recuerden una y otra vez lo violento que es su cine?

R.— Hace 20 años que me veo obligado a responder por la violencia en mis películas. Digamos que hace tiempo que desistí de intentar explicarlo. Quien lo quiera entender, bien...
P.— Pero en esta película sí que se experimenta una diferencia con respecto a sus trabajos anteriores...

R.— Sí, es cierto. Y, por eso, ahora sí que es una pregunta legítima. Hay dos tipos de violencia en esta película que buscan dos reacciones diferentes en la audiencia. Por un lado, está la que practican los supremacistas y que es muy respetuosa con las víctimas. Cinematográficamente tiene que estar bien hecha, pero no es divertida. No hay ningún tipo de placer o divertimento en ella. Y precisamente la idea es crear un contraste entre el momento de celebración del 'western' y de la violencia dentro del 'western', y ésta otra forma de contemplarla. Y es precisamente la oposición la que la hace relevante. Esto es un elemento completamente nuevo en mi filmografía. En montajes previos, era incluso más salvaje. Y tuve que atemperarlo para hacerlo soportable. No era mi intención traumatizar más de la cuenta. Al final, es casi un imperativo moral que Django acabe vengándose. Digamos que ese momento catártico hace que sea, como es, una película de aventuras y no un documental sobre las atrocidades de la época.
P.— ¿Cree que la violencia en el cine puede influir en la realidad? Le pregunto por la polémica suscitada a tenor de los atentados en Newtown (Connecticut).

R.— No estoy para nada de acuerdo. Hay mucha más violencia en los informativos y nadie habla de prohibirlos o censurarlos. La ficción es la ficción. Si alguien cree que puede imitarla en la realidad es un problema de él, un problema psíquico, no es un problema de la película. No estoy a favor de controlar la creatividad, de censurar el cine...
P.— ¿Y las armas? ¿Sería partidario de controlar la posesión de las armas en su país?

R.— Sobre este asunto no voy a hablar. No tengo una opinión al respecto. Cualquier cosa que diga, estoy seguro que se malinterpretaría. ¡Por dios, acaban de morir más de 20 personas!
P.— La película llega a la cartelera con la reelección del primer presidente negro en la Historia de Estados Unidos aún reciente. ¿Es ésta su primera película política?

R.— Créame si le digo que el hecho de que Obama sea presidente no me afectó lo más mínimo. Me interesaba la historia, nada más, independientemente de cualquier hecho de la política actual. Sí es cierto que ya me ha ocurrido que gente (blanca, por supuesto) al enterarse de lo que trata Django me dicen: «A santo de qué un asunto así. Ya tenemos un presidente negro. Todo eso es cosa del pasado». Me lo dicen como si quisieran dejar claro que ya está todo solucionado.
P.— ¿Por qué, en cualquier caso, la esclavitud como argumento?

R.— De alguna manera, y desde una perspectiva histórica, la película es una invitación a contemplar de frente el hecho más vergonzoso de la Historia de nuestro país. Y sí es cierto, y lo creo sinceramente, que a diferencia que otros países que han sido capaces de enfrentarse a las atrocidades de su pasado,Estados Unidos no lo ha hecho. La esclavitud es el equivalente americano al Holocausto. Otras naciones saben perfectamente lo que fue la esclavitud. Es sólo América la que parece no querer saber nada del asunto. Y esto afecta tanto a blancos como a negros que no quieren mantener ninguna relación con el horror de su propia Historia.
P.— ¿Cree que es sólo una casualidad que coincidan en cartel Spielberg y usted hablando de lo mismo? ¿Considera que su película es la opuesta a la 'Lincoln'? 

R.— La gente tiene una cierta tendencia a enfrentarnos. Y usted no se libra, por lo que veo. Bien, es cierto que no soy un gran fan de ese tipo de cine histórico-biográfico, pero hay pocos cineastas de su generación a los que respete más que a Spielberg. En cualquier caso, no deja de ser curioso, y tiene razón al plantear la pregunta, que dos películas comerciales, con aspiración de llegar al gran público, coincidan en plena de temporada de vacaciones y hablen de la esclavitud. No tengo explicación a la coincidencia, pero sin duda es algo positivo.
P.— ¿Cree que el cine ha ignorado el tema por algún motivo?

R.— No sé las razones. Lo que sí es cierto es que en el tiempo histórico en el que transcurren la mayor parte de los 'westerns' que hemos visto a lo largo de nuestra vida, la esclavitud era una realidad cotidiana y casi nunca lo vemos. Es así. Django es una película de aventuras pero no ignora la brutalidad de la época en la que tiene lugar. Y eso sí es nuevo. Como es nuevo, a un lado el cine 'blaxplotation', que el héroe sea negro.
P.— Con esta película vuelve a levantar las susceptiblidades de Spike Lee que ya denunció en otra ocasión, cuando estrenó 'Jackie Brown', sus excesos con la palabra 'nigger' [negrata, sería la traducción]...

R.— Si alguien me quiere acusar de que la uso más de lo que se usaba en 1855 puede hacerlo, aunque no hay constancia en ningún sitio de su afirmación. En cualquier caso, no tengo ninguna relación con esa palabra más de la que puedo tener con cualquier otra que aparece en el diccionario y no creo, sinceramente, que tenga que pedir permiso a nadie, negro o blanco, para usarla ni para hacer una película sobre negros. En cualquier caso, y para despejar dudas, ni soy racista ni tampoco esclavista.
P.— ¿Ha usado alguna vez la palabra 'afroamericano'?

R.— En mi vida. Sólo menciono 'afroamericano' para dejar claro que me niego a mencionarla.
P.— ¿Qué usa entonces?

R.— Simplemente negro (black). Además, también hay negros de Jamaica con lo que lo de 'afroamericanos', más allá de mis reparos personales, no es correcto [se ríe].
P.- ¿Es Christoph Waltz su nuevo Uma Thurman?
R.- [Se ríe] Más allá de que sea una persona extraordinaria, creo que es uno de los grandes actores de nuestro tiempo. Pero, sobre todo, me sorprende su facilidad para encontrar el 'tempo' perfecto a mis diálogos. Creo que eso mismo me ocurre con Samuel L. Jackson.

P.— Da la impresión de que vivimos un momento crítico en el cine. Todo el mundo se empeña en ofrecer algo nuevo. Paul Thomas Anderson rueda en 70 milímetros; Jackson lo hace con 48 fotogramas por segundo... ¿Hacia dónde vamos?

R.— Lo de los 70 milímetros es vieja escuela. Siempre se había empleado para dramas épicos y la verdad es que funciona muy bien en películas íntimas. Me recuerda a cuando utilicé la pantalla panorámica para 'Reservoir Dogs', que al fin y al cabo es un relato muy íntimo... Funciona 'cojonudamente' bien.
P.— ¿Y qué opina del uso de la tecnología digital?

R.— Tanto rodar como proyectar en digital es sencillamente el principio del final. Jamás lo haré. Es la muerte del cine. ¿Qué sentido tiene salir de casa para obtener lo mismo que ya consigues con un dvd en tu casa?





«El único premio que considero un trofeo por encima de cualquier otro 
es la Palma de Oro por 'Pulp Fiction'. 
Todos los demás, los Bafta, los Oscar, los Globos de Oro... 
están por detrás»

Quentin Tarantino




FILMOGRAFÍA

Quentin Tarantino cuenta en su haber con una importante filmografía, pero no toda le corresponde únicamente por ser director, también se le adjudican películas en las que ha sido productor, guionista y actor.

Como productor Quentin Tarantino tiene las siguientes películas:

2008 - Hell Ride
2007 - Hostel 2
2006 - Hostel
1996 - Tú asesina, que nosotras limpiamos la sangre (Curdled)

Como director

2012 - Django Unchained
2009 - Inglorious Bastards
2007 - Grind House: Death Proof
2005 - Sin City (Director invitado)
2005 - Peligro sepulcral (episodio de CSI: Crime Scene Investigation)
2004 - Kill Bill Vol.2
2003 - Kill Bill Vol.1
1997 - Jackie Brown
1995 - Four Rooms
1995 - Motherhood. Episodio de Urgencias
1994 - Pulp Fiction
1992 - Reservoir Dogs
1987 - My Best Friend's Birthday

Como guionista

2009 - Inglorious Bastards
2007 - Grind House: Death Proof
2005 - Peligro sepulcral (episodio de CSI: Crime Scene Investigation)
2004 - Kill Bill Vol.2
2003 - Kill Bill Vol.1
1997 - Jackie Brown
1996 - From Dusk Till Dawn (Abierto hasta el amanecer)
1995 - Four Rooms
1995 - Motherhood. Episodio de Urgencias
1994 - Asesinos Natos
1994 - Pulp Fiction
1993 - Amor a quemarropa
1992 - Reservoir Dogs
1987 - My Best Friend's Birthday

Como actor

2007 - Sukiyaki Western: Django : Dirigida por: Takashi Miike
2007 - Grind House: Planet Terror
2003 - Revelación total (voz) (Alias)
2003 - Después de las seis (Alias)
2001 - La Caja. Doble Episodio de Alias
2000 - Little Nicky
1997 - Jackie Brown (voz)
1996 - Girl 6
1996 - From Dusk Till Dawn (Abierto hasta el amanecer)
1995 - Dance Me to the End of Love
1995 - Desperado
1995 - Four Rooms
1995 - Destiny Turns on the Radio
1994 - Sleep With Me (Duerme conmigo)
1994 - Somebody to Love (Alguien a quien amar)
1994 - Pulp Fiction
1992 - Reservoir Dogs
1992 - Eddie Presley
1987 - My Best Friend's Birthday
Como podemos apreciar el trabajo de Quentin Tarantino ha sido insaciable desde que comenzó en 1991, únicamente realizó un parate entre 1997 y 2000.







jueves, 1 de agosto de 2013

Horacio Quiroga

Horacio Quiroga
Horacio Silvestre Quiroga Forteza
(1878 - 1937)

Narrador uruguayo, nacido en Salto el 31 de diciembre de 1978 y radicado en Argentina, considerado uno de los mayores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos. Su obra se sitúa entre la declinación del modernismo y la emergencia de las vanguardias.

Las tragedias marcaron la vida del escritor: su padre murió en un accidente de caza, y su padrastro y posteriormente su primera esposa se suicidaron; además, Quiroga mató accidentalmente de un disparo a su amigo Federico Ferrando.

Vivió en su país natal hasta la de edad de 23 años, cuando decidió emigrar a la Argentina, país donde vivió por 35 años —hasta su muerte—, donde se casó dos veces, tuvo sus tres hijos, y en donde además desarrolló la mayor parte de su obra. Mostró una eterna pasión por el territorio de Misiones y la selva, empleando a esta y sus habitantes en la trama de muchos de sus cuentos más reconocidos. La vida de Quiroga, marcada por la tragedia, los accidentes y los suicidios, culminó por decisión propia, cuando bebió un vaso de cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires a los 58 años de edad, tras enterarse de que padecía cáncer de próstata.


Horacio Quiroga


Estudió en Montevideo y pronto comenzó a interesarse por la literatura. Inspirado en su primera novia escribió Una estación de amor (1898), fundó en su ciudad natal la Revista de Salto (1899), marchó a Europa y resumió sus recuerdos de esta experiencia en Diario de viaje a París (1900). A su regreso fundó el Consistorio del Gay Saber, que pese a su corta existencia presidió la vida literaria de Montevideo y las polémicas con el grupo de J. Herrera y Reissig.

Ya instalado en Buenos Aires publicó Los arrecifes de coral, poemas, cuentos y prosa lírica (1901), seguidos de los relatos de El crimen del otro (1904), la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje con Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y la más extensa Historia de un amor turbio (1908). En 1909 se radicó precisamente en la provincia de Misiones, donde se desempeñó como juez de paz en San Ignacio, localidad famosa por sus ruinas de las reducciones jesuíticas, a la par que cultivaba yerba mate y naranjas.

Nuevamente en Buenos Aires trabajó en el consulado de Uruguay y dio a la prensa Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), los relatos para niñosCuentos de la selva (1918), El salvaje, la obra teatralLas sacrificadas (ambos de 1920), Anaconda (1921), El desierto (1924), La gallina degollada y otros cuentos(1925) y quizá su mejor libro de relatos, Los desterrados (1926). Colaboró en diferentes medios:Caras y CaretasFray MochoLa Novela Semanal y La Nación, entre otros.

En 1927 contrajo segundas nupcias con una joven amiga de su hija Eglé, con quien tuvo una niña. Dos años después publicó la novela Pasado amor, sin mucho éxito. Sintiendo el rechazo de las nuevas generaciones literarias, regresó a Misiones para dedicarse a la floricultura. En 1935 publicó su último libro de cuentos, Más allá. Hospitalizado en Buenos Aires, se le descubrió un cáncer, enfermedad que parece haber sido la causa que lo impulsó al suicidio, ya que puso fin a sus días ingiriendo cianuro.

Quiroga sintetizó las técnicas de su oficio en el Decálogo del perfecto cuentista, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto del final. Incursionó asimismo en el relato fantástico. Sus publicaciones póstumas incluyen Cartas inéditas de H. Quiroga (1959, dos tomos) y Obras inéditas y desconocidas (ocho volúmenes, 1967-1969).

Influido por Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant, Horacio Quiroga destiló una notoria precisión de estilo, que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza. Muchos de sus relatos tienen por escenario la selva de Misiones, en el norte argentino, lugar donde Quiroga residió largos años y del que extrajo situaciones y personajes para sus narraciones. Sus personajes suelen ser víctimas propiciatorias de la hostilidad y la desmesura de un mundo bárbaro e irracional, que se manifiesta en inundaciones, lluvias torrenciales y la presencia de animales feroces.

Quiroga manejó con destreza las leyes internas de la narración y se abocó con ahínco a la búsqueda de un lenguaje que lograra transmitir con veracidad aquello que deseaba narrar; ello lo alejó paulatinamente de los presupuestos de la escuela modernista, a la que había adherido en un principio. Fuera de sus cuentos ambientados en el espacio selvático misionero, abordó los relatos de temática parapsicológica o paranormal, al estilo de lo que hoy conocemos como literatura de anticipación.

Horacio Quiroga, 1930
Horacio Quiroga
UN HOMBRE PERSEGUIDO POR LA MUERTE Y LA LOCURA
Por JAVIER MEMBA


"La gallina degollada", uno de los cuentos más estremecedores jamás escritos, narra la triste experiencia de un matrimonio que únicamente es capaz de engendrar hijos aquejados de un profundo retraso mental. Cuando finalmente, la desdichada pareja consigue alumbrar a una niña en su sano juicio, la muchacha es devorada por sus hermanos idiotas. "El almohadón de plumas", obra no menos lograda, alude a la extraña enfermedad que padece una mujer presa de un parásito que vive en su almohada, que le chupa la sangre noche tras noche. Si se nos permite aludir al título de una de sus más celebradas ediciones españolas, el uruguayo Horacio Quiroga, autor de alguno de los mejores cuentos que ha dado nuestro idioma, fue un hombre perseguido por la muerte y la locura.



Nacido en Salto el 31 de diciembre de 1878, el nuestro fue un escritor precoz. Dan prueba de ello los relatos que concibiera en su infancia, reunidos en 1918 bajo el título de Cuentos de la selvaEn aquel tiempo, la suya ya era una obra sobradamente reconocida que le había ganado la amistad de Rubén Darío, Julio Herrera y Ressig y Leopoldo Lugones y otros grandes nombres de las letras latinoamericanas fue un hombre sobradamente conocido en la bohemia literaria de Montevideo. A Darío lo frecuentó Quiroga en París, mientras que con Lugones viajaría a la región argentina de Misiones integrando una expedición arqueológica cuyo fin era estudiar la huella dejada por los jesuitas en aquel recóndito rincón del Alto Paraná. Fue tanta la impresión que le causaron aquellos parajes, a la sazón aún una tierra virgen, que el escritor decidió permanecer en ellos como colono. Es por ello que los colonos y sus constantes desdichas en la conquista de América son uno de los principales argumentos de Quiroga.



Poeta modernista 



Que sepamos, esa fatalidad, que le acompañaría hasta el final de sus días, irrumpe por primera vez en su vida en 1902, cuando accidentalmente mata a un amigo: el también escritor Federico Ferrando. Un año antes, en 1901, se ha dado a conocer como poeta modernista merced a su libro "Los arrecifes de coral". El primero de sus volúmenes de cuentos, "Los perseguidos", data de 1905. Pleno de influencias de los grandes maestros del género -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- Quiroga ya destaca por la pesadumbre que rezuman sus páginas y por el extraño protagonismo que cobran en ellas algunos animales que piensan actúan y están abocados a la desgracia como los hombres.



Sin embargo, lo más sorprendente -pese a lo fantástico de algunos de sus planteamientos- es que se trata de una autor obsesionado con la reproducción brutal de la realidad. Su primera novela, igualmente de título elocuente -"Historia de un amor turbio", data de 1908.



Mientras publica selecciones del calibre de "Cuentos de amor de locura y muerte" (1917) y "Cuentos de la selva" (1918), las desgracias se siguen sucediendo en su vida. En 1915, Ana María Cirés, su primera esposa, se suicida. Ni eso ni la mala fortuna que le acompaña en todos sus negocios le impide seguir desarrollando una intensa actividad literaria, que también se extiende al periodismo y a la dramaturgia. Finalmente, sabiéndose víctima de una enfermedad incurable, Horacio Quiroga pone fin a su vida el 31 de diciembre de 1937. "Si se debiera juzgar el valor de los sentimientos por su intensidad, ninguna tan rico como el miedo", dejó escrito. 


Horacio Quiroga, 1897

«No escribas bajo el imperio de la emoción. 
Déjala morir y evócala luego. 
Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, 
has llegado en arte a la mitad del camino».

Horacio Quiroga, "Decálogo del perfecto cuentista", 
Babel, 1927.




OBRA

  • Los arrecifes de coral (Prosa y verso, El Siglo Ilustrado, Montevideo, 1901)
  • El crimen del otro (Cuentos, Ed. Emilio Spinelli, Buenos Aires, 1904)
  • Los perseguidos (Relato, Ed. Arnaldo Moen y Hno., Buenos Aires, 1905)
  • Historia de un amor turbio (Novela, Ed. Arnaldo Moen y Hno., Buenos Aires, 1908)
  • Cuentos de amor, de locura y de muerte (Cuentos, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1917)
  • Cuentos de la selva (Cuentos infantiles, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1918)
  • El salvaje (Cuentos, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1920)
  • Las sacrificadas (Cuentos escénicos en cuatro actos, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1920)
  • Anaconda (Cuentos, Agencia Gral. de Librería y Publicaciones, Buenos Aires, 1921)
  • El desierto (Cuentos, Ed. Babel, Buenos Aires, 1924)
  • La gallina degollada y otros cuentos (Recopilación de cuentos, Ed. Babel, Buenos Aires, 1925)
  • Los desterrados (Cuentos, Ed. Babel, Buenos Aires, 1926)
  • Pasado amor (Novela, Ed. Babel, Buenos Aires, 1929)
  • Suelo natal (Cuentos, Ed. Crespillo, Buenos Aires, 1931)
  • Más allá (Cuentos, Soc. Amigos del Libro Rioplatense, Buenos Aires - Montevideo, 1935)




miércoles, 24 de julio de 2013

Javier Tomeo


(1932 - 2013)

Javier Tomeo Estallo (Quincena, Huesca, 9 de septiembre de 1932 - Barcelona, 22 de junio de 2013) fue un escritor y dramaturgo español.

Se licenció en Derecho y Criminología en la Universidad de Barcelona. En los años cincuenta escribió literatura popular bajo el pseudónimo «Frantz Keller» para la Editorial Bruguera: algunas novelas del oeste, de terror e incluso una Historia de la esclavitud, así como otras obras con pseudónimos anglosajonizados. En 1963 editó, junto a Juan María EstadellaLa brujería y la superstición en Cataluña. En 1967 publicó su primera novela «seria». Obtuvo en 1971 el premio de novela corta Ciudad de Barbastro, por El Unicornio. En la década de los setenta aparecieron otros títulos como El castillo de la carta cifrada. En los años ochenta dejó algunas novelas como Diálogo en re mayor y Amado monstruo, y su universo literario creció en los noventa con la publicación de numerosos libros: El gallitigre (1990), El crimen del cine Oriente (1995), Los misterios de la ópera (1997), Napoleón VII (1999) o Cuentos perversos (2002), entre otros.


Javier Tomeo

"Yo ya me parecía a Kafka antes de leerlo"

El escritor celebra sus ochenta años con la edición casi definitiva 

de sus Cuentos Completos

Carlos ZANÓN | El Cultural 05/10/2012 | 

Frente a frente no se sabe quién es más joven, si Carlos Zanón (Barcelona, 1966) o un insultantemente feliz Javier Tomeo (Zaragoza, 1932), con sus 80 recién cumplidos y la edición de sus Cuentos completos (Páginas de Espuma), o así, como regalo. Zanón reconoce haber leído al maestro desde hace años, "y tener la misma sensación que ahora. De ser un escritor libre en un planeta propio y acogedor, pero solitario [...] La literatura Tomeo te hipnotiza como una serpiente porque conecta con tus juegos mentales".




Acudo al domicilio de Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932) para una charla. La excusa es la edición de sus Cuentos completos en la estimulante editorial Páginas de Espuma. Pienso que de llamarme Ramón y no Carlos, éste podía ser el principio de una de sus novelas. Ramón y Javier. Se cierra la puerta. Primera casilla. Ratón y gato con la medicación cambiada, por ejemplo.Recuerdo leer a Javier Tomeo en los ochenta y tener la misma sensación que ahora. De ser un escritor libre en un planeta propio y acogedor pero solitario. Como el Principito. O uno de los ogros de Óscar Wilde. Javier Tomeo encontró una manera subversiva de explicar la realidad desde sus primeros libros y allí sigue. Abres sus páginas y él coloca las piezas en el tablero y el sentido común ante situaciones absurdas, grotescas, ilógicas te lleva de una página a otra. La literatura Tomeo te hipnotiza como una serpiente porque conecta con tus juegos mentales. Y muchos de sus ingredientes siguen siendo alquímicos. Solo así se entenderá que pasan los años y los lectores jóvenes siguen buscándole y encontrándole. La gente que le sigue lo hace con un afán devoto por alguien que te da lo que buscas aunque no sepas que lo andaras buscando. Javier Tomeo me espera en su salón. Cariñoso como siempre. La tele anda encendida pero sin sonido. Políticos que mueven la boca sin que escuchemos lo que dicen. Rajoy en la ONU sin auditorio. Artur Mas y el Castillo de la Carta Magna Cifrada. Pienso que algunos viven en tramas Tomeo. Y a todos nos iría bien leerle un poco más. No en vano Javier Tomeo es el escritor favorito de Frank Kafka. ¿Seguro que nadie en este país ha pedido un agrimensor? 


Patria aragonesa

La actualidad política manda. Le han llamado de El Heraldo de Aragón, preocupados porque en un futuro estado independiente, Tomeo se quede en tierra extraña. Él los ha tranquilizado: “Siempre me han tratado muy bien aquí y aquí me quedaré. Haré patria aragonesa. Eso sí, cuando vaya allá iré con pasaporte. Igual habrá un puesto de aduanas en Fraga. Cambiaremos moneda por peras. Peras limoneras”. Humor Tomeo. Sano. Pasamos a hablar de libros. Me pregunta por los míos. Se disculpa por no leer ya novelas de gente que empieza. “Debería hacerlo. Yo una vez fui joven y me gustaba que lo leyeran”. Le explico que quiero charlar con él de lo suyo. De cómo construye su mundo. Cómo empieza todo. Desde lo más básico. 

Javier Tomeo: Escribo a mano. Es mucho mejor. En los últimos tiempos utilizo el ordenador. Más cómodo: puedes corregir. Y los márgenes ordenados.
Carlos Zanón: Escribir a mano es elegir las palabras, un esfuerzo físico. Pasa lo mismo con las fotos digitales. Es tan fácil que hemos perdido el ojo que buscaba y encontraba el momento mágico, el clic.
JT: Es mucho mejor a mano pero con los años, yo tenía una letra bonita pero ahora escribo cosas que luego las leo y ni las entiendo. 

Me lo imagino. La literatura de Tomeo siempre tendrá algo de artesanal, de mecano construido desde abajo. El trabajo de un albañil disciplinado y el sueño loco de un mago. 

Concentración literaria

JT: A veces me siento delante de una cuartilla en blanco porque tengo ganas de escribir aunque no sé de qué. Entonces empiezo dibujando una letra. La que sea. Una ‘e' pues una ‘e'. La dibujo, la decoro. Me doy tiempo. Y luego la acompaño de la siguiente. Una ‘l' pues ‘l'. Luego otra palabra. 'Hombre' por ejemplo. Y otra y otra. ‘El hombre avanza lentamente por la llanura'. La historia se empieza a mover.
CZ: Tus novelas tienen mucho de juego, de irse construyendo a medida que las escribes y que las lees. 
JT: Sí, escribo historias que trascienden la realidad a base de automatismos mentales. Situaciones dramáticas que encuentran su camino y llegan a finales inesperados. Las historias van llegando.
CZ: Tus personajes también obedecen a sus propios automatismos.
JT: Claro, si yo funciono a base de automatismos, los personajes también. Echan a andar y me escriben la historia. Tienen reacciones inesperadas. Me gusta abandonarme al ello, al subconsciente. Pero siempre basándome en la realidad. 

Nos tomamos el café. Él sin azúcar. Nos lo sirve Alejandra, una chilena simpática y amable que ayuda a Javier, especialmente ahora que anda mal de la pierna “a causa de corregir tanto y estar tantas horas sentado escribiendo”. Corrige mucho. Muchísimo. De ahí pasamos a hablar de los autores que hacen libros de 800, 1000 páginas. Tomeo menciona a Ken Follet. 

JT: Yo es que practico eso que se llama concentración literaria. Si puedes utilizar para decir algo dos palabras no utilices cuatro.
CZ: A esa clase no asistió Ken Follet. 
JT: ¿Pero qué hacen estos tíos? ¿Hacen novelas históricas? Eso no son novelas son reportajes literarios. ¿Las venden a peso? 

Palabras iluminadas

Me viene a la memoria en una charla en grupo con James Ellroy que decía que sus libros cada vez tienen más páginas porque tiene más ex esposas a las que pasar pensión. Después de eso cogió su móvil, llamó a su casa y se puso a hablar con su perro. Desconozco si el perro le contestaba. El librero Paco Camarasa asegura que sí. 

JT: Me siento muy cómodo en el cuento. Tengo muchísimos. Desde microrrelatos a más extensos pero no mucho. Breves pero muy corregidos. 
CZ: Tus narraciones se ven muy trabajadas. No hay nada superfluo.
JT: Es que quiero que las palabras estén iluminadas por dentro. Que tengan una luz interior. Los críticos franceses han dicho de muchos escritores españoles que son oradores que escriben, que utilizan palabras muy altisonantes a base de gerundios, alto, grande, espléndido, y tienen razón. 

El café se me ha enfriado. Pero como me enseñó mi madre, si vas de visita, el café con leche te lo acabas y las galletas ni tocarlas. 

CZ: Me gusta mucho de tus historias que los personajes tratan ante situaciones ilógicas seguir actuando siempre con sentido común, que no pierdan el control. 

Y como era de prever aparece K. Yo me había prometido no mencionarle porque imagino que Tomeo ha de estar cansado de hablar de él tanto como yo del futuro de la novela negra. Pero K y T son buenos amigos. En el fondo es un lujo tener de compañero de viaje a Franz. 

JT: Como los personajes de Kafka. Están ahí desvalidos. Se van moviendo en círculos concéntricos. La narración vuelve, vuelve, vuelve. Se repite, se repite y se repite. Pero yo ya me parecía a Kafka antes de leerlo. Entiéndeme, no lo había leído en profundidad. La metamorfosis y poco más. Pero no está mal ¿eh? Lo considero uno de los mejores escritores del siglo XX, de la Historia de la Humanidad. Luego me fui diferenciando. Ese sentido del humor negro, aragonés. Castellet me llamaba ‘víctima de Kafka'. Pero también estudié Derecho. Y Criminología. Y estudié a Freud, el ‘Yo', el ‘Ello', todas esas cosas y fui hacia una literatura marginal. Quizás de haber leído a Kafka en profundidad hubiera escrito distinto.
CZ: También él. 

Literatura de acoso y derribo

Tomeo se ríe. Está muy contento con el libro de Páginas de Espuma. Me quiere enseñar la portada. La busca en su portátil. Se hace un lío pero la encuentra. La foto -“de una chica fotógrafa nueva, muy buena”- de la portada es de su cara, embozada tras el cuello de un abrigo. 

CZ: Si echas una mirada hacia atrás ¿qué cosas son las mejores y las peores de dedicarse profesionalmente a la literatura?
JT: Peores hay muchas.
CZ: ¿Cuáles?
JT: El corregir y corregir. La perfección es difícil de encontrar pero mis primeras novelas, El castillo de la carta cifradaAmado monstruo o Historias mínimas son redondas, en cierta manera.
CZ: ¿Eso condicionó los siguientes libros?
JT: Yo he ido escribiendo.
CZ: Pero tu caso es distinto. Desde tus primeros libros la sensación que uno tenía es que ya eres poseedor de un estilo muy propio, muy hecho.
JT: ¿Sabes qué pasa? Que cuando yo empecé se estilaba el realismo. La literatura debía ser un instrumento de acoso y derribo. Y yo lo intenté. Esos libros que hablaban de unos emigrantes que llegan a Barcelona y se enfrentan a un medio hostil… Yo me daba cuenta de que eso no era lo mío, no era lo que yo quería contar. Nunca llegué más allá de la página quince.
CZ: A medida que vas formándote como lector y escritor, creo que hay un problema que has de equilibrar…
JT. ¿Cuál?
CZ: Vas leyendo y formalmente escribes mejor pero si pierdes la desfachatez de con lo poco que uno había leído y escrito del principio, y se creía que el mundo tenía que escucharte, leerte. Si pierdes eso, lo pierdes todo ¿no?
JT: Hablas del arrojo, de la juventud, en suma.
CZ: Tú siempre has conectado con un público joven. Pasan los años y añades sangre nueva a tus lectores.
JT: Siempre me ha pasado. Tengo lectores muy fieles. Y jóvenes. Tengo ciertos fanes. Soy pocos pero de mucha calidad. Buenos lectores. A veces me escriben y se nota que saben leer, que tienen criterio. 
CZ: Además ahora hay editores jóvenes... ¿Has publicado con Alpha Decay? ¿Qué tal la experiencia?
JT: Muy bien. El editor era amigo mío. Gente joven que con los medios que hay ahora pueden publicar de forma fácil y bien lo que antes era un trabajo que ni te imaginas. Hay muy buen pequeño editor.
CZ: Sí, gente que cuida lo que pone en el catálogo. Los de Libros de Asteroide, Minúscula... Pero sobre todo tú has publicado con Anagrama.
JT: Sí, podría decir que es mi editorial. Sigue siendo muy buena editorial. Tú ¿dónde publicas?
CZ: En RBA.
JT: RBA está muy bien. ¿Y Anagrama? ¿Has probado con ellos?
CZ: Lo intenté con mi anterior novela, Tarde, mal y nunca pero nada, no me quisieron. Para mí publicar en Anagrama era algo especial. En los primeros 80 en que empecé a leer en serio, su colección de Narrativas, en especial la extranjera, era brutal. Un hallazgo libro a libro. Sam Shepard, La soledad del guerrero, Capote, La conjura de los necios... 

A Tomeo le gusta dibujar. Confiesa que no es que lo haga muy bien pero que para él, a veces, es importante, dibujar a sus personajes, o el Castillo, o una butaca de cine o las escenas que la propia historia va desarrollando. En el Centro Pompidou proyectaron una serie de dibujos suyos. No es dibujante aclara “si lo intento hacer bien, lo haré mal”. Tomeo tiene consideración de delicatesen en sus traducciones al alemán o al francés, lectores que quizás no entiendan del todo su humor o de la lógica de sus historias, pero que conectan con él de algún modo. Suena el teléfono. Un grupo de teatro de Madrid están preparando un montaje sobre algunos textos de Historias mínimas. Tomeo está encantado. Si puede, acudirá al estreno. 

JT: Me han llevado mucho al teatro. Gustan las historias. Y son montajes baratos. Pocos personajes, escenarios sencillos.
CZ: Es que cuando afrontas tus cuentos o las novelas o los textos dramáticos uno no tiene claro que sean compartimentos estancos.
JT: Pues eso me preocupa bastante en el sentido de que cuando escribo narrativa, escribo narrativa y el éxito -relativo- en las adaptaciones teatrales de las novelas me pueda condicionar y me salgan las cosas demasiado teatrales. Pero como soy amigo de la brevedad, de la economía del lenguaje tampoco lo veo mal. Además creo que ha llegado un momento en que se ha de hacer otro tipo de literatura. Hemos de competir con los nuevos instrumentos culturales.
CZ: Jugar con la celeridad, el grado de atención, lo visual y las ventajas de la palabra pero sin ensimismarse, ¿no estás de acuerdo?
JT: Sí, precisión, economía de lenguajes. Los grandes maestros se lo podían permitir. Pero la decadencia de la literatura -hablo de literatura de verdad no de reportajes literarios- llega cuando olvida que ha de competir con los otros instrumentos culturales. 

Buñuel y cuatro más

Hora de acabar. Alejandra -que había ido a la farmacia- parece que ha vuelto. Una puerta que se abre y se cierra. La chica no contesta. Mundo Tomeo. Le pregunto si le gusta el cine “sí, pero Buñuel y cuatro más. Ahora solo sirve para la televisión, alfombra roja y la actriz de turno enseñando la teta”, la música. 
JT: Escribo con jazz, música moderna, dodecafónica, con ruidos aquí y allá, los rusos. La música excelsa, demasiado perfecta, no me interesa mucho. Demasiado hermosa. 

Suena otra vez el teléfono. Me despido. Javier me acompaña a la puerta. Casi me sabe mal que me haya dejado escapar del Castillo. Las gafas de escritores como Tomeo hacen que la lógica absurda sea asumible y los reyes simples cartas de naipes. 


Javier Tomeo
Foto de Antonio Moreno



Otro escritor de lo mínimo que me fascinó en este proceso de descubrimiento fue Javier Tomeo. Usaba la técnica del guión en su literatura, lo que me descubrió que podía unir mi faceta de guionista con la de escritor literario. Además, Tomeo lidiaba a la perfección con algo tan difícil como es el diálogo. Sus microguiones de teatro de las Historias mínimas son genuinos, impactantes y plagados de imágenes bellísimas (luces que niños prenden del pelo de sus madres o paisanos que apagan estrellas con un dedo).
Manuel Espada





"Me siento, pues, feliz en mi insignificancia. Sepan, además, que en nuestra pequeñez, nosotros somos criaturas unisexuales que cada año -cuando llega el momento de fecundar a nuestras hembras- tenemos la oportunidad de descubrirnos infinitos. "


Javier Tomeo, Cuentos perversos



Muere Javier Tomeo, un monstruo literario

El autor ha sido un inclasificable de las letras españolas, creador de un extraño imaginario



Tomeo, fotografiado en 2012. / MARCE-LÍ SÁENZ
La mujer tuerta a la que su marido le recrimina que se ponga el ojo de cristal, el despertador que funciona como un cangrejo, el niño de las dos cabezas y esa bestial unión del bien y el mal que era el gallitigre, cruce del felino enamorado del ave, entre otras muchas criaturas aberrantes, están desde ayer huérfanos después de que el corpacho de su padre, Javier Tomeo, no pudiera resistir más las múltiples complicaciones de una diabetes que en los últimos meses le llevaban a dormir mal y a moverse "como un caracol" (de nuevo su amado mundo animal) y falleciera por una grave infección en el hospital Sagrado Corazón de Barcelona, a los 80 años.
Esos seres que poblaron una de las obras más inclasificables del último medio siglo de las letras españolas no surgieron de la infancia de ese niño nacido en el pueblo oscense de Quicena en 1932. Entonces solo había lecturas de Verne y Salgari, aunque en la genética debía haber algo de la tierra. “Soy aragonés, no puedo escribir más que negro y Buñuel es mi Dios; quizá tuvo la culpa la pintura de Goya”, se parapetaba el escritor. Luego, al poco tras un ligero silencio y una mirada más allá del interlocutor, la confesión: “En parte, mis personajes son nacidos de mis carencias”.
Esa dualidad, una dureza que provenía de una notable estatura y una voz grave pero que hacía de baliza de unos sentimientos nobles y tiernos, marcó tanto la vida como la obra del escritor, pronto afincado en Barcelona tras la emigración de sus padres. Ahí cursó Derecho y, más tarde, Criminología (“para saber más del alma humana”), que no sepultaron una vocación que arrancó con novelitas de quiosco bajo el pseudónimo de Frantz Keller. “Te pagaban de 10 a 25 pesetas y firmabas con nombre extranjero porque si no, en este país, no te compraban”, justificaba.
En esa cultura pulp castiza y en el despacho de la multinacional Olivetti se fue forjando una escritura personalísima, de literatura del absurdo, de regusto kafkiano y, lo más inquietante, que se daba en espacios y situaciones bien normales. Así surgiría en 1967 su primer libro, El cazador, donde un hombre se encierra en su habitación para no ver nunca a nadie más. Se lo había editado Tomás Salvador desde el pequeño sello Marte, como torna por lo poco que pagaba a aquel joven que trabajaba horas allí. El camino estaba trazado. Pronto llegaría El unicornio (1971), donde los espectadores a una función son aniquilados uno a uno. Nada, algo normal. O El castillo de la carta cifrada (1979). Muchos de esos títulos ya estarían poblados por esos seres extraños, a mitad del animal y del hombre, que le caracterizaron. “El monstruo permite señalar defectos y moralizar; el lector, más que nunca, necesita hoy ser moralizado”.
Ese mundo de Tomeo no encajaba entonces. Eran tiempos del realismo social. Él lo intentó con la historia de un limpiabotas emigrante… “Pero me cansé de mi mismo a las 20 páginas y me acordé de que Pereda lo había hecho antes mucho mejor cien años atrás; por suerte, me dio entonces por leer a Kafka, a Sartre, a Hansum, a Poe…”. Se desmarcó del realismo e impuso a sí mismo y a su literatura su fuerte personalidad, lo que provocó aquel comentario de Juan Benet, que aseguró que sus novelas eran simples croquetas de idéntico sabor. “Bueno, fui una víctima de Kafka, al que llegué por Freud. Mi mundo y mis personajes han sido el Ello freudiano, lo inconsciente, las pulsiones”…
Debió esperar Tomeo hasta mediados de los ochenta para que esa trayectoria fuera reconocida. Ocurrió en 1985, con Amado monstruo, inocua entrevista de trabajo que va desvelando la extraña personalidad (y también la morfología) del aspirante. De pronto, todo encajaba: ese surrealismo y una fraseología breve fruto de una destilación del lenguaje poco usual acabó, en pleno momento Tomeo, siendo representada como obra teatral en París en 1989, el mismo año que aparecía su libro preferido, Historias mínimas, un prestigio que apuntalarán El gallitigre (1990), El crimen del cine Oriente (1995). Sus obras empiezan a representarse hasta en Alemania. El eco es tal que incluso desde su tierra se impulsó su candidatura al Premio Nobel.
En un reflejo de su propia vida sincopada, su luz parece languidecer y él, con casi medio centenar de obras, fue encerrándose en sí mismo, acentuando su manía de corregir y corregir sus textos. El mundo cultural y literario pareció haberlo olvidado, como si su tiempo hubiera pasado. Nunca obtuvo un gran premio. “No, no se ha sido injusto conmigo; puedo vanagloriarme de tener lectores de culto cada generación”, se defendía. Y las ediciones de sus Cuentos completos el año pasado y hace unos meses de Constructores de monstruos parecen darle la razón. Un rato después, la confesión: “Me he ido apartando del mundo literario; una novela mía hoy es como tirar una piedra al agua. En muchos premios me veo rodeado por escritores mediáticos y me pregunto: ‘¿Qué hago yo aquí?’. Es un agravio comparativo constante”.
Poco amante de la televisión (“solo me sirve para ponerme de mala leche, pero eso me ayuda a escribir”, admitía), parecía él mismo uno de sus entrañables monstruos, incapaz de encajar en el mundo. Seguía escribiendo a diario, riguroso, sin tregua consigo mismo (“si puedo decir algo en cuatro palabras no uso ocho”), en particular por las mañanas cuando, decía, “oigo cantar a los pájaros y al alguna vecina por el patio interior; eso infunde optimismo: por las mañanas todo parece posible”.
Vivía solo, no tenía hijos y ya hacía tiempo que se dedicaba casi exclusivamente a releer, “libros-herramientas”, decía él, como el Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Si se le forzaba mucho, soltaba los nombres de Shakespeare, de Dante y el Quijote de Cervantes.
No citaba contemporáneos porque no leía nada de nadie para, en realidad, no contaminarse. Para ser un monstruo en estado puro.

Javier Tomeo o la fuerza del absurdo

El escritor tuvo lectores fieles y una crítica que supo entender sus siempre peculiares novelas, cuentos, microrrelatos, bestiarios y fábulas




Javier Tomeo, en El Escorial en 1999. / SANTI BURGOS
Hizo mutis Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932-Barcelona, 2013) de la manera más absurda posible, pues entró en el hospital a paso de caracol, debido a una ciática, y lo mandaron a Montjuïc con una infección, en una muerte más propia de cualquiera de sus estrambóticos personajes. No sé si alguien habrá llegado a conocer realmente a este hombre escéptico, solitario y afable, más aficionado a hablar él que a escuchar a los demás, gran observador de la realidad, sobre todo de las peculiaridades humanas, con algo de amado monstruo recluido en su patíbulo interior, oyendo los cantos de las vecinas y de los pájaros a través de las ventanas del patio de su casa.
Tardó Tomeo en llegar a la literatura, tras años escribiendo novelitas de quiosco para Bruguera, con el seudónimo de Frantz Keller, traduciendo libros sin firmar, como ocurrió con alguna de las mejores novelas de Juan Perucho, mientras estudiaba Derecho y algo de Criminología, y trabajaba en la editorial Marte y luego en la multinacional Olivetti, donde no consigo imaginármelo.
El reconocimiento literario empezó cuando Anagrama le publicó una novela entonces tan atípica como El castillo de la carta cifrada (1979), pero sobre todo con el éxito en Europa, en Francia y Alemania especialmente, del montaje teatral de Amado monstruo, novela publicada en 1985. Después siguieron otros dos libros importantes en su trayectoria: Historias mínimas (1988) y El crimen del cine Oriente(1995). El primero, un extraordinario volumen de singulares microrrelatos, pues se alejan de lo estrictamente narrativo para acercarse al teatro. En España fue José María Pou el mayor valedor de las posibilidades teatrales de su narrativa, y quizá también el mejor intérprete.
En una ocasión, el gran Juan Benet comentó que los libros de Tomeo eran como croquetas. Es cierto que nuestro autor pecó de prolífico, pero los cuatro títulos que hemos citado son singulares; así también su concepción de la literatura, entre lo fantástico, lo paradójico y lo grotesco, y sus personajes, seres que monologan o dialogan como ningún otro en la historia literaria, para acabar desenvolviéndose en círculos concéntricos que se alejan, según le gustaba afirmar a Tomeo. Aun cuando le hayan buscado antecedentes prestigiosos, de la estirpe de Goya, Poe, Freud, Kafka o Buñuel, sí se alimentó, los cita con frecuencia en su narrativa breve, de clásicos como Aristóteles, Plinio, Caudio Eliano, El Fisiólogo o Buffon.
No tuvo, desde luego, el reconocimiento que merecía, ni siquiera le concedieron el Premio de las Letras Aragonesas, para vergüenza de sus paisanos. En la que seguramente debió de ser la postrera entrevista que concediera, publicada en el último número de la felizmente renacida revista Quimera, comentaba la aparición de una nueva novela:Constructores de monstruos (Alpha Decay), a la que habría que añadirEl amante bicolor, que en otoño publicará Anagrama, su editor por antonomasia, aunque me consta que sentía mucha simpatía por el joven editor Enric Cucurella. Parece que ha logrado terminar asimismo un libro de microrrelatos, encargo de Menoscuarto, que iba a llevar un prólogo de Irene Andres-Suárez, quizá junto a Ramón Acín, quienes más profundizaron en el conocimiento de su obra.
Tampoco fue un escritor de masas (publicar sus libros, le confesaba en este periódico a Carles Geli, “es como tirar una piedra al agua: hay un chasquido y luego surgen ondas concéntricas que desaparecen rápido”), pero sí tuvo lectores fieles y una crítica que supo entender sus siempre peculiares novelas, cuentos, microrrelatos, bestiarios y fábulas. El crítico y escritor Julio Manegat fue su primer valedor, y con él andará ya, dondequiera que esté, seguramente de tertulia, en la compañía de Tomás Salvador y de su refunfuñón alter ego Ramón.


OBRA

Narrativa
En El cazador (1967), un hombre se encierra para siempre en una habitación de su propia casa como un eremita para no tener que tratar con su madre. En El unicornio (1971), cuya forma es la de un libreto con acotaciones, los espectadores de una obra de teatro van cayendo uno a uno como en una novela policiaca expresionista. El castillo de la carta cifrada (1979) es, para el crítico Rafael Conte una “fábula sobre la imposibilidad de escribir y mandar cartas a pesar de todo”. En Amado monstruo (1985), una de sus obras maestras, disecciona una entrevista de trabajo marcada por el complejo de Edipo de sus protagonistas. En El cazador de leones (1987), es el monólogo de un hombre que trata de conquistar a una mujer por teléfono que nunca responde. Bestiario (1988) recoge la vida de numerosos animales, particularmente de los insectos. En Preparativos de viaje (1991) da cuenta de la imposibilidad de un vendedor de sillones giratorios para adentrarse en las fronteras de un misterioso país llamado Benujistán. La agonía de Proserpina (1993) introduce por primera vez a un personaje femenino real, frente a las mujeres ausentes habituales hasta entonces en su narrativa. Conversaciones con mi amigo Ramón (1997) tiene por motivo sus divagaciones con Ramón Riera, personaje muy recurrente en la obra de Tomeo. En Los nuevos inquisidores (2004) comprende una amplia retrospectiva de los cuentos de Tomeo desde finales de 1950 hasta el presente, muchos de ellos inéditos y todos revisados por el autor especialmente para esta edición. En La mirada de la muñeca hinchable (2003) un hombre solitario urde un diálogo imposible con una muñeca de plástico en un mundo general del que sólo oye los ruidos. Este solitario no necesita que le contesten y por esa misma razón también entabla de vez en cuando alguna conversación con su madre muerta. En El cantante de boleros (2005), narra la vida monótona de otro hombre solitario, con ínfulas de cantante, que habla también con su madre muerta. Como puede verse, muchos de sus protagonistas son personajes solitarios, autistas o con problemas de comunicación.

Teatro
Algunas de sus obras han sido llevadas a los escenarios con gran acogida de la crítica, sobre todo en Francia. Amado monstruo (Monstre Aimé) se estrenó en el Teatro Nacional de la Colline de París en 1989 con estruendoso éxito. Meses después se estrenó en Zaragoza la versión española. Y von Chaix estrenó El cazador de leones con el título Le chasseur de lions, Grenoble, 1990. La versión española fue dirigida en 1993 por Jean-Jacques Préau. También se adaptaron con rotundo éxito Historias mínimasEl castillo de la carta cifrada (estrenada primero en Colonia, 1993 y cuatro años después en París por la Comédie Française ), Diálogo en re menor (primero en Alemania, y en español en 1996) y Los misterios de la ópera (1999). El Centro Dramático de Aragón montó La agonía de Proserpina en 2003.

Estilo
Tomeo es un escritor muy imaginativo que posee un mundo propio original, si bien utiliza la técnica kafkiana de la parábola, y en algunos aspectos es comparable a Thomas Bernhard y Luis Buñuel. Así pues, su narrativa es con frecuencia experimental, inspirada a veces en la perspectiva de las cosas, los animales y otras formas de vida. Sus ficciones proceden por acumulación de detalles ilógicos hasta alcanzar la exarcebación del absurdo en medio de la realidad más cotidiana, con un contenido crítico hacia la incoherencia de la organización social. Su visión de la condición humana es, pues, dramática y existencial, pero también muy lírica y humorística, y subterráneamente simbolista, que se declara crípticamente contra todo nacionalismo, autonomismo, machismo y feminismo, contra toda dictadura real, o escondida, todo tópico, todo falso idealismo, todo prejuicio, los medios de comunicación (la televisión sobre todo), defendiendo la animalidad, los instintos y la monstruosidad de los seres humanos, desde la incomunicación total en la que el ser humano se hunde.
Su estilo es sobrio y minimalista, de frase corta. Es un mastro del cuento, que reúne en colecciones por su forma (Historias mínimas), por su tema (Problemas oculares), su moral (Cuentos perversos), o su simbolismo (Zoopatías y zoofilias). Cada uno empieza con una situación desconcertante, que se suele llevar a un final abierto. De ahí que sus historias tengan más de una interpretación y sean cantera para una futura literatura clásica. Su obra narrativa ha sido traducida a varios idiomas y es premio Aragón a las letras del año 1994 y medalla de oro del ayuntamiento de Zaragoza. Además, escribe habitualmente artículos en distintos medios de comunicación, como ABC.


BIBLIOGRAFÍA

  • Historia de la esclavitud, [con el pseudónimo Frantz Keller, Barcelona: Forma] (1962)
  • La brujería y la superstición en Cataluña [junto a Juan María Estadella] (1963)
  • El cazador (1967)
  • Ceguera al azul (1969)
  • El unicornio (1971)
  • Los enemigos (1974)
  • El castillo de la carta cifrada (1979)
  • Amado monstruo (1984)
  • Historias mínimas (1988)
  • El cazador de leones (1989)
  • La ciudad de las palomas (1990)
  • El mayordomo miope (1990)
  • El gallitigre (1990)
  • El discutido testamento de Gastón de Puyparlier(1990)
  • Problemas oculares (1990)
  • Patio de butacas (1991)
  • Preparativos de viaje (1991)
  • Diálogo en re mayor (1991)
  • La agonía de Proserpina (1993)
  • Zoopatías y zoofilias(1993)
  • Los reyes del huerto (1994)
  • El nuevo bestiario (1994)
  • El crimen del cine Oriente (1995)
  • Conversaciones con mi amigo Ramón (1995)
  • Los bosques de Nyx (1995) (pieza teatral)
  • La máquina voladora (1996)
  • Los misterios de la ópera (1997)
  • Un día en el zoo (1997)
  • El alfabeto (1997)
  • Napoleón VII (1999)
  • La rebelión de los rábanos (1999)
  • Patíbulo interior (2000)
  • La patria de las hormigas (2000)
  • Otoño en Benasque, los Pirineos (2000)
  • Bestiario (2000)
  • El canto de las tortugas (2000)
  • La soledad de los pirómanos (2001)
  • Cuentos perversos (2002)
  • La mirada de la muñeca hinchable (2003)
  • Los nuevos inquisidores (2004)
  • El cantante de boleros (2005)
  • Doce cuentos de Andersen contados por dos viejos verdes (2005)
  • La noche del lobo (2006)
  • Bestiario [ilustraciones de Natalio Bayo] (2007)
  • Los amantes de silicona (2008)
  • Pecados griegos (2009)