sábado, 14 de mayo de 2016

Mario Vargas Llosa



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RIMBAUD
BIOGRAPHIES II


Mario Vargas Llosa

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa

(Arequipa, 1936)
(Arequipa, Perú, 1936) Escritor peruano. Con la publicación de la novela La ciudad y los perros (1963), Mario Vargas Llosa quedó consagrado como una de las figuras fundamentales del «boom» de la literatura hispanoamericana de los años 60. Al igual que otros miembros del mismo grupo, su obra rompió con los cauces de la narrativa tradicional al asumir las innovaciones de la narrativa extranjera (William Faulkner, James Joyce) y adoptar técnicas como el monólogo interior, la pluralidad de puntos de vista o la fragmentación cronológica, puestas por lo general al servicio de un crudo realismo.
Mario Vargas Llosa

Por otra parte, se deben también al novelista peruano importantes aportaciones críticas y hondas reflexiones sobre el oficio de escribir, como su teoría sobre los "demonios interiores", que intenta explicar la escritura como un acto de expulsión, por parte del creador, de los elementos de la conciencia capaces de incubar perturbaciones que sólo el hecho de escribir puede exorcizar. La concesión del Nobel de Literatura en 2010 coronó una trayectoria ejemplar.
Biografía
Mario Vargas Llosa pasó su infancia entre Cochabamba (Bolivia) y las ciudades peruanas de Piura y Lima. El divorcio y posterior reconciliación de sus padres se tradujo en frecuentes cambios de domicilio y de colegio; entre los catorce y los dieciséis años estuvo interno en la Academia Militar Leoncio Prado, escenario de su novela La ciudad y los perros. A los dieciséis años inició su carrera literaria y periodística con el estreno del drama La huida del Inca (1952), pieza de escaso éxito.
Poco después ingresó en la Universidad de San Marcos de Lima, donde cursó estudios de literatura. Desempeñó múltiples trabajos para poder vivir sin abandonar sus estudios: desde redactor de noticias en una emisora de radio hasta registrador en el Cementerio General de Lima. En 1955, el escándalo que provocó al casarse clandestinamente con su tía política Julia Urquidi (episodio que inspira la novela La tía Julia y el escribidor) agravó aún más su situación, y hubo de recurrir a algunos amigos para aliviar su penosa situación doméstica.
En la capital peruana fundó Cuadernos de Composición (1956-1957), junto con Luis Loayza y Abelardo Oquendo, y luego la Revista de Literatura (1958-1959), erigiéndose en estas publicaciones como abanderado de un grupo que reaccionaba contra la narrativa social y documentalista de aquel entonces. A finales de los años 50 pudo finalmente viajar y establecerse en Europa, donde empezó a trabajar en la Radio Televisión Francesa y fue profesor en el Queen Mary College de Londres.
Mario Vargas Llosa

Publicó su primera obra, Los jefes (1959), con veintitrés años apenas, y con la novela La ciudad y los perros (1963) se ganó ya un prestigio entre los escritores que por aquel entonces gestaban el inminente «boom» literario iberoamericano. Vargas Llosa acabaría figurando entre los autores esenciales de aquel fenómeno editorial, y se le situó por su relevancia en primera línea, junto a narradores de la talla del colombiano Gabriel Garcia Márquez, el mexicano Carlos Fuentes o el argentino Julio Cortázar.
El éxito de esta novela y el espaldarazo que supuso a su carrera literaria le permitió dejar atrás una etapa de precariedad y bohemia. En el viejo continente, Vargas Llosa estableció su residencia primero en París y luego en Londres (1967), de donde se trasladó a Washington y a Puerto Rico.
La labor de Mario Vargas Llosa como crítico literario se refleja en ensayos comoGarcía Márquez: historia de un deicidio (1971) y La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975). En 1976, con José María Gutiérrez, codirigió la versión cinematográfica de su novela Pantaleón y las visitadoras. En 1977 fue nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la cátedra Simón Bolívar en Cambridge.
En el terreno político, su ideario sufrió con los años profundas mutaciones. El rechazo visceral a toda dictadura y el acercamiento a la democracia cristiana caracterizaron su juventud; en los años 60 pasó de un explícito apoyo a la Revolución cubana a un progresivo distanciamiento del comunismo y a la ruptura definitiva con el gobierno de Fidel Castro (1971) a raíz del llamado Caso Padilla.
Vargas Llosa en la campaña presidencial de 1990

Con el tiempo acabó convertido en un firme defensor del liberalismo, aunque sin renunciar a los avances sociales conseguidos por el progresismo, y en los 80 llegó a participar activamente en la política de su país. Impulsor del partido Frente Democrático, cuyo programa combinaba el neoliberalismo con los intereses de la oligarquía tradicional peruana, Mario Vargas Llosa se presentó como cabeza de lista en las elecciones peruanas de 1990, en las que fue derrotado por Alberto Fujimori.
Decidió entonces trasladarse a Europa y dedicarse por completo a la literatura; publicó artículos de opinión en periódicos como El PaísLa NaciónLe Monde,CaretasThe New York Times y El Nacional. En 1993 obtuvo la nacionalidad española, y un año después fue nombrado miembro de la Real Academia Española. Mario Vargas Llosa ha sido distinguido, entre otros muchos galardones, con los premios Príncipe de Asturias de las Letras (1986), Cervantes (1994) y Nobel de Literatura (2010). El máximo galardón de las letras universales le llegó como reconocimiento a "su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual".
La obra de Mario Vargas Llosa
Formado en el marco generacional del cincuenta (su primer libro es de 1959: la colección de cuentos titulada Los jefes), Mario Vargas Llosa es uno de los novelistas hispanoamericanos de mayor fama mundial, y acaso el que ha escrito el mayor número de novelas de altísima calidad. Como narrador, Vargas Llosa maduró precozmente: La ciudad y los perros (1963) es la primera novela peruana completamente "moderna" en recursos expresivos. La Casa Verde (1966), Los cachorros (1967) y Conversación en La Catedral (1969) lo ungieron como uno de los protagonistas del «boom» de la novela hispanoamericana de los años sesenta y como el más característicamente neorrealista del grupo, con un virtuosismo técnico de enorme influencia internacional.
Sus novelas posteriores, excepción hecha de la más ambiciosa de todas, La guerra del fin del mundo (1981, agudo retrato de la heterogeneidad sociocultural de América Latina), abandonaron el designio de labrar "novelas totales" que hasta entonces lo obsesionaba, y optaron por la reelaboración (irónica o transgresora) de formas o géneros subliterarios o extraliterarios, planteando con gran frecuencia una reflexión sobre los límites de la realidad y la ficción que recrea aspectos de la literatura fantástica y el experimentalismo narrativo, sin caer en ellos totalmente: la farsa, en Pantaleón y las visitadoras (1973); el melodrama, en La tía Julia y el escribidor (1977); la política-ficción anticipatoria, en Historia de Mayta (1984); el relato de crimen y misterio, en ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986) y Lituma en los Andes (1993); la narrativa erótica, en Elogio de la madrastra (1988) y Los cuadernos de don Rigoberto (1997); y la política, en La fiesta del chivo (2000).
Obra narrativa
No cabe duda de que la narrativa ocupa el lugar central de su abundante producción. Su magistral destreza técnica, su capacidad para hacer de cada una de ellas un mundo sólido capaz de autosostenerse y el hecho de otorgar una total autonomía al quehacer narrativo son sus virtudes centrales. En todos sus libros, inclusive los que como Pantaleón y las visitadoras o La tía Julia y el escribidor podrían ser considerados menores, la forma adquiere el más alto grado de importancia.
Su producción narrativa se inició en 1959 con los cuentos de Los jefes y alcanzó resonancia internacional con la novela La ciudad y los perros (1963, premio Biblioteca Breve de 1962), reflejo y denuncia de la organización paramilitar del Colegio Leoncio Prado, donde el autor había realizado sus estudios secundarios. El ambiente cerrado y opresivo de aquel colegio militar de Lima parece compendiar toda la violencia y corrupción del mundo actual; los "perros" del título son los alumnos del primer año, sometidos a crueles novatadas por parte de los mayores.
Dejando a un lado su problemática social y ética, la novela muestra una asombrosa madurez por el trazo ambiguo y mudable de los personajes, por la precisa descripción de los ambientes urbanos, por su trama sinuosa y por el hábil tratamiento del tiempo narrativo. Lejos de atenuar, el experimentalismo y la superposición de tiempos, personajes y acciones intensifica su brutal e impactante realismo y el retrato de una violencia explícita o subyacente.
Mario Vargas Llosa

Su consolidación literaria llegó con La casa verde (1966), verdadera exhibición de virtuosismo literario cuya prosa integra abundantes elementos experimentales, tales como la mezcla de diálogo y descripción y la combinación de acciones y tiempos diversos. El relato, que transcurre principalmente en un burdel, presenta varias historias paralelas con un montaje sumamente complejo, con yuxtaposición de planos temporales y cambios de punto de vista.
Tales recursos se emplean también en parte en Los cachorros (1967), cuyo asunto, un internado, nos remite en su fase inicial a la temática de La ciudad y los perros; y en Conversación en La Catedral (1969), amplio retablo histórico-político del Perú (con sugerencias de libelo contra el régimen del dictador peruano Manuel Odría) compuesto a través de los diálogos sostenidos entre un periodista y el guardaespaldas negro de un dictador. Tales diálogos tienen lugar en "La Catedral", nombre del modesto bar de Lima en el que comparten sus vidas fracasadas.
En las dos novelas siguientes, Vargas Llosa pareció renunciar a los grandes temas para abordar una vía más lúdica, en busca de nuevas posibilidades para su narrativa. Pantaleón y las visitadoras (1973) es una sátira humorística de la burocracia militar que añade a su siempre lúcida visión del poder un componente brutal y grotesco, emparentable con el esperpento hispano. La tía Julia y el escribidor (1977), acaso influida por los relatos del argentino Manuel Puig, desarrolla en contrapunto las vivencias sentimentales y el mundo de los seriales radiofónicos.
La guerra del fin del mundo (1981), en cambio, pretende ser de nuevo una obra "total". En ella abordó la problemática social y religiosa de Hispanoamérica a través del relato de una revuelta de fondo mesiánico; la obra se inspira en un clásico del periodismo brasileño de principios de siglo, el libro Os Sertões de Euclides da Cunha, a partir del cual reconstruye y elabora la trama novelesca.
Escritor de oficio y trabajador infatigable, que ha sido galardonado con numerosos premios a lo largo de su carrera, su prosa fue adquiriendo en sus posteriores novelas un tono medio o periodístico, que tal vez suponga cierto descenso respecto a obras anteriores, pero que ha incrementado su audiencia entre el público lector.
En esa dirección cabe destacar Historia de Mayta (1984), encuesta sobre un antiguo compañero del colegio que, en 1958, protagonizó una sublevación en una localidad andina; ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986), que es en sí mismo un proceso narrativo bajo pretexto de una investigación policial; y El hablador (1987), sobre un contador de historias entre las tribus primitivas de Latinoamérica. Esta última obra reveló su fascinación por la tradición oral de la selva, región que siempre ha motivado su imaginación literaria; resulta llamativa tal comunión con las raíces indígenas en un escritor normalmente tan cosmopolita.
Su novela Lituma en los Andes (1993) mereció el Premio Planeta; un año después recopiló sus colaboraciones periodísticas en Desafíos a la libertad (1994). En 1997 apareció su novela erótica Los cuadernos de don Rigoberto, en la misma línea de su anterior Elogio de la madrastra (1988). En la tradición de la novela de dictadores, Vargas Llosa publicaría también una obra ambiciosa y total, La fiesta del chivo(2000), en la que reconstruye con absoluta maestría la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana. Seis años después dio a la imprenta Travesuras de la niña mala (2006), una historia entre lo cómico y lo trágico en la que el amor se muestra dueño de mil caras. El héroe discreto (2013) es por ahora su novela más reciente.
Ensayo y teatro
Aparte de su obra narrativa, Vargas Llosa ha desarrollado una sostenida labor crítica y es autor de originales y profundos estudios sobre diversos autores y cuestiones literarias. Entre ellos destacan García Márquez: historia de un deicidio (1971), dedicado a una singular interpretación de la obra de Gabriel García Márquez; La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975); La verdad de las mentiras (1990), una colección de ensayos sobre veinticinco novelistas contemporáneos; La utopía arcaica: José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996), donde analiza la vida y obra José María Arguedas; Cartas a un novelista (1997), una especie de propedéutica de la novela, dirigida especialmente a escritores jóvenes, yEl viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (2008), donde analiza en profundidad la vida y la obra del escritor uruguayo.
Su incursión en el teatro, aunque menos exitosa, ha sido frecuente: La señorita de Tacna (1981), Kathie y el hipopótamo (1983), La chunga (1986), El loco de los balcones (1993), Ojos bonitos, cuadros feos (1996), Odiseo y Penélope (2007) y Al pie del Támesis (2008) son las piezas dramáticas que ha publicado hasta hoy y en las que explora, preferentemente, destinos individuales. Los tres volúmenes de Contra viento y marea (1983-1990) recogen una selección de sus crónicas, artículos y otros trabajos periodísticos. En 1993 apareció El pez en el agua, libro de memorias en el que traza un doble relato: las peripecias de su campaña presidencial en 1990 y un recuento desde su infancia hasta el momento en que decide partir a Europa para consagrarse a la escritura.




Universidad parisina La Sorbona rinde homenaje a Mario Vargas Llosa

Tras ingresar en la mítica colección de literatura La Pléiade


09:14.
París, 6 de abril de 2016 


La reconocida universidad parisina de la Sorbona, rindió homenaje a Mario Vargas Llosa tras haber conseguido formar parte de la legendaria colección de La Pléiade que reúne el canon de la literatura universal y en la que figuran nombres como Cervantes, Shakespeare, Dickens, Flaubert, Kafka o García Lorca, informó el diario El País.

El peruano es, además, el primer escritor hispanohablante que obtiene este reconocimiento antes de fallecer (Borges murió en 1986 cuando su volumen ya estaba en marcha, pero no se editó hasta 1993).




Desde finales de marzo, Vargas Llosa forma parte de la colección con un doble volumen que reúne ocho de sus novelas, en su característica encuadernación de tapas de cuero y papel semibiblia. Para celebrar la distinción, la Sorbona organizó un acto de homenaje, junto a la editorial Gallimard y la Casa de América Latina, en uno de los anfiteatros históricos de la Facultad de Letras. 

Bajo las molduras doradas del lugar y entre imponentes retratos de Racine, Descartes o Molière, Vargas Llosa escuchó declamar fragmentos de La casa verde y La tía Julia y el escribidor, antes de subir al escenario para pronunciar un discurso de agradecimiento a la cultura francesa, a la que consideró responsable de su destino como escritor.

“Gracias a Francia descubrí qué tipo de escritor quería ser”, expresó Vargas Llosa. “Leer Madame Bovary me cambió la vida. Gracias a Flaubert supe que quería ser un escritor realista, porque su realismo no tenía nada que ver con la vulgaridad o la despreocupación de los autores realistas que yo conocía”. 

El escritor dijo reconocerse en “la búsqueda fanática de la perfección” que caracterizó a Flaubert, y también con su capacidad de trabajo. “Me hizo entender que, aunque uno no nazca siendo un genio, con constancia y obstinación puede lograr tener algo de talento”, afirmó.

Vargas Llosa abogó por una literatura “comprometida”, “polémica”, “problemática” y nunca “neutral”. También dijo compartir la “vocación universalista” de muchos autores franceses. “Pese a las diferencias de costumbres y de lenguas, la humanidad tiene un denominador común, que es el que revela siempre la gran literatura”, defendió. 

“La literatura francesa siempre ha sido una reacción respecto al mundo”, señaló el escritor peruano, que se identificó con su afán “de transformación y de rebelión”.

El autor también relató cómo descubrió La Pléiade durante los siete años que residió en París, a principios de los sesenta, mientras estudiaba en la Alianza Francesa. “Nunca habría imaginado que un día formaría parte de esa familia de genios". 

"El día que recibí la carta que me lo comunicaba fue el más feliz de mi vida. Creí que se trataba de una broma”, expresó. Vargas Llosa incluso afirmó sentirse “avergonzado” de figurar “en la misma lista que Proust, Kafka, Sartre, Malraux o Céline”.


(FIN) EP/MPM




"La pasión por la literatura, como todos los buenos vicios, se acrecienta con el paso de los años."



Mario Vargas Llosa





"Escribir no es un pasatiempo, un deporte. Es una servidumbre que hace de sus víctimas unos esclavos."

Mario Vargas Llosa



"Un escritor no escoge sus temas, son los temas quienes le escogen."

Mario Vargas Llosa



"Sólo un idiota puede ser totalmente feliz."

Mario Vargas Llosa



"Cuando la realidad se vuelve irresistible, la ficción es un refugio. Refugio de tristes, nostálgicos y soñadores."

Mario Vargas Llosa



Vargas Llosa 
en pantalla grande
Cinco libros del Nobel de Literatura se han convertido en películas. En una de ellas, el actor Keanu Reeves hace de Varguitas

DORA LUZ ROMERO
Madrid 28 MAR 2016 - 16:06 COT

Una carcajada. Esa fue la primera reacción de Mario Vargas Llosa cuando una periodista le preguntó el pasado febrero si sería posible verle actuando en el cine. “Ya no me atrevo a decir de este agua no beberé, pero me parece difícil”, respondió. El Nobel de Literatura, sin embargo, ya ha tomado de esa agua. Lo hizo en 1975, cuando además de codirigir la adaptación cinematográfica de su libro Pantaleón y las visitadoras, tuvo un papel secundario en la película. Con sus novelas, Vargas Llosa—que este 28 de marzo cumple 80 años— ha inspirado siete filmes.
Los Cachorros fue la primera obra de este escritor peruano adaptada al cine. Se trató de una película mexicana dirigida por Jorge Fons, estrenada en 1973. En el guión de este filme participó el poeta José Emilio Pacheco.


“Un disparate sobre el que algún día escribiré”
El famoso libro de Pantaléon y las visitadoras se convirtió en película por primera vez en 1975. Fue dirigida por el propio Vargas Llosa junto a José María Gutiérrez . “Yo tuve una experiencia de las que preferiría no acordarme adaptando una novela mía al cine. El resultado fue una gran catástrofe”, contó entre risas años más tarde el Nobel peruano. “Un disparate sobre el que algún día escribiré una historia”, dijo. En esta producción, Vargas Llosa, además tuvo un rol secundario ante las cámaras. Esta novela tuvo una segunda adaptación en el año 2000, que gozó de mayor éxito y que estuvo bajo la dirección del también peruano Francisco Lombardi. Esta película, que contó con la actuación de la actriz colombiana Angie Cepeda y el peruano Salvador del Solar, es uno de los filmes más taquilleros de la historia de Perú. También fue nominada a Mejor Película extranjera en los Goya.


Una novela, dos películas
La ciudad y los perros, la primera novela de Vargas Llosa y con la que fue reconocido a nivel internacional, ha sido adaptada al cine en dos ocasiones. Llegó por primera vez a la gran pantalla en 1985, de la mano del director Francisco Lombardi, quien ha dicho en varias ocasiones que se trató de un filme hecho “con muy poco dinero”. Con esta producción, el peruano logró varios galardones entre ellos el de Mejor Director en el Festival de San Sebastián, España. Además, participó en el Festival de Cannes. Al año siguiente, el director chileno Sebastián Alarcón hizo una segunda adaptación de esta novela, la llamó Jaguar.


Keanu Reeves hizo de “Varguitas”
Vargas Llosa llegó a Hollywood. En 1990 se estrenó Tune in Tomorrow, la adaptación cinematográfica de la célebre novela La tía Julia y el escribidor. Fue dirigida por el inglés Jon Amiel y el actor Keanu Reeves—que años más tarde sería reconocido por su papel de Neo en la saga Matrix—hizo de Varguitas (Martín en la película). La tía Julia fue interpretada por Barbara Hershey. Años antes, 1981, fue estrenada en la pantalla chica una telenovela de producción colombiano peruana inspirada en este libro y que llevó el mismo nombre.


'La fiesta del chivo'
Luis Llosa, primo del Nobel de Literatura, llevó al cine La fiesta del chivo. Tras su estreno, en 2006, el escritor dijo sentirse satisfecho con la adaptación y que consideraba que la película había sido fiel a su libro. “Aunque el lenguaje del cine y la literatura son distintos por completo”, dijo. La actriz Isabella Rossellini encarna el personaje de Urania Cabral en esta novela que gira en torno a la figura del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, interpretado por el actor Tomás Milian.




Un alto en el camino

Flaubert decía que “se vive para escribir”. En ochenta años, la mayor parte de ellos dedicados a la escritura, la literatura se funde con la vida




































FERNANDO VICENTE

Cumplir ochenta años no tiene mérito alguno, en nuestros días cualquiera que no haya maltratado excesivamente su organismo con alcohol, tabaco y drogas lo consigue. Pero tal vez sea una buena ocasión para hacer un alto en el camino y, antes de reanudar la cabalgata, mirar atrás.
Lo que yo veo son historias, muchísimas, las que me contaron, las que viví, leí, inventé y escribí. Las más antiguas, sin duda, son aquellas que me contaban en Cochabamba la abuelita Carmen y la Mamaé para que fuera tomando la sopa y no me volviera tuberculoso. La tisis era el gran cuco de la época, como lo sería décadas después el sida, al que, ahora, la medicina también ha conseguido domesticar. Pero de cuando en cuando se desatan todavía las pestes medievales que asolan el África, como para recordarnos de vez en cuando que es imposible enterrar del todo el pasado: lo llevamos a cuestas, nos guste o no.
He conocido en mi larga vida muchas personas interesantes, pero, la verdad, ninguna está tan viva en mi memoria como ciertos personajes literarios a los que el tiempo, en vez de borrar, revitaliza. Por ejemplo, de mi infancia cochabambina recuerdo con más nitidez a Guillermo y a su abuelito, a los tres mosqueteros que eran cuatro —D’Artagnan, Athos, Portos y Aramís—, a Nostradamus y a su hijo y a Lagardère que a mis compañeros del Colegio de la Salle donde, en la clase del hermano Justiniano, aprendí a leer (maravilla de las maravillas).
Algo parecido me pasa cuando recuerdo mis años adolescentes de Piura y de Lima, donde no hay ser viviente que esté tan vivo en mi memoria como el Jean Valjean deLos miserables cuya trágica peripecia —largos años de cárcel por haber robado un pan— me estremecía de indignación, así como la generosidad de Gisors, el activista de La condición humana que regala su arsénico a dos jóvenes muertos de pavor de que los echen vivos a una caldera y acepta esta muerte atroz, me sigue conmoviendo como la primera vez que leí esa extraordinaria novela.


































Había mucho de locura en querer ser escritor en el Perú en que yo crecí y descubrí mi vocación

Es difícil decir la inmensa felicidad y riqueza de sentimientos y de fantasía que me han dado —que me siguen dando— los buenos libros que he leído. Nada me apacigua más cuando estoy en ascuas o me levanta el espíritu si me siento deprimido que una buena lectura (o relectura). Todavía recuerdo la fascinación maravillada con que leí las novelas de Faulkner, los cuentos de Borges y de Cortázar, el universo chisporroteante de Tolstói, las aventuras y desventuras del Quijote, los ensayos de Sartre y de Camus, y los de Edmund Wilson, sobre todo esa obra maestra que es To the Finland Stationque he leído de principio a fin por lo menos tres veces. Lo mismo podría decir de las sagas de Balzac, de Dickens, de Zola, de Dostoiesvki, y el difícil desafío intelectual que fue poder llegar a gozar con Proust y con Joyce (aunque nunca conseguí leer el indescifrable Finnegans Wake).
Quiero dedicar un párrafo aparte a Flaubert, el más querido de los autores. Nunca olvidaré aquel día, recién llegado a París en el verano de 1959, en que compré en La Joie de Lire, de la rue Saint-Séverin, aquel ejemplar de Madame Bovary, que me tuvo hechizado toda una noche, leyendo sin parar. A Flaubert le debo no sólo el placer que me depararon sus novelas y cuentos, y su formidable correspondencia. Le debo, sobre todo, haberme enseñado el escritor que quería ser, el género de literatura que correspondía a mi sensibilidad, a mis traumas y a mis sueños. Es decir, una literatura que, siendo realista, sería también obsesivamente cuidadosa de la forma, de la escritura y la estructura, de la organización de la trama, de los puntos de vista, de la invención del narrador y del tiempo narrativo. Y haberme mostrado con su ejemplo que si uno no nacía con el talento de los genios, podía fabricarse al menos un sucedáneo a base de terquedad, perseverancia y esfuerzo.
Había mucho de locura en querer ser escritor en el Perú de los años cincuenta, en que yo crecí y descubrí mi vocación. Hubiera sido imposible que lo consiguiera sin la ayuda de algunas personas generosas, como el tío Lucho y el abuelo Pedro. Y más tarde, en España, sin el aliento de Carlos Barral, que movió cielo y tierra para poder publicar La ciudad y los perros, salvando el escollo de la severa censura de entonces. Y de Carmen Balcells, que hizo esfuerzos denodados para que mis libros se tradujeran y vendieran a fin de que yo pudiera —algo que siempre creí imposible— vivir de mi trabajo de escritor. Lo conseguí y todavía me asombra saber que puedo ganarme la vida haciendo lo que más me gusta, lo que pagaría por hacer: escribir y leer.
Ya se ha dicho todo sobre esa misteriosa operación que consiste en inventar historias y fraguarlas de tal manera valiéndose de las palabras para que parezcan verdaderas y lleguen a los lectores y los hagan llorar y reír, sufrir gozando y gozar sufriendo, es decir —resumiendo— vivir más y mejor gracias a la literatura.
Escribí mis primeros cuentos cuando tenía quince años, hace por lo menos sesenta y cinco. Y sigue pareciéndome un proceso enigmático, incontrolable, fantástico, de raíces que se hunden en lo más profundo del inconsciente. ¿Por qué hay ciertas experiencias —oídas, vividas o leídas— que de pronto me sugieren una historia, algo que poco a poco se va volviendo obsesivo, urgente, perentorio? Nunca sé por qué hay algunas vivencias que se vuelven exigencias para fantasear una historia, que me provocan un desasosiego y ansiedad que sólo se aplacan cuando aquella va surgiendo, siempre con sorpresas y derivas imprevisibles, como si uno fuera apenas un intermediario, un correveidile, el transmisor de una fantasía que viene de alguna ignota región del espíritu y luego se emancipa de su supuesto autor y se va a vivir su propia vida. Escribir ficciones es una operación extraña pero apasionante e impagable en la que uno aprende mucho sobre sí mismo y a veces se asusta descubriendo los fantasmas y aparecidos que emergen de las catacumbas de su personalidad para convertirse en personajes.
“Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert, con muchísima razón. No se escribe para vivir, aunque uno se gane la vida escribiendo. Se vive para escribir, más bien, porque el escritor de vocación seguirá escribiendo aunque tenga muy pocos lectores o sea víctima de injusticias tan monstruosas como las que experimentó Lampedusa, cuya obra maestra absoluta, El Gatopardo, la mejor novela italiana del siglo XX y una de las más sutiles y elegantes que se hayan escrito, fuera rechazada por siete editores y él se muriera creyendo que había fracasado como escribidor. La historia de la literatura está llena de estas injusticias, como que el primer premio Nobel de literatura se lo dieron los académicos suecos al olvidado y olvidable Sully Prudhomme en vez de Tolstói, que era el otro finalista.
Quizás sea un poco optimista hablar del futuro cuando se cumplen ochenta años. Me atrevo sin embargo a hacer un pronóstico sobre mí mismo; no sé qué cosas me puedan ocurrir, pero de una sí estoy seguro: a menos de volverme totalmente idiota, en lo que me quede de vida seguiré empecinadamente leyendo y escribiendo hasta el final.




BIBLIOGRAFÍA

Novela
  • La ciudad y los perros (1963), Premio Biblioteca Breve y Premio de la Crítica de España
  • La casa verde (1966), Premio Rómulo Gallegos
  • Los cachorros (1967)
  • Conversación en La Catedral (1969)
  • Pantaleón y las visitadoras (1973)
  • La tía Julia y el escribidor (1977)
  • La guerra del fin del mundo (1981)
  • Historia de Mayta (1984)
  • ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986)
  • El hablador (1987)
  • Elogio de la madrastra (1988)
  • Lituma en los Andes (1993), Premio Planeta
  • Los cuadernos de don Rigoberto (1997)
  • La Fiesta del Chivo (2000)
  • El paraíso en la otra esquina (2003)
  • Travesuras de la niña mala (2006)
  • El sueño del celta (2010)
  • El héroe discreto (2013)
  • Cinco esquinas (2016)

Cuento
  • Los jefes (1959); incluye seis relatos:
    • "Los jefes", "El desafío", "El hermano menor", "Día domingo", "Un visitante" y "El abuelo".

Cuento infantil
  • Fonchito y la luna (2010)
  • El barco de los niños (2014)

Teatro
  • La huida del Inca (1952; pieza no publicada)
  • La señorita de Tacna (1981)
  • Kathie y el hipopótamo (1983)
  • La Chunga (1986)
  • El loco de los balcones (1993)
  • Ojos bonitos, cuadros feos (1996)
  • Odiseo y Penélope (2007)
  • Al pie del Támesis (2008)
  • Las mil noches y una noche (2009)
  • Los cuentos de la peste (2015)

Memoria
El pez en el agua (Editorial Seix Barral, 1993)

Ensayo
  • Bases para una interpretación de Rubén Darío, tesis universitaria (1958; publicada como libro en 2001)
  • García Márquez: historia de un deicidio (1971)
  • La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary (1975)
  • La verdad de las mentiras. Ensayos sobre la novela moderna (1990)
  • Carta de batalla por Tirant lo Blanc (1991)
  • La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996)
  • Cartas a un joven novelista (1997)
  • La tentación de lo imposible (2004)
  • El viaje a la ficción (2008)
  • La civilización del espectáculo (2012)

Recopilaciones de artículos
  • Entre Sartre y Camus (1981)
  • Contra viento y marea (1962-1982) (1983), ampliación de Entre Sartre y Camus.
  • Contra viento y marea. Volumen I (1962-1972) (1986), primera parte de la ampliación del volumen de 1983.
  • Contra viento y marea. Volumen II (1972-1983) (1986), segunda parte de la ampliación del volumen de 1983.
  • Contra viento y marea. Volumen III (1964-1988) (1990)
  • Desafíos a la libertad (1994)
  • El lenguaje de la pasión (2001)
  • Sables y utopías. Visiones de América Latina (2009)
  • Piedra de Toque. Volumen I (1962-1983) (2012) 120
  • Piedra de Toque. Volumen II (1984-1999) (2012)
  • Piedra de Toque. Volumen III (2000-2012) (2012)

Reportajes
  • Diario de Irak (2003)
  • Israel/Palestina. Paz o guerra santa (2006)

Conferencias publicadas como libros
  • Historia secreta de una novela (1971)
  • Literatura y política (2001)
  • Sueño y realidad de América Latina (2009)

Diálogo
  • La novela en América Latina (1967) (con Gabriel García Márquez)
  • La literatura es mi venganza (2011) (con Claudio Magris)

Adaptaciones cinematográficas
  • Los cachorros (1967), obra adaptada al cine en 1971 por Jorge Fons, resultando ganadora del Premio del Instituto de Cultura en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 1972.121
  • Pantaleón y las visitadoras (1973), obra llevada al cine en 1975, codirigida por el propio Vargas Llosa y donde interpreta un personaje secundario. Se hizo una segunda película en 1999, esta vez por dirigida por Francisco Lombardi.
  • La ciudad y los perros (1962), versión fílmica dirigida por Francisco Lombardi en 1985.
  • La tía Julia y el escribidor(1977), versión fílmica dirigida por Jon Amiel en 1990.
  • La fiesta del chivo (2000), versión cinematográfica dirigida por Luis Llosa en 2007.




jueves, 5 de mayo de 2016

Dambudzo Marechera



Dambudzo Marechera
(1952 - 1987)

Dambudzo Marechera (Chales William Dambudzo Marechera, 4 de junio de 1952, Rusape, Rodesia, 18 de agosto de 1987,Harare) fue un novelista y poeta zimbabuense.

Marechera nació en Vhengere, Rusape, Zimbabue (entonces llamado Rodesia), hijo de Isaac Marechera, empleado de un depósito de cadáveres, y de Masvotwa Venenzia Marechera, sirvienta.

En su novela, The House of Hunger (La casa del hambre, 1978) y en diferentes entrevistas, Marechera solía decir que su padre había muerto “atropellado por un tren del siglo XX”, que “había vuelto a casa con un cuchillo en la espalda” o que “su cuerpo había sido encontrado en el depósito de cadáveres del hospital acribillado a balazos”. Todas estas historias son falsas, pero reflejan cómo Marechera sometía su propia vida a una revisión constante.

Flore-View Wild, posiblemente la máxima autoridad sobre la obra de Marechera destacó la importancia de la autodestrucción en el joven Marechera a raíz de lo que su hermano Michael le contó. Michael sugería que Dambudzo fue víctima de la crueldad de su madre, y daba a entender que ésta estaba maldita, poseída por algún espíritu. Curiosamente, cuando Marechera volvió de Londres y se convirtió en escritor residente en la Universidad de Zimbabwe, su madre y hermanas intentaron ponerse en contacto con él, pero se negó argumentando que ella había intentado matarle. De hecho, Marechera no volvió a ponerse en contacto con ningún miembro de su familia hasta el día de su muerte.

Marechera se crio en medio de una atmósfera de discriminación, pobreza y violencia. Fue a la escuela en la misión de San Agustín, Penhalonga, pero tuvo fuertes confrontaciones con sus profesores sobre los planes de estudios coloniales que se impartían en las misiones. Ingresó en la Universidad de Rodesia (ahora Universidad de Zimbabue), pero fue expulsado debido a su participación en las revueltas estudiantiles. Corrió la misma suerte en el New College,Oxford, del cual fue expulsado debido a un comportamiento antisocial y al abandono de la actividad académica.

En su corta carrera literaria publicó un libro de relatos, dos novelas (una de ellas póstuma), un volumen recopilatorio de obras de teatro y poesía y una colección de poesía.


Dambudzo Marechera
Ilustración de Triunfo Arciniegas


OBRAS
  • Su primer libro, The House of Hunger, es el resultado de un período de desesperación tras su estancia en Oxford. A lo largo de las nueve historias que componen el libro, el narrador describe una infancia y juventud marcadas por la violencia en la Rodesia colonial, con un estilo que denota una gran fuerza emocional y agresividad verbal. Su narrativa se caracteriza por cambios constantes de tiempo y lugar, a la vez que se difumina la barrera entre realidad y ficción. Esta obra está considerada como una de las más representativas de la nueva narrativa africana. Fue galardonada con el “Guardian Fiction Price” en 1979.
  • En 1980 publicó Black Sunlight, que a pesar de haber sido comparada con obras de James Joyce y Henry Miller, no llegó a tener el éxito de The House of Hunger. Es una novela poco estructurada, con un estilo complejo y múltiples digresiones eruditas sobre cuestiones literarias y filosóficas. Marechera analiza el anarquismo como postura intelectual. Su siguiente novela, Black Insider (1990), nos presenta a unos intelectuales refugiados en el edificio de la facultad de bellas artes ante una supuesta guerra. Los personajes debaten entre sí acerca de la identidad africana, la naturaleza del arte, el machismo y las figuras autoritarias del continente africano.
En el New College de Oxford, Marechera destacó como un alumno sumamente inteligente, pero algo anárquico y con muy poco interés por la vida académica. Marechera ignoraba los programas de sus asignaturas, no le interesaban las lecturas propuestas por sus profesores y leía aquello que más le llamaba la atención. Se ganó una mala reputación en el campus, de provocador y granuja, que no dudaba en pelearse con cualquiera que le llevara la contraria en los pubs de Oxford.
No están claras cuáles pueden ser las razones: quizás fuera choque cultural o un consumo excesivo de alcohol, pero poco a poco comenzó a tener un comportamiento cada vez más errático, que el psicólogo de la universidad diagnosticó como esquizofrenia. Marechera perdió en cierta manera el control, amenazaba a algunas personas con que las iba a asesinar e intentó prender fuego a la universidad. Llegó a recabar cierta fama por su total falta de respeto ante las autoridades basadas en la superioridad racial o de clase, experiencias muy relacionadas con el tema de su libro Black Sunlight. Después de su intento de quemar la facultad, a Marechera le dieron dos opciones: someterse a un examen mental en un psiquiátrico o ser explusado. Marechera eligió la segunda alegando que no deseaba ser mentalmente violado.
A partir de este momento Marechera empezó a tener problemas más graves. En Gales estuvo a punto de acabar en la cárcel por posesión de marihuana. Se quedó sin residencia fija y comenzó a vagar por los alrededores de Oxford, durmiendo en casa de amigos. Pasó mucho tiempo en la calle, escribiendo. Su vida de vagabundo le expuso a muchos peligros, fue asaltado en varias ocasiones y tuvo problemas con la policía. Durante este periodo también pasó algunos meses viviendo con la comunidad ocupa de Tolmers Square, en el centro de Londres, donde se cree que escribió su primer libro. De sus experiencias en las universidades de Rodesia y Oxford, de su período vagabundeando por las calles de Inglaterra y Gales fue de donde surgió The House of Hunger, su primera novela. Cuando fue publicada por James Currey, Marechera consiguió cierta repercusión en los círculos literarios ingleses, pero su instinto autodestructivo causaba indignación allá donde iba. En la presentación del libro llegó a lanzar cubiertos contra los invitados debido a una rabieta. Pese a todo, la universidad de Leeds le ofreció una residencia como escritor.
Tras la publicación de su libro, Marechera pensaba que no se le estaba compensando de manera adecuada por ello, y visitaba constantemente las oficinas de James Curry pidiendo una y otra vez que le pagara los derechos de autor. En entrevistas posteriores a James Curry, este admite que llegó a darle más dinero del que le correspondía, intentando ayudar en lo posible a Marechera. Pese a esto, Marechera vivía en la extrema pobreza, estaba desnutrido y bebía de manera excesiva.
Algunos amigos y compañeros de Zimbabue como Musaemura Zimunya (poeta), Rino Zhuwarara, Stanley Nyamufukudza (escritor) intentaron ayudarle, pero Marechera, posiblemente muy afectado por el alcoholismo y la esquizofrenia, los rechazaba a todos y los acusaba de entrometerse en su vida, pese a las buenas intenciones de estos. Su excéntrica vida llevó a que muchos africanos, incluidos antiguos compañeros de Zimbabue, considerasen que Marechera no ayudaba a su integración con sus aires de grandeza ante las clases altas británicas, su manera extravagante de vestir etc. Debido a su complejo carácter Marechera fue expulsado en varias ocasiones del Centro Africano, una asociación cultural para el estudio de temas africanos. Existen rumores de que Marechera se casó con una mujer británica durante esta época.
Marechera volvió a la nueva Zimbabue, ahora independiente, en 1982 para asistir al rodaje de la versión cinematográfica de su obra The house of Hunger. La película no llegó a acabarse debido al fuerte encontronazo entre Marechera y el director. Ya no volvió a Inglaterra, permaneció en Zimbabue, viviendo en las calles de la ciudad de Harare durante cinco años, hasta el día de su muerte debido a una enfermedad pulmonar relacionada con el SIDA.
  • Mindblast; or, The Definitive Buddy (1984) fue escrita el año siguiente a su regreso, componiéndose de tres obras de teatro, una narración en prosa, poemas y un diario. El libro criticaba el materialismo, la intolerancia, el oportunismo y la corrupción que habían aflorado tras la independencia de Zimbabue. Llevaba el debate más allá del nacionalismo, Marechera pretendía una regeneración social de su pueblo. Combinó un profundo auto examen con una fuerte crítica social para hacer un llamamiento a una nueva generación de ciudadanos zimbabuenses que debían buscar nuevos roles dentro de esta nación emergente.
La poesía de Marechera se publicó póstumamente en el volumen Cemetery of Mind (1992). Al igual que sus relatos, sus poemas reflejan la influencia de los modernistas, desde Arthur Rimbaud y T. S. Eliot hasta Allen Ginsberg y Christopher Okigbo, y confirma su tendencia a la crítica social aguda, a un intenso autoanálisis y a la provocación verbal.
En una entrevista, Marechera dijo de él mismo: “Creo que soy el doppelgänger del que carecía la literatura africana hasta que yo llegué”. Esta es una valoración certera del papel que juega Marechera al hacer que el lector se mire a sí mismo de nuevo a través de los ojos del otro. Su individualismo, su experimentación estilística y su iconoclastia garantizan que su obra sea imposible de etiquetar: rompe todas las barreras y está en constante cambio.

Dambudzo Marechera
Ilustración de Triunfo Arciniegas

EL LEGADO DE MARECHERA

El legado de Marechera sigue muy vivo, continúa siendo uno de los escritores más influyentes de la literatura zimbabuense. Desde su muerte, decenas de jóvenes escritores y muchos de sus contemporáneos han escrito numerosos relatos y biografías en torno a su compleja vida y obra.

En la década de los noventa aparecieron gran cantidad artículos y estudios de su obra de críticos extranjeros, destacando especialmente a Flora Veit-Wild, quien ha escrito diferentes libros sobre su vida y obra.

En lo que Wild se equivoca es al considerar todas las historias de Marechera como reales. Marechera se inventaba su propia vida, creaba situaciones irreales y contaba historias que nunca había sucedido, cosa que Wild suele tomar como hechos auténticos.

Recientemente, estudiosos Zimbabuenses han abordado la vida y obra del escritor. Sienten que hasta la fecha el legado de Marechera ha sido usado por los investigadores extranjeros de manera poco fiel y usado en beneficio propio. Aunque Marechera siempre desconfió bastante de sus colegas y estudiosos de Zimbabue y mantuvo posturas bastante encontradas con ellos. Se encontraba mejor entre sus amigos blancos, turistas y admiradores extranjeros que supuestamente se aprovecharon de él y de su situación. La vida de Marechera y su legado son y seguirán siendo una historia inconclusa y llena de interrogantes.





BIBLIOGRAFÍA

The House of Hunger (1978)
Black Sunlight (1980)
The Black Insider (1990)
Mindblast; or, The Definitive Buddy (1984)
Cemetery of Mind (1992)


sábado, 16 de abril de 2016

Andrew Wyeth

Andrew Wyeth
DE OTROS MUNDOS

Andrew Wyeth
(1917 - 2009)

Andrew Newell Wyeth (12 de julio de 1917 – 16 de enero de 2009) fue un pintor realista y regionalista estadounidense. Es uno de los más conocidos del siglo XX, comúnmente se le llama el "Pintor del Pueblo" debido a su popularidad entre el público estadounidense. Fue hijo del ilustrador y artista N. C. Wyeth, hermano del inventor Nathaniel Wyeth y de la artista Henriette Wyeth, y padre del artista Jamie Wyeth y Nicholas Wyeth.

Andrew Wyeth vivió una vida de ensueño, pero enclaustrada. Su mundo se limitaba en gran medida a los dos polos de su existencia - Chadds Ford y Maine, donde el clan de Wyeth posee propiedades en Cushing y Port Clyde, incluyendo varias islas privadas. Él prefirió "profundizar" a la dispersión de sus atenciones a lo largo y ancho. Como tal, él creó el arte de renombre internacional de la vida y los paisajes de estos dos puestos rurales avanzados.

Casa de Andrew Wyeth

A pesar de que era un hombre de porte aristocrático, de gran fama, y una considerable riqueza, Wyeth evitó la sociedad, prefiriendo la compañía de la gente sencilla. En Chadds Ford, creó lo que equivale a una novela visual de la vida dura y mísera de la granja de Karl y Anna Kuerner. En Cushing, creó una secuela de Maine de la vida de la solterona Christina Olson y su hermano soltero Alvaro.

En 1940, Wyeth se casó con Betsy James a la que conoció en 1939 en Maine. Andrew Wyeth murió el 16 de enero de 2009 en el mismo lugar de su nacimiento. Según los informes, falleció en paz mientras dormía a la gran edad de 91 años. Si esto hubiera sido verano, probablemente se habría alejado a Port Clyde, Maine, pero, como era invierno, su lugar de descanso final fue en Chadds Ford, Pennsylvania, la pequeña aldea en la que nació en 1917. Es el artista más famoso y más popular de Estados Unidos, Wyeth era también el más incomprendido.

El tema principal de sus obras es la tierra y habitantes de su ciudad natal Chadds Ford, en Pensilvania, y de su casa de verano en Cushing, Maine. Una de las imágenes más famosas del arte estadounidense del siglo XX es su obra Christina's Worlds, que actualmente se encuentra en la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York.




Andrew Wyeth


Muere el pintor Andrew Wyeth a los 91 años

El artista estadounidense destacó por sus paisajes de la costa este de EE UU

AGENCIAS Madrid 16 ENE 2009 - 16:19 CET

Andrew Wyeth, pintor realista estadounidense, ha muerto en su domicilio de Filadelfia a la edad de 91, según ha señalado un portavoz del Museo Brandywine River. Wyeth alcanzó la celebridad como pintor de paisajes, sobre todo del Brandywine Valley, en Pennsylvania (Estados Unidos), y de la costa del Estado de Maine, en obras como Christina's World, su cuadro más famoso.
Obras suyas cuelgan del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA, en sus siglas inglesas) y del Museo Metropolitano de la misma ciudad. En 1976 ingresó en la Academia de Bellas Artes de Francia. En 1988 recibió la medalla del Congreso de EEUU y en 2007 el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, le concedió la medalla nacional de las artes.


Trodden Weed, estudio

Trodden Weed


El fallecimiento de Wyeth "es el fin de una era del arte americano", estimó por su parte Joyce Hill Stoner, miembro de la Fundación Andrew y Betsy Wyeth para el Arte Americano. Stoner añadió que el pintor "continuó envolviendo firmemente sus cuadros con una emoción profunda y metafórica incluso cuando era completamente anticuado en el periodo del arte pop y el expresionismo abstracto".
En 2007, su cuadro Ericksons fue subastado por 10,3 millones de dólares (unos 7'7 millones de euros), una las mayores cifras jamás pagadas por la obra de un pintor contemporáneo. Además, Wyeth tuvo el honor en 1970 de ser el primer artista en tener una exposición dedicada exclusivamente a su trabajo en la Casa Blanca. En aquella ocasión, el entonces presidente Richard Nixon le describió como un hombre "que ha alcanzado el corazón de América".
El mundo de Cristina, 1948
Andrew Wyeth


Andrew Wyeth, pintor estadounidense

Su visión de la América rural es a él lo que la urbana a Andy Warhol


Bárbara Celis
18 de enero de 2009

Pocas figuras han sido tan polarizadoras en el mundo del arte como la de Andrew Wyeth. El pintor estadounidense, cuya entrega a una pintura realista cargada de dobleces generó arduas polémicas en el ámbito de la crítica, falleció el pasado viernes a los 91 años en Chadds Ford, Pensilvania.
Wyeth se hizo inmensamente popular en la década de los cincuenta, cuando el expresionismo abstracto se convirtió en la tendencia imperante en el mundo del arte americano mientras el público aún permanecía atado al gusto por iconografías más realistas. Él escogió el camino opuesto al de Jackson Pollock, Mark Rothko y todos los que revolucionaron el arte americano de la posguerra. Sin embargo, la obra de Wyeth, pese a ser despreciada por muchos de sus contemporáneos de entonces y por algunos de los críticos de la época, siempre fue aclamada por el público. Los expertos del arte, en cambio, siguen sin ponerse de acuerdo sobre su legado.


El mundo de Cristina, detalle
Andrew Wyeth

Este pintor, nacido en el mismo pueblo en el que murió, era el hijo de NC Wyeth, uno de los ilustradores más celebrados de Estados Unidos. Fue él quien le inculcó la pasión por el arte, aunque con métodos no exactamente ortodoxos. "Mi padre me mantuvo encerrado en algo parecido a una cárcel", recordaba en su biografía. Aprendió a dibujar antes que a leer correctamente, y durante su adolescencia ya trabajaba como ilustrador para su padre; sin embargo, no quería seguir sus pasos y pronto empezó a experimentar con las acuarelas y la témpera, para finalmente dar el salto a la pintura. Su primera exposición, organizada en 1936, fue un completo éxito: lo vendió todo.


Barracoon, 1976

Barracoon, 1976, detalle

Pero el cuadro que lo catapultó al estrellato lo pintó en 1948. Cristina's world es el inquietante retrato de una mujer de espaldas que se arrastra por un campo verde. Al fondo se divisa una casa de aire oscuro. La imagen nació de una visión real: la de una mujer, Cristina Olson, paralizada de cintura para abajo y que se negaba a ir en silla de ruedas y a la que conoció de la mano de la que se convertiría en su mujer y sumanager, Betsy James.
Su fuerte sentido de los negocios y la publicidad impulsó la fama de su marido hasta las alturas, consiguiendo convertirlo en favorito de presidentes -desde Eisenhower hasta Nixon- y en niño mimado de grandes instituciones -desde el Metropolitan hasta el Art Institute of Chicago-.



Helga

Su serie Helga Pictures reimpulsó su popularidad en los ochenta, cuando hizo pública una serie de más de 200 retratos que nunca se habían visto y que realizó a lo largo de una década de la que fuera asistenta de su hermana. Estas pinturas siguieron alimentando el debate sobre el valor de su obra. Su particular visión de la América rural es a Wyeth lo que la América urbana es a Andy Warhol.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de enero de 2009

EL PAÍS





jueves, 14 de abril de 2016

Gato Barbieri




El saxofonista argentino Leonardo “Gato” Barbieri nació en Rosario el 28 de noviembre de 1932 y murió en Nueva York el 2 de abril de 2016.


Representante destacado del jazz latino, participó en su juventud en la banda de otro destacado jazzista argentino, Lalo Schifrin. Abordó también en su carrera el jazz de vanguardia, sobre todo en la década de 1960, y el pop y la fusión a finales de la década de 1970.

Fue influido por John Coltrane, Pharoah Sanders y Carlos Santana. Su música tiene frecuentemente un tono desgarrado, a base de notas largas y con un volumen elevado.

Es considerado uno de los mejores saxofonistas latinoamericanos de la historia. Entre sus mayores éxitos se encuentran Europa, I want you y Last tango in Paris.





A los doce años aprende a tocar el clarinete tras sentirse impresionado por la escucha de "Now's the Time" de Charlie Parker. Se traslada con su familia a Buenos Aires en 1947 y continua recibiendo lecciones de música, cambiándose al saxo alto; hacia 1953 se convierte en una celebridad musical gracias a sus actuaciones en la orquesta de Lalo Schifrin. A finales de la década, comenzó a dirigir sus propios grupos, tocando ya el saxo tenor. Se traslada a Roma en 1962 y conoce en París a Don Cherry, uniéndose a su grupo y empapándose del jazz de vanguardia. Tocó también con Mike Mantler's Jazz Composers' Orchestra a finales de la década de 1960.

Ya en la década de 1970, experimenta un cambio musical y se decide por la reincorporación en su música de melodías, instrumentos, armonías, texturas y ritmos sudamericanos, con dos excelentes músicos, Domingo Cura y Adalberto Cevasco. Discos como el directo El Pampero on Flying Dutchman y sus obras para Impulse, con exploraciones de ritmos y texturas brasileñas, afrocubanas y argentinas, le proporcionaron un gran prestigio en el mundo del jazz.

Fue, no obstante, un éxito comercial el que lo llevaría a sus cotas más altas de popularidad: su sensual banda sonora para la película de Bernardo Bertolucci El último tango en París, de 1972. Un contrato con A&M en los Estados Unidos le llevó a realizar discos de fusión entre jazz y el pop a finales de la década de 1970. Se centró luego, a principios de la década de 1980, en un sonido suramericano más intenso e influido por el rock, aunque sus oscilaciones estilísticas son constantes en su carrera. En 1985 recibió el Premio Konex como uno de los mejores jazzistas de la historia de la Argentina.

Aquejado de serios problemas al corazón y afectado por la muerte de su mujer, Barbieri estuvo inactivo prácticamente a lo largo de toda la década de 1990, pero regresó en 1997, tocando intensamente en el Playboy Jazz Festival de Los Ángeles, grabando a partir de entonces varios discos.




DISCOGRAFÍA

Menorama (private pressing, 1960)
Gato Barbieri & Don Cherry (1965)
Togetherness (Don Cherry (jazz), 1965)
Complete Communión (Don Cherry (jazz), 1966)
Symphony for Improvisers (Don Cherry (jazz), 1966)
Obsession con Jean-François Jenny-Clark y Aldo Romano (Free-jazz)(1967)
Hamba Khale (with Dollar Brand, 1968)
Hamba Khale (with Dollar Brand, 1968)
Orgasm (Alan Shorter, 1968)
Communications (jazz album) with the Jazz Composer's Orchestra, (1968)
Under fire (1969)
The Third World (1969)
Liberation Music Orchestra (album) (Charlie Haden, 1969)
El Pampero (1971)
Fenix (1971)
Last Tango in Paris (1972)
Bolivia (1973)
Chapter One: Latinoamérica (1973)
Chapter Two: Hasta siempre (1973)
Yesterdays (1974)
Chapter Three: Viva Emiliano Zapata (1974)
Chapter Four: Alive in New York (1975)
Caliente (1976)
I Grandi del Jazz (1976)
Ruby Ruby (1977)
Trópico (1978)
Euphoria (1979)
Apasionado (1982)
Bahía (1983)
Gato ... para los Amigos (1984)
Passion and Fire (1988)
Qué Pasa (1997)
Che Corazón (1999)
The Shadow of The Cat (2002)





FILMOGRAFÍA


Intérprete
La patota (1960) dir. Daniel Tinayre
Calle 54 (2000) dir. Fernando Trueba


Música
Dar la cara (1962) dir. José Martínez Suárez
El perseguidor (1965) dir. Osias Wilenski
El último tango en París (1972) dir. Bernardo Bertolucci
La guerra del cerdo (1975) dir. Leopoldo Torre Nilsson
El poder del fuego (1979) dir. Michael Winner
El beso de un extraño (1983) dir. Matthew Chapman
Manhattan by Numbers (1993) dir. Amir Naderi
Seven Servants (1996) dir. Daryush Shokof


Intérprete de la música

El perseguidor (1965) dir. Osías Wilenski
Seven Servants (1996) dir. Daryush Shokof




Tres álbumes imperdibles

The Third World (1969)
Álbum fundacional, comienza a explorar sus raíces latinoamericanas, con una banda que incluye al bajista Charlie Haden y al tecladista Lonnie Smith. Hay versiones de Astor Piazzolla ("Tango"), de las Bachianas Brasileiras de Heitor Villa-Lobos y una inspirada en Atonio Das Mortes, el film de Glauber Rocha.
Chapter 1: Latin America (1973)
Aerófonos andinos, arpa india y un personal de lujo (Domingo Cura, el "Zurdo" Roizner, Ricardo Lew, Dino Saluzzi, Horacio Fumero, Quelo Palacios) marcan el sonido selvático y furioso de ese ejercicio de regionalismo crítico que el Gato ideó para su debut en el legendario sello Impulse. Fue grabado en Buenos Aires, en abril de 1973, y producido por Ed Michel.
Chapter 3: Viva Emiliano Zapata (1974)

Los arreglos del legendario Chico O'Farrill, pionero del latin jazz, crean un entorno caribeño. Participan, entre otros, Randy Brecker (trompeta), Eddie Martínez (piano), Howard Johnson (tuba), Ron Carter (bajo), Grady Tate (batería) y los percusionistas Ray Armando y Luis Mangual. El repertorio incluye una versión de "Milonga triste" (Piana/Manzi).Tres álbumes imperdibles