miércoles, 18 de julio de 2012

James Thurber

MESTER DE BREVERÍA
James Thurber / La niña y el lobo
James Thurber / El lobo que era Dios

James Thurber
8 de diciembre de 1894
2 de noviembre de 1961

(Columbus, 1894 - Nueva York, 1961) Escritor y dibujante humorístico estadounidense. Después de un período de aprendizaje como redactor en un periódico de Columbus, en 1927 empezó a colaborar con The New Yorker, el diario de H. Ross donde aparecieron sus dibujos más famosos y sus mejores artículos. El estilo informal y flexible de James Thurber imprimió al periódico un inconfundible tono de urbana ironía: el ensayo The Years with Ross (1959) recuerda las etapas más importantes de esta larga asociación artística.


   Junto con E. B. White, escribió el libro Is Sex Necessary? (1929), célebre parodia de los artículos pseudocientíficos sobre sexo, al cual siguió una colección de relatos de impronta autobiográfica que estableció su reputación de escritor humorístico. En sus primeras obras ya aparecen los temas caraterísticos de su vasta producción: la transformación de la sociedad pequeñoburguesa y provinciana de Estados Unidos en la moderna sociedad tecnológica dominada por los mass-media y el psicoanálisis, el consiguiente malestar del hombre contemporáneo obligado a vivir en un mundo ajeno y confuso, la tenaz lucha entre hombres y mujeres que desemboca en la idea del matrimonio como "estado de guerra no declarada" entre ambos sexos.
  The Seal in the Bedroom (1932) es una colección de extraños dibujos de sofisticada simplicidad cuyos protagonistas a menudo son animales -sobre todo perros- que contemplan a los antihéroes de James Thurber, tímidos y neuróticos descendientes de J. A. Prufrock y de los gentilhombres jamesianos, desde una posición superior. En Mi vida y mis tiempos difíciles -que forma parte de El carnaval de Thurber, recopilación de trabajos de Thurber de los años treinta y cuarenta-, su mejor colección de cuentos, el autor se examina a sí mismo, con finalidad paródica, en su doble identidad de ingenuo muchacho de Ohio y de desencantado y ya maduro "easterner".

James Thurber
con Peggy Cass y Joan Anderson

   En 1940 publicó Fábulas para nuestro tiempo. En algunos dibujos y escritos aparece brevemente la luz melancólica, la amargura que penetra las últimas obras del autor: en Men, Women and Dogs (1943),Alarms and Diversions (1957), Lanterns and Lances(1960) cae la máscara cómica que había permitido a Thurber reírse incluso delante de la tragedia, y las sombras oscuras del absurdo se proyectan cada vez más sobre sus páginas.
   En estas obras, algunas de las cuales fueron escritas después de que perdiera la vista, se nota un creciente interés por las palabras, por su sonido y su estructura: juegos de palabras, neologismos, alusiones literarias precipitan su escritura hacia una dimensión surrealista. Comparado con Mark Twain, Thurber ha sido considerado con razón uno de los mayores escritores humorísticos estadounidenses: en sus obras conviven el patrimonio tradicional "midwestern" y los estímulos del nuevo cosmopolitismo cultural.




El escritor y dibujante humorístico estadounidense James Grover Thurber nació en Columbus ( Ohio) el 8 de diciembre de 1894 y falleció en Nueva York el 2 de noviembre de 1961.
De muy jovencito (a los seis años) le tocó vivir un percance muy doloroso que le marcaría por el resto de su vida: tenía dos hermanos, William y Robert. Una vez, jugando a ser Guillermo Tell, el primero de los precitados le hirió en un ojo con una flecha, a consecuencia de lo cual —no existía la tecnología médica de hoy en día—, Thurber no sólo lo perdió, sino que la lesión fue evolucionando y tras un empeoramiento de su visión después de los sesenta años, finalmente quedó ciego.
Durante su infancia y juventud fue, pues, incapaz de participar en deportes y actividades debido a ese defecto físico, así es que se empezó a interesar en otras cuitas, concretamente en la escritura. Y hete ahí que la carencia visual tuvo que ver con el desarrollo de una gran imaginación creativa, que fue trasladando a sus escritos. Al respecto, el neurólogo VS Ramachandran sugiere que la imaginación de Thurber puede explicarse en parte por el síndrome de Charles Bonnet, una afección neurológica que causa alucinaciones visuales complejas en personas que por lo demás poseen una mente perfectamente sana pero que han sufrido pérdidas de visión significativamente importantes.
Thurber no tardó en introducirse en los medios periodísticos: en Parístrabajó en la edición francesa del Chicago Tribune, posteriormente hizo de reportero para el Evening Post en Nueva York
El año crítico para la suerte profesional de Thurber como periodista, dibujante y escritor tal vez fuera 1927. En esa época el ahora prestigiosísimo e histórico The New Yorker, no era más que una revista en su segundo año de publicación, y todavía muy delgada y con muy poca publicidad, por lo cual no obtenía grandes ingresos. Pero como no iba mal del todo y tenía aspiraciones, decidió contratar a más personal. Y acaeció que el humorista Elwyn Brooks White (1899 - 1985) había conocido a Thurber y le había gustado, así que se lo recomendó a Harold Wallace Ross (1892 - 1951), que editaba la revista y quien lo tomó de inmediato.
Thurber, que a la sazón contaba 33 años y arrastraba un matrimonio no demasiado feliz, comenzaría a publicar allí los que serían algunos de sus dibujos más famosos y de sus mejores artículos, y a dar vida a la carrera literaria que haría de él uno de los humoristas más admirados de los Estados Unidos.
Un par de años más tarde (en 1929), con E.B. White, escribió en sociedad Is Sex Necessary?, un libro sobre sexo en el cual curiosamente NO SE MENCIONA NI UNA SOLA VEZ el acto sexual. Se trata de una parodia de los artículos pseudocientíficos sobre sexo salpimentados con una gran colección de consejos irónicos para que las mujeres mantengan dominados a sus hombres. En cinco meses se hicieron once ediciones y se vendieron 45.000 ejemplares. La obra tenía ilustraciones del propio Thurber, que no entusiasmaban excesivamente a Ross. Éste un día le espetó: “¿cómo diablos se te ocurrió que podrías dibujar?"), pero los dibujos del de Columbus tenían algo, tenían gracia, y por eso triunfaban.
Con el tiempo fuéronse publicando relatos cortos y libros varios, en los cuales se notaba la impronta autobiográfica, y que le valieron para dar solvencia a su creciente reputación de escritor humorístico. Las notas que caracterizaban y caracterizaron hasta el fin su vasta obra estuvieron siempre perfiladamente claras: la transformación de la sociedad pequeñoburguesa y provinciana de Estados Unidos en la moderna sociedad tecnológica dominada por los mass-media y el psicoanálisis, el consiguiente malestar del hombre contemporáneo obligado a vivir en un mundo ajeno y confuso, la tenaz lucha entre hombres y mujeres que desemboca en la idea del matrimonio como "estado de guerra no declarada" entre ambos sexos…
La amargura con la que resignadamente veía la relación entre maridos y mujeres siguió siendo partícipe de relatos como "La noche que se cayó la cama", "Nueve agujas" y muchos otros, que en su humor reflejaban su convicción de que las esposas norteamericanas tenían el impulso instintivo de someter a sus esposos, quebrarlos, casi destruirlos.
The Seal in the Bedroom (1932) es una colección de extraños dibujos de sofisticada simplicidad cuyos protagonistas a menudo son animales —sobre todo perros— que contemplan a los antihéroes de James Thurber, tímidos y neuróticos descendientes de J. A. Prufrock y de los gentileshombres jamesianos, desde una posición superior. En Mi vida y mis tiempos difíciles —que forma parte deEl carnaval de Thurber, recopilación de trabajos de Thurber de los años treinta y cuarenta—, su mejor colección de cuentos, el autor se examina a sí mismo, con finalidad paródica, en su doble identidad de ingenuo muchacho de Ohio y de desencantado y ya maduro easterner.
El éxito:
En la edición del 18 de marzo de 1939 The New Yorker publicó el relato sobre la vida secreta de Walter Mitty, de James Thurber, que seguía escribiendo y dibujando para la revista. El éxito de esta ficción humorística post-freudiana resultó inmediato y colosal. Fue reimpresa por numerosas publicaciones, incluyendo el Reader's Digest, con lo que dio la vuelta al mundo.Walter Mitty
Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, los soldados estadounidenses estaban tan consustanciados con el tema, que formaban clubes Walter Mitty. El nombre pasó al lenguaje cotidiano de los países de habla inglesa y hasta la prestigiosísima revista médica británica The Lancet acabaría describiendo la persistencia del fenómeno de soñar despierto, como el síndrome Walter Mitty y los periodistas empezaron a usar frases como él está sufriendo de un complejo tipo Walter Mitty o él está pasando por una fase estilo Walter Mitty.
El compositor Charles Hamm convirtió el relato en una ópera. Hubo una comedia musical, que se presentó en el off-Broadway… Y finalmente de 1947 data una película dirigida por Norman Zenos McLeod (1898 - 1964) y protagonizada por Danny Kaye (1913 - 1987), Virginia Mayo (1920 - 2005) y Boris Karloff (1887 - 1869) que, aunque en castellano se intituló Delirios de grandeza, no era otra cosa que la adaptación al cine (aunque la película poco que tenía que ver con el cuento original) de “The Secret Life of Walter Mitty”, en el que un escritor de novelas populares —digamos que un James Thurber cualquiera—, se escapa constantemente de la cotidianidad de su aburrida vida normal teniéndose por el protagonista de las propias aventuras que escribe. Walter Mitty (Danny Kaye) es una especie de Peter Pan negándose a crecer o a entender que la vida debe de vivirse en la realidad y no a través de las fantasías. Cabe decir queThurber odiaba la película.
Teatro, ópera, película… Se estima que La vida secreta de Walter Mitty hizo ganar a su autor más dinero por palabra QUE CUALQUIER OTRO RELATO EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA. El inglés Frank Muir (1920 - 1998) en 1992 comentó: "Esto parece altamente probable, dado que a pesar de su gran impacto e influencia, [la obra] era sorprendentemente corta. Thurber, en una carta hablaba de cuatro mil palabras, pero Burstein su biógrafo insistía en que sólo tenía 2.500 palabras". Muir contó las palabras una a una y logró sumar apenas 2.065, por lo cual concluyó: "parece que se encogió”. La versión en castellano, para leer la cual deben pinchar aquí, tiene, según el contador de palabras de Word, 2254 palabras.
Su estilo:
Lleno de sofisticación, encanto e ingenio, sus cuentos y ensayos —escritos entre finales de los años 1920 y los primeros 1960—, manifiestan un estilo cómico quintaesencialmente estadounidense aplicado a historias a ser posible de sucesos rocambolescos y con gente extraña y explicadas de forma mesurada, seca y calmada y con gran preocupación por los detalles. Y destaca mucho su capacidad sin igual para hacer que un final sorprendente parezca algo que deberíamos haber sido capaces de predecir todo el tiempo.
El relato-tipo de Thurber podría ser aquel en la que un hombre desventurado intenta sobrevivir en una sociedad que le abruma, demostrando así que este mundo en el que vivimos y que tenemos por normalsanobien ordenado y eficiente de hecho es árido, burocratizado, y fundamentalmente ridículo. Nuestra fantasía, que es vista por la gente normal como un signo de mente débil, es en realidad la facultad que nos salvará. En sus relatos, Thurber camina por una delgada cuerda floja entre la risa y la compasión; si sus personajes no hubiesen sido deliberadamente distanciados de nosotros por el seco y periodístico tono de Thurber, no habrían resultado divertidos, sino patéticos. El distanciamiento, irónicamente, sirve para humanizarlos y para hacer que se parezcan más a nosotros.
Las fábulas:
En el corpus literario íntegro de Thurber se incluyen más de setenta y cinco fábulas —incluida la de la mosca que abre este artículo—, la mayor parte de las cuales fueron recolectadas en las Fábulas de nuestro tiempo y famosos poemas ilustrados (1940) y Más fábulas de nuestro tiempo (1956).
Se puede decir que estos escritos por lo general se ajustaban al género de la fábula en la medida en que eran cortos, protagonizados por animales antropomórficos y rematados con una moralina (si bien estas moralejas más que como verdaderos consejos para el lector muchas veces funcionaban como chistoso remate final a un texto que necesariamente —conociendo la naturaleza satírica de quien las escribía— había de ser mordaz).
Y en cuanto al protagonismo animal de los relatos, una excepción: la que tal vez sea su más famosa fábula, El unicornio en el jardín, que presenta un elenco formado sólo por humanos, excepto el unicornio, que no habla.
El varón domado:
Sin embargo, por una razón muy convincente, sus historias no han envejecido bien, y por lo tanto lo leemos hoy, no tanto por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. Estamos hablando de la fuerte pulsión de misoginia que subyace bajo la superficie de sus escritos.Thurber, que se había escaldado en su matrimonio, sospechaba de la mujer como persona y por eso en muchas de sus historias aparece como alguien dominante, peligroso, feo y con quien no se puede razonar, y parece proponer como moraleja que el género femenino debe ser tratado con firmeza y decisión, o arruinará la vida de uno: en The Catbird Seat, por ejemplo, el conflicto central es entre un oficinista retirado y una mujer gritona y fuerte que amenaza su posición en la compañía. En un principio él considera seriamente matarla pero en vez de eso, luego maquina un ingenioso plan para que la echen. En The Secret Life of Walter Mitty (obra ya comentada) el conflicto es entre Walter y su castradora esposa, a quien él desprecia. En The Unicorn in the Garden, el marido —en un desenlace sorprendente— compromete a su esposa por abrigar exactamente la misma ilusión de la que ella lo acusó.
Digamos que el lector masculino que se sentirá por lo menos parcialmente identificado con algunos de los personajes que más frecuentemente pululan por los relatos de Thurber serán los varones domados, especialmente aquellos que sueñan con heroicidades mientras hacen los mandados que les encomendaron severamente sus esposas.
Curiosidades:
Formaba parte de una familia de notorios excéntricos de Ohio: su madre era una bromista reconocida y temida; su abuelo se había hecho recubrir de oro todos los dientes y le gustaba que le fotografiaran apretando, entre ellos, una rosa roja.
Un día, estando en París, una dama le dijo que había leído todos sus libros, tanto en inglés como traducidos al francés y que, en realidad, prefería leerlos en francés. Thurber le replicó: "Sí, me temo que mi obra pierde un poco en la versión original".







lunes, 9 de julio de 2012

Gerda Taro / Fotoperiodista

(1910 - 1937)
FOTOPERIODISTA


Me esfuerzo por ser perfecta para sentirme invulnerable
Gerda Taro


Gerda Taro y Rober Capa en París
Foto de Fred Stein
Gerda Taro fue una de las primeras mujeres que gozó de reconocimiento como fotoperiodista. Su verdadero nombre era Gerta Pohorylle y nació en Stuttgart, Alemania, el 1 de Agosto de 1910.

Gerda era una joven judía que tuvo que refugiarse en París en 1933 de la persecución nazi que sufría en Alemania. Fue allí donde conoce a Endré Frieddman más conocido como Robert Capa.

Taro y Capa comenzaron una relación sentimental que duraría hasta la muerte de la fotógrafa. Se cambian sus nombres, supuestamente inspirados en Frank Capra y Greta Garbo, pero sobre todo por razones comerciales. Taro y Capa son más fáciles de recordar que sus propios apellidos.


Gerda Taro
Foto de Robert Capa

Fotógrafa de la Guerra Civil Española

En Agosto de 1936 Gerda Taro y Robert Capa llegaron a España por su cuenta y riesgo en plena Guerra Civil. Su objetivo era documentar la causa republicana para la prensa francesa.

Taro se convirtió en una adelantada del fotoperiodismo. Su breve trayectoria se compone casi exclusivamente de dramáticas fotos de los frentes de la Guerra Civil española.

Su estilo de la última época es similar al de Capa. Ambos se diferencian en el interés por las composiciones formales que tenía Gerda. Otra discrepancia entre ellos es el grado de intensidad con que fotografían temas truculentos. Ella realiza fotografías mucho más crudas y duras que él.


Gerda Taro y Capa viajaron por los frentes republicanos españoles tanto juntos como por separado. A finales del 36 iniciaron un trabajo en el que Capa grabaría con una cámara mientras ella tomaba las fotografías. Trabajaron tan estrechamente que muchos de los fotogramas de la película son muy similares a las imágenes tomadas por la fotógrafa.








Taro murió en 1937 en la batalla de Brunete atropellada por un tanque. Fue la primera fotógrafa mujer que murió mientras informaba de una guerra.







domingo, 1 de julio de 2012

Raymond Carver


DE OTROS MUNDOS

Raymond Carver
(1938 - 1988)

BIOGRAFÍA
RAYMOND CARVER MURIÓ DE CÁNCER A LOS 50 AÑOS
ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
LA POLÉMICA LISH
OBRAS

BIOGRAFÍA

Raymond Carver nació en Clatskanie, el 25 de agosto de 1938, y murió el 2 de agosto de 1998 en  Port Angels. Escritor estadounidense cuyos relatos breves impusieron en su país un modelo narrativo denominado por la crítica "realismo sucio", porque sólo trataba temas cotidianos (sin nada heroico o excepcional) con un estilo seco y sin concesiones metafóricas.
   Para mantener a su esposa y a los dos hijos de ambos tuvo que aceptar trabajos de poca monta (asistente de una gasolinera, portero...) durante una etapa de su vida cuya inestabilidad económica lo marcaría para siempre. En 1958 empezó a interesarse seriamente por la narrativa después de haber asistido a un curso de escritura creativa en el Chico State College.
   Publicó sus primeros cuentos cortos en revistas, mientras estudiaba en el Humboldt State College de California, en 1963. Carver declaraba que eran tantas sus preocupaciones con los niños que apenas tenía tiempo para escribir, lo que determinó la brevedad de sus cuentos y que descartase la novela como género. Empezó a beber descontroladamente a partir de 1967 y hasta 1977, y llegó a ser incluso hospitalizado por alcoholismo.
   En 1976 alcanzó reputación con la colección de cuentos ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? En 1983 obtuvo un importante premio monetario de la Academia Norteamericana y el Instituto de Arte y Literatura, que le permitió reservar tiempo para escribir. Sus cuentos pueden dividirse en dos grandes etapas: la primera hasta principios de la década de 1980, y la segunda desde allí hasta su muerte. La primera puede considerarse un período convulso, en el que la forma de sus cuentos estaba dictada directamente por los sinsabores de su vida, mientras que la segunda fue más reposada, ya que la escritura pasó a ser una actividad de madurez.


Raymond Carver
Ilustración de Rob Stolzer

   Los personajes de sus relatos son pequeños seres atrapados en situaciones sórdidas de la vida corriente: gente sin empleo, abúlicos, perdedores por naturaleza, trabajadores pobres, caracteres nerviosos y grises. Sus escenarios son hogares donde los matrimonios se aman y se odian, o bares donde la existencia de los marginales y alcohólicos transcurre sórdidamente, o vecinos cuyas vidas se relacionan aleatoriamente, al estilo de Chejov, su maestro preferido. Sin embargo, entre tanta oscuridad y falta de sentido, a veces brota una luz de esperanza, o un detalle de horror, rasgo que confiere al estilo de Carver una personalidad inconfundible.


    Algunos cuentos están construidos dentro de la estética minimalista (pocos recursos en el menor espacio), como pequeños marcos para situaciones rápidas y apenas importantes a primera vista. Algunos críticos lo han considerado como "el mejor escritor de cuentos cortos desde Hemingway". En el marco de estos presupuestos vitales y estéticos escribió libros como Catedral (1984) o De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), y también interesantes volúmenes de poesía.
   Sus poemas parecen una extensión de sus cuentos en el sentido del prosaísmo, pero se abren más a un mundo lírico de objetos, sensaciones y paisajes. Murió en plena madurez creativa, poco antes de cumplir los cincuenta años, a causa de un cáncer de pulmón.


http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/carver.htm





Raymond Carver murió de cáncer a los 50 años

El cuentista más significativo del 'realismo sucio' comenzaba a ser reconocido internacionalmente


El escritor Raymond Carver, que durante los últimos años comenzaba a ser conocido internacionalmente como uno de los principales renovadores del cuento, dentro de lo que se ha dado en llamar realismo sucio, murió el pasado martes a consecuencia de un cáncer en su residencia de Port Angeles, en el Estado de Washington, según confirmó ayer a este periódico su agente en Nueva York. Se había casado en junio con la poetisa Tess Gallagher y deja un hijo y una hija de un anterior matrimonio. 
Carver acababa de terminar un nuevo poemario, A new path to the waterfall.Últimamente podía dedicarse por completo a la literatura tras haber obtenido el premio Mildred y Harold Strauss, dotado con una renta de 35.000 dólares anuales (unos 4,3 millones de pesetas). En España, adonde pensaba viajar en septiembre, había publicado Catedral y De qué hablamos cuando hablamos de amor(Anagrama). Su relato ¿Es usted el médico? fue publicado por EL PAÍS SEMANAL el 24 de julio. Su obra se compone de diez títulos: relatos cortos y poesía.Retratista de las clases pobres norteamericanos, él mismo nació en una familia de trabajadores, por los que, según dijo en una de sus últimas entrevistas, "tengo una gran simpatía. Son mi gente".
John Gardner, como profesor de escritura creativa en Chico State University, fue quien interesó a Carver seriamente en la literatura. Todavía universitario publicó su primer cuento, Pastoral, y su primer poema, The brass ring.
El mundo de Carver está poblado por seres sin esperanza, a quienes la vida se les va entre un trabajo sin sentido y otro trabajo sin sentido. Así transcurrió buena parte de la vida de Carver, que en 1967 consiguió el reconocimiento como escritor cuando su cuento Will yoplease be quiet, please? (¿Quiere usted, por favor, callarse, por favor?) fue seleccionado para una antología de Los mejores cuentos norteamericanos. Ése fue el año también en que comenzó a beber duramente, lo que le hizo pasar temporadas en centros de rehabilitación.

'Realismo sucio'

De alguna forma, la crítica ha querido ver en los cuentos de Carver un parentesco con las creaciones de una serie de autores jóvenes que practican lo que se ha dado en llamar realismo sucio, tendencia de momento más bien limitada a cenáculos de iniciados, al menos en Estados Unidos. En cualquier caso, los demás miembros del grupo son más jóvenes y por lo general no han escrito mucho.Durante los años 70 y comienzos de los 80, Carver enseñó en las universidades de California, lowa, Texas, Vermont y Siracusa, y ahora se consagraba por completo a la literatura. En 1987 había escrito Errand, la historia de la enfermedad y muerte de Chejov por tuberculosis. En este caso fue la vida la que imitó al arte. Poco después de terminar el libro, Carver comenzó a escupir sangre. Era cáncer.
El estilo de Carver es sobrio hasta el extremo de que, al comienzo, algunos le compararon con Hemingway, si bien esta comparación no se puede mantener hoy. Sus cuentos son extremadamente escuetos, y a la vez misteriosos. Mr. Coffee and Mr. Fixit comienza así: "He visto unas cuantas cosas. Iba a ir a casa de mi madre a pasar unas cuantas noches. Pero cuando llegué al final de las escaleras miré y ella se estaba besando con un hombre. Era verano. La puerta estaba abierta. La tele, encendida. Ésa es una de las cosas que he visto". El relato Gazebo comienza así: "Esta mañana me echó Teacher's en el vientre y me lo quitó con lametazos. Esta tarde intentó tirarse por la ventana".

Entre la espada y la pared


Cuando leímos por primera vez Catedral, y nos referimos exactamente al cuento que da título a uno de sus libros, comprendimos enseguida que ahí, en ese relato, quedaba condensada una nueva manera de construir literatura breve, una suerte de narrativa hecha de urgencia e inteligente elaboración. Velocidad y parsimonia. La velocidad la ponían los temas que abordaba Carver: la monotonía y esos mágicos sobresaltos en la cotidianeidad de la pequeña burguesía norteamericana. La parsimonia la dibujaban la técnica pensada, sincrética, apegada a la tradición y a la modernidad.De la avalancha de escritores norteamericanos que llegan por estos lares, Carver es el único, salvo honrosas excepciones, que nos dio la sensación de escribir entre la espada y la pared. Y el único con un secreto siempre digno de llamarse literario. Cada relato suyo nos traslada hasta este mundo que él entendía como un lugar amenazador. Una pirueta técnica, un manejo soberbio de la tramoya imaginativa hacía que esa amenaza se convirtiera en un friso de nuestro tiempo, fulminante y bello a la vez.

Los pequeños fervores
Los personajes que pueblan sus relatos tienen la hechura de los implacablemente golpeados por la bebida, la marginación o la desidia. Sin embargo, con ese material Carver no cayó nunca en la trampa de un disfrazado naturalismo de nuevo cuño. Ni la sordidez, ni la promiscuidad con que están impregnados varios de sus cuentos, impidieron que Carver rechazara la más mínima posibilidad de introducir en ellos un toque de tensión estrictamente literaria, un hálito de ominosidad, una inesperada intrusión de lo mágico, lo amenazador, o un vuelco hacia la desolación.
Todo su tan mentado realismo sucio se reducía a eso, a plasmar con un sentido demoledoramente eficaz de la ambigüedad literaria al hombre contemporáneo, tal como él lo sorprendía: inmerso en un mundo absurdo, aferrado a pequeños fervores -un televisor, una cerveza, un amigo, etcétera-, liberado de pronto, epifánicamente, por un impulso de inquietante revelación.
Hay un aspecto que conviene resaltar en Carver, aspecto que casi siempre una crítica apresurada y unas solapas superficiales tienden a ignorar: Carver nunca soslayó la tradición literaria, ni la europea, ni la norteamericana. De la europea, aprendió con Flaubert el gusto por la reescritura, el placer doloroso por la incertidumbre y los abismos que generan toda reflexión sobre el estilo. Con el autor de Madame Bovary,Carver descubrió en la prosa la única posibilidad digna que ésta tiene de llamarse tal: aspirando siempre, contra las exigencias del mercadeo editorial, a la forma artística.
De la literatura de su país no desoyó aquel consejo de John Gardner: "si puedes expresarlo en quince palabras en vez de hacerlo en veinte o treinta, exprésalo en quince". Luego, no faltaron los ejemplos del maestro Hemingway, del que Carver dijo cuando leyó En nuestro tiempo:"esto es: si consigues escribir prosas como éstas, ya has conseguido algo". Tampoco faltó el tributo a un representante de la generación inmediatamente anterior a la suya. La lectura de Sixty Stories de Donald Barthelme le hicieron comprender la importancia que debe tener para todo verdadero escritor la búsqueda de un mundo propio. En cuanto a su inclusión en la escuela minimalista, Carver nunca renegó de pertenecer a ella. Aceptó y respetó sus reglas fundamentales, y ello comportaba incluir en el minimalismo a escritores como Borges o Beckett (John Barth incluso habla de los placeres minímalistas de Emily Dickinson).
Precisamente el mismo Barth ya nos alerta sobre los peligros de exclusión que esa escuela, mal entendida, podría producir, tanto en los nuevos escritores como en los lectores. Indudablemente el minimalismo implica austeridad en la forma, en la sintaxis, sin que esto signifique jamás una desafortunada ausencia de riqueza retórica, emocional y temática.
Tanto en Catedral como en De qué hablamos cuando hablamos de amor, las únicas obras publicadas en España, Raymond Carver dejó una muestra valiosa, y en cierta manera ejemplificante, de su arte cuentístico. La muerte le impidió sacudirse de encima esa especie de síndrome de Borges, según el cual la forma extensa, la ficción de largo aliento se le mostró, más o menos conscientemente, esquiva. Ahí quedan fragmentos de su auténtica búsqueda de belleza e intensidad literaria, como correspondía al poeta que también fue.


LA POLÉMICA LISH

En 1998, diez años después de la muerte de Carver, un artículo en la revista New York Times Magazine suscitó polémica al alegar que su editor Gordon Lish no sólo dio consejos a Carver, sino que reescribió párrafos enteros de sus cuentos, hasta el punto de cambiar el final innumerables veces. En el caso de los relatos del libro De qué hablamos cuando hablamos de amor, Lish llegó a reducir a la mitad el número de palabras originales y reescribió 10 de los 13 finales de los cuentos del libro. Por ejemplo, el cuento "Diles a las mujeres que nos vamos" ("Tell The Women We're Going") gana una dimensión más abstracta en manos de Lish, que suprime las relaciones de causa y efecto que llevan a dos adultos a matar a dos adolescentes, y añade torpeza, profundidad y silencio donde antes había — según D.T.Max, autor del artículo— demasiadas palabras.
Es notable también el caso de "Parece una tontería" ("A Good Thing, Small Thing"), con el que Carver ganó el premio O. Henry en 1983. La versión original del relato sobre un niño en coma se ve reducida a la mitad, tiene el título cambiado a "El baño" ("The Bath") y la muerte del niño al final de la versión de Carver se convierte en un final abierto, donde el lector no sabe si el niño vive o no. "El baño" fue publicado en De qué hablamos cuando hablamos de amor (What We Talk About When We Talk About Love) (1981) y "Parece una tontería" vio la luz posteriormente en Catedral (Cathedral) (1983).
Según el escritor Alessandro Baricco, quien revisó los manuscritos anotados que sirvieran de base para el artículo del New York Times, Carver «construía paisajes de hielo pero luego los veteaba de sentimientos, como si tuviera necesidad de convencerse de que, a pesar de todo aquel hielo, eran habitables.» La opinión de Baricco es que las versiones de Carver —en un momento u otro edulcoradas por emociones que Lish sistemáticamente suprimía— añadían humanidad a los personajes y permitían vislumbrar en Carver algo «terrible pero también fascinante.»



OBRAS

Ficción

Will You Please Be Quiet, Please? (¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?)(1976)
What We Talk About When We Talk About Love (De qué hablamos cuando hablamos de amor)(1981)
Cathedral (Catedral)(1983)
Elephant (1988)
Beginners (2009) (original de De que hablamos cuando hablamos de amor, sin correcciones)

Poesía

Near Klamath (1968)
Winter Insomnia (1970)
At Night The Salmon Move (1976)
Where Water Comes Together with Other Water (1985)
Ultramarine (1986)
A New Path to the Waterfall (1989)

Compilaciones

Fires: Essays, Poems, Stories (1983)
Where I'm Calling From: New and Selected Stories (1988)
No Heroics, Please:Uncollected writings (1991) (Sin heroísmos, por favor)
Short Cuts: Selected Stories (1993)
All of Us: The Collected Poems (1996)
Call if you Need Me (2000) (Si me necesitas, llámame)

Si me necesitas, llámame es una versión actualizada de Sin heroísmos, por favor. Este último, publicado primero, incluye la mayoría de los trabajos sin publicar de Carver (relatos tempranos, ensayos, prólogos, etc.) así como poemas sueltos. La nueva versión, Si me necesitas... elimina los poemas pero añade nuevos cuentos que Gallagher y una amiga encontraron entre documentos de Carver.

Fuente: Wikipedia



viernes, 22 de junio de 2012

Robert Capa / Fotógrafo de guerra


Robert Capa
China, 1938
FICCIONES
CASA DE CITAS / ROBERT CAPA / FOTÓGRAFO

DE OTROS MUNDOS
GERDA TARO, LA ÚLTIMA FOTO

Robert Capa
(1913 - 1954)
FOTÓGRAFO DE GUERRA
Barcelona, 1939
Foto de Robert Capa

No siempre es fácil hacerse a un lado y no poder hacer nada, excepto registrar el sufrimiento entorno a uno.

Robert Capa

Robert Capa es el seudónimo de Endré Frieddman. Nació en Budapest, Hungría, en 1913. Pronto emigró a Berlín por sus ideas de izquierdas. Allí comenzó a trabajar en la agencia de noticias Dephot.

En 1933 emigra a París, huyendo de Hitler. Es allí donde conoce a sus futuros socios de la agencia Magnum, Henri Cartier-Bresson y David Saymour "Chim". Con ellos comienza a fotografiar las revueltas provocadas por el Frente Popular.

En París conoce también a la fotógrafa Gertha Pohorylle, que era una joven refugiada de la Alemania nazi. Pronto se convirtió en su pareja y lo acompañó a multitud de viajes. Adoptó el seudónimo de Gerda Taro e inventó la figura de Robert Capa, fascinante periodista estadounidense, y bajo este seudónimo presentó la primera exposición de sus trabajos, que alcanzaron precios exorbitantes. Auque la ficción no tardó en ser descubierta, el fotógrafo conservó el seudónimo.  Gerda murió en Brunete en 1937 atropellada por un tanque.

Reportero de Guerra


Robert Capa es mundialmente conocido por sus fotografías de guerra. Una de sus imágenes más famosas la tomó en Córdoba durante la Guerra Civil Española y se llama "Muerte de un miliciano".

También acompañó al ejército aliado de EEUU en la II Guerra Mundial. Esto le dio oportunidad de sacar fotografías tan impactantes como las del Desembarco de Normandía en 1944.

Viajó por todo el mundo buscando las mejores instantáneas para su cámara. Esto le llevó a México, Italia, Francia, Japón, Indochina, Vietnam, Inglaterra o al norte de África. En 1947, con Hernri Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David (Chim) Seymour, fundó Magnum Photos, la primera agencia coopertiva de fotógrafos independientes. Un año después se desplazó a Oriente Medio para fotografiar los combates en Palestina.


Robert Capa estaba dedicado a la tarea de enseñar los secretos del oficio a fotógrafos más jóvenes, hasta que en 1954 se le ocurrió la fatídica idea de cubrir la guerra de Indochina, que luchaba por independizarse de Francia.


Fotografía de Robert Capa

Una causa sin imágenes no es solamente una causa ignorada.
Es una causa perdida.
Robert Capa 


Fotos de Robert Capa

Personalidades y vida de lujo


Cuando Capa no estaba fotografiando alguna guerra le gustaba codearse con la alta sociedad y los artistas del momento. Así conoció y retrató a personajes como Pablo Picasso, Ernest Hemingway, Ingrid Bergman, o Gary Cooper. Irwin Shaw afirmaba con ironía que el código de conducta de Capa era "ser jovial", incluso en las circunstancias más difíciles.Robert Capa solía afirmar que siempre había que estar listo para ir o a una taberna o a una guerra. No importaba ni la hora, ni lo poco atractiva que pudiera parecer esa guerra.



Capa murió en 1954 tras pisar una mina en Vietnam mientras acompañaba a un destacamento francés.