sábado, 6 de abril de 2013

Federico Andahazi


Federico Andahazi
Federico Andahazi
(1963)

Escritor argentino, nacido en Buenos Aires el 6 de junio 1963.

Antes de iniciar sus estudios universitarios, Carlos Federico Andahazi trabajó como grabador de vidrio, en un vídeo-club y en una agencia de viajes. Se licenció en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Después de dos años ejerciendo como psicoanalista abandonó su profesión para dedicarse por completo a la literatura. Seguidor de autores como Kafka o Jack London, la calidad literaria de sus primeros cuentos fue reconocida en diversos certámenes y concursos.

Con su primera novela publicada, El anatomista, ganó el Primer Premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat, pero la presidenta de la fundación protestó en el último momento por el contenido erótico de la obra y Andahazi pudo recibir el dinero pero no fue reconocido como el ganador del premio; "La obra premiada no contribuye a exaltar los valores más elevados del espíritu humano", declaró la Fundación. El anatomista, que finalmente fue publicada en 1997 y obtuvo un enorme éxito, está inspirada en la vida de Mateo Colón, un médico del siglo XVI al que se le atribuye el descubrimiento del clítoris ("amor veneris").

En 1998 publicó Las piadosas, de nuevo inspirada en personajes reales. En esta ocasión Andahazi fijó su atención en las hermanas Legrand, actrices del siglo XVIII que fueron censuradas en su época por lo atrevido de sus actuaciones. En 2000 llegó a las librerías El príncipe, una inteligente alegoría política protagonizada por gobernantes manipuladores, llenos de ambición y ansias de poder, que no fue tan bien aceptada por la crítica como las anteriores novelas de Andahazi, pero acabó convirtiéndose casi en una profecía de lo que pronto ocurriría en Argentina. Su siguiente novela, El secreto de los flamencos (2002), ambientada en los Países Bajos durante el siglo XV, describe la lucha entre dos bandos de pintores: los seguidores de la escuela florentina y los seguidores de la escuela flamenca; el argumento permite a Andahazi, nieto de pintor, reflexionar sobre la luz, las sombras y el color.

Uno de los libros más originales de Andahazi es sin duda la "novela musical" titulada Errante en la sombra (2004). En ella describe los orígenes del tango desde la figura trágica de uno de sus creadores, Juan Molina. Como si se tratara de un musical, en algunas páginas la acción se detiene y los personajes se expresan a través de las letras de tangos; además, la original figura del narrador se asemeja a un "maestro de ceremonias" que se esconde tras las bambalinas.

La acción de su siguiente novela, La ciudad de los herejes (2005), transcurre en Francia en el año 1347, cuando el malvado duque Geoffroy de Charny planea construir una iglesia para honrar los poderes de un supuesto Santo Sudario, que él mismo ha confeccionado; mientras la pareja formada por su hija y un monje huyen a España para poder vivir su amor libremente. De nuevo Andahazi volvió a ser motivo de polémica, cuando la novela escandalizó a algunos lectores y recibió las críticas de algunos sectores de la Iglesia católica; el propósito del autor fue en este caso, según sus propias palabras, hacer reflexionar al lector "sobre el placer y la culpa, el poder y el fanatismo, y sobre la misoginia de la Iglesia a lo largo de los tiempos".






POR QUÉ SOY ESCRITOR
Por Federico Andahazi

Puedo fechar con precisión el momento en que decidí ser escritor. Fue el 24 de marzo del ’76, durante la madrugada posterior al golpe militar. Yo tenía trece años. Recuerdo aquella noche como un largo y aciago funeral. La familia se había reunido en casa de mis abuelos. Cenamos en silencio. Pasada la medianoche, mi abuelo se levantó de la mesa y, sin decir palabra, fue hasta la biblioteca. Todos vimos cómo empezaba a bajar los libros de los anaqueles agrupándolos en atados hechos con hilo sisal. Nadie se atrevía a preguntarle nada. Fue una tarea ardua; trabajaba con un gesto concentrado y no permitía que nadie le ayudara. Aquella biblioteca era su vida.
Mi abuelo, Samuel Merlín, el padre de mi madre, había llegado a la Argentina en 1912 desde la devastada Rusia. Tenía cinco años. Trabajó desde el mismo día en que llegó al país vendiendo diarios en la calle. Así, voceando los titulares, aprendió a hablar el castellano. Años más tarde, de vender diarios pasó a vender libros y ya, en la adultez, a editarlos. Su desdén por el mercado hizo que fundiera tantas editoriales como las que fundara. Su última editorial llevaba su nombre: Merlín. Sin posibilidades de recuperarse de la ruina económica, trabajó para diversos sellos; el último fue EUDEBA.
El hecho es que, en su vejez, tenía una sola posesión: la colosal biblioteca que, como he dicho, era la historia de su vida. Mi abuelo no ignoraba que la enorme cantidad de bibliografía política la convertía en un peligro para su familia. De modo que aquella madrugada, cuando hizo el último atado, antes de que despuntara el alba, llevó todos los libros a un terreno baldío frente a su casa, al otro lado de la calle ayacucho, y fue quemándolos uno a uno. Pude presenciar aquella escena desde el balcón. Era un hombre duro, un inmigrante curtido en el rigor de la guerra y el exilio. Iluminado por el fuego, fue la única vez que lo vi quebrado. Era como verlo inmolarse. De hecho, sobrevivió pocos años a la quema de su propia biblioteca.
Desde entonces, cada vez que pongo punto final a un libro de mi modesta autoría, no puedo evitar la ilusoria convicción de estar restituyendo un volumen a la biblioteca perdida de mi abuelo. 




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Federico Andahazi



Federico Andahazi. "El sexo despierta neurosis y pudor"

Por Soledad Vallejos
DIARIO LA NACIÓN, 3 de noviembre de 2012

El autor de El anatomista, una obra tan exitosa como
escandalosa, admite que su hija no puede leer
ninguno de sus libros


A Federico Andahazi lo desvela la posibilidad de descubrir. Donde hay certidumbre, él da el batacazo con una revelación oculta. Ni provocador ni irreverente (aunque esté acostumbrado a serlo también), él prefiere definirse como un "descubridor de personajes". Lo hizo con El a natomista, su primer éxito literario, que causó revuelo y vendió más de 100.000 ejemplares, donde narraba la historia de Mateo Colón, un hombre que en el siglo XVI no descubrió América, sino el clítoris.
Ahora, Andahazi (49) tiene entre sus manos otro hallazgo: acaba de publicar El libro de los placeres prohibidos (Planeta), una novela que "descubre" a Johannes Gutenberg, que en el siglo XV creó la imprenta, como un gran falsificador de libros, un perfecto y perspicaz estafador. Pero en esta nueva historia tampoco falta el erotismo y el sexo, y todo comienza en el Monasterio de las Adoratrices de la Sagrada Canasta, un lujurioso burdel a las orillas del Rin, donde habitan las prostitutas más codiciadas.

-El libro habla sobre la propiedad intelectual, pero el sexo está muy presente. ¿Por qué te atrae tanto la temática?
Creo que la sexualidad es algo que a nadie le resulta indiferente. Desde la aparición del psicoanálisis, la sexualidad es el componente de la literatura, lo que Freud llamaba "mecanismo de sublimación", convertir esas pulsiones sexuales en algo superior. Y creo que los autores tenemos que ver de qué forma la transitamos sin que sea burda, obscena, y no me refiero a lo pornográfico, sino a lo obsceno, como lo que está mal hecho. El mal erotismo es mucho peor que la buena pornografía.

-¿Sos un ávido lector de literatura erótica?
-Es que desde la Biblia hasta acá, lo erótico está presente en casi toda la literatura. El cantar de los cantares [uno de los libros de la Biblia] es eminentemente erótico. De hecho, nadie se ha ocupado tanto de la sexualidad como la Iglesia. También me gusta la literatura gótica; tengo el recuerdo de los libros del autor polaco Chaim Potok, cargados de un erotismo que me costó encontrar luego en la literatura o el cine. Ni hablar de la buena literatura pornográfica, como el marqués de Sade.

¿Algún parentesco con Sade?
-No. Sade es un autor porno y hoy sería impensable que alguien pudiera escribir como él. En realidad, sería impublicable, y en ese sentido creo que hay un gran retroceso. En Sade hay una filosofía, un punto de vista frente a la existencia. Él dice que el goce sexual tiene que prevalecer ante cualquier otro valor humano. Eso es una filosofía, una moral, una ética.

- ¡Pero eso es lo que le sucede a uno de los protagonistas de tu libro!
[Se ríe] Absolutamente. Creo que, finalmente, de una u otra forma, eso nos sucede a todos. Pero la novela está estructurada en dos ejes. El policial, un thriller clásico que se inicia con una serie de homicidios, y el otro eje que surge inmediatamente y que reflexiona en torno a este objeto tan misterioso que es el libro. Y algo muy curioso, en el 1400, el libro impreso surge de la misma manera que lo hizo el libro digital hoy.

¿Cómo?
-Surge como un delito. Porque vamos a decirlo con todas las letras: tenemos una idea escolar de Gutenberg como el creador de la imprenta.

-¿Es cierto todo lo que contás sobre Gutenberg? ¿Creó su invención con el principal motivo de falsificar, estafar y ganar dinero?
Absolutamente. Viajé a Alemania para investigar y lo comprobé. Consta en diferentes archivos. En aquella época, un libro tenía el valor de una casa. Supongamos, hoy, un millón de euros. Era, entre otras cosas, un objeto de inversión sólo destinado a la Iglesia, los nobles y los príncipes. Gutenberg era un personaje extraño, oscuro, y en todas las biografías que se escribieron sobre él, y muy elogiosas, esa idea está latente casi de manera burda.

-Hablás de censura, de plagio, de política, de ética y de religión. ¿Te gusta elegir siempre escenarios del pasado para discutir el presente?
Sí. Los mismos debates y reflexiones se pueden hacer con más elegancia. Aunque una novela transcurra en la Edad Media, siempre estoy hablando del presente. Además, creo que los argentinos estamos enfermos de coyuntura?

-¿Querés decir que la actualidad contamina e impide reflexionar?
-Sí, la noticia diaria te produce miopía. Creo que situar los debates en el pasado, mientras más remoto mejor, te permite ver esas discusiones en perspectiva.

¿Leés los diarios?
Ahora no. Como hace diez años dejé de fumar, cuando nació mi primera hija, desde hace un año decidí dejar de leer los diarios de la manera patológica en que lo hacía.

-En otros tiempos, tu obra hubiera sido censurada. ¿Qué opinás sobre los avances contra la libertad de expresión de hoy?
Me parece que es un momento en que, fundamentalmente, los autores tenemos que estar muy atentos y defender, sobre todo, la libertad de expresión.

-Luego de tus tres libros sobre la historia sexual de los argentinos, ¿podés decir en qué somos distintos y si tenemos una relación especial con el sexo?
-Te cuento una anécdota. Asistí en Finlandia, durante el verano europeo, a un encuentro de escritores. Allí se toma mucho alcohol y desde temprano. A las 11 de la mañana, habiendo desayunado cerveza, los escritores llegábamos a las ponencias casi borrachos. Me acuerdo de una tarde en que luego de las charlas terminé en un baño finlandés discutiendo con una escritora francesa. La discusión era fuerte, pero lo más extraño es que todos allí estábamos desnudos, y la desnudez se vivía con una naturalidad infrecuente. El cuerpo estaba despojado de cualquier erotismo, porque la sensualidad también tiene que ver con las circunstancias. Mientras discutía descubrí que ese acto no tenía nada que ver con la sexualidad, que despierta la misma neurosis y pudor en todos lados, en todo el mundo.

- ¿Andahazi es un hombre pudoroso?
-Sí, mucho más de lo que quisiera.

¿Qué cosas te dan pudor?
-Soy pudoroso con mis hijos, mi mujer, ni hablar con mi madre, que además es una gran lectora y es una de las primeras personas a las que les doy mis libros. Tiene una gramática excelente. Pero se lo doy con censura, así que ahí donde hay una errata gramatical es la parte censurada [ se ríe ]. Mi hija mayor, que tiene diez años, me pregunta cada vez más seguido: "Papá, ¿cuál de tus libros puedo leer?"

- Ninguno.
- Sí, claro. Pero ya encontré la solución.

- Empezaste a escribir cuentos infantiles.
-Exactamente. Con mi mujer, que es una gran ilustradora, estamos terminando de escribir una colección de cuentos infantiles. A fin de cuentas, quien no tiene un espíritu infantil no podrá ser lector nunca. Recuerdo una de las narraciones populares japonesas que me contaba mi mamá de chico: Mamotaro, el niño que nacía de un durazno y luego se convertía en samurái, y encuentro la resonancia de aquel cuento en todo lo que escribo. En definitiva, uno siempre escribe Mamotaro.

Domar las letras, y un vino
A Federico Andahazi le gusta frecuentar un pequeño reducto gastronómico muy cerca de su casa, Wolff, un restó con pocas mesas y un ambiente muy familiar, en Belgrano R. Allí es recibido como alguien más "de la casa". La entrevista con la nacion transcurrió en una de las mesas sobre la vereda, a pleno sol. Al llegar, el escritor saluda a la moza y le pide la carta de vinos, aunque siempre que come en Wolff, revela, descorcha un Domados Malbec, de Mendoza. "La verdad, con el malbec argentino es difícil equivocarse. Por suerte, tenemos muy buenos vinos, y también muy buenos escritores." 



Federico Andahazi
"Las musas me susurran cosas incomprensibles.
Deben ser finlandesas"

Por Claudio Andrade
DIARIO RÍO NEGRO, domingo 7 de agosto de 2005

- ¿Por qué se envidia a un escritor como Federico Andahazi?
- No considero tener ningún mérito que pudiera despertar envidia. Me molesta la gente que cree ser objeto de la envidia de los demás.
- ¿Escribirá algún día un libro electrónico?     
- No se puede escribir un libro electrónico; no hay que confundir el formato con el contenido. Toda la literatura clásica está digitalizada. Libros que han sido escritos con pluma hoy son electrónicos. Yo escribo novelas, el formato es una cuestión que atañe a los editores.
- ¿Ha leído algún capítulo de la saga de Harry Potter?
- Si no me equivoco, se trata de libros infantiles. Debo confesar que ya estoy un poco viejo para la literatura juvenil.
- De no ser escritor hubiera sido...
- Bueno, antes de que la literatura fuese mi oficio, yo ya tenía una profesión: psicoanalista.
- ¿Es la mujer el mayor enigma literario?
- Sí, por supuesto.
- ¿Me dice el autor de "Las piadosas" cómo se escribe el odio?
- Con la misma sustancia con la que se escribe el amor. Que exista un género llamado "novela de amor" es una convención; podría llamarse "novela de odio".
- ¿Me dice el autor de "El anatomista" cómo se escribe el amor?
- ...(queda respondida con la anterior)
- ¿Existió el enorme William Shakespeare o fueron varios representando a uno, como dicen?
- Existió y fue, además, un gran actor.
- ¿Podría encontrar una definición para la palabra "clásico"?
- Clásico es el que vence al tiempo, el que se mueve permanentemente por delante de la historia.
- ¿Es cierto, como aseguran por la televisión, que todo va mejor con Coca Cola?
- Sí, sobre todo si hace falta aflojar un bulón oxidado.
- Ya que estamos en la era de los jingles y los avisos de estética conmovedora, ¿tiene arte un eslogan publicitario?
- No, en absoluto.
- Una modelo, ¿qué le sugiere?
- No tengo el privilegio de que alguna modelo me sugiriera algo. Hasta el momento ninguna me ha propuesto nada.
- ¿Se emborrachó por despecho?
- No.
- ¿Tiene corazón tanguero o borgeano?
- No son categorías excluyentes, al contrario. Pero diría que tengo un corazón celedoniofloriano.
- ¿Qué le comentan sus fans en Finlandia?
- Cosas incomprensibles.
- ¿Y en Rusia?
- Cosas un poco menos incomprensibles, ya que tengo algún antepasado ruso.
- ¿Sabe usted por qué el sexo aún genera controversia?
- Ese es el carácter fundamental de la sexualidad humana. Imagínese si la sexualidad fuese tan previsible como la de las tortugas.
- ¿Toma apuntes en los aviones?
- He escrito la mayor parte de mis libros posteriores a "El anatomista" en distintos aviones.
- Y a fin de cuentas, ¿le gusta viajar o prefiere la soledad y el refugio de su casa?
- Creo que uno viaja para volver.
- Dígame una geografía en la que pasaría una parte del año.
- Soy de la pampa y me gusta la
geografía plana, expandida y sin sobresaltos de Buenos Aires. La montaña nos devuelve el eco de nuestros propios pensamientos; en cambio, el horizonte nos permite escapar de esos fantasmas.
- ¿Ve alguna de las telenovelas de tantas que pululan por ahí?
- No.
- ¿Qué es una charla de café?
- La mitad de mi vida.
- ¿Qué aprendió entre las mesas de los bares?
- La mitad de lo que sé.
- ¿Se entrena un escritor?
- No.
- ¿Qué libros lee Federico Andahazi por estos días?
- "Las Confesiones de San Agustín", en función de la novela que estoy intentando terminar por estos días.
- ¿Se lee a sí mismo Federico Andahazi?
- Jamás.
- ¿Le hablan en sueños sus personajes?
- No. A veces sueño argumentos y me despierto con la certidumbre de haber concebido una genialidad; después del primer mate comprendo que se trataba de una tontería.
- ¿Qué hay de mago en un buen escritor?
- Mucho. El oficio del escritor es el de mentir sin engañar. Eso mismo es la magia.
- ¿Cómo define usted, escritor, a un mal escritor?
- Aquel que no reconoce padres literarios. El pretencioso, el que se cree dueño de una revelación, el que se cree superior al resto de los mortales.
- ¿Qué es o cómo explica un best seller?
- Un libro que, por circunstancias difíciles de establecer, se vende más de lo tolerable para un crítico literario.
- ¿Escribirá la historia de una estrella de rock?
- Ya se han escrito varias.
- ¿Federico Andahazi está más cerca de los legendarios "Rolling Stones" o del, imagino yo, sobrio Cuarteto de Cuerdas de Viena?
- Bueno, creo que hasta para los integrantes de un cuarteto de cuerdas de Viena serían preferibles los Stones a ellos mismos.
- Si no le molesta, recomiéndeme un buen vino tinto.
- Un tempranillo es un vino noble.
- Y una buena película, también, por favor.
- Apocalipsis now.
- Como no podía ser de otra manera, un buen libro...
- "No soy Stiller", de Max Frisch.
- ¿Existe la amistad entre hombres y mujeres?
- Por supuesto.
- ¿Existen los fantasmas al estilo en que los retrató Alejandro Amenábar en "Los Otros"?
- Sí, desde luego.
- ¿Ha tomado ya la costumbre de leer diarios por internet?
- Sí, paso toda la mañana leyendo diarios online.
- ¿Qué le susurran las musas cuando le hablan al oído?
- Cosas incomprensibles. Deben ser finlandesas.
- Una mujer le deja su teléfono; ¿qué quiere decir eso?
- Que está muy confundida.
- ¿Es lo mismo el caos que la suerte de vivir?
- No existen el caos ni el cosmos: son categorías que establecemos quienes tenemos la suerte de vivir, suponiendo que vivir fuera una suerte.
- Cuénteme, si quiere, por supuesto, al menos tres ideas para sus tres futuros libros.
- Un libro no está hecho de ideas; la idea es una suerte de síntesis a posteriori. Imagínese esta idea: un tipo que se vuelve loco y sale de su pueblo a pelear contra esos fantasmas creados por su propia locura. Sonaría estúpido; sin embargo, es la idea del Quijote.

Fuente: DIARIO RÍO NEGRO ONLINE



"He descubierto el oficio de poeta de tango al componer las letras de las canciones que deambulan por el libro. Ha sido una experiencia fantástica". Federico Andahazi (Buenos Aires, 1963), psicoanalista y escritor, ha creado la historia de Juan Molina, un hombre que amó el tango, y que por devoción a su música, por lealtad al destino fatal que ésta le imponía, eligió vivir a la sombra y callar la pasión que lo consumía.


BIBLIOGRAFÍA


  • 1997El anatomista (novela)
  • 1997Las piadosas (novela)
  • 1998El libro de las tentaciones (compilación de cuentos premiados)
  • 2000El príncipe (novela)
  • 2002El secreto de los flamencos (novela)
  • 2004Errante en la sombra (novela musical)
  • 2005La ciudad de los herejes (novela)
  • 2006El conquistador (novela)
  • 2008Pecar como Dios manda. Historia sexual de los argentinos (obra no ficción)
  • 2009El oficio de los santos (libro de cuentos)
  • 2009Argentina con Pecado Concebida. Historia sexual de los argentinos 2 (obra no ficción)
  • 2010Pecados y Pecadores. Historia sexual de los argentinos 3 (obra no ficción)
  • 2012El libro de los placeres prohibidos (novela)






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