viernes, 25 de julio de 2014

Guy de Maupassant

Guy de Maupassant
FICCIONES


RIMBAUD
Cuentos en francés

Guy de Maupassant
Henry René Albert Guy de Maupassant
(1850 - 1893)

Novelista francés. Nació en Miromesnil, Francia, el 5 de agosto de 1850, y falleció en Passy, Francia, en 1893. A pesar de que provenía de una familia de pequeños aristócratas librepensadores, recibió una educación religiosa; en 1868 provocó su expulsión del seminario, en el que había ingresado a los trece años, y al año siguiente inició en París sus estudios de derecho, interrumpidos por la guerra franco-prusiana y que reemprendería en 1871. Desde los 12 años, estaba bajo la tutela de su madre debido a la ruptura del matrimonio.

Además de la ruptura de sus padres, la juventud de Maupassant fue marcada con dos hechos que prolongó posteriormente en sus escritos, el primero se refiere a su fugaz amistad con el poeta inglés Algernon Swinburne, personaje oscuro y morboso, de quien hereda el recuerdo material de una mano humana disecada. El segundo, es su larga estadía en el instituto eclesiástico de Iveto, donde el encierro y la estricta disciplina lo sumergen en graves estados depresivos.


Guy de Maupassant


En 1879, su padre logró que ingresara en el ministerio de Instrucción Pública, que pronto abandonó para dedicarse a la literatura, por consejo de su gran maestro y amigo Gustave Flaubert, que lo introdujo en el círculo de escritores de la época: Émile Zola, Iván Turgueniev, Edmond Goncourt y Henry James.

Ya mayor, su inclinación por la literatura es firme, y sabiendo que ser escritor significa tener un segundo oficio para subsistir, comienza a trabajar en el Ministerio de Marina, donde permanece desde 1872 hasta 1878, y luego en el Ministerio de Instrucción Pública, entre 1878 y 1880. Del vía crucis de tan larga burocracia, Maupassant ha dejado amplia información en su Diario. Trabajos maquinales, rutina, aburrimiento mortal, mezquindades. Para huir del tedio y para satisfacer una sexualidad particular, cuyo signo es la avidez inagotable, Maupassant, gran amigo del agua, de la navegación a vela, del remo, se relaciona con el mundo de las orillas del Sena, principalmente con sus mujeres. Asiste y participa activamente de las rústicas orgías, organiza una sociedad secreta, la de los «Crépitiens», donde se encuentra a sus anchas, practican el humor brutal, las competencias fálicas, los excesos sexuales y el sacrilegio. Su frecuentación del mundo de las mujeres del Sena le proporcionará material para su escritura, todo lo que vive, lo que le cuentan, lo que observa, lo guardará en su prodigiosa memoria.

Su primer éxito, que apareció un mes antes de la muerte de Flaubert, fue el célebre cuento Bola de sebo, recogido en el volumen colectivo Las noches de Medan (1880). El mismo año publicó su libro de poemas, VersosEn los años que siguieron realizó más de doscientos cuentos, entre ellos "Mademoiselle Fifi" de 1882 y "La Parure" en 1884.




"He entrado en la vida literaria como un meteoro, 
y voy a salir de ella como un rayo."
Guy de Maupassant

Aburrido del tedio diario, se dedica a viajar, escribe mientras afronta enfermedades imaginarias que corren parejas con sus enfermedades reales, como las terribles jaquecas, y se habitúa al uso del éter, del opio y del haschich. Su hipocondría aumenta y las señales de un desequilibrio que jamás afectó su memoria ni su obra, se repiten. En diciembre de 1891, precipitando su muerte, redacta su testamento. La locura lo atormenta, lo sexual persiste bajo formas solitarias, ingenuas o amenazadoras. El 1 de enero de 1892 intenta suicidarse en Cannes y el 7 es internado en un sanatorio de Passy, donde muere el 6 de julio del año siguiente, después de dieciocho meses de agonía, de una parálisis general. En su entierro, los escritores y compañeros de Maupassant, para distraerse del tedio angustioso, intercambian chistes y anécdotas fúnebres de subida obscenidad.

Sus obras están escritas en un estilo sencillo, en dónde se transmite con realismo lo sórdido y cruel de la esencia humana. Esto se refleja tanto en sus relatos, así como también en sus tres colecciones de recuerdos de viajes, y en sus seis novelas, entre ellas se pueden citar: "Una vida" de 1883; "Bel Amí" de 1885; "Los dos hermanos" de 1888; "La mano izquierda" de 1889 y "Nuestro corazón" de 1890.

Maupassant es autor de una extensa obra entre cuentos y novelas, en general de corte naturalista. De ellas cabe señalar: La casa Tellier (1881); Los cuentos de la tonta (1883); Al solLas hermanas Roudoli y La señorita Harriet (1884); Cuentos del día y de la noche (1885); La orla (1887); las novelas Una vida (1883), Bel Ami (1885) y Pierre y Jean (1888). Después de su muerte se publicaron varias colecciones de cuentos: La cama (1895); El padre Milton (1899) y El vendedor (1900).





"El patriotismo es una especie de religión, 
es el huevo en donde se empollan las guerras."
Guy de Maupassant





"Un beso legal vale tanto como un beso robado."
Guy de Maupassant





"Un buen relato empieza con un buen título."
Guy de Maupassant




Guy de Maupassant, 
la lucidez de la locura 

Por Javier Memba

Sabido es que Guy de Maupassant fue un loco. En efecto, el más cabal de los naturalistas, puesto que al no tener inquietudes sociales siempre se limitó a la reproducción exacta de las miserias humanas, sin llegar a caer nunca en ese maniqueísmo que tan a menudo registramos en Zola; el mejor cuentista, en fin, que registra la historia de la literatura, es también uno de sus grandes desequilibrados. De ahí que acabara sus días en un manicomio. Sin embargo, pocas veces se habla de ese papel determinante que la alienación jugó en su obra. 



Obedeciendo a un pacto subrepticio con la razón -diríase- los biógrafos de Maupassant evitan entrar en estas consideraciones, como los primeros que tuvo Ernest Hemingway eludieron detenerse en el episodio final: el suicidio del novelista. Ambas omisiones son dos claras manifestaciones de un mismo prejuicio: aquel que vela por preservación de la idea de que la literatura es un juego floral, siempre en comunión con lo que cuantos mojigatos pululan alrededor de ella estiman “bueno” y “debido”. Ahora bien, moleste a quien moleste, respecto al norteamericano hay que decir que, sabiéndose presa de una enfermedad terminal, decidió pegarse un tiro en la boca; en lo que al francés concierne, la misma enajenación mental que le llevó a la tumba inspiró sus mejores páginas. 










El rastro de la obsesión 



La historia del maestro de la palabra justa es conocida. Entre líneas, en todos sus episodios, el lector lúcido puede detectar el rastro de la obsesión, la monomanía, la locura. Nacido en 1850, en el seno de una aristocrática familia normanda, lo que debía haber sido una infancia feliz no llegó a serlo por culpa de las constantes discusiones en que las continuas aventuras galantes del señor Maupassant enfrascaban sus padres. Él, un hombre violento y disoluto; ella, una neurótica. Aunque algunos biógrafos de nuestro escritor han querido apuntar que la ruptura de tan mal avenida unión fue amistosa, todo parece indicar lo contrario. Salvo error u omisión, no hay nada que demuestre que volvieron a verse. Por el contrario, de ese interés por los expósitos y los niños abandonados que Maupassant demostró en un buen número de sus piezas, sí podemos deducir que se sentía abandonado por su padre. No parece muy lógico que un hombre que se olvida de sus hijos se trate con la mujer con quien los ha engendrado. 



Conjeturas a parte, es un hecho comprobado que el desequilibrio del escritor -y de su hermano Hervé, quien también acabaría suicidándose- tuvo su origen en una enfermedad venérea contraída por su padre. Si bien es verdad que fue su madre quien le inculcó el interés por la literatura, la pasión con la que se dedicó a la educación de Guy -desentendiéndose casi por completo de su otro hijo- no debió de contribuir mucho a la salud mental de ninguno de los tres. Así que, cuando el joven Maupassant sale de su casa, ya es, irrevocablemente, un inadaptado. Aunque el desequilibrio que venía padeciendo desde niño en sus primeras edades no era apreciable para los desconocidos, Flaubert, como es sabido su gran mentor en los misterios de la creación literaria, pudo dar buena cuenta de las frecuentes crisis que su pupilo padecía incluso en los días en que era un joven sano y robusto, amigo de las actividades al aire libre. 








Exitos literarios 



Tras la publicación de su primera obra maestra, "Bola de sebo" (1880) -relato inspirado en su experiencia en la guerra franco-prusiana, aparecido dentro del volumen colectivo “Las veladas de Sedán”, que pasa por ser una especie de manifiesto naturalista- los éxitos literarios se suceden durante diez años. A un ritmo vertiginoso da a la estampa colecciones de cuentos como los reunidos bajo los títulos de “La casa de Teiller” (1881) o “Madeimooselle Fifí” (1882), junto a novelas como “Una vida” (1883) o "Bel ami" (1886). Deslumbrado ante su talento, el gran París le reclama, pero el escritor muestra una aversión enfermiza ante las servidumbres de la fama. Enfermiza es también su pasión por la mujeres -tiene infinidad de amantes sin llegar a querer de verdad a ninguna de ellas-, en la que no hace falta ser el Freud para detectar una paralelismo con las infidelidades de su padre. Mientras tanto, las migrañas casi constantes que sufre, le hacen buscar alivio en el éter y la morfina. La toxicomanía -otra monomanía al cabo- no hace sino potenciar aún más su desequilibrio. 



El comienzo del fin está fechado en torno al año 1835. Es entonces cuando, aquello que Alberto Savinio -acaso el más atinado de los biógrafos del “conteur” llamó el “inquilino negro” comienza a apoderarse de Maupassant. Si bien en la mayor parte de su producción se registran rasgos de su locura, sobre ese otro que habita en el escritor y que acabará siendo su asesino, el maestro dejará constancia en otra obra maestra: “El horla” -título que alude a las palabras francesas “hors là!” (fuera)-. El relato en cuestión trata sobre la triste experiencia de un hombre que, a raíz de la llegada de un barco procedente de Brasil, comienza a ser poseído por algo así como su doble invisible. Finalmente será él, “el inquilino negro”, quien se yerga en asesino de su anfitrión. El 25 de mayo de 1887, cuando el relato sale a la calle, Maupassant ya es presa de la inquietud y la melancolía que precedieron al derrumbamiento. La necesidad de soledad es claramente maníaca, como sus alucinaciones, su obsesión por la enfermedad y los microbios; su desconfianza ante los editores, médicos y amigos. El primero de enero de 1892, intenta suicidarse. Internado en el manicomio, morirá al cabo de dieciocho meses de una inconsciencia sólo alterada por frecuentes accesos de violencia. En ellos, el mejor cuentista que la historia de la literatura registra vistió una camisa de fuerza. 




BIBLIOGRAFÍA

Novelas
  • Une vie - (Una vida) (1883)
  • Bel Am  (1885)
  • Mont-Oriol (1887)
  • Pierre et Jean - (Pedro y Juan) (1888)
  • Fort comme la mort - (Fuerte como la muerte) (1889)
  • Notre cœur - (Nuestro corazón) (1890)

Poesía
  • Des Vers – (Gusanos) (1880)
  • Soleil de Roses - (Sol de Rosas)

Cuentos

  • Junto a un muerto (1890)
  • El padre de Simón (1879)
  • Bola de Sebo (1880)
  • La casa Tellier (1881)
  • Magnetismo (1882)
  • Pierrot
  • La señorita Fifí
  • A las aguas (1883)
  • Claro de luna (1883)
  • Una vendetta (1883)
  • El collar (1884)
  • Abandonado(1884)
  • La dote (1884)
  • Miss Harriet (1884)
  • ¡Mozo, un bokc! (1884)
  • Cuentos del día y de la noche (1885)
  • El buque abandonado (1886)
  • El ermitaño (1886)
  • Toine (1886)
  • La pequeña Roque (1886)
  • El Horla (1887)
  • El junco de Madamde Husson (1888)
  • La mano izquierda (1889)
  • La belleza inútil (1890)
  • Musotte (1890)
  • La caballerra
  • El barrilito
  • Las joyas
  • ¿Fue un sueño?
  • El borracho
  • Lo horrible
  • La muerta
  • La mano disecada
  • El idilio
  • La cama 29
  • El miedo



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