lunes, 2 de junio de 2014

Jean Seberg

Jean Seberg
DE OTROS MUNDOS
Jean Seberg
(1938 - 1979)
Jean Seberg (13 de noviembre de 1938 - 30 de agosto de 1979) fue una actriz estadounidense. Recordada por su participación en numerosas películas, entre ellas: Juana de Arco (1957), Buenos días tristeza (1958), Al final de la escapada (1960) y Lilith (1964), es un icono de la nouvelle vague francesa.
Seberg falleció a los 40 años en Paris, víctima de una sobredosis de barbitúricos la policía determinó que la actriz se suicidó. Seberg es conocida también, por ser una de las víctimas más mediáticas del Programa de Contrainteligencia del Buró Federal de Investigación (FBI), como una represalia por su apoyo a distintos grupos de derechos civiles durante los años 60.
Nació en Marshalltown, en el estado de Iowa. Su máximo deseo fue ser actriz de cine. Estudió en la Universidad de Iowa y después consiguió el papel protagonista de la película Juana de Arco, dirigida por Otto Preminger de 1957. Según la documentación existente, para este papel se recibieron ofertas de 18.000 candidatas.
Al año siguiente, Seberg hizo su segunda película, también con Preminger, Buenos días, tristeza (Bonjour tristesse), adaptación de la exitosa novela de Françoise Sagan. Un año después protagonizó junto a Jean-Paul Belmondo el maravilloso filme Al final de la escapada o Sin aliento (À bout de souffle), de Jean-Luc Godard, uno de los hitos de la Nouvelle Vague y que la convirtió en una actriz conocida en Europa. No tuvo la misma suerte en los Estados Unidos, por lo que siguió trabajando en Europa. Hizo numerosas películas, algunas de ellas con los mejores directores, pero con éxito variable.
Fue simpatizante de los Panteras Negras, hecho que le trajo ciertas complicaciones con los sectores más reaccionarios de Hollywood, que orquestaron campañas contra ella. Hasta llegó a ser vigilada por el fbi.
En algunas ocasiones Seberg regresó a Estados Unidos para rodar una película, entre ellas Lilith (1964), una tierna historia romántica con Warren Beatty, y el famoso western musical  La leyenda de la ciudad sin nombre (1969), con Clint Eastwood y Lee Marvin.
Seberg estuvo casada en cuatro ocasiones. Sus tres primeros matrimonios terminaron en divorcio. En 1979, antes de cumplir los 41 años de edad, murió en circunstancias no del todo aclaradas.
Su cadáver fue encontrado en el interior de un automóvil estacionado en una calle del barrio parisiense de Passy. Parece ser que Seberg fue una persona más frágil y vulnerable de lo que aparentaba y que se suicidó con una sobredosis de barbitúricos. Su hija Nana murió a los dos días de nacer y nunca se recuperó del golpe. Encontraron su cuerpo en lo que pareció ser su octava tentativa. A los 16 meses se suicidó también su marido, el escritor Romain Gary.





Jean es la mejor actriz de Europa.
François Truffaut

Romain Gary y Seberg
La fidelidad de Jean Seberg
  • El suicidio de un símbolo de la "nueva ola" del cine francés


En el Renault 5, matrícula de París, en que fue hallado el último fin de semana el cadáver de la actriz Jean Seberg, la mujer que fue símbolo de la nueva ola del cine francés no dejó ni una sola nota que aclarara las razones de su suicidio. En su automóvil, encontrado por un guardia urbano en una zona residencial, había una botella de agua, vacía, un tubo de barbitúricos y un afiche de un popular programa de televisión. El esposo actual de la actriz, el actor argelino Hamed Hasmi, explicó luego que Jean Seberg, de 41 años, sufría depresiones constantes, que se advertían en los poemas que escribió después de abandonar el cine. Una de las últimas películas de los protagonistas de Buenos días, tristeza, fue La corrupción de Chris Miller, de Juan Antonio Bardem, en la que compartió papeles con Marisol. Escribe .
Quizá las dos estrellas más rutilantes de aquella fugaz constelación que se llamó Nouvelle Vague fueran el director Jean Luc Godard y la actriz Jean Seberg. También, en cierto modo, resultaron a la postre los más fieles a su estilo y época, el uno en su vida, la otra con su imprevista Y meditada muerte. Godard es el único de su generación que aún asombra o escandaLza en festivales con su cine contestatario en su moral y forma, lejos de los circuitos comerciales; Jean Seberg en su arte, a la búsqueda de filmes y caminos que llenaran plenamente el vacío que debieron dejarle aquellos años sesenta, para ella inolvidables.Muchos fueron los que claudicaron desde entonces. Ahí está el ejemplo de Truffaut y otros tantos, dispuestos a sacrificar al público un genio que quizá nunca tuvieron, al contrario que esta Seberg americana, capaz de elegir su muerte con igual decisión que su carrera. Tan poco dispuesta a transigir en una como en otra, fue anotando en el curso de su tiempo, desde su consagración como mito de Godard, matrimonios fallidosjunto a filmes mediocres.
Debutó a una edad envidiable en un papel al que actrices avezadas suelen Regar en la culminaciónde su arte. Dio vida nada menos que a la Juana de Arco de Otto Preminger, mas como en el caso de La Doncella de Orleans, suaventura destinada a concluir en homenajes memorables terminó en una pira de inútil celuloide, quemada en aras de su fracaso. Sin embargo, tales heroínas suelen contar siempre con paladines inasequibles al desaliento, y, una vez más, Preminger volvió a alzarla como protagonista de una novela célebre francesa: Bon jour, tristesse. Nuevo intento y nuevo final infeliz para la estrella al menos, hasta que el otro Jean, Jean Luc Godard, se cruzó en su camino en tierras de Francia, con un zurrón repleto si no de millones, sí al menos de ideas e ilusiones.
Vino así A bout de soufflé, verdadera obra revolucionaria de la nueva ola y del cine de su época, en la que se inspiró no sólo el cine europeo, sino el del otro lado del Atlántico, que tantas veces negó el pan y la sal a su protagonista femenina. Gracias a aquel filme, tan modesto en recursos como rico en sugerencias, el público se acabó acostumbrando a un cine más directo y fluido, menos artificioso, libre de cánones caducos, tal como hoy lo conocemos.
Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg
À bout de souffle, de Jean-Luc Godard

Un buen cuento clásico
Y, sin embargo, aquella historia, simple y lineal como un buen cuento clásico, resultó a la postre un filme maldito para su estrella. Godard continuó su carrera caótica y brillante, repleta de momentos mediocres y hallazgos, desde sus apasionadas confesiones hasta sus actuales experiencias con el vídeo. Jean Seberg, en cambio, tras su éxito mejor, alzada hasta la cresta de la ola, se acabó convirtiendo en la actriz favorita de los demás realizadores de la generación. Así vinieron filmes sucesivos y mediocres, pues, como ya se sabe, el talento no se traspasa tan fácilmente como las estrellas. La de la Seberg fue declinando en Europa y América. Al otro lado del océano su imagen no encajaba en los repartos, y en Francia, cuando la nueva ola se convirtió en medrosa marejada, ya su nombre sólo recibía elogios referidos a su primera época. Y, como vida y arte suelen ir unidos casi siempre, el tiempo desató una carrera de matrimonios, fallidos a su vez, a la sombra del cine y de los libros.
A pesar de todo, esta mujer, no demasiado afortunada, fue siempre consecuente con su actitud frente a un destino no demasiado amigo. Se quejaba como tantos actores de que sólo le ofrecieran papeles mediocres, pero, al contrario que la mayoría de sus compañeros, no acababa aceptándolos, sino que los rechazaba aun a costa de ciertos sacrificios. Finalmente, se dedicó a escribir ensayo y poesía. Su muerte, con su intento fallido, y su viaje de diez días al fondo de la noche de París con su agua mineral, su manta y barbitúricos, debió ser alucinante. Las horas de ese tiempo debieron imitar las mejores secuencias de A bout de souffle. Nadie conocerá jamás cómo fueron, pues nada dejó escrito. Sólo nos queda de ella el recuerdo de una actriz frustrada pero auténtica, sincera y decidida.



EI FBI reconoce que difamó a Jean Seberg para "neutralizar" su apoyo al movimiento negro

  • La actriz se suicidó el 9 de septiembre en París


La policía federal norteamericana (FBI) ha reconocido ahora que intentó difamar y desprestigiar a la actriz Jean Seberg, en 1970, mediante la difusión en la prensa de falsos rumores de que el padre del niño que esperaba la actriz era un dirigente de los Panteras Negras.
Jean Seberg se suicidó la semana pasada en París, y su antiguo marido, el escritor y diplomático francés Romain Gary, declaró que las calumnias propagadas por el FBI habían destruido la vida de su ex esposa. El embarazo de la actriz se malogró unos días después de que aparecieran publicados los primeros rumores sobre las relaciones de Jean Seberg con un militante del partido radical Black Panther.La difamación de la actriz fue parte del programa del FBI conocido como Cointelpro, o programa de contrainteligencia, con el que se persiguió durante años a los disidentes norteamericanos o militantes del movimiento pro derechos civiles, así como a los oponentes de la guerra de Vietnam. La policía federal, entonces dirigida aún por Edgar Hoover, pretendía con esas calumnias «neutralizar» a la actriz, que se había mostrado partidaria del movimiento negro y, según el FBI, apoyaba económicamente al partido de los Panteras Negras.
Respondiendo a una petición hecha de acuerdo con la ley de Libertad de Información, el FBI tuvo que hacer públicos algunos documentos en los que se recoge la «operación» montada contra la actriz. Al mismo tiempo que se daban a conocer al público los documentos secretos, el actual director del FBI, William Webster, aseguraba que los tiempos en que la policía federal utilizaba información difamatoria para combatir -a los abogados de causas impopulares ya han pasado, y que el FBI ha abandonado para siempre este tipo de acciones.
El director de la oficina del FBI en Los Angeles envió un memorándum interno a Edgar Hoover, el 1 de mayo de 1970, en el que solicitaba permiso para difundir rumores de que el padre del niño que estaba esperando Jean Seberg era un militante del Black Panther Party, cuyo nombre ha sido borrado en los documentos hechos públicos el viernes. En el memorándum se sugería también el hacer llegar la falsa historia a un conocido columnista social de Hollywood.
La respuesta de la oficina central del FBI fue afirmativa, pero con la recomendación de esperar dos meses más para que el embarazo de la actriz fuera evidente. Cuando se publicaron los primeros rumores Jean Seberg estaba en el séptimo mes de gestación.

El niño era blanco

Aunque la actriz estaba ya en proceso de separación de su segundo marido, Romain Gary, el FBI indicaba en su memorándum que el hecho de que estuviese todavía casada contribuiría a su desprestigio y la anularía políticamente. El columnista Joyce Haber publicó un artículo en el que citaba a una misteriosa «mis A», que estaba esperando un hijo de un destacado «pantera negra».El embarazo se malogró días después de la publicación de este y otros artículos similares, y más tarde un tribunal concedió a la actriz una indemnización de 5.000 dólares. El niño muerto era blanco, y el escritor Romain Gary dijo esta semana en París que estaba convencido de que él era el padre y que su ex esposa quedó trastornada mentalmente desde entonces, y cada año en la fecha en que se malogró la criatura la actriz intentaba suicidarse.
Nacida en lowa hace cuarenta años, Jean Seberg comenzó su carrera cinematográfica en 1956 en Juana de Arco, y dos años después, tras su matrimonio con el abogado francés Francois Moreif, cambió su residencia a Francia. Su película más famosa fue quizá Bonjour tristesse. La actriz dejó una nota a su hijo de dieciséis años, en la que expresaba su intención de suicidarse, desapareció durante diez días y fue encontrada muerta a causa de una ingestión masiva de barbitúricos. La depresión que sufría Jean Seberg y de la que estaba siendo tratada psiquiátricamente, se originó con las calumnias difundidas por el FBI, en opinión del ex marido y de los familiares de la actriz.

EL PAÍS





En 1995, Guy Pierre- Geneuil, exguardaespaldas de la actriz, publicó Mi estrella asesinada. Según él, cree que el alcohol de su sangre le fue inyectado. Para Geneuil hay muchas incongruencias entre los datos de la investigación policial y las conclusiones: "A Jean la encontraron desnuda, dentro de su coche, mal aparcado en la calle del General Appert, cerca de su apartamento", "Ocho gramos de alcohol en la sangre es una dosis letal, incluso para alguien que bebía como ella. En cualquier caso, en el interior del coche no había ninguna botella de alcohol. Con ocho gramos no se puede andar. No hace falta ser Sherlock Holmes para comprender que una conclusión se impone".



La destrozaron. Era alegre, amable, generosa, encantadora y, cuando hicieron esa campaña y dijeron que la niña que tuvo, y que nació muerta, era de un pantera negra, la destrozaron; ahí empezó a irse a pique. Lo terrible es que decían que tenía paranoias, y en el Congreso Americano están todos los extractos de sus conversaciones. Fue una persecución, en la que manipularon a la prensa, y yo me planteé pleitear contra el Estado americano pero decidí que no podía dedicar toda mi vida a esa causa.

Diego Gary,
hijo de Romain Gary y Jean Seberg


Un guardaespaldas de Jean Seberg asegura que la actriz fue asesinada por mafias de la droga

El libro de Guy-Pierre Geneuil sale a primeros de septiembre en Francia



La actriz estadounidense Jean Seberg fue hallada muerta en el interior de un coche, el 8 de septiembre de 1979. Suicidio, dijeron los familiares, la policía y la justicia. Jean murió asesinada" dice hoy Guy Pierre- Geneuil, entonces guardaespaldas de la actriz y ahora autor de Jean Seberg, ma star assassinée (Mi estrella asesinada), un libro que estará en las librerías francesas dentro de pocos días. La autopsia reveló que los barbitúricos le habían causado la muerte, pero también que había ocho gramos de alcohol en su sangre. Una dosis letal que, según él, le fue inyectada.Para Geneuil hay muchas incongruencias entre los datos de la investigación policial y las conclusiones: "A Jean la encontraron desnuda, dentro de su coche, mal aparcado en la calle del General Appert, cerca de su apartamento", dice. Llevaba varios días muerta y la autopsia dejó datos reveladores: "Ocho gramos de alcohol en la sangre es una dosis letal, incluso para alguien que bebía de como ella. En cualquier caso, en el interior del coche no había ninguna botella de alcohol. Con ocho gramos no se puede andar. No hace falta ser Sherlock Holmes para comprender que una conclusión se impone". Geneuil deja que sean los otros los que lo digan: el alcohol le fue inyectado.

Pesadilla

La vida, de Jean Seberg es un cuento de hadas que acaba en pesadilla. A los 17 años fue elegida por Otto Preminger tras una selección en la que intervinieron 18.000 actrices jóvenes desconocidas que querían ser Juana de Arco. Luego el propio Preminger la querrá para Bonjour tristesse, su adaptación de la novela de Franoçoise Sagan. En 1959, un joven debutante llamado Jean-Luc Godard la convence para ser la chica de Jean-Paul Belmondo en A bout de souffle. En Francia conoce también a Romain Gary, diplomático y escritor, con el que se casa. En 1964 Robert Rossen la convierte en una joven sensible, desquiciada, depresiva y ninfómana en la extraordinaria Lilith. Pero a Jean su carrera le preocupa mucho menos que su vida, y ésta tiene muchos puntos de contacto con la de su personaje en el filme de Rossen.Su Pareja con Gary, que le lleva veinte años, se convierte a menudo en triángulo. De lowa a París, todo parece haber ido demasiado deprisa.
"A finales de los setenta Jean iba a menudo a Argelia. Un día, medio en broma, me dijo que igual acababa siendo la esposa del presidente de aquel país. Era muy amiga de Buteflika, el ministro de Exteriores argelino y númerodos del régimen, el hombre que parecía destinado a sustituir al coronel Bumedian en el poder", explica Guy-Pierre Geneuil. Buteflika cayó en desgracia poco después de la muerte de Jean y fue apartado del poder por otro coronel, Chadli Bendjedid con el pretexto, basado o no en hechos, reales, de haberse a apropiado de fondos del Estado. "Pocos días antes de morir Jean, que seguía manteniendo muy buena relación con Romain aunque llevaban tiempo separados, le envía una carta que es una llamada pidiendo socorro. Jean dice estar presa en el engranaje de la mayor red argelina de tráfico de drogas". Gary se puso en contacto con, Jacques Chirac, del que era amigo, para que averiguase que había de cierto en los temores de su ex esposa. No hubo tiempo material de llevar a cabo pesquisa alguna, y luego, según Geneuil, primaron las conveniencias políticas.
Dos tentativas de suicidio y frecuentes depresiones hicieron que las palabras de Jean Seberg no mereciesen la urgencia que reclamaban. Geneuil repite también" que los gaullistas no quisieron remover el asunto precisamente porque el poder argelino estaba detrás. La mala salud mental de Jean, sus amores con Buteflika, su hipotética relación con el universo del tráfico de estupefacientes, la complicada vida esquizofrénica del Propio Romain Gary, la sucesión de Bumedian: todo se entremezcla.
Para Christophe Drian Court, periodista en France Soir, conviene recordar que el FBI también contribuyó a desequilibrar a Jean difamándola. "En la época en que vivía con Romain, en un momento en que estaba encinta, filtraron que el embarazo era fruto de sus relaciones con un lider de los Panteras Negras. Sus simpatías políticas se convertían así en un asunto de cama". Romain Gary se querelló contra Newsweek por publicar el infundio. La criatura murió a las pocas horas de nacer, según parece, víctima inocente de los trastornos vividos por Jean.

Jean Seberg en los setenta

El hijo de Jean Seberg acusa al FBI de su muerte



Jean Seberg siempre será recordada como aquella chica con el pelo cortado a lo garçon que vendía el International Herald Tribune por las calles de París en la cinta Al final de la escapada (1959). Para el FBI, sin embargo, la actriz era considerada una amenaza por su apoyo al grupo ultraizquierdista de los Panteras Negras y la sometió a un acoso que acabó por empujarla al suicidio. Tan explosiva tesis ha sido formulada por el hijo de la artista, Diego Gary, en unas declaraciones al Sunday Times. "Mi madre se sentía perseguida y contrató a dos guardaespaldas después de recibir tantas amenazas", sostiene Gary. No avala, sin embargo, las especulaciones de asesinato. El cuerpo de la actriz apareció desnudo en 1979 dentro de un coche cerca de su piso parisiense: "Me dejó una nota en la que confesaba que no podía seguir viviendo a causa de los nervios".


Alexander Diego Gary

Hijo de la belleza y de la tragedia

Alexandre Diego reconstruye en una novela la vida de sus padres, la actriz Jean Seberg y el escritor Romain Gary, que se suicidaron con un año de diferencia



La sombra de los padres es siempre difícil de esquivar. Más si son el escritor Romain Gary (dos veces premio Goncourt) y la actriz Jean Seberg. Y aún más si se suicidan con apenas un año de diferencia. "He intentado exorcizar todo eso, pero en realidad he estado más de 20 años en la cárcel de la depresión", cuenta Alexandre Diego Gary, hoy en una especie de libertad provisional e hijo único de ese glamuroso matrimonio que duró apenas nueve años. Tenía 17 cuando, en 1979, su madre decidió dejarlo todo. Tras tomar un supuesto cóctel de fármacos y alcohol su cuerpo apareció en el interior de un Renault 5 blanco: muerte en extrañas circunstancias. Y 18, cuando su padre, que aún conservaba el arma de su paso por la Resistencia francesa, se disparó en la boca.

"Intenté exorcizarlo, pero he pasado 20 años en la cárcel de la depresión"

"Mi madre era inmensamente bella y de generosidad sin límites"
Esa catarsis, se llama S. o la esperanza de vida (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), breve y bello vómito, apenas disimulado con juegos de seudónimos y espejos entre el hombre marcado y el hoy ¿liberado? "Además de no querer hacer una autobiografía, necesitaba que el personaje fuera doble para que afloraran aspectos que de otro modo no hubieran salido: digo cosas por primera vez".

Jean Seberg y Romain Gary

Habla pausado, con la dulzura y la educación de los que han quedado huérfanos pronto de ternura, sudoroso, con el rostro ligeramente abotargado y rojizo, rastros de una vida disoluta y enferma. Grafómano desde adolescente, cree que la S del título de su libro abarca "silencio, soledad y suicidio y un poco la forma zigzagueante del caminar de un cangrejo, adelante y atrás".
Tras dudar si convocar a sus padres para no caer en "la gran orgía de los muertos", Gary recuerda en el libro a sus progenitores en el gran piso del Fauburg Saint-Germain atestado de libros, cuadros y muebles. Al padre en su despacho, donde entraba a las ocho de la mañana a escribir; a la madre atada a la cama de un hospital psiquiátrico para que no se suicidara, que soñaba, como él, con tener un purasangre, a la que veía muy poco por lo que llamaba "mamá" a Eugenia, la niñera española, "mi verdadera madre". Eso sí, estaba dispuesto a matar por ella: tiró a una piscina un niño que no sabía nadar sólo porque Jean le había hecho más caso que a él en una fiesta infantil. "Era mi respuesta a que estuviera siempre fuera de casa; pero se lo perdono todo: era de una belleza alucinante, un talento y, sobre todo, de una generosidad sin límites".
¿Tiene, 30 años después, una explicación a su suicidio? "Mi madre estaba siendo perseguida por el FBI y la CIA por su apoyo a los Panteras Negras: su relación con miembros de aquella gente fue el principio del final; además, esperaba un hijo, intentó suicidarse y lo perdió
[lo mostró para que se viera que no era negro] y eso terminó con sus nervios".
De alguna manera, Alexandre Diego esperaba la muerte de su madre: "Cualquier día lo va a lograr", le alertó una vez su padre. Él lo acabaría haciendo apenas 16 meses después. "Hacía años que le rondaba por la cabeza, con la tensión del affaire Émile Ajar
[falsa identidad con la que ganó por segunda vez el Goncourt en 1975, con el posterior escándalo]; creo que si no lo hizo antes fue para no dejarme con mi madre. 'Mis deberes para contigo ya están hechos', me dijo cuando cumplí 16 años; y me emancipó para que me hiciera cargo legal de su obra". ¿Por qué se rompió la pareja? "Mi madre siempre tuvo una actitud incontrolable, también se cruzó Clint Eastwood..., pero creo que hasta el final soñaba con reconstruirla. Muchas veces llamaba a casa y luego se iba corriendo antes de que abriéramos la puerta; si mi padre no retomó la situación fue, en parte, porque temía que, sin querer, mi madre me hiciera daño".
Alexandre Diego estuvo casi dos años sin salir de casa: lo del padre fue un mazazo. Desde que tenía 15 años quiere ser escritor. Pero le asalta una duda: "Me da miedo no poder escribir nada más; estoy con una historia de un amor perdido, pero siguen persiguiéndome ciertas imágenes, que me obligan a parar y a escribirlas en un cuadernillo... Quisiera haberme liberado de todo ese pasado". Madera, estilísticamente, tiene. "Esa fraseología corta y esas imágenes son de Hemingway y de Faulkner, mis autores preferidos; ahora leo mucho a Tabucchi y a Lobo Antunes". ¿Y qué hay de su padre en esa voluntad moral que destila S. o la esperanza de vida? "Hay fragmentos en que yo mismo reconozco su influencia, lo siento a mis espaldas; en ese libro, aunque sea tan descarnado, hay una ética. De él tomo prestado que un hombre es un proyecto en construcción; un día seremos por fin hombres". Sí, un día.


MZMZMZ
Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg
À bout de souffle, de Jean-Luc Godard
FILMOGRAFÍA

AñoTítuloRolNotas
1957Santa JuanaSt. Joan of Arc
1958Buenos días, tristezaCecile
1959The Mouse That RoaredHelen Kokintz
1960Al final de la escapadaPatricia FranchiniTítulo alternativo: À bout de souffle
1960Let No Man Write My EpitaphBarbara Holloway
1961La récréationKate HooverTítulo alternativo: Love Play
1961L'Amant de cinq joursClaireTítulo alternativo: L'amant de cinq jours
1961Les grandes personnesAnnTítulo alternativo: Time Out for Love
1962Congo VivoAnnette
1963In the French StyleChristina James
1964Les plus belles escroqueries du mondePatricia LeacockSegment "Le Grand Escroc"
Escenas eliminadas
1964A escape libreOlga CelanTítulo alternativo: Échappement libre
1964LilithLilith Arthur
1965DiamantenbillardBettina Ralton
1966Moment to MomentKay Stanton
1966La ligne de démarcationMary, condesa de DamvilleTítulo alternativo: La Ligne de démarcation
1966A Fine MadnessLydia West
1967Estouffade à la CaraïbeColleen O'Hara
1967La route de CorintheShannyTítulo alternativo: La Route de Corinthe
1968Les oiseaux vont mourir au PérouAdriana
1968The GirlsDocumental
1969PendulumAdele Matthews
1969La leyenda de la ciudad sin nombreElizabeth
1970AeropuertoTanya Livingston
1970Macho CallahanAlexandra Mountford
1970Ondata di caloreJoyce GrasseTítulo alternativo: Dead of Summer
1971Dead of Summer
1972Questa specie d'amoreGiovannaTítulo alternativo: This Kind of Love
1972Kill!Emily Hamilton
1972CamorraLuisa
1972L'AttentatEdith LemoineTítulo alternativo: Plot, The French Conspiracy
1973La corrupción de Chris MillerRuth MillerTítulo alternativo: The Corruption of Chris Miller
1974Les Hautes solitudesFilme mudo sin descripción de personajes
1974Ballad for the KidLa starDirector, escritor, productora
1974MouseyLaura Anderson/RichardsonPelícula para televisión
1975Bianchi cavalli d'AgostoLea Kingsburg
1975El gran delirioEmilyTítulo alternativo: Le Grand Délire
1976The Wild DuckGina EkdalTítulo alternativo: Die Wildente
1979Le bleu des origines
1980La légion saute sur KolweziLanzada después de su muerte

WIKIPEDIA


domingo, 1 de junio de 2014

Romain Gary

Romain Gary
DE OTROS MUNDOS

Romain Gary
Roman Kacew
(1914 - 1980)

Romain Gary, escritor y diplomático judío-ruso, nacionalizado francés. Nació en Vilna, Lituania, el 8 de mayo de 1914, como Roman Kacew (yídish: קצב, ruso: Рома́н Ка́цев). Aunque nació en tierras lituanas del Imperio Ruso era judío ruso y nunca habló lituano, sino ruso y yídish. Pasó su infancia con su madre en Vilna, cuando la ciudad pertenecía a Polonia Oriental con el nombre polaco de Wilno, en donde cursa estudios de violín y danza, sin el menor éxito. Más tarde viven en Varsovia (1925-1928), unos dos años y medio, en donde aprende polaco en la escuela, y a los trece años, en 1928, recala con ella en Niza, perfecciona la lengua francesa y decide ser escritor.
Combatió en las Fuerzas Armadas de Francia como piloto durante la Segunda Guerra Mundial y fue condecorado como Héroe de Guerra con la Cruz de Guerra por el general Charles De Gaulle; de esta experiencia escribió Educación europea (1945). Nombrado Caballero de la Legión de Honor y Héroe de la Liberación, entre otras condecoraciones públicas, tras concluir estudios de Derecho ingresa en la carrera diplomática, gracias a su poliglotismo, propio de muchos judíos expatriados provenientes de Europa del Este (hablaba y escribía correctamente francés, inglés, ruso y alemán, además de comprender polaco, español, italiano, lituano y yídish). Después de la guerra trabajó, por tanto, como diplomático hasta 1961 y llegó a ser Cónsul General de Francia en Los Ángeles (1958), a donde llegó proveniente de la Embajada de Francia en La Paz (1956), en donde era Agregado de Asuntos Exteriores, cargo que también ejerció en Sofía (Bulgaria) y Nueva York, en donde fue representante de Francia ante la ONU. Nunca llegó a ser embajador, como quería su madre, debido, según decían sus allegados, a su vida algo bohemia.
Sus mejores amigos en París fueron los escritores Andre Malraux y Albert Camus, a quien frecuentaba en las oficinas de la editorial Gallimard.
Se casó con la escritora Lesley Blanch y años más tarde con la actriz americana Jean Seberg, con la que mantuvo la relación matrimonial hasta el suicidio de ella. Incluso después de su separación, Gary le pagó los tratamientos psiquiátricos y le regaló un piso en el centro de París, en donde la actriz vivió en compañía del único hijo de ambos, Alexandre Diego Gary Seberg (París, 1963), único heredero de ambos. El nombre español de Diego, según Romain Gary, se lo pusieron porque fue concebido en su residencia de veraneo en Palma de Mallorca.
Empleó los seudónimos Émile Ajar, Fosco Sinibaldi y Shatan Bogat. Es el único escritor en la historia que ha ganado dos veces el Premio Goncourt, la segunda vez con el seudónimo de Émile Ajar, hecho que generó una gran polémica en Francia, con connotaciones legales y que no se resolvió hasta poco antes de su suicidio. Gary se burló así de la alta cultura francesa y la crítica literaria más dogmática, que acusaba su obra de romántica y trasnochada y, sin embargo, celebraba la del tal Émile Ajar un supuesto escritor joven, genio desconocido al que alabaron sin saber que se trataba del mismo escritor: Romain Gary.
Fue autor de unos treinta libros, novelas, relatos, ensayos y memorias, además de guiones de cine, medio en el que llegó a dirigir dos películas protagonizadas por su mujer, Jean Seberg. Su nombre figura en los créditos de una veintena de películas, telefilmes y series de televisión, en calidad de guionista, argumentista, director o actor .
Se suicidó el 2 diciembre de 1980 en su apartamento de París.

File:RomainGaryVilnius.jpg
Placa en la que fue casa de Romain Gary entre 1917 y 1923

Romain Gary nació en Lituania, pero por origen familiar se consideraba judío ruso y nunca habló lituano, sino ruso y yídish. Dado que su padre biológico, un judío ruso, nunca lo reconoció, su madre le hacía pasar por hijo de Iván Mozzhujin, una estrella del cine ruso. Acabó viviendo en Niza junto a su madre y combatiendo como piloto en el ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente trabajó como diplomático en Los Ángeles, Sofía y Nueva York.




El escritor y diplomatico francés, 

Romain Gary se suicidó anoche

Hace un año murió su ex mujer, Jean Seberg, en circunstancias extrañas

Romain Gary, el novelista y diplomático francés, autor de Las raíces del cielo, se suicidó anoche, a los 66 años, disparándose un tiro en la cabeza. La que fue su mujer, la actriz americana Jean Seberg, murió también trágicamente en septiembre de 1979. A última hora ya, al conocer la noticia, el ministro francés de la Cultura, Jean Philippe Lecat, se manifestó inmediatamente para celebrar la memoria del «gran escritor que ha marcado nuestra época».
Desde hace ya varios años, en Saint Germain des Près, en las inmediaciones de la última morada del que fue su colega, también suicida, Henry de Montherlant, no era difícil encontrar a Gary, a media mañana, por los alrededores de su domicilio de la Rue du Bac, comprando tabaco en un bar o su baguette (el clásico pan francés) en una panadería.La tragedia de la última etapa de su vida la llevaba en el rostro, que un conocido suyo sancionó no hace mucho como «un mapa bello de bondad y de tormentas».

Jean Seberg

En septiembre de 1979, la que había sido su mujer, la actriz Jean Seberg, apareció envuelta en una manta, muerta, en un coche abandonado, desde hacía varios días, en una calle parisiense., El drama se certificó como un suicidio, pero aún no se ha dilucidado en qué medida su último compañero un presunto actor joven, participó en el desenlace fatídico. Gary y el hijo que había tenido con Jean Seberg defendieron públicamente la memoria de está última de sospechas que probablemente serán para siempre una interrogación.
Tras una apasionada unión con la actriz, Gary había declarado un día: «Lo normal es que nos separemos porque yo ya no puedo satisfacerla».

Un ruso con la Legión de Honor

Romain Gary nació en Lituania en 1914. Siguió a su familia a Polonia y después, ya residente en Francia, fue combatiente contra el nazismo, y en 1945 entró en la carrera diplomática. Este mismo año publicó Educación europea (evocación de la resistencia polaca al nazismo), pero la obra que lo hizo realmente célebre fue Las raíces del cielo, premiada con el Goncourt y en la que sus personajes son desperdicios que buscan la fraternidad, la amistad,Esta última obra citada, convertida en película de éxito también, de igual manera que Promesas del alba (autobiográfica), Los colores del día, Perro blanco, o sus obras de teatro, respiran un cierto moralismo y la búsqueda de un humanismo, que Gary resumió en una frase definitiva al confesar que todo lo que escribía era debido a «una necesidad de creer en algo». También se interesó por el cine, para el que escribió y realizó Lospájaros van a morir al Perú.
Escritor sobre todo, también fue diplomático hombre de acción. El día del ertierro del general Charles de Gaulle, apareció vestido de uniforme y luciendo la Legión de Honor: no sin sorpresa por parte de quienes no sabían que era íntimo amigo de André Malraux y que pertenecía a los compañeros gaullistasde la liberación.
Aunque era ruso de origen, se sentía francés por los cuatro costados. Anoche, un amigo suyo, tras evocar al escritor, exaltó el amor por su madre como una de las constantes de su vida y de su obra. Y se estremeció al recordar que su hijo, de quince años actualmente, «desde hoy es huérfano de padres suicidas».
Gary, al lado de este hijo, tras el misterioso suicidio de la que fue su mujer, se empeñó en una investigación pública en la que al FBI norteamericano, de ser ciertas sus sospechas, le correspondería una participación nunca clarificada. Pero los escollos de esa encuesta dramatizaron los últimos meses de su existencia hasta el desesperado final consumado ayer.
Para sus contemporáneos, Gary habrá sido, sobre todo en la historia de la literatura francesa, el escritor de un público fijo, que esperaba sus libros, fáciles de leer y cargados de humanidad vivida. El, mejor que nadie, definió la especie de populismo sensual con el que llegaba al lector y que, al mismo tiempo, valora su obra: «Lo que pretendo es disputarles a los dioses absurdos y borrachos de su poder la posesión del mundo, para devolverles la tierra a quienes la llenan con su valor y con su amor».


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Cuando el amor se acaba

  • Romain Gary

Romain Gary fue ganador en dos ocasiones del Premio Goncourt y estuvo unido a la actriz Jean Seberg, con la que tuvo un hijo. En 1975 publicó esta novela amorosa, de tintes autobiográficos, sobre el agotamiento de la capacidad sexual del hombre.
Lo más parecido a un héroe es un aventurero y la vida de Romain Gary (seudónimo del judío lituano Roman Kazew, Vilna, 1914-París, 1980), escritor en francés (y en inglés), está repleta de aventuras, pues fue de triunfo en triunfo hasta el suicidio final, de la que este libro da una de las primeras razones. El título aparece cambiado en castellano. Se trata de la decimoséptima novela publicada por Gary, casi al final de su vida, en 1975, bajo un título tomado de un cartel del metro de París: "Más allá de este límite, su billete deja de ser válido" (au-delà de cette limite, votre ticket n'est plus valable), cuyo tema, escabroso y con cierto aroma a escándalo es el del agotamiento de la capacidad sexual del hombre, lo que se identifica pura y simplemente con la del amor, un tema claramente autobiográfico.

PRÓXIMA ESTACIÓN: FINAL DE TRAYECTO

Romain Gary
Traducción de Cristina Cubría y David Villanueva
Demipage. Madrid, 2005
260 páginas. 16 euros
En efecto, Gary había triunfado en todas las aventuras que había emprendido; exiliado en Francia, tras haber combatido contra el nazismo en Polonia, se hizo aviador y se unió muy temprano al general De Gaulle y publicó su primera novela en 1945, alcanzando un buen éxito con Una educación europea. Pronto consiguió el Premio Goncourt con su quinta novela, Las raíces del cielo, imponiéndose definitivamente con la séptima, La promesa del alba, dedicada a la memoria de su madre.

Jean Paul Belmondo y Jean Seberg

Tras el fracaso de su unión con Jean Seberg, Gary se enfrentó a una superchería más, pues se inventó a un autor a través de un seudónimo, Emile Ajar, le atribuyó cuatro novelas que tuvieron un éxito creciente, y con la segunda, La vida por delante, ganó el Premio Goncourt otra vez (el primer caso de la historia) y fue publicada el mismo año que esta que estoy comentando, en 1975. No contento con esto, condujo a un sobrino suyo a encarnar a un supuesto Emile Ajar y pasearlo por los medios para defender su imaginaria representación. Lo de Jean Seberg fue más trágico. Gary la conoció cuando era una jovencísima estrella descubierta en la Juana de Arco de Otto Preminger. Tenía 16 años y él ya era cónsul general de Francia en Los Ángeles. Ella estaba casada, pero se divorció y se unió a Gary, con quien tuvo un hijo. Al final se separaron. Un día, ella -que estuvo muy unida a los Panteras Negras, y hasta fue perseguida por el FBI- apareció muerta, atiborrada de drogas. Aunque Gary llevaba ya diez años divorciado asumió su defensa por doquier. Y entre otras cosas recuerdo una buena y respetuosa novela de Carlos Fuentes, que tuvo una relación con ella de dos meses durante su estancia en México, Diana o la cazadora solitaria, pero que tampoco pudo aplacar los excesos de su "furor uterino", y a quien el FBI también aconsejó que rompiera sus relaciones con tan revolucionario personaje.
Cuando Gary se casó con ella fue su víctima propiciatoria y hasta llegó a escribirle que "cuanto más hacía el amor más se enamoraba de otras mujeres". Pues bien, ni aun así, él abandonó a Jean Seberg y el consulado de Los Ángeles, y se refugió en sus viajes, en su obra literaria y en su hijo, hasta que publicó este premonitorio Final de trayecto, que anticipa sus fantasmas sexuales encarnándolas en un viejo editor al borde de la ruina en diálogo con sus médicos, anticipando la Viagra, enamorado feliz de una jovencita brasileña de la que al final se despedirá en medio de sus fantasmagorías y terrores. Que no llegaron a cumplirse hasta un lustro después, cuando se disparó un tiro en su gran apartamento de París. Sin ser una buena novela, es una novela de amor emocionante y que se lee (la buena traducción así lo permite) de un tirón.



El perfecto camaleón

Se reeditan varias obras de Romain Gary, el autor que exprimió hasta el límite la fórmula de Rimbaud "Je est un autre"



Un alarido recorre la historia del arte, un grito que Rimbaud formuló en el siglo XIX: "Je est un autre". Ser otro como necesidad, como juego, como refugio, como salvación. Son muchos los escritores que han jugado a ser otros: Antonio Machado fue Juan de Mairena y Abel Martín; Karen Blixen fue Isak Dinesen; el reverendo Charles Lutwidge Dogson fue Lewis Carroll... Pessoa, gran aficionado a los heterónimos, los llamaba "otros de él mismo". Pero probablemente el caso más llamativo en la historia literaria de los seudónimos es el de Romain Gary, nacido Roman Kacew y también conocido como Émile Ajar, Shatan Bogat y Fosco Sinibaldi. Él fue el perfecto camaleón.
Romain Gary llevó la fórmula de Rimbaud "Je est un autre" hasta sus últimas consecuencias. Su heterónimo Émile Ajar creció de tal manera que Gary, acusado por la crítica de imitar a aquél, tuvo que escribir un libro, que entregó a su editor con la condición de que se publicara tras su muerte, donde explicaba que el Otro era Él. En Vida y muerte de Émile Ajar, Gary narraba la estrategia que había ideado para crear a su álter ego más famoso. En 1974, persuadió a un amigo para que enviase los manuscritos firmados por un tal Émile Ajar desde Río de Janeiro a la editorial Gallimard en París. Ajar publicó cuatro novelas con enorme éxito. Cuando la segunda, La vida ante sí, ganó el Goncourt, Gary se encontró con la sorpresa de ser el único escritor que había ganado dos veces el prestigioso premio: en 1956, por Las raíces del cielo,que publicó como Romain Gary; y en 1975, por La vida ante sí, firmada por Ajar. Lejos de detenerse ahí, llevó el juego aún más lejos: su primo Paul Pavlowitch asumió la personalidad del misterioso Ajar ante los medios de comunicación. A eso se le llama ponerse a los críticos por montera.
A Gary, que lleva más de 30 años muerto, le haría gracia comprobar la reedición simultánea en España de sus libros más famosos: los dos Goncourt, firmados, aún hoy, por él y por Émile Ajar. Su heterónimo ha resistido el paso del tiempo gracias, fundamentalmente, a la literatura tierna, corrosiva, absurda y poética que se publicó bajo su nombre. ¿Qué más da si Ajar nunca existió? Cuando la ficción se alza poderosa, la realidad y sus notarios se retiran de puntillas. Las raíces del cielo, considerada la primera novela ecologista de la historia, pertenece a Gary, igual que La vida ante sí, un hermoso relato de amor entre un niño y una anciana, pertenece a Ajar. Además de estos dos libros, que se reeditan ahora, en el segundo semestre del año Galaxia Gutenberg retomará su primera novela, Una educación europea. Este súbito interés por el escritor es un golpe de suerte para los que sueñan con leer buenas historias. Nunca es tarde para ser feliz.
Cuando Gary creó a Ajar tenía 60 años y estaba cansado de ser "el famoso Romain Gary": había escrito más de 30 libros, había ganado numerosos premios y, con su aire medio agitanado, medio aristocrático, se había convertido en uno de los artistas más admirados de Francia. Brillante e infatigable, escribía igual en inglés que en francés. Él mismo decía que había empezado a pensar en ruso, luego en polaco, después en francés y finalmente en inglés. Era amigo de Camus y directores como Costa Gavras, John Huston y Peter Ustinov habían llevado sus novelas al cine. Así lo describía Anaïs Nin en sus Diarios: "Frágil, con grandes ojos verde azulados, piel bronceada de meridional y una boca aquejada de un rictus (debido a una herida de la guerra), que estropeaba sus rasgos. Sin esa boca, que le daba aire de rufián, habría sido guapo".
Hasta su vida personal tenía un aura de leyenda: de origen judío, había nacido en Lituania en 1914 y, con 14 años, se había instalado en Francia junto a su madre. Fue piloto en la Segunda Guerra Mundial, gaullista, diplomático, portavoz de Francia en la ONU, guionista, director... Fue también marido de la actriz Jean Seberg, y con ella tuvo a su único hijo, Diego. En 1945 publicó su primera novela: Una educación europea. Fue el inicio de una asombrosa carrera literaria. Hasta que en 1974, sintiéndose prisionero de su propia leyenda, creó a Ajar. "Quería ser espectador de mi segunda vida. Fue como volver a nacer. Todo me fue dado de nuevo".
El deseo de tener un seudónimo era antiguo; su propia madre se lo aconsejó cuando tenía 13 años: "Un gran escritor francés no puede tener un nombre ruso. Si fueses un virtuoso violinista estaría muy bien, pero para un titán de la literatura francesa no funciona". Durante meses, el joven Roman Kacew pasó horas enteras probando seudónimos. Los caligrafiaba con tinta roja en un cuaderno especial: "Goethe" ya estaba ocupado, igual que "Shakespeare" y que "Victor Hugo". Cuando publicó su primera novela, lo había encontrado: Romain Gary.
Después de que le concedieran el Goncourt por Las raíces del cielo, inventó nuevos heterónimos: Sinibaldi, Bogat y Ajar. Eran los seudónimos de otro seudónimo y Gary jugaba con todos como un malabarista con las pelotas que lanza al aire. El éxito de Ajar le obligó a olvidar a los otros: La vida ante sí no sólo ganó el Goncourt, sino que fue llevada al cine, obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera y un César a la mejor actriz para Simone Signoret.
Cuando los críticos empezaron a sospechar que Ajar era la marioneta tras la que se escondía un autor famoso, señalaron a Queneau y a Aragon. Un burlón Gary publicó la tercera novela de Ajar, Pseudo, donde éste reivindicaba su identidad. "¡Soy Émile Ajar! -grité, golpeándome el pecho-. ¡El auténtico, el único! ¡Soy el hijo de mis obras y el padre de las mismas! ¡No debo nada a nadie! ¡No soy un impostor! ¡No soy un seudo-seudo! (...) Y aquí estalló con una risa maniaca: ji ji ji".
Alguien que se ha creado a sí mismo tiene derecho a destruirse. Eso hizo Romain Gary. En 1980, con 66 años, colocó una toalla roja sobre la almohada, se puso el pijama y se disparó un tiro en la boca con un revólver Smith & Wesson. Su suicidio fue multitudinario: murieron Roman Kacew, Shatan Bogat, Fosco Sinibaldi, Émile Ajar y Romain Gary. Lo que nadie sabe es quién de todos ellos apretó el gatillo.
La vida ante sí. Traducción de Ana María de la Fuente. Plataforma. Barcelona, 2007. 224 páginas. 19 euros. DeBolsillo. Barcelona, 2008. 192 páginas. 8,95 euros. Las raíces del cielo. DeBolsillo. Barcelona, 2008. 528 páginas. 9,95 euros.



Romain Gary y Jean Seberg
Romain Gary y la dura vida literaria
La literatura francesa asimila bien al autor extranjero. En el siglo XX escritores como Beckett, Ionesco y Kundera han escrito gran parte de su obra en francés, aunque no se habla de alguien que obtuviera el nivel de excelencia que consiguió con el inglés el polaco Józef Konrad Korzeniowski, conocido luego como Joseph Conrad.
Entre los extranjeros que adoptaron la lengua francesa el caso de Romain Gary destaca por varias razones. Amigo de Camus, Malraux y Teilhard de Chardin, casado con Jean Seberg –actriz de los filmes de Godard y musa de la nouvelle vague–, aviador, jugador de póquer, protagonista de la bohemia chic parisina, Gary, ruso de origen judío y cuyo nombre verdadero era Roman Kacew, fue un autor de enorme éxito y con ventas millonarias. Su novela Las raíces del cielo (libro “raro, simbólico y denso”, según André Maurois; “primera novela ecologista del mundo”, según otros) mereció en 1956 el Premio Goncourt, el galardón literario más importante de Francia.
Pero no todo en la vida de este autor sería un lecho de rosas. Un mal día, a causa del gaullismo manifiesto de Gary, la intelectualidad gala, dominada entonces por la izquierda, le bajó el dedo. Y algunos críticos literarios de renombre, vinculados al nouveau roman, comenzaron a encontrarle defectos. Lo calificaron de démodé, y lo tildaron de ser un remedo pálido de Graham Greene. Entonces Gary, un certero bromista, decidió burlarse de sus críticos y, tras dejar de publicar con su nombre, ejecutó una de las venganzas más extraordinarias y novelescas que puedan concebirse.
“Estaba harto de la imagen de Romain Gary que me habían colgado a la espalda... y sobre todo añoraba la juventud, el comienzo, el primer libro”, explicó Gary en un texto que él pidió que se publicara después de su muerte. Así que se reinventó, como ya lo había hecho al llamarse Gary, su primera apuesta. (Se quitó el apellido ruso por consejo de su madre: “En París un nombre ruso solo sirve para ser bailarín. Si aspiras a la gloria de las letras, necesitas un nombre francés”.) Y esa vez, para su nueva metamorfosis, jugó más fuerte: buscó un pseudónimo ambiguo. Émile Ajar. “¿Es un repatriado argelino, un pied noir?”, se preguntaron muchos. “¡Quién diablos es este tipo!”. Corría 1975 y la novela La vida ante sí se había transformado en el suceso literario de Francia. El tal Émile Ajar, su autor, logró incluso el Goncourt 1975, aunque hizo saber a través de su editor que no lo aceptaría. (Gary no quería cometer la ilegalidad de recibir dos Goncourt, premio que solo puede ser obtenido una sola vez en la vida.)
La vida ante sí cosechó enjundiosos elogios de la crítica. Especialmente la de aquellos que solían abuchear a Gary. Fue llevada al cine y ganó el Oscar a la mejor película extranjera y el César a la mejor actriz para Simone Signoret. Entretanto, crecía el misterio de Émile Ajar, ya que éste no daba entrevistas ni se mostraba en público, y los diarios y revistas se desvivían en un torrente de especulaciones. Las conjeturas más aventuradas decían que detrás de ese nombre se hallaban las plumas de Raymond Queneau o de Louis Aragon, dos grandes que por entonces llevaban una vida discreta.
Gary reía mucho, sí, aunque sus allegados lo sabían triste. La broma, en el fondo, le dolía. Veía a través de ella la mezquindad y la injusticia de las personas. La vida literaria (similar a la que décadas antes los hermanos Goncourt retrataron en sus diarios con su más refinada maledicencia) se ensañaba con él. Pero el Goncourt, sin duda, lo confortaba. Gary es el único escritor de Francia que lo consiguió dos veces.
La vida ante sí es un libro conmovedor. Cuenta la estremecedora historia de un niño musulmán que nunca conoció a sus padres y que vive en una pensión de un barrio de París con madame Rose, una anciana prostituta judía –sobreviviente de Auschwitz y atormentada por sus recuerdos–, quien se encarga de cuidarlo a él y a los hijos menores de sus amigas prostitutas. Sumergido en la sordidez, Gary nos lleva a reflexionar, con humor y ternura, sobre un universo sitiado por la más desgarradora soledad.


Las raíces del cielo, su primer Goncourt, tiene como protagonista a Morel, un ex prisionero de guerra del nazismo, que se afinca en el África Ecuatorial Francesa y se empeña en salvar a los elefantes que son exterminados por cazadores y poblaciones hambrientas. Esta novela describe la obsesión de un soñador que, por encima de todo, respeta los ideales de dignidad y libertad. En ese humanismo militó siempre el propio Gary, que decía: “Yo escribo por una necesidad de creer en algo”.

Gary vivió hasta que le fue difícil sonreír. La ciencia nos dice que en una sonrisa se necesitan mover 17 músculos y 43 en fruncir el ceño. Sin embargo, llegó un momento en que lo último no le costaba mayor esfuerzo. Deprimido por el suicidio de Jean Seberg, su ex esposa, y cansado quizá de estar cansado, Gary, a los 66 años, vistió un elegante piyama de seda, se tendió en la cama y se descerrajó un tiro en la cabeza.




“Frágil, con grandes ojos verdes azulados, piel bronceada de meridional y una boca aquejada de un rictus que estropeaba sus rasgos. Sin esa boca, que le daba aire de rufián, habría sido guapo”. 



Anaïs Nin








La vida trata de las desventuras de Momo, un adolescente árabe que no ha conocido a sus padres y que vive en París con Madame Rosa, una ex prostituta judía de unos 70 años que sobrevivió a un campo de concentración y que se gana precariamente la vida dando albergue temporal en su casa de París a los hijos no deseados de las prostitutas del barrio. Su salud y sus recursos se agotan día tras día. Madame Rosa trata a Momo como a un adulto confesándole sus problemas y obligándole a prometerle que jamás permitirá que la internen en un hospital. Madame Rosa, una adaptación cinematográfica de la novela La Vie devant soi,  protagonizada por Simone Signoret en el papel de la vieja prostituta judía, obtuvo en 1977 el Óscar a la mejor película extranjera.



LA VIDA ANTE SÍ

La señora Rosa es una vieja judía que vive en un sexto piso sin ascensor. Su peso, su salud y el no tener ascensor la separan del mundo, una barrera invisible y una forma de encierro. Teme sus recuerdos de Auschwitz y llegar a tener cáncer. Sonríe cuando le recuerdan que fue joven y bonita, aún es coqueta y se maquilla y usa pelucas pelirrojas para tapar su calvicie. La señora Rosa se encarga de cuidar y hospedar a los hijos de las prostitutas que viajan a provincias para hacer dinero. Está en el umbral de la senilidad y el colapso, parece un edificio en proceso de derrumbe, uno de esos edificios que fueron únicos, extraños y hermosos y que, con el paso del tiempo, sólo guardan pequeños rastros de esa belleza.

Momo es un niño musulmán hospedado en la casa de la señora Rosa, no sabe quiénes son sus padres ni su edad, otra barrera invisible, otra forma de encierro. Momo se abre al mundo desde ese sexto piso en el que convive con la señora Rosa y otros niños sin madre, mira alrededor, a los suburbios de París para descubrir el mundo que habita y las personas que le rodean. Ya en sus primeros años descubre las aristas del amor (el amor familiar, el amor romántico, la amistad). Posee una rara inteligencia y lucidez, busca un inicio, una forma de hacerse visible y estar en el mundo. 

La vida ante sí es una entrañable e irónica historia de amistad, un libro que se cuela dentro y crece a cada página, que te hace sentir calidez suave, una carcajada inesperada, una sonrisa que se quiebra con un giro inesperado, una mirada sobre los seres invisibles y los lugares en sombra, sobre aquellos rincones y personas de las ciudades que pasan desapercibidos. Es una historia hermosa, aúna dolor y el placer por descubrir la vida, el miedo y una amistad inquebrantable, las decepciones y el seguir adelante a pesar de ellas, la ironía salvaje y la ternura. Momo y la señora Rosa se cuidan el uno al otro, son el único hogar y familia que tienen, un espacio y un tiempo compartidos, un secreto y un amor ilimitado.

Gary no sólo describe dos inolvidables personajes principales, los rodea de una galería de secundarios entrañables, seres desarraigados, emigrantes y prostitutas, cada uno con una pizca de sabiduría, humanidad y valentía, con una historia que cargan a sus espaldas, con una forma de ver el mundo distinta a la rutinaria, caminos que se desmarcan de lo establecido. La historia avanza de forma febril, poética, con la mirada cálida y escrutadora de Momo, sus palabras intentan desentrañar la maquinaria de la vida y lo hace con esa inocencia, lógica y estupefacción de la infancia. Cada página una pincelada de su lucidez y desparpajo, de su intento de entender el mundo de los adultos y su tolerancia hacia el otro, de sentirse dentro de un grupo y descubrir que la familia va más allá de la sangre.

Hay un momento extraordinario dentro de La vida ante sí. Momo sigue a una mujer, encarna la idea de un hogar, seguridad, otra familia. Entra en una sala a oscuras y ocurre un milagro, un truco de magia inverosímil:“Después tuvo que trabajar. Me explicó que aquello era una sala de doblaje. Los de la pantalla abrían la boca para hablar, pero eran los de la sala los que ponían la voz. Hacían lo mismo que los pájaros: les metían directamente la voz en el buche. Cuando la voz no entraba en el momento justo, había que volver a empezar. Y entonces venía lo bueno: todo iba hacia atrás. Los muertos volvían a la vida y ocupaban otra vez su puesto en la sociedad andando hacia atrás. Apretaban un botón y todo se alejaba. Los coches circulaban al revés, los perros retrocedían y las casas que habían sido derruidas volvían a levantarse de repente. Las balas salían del cuerpo y se metían en las metralletas y los asesinos se retiraban y salían de espaldas por la ventana. El agua subía otra vez al vaso. La sangre volvía a entrar en el cuerpo sin dejar rastro y la herida se cerraba. Uno que había escupido se tragaba el salivazo. Los caballos galopaban hacia atrás y uno que se caía de un séptimo piso volvía a entrar por la ventana. Era el mundo al revés, lo mejor que he visto en mi puñetera vida. Hubo un momento en que vi a la señora Rosa joven y fresca con sus piernas. La hice retroceder un poco más y se puso aún más guapa. Se me saltaban las lágrimas. Me quedé un buen rato porque no me esperaban en ningún sitio, y lo que me divertí. Lo mejor era cuando mataban a la mujer, que se quedaba muerta un momento para dar lástima y luego se levantaba del suelo, como si una mano invisible tirase de ella, retrocedía y volvía a la vida. El tío a quien ella llamaba “amor mío, pobre amor mío” tenía cara de cerdo, pero allá ellos. Los presentes vieron que aquello me gustaba y me explicaron que se podía ir para atrás desde el final hasta el principio, y uno con barba me dijo guaseándose: “Hasta el paraíso terrenal”. Luego añadió: “Lo malo es que cuando vuelves a empezar todo es lo mismo”. La rubia me dijo que se llamaba Nadine y que su trabajo consistía en hacer hablar a la gente del cine con voz humana. Yo estaba tan a gusto que no tenía ganas de nada. Figúrense, una casa que se incendia y se hunde y que luego se levanta y se apaga. Uno tiene que verlo con sus propios ojos para creerlo, porque si lo ve otro no es lo mismo.”

Hay docenas de párrafos tan cuidados e inesperados como el de la sala de doblaje a lo largo del libro, pequeñas sorpresas que te esperan al pasar una hoja, una lectura hermosa que emociona y te muestra esos rincones que pocas veces se iluminan y con páginas inolvidables...



Premios
  • Premio Goncourt  Les racines du ciel /Las raíces del cielo, 1956
  • Premio Goncourt La vie devant soi / La vida ante sí, con el pseudónimo de Émile Ajar (1975)


BIBLIOGRAFÍA

Con el nombre real Romain Kacew 
  • 1935 : L'Orage (15.02.1935 en Gringoire)
  • 1935 : Une petite femme (24.05.1935 en Gringoire)
  • 1937 : Le Vin des morts
Con el seudónimo Romain Gary 
  • 1945 : Éducation européenne
  • 1946 : Tulipe
  • 1949 : Le Grand Vestiaire
  • 1952 : Les Couleurs du jour
  • 1956 : Les Racines du ciel (premio Goncourt)
  • 1960 : La Promesse de l'aube
  • 1961 : Johnnie Coeur (théâtre)
  • 1962 : Gloire à nos illustres pionniers
  • 1965 : Lady L.
  • 1965 : The Ski Bum
  • 1965 : Pour Sganarelle (Frère Océan 1) (ensayo)
  • 1966 : Les Mangeurs d'étoiles (La Comédie américaine 1)
  • 1967 : La Danse de Gengis Cohn (Frère Océan 2)
  • 1968 : La Téte coupable (Frère Océan 3)
  • 1969 : Adieu Gary Cooper (La Comédie américaine 2)
  • 1970 : Chien blanc
  • 1971 : Les Trésors de la Mer Rouge
  • 1972 : Europa
  • 1973 : Les Enchanteurs
  • 1974: La nuit sera calme 
  • 1975 : Au-delà de cette limite votre ticket n'est plus valable
  • 1977 : Clair de femme
  • 1977 : Charge d'âme
  • 1979 : La Bonne Moitié (teatro)
  • 1979 : Les Clowns lyriques
  • 1980 : Les Cerfs-volants
  • 1981 : Vie y mort d'Emile Ajar (póstuma)
  • 1984 : L'Homme à la colombe (versión póstuma definitiva)
Con el seudónimo de Fosco Sinibaldi
Con el seudónimo de Shatan Bogat

Con el seudónimo de Émile Ajar
  • 1974 : Gros-Calîn
  • 1975 : La vie devant soi (premio Goncourt)
  • 1976 : Pseudo
  • 1979 : L'Angoisse du roi Salomon





Obras traducidas al español
  • Les racines du ciel - Las raíces del cielo (1956). (Traducción española de 1958).
  • Los pájaros van a morir al Perú
  • La promesse de l’aube - La promesa del alba (1960). Reeditada en 2008 (DeBolsillo, Ramdom House Mondadori, Barcelona). Traducción de Noemí Sobregués.
  • Les mangeurs d’étoiles - El devorador de estrellas (1966)
  • The gasp - La exhalación (1973). (Traducción española de 1974). (Autotraducida al francés como Charge d'âme en 1977)
  • Les clowns lyriques - Los payasos líricos (1979)
  • L'Angoisse du roi Salomon - La angustia del Rey Salomón (1979)
  • La vie Devant Soi - La vida ante si (1976) Plaza y Janes Traducción de Ana M. De La Fuente. 
  • Gros Calîn 
  • Chien Blanc - Perro Blanco (1970) Juventud. 1ª edicion enero 1972 Traducción de Gloria Martinengo,198 paginas
  • El bosque del odio. Galaxia Gutenberg, 2009. 260 pag. 
  • Mimos. Vaivén, 2007. 240 pag.