jueves, 22 de mayo de 2014

Peggy Guggenheim




Peggy Guggenheim
(1898 - 1979)

Peggy Guggenheim, mecenas y coleccionista de arte del siglo XX, nació el 26 de agosto de 1898, en el seno de una familia de magnates, los Guggenheim, un apellido vinculado al mundo del arte, y murió en Padua, Italia, el 23 de diciembre de 1979. Fue la tercera esposa del pintor surrealista Max Ernst.

Marguerite, su nombre original, era una de las tres hijas de Benjamin Guggenheim y de Florette Seligman. Sus padres provenían de familias judías que habían emigrado desde Europa y llevaban dos generaciones haciendo fortuna en Estados Unidos. Aunque Ben Guggenheim había heredado una considerable suma de su padre, no tenía habilidad para los negocios, por lo que su herencia disminuyó considerablemente debido a un buen número de inversiones desastrosas.


Poseedor de una conocida fama de mujeriego, Ben vivía habitualmente en su apartamento de París lejos de su esposa y de sus hijas, aparentemente por motivos de sus negocios y en realidad viviendo con alguna de sus múltiples amantes. Cuando en abril de 1912 embarcó en el Titanic en Cherburgo (Francia), lo acompañaba su amante, una cantante francesa llamada Léontine Aubart, así como un pequeño grupo de criados, un chófer, una doncella, un mozo, y sobre todo su mayordomo y hombre de confianza Giglio. Tanto él como sus criados perecieron en el hundimiento del transatlántico y sus cuerpos nunca fueron recuperados.

A los catorce años, Peggy pudo heredar una pequeña fortuna que sustentó sus caprichos artísticos. La joven heredera, aunque estilizada e interesante, no calificaba dentro de los parámetros de la estereotipada jovencita bella y adinerada. Su nariz – que había ganado el título de berenjena – atormentaba su frágil autoestima adolescente. Sus complejos y su inseguridad la llevaron a una cirugía plástica de nariz con resultados desastrosos. Así, se volvió una joven solitaria alejada de los círculos sociales de su entorno, retraída y sin encanto. Tras terminar sus estudios, encontró trabajo en una librería que comercializaba literatura de avant-garde y ciertas representaciones inusuales del arte.




En 1920, viajó a Europa y descubrió mucho más que un continente: un horizonte lleno de experiencias aguardaba a una Peggy huérfana de estímulos. Al arribar al viejo mundo nunca imaginó que se quedaría allí veintitrés años. El desembarco europeo le acercó las emanaciones que se respiraban en los barrios bohemios de las grandes ciudades. París y Londres fueron sus maestras y desplegaron ante sus ojos las maravillas del arte que la encandilarían. Peggy no sabía mucho de arte moderno, sus conocimientos de arte llegaban hasta el impresionismo, pero pronto aprendió de su amigo Marcel Duchamp, que le enseñó la diferencia entre abstracto y surrealismo.

En 1938, inauguró en Londres la Guggenheim Jeune con una exposición de Jean Cocteau. El arte surrealista y abstracto que Cocteau exhibió era desconocido en el Reino Unido. Mucha gente estaba desconcertada, si no es que molesta, por este tipo de "arte nuevo" y pocos compraron los cuadros. En afán de fomentar las ventas y consolar a los artistas, la misma Peggy comenzó a comprar las obras secretamente. La exposición de la obra de Cocteau fue seguida por exhibiciones de Kandinsky, Yves Tanguy, Wolfgang Paalen y otros artistas, tanto famosos como emergentes. Peggy convocó a exposiciones de collage y escultura, con la participación de artistas como Antoine Pevsner, Henry Moore, Alexander Calder, Raymond Duchamp-Villon, Constantin Brancusi, Jean Arp, Max Ernst, Pablo Picasso, George Braque y Kurt Schwitters. Peggy admiraba también el trabajo de John Tunnard y es acreditada como su descubridora en la historia modernista.

A partir de este momento la voracidad de Peggy por las obras de vanguardia era cada día más extrema. Su lema se volvió “ Compra una obra cada día ”. Gracias a la posibilidad económica de poder obedecer a dicha premisa, su colección se tornó inmensa. Así consiguió ser dueña y hacedora de una de las colecciones más admiradas de arte moderno del mundo.




Con el estallido de la guerra volvió a su país, Estados Unidos. En Nueva York abrió una galería de arte moderno, Art of This Century. En este lugar, Peggy descubrió el expresionismo abstracto de Jackson Pollock. Su galería acogió las primeras muestras del artista. Peggy le pagaba cada mes y le organizaba exposiciones. Se convirtió en su mecenas. Diariamente, Peggy iba acompañada de sus perros a la galería. De noche, organizaba fiestas salvajes a las cuales asistían invitados del medio artístico. Tras varios años en América, se instaló en la ciudad más romántica de Italia, Venecia, y buscó un palacio para vivir ella y sus perros.

Compró el Palazzo Venier dei Leoni, un palacio inacabado del siglo XVIII, donde instaló un museo privado para su enorme colección de cuadros y esculturas a orillas del Gran Canal. A este museo le dedicó los últimos años de su vida, rodeada siempre de una alborotada jauría de mascotas y mimetizada con la ciudad, adquiriendo cierto aire de misterio y de sofisticación. Deambulaba por sus jardines prósperos de bronces y mármoles, ataviada con excéntricas vestimentas, lentes oscuras y originales accesorios que la dotaban de una enigmática belleza. Así reinó en el palacio renacentista como una antigua emperatriz oriental. Abrió las puertas de su palacio al público durante varios años. Hoy, el palacio acoge el Museo Guggenheim de Venecia. Su costumbre de organizar fiestas siguió vigente y en su casa se reunían celebridades como Yoko Ono o Truman Capote. A principios de los años 60 dejó de coleccionar, si bien prestaba sus obras a exposiciones.

El Palazzo Venier dei Leoni 

En 1962, Peggy fue nombrada ciudadana honoraria de Venecia y podía ser vista con frecuencia recorriendo los canales de Venecia en su góndola privada. En una ocasión escribió a un amigo: "Adoro flotar hasta tal punto que no puedo pensar en nada más hermoso desde que dejé el sexo, o mejor dicho, desde que el sexo me dejó."



Se casó en primeras nupcias con el escritor Lawrence Vail, con quien compartió un matrimonio en donde florecían las escenas violentas, los insultos y los maltratos verbales y físicos, contrastando con la belleza, la elegancia y la sofisticación de los ambientes que frecuentaban. Su genial marido, bon vivant, bohemio, alcohólico y agresivo, no dudaba en denigrarla arrojándole cualquier objeto que se le cruzara, ya fuera en la privacidad del hogar, ya en la esfera pública, la calle o un restaurante, siempre eran lugares aptos para agredirla. De la amarga unión nacieron dos hijos, Sindbad y Jezebel ( a la que llamaban Pegeen ). Tras soportar siete años de abuso de Lawrence Vail, huyó con John Holms. La muerte de John a causa de un infarto fue un duro golpe para ella. Después entraría en su vida Douglas Garman, más tarde llegarían el escritor Samuel Becketty el artista Max Ernst.


Peggy decidió confiar en las vanguardias y en los artistas de su época en un momento en el que nadie lo hacía. “A painting a day” fue su lema durante la Segunda Guerra Mundial. Los artistas buscaban escapar de “La solución final” y se veían obligados a vender su obra a precios muy bajos. Peggy, perseguida por la guerra, también tuvo que viajar a Nueva York , donde creó “Art of this Century”, lugar que se convirtió rápidamente en un punto de encuentro para artistas contemporáneos estadounidenses y europeos. Ella fue la encargada de que muchas obras europeas llegaran por primera vez a Estados Unidos, actuando como puente entre el arte de dos continentes. 

Peggy Guggenheim fotos


Peggy Guggenheim tenía pocas características de una coleccionista de arte: no sabía nada sobre el tema, empezó su carrera hasta los 40 años y definitivamente no tenía tanto dinero. 

Sin embargo, más que una coleccionista de arte, era una coleccionista de personas, artistas famosos y amores fatales. Su vida estuvo indisolublemente ligada a su colección: imaginar la vida de Peggy Guggenheim es pensarla rodeada de los artistas y literatos más brillantes del siglo XX. Marcel Duchamp y Piet Mondrian eran su amigos, Laurence Vail y Max Ernst fueron sus esposos, y se enamoró durante un tiempo de Samuel Beckett y de Jackson Pollock. Así que probablemente Peggy no sabía nada de arte, pero sabía todo acerca de las personas.


Peggy Guggenheim con un cuadro de Picasso y una escultura de Giacometti
Max Ernest

El 12 de junio de 1940, dos días antes de que los alemanes invadieran París, Peggy finalmente huyó a Grenoble, en el sur de Francia. Su colección había sido almacenada en el granero de un amigo en la Francia central para salvaguardarla del pillaje nazi (Peggy estaba furiosa de que el Louvre se hubiera negado a almacenarla, argumentando que era demasiado moderna para guardarla). Pero pronto volvió a las andadas, después de que un grupo de amigos pintores (incluido Max Ernst, que había escapado de un campo de concentración) le pidiera que los ayudara a escapar de Francia. Tras varios meses viviendo en Marsella, donde tuvo un "lujurioso amorío" con Max, Peggy y los artistas rescatados escaparon a Estados Unidos en julio de 1941.
De vuelta Nueva York, Peggy y Max se alojaron en una mansión en East River, y se casaron en diciembre de ese mismo año. En octubre de 1942, Peggy abrió en Manhattan una nueva galería llamada "The Art of This Century Gallery" (Galería el Arte de Este Siglo). La galería estaba dividida en diferentes salas, cada una con un tema artístico, así pues, había una sala para surrealismo y otra para cubismo, además de un espacio para la venta de obras.

El descubrimiento de Jackson Pollock

En 1943, Peggy Guggenheim estaba buscando nuevos talentos para la exposición del Salón de Primavera que sería exhibida en su nueva galería, como parte de esta búsqueda de talentos, Guggenheim colocó un anuncio en la revista Art Digest. El anuncio especificaba que cualquier artista norteamericano menor de treinta y cinco años podía presentar muestras de su obra. Los finalistas serían elegidos por un jurado conformado por Peggy Guggenheim, Piet Mondrian, Marcel Ducham, James Joseph Sweeney y James Thrall Soby.
Uno de los artistas a ser considerados fue Jackson Pollock. El secretario/consejero de Peggy, Howard Putzel, resultó ser un temprano impulsor de Pollock, refiriéndose a él como "genio" y Matta también había recomendado a Pollock. Pero Peggy parecía no poder apreciar el genio de Pollock. Putzel, insistiéndole a Peggy que considerara a Pollock para el próximo Salón de Primavera, fue al estudio de Pollock en la Octava Avenida y llevó una selección de su obra a la The Art of This Century Gallery para consideración del jurado. Mientras Mondrian examinaba Figura Estenográfica (1942) de Pollock, Peggy comentó: "Bastante fea ¿no es así? Eso no es una pintura ¿o sí?" Después de que Mondrian estuviera frente a la pintura por varios minutos, ella continuó su crítica: "Hay una absoluta falta de disciplina en esto," agregando que ella no creía que Pollock fuera admitido para la exhibición. Mondrian respondió, "Peggy, no lo sé. Tengo el sentimiento de que esta puede ser la pintura más emocionante que he visto desde hace mucho, mucho tiempo, aquí o en Europa." Peggy protestó diciendo que no era la clase de cosas que esperaba que fueran del gusto de Mondrian, él respondió que sólo porque fuera diferente de su propia obra no significaba que debía de disgustarle, agregando, "yo no se lo suficiente acerca de este autor como para calificarlo de 'grande', pero sé que me obligó a detenerme y observar. Donde tú ves 'falta de disciplina' yo tengo la impresión de percibir una energía tremenda."
Cuando la exposición fue inaugurada, Figura Estenográfica fue incluida. Y los críticos, como Mondrian, estaban emocionados. La exhibición recibió muy buenas críticas de la prensa estadounidense, pero la que realmente enfatizó la inclusión de la obra de Pollock apareció escrita por Jean Connolly (amiga de Peggy) el 29 de mayo en el periódico Nation y decía: "Por primera vez el futuro revela un brillo de esperanza," comentaba algunas obras de Matta, Motherwell y otros como "pinturas que sería un placer poseer," y luego agregaba, "hay un gran Jackson Pollack (sic) que, me dijeron, hizo que el jurado entornara las pestañas."
Años más tarde, Peggy Guggenheim diría que: "el descubrimiento de Pollock fue, por mucho, mi más notable logro individual." Pero en años posteriores, Peggy resintió que su asociación con el artista fuera subestimada ("todo lo que hice por Pollock fue minimizado o completamente olvidado"). Cuando ella apoyaba la carrera de Pollock, vendía sus pinturas por no más de 1,000 dólares, hoy en día sus pinturas valen más de 100 millones.
Diariamente, Peggy iba acompañada de sus perros a la galería. De noche, organizaba fiestas salvajes a las cuales asistían invitados del medio artístico. Peggy dijo que, durante cinco años, se fue a la cama en estado de ebriedad. Pollock rara vez era invitado a estas fiestas, ya que "tomaba demasiado y, cuando lo hacía podía llegar a ser incómodo por no decir diábolico." En una ocasión, Pollock, tras dejar en su casa una gran pintura que le habían encargado (Mural, 1944), fue directo al mini-bar de Peggy y, tras embriagarse con las botellas que allí había, orinó en la chimenea.
En 1943, Max Ernst y Peggy Guggenheim se separaron. En 1947 Peggy Guggenheim cerró su galería Art of This Century. "Estaba exhausta por mi trabajo en la galería, de la cual me había convertido en una especie de esclava."

De Nueva York a Venecia

A pesar de su éxito en “Art of this Century”, Peggy decidió regresar a Europa debido a que Max Ernst le rompió el corazón enamorándose de Leonora Carrington. Clement Greenberg, crítico de arte americano, al enterarse del regreso de Peggy a Europa, declaró que era un gran error para el arte del siglo XX. Peggy decide irse a Venecia, lugar donde se sentía a salvo, y compró un palazzo junto al Gran Canal, el cual se convirtió en su hogar. Años más tarde abrió las puertas de su casa al público para mostrar su colección. 

Los últimos capítulos

Los últimos capítulos de su vida fueron desoladores. Su hija Pegeen cayó en una profunda depresión consumida por agudas inestabilidades mentales y, luego de años de tortuosa existencia, se suicidó en 1967. Peggy nunca pudo sobreponerse a esa tragedia y se recluyó por completo en sus aposentos venecianos. En 1979 murió a causa de una apoplejía y sus cenizas fueron enterradas en una esquina del jardín del Palazzo Venier, cerca del lugar donde ella solía dar sepultura a sus mascotas.


 "Veo hacia atrás en mi vida con gran alegría. 
Creo que fue una vida muy exitosa. Siempre hice lo que quise 
y nunca me importó lo que los demás pensaran. 
¿Liberación de la mujer? Yo era una mujer liberada 
antes de que hubiera un nombre para eso."
Peggy Guggenheim


Los perros de Peggy Guggenheim

Peggy Guggenheim tuvo catorce perros Lhasa Apsos. En la mayor parte de las fotos sale posando con ellos. El único lugar en el que no se ven perros es cuando la fotografiaban arreglando las obras de su colección en las salas de exposición del Palacio de los Leones. Los perros están en el jardín, recordados por una lápida de mármol rosado. Cuando ella murió en 1979, sus cenizas fueron esparcidas junto a la tumba de sus beloved babies (Capuccino, Pegeen, Peacock, Madame Butterly, Toro, Foglia, Baby, Emily, White Angel, Sir Herbet, Sable, Gypsy, Hong Kong y Cellida).







La colección de Peggy Guggenheim

Joven triste en un tren de Marcel Duchamp“Joven triste en un tren”, Marcel Duchamp
Es así como Peggy crea una colección de arte conformada por los principales exponentes del cubismo como Braque y Picasso, del surrealismo como Ernst, Dalí, Magritte, y otros exponentes de las vanguardias de siglo como Brancusi, Cornell, Kandinsky o Giacometti. Con poco dinero creó una de las colecciones más interesantes de arte moderno. La obra más cara que compró fue Bird in Space, de Brancusi y gastó tan sólo dos mil dólares, la obra más barata fue una cajita de Joseph Cornell por 35 dólares, mientras que la mayoría de sus Pollocks y Ernsts fueron regalos. Peggy hizo una colección casi compuesta por el azar, la suerte y la casualidad; estuvo donde tenía que estar durante la mayor parte del siglo XX.


Atelier de Pablo Picasso
“Atelier”, Pablo Picasso

La colección de Peggy Guggenheim, a pesar de ser un museo tan pequeño, es uno de los museos más importantes de arte moderno y no sólo es de carácter histórico sino de carácter personal. Peggy no es una coleccionista de arte, Peggy es un museo y a pesar de no saber nada de arte, se convirtió en la gran mecenas del arte moderno.

Historia de una fábula de Joseph Cornell“Historia de una fábula”, Joseph Cornell

 "El imperio de las luces" de René Magritte
 ”El imperio de las luces”, René Magritte


Fuentes:
http://almamagazine.com/entradas-peggy_guggenheim-primera_dama_del_arte_moderno
http://es.wikipedia.org/wiki/Peggy_Guggenheim
http://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Guggenheim
Teresa Vallbona, Grandes mujeres, el lado femenino de la historia. Editorial Océano S.L. 2010




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