lunes, 15 de diciembre de 2014

Billie Holiday


DE OTROS MUNDOS



Billie Holiday

(Eleanora Fagan; Filadelfia, 1915 - Nueva York, 1959) Cantante de jazz estadounidense. Huérfana desde temprana edad, su vida estuvo marcada por el infortunio: violada a los diez años, con doce empezó a prostituirse, hecho por el cual estuvo cuatro meses en prisión.
Billie Holiday
Su suerte cambió a partir de su participación en un casting para un puesto de bailarina en el Pod's & Jerry's, donde, tras un estrepitoso fracaso, el pianista del local la invitó a cantar, lo cual permitió que el crítico y productor John Hammond descubriese en ella unas extraordinarias cualidades vocales, a pesar de su nula formación musical.
Hammond logró que la joven grabase su primer disco junto al mítico clarinetista Benny Goodman cuando la cantante tenía dieciocho años. Tras esta grabación, le llegó a Holiday una época de grandes éxitos, durante la cual actuó con artistas de la talla de Teddy Wilson, Lester Young, con quien realizó algunas de sus mejores grabaciones, William Count Basie o Artie Shaw.
Su particular timbre de voz y su libertad rítmica hicieron de ella una de las cantantes más personales e influyentes del mundo del jazz. Sin embargo, Holiday no supo asimilar el éxito: consumidora habitual de drogas y alcohol, poco a poco entró en un proceso de decadencia artística, al que se sumó una desafortunada vida sentimental que la condujo a una profunda depresión.
Durante este período de decadencia siguió actuando, acompañada por músicos mediocres, grabó su peor repertorio y fue consumiendo el merecido crédito que había obtenido en su primera época. Sin embargo, a mediados de la década de 1950 consiguió rehacer su carrera, aunque su persistente adicción a los estupefacientes acabó finalmente con ella en 1959, a causa de una sobredosis de heroína. En 1956 había aparecido su autobiografía, Lady Sings the Blues.





"El valor artístico de Billie Holiday reside en su capacidad interpretativa, en su dominio del swing y en la adaptación de sus cualidades vocales al contenido de la canción. Billie Holiday transmite a sus canciones una intensidad inigualable que, en muchos casos, es fruto de una traslación de sus vivencias personales a las letras cantadas. Esta personalización de lo cantado hace que su estilo esté muy vinculado a intérpretes clásicos de blues como Bessie Smith o Ma Rainey; también está clara su deuda, confirmada por ella misma, con Louis Armstrong (en su autobiografía dejó escrito: "Siempre quise el gran sonido de Bessie y el sentimiento de Pops") y, desde luego, con quien sería su principal acompañante: el saxofonista tenor y clarinetista Lester Young."





SU VOZ

La inconfundible voz de Billie Holiday cambió con el tiempo. Su primera grabación a mediados de 1930 mostró una voz infantil y llena de vitalidad. A inicios de 1940 su forma de cantar comenzó a ser más sugerente por su habilidad a la hora de interpretar. Fue por este tiempo cuando ella grabó su personal "Strange Fruit" y "I Cover the Waterfront". Muchos describieron su voz como cariñosa, dulce, desgastada, experimentada, triste y sofisticada. A medida que creció, los efectos de su abuso continuo a las drogas cambiaron considerablemente el registro de su voz convirtiéndola en algo más ronca. Su última gran grabación fue "Lady in Satin", lanzada en 1958 y revelaba a una mujer con un registro limitado, pero con un fraseo y una emotividad maravillosa. La grabación tuvo el respaldo de una gran orquesta dirigida por Ray Ellis. Ellis dijo del álbum en 1997: "Podría decir que el momento más emocionante fue cuando la escuché interpretar "I'm a Fool to Want You". Había lágrimas en sus ojos.... Después de terminar fui al salón de control y escuché todos los temas. Tengo que admitir que fui infeliz con su presentación".




PRIMEROS AÑOS


Nacida Eleanora Fagan en Filadelfia (Pensilvania) un 7 de abril de 1915, creció en Fells Point, un barrio de Baltimore. Su madre, Sadie Fagan, tenía sólo trece años cuando nació Billie; su padre Clarence Holiday, un guitarrista y bajista de jazz que tocó en la orquesta de Fletcher Henderson, tenía quince. Los padres de Billie nunca se casaron y él las abandonó cuando ella era todavía un bebé. Su madre, excesivamente joven para la responsabilidad, abandonaba con frecuencia a la niña con parientes de no muy buena reputación. Billie fue enviada a una escuela católica a la edad de diez años, después de haber admitido ser violada. Aunque debería haber estado en la escuela hasta convertirse en adulta, un amigo de la familia la ayudó a escaparse dos años después. En 1927, madre e hija se marcharon primero a Nueva Jersey y después a Brooklyn. En Nueva York, además de ayudar a su madre en trabajos de ayuda doméstica, Billie empezó a ejercer la prostitución.



Hay controversia en referencia a la paternidad de Holiday. Esta controversia está generada por la copia de su certificado de nacimiento en los archivos de Baltimore, que muestran como padre a Frank DeViese. Algunos historiadores consideran esto una anomalía, insertada probablemente por el hospital o trabajadores del gobierno (ver Donald Clarke Billie Holiday: Wishing on the Moon , ISBN0306811367). Clarence Holiday aceptó su paternidad pero fue a duras penas un padre responsable. Rara vez Billie lo veía, y si lo hacía, ella le pedía dinero amenazándolo con contarle a la novia de su padre que ella era su hija.



Hacia 1930-1931, Billie Holiday cantaba ya frecuentemente en varios clubes de Nueva York. Su popularidad empezó a cimentarse en 1933 cuando el productor John Hammondhabló de ella públicamente en su columna de prensa y llevó a Benny Goodman a una de sus actuaciones. Después de la grabación de una prueba en los estudios de laColumbia, Billie se unió a un pequeño grupo de músicos dirigidos por Benny Goodman para hacer su debut comercial el 27 de noviembre de 1933 con la canción "Your Mother's Son-In-Law".







PRIMEROS ÉXITOS PROFESIONALES


Estableciéndose en Harlem, Holiday comenzó a cantar informalmente en numerosos clubes. Alrededor de 1932 fue descubierta por elproductor John Hammond en el club llamado Monette's (aún hay algunas disputas entre historiadores acerca de quién fue el primero en escucharla y promoverla, aunque generalmente coinciden en que fue Hammond). Hammond dispuso varias sesiones para ella con Benny Goodman; su primer disco fue Your Mother's Son-In-Law. (1933).

Sus primeras grabaciones de estudio las realizó bajo el sello Columbia, hasta 1933, para luego continuar con Brunswick en 1935 hasta un año después. En estos primeros años grabó junto a algunos de los mejores músicos de la historia del Jazz, como Ben Webster, Benny Goodman, Roy Eldridge, Johnny Hodges o Jonah Jones, entre otros. Teddy Wilson se encargó de reunir a estos músicos y formar reducidos y selectos conjuntos instrumentales.4 En este breve periodo destacan If You Were Mine (1935) These Foolish Things y I Cried for You (1936), en el formato habitual para grabaciones de alta calidad de la época, vinilo a 78 RPM.

Fue por ese tiempo que tuvo sus primeros éxitos como cantante. El 23 de noviembre de 1934 cantó en el teatro Apollo recibiendo buenas críticas. Su presentación con el pianista y posterior amante Bobby Henderson hizo mucho para consolidar su prestigio como cantante de jazz y blues. Poco tiempo después Holiday empezó a presentarse regularmente en numerosos clubes en la calle 52 y en Manhattan.

De 1937 a 1940 alternaría entre los sellos Brunswick y Vocalion grabando importantes estándares como "My Last Affair (This Is)" (1937),"I Can't Get Started" (1938) y "Night and Day" (1940); además, estrenaría futuros éxitos de su carrera como "Strange Fruit" (1939), e incluso composiciones propias como "Fine and Mellow" y otras menos conocidas como "Everything Happens for the Best" (1939). Algunas de sus grabaciones serían su debut y serían grabadas más tarde con más éxito como "He's Funny That Way" (1937), "My Man" (1937) o "You Go To My Head" (1938). Las nuevas incorporaciones a las bandas de Holiday son las del saxofonista Lester Young en 1937, y el trompetista Charlie Shavers a principios de 1939; Billie comenzaría a finales de 1938 a cantar en el club nocturno neoyorquino Café Society junto al pianista Sonny White, causa por la que harían estreno de obras menores y estándares menos conocidos, además de arreglos instrumentales atípicos: Brunswick 8259 y Vocalion 4783.

Comparada con otras cantantes de jazz, Holiday tenía una tesitura limitada, de solo una octava. Ella compensó esa dificultad con un sentido rítmico implacable, una sutil expresión, y una inmediatez emocional. Más tarde trabajó con estrellas como Lester Young, Count Basie y Artie Shaw convirtiéndose en una de las cantantes negras de jazz de mayor reputación. Sin embargo tenía prohibido usar la entrada principal y debía esperar en un cuarto oscuro lejos del público antes de aparecer en escena. Explicaba el sentido del efecto dramático que presentaba en sus canciones diciendo: "Yo he vivido canciones como esa". Incluso cuando era joven y cantaba canciones triviales populares, su tono único y compromiso emocional hacían de su presentación algo especial.





ULTIMOS AÑOS Y MUERTE

Holiday fue aficionada a las drogas psicoactivas (aunque nunca se ha sabido con seguridad), usándolas durante casi toda su vida. Fumaba marihuana desde los doce o trece años de edad. Sin embargo fue la heroína la que la destruyó. No está claro quién fue el que introdujo a Holiday en las drogas, pero historiadores y fuentes contemporáneas coinciden en que comenzó su uso abusivo de intravenosas alrededor de 1940.

Los éxitos de Holiday fueron estropeados por la creciente dependencia a las drogas y el alcohol así como las relaciones abusivas. Esto afectó a su voz como también sus posteriores grabaciones: su espíritu joven fue reemplazado por un matiz de remordimiento pero a pesar de todo, su impacto en otros artistas es indudable. Incluso después de su muerte influyó en cantantes tales como Janis Joplin, Nina Simone y Amy Winehouse. En 1972, Diana Ross actuó para la película Lady Sings the Blues, basada en la obra autobiográfica de Holiday. La película fue un éxito comercial y ganó la nominación de mejor actriz para Ross. En 1987, U2 lanzó Angel of Harlem, en tributo a ella.

Billie Holiday declarando ante un tribunal
en la ciudad de Los Ángeles (California, EE.UU.) en 1949

Su vida personal fue tan turbulenta como las canciones que cantaba. Se casó con el trompetista Jimmy Monroe el 25 de agosto de 1941. Mientras aún estaba casada con Monroe, tuvo una relación con el trompetista Joe Guy. Finalmente, se divorció de Monroe en 1947 mientras también se separaba de Guy. El 28 de marzo de 1952, Billie se casó con Louis Mckay, un “justiciero” de la mafia. Mckay, como muchos de los hombres de su vida, era violento pero trató de sacarla de las drogas. Ya estaban separados en el momento de su muerte.

Holiday declaró abiertamente su bisexualidad y se dieron rumores de su aventura con la actriz Tallulah Bankhead. Bankhead desmintió los rumores.

Sus últimas grabaciones en Verve son recordadas como las grabaciones Commodore y Decca de veinte años atrás. Varias de sus canciones como "God Bless the Child", "I love you Porgy" o "Fine and mellow" se han convertido en clásicos del jazz. En 1957, el programaThe Sound of Jazz, de la CBS, retransmite una interpretación de "Fine and mellow" de la mano de Billie Holiday con Ben Webster (saxofón), Lester Young (saxofón), Vic Dickenson (trombón), Gerry Mulligan (saxofón) y Coleman Hawkins (trompeta), entre otros, que se alternan con Billie para ejecutar solos instrumentales de gran brillantez en una estructura cíclica típica del blues. Esta interpretación es considerada una de las más relevantes de la historia del Jazz. Dos años más tarde, tanto Young como Billie habrían muerto. Unos días antes, grabaron este mismo estándar con un equipo técnico de mayor calidad, el cual no fue usado para la transmisión del programa de televisión.

En 1958 se publicó Lady in Satin, su trabajo más conocido y penúltimo álbum completado y publicado en vida. Los temas grabados son todos importantes estándares del jazz arreglados para orquesta, a diferencia de las minúsculas formaciones prototípicas del jazz. Su recepción fue bastante variable: The Penguin Guide to Jazz otorga 3 estrellas sobre 4 considerando el disco una "visión voyeurística de una mujer vencida"; mientras que Allmusic le da 4,5 sobre 5.5

Cuando presentó una canción en contra de los linchamientos, “Strange Fruit” (Abel Meeropol), con textos como “southern trees bear strange fruit” (los árboles sureños cargan extrañas frutas) le dio un puesto destacado no sólo en la historia de la música sino también en la de Estados Unidos.6

Sus últimas grabaciones fueron bajo el sello de MGM, y destacan All The Way, All Of You y Baby, Won’t You Please Come Home? En estas dos últimas (y las demás de la sesión) se aprecia una voz menos distorsionada de lo común en sus últimas grabaciones por lo que se sospecha la aceleración del canal de voz.

Fue arrestada por posesión de heroína y estuvo ocho meses en prisión. Su tarjeta para trabajar en los clubs de Nueva York (la New York city cabaret card) fue revocada, lo que imposibilitó que trabajara en clubes durante los últimos doce años de su vida. Posteriormente fue víctima de una estafa sobre sus ganancias y murió con tan solo $0.70 en el banco y $750 en efectivo. Al final de mayo de 1959 fue hospitalizada por dolor en el hígado y problemas de corazón. Fue condenada a arresto domiciliario el 12 de julio por posesión de narcóticos; en 1959, la adicción a los narcóticos era considerada un crimen. Billie Holiday permaneció bajo custodia policial hasta su muerte por cirrosis hepática el17 de julio de 1959 a la edad de 44 años. Billie Holiday fue enterrada en el cementerio Saint Raymond en el Bronx de Nueva York.



La vida eterna de Billie Holiday

LUIS MARTÍN / MADRID
Día 07/04/2015
  • (acontecimientos)

  • (acontecimientos)
Homenajes y discos mantienen vivo, en su centenario, 
el legado de una cantante legendaria.

Se cumplen mañana cien años de su nacimiento y Billie Holiday disfruta de un seguimiento envidiable. Su poderosa personalidad artística suscita biografías, infinidad de artículos, reediciones discográficas, homenajes e, incluso se especula con la posibilidad de rodar una nueva película sobre su vida. Habrá que ver quién se apresta a protagonizar la biografía de una intérprete cuya forma de reinventar los originales, dejándolos irreconocibles, se inscribe en la misma naturaleza del jazz.
Eleanora «Billie» Holiday se dio a conocer en plena época de la Depresión, en la década de los años 30, siendo todavía una adolescente. Provenía de una ciudad de segunda, Baltimore, donde había nacido en 1915. Hija de un intérprete de banjo y guitarra en la formación de Fletcher Henderson que pronto abandonó el hogar, aún era una niña cuando su madre la confió a unos parientes, mientras se instalaba en Nueva York buscando mejorar su pobre existencia. Billie conoció entonces el miedo mayor cuando fue violada por uno de los clientes de la casa para la que hacía recados y limpiaba. Había comenzado un largo, y vertiginoso, calvario que ya no cesaría hasta su trágica muerte en 1959.

Prisión y prostitución

Nueva York, de hecho, a su llegada en 1928, hace que vuelvan a airearse los trapos sucios en torno a ella cuando pasa cuatro meses en prisión, tras haberse iniciado en la prostitución. Billie cumple la pena y, en breve, un club de Harlem, el «Log Cabin», la contrata como cantante a cambio de las propinas de la audiencia. Nadie parece tener oídos aún para explicarse las formas de una cantante que se separa sustancialmente de sus compañeras de generación. Nadie, salvo el productor John Hammond, que, en 1933, la descubre en un club e, inmediatamente, acuerda con ella una grabación con Benny Goodman. Billie se convierte de forma inmediata en una sensación. Aquella grabación supuso su irrupción fulgurante en el jazz de la época, saludada con entusiasmo por el mismísimo Duke Ellington que le propuso ser la voz cantante en la banda sonora de la película «Symphony in black».
La información que acerca de su obra han recogido hasta el momento las numerosas biografías que sobre la cantante se han publicado -incluida la propia, en realidad escrita a cuatro manos con el pianistaWilliam Dufty–, está muy bien ordenada y plantea que los discos que la hicieron célebre fueron en su mayoría realizados entre 1935 y los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Aquí es forzoso abrir un paréntesis para situar a Billie Holiday en su contexto y calibrar la importancia real que tuvo. En aquella segunda mitad de los años 30, la industria de la música había clausurado las experiencias transformadoras de la década anterior y estaba entregada a la primera etapa de su consolidación como una de las iniciativas más sólidas del mercado del entretenimiento. Billie Holiday nunca había tenido éxito como intérprete de blues, pero fue la aceptación de la balada popular como medio de expresión artística la que le proporcionó el definitivo éxito. Sus grabaciones de «He’s funny that way» y «I can’t get started», de 1937 y 1938, son una muestra elocuente de un timbre vocal único y una infalible capacidad para dotar de emoción añadida unas canciones cuya melodía Billie zarandeaba acodándose en su personalísima dicción de los textos, como si estos hubiesen sido escritos expresamente para ella.

Una vida de luces y sombras

Como todo es empezar, para entonces Billie sigue trabajando con Teddy Wilson, con Lester Young y con Frankie Neston; se presenta en Chicago, en Los Ángeles y, en 1940, se la escucha con Benny Carter y en muy variadas emisiones de radio. Conoce el éxito de «Lover man» y «God bless the child», cuya letra ha escrito ella misma. Sin embargo, «Gloomy sunday» es prohibida en la radio, después de haber procurado –se dice– algunos suicidios.
La cantante se sume en una espiral de alcoholismo y drogas. De nuevo, la vida le muestra la cara menos amable del éxito. La mayor parte de los biógrafos han ocultado tras estos detalles escabrosos de su vida, un aspecto que es el que destaca hasta el final de sus días. Era una artista de los pies a la cabeza y jamás consintió que la fogosidad del mensaje de sus canciones se convirtiese en un melodrama.

«Strange Fruit»

Entre los meses de abril de 1939 y noviembre de 1956, Holiday registró un puñado de versiones de «Strange fruit», probablemente la canción de su catálogo que más ha trascendido. La llamada de desesperación de aquel poema de Lewis Allen, su descripción descarnada de aquellos extraños frutos humanos que colgaban de los árboles en la América de los años 30, informaba acerca de la ardiente lucha que la artista mantuvo a lo largo de su vida para alcanzar la propia identidad y la igualdad, conservando su capacidad de indignación moral.
Y, por supuesto, Billie Holiday -que supo de la importancia que tuvo conquistar el Carneggie Hall y el Mansfiel Theater en 1948, que apreció trabajar y grabar con Red Norvo, con Sy Oliver, con Eddie Condon, con Count Basie, con su querido Lester Young, que le puso el apodo de Lady Day- se fue de este mundo sin llegar a saber que su forma de cantar, yendo un compás por detrás de la melodía, estaba destinada a consolidar una de las formulaciones del jazz vocal más imitadas desde entonces. Murió en Nueva York un 17 de julio de 1959, puede que por agotamiento y miseria, puede que de incomprensión. Poca gente en el jazz tuvo una vida tan trágica; era la misma que, en ocasiones, trasladaba al oyente a través del mensaje de sus canciones en el momento de su interpretación.

Tributos y recopilaciones


Billie Holiday: mito y realidad de una dama del jazz

La conmemoración sirve para reivindicar sus aportes creativos


    Billie Holiday
    Billie Holiday, en 1956, posa frente al edificio donde fue prostituta a los 15 años. / REUTERS / MONETA SLEET JR
    Cuenta John Hammond, su descubridor, que la joven Billie Holiday era una mujerona: en 1933 “pesaba casi cien kilos y era increíblemente hermosa”. En 1959, cuando falleció, con 44 años, había quedado reducida a una ruina, “una pequeña y grotesca caricatura de sí misma”, según un periodista delNew York Times.
    En esos 25 años, Billie patinó y fue atropellada por la vida. Lo contó en su autobiografía, Lady sings the blues, a la que la editorial Tusquets añadió una apostilla prudente:Fábula. Efectivamente, Billie era una gran fabulista y sabía que necesitaba dar pena, a fin de recuperar la ansiada tarjeta para actuar en los clubes neoyorquinos (su retirada era el castigo más doloroso para los jazzmen atrapados con drogas). Su amanuense, William Dufty, tenía claro su objetivo: un libro explosivo. Y lo logró, aunque la editorial metió tijera, por miedo a las demandas de personajes como Orson Welles o Tallulah Bankhead.
    Esa Billie trágica de Lady sings the blues, edulcorada por Hollywood en la película homónima, es la que ha permanecido. Insatisfecha con ese retrato, una fan llamada Linda Kuehl inició en los sesenta el trabajo de base para una biografía rigurosa. Realizó unas 150 entrevistas a quienes convivieron con ella: músicos, amantes, novios, agentes de narcóticos, aficionados. El resultado era menos romántico que el libro de Dufty: educada en las leyes de la prostitución, Billie asumía que debía pagar por amor al chulo de turno. Era una yonqui atípica: después de grandes festines, aguantaba largas temporadas de abstención.

    Billie Holiday: The Man I Love
    Por la crudeza de la narración o por la carencia de experiencia profesional de Linda Kuehl, su proyecto de libro fue rechazado; al poco, se suicidó. Años después, la escritora Julia Blackburn descubrió su archivo y comprobó que aquello era oro puro: entrevistadora persistente, Kuehl consiguió que se sincerasen hasta los tipos que desempeñaron papeles más miserables en el hundimiento de Holiday. Blackburn recuperó el material para un libro coral, aquí traducido como Con Billie (Global Rhythm, 2006).

    En su educación musical figuran Bessie Smith o Ethel Waters
    Con todo, la verdad está en los discos. Nacida el 7 de abril de 1915, en Filadelfia (Pennsylvania), Eleanora Fagan era una criatura de ciudad. Se educó musicalmente escuchando a Louis Armstrong, Bessie Smith o Ethel Waters, artistas que —curioso— también sufrieron infancias miserables. Quizás la principal señal distintiva resida en que Elenora estuvo internada en instituciones católicas. Lejos de los éxtasis emocionales de las iglesias baptistas, interiorizó la moderación expresiva y la dicción nítida. Por lo menos, frente al micrófono.
    Era menor cuando se rebautizó: el nombre venía de una actriz, Billie Dove; el apellido, de su supuesto padre, el guitarrista Clarence Holiday. Fue afortunada: pilló el final del llamado renacimiento de Harlem, sembrado de locales donde los músicos improvisaban y acogían a novatos. Su estilo ya estaba formado cuando coincidió con John Hammond.

    Billie Holiday: My man
    En una época donde las vocalistas eran conocidas como “canarios” y estaban subordinadas al lucimiento colectivo de las orquestas, Billie funcionaba como una instrumentista: era una jazzwoman. Su sonido, insistía, se parecía al de la trompeta de Armstrong o el saxo de Lester Young. Fraseaba como ellos y se permitía iguales libertades con la melodía y el ritmo. De ahí que muchos consideren el pináculo de su carrera las grabaciones hechas con el pianista Teddy Wilson y su Orquesta (en total, ocho músicos) durante la segunda mitad de los años treinta.

    Su imagen de mujer atormentada dictaba el tono de algunas de sus grabaciones
    Billie prefería las formaciones pequeñas: sus experiencias con lasbig bands de Count Basie y Artie Shaw resultaron infelices, por su temperamento y por las indignidades de la segregación racial. Decidió que debía usar los recursos actorales: siempre soñó con hacer cine. Los aplicó cuando grabó Strange fruit en 1939, descarnada denuncia de los linchamientos de negros en los estados sureños. Y los acentuó tras conocer a Mabel Mercer, artista británica que recitaba más que cantaba.
    En los años cuarenta, Billie entró en un bucle: su imagen de Mujer Atormentada dictaba el tono de sus grabaciones, que reforzaban el estereotipo de la solitaria, la incomprendida, la maltratada. Eso se tradujo en interpretaciones ralentizadas, donde exprimía el contenido emocional de las letras. Parecía vulnerable, el poeta Philip Larkin, tradicionalista en cuestiones de jazz, describió sus discos como “calcinados y abrasadores”.

    Billie Holiday: God bless the child
    Podía haber seguido repitiendo la fórmula y nadie rechistaría. Sin embargo, en la neblina de su caos, intuía que su creatividad todavía no se había agotado. Fichó con el promotor Norman Granz, que supo sacarla de su letargo, enfrentándola con material fresco y juntándola con solistas de primera. En el estudio, podía entrar tarde, con una afinación insegura, consciente de sus recursos deteriorados. Pero en segundos se recuperaba y volvía a surgir la magia, ese metal doliente que ahora imitan cantantes de mucha técnica y, ay, pocas vivencias.

    Discografía selecta

    Billie Holiday (cuyo nombre real era Eleanora Fagan) nació el 7 de abril de 1915 en Philadelphia. En 1930 debutó en los clubs de Harlem y fue descubierta por John Hammond. Con su nombre artístico, un homenaje a la actriz Billie Dove, la cantante se convirtió en una de las estrellas del jazz, hasta su muerte en 1959. A lo largo de su carrera dejó varios algunos álbumes clave para el género. A continuación, una selección:
    • Billie Holiday Sings (1952).
    • An Evening with Billie Holiday (1952).
    • Billie Holiday (1954).
    • Stay with Me (1955).
    • Music for Torching (1955).
    • Velvet Mood (1956).
    • Lady Sings the Blues (1956).
    • Body and Soul (1957).
    • Songs for Distingué Lovers (1957).
    • All or Nothing at All (1958).
    •  Lady in Satin (1958).
    • Last Recordings (1959).



    lunes, 1 de diciembre de 2014

    Henry Miller

    Henry Miller, 1940
    Fotografía de Carl Van Vechten
    Henri Valentine Miller
    (1891 - 1980)

    El novelista norteamericano Henry Miller nació en Nueva York el 26 de diciembre de 1891 y murió en Los Ángeles (Pacific Palisades) el 7 de junio de 1980. Henry Miller es sin duda uno de los talentos más destacados de la literatura norteamericana contemporánea y el paradigma del disidente y anarquista pacífico de su tiempo. Toda su obra es autobiográfica y vivencial; de ahí lo profundo de sus convicciones, expresadas en su entrega a la literatura como camino personal irrenunciable. Su naturalidad para tratar temas como el sexo y su denuncia de la hipocresía social en esta materia le valió la admiración de infinidad de lectores de todo el mundo y el tener entre sus adeptos incondicionales a las generaciones de inconformistas de su propio país de las décadas de los años cincuenta y sesenta de la pasada centuria.

    Henry Miller


    Sus padres eran judíos. Su asistencia, en 1901, al City College sólo dura dos meses: lo abandona para emplearse en una fábrica de cemento. Luego de una serie de viajes por el sur de los Estados Unidos, durante los que se mantiene realizando cualquier tipo de trabajo, regresa a Nueva York en 1914 y se emplea en la sastrería de su padre. En 1923 realiza su primer viaje a Europa con su segunda esposa, June Edith Smith. Pero no es hasta 1930 que Miller decide establecerse en París, donde encontró bastantes temas para sus libros y un ambiente propicio para su vida bohemia y turbulenta.
    En 1934 publica Trópico de Cáncer (Tropic of Cancer), obra que será editada simultáneamente en inglés y francés. Los conflictos con la censura mantendrán esta obra inédita en Norteamérica hasta 1961; en esta época, Miller será ungido maestro de la proclamada revolución sexual del momento, pues trataba sin tapujos las situaciones de sexo explícito y mostraba una corrosiva ironía al referirse a los supuestos valores del puritanismo, ya sea en su versión francesa o norteamericana.
    Trópico de Cáncer es una crónica sobre la vida del propio autor en París, sus andanzas de artista pobre y mujeriego, en la que se entrelazan una suerte de picaresca de sabor europeo con el irónico humor americano. La novela tiene una estructura poco convencional y está escrita en un lenguaje descarnado y hasta obsceno, pero indudablemente revolucionario y vital; en ella se manifiesta la preocupación de Miller por la búsqueda de identidad y la liberación del individuo de la maraña de mitos sociales que lo apresan.
    Su estadía en París significa el comienzo de amistades fundamentales en lo que a su vida y obra se refiere; conoce a Jean Giono, a Anaïs Nin y a Lawrence Durrell, quien compartía con Miller la postura vitalista que enseñaba la práctica y la celebración de lo corporal por encima de todas las adversidades, fórmula que tanto influiría a lo largo de toda su literatura. En 1936 publica el libro de narraciones Primavera negra (Black Spring).






    El sexo es una de las nueve razones para la reencarnación. 
    Las otras ocho no son importantes.
    Henry Miller



    En 1939, junto con Durrell, realiza un viaje por Grecia del que es fruto la novela El Coloso de Maroussi(1941). También en 1939 publica Trópico de Capricornio (Tropic of Capricorn), en la que, al igual que en el anterior Trópico, Miller expone cómo su estancia en París estuvo marcada por una agobiante pobreza. No faltan críticos que sostienen que ambos Trópicosrepresentan, respectivamente, la crónica de una liberación y el cuadro del infierno del cual el escritor escapa. En ambas obras hay la misma ausencia de estructura, el mismo caos verbal, abierta utilización de monólogo interior, ruptura de ritmos, utilización deflashback, extensas catalogaciones a lo Whitman y sobre todo abundantes metáforas e imágenes de raigambre surrealista.

    Terminada la Segunda Guerra Mundial, su obra comienza a obtener cierta difusión, lo cual le permite trasladarse a vivir definitivamente a su entrañable California. Allí escribe Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch (Big Sur and the Oranges of Hieronymus Bosch, 1957) y termina una obra cuyos apuntes había traído de París: Sexus (1949). Primera pieza de La crucifixión rosada (Plexus, 1953, y Nexus, 1959, son las otras), esta serie retoma la temática autobiográfica y cubre el período que va de 1923 a 1928.
    Más relajado, acabados definitivamente sus pleitos con la censura y sin sobresaltos económicos, Miller se dedica a la pintura con gran intensidad. Publica sus cartas con Anaïs Nin y continúa explotando su propio pasado en Mi vida y yo.
    Lo que se expresa en las obras de Henry Miller es una filosofía de la vida absolutamente transgresora, irreverente para con los clichés morales y estéticos de nuestra sociedad. La literatura de Miller es refractaria a cualquier credo específico; aboga por una especie de sincretismo estético y filosófico entre Occidente y Oriente. De ahí su enfático interés por la astrología, la teosofía, el ocultismo, el hinduismo y sobre todo el budismo. Miller es uno de los más claros ejemplos de literatura hecha de desesperación, de amor a todo sin cortapisas, de fe en el lenguaje como lugar de conocimiento. Herederos de su forma de entender la existencia fueron beatniks y hippies.




    Falleció el escritor norteamericano Henry Miller



    El escritor norteamericano Henry Miller falleció el pasado sábado en su domicilio de California, a los 88 años de edad, a causa de un agravamiento en los trastornos circulatorios que padecía desde hace tiempo. Su amigo y editor Noel Young, de la editorial Capra Books, de Santa, Bárbara, manifestó que había muerto sin sufrimiento, «su muerte era esperada y fue pacífica». Debido a la diferencia horaria y al retraso en facilitar la noticia, los medios informativos no pudieron recoger el domingo la desaparición de uno de los grandes novelistas de nuestro siglo.
    Una vida consagrada a la literatura, un religioso del sexo, un exaltado apologista del amor y de la sexualidad sin complejos, el gran pornógrafo, un genio vital, son algunos de los resúmenes posibles de la permanencia literaria de Miller, un escritor que deseaba coronar su obra con el Premio Nobel de Literatura. Pocos días después de concederse a Isaac Bashevis Singer, declaraba: «Si no he tenido el premio este año, peor para ellos; ya me lo darán el año que viene. Ya se sabe que el Nobel en sí mismo no es nada, es el dinero lo que importa. De todas maneras, si yo hubiera ganado el Nobel no habría ido a recibirlo. Yo no viajo más y tampoco me pongo un esmoquin».Hace dos años, Miller confesaba a un periodista que había visto de cerca la muerte al sufrir la primera operación, cinco años atrás. «Hasta entonces, nunca había pensado en la muerte. A menudo me digo que la vida debe ser bonita al otro lado, debe continuar, yo lo siento, tengo la intuición. De otra manera, toda la existencia sería una pérdida de tiempo».
    Intuición de una vida al otro lado de la muerte
    Henry Miller nació el 26 de diciembre de 1891, en Yorkville, barrio de Nueva York, de padres americanos de origen alemán. Al poco tiempo, la familia se instala en Brooklyn, y la calle se convierte en el primer campo de experiencias, del futuro escritor. Es un ejemplo típicamente americano de self-made man, autodidacta en todo a partir de una breve temporada en la escuela secundaria y en la Universidad Cornell. Durante tres años, a partir de 1914, trabajó con su padre y en otras ocupaciones como funcionario municipal y empleado de una compañía de cemento. En 1924 abandona la compañía de telégrafos, donde ocupaba un cargo de director de personal y decide consagrarse a la escritura.
    Tiempo de penuria y fecundidad en París
    En 1930 emprendió un viaje a España, pero las circunstancias lo desviaron a París, donde permaneció casi diez años, un tiempo de penuria pero fecundo, con la publicación de sus mejores novelas. En 1931 conoce en París a Anaïs Nin, con la que mantiene una gran amistad y un epistolario durante varios años, y tres años mas tarde publica su primer libro, Trópico de Cáncer, donde se autolibera definitivamente de su pasado americano. Esta obra, calificada de obscena y pornográfica, provocó cerca de sesenta procesos y no se pudo publicar en Estados Unidos hasta 1960. En la década de los treinta publica Ida y vuelta Nueva York (1935), Primavera negra (1936)y Trópico de Capricornio (1939).
    Uno de sus libros preferidos es El coloso de Marusi (1941), escrito a partir de un viaje por Grecia en compañía del escritor Lawrence Durrell, con el que mantuvo una amplia correspondencia, a partir de su primer encuentro en 1937, publicada en 1963. Esta obra anuncia un nuevo período del escritor, con un estilo más reflexivo.
    La segunda guerra mundial le obligó a volver a Estados Unidos, en 1940, donde se establece en California, cerca de Big Sur, localidad descrita en una de sus obras más representativas. Antes recorrió diversos puntos del país, retratado de una forma feroz en el libroPesadilla de aire acondicionado (1945). Su intensa actividad literaria se centra en la trilogía La crucifixión rosada, que comprende los volúmenesSexus (1949), Plexus (1953) y Nexus (1959), donde continúa sus personales confesiones y otros aspectos autobiográficos y muestra cómo un hombre puede salir del sistema para convertirse en un ser verdaderamente libre. Publica además Los libros de mi vida (1952), donde describe sus dispersas influencias literarias; Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch, Días tranquilos en Chichy, Rimbaud(1956) y El mundo del sexo (1957).
    Literato entusiasta a los ochenta años
    A partir de 1964 se instala en la localidad de Pacific Palisades, cerca de Los Angeles, convertida en una institución para los norteamericanos en los últimos años. Al llegar a los ochenta años publicó el libro Al pasar los ochenta, donde se muestra el mismo Miller entusiasta que sesenta años antes decidió su dedicación a la literatura. En 1976 recibió la Legión de Honor de la República Francesa, galardón entregado por el embajador francés en Estados Unidos. Se había casado cinco veces y tuvo tres hijos. Su última esposa, la cantante japonesa Hoki Tokuda, ha declarado que Miller era como un padre para los bohemios y hippies.«Jamás me compró vestidos o joyas, pero siempre me dejó hacer todo lo que pudiera enriquecer mi personalidad, como comprar libros o viajar. Como autor, decía siempre que nunca le faltaban temas. Escribía a máquina como una ametralladora cuando se ponía a trabajar».
    Henry Miller, «duro, solitario y feliz», como el título del libro de entrevistas de Brassaï, ocupa ya uno de los primeros lugares de la literatura universal, un escritor de la calle, un ávido de la vida, un hombre que defendía la obscenidad frente a la pornografía.

    Henry Miller y Brenda Venus


    Presencia de Henry Miller en España

    EL PAÍS 10 JUN 1980


    La primera obra de Henry Miller publicada en España fue El coloso de Marusi, editada en 1957 por Carlos Barral en su recién inaugurada colección Biblioteca Breve, de la Editorial Seix Barral.Diez años más tarde se editaba en catalán, en Edicions 62, Un diable al paradis,capítulo de Big Sur and the Oranges of Hyeronimus Bosch, dedicado al astrólogo y gran amigo personal del escritor, Maurice Morricand.
    Sin embargo, no es hasta finales de 1977 cuando se editan en España sus obras más famosas, los Trópicos, por Alfaguara y Bruguera. En diciembre de 1977, los medios informativos daban cuenta de que se habían agotado en diez días los 15.000 ejemplares de la primera edición de Trópico de Cáncer.
    Un año más tarde, en diciembre de 1978, Enrique Tierno Galván, actual alcalde de Madrid, presentaba públicamente Sexus, primer tomo de la serie La crucifixión rosada, editado por Alfaguara. Para el profesor Tierno Galván, Miller es, a la manera de Cervantes, un resumidor de la cultura de su tiempo. Miller hace su literatura partiendo de la ausencia de tentaciones, justificaciones y mediaciones que se producen en el mundo contemporáneo. La cultura occidental ha llegado al borde de sus propios límites. Miller reflexiona y caricaturiza esas ausencias. La utilización del sexo es para Henry Miller una manera admirable para aproximarse a la situación de soledad que vive el hombre de su tiempo.
    Con motivo de la presentación de Sexus en España, la Filmoteca Nacional programó la exhibición de tres películas sobre el escritor y su mundo: Reflections on the writing, de Robert Snyder (1972); The Henry Miller odyssey, también de Robert Snyder (1972), y Henry Miller, a sleep and a wake, de Tom Schiller. La filmografía de y sobre Miller se completa con Tropic of Cancer, de Joseph Strick (1969); Días tranquilos en Clichy, de Jens Jorgen Thorsen (1970), y Conversations filmees a Big Sur, de Michéle Arnaud.
    Henry Miller, 1975

    La vida no ejemplar de Henry Miller

    Hoy hace dos años de la muerte de Henry Miller, escritor norteamericano cuya influencia en la Europa de la posguerra fue más allá de la simple literatura para proponer un modo de enfrentarse a la vida que provenía de una vitalidad personal que le abandonó sólo cuando se apagó su vida en su casa del sur de California.

    ANTONIO DE SENILLOSA 8 JUN 1982


    Murió joven, a los 88 años, y fue el dueño de esa inmortalidad soñada desde siglos por nobles y plebeyos, altos y bajos, creyentes y ateos, obesos y transparentes, libres y esclavos, eruditos y analfabetos, jueces y ladrones. Qué pena que la inmortalidad siempre tenga la manía de elegir la carne, la sangre y los huesos -el cuerpo- para alojarse. Reconforta encontrar adolescentes como Picasso, Chaplin, Casals, Neruda y Hertry Miller, muchachos a los que la biología nunca pudo destruir, eternos vencedores de la cirugía plástica, sensuales fabricantes de hormonas esfumadas, niños que no necesitan llegar a viejos para ser hombres.Tiene que ser cruel poseer la juventud durante 88 años. Pero debe ser compensatorio -y quizá hermoso- sucumbir a las ingles de una japonesa y convivir con ella por su manera de jugar al pimpón, su charla epidérmica y sus 43 años de diferencia. Tiene que ser fascinante compartir el lecho, el pan y el vino con una mujer que se llama Hoki Tolcuda, y que responde, cuando le preguntan por el viejo: "Está mejor que cualquier muchacho". Sí. Debe ser magnífico y terrible morirse en plena juventud y llamarse Henry Miller.
    Nació en Nueva York, pero no en la ciudad impoluta y prefabricada que pinta Madison Avenue, sino en la otra, la de la mugre, los navajazos, las putas a cinco dólares la noche, los borrachos vomitando en los portales, los homosexuales y los proxenetas, los mendigos y los poetas. Miller, como casi todo el mundo, nació en una casa, pero se crió con la única maestra que podía aguantar y aguantarle a él: la calle.
    Arrugas del alma
    Vagabundo y marginal, ningún bisturí o psicoanalista pudo plancharle las arrugas del alma. Obrero agrícola, boxeador, secretario de un predicador, reportero, profesor de gimnasia, ascensorista, corrector de pruebas, corredor ciclista y, de pronto, la rabia apretándole el sexo a la jauría urbana: será escritor, como su amigo Hemingway, que vive en París y cobra un dólar por palabra, o como John Dos Passos, que acaba de descubrir a Rocinante, o como Scott Fitzgerald, agotando el champaña del George V o del Ritz. Miller será escritor, aunque para ello tenga que amarrar sus dos metros de estatura en el pringue de Montparnasse y mangarle a Anaïs Nin diez francos para el alquiler. El jazz, la Costa Azul, las fiestas, el tenis, la ropa blanca, las mujeres hermosas -todo eso que amaba el gran Gatsby- no formaban parte de su galaxia. Hertry habitaba'en el lado sórdido de la feria, junto a otros roñosos -Zola, Cadwell y Joyce-, tipos que encontraban placer narrando la verdad y sólo la verdad, como hacen los reos cuando van a morir ejecutados, gentuza que usaba las palabras como municiones, indecente chusma que confundía a los judíos con seres humanos, inconfesable morralla que se permitía clamar justicia para el Ulster. Ese era el subinundo de Miller, el de las buhardillas miserables y el de las ocasionales compañías, el de las prolongadas borracheras que no pudieron apagar su lucidez. Noches y días de caminar, caminar sin rumbo, pidiendo una limosna o un plato de comida, un rincón en cualquier cuarto o una mano amiga escondiendo un cigarrillo. Obstinado Henry, aterido Miller, siempre dando la lata con la pureza que yace en la basura o exaltando la belleza del sexo, un producto de consumo masivo que se convierte en pura mierda cuando se vende a 250, pesetas la platea. O a cien el ejemplar.
    Y es que la pureza -lo dijo san Francisco de Sales, no yo-, igual se encuentra en el cielo que en el infierno.
    Durante 1947 Miller abandonó la hoguera europea y se radicó en el Big Sur, en esa California de los Nixon y los Reagan, de jubilados que pescan en los muelles y abuelas que trocaron la pañoleta por una visera. California, como antes lo fue Clichy, es un buen lugar para escribir, pero también lo es para gozar de cinco bellísimas esposas, algún que otro amor extralegal y la constante visita de muchachos/as, universitarios/ as empecinados/as en trabajar los Trópicos como tesis. California es un buen punto para que un renegado se tueste al sol, el sitio exacto para que el hombre se afirme, primero, como persona, y luego, como componente social de una jungla devoradora; la fortuna -como la paternidad- le llegó a destiempo, pero el patriarca tenía la lección bien vivida: "Pasé toda mi existencia buscando la felicidad. Hoy sé en qué consiste: pintar, nadar, mirar la belleza".
    Maldito y escandaloso Míller, muerto el 8 de junio de 1980. Vital pasional y alegre maestro, apocalíptico antihéroe que una vez pronosticó: "Todo lo que es americano desaparecerá un día; desaparecerá con mayor fuerza aún que lo griego, lo romano, lo egipcio... Y esta idea me ha producido una pena infinita, porque no hay agonía más atroz que el hecho de pertenecer a algo que no sobrevive".



    Un manuscrito de Henry Miller, 

    vendido en casi 25 millones


     Nueva York 18 FEB 1986

    El manuscrito de la novela Trópico de Cáncer, de Henry Miller, ha sido vendido en una subasta de la casa Sotheby's de Nueva York, por la suma de 24.750.000 pesetas. El manuscrito, de 926 páginas mecanografiadas y anotadas por el autor, fue comprado por un marchante neoyorquino de libros raros para un coleccionista anónimo.
    EL PAÍS




    'Trópico de Cáncer', de Henry Miller
    EL PAÍS publica una de las novelas más escandalosas e innovadoras del pasado siglo


    EL PAÍS 31 OCT 2002

    Decir Miller es decir escándalo, y sin embargo, su obra es mucho más amplia, culta y lúcida que las inevitables referencias sexuales que surgen al invocar su nombre. Naturalmente, ni Miller ni nadie en su sano juicio pretenden desarmar la carga de profundidad que supuso para las buenas costumbres y la moral establecidas la publicación, en 1934, deTrópico de Cáncer. La crudeza o naturalidad con la que el escritor estadounidense se refiere al sexo, la apasionada defensa del individualismo más anárquico y extremo, la predilección que siente por los malditos, por los perdedores, por lo periférico, por aquellos que desde la mediocridad y el delirio son incapaces de asumir su derrota, y todo ello narrado sin una estructura o armazón preciso, desde un aparente caos, tan coherente por otra parte con el submundo descrito, es lo que hace de Trópico de Cáncer un torpedo que da exactamente en la línea de flotación de los autosatisfechos. La novela, o 'documento' si respetamos la definición del propio Miller, se editó semiclandestinamente en francés y se convirtió casi de forma inmediata, y al mismo tiempo, en un éxito y en una escandalosa leyenda. Prohibida con similar intensidad que ensalzada, Trópico de Cáncer (que el lector de EL PAÍS podrá comprar mañana por tres euros) no pudo ser publicada en Estados Unidos, país natal de su autor, hasta 1961, es decir, 27 años después de su aparición y cuando buena parte de las vanguardias artísticas de los años treinta ocupaban ya las nuevas academias, lo respetable y establecido.



    La censura como reclamo

    Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, las dos obras míticas de Henry Miller, se publicaron por primera vez en Francia durante la década de los treinta. Los dos libros fueron prohibidos rápidamente en Estados Unidos y Gran Bretaña bajo el cargo de obscenidad, pero su difusión se reveló pronto imparable: miles de ejemplares entraron subrepticiamente en ambos países hasta que se levantó la prohibición en los años sesenta. En EE UU el asunto llegó hasta el Tribunal Supremo, que tuvo que desestimar docenas de resoluciones de los tribunales estatales contrarias a la publicación. Querellas y éxito de ventas. En España, por ejemplo, la primera edición que lanzaron Alfaguara y Bruguera en 1977 vendió 15.000 ejemplares en 10 días.


    EL PAÍS



    Lecturas roncadas

    "Lo cierto es que [Sexus] fue muy leído por jovencitos ajenos a la presunta gloria literaria de Miller y algo más próximos al descubrimiento propio del autoerotismo"


    Cuando el verano aprieta las meninges se despistan hasta el punto de hacerse un lío con las lecturas elegidas para pasar las tardes de calor, y así uno puede sorprenderse releyendo cosas como Sexus, de Henry Miller, sin saber por qué. A este buen hombre, que pudo ser un excelente directivo del servicio de correos norteamericano, le dio por ser artista, a fin de dejar huella distinta de sí mismo al de acuñador de sellos, de modo que se puso a escribir convencido de que algo tenía que decir más allá de sus aturdidas jornadas de trabajo, su afición a la ingesta de alcohol duro y su querencia un tanto dramática por las mujeres, más exactamente por lo más alto en la entrepierna de las mujeres. Y, encima, lo hizo.
    Se convirtió así en un pelmazo de mucho cuidado, que a menudo tomaba su propio nombre para designar el héroe novelero de sus ocurrencias (cosa que, que yo sepa, no han hecho jamás ni Antonio Gala, ni Francisco Umbral, ni Sánchez Dragó, que ya es decir), unas ocurrencias en las que el maestro mezclaba curiosos nombres pertenecientes a la alta cultura, acaso para mostrar (que no demostrar) que estábamos ante una persona cultísima, daba la paliza sobre los múltiples y siempre engorrosos discursitos sobre el sentido de la vida, para terminar de manera inevitable en una alocada descriptiva de centenares de achuchones sexuales, aburridos hasta decir basta, en los que lo único que quedaba claro era que Miler tenía una polla como una olla, alardeaba de ella sin reposo, y que era capaz de dar servicio a cualquier mujer, a cualquier hora y en cualquier circunstancia, lo que, de ser cierto, vendría a ser lo único reseñable en este tocho de más de 600 páginas, un suplicio a la mayor gloria de un picha brava de los de aquí te pillo, aquí te mato (de gusto, no deja de insistir el obsesivo autor), en una prosa digna de una Corín Tellado más o menos pornográfica.
    Sexus se publicó en l949, después de numerosos problemas con la censura (como el audaz autor esperaba, ya que el torro estaba destinado "a despertar las conciencias"), y bastante más tarde apareció en una editorial sudamericana, antes de que Alfaguara la incluyera en su catálogo algo después de la muerte de quien ya supone el acalorado lector. En la solapa de la edición que manejo (Edhasa, 2012), se asegura sin remilgos que Henry Miller es "un renovador del arte narrativo a la altura de Proust, Joyce o Faulkner", lo que resulta algo exagerado, añadiendo un "si bien solo él tuvo que enfrentarse a una férrea censura", lo que es incierto. Lo cierto es que fue muy leído por jovencitos ajenos a la presunta gloria literaria de Henry Miller y algo más próximos al descubrimiento propio del autoerotismo, lo que tampoco está nada mal, sobre todo si les imponían como lectura obligada en bachillerato la delicada La lozana andaluza, que no creo. No es casual que en la última versión de la peli El cabo del miedo el malo malísimo Robert de Niro deposite un sobado ejemplar de Sexus bajo el cubo de basura de la casa donde habita la adolescente que quiere violar. Es exactamente su lugar.


    Obras

    • Cartas a Anaïs Nin (esta obra comprenden un período de 15 años, de 1931 a 1946), fecha de publicación (en español, por Bruguera Amigo) 1981
    • Trópico de Cáncer, 1934
    • Primavera negra, 1936
    • Max y los fagocitos blancos, 1938
    • Trópico de Capricornio, 1939
    • El ojo cosmológico, 1939
    • El mundo del sexo, 1940
    • El coloso de Marussi, 1941
    • La sabiduría del corazón, 1941
    • Un domingo después de la guerra, 1944
    • Pesadilla de aire acondicionado, 1945
    • La sonrisa al pie de la escala, 1948
    • Sexus, 1949
    • El tiempo de los asesinos, 1952
    • Días tranquilos en Clichy, 1956
    • Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch, 1960
    • Plexus, 1953
    • Nexus, 1960
    • Opus pistorum (póstumo), 1983
    • Querida Brenda (Cartas a Brenda Venus) 1986
    • Noches de amor y alegría (según Editorial Rueda (Arg) 1952)
    • Los libros en mi vida (según Editorial Siglo Veinte (Buenos Aires), tiene fecha de impresión de 1963)
    • Reflexiones sobre la Muerte de Mishima (públicado en the Weekly Post de Tokio, en 1971, después de la muerte de Yukio Mishima)
    • Nueva York ida y vuelta (según Editorial La Pleyade, tiene fecha de impresión de 1978)
    • Al cumplir ochenta (publicado por la UNAM)
    • Pornografía y obscenidad (recopilatorio de Henry Miller y D.H. Lawrence, por Edit. Argonauta)