martes, 23 de septiembre de 2014

Silvina Ocampo



Silvina Ocampo
(1906 - 1993)

La escritora argentina Silvina Ocampo nació en Buenos Aires eL 28 julio de 1903 y falleció en la misma ciudad el 14 de diciembre de 1993. Fué la menor de las seis hijas de Manuel Silvino Ocampo y Ramona Aguirre. Era hermana de la escritora y fundadora de la revista Sur, Victoria Ocampo, y esposa del gran narrador argentino Adolfo Bioy Casares. Autora deslumbrante por la calidad literaria de sus cuentos, ha pasado a la historia de la literatura argentina del siglo XX por la crueldad desconcertante que supo imprimir en algunos protagonistas de estos relatos.

Nacida en el seno de una familia hondamente arraigada en los círculos culturales argentinos, su primera vocación artística la orientó hacia el cultivo de las artes plásticas; pero, tras recibir lecciones de pintura de Giorgio de Chirico, abandonó los pinceles y se adentró en el mundo de las letras.

Su irrupción en el panorama literario argentino vino de la mano de un libro de cuentos, Viaje olvidado (1937), que al cabo de los años acabaría siendo objeto del desprecio de la propia escritora. Tras este mediocre estreno en la narrativa, volvió a las librerías con su primer libro de versos, titulado Enumeración de la patria (1942), en el que se sumaba a la tendencia de recuperar los modelos clásicos de la antigua poesía castellana. Idéntico esfuerzo realizó en su siguiente poemario, Espacios métricos (1945), al que siguieron, dentro del campo de la lírica, otras publicaciones como las tituladas Poemas de amor desesperado (1949), Los nombres (1953) y Pequeña antología (1954).

Tras un largo período de silencio poético en el que el cultivo de la prosa ocupó sus quehaceres literarios, en 1962 volvió a dar a la imprenta otro poemario, Lo amargo por lo dulce, que enseguida quedó considerado como uno de sus mejores logros en el género de la lírica. Finalmente, en 1972 publicó su última entrega poética, titulada Amarillo celeste.

Pero las mayores cotas literarias las alcanzó Silvina Ocampo con sus incursiones en el género de la narrativa de ficción, al que contribuyó también con valiosas aproximaciones en forma de ensayos y antologías. Dentro de una de las tendencias congregadas en torno a la revista Sur, y constituida por autores de la talla de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Manuel Peyrou y Enrique Anderson Imbert, Silvina Ocampo apostó por la elevación de la literatura fantástica y policíaca a la categoría de géneros de primer orden.

En compañía de su esposo y del mencionado Borges, preparó una Antología de la literatura fantástica (1940) que se convirtió en una de las piezas emblemáticas de la mencionada corriente. Además, aquel mismo año los tres autores presentaron una Antología poética argentina. Posteriormente, volvió a colaborar con Bioy Casares, pero ahora en una obra de creación, la novela policíaca titulada Los que aman odian (1946).

A partir de entonces se enfrascó en la escritura de numerosos relatos, que fueron viendo la luz en sucesivas recopilaciones: en 1948 apareció el volumen titulado Autobiografía de Irene, al que siguieron los relatos de La furia y otros cuentos (1959), Las invitadas (1961), El pecado mortal y otros cuentos(1966), Informe del cielo y del infierno (1969), Los días de la noche (1970), Y así sucesivamente (1987) y Cornelia frente al espejo (1988). Los cuentos de todos estas recopilaciones están poblados de seres fantásticos que aparecen enfocados desde la ironía y el humor negro de que hace gala su autora, o bien deformados por la extraña percepción de unos narradores incompetentes, incapaces de establecer cualquier pauta ética que les permita separar el bien del mal.

Por medio de este recurso en la composición estructural de sus relatos, Silvina Ocampo consigue dejar plasmada una corrosiva crítica de las convenciones sociales de su tiempo, ya que su exagerado distanciamiento de cualquier pauta social establecida y de la realidad circundante pone un contrapunto de desasosiego -y a veces, de explícita crueldad- que amenaza con destruir el lenguaje y las estructuras tradicionales. Además de las obras ya mencionadas, Silvina Ocampo colaboró con el dramaturgo Juan Rodolfo Wilcock en la redacción del drama titulado Los traidores (1956).


 
Peyrou, Ocampo y Borges

"Yo sospecho que para Silvina Ocampo, 
Silvina Ocampo es una de las tantas personas 
con las que tiene que alternar 
durante su residencia en la Tierra"
Jorge Luis Borges



Silvina Ocampo


El insondable destino 
de Silvina Ocampo

La hermana menor de Victoria Ocampo vivió siempre a la sombra de las tres grandes figuras que la rodearon: su marido, Adolfo Bioy Casares; su gran amigo, Jorge Luis Borges, y su hermana, la fundadora de la revista “Sur”. Sin embargo, escribió algunos de los cuentos más perfectos de la literatura criolla.

La Gaceta, 13 de mayo de 2014

Es tal vez una de las mejores cuentistas argentinas. Sin embargo, durante décadas, estuvo injustamente relegada a la condición de escritora consorte, de hermana fiel y de amiga incondicional. Y es que Silvina Ocampo vivió toda su vida a la sombra de las tres grandes figuras que la rodearon: su marido, Adolfo Bioy Casares; su amigo Jorge Luis Borges y su hermana, la gran Victoria Ocampo. Sólo en los últimos años de su existencia, la crítica literaria comenzó a echar luz sobre esa penumbra y la reivindicó como una de las grandes escritoras criollas.

Claro que esa vida en las sombras; esa manera suya de existir casi sin ser tenida en cuenta, le permitió construir un universo en el que las palabras y las imágenes -porque también era pintora- tenían vida propia.

 El inicio
Silvina Inocencia Ocampo Aguirre -tal era su nombre completo- nació en Buenos Aires el 28 de julio de 1903, en el seno de una tradicional familia porteña. Era la menor de seis hermanas: la mayor era justamente la emblemática Victoria. Como era tradición en toda familia aristocrática de aquella época, Silvina fue educada por institutrices y aprendió a hablar primero en francés. “Yo no me crié con el español, sino con el francés y el inglés, cuando tenía cuatro años y estaba en París. Los sentía como idiomas ya hechos; en cambio, el español sentía que tenía que inventarlo, que había que rehacer el idioma”, contó una vez.

Por intermedio de Borges, a quien la unió una gran amistad, conoció al Bioy Casares (nueve años menor que ella). Su belleza, según confesó en sus memorias, le resultó “una puñalada”. A ella le bastó verlo para sentirse desesperada de celos. “Algo había en él peor que su hermosura: sus ojos hundidos bajo unas cejas despeinadas por un viento invisible que revelaban su desamparo”, escribió. Silvina en eso no era diferente de cualquier otra mujer: podía resistirse a la salud y a la fuerza; al desamparo nunca. Poco tiempo después, ese muchacho irresistible publicó “La invención de Morel” (quizás la mejor novela argentina jamás escrita) y se casó con ella en el frío invierno de 1940.

Fue en esa época que Silvina comenzó a escribir cuentos y, al mismo tiempo, a experimentar una misteriosa transformación. Acaso para ocultar sus ojos “grotescos” (como ella los llamaba) comenzó a usar los típicos lentes oscuros con montura blanca de las hermanas Ocampo que, con el tiempo, se convirtieron en su sello personal. Por esa época también comenzó a quejarse de su boca que, con los años, según sus propios ojos, se había vuelto “obscena”. Para sus amigos, en cambio, Silvina podía ser atractiva de un modo irresistible; pero había tenido la mala suerte de nacer en una familia donde había mujeres de una hermosura más convencional, casi clásica, como la de su hermana Victoria. Tal vez por eso no le gustaba mostrarse en público con demasiada frecuencia y evitaba las reuniones masivas. En cambio, se sentía feliz leyéndole las líneas de las manos a Borges y a Bioy, a quienes llamaba “sus dos debilidades”. Junto a ellos, precisamente, escribió la famosa “Antología de la literatura fantástica” (1940) y la siempre vigente “Antología de la poesía argentina” (1946).

Su primer libro de cuentos fue “Viaje olvidado” (1939), que le dedicó a su hermana Angélica. Pero Victoria lo defenestró. En la emblemática revista “Sur” escribió una crítica en la que definió a la obra como recuerdos de su infancia tergiversados y puntualizó: “los cuentos son recuerdos enmascarados de sueños; sueños de la especie que soñamos con los ojos abiertos. Y todo eso está escrito en un lenguaje hablado, lleno de hallazgos que encantan y de desaciertos que molestan”. Para Silvina, fue un golpe durísimo recibir estas palabras. Tal vez por eso, la relación entre ambas nunca volvió a ser la misma. Hay quienes dicen, incluso, que cuando viajaban a Mar del Plata, cada una se alojaba en su casa, y sólo se encontraban en contadas ocasiones. De todas formas, las personas que las conocieron de verdad aseguran que ambas sentían una mutua admiración y un respeto sin igual.

Pocos días después de la muerte de Victoria (ocurrida el 27 de enero de 1979), Silvina le dedicó un hermoso poema titulado “El Ramo” que dice: “Yo no te conté nada. Sabías todo. / Reinabas sobre el mundo más adverso / como si no te hubiera lastimado. / Nos une siempre la naturaleza: / el árbol una flor las tardes las barrancas / misterios que no rompen la armonía”.

La crítica literaria ignoró a Silvina hasta finales de los 80, sin advertir la complejidad, el humor y la originalidad de su obra, que también se caracterizó por una crítica tajante a los convencionalismos sociales de la época y a las normas literarias establecidas.

El dolor
Pese a los celos y las numerosas infidelidades de su marido, Silvina integró con Bioy el matrimonio literario más destacado de la Argentina. En cierto sentido, los Bioy (como eran conocidos en Buenos Aires) disfrutaban mucho juntos. Vivían, como decía Victoria Ocampo, en una “torre de marfil, si es que alguna vez existió algo así”.

Pero, hacia el final de sus vidas sobrevino el dolor y la tragedia. En sus últimos años, Silvina tuvo que soportar una tremenda enfermedad que no sólo minó su mente, sino también su cuerpo. Falleció la calurosa tarde del 14 de diciembre de 1994. Trágicamente, veinte días después, su hija Marta Bioy Ocampo, de 39 años, murió atropellada por un automóvil. Bioy Casares las sobrevivió sólo cinco años. Por esas cosas del destino finalmente, fue Silvina la que lo abandonó a él.

SUS LIBROS

Autobiografía de Irene (1948)
Cinco cuentos, en los que se explora la identidad, la mentira, la muerte, la melancolía, los sueños.

Los días de la noche (1970)
Reúne 29 relatos breves que subyugan hasta desarmar al lector.

La furia (1976)
Integrado por 33 cuentos de género fantástico. Borges sugirió el título.

Cornelia frente al espejo (1988)
Su libro más aclamado. Fue llevado al cine en 2012.





LA MUJER OCULTA
Por Analía Skoda

Cuenta la historia que fueron seis las hermanas, cercadas en sus extremos por la mayor, Victoria, y trece años más tarde, la menor, Silvina. Nuestro inicio es el final.
            Siempre consideré a Silvina como una escritora de los márgenes. Su voz de mujer no era afín a la época y a las convenciones. Su narrativa suele provocar e incomodar. Fue Enrique Pezzoni el que señaló que sus cuentos fingen crear el ambiente de la norma y una vez allí emergen como quiebre y desacato.
Sin embargo, su primer abordaje artístico no fue la escritura sino la pintura y fue nada más ni nada menos que la alumna de Giorgio de Chirico. Silvina Ocampo ha confesado en entrevistas que el famoso pintor quería que sus propios discípulos pintasen igual que él. Tanto en la pintura como en la escritura Silvina buscaba su estilo, incluso a pesar de la dura reseña que realizó su hermana Victoria en la revista Sur en ocasión del primer libro de Silvina, Viaje Olvidado, dijo que éste estaba “lleno de imágenes no logradas –que parecen entonces atacadas de tortícolis”.
En su narrativa nos presenta una imagen extraña del niño y la mujer ¿A qué hechicera se le ocurriría embrujarnos con niños crueles, incluso perversos, en una época donde el esteriotipo de la mujer como escritora se vinculaba directamente con la maternidad y la magia pero nunca con la crueldad?
Silvina fue una mujer retraída y tímida. Ocasionalmente concedía entrevistas con la condición de que no le hiciesen preguntas sobre su vida privada. Tenía un temor supersticioso a las fotografías y de hecho muchas de ellas nos han llegado gracias a que Adolfo Bioy Casares, su marido, operó como fotógrafo. Todas estas características no ayudaban a popularizar su prolífica obra. La crítica comenzó tardíamente a interesarse por sus escritos y es que su poética poco y nada tenía que ver con la de sus coetáneos: Adolfito, Georgie y Victoria.

La cartelera: Cornelia frente al espejo
“No soy sociable, soy íntima”, confesó alguna vez Silvina. Y en estos días acude esta frase a nuestra memoria cuando en la cartelera de los cines porteños hay una película inspirada en su obra, Cornelia frente al espejo.  Las voces de esta columna han tenido la oportunidad de ver la película dirigida por Daniel Rosenfeld quien también participó en el guión junto con la actriz principal, Eugenia Capizzano.  
Y como sobre gustos no hay nada escrito, las críticas pueden ser muy diferentes.
Para la voz masculina… Cornelia frente al espejo resultó un nuevo argumento para criticar al cine nacional. Así como los ojos se retuercen con una película yankee llena de efectos especiales sin sentido, el film tiene esa particularidad criolla de dejar al espectador desencajado. Los anestesiantes diálogos y la supuesta acción se suceden sin un hilo conductor. Si hubo un problema fue ser demasiado fiel a una escritura que siempre te traiciona. Para la literatura, el desconcierto es plausible; para el cine es veneno.
Para la voz femenina… Cornelia frente al espejo fue una realización de altísima calidad que respeta es espíritu de Silvina Ocampo tanto en la estética visual como en la realización del guión. No es una película para cualquiera. Es una película para aquellos que saben esperar y pueden asimilar un ritmo cinematográfico poco veloz pero repleto de atmósferas poéticas fieles a la autora. Cornelia frente al espejo nos transporta maravillosamente a la intimidad del universo ocampiano.

Hoja de ruta 

Hermana de Victoria Ocampo, esposa de Adolfo Bioy Casares y amiga de Jorge Luis Borges. Opacada durante algún tiempo por la divina trinidad de la cultura argentina…  ¿Dónde está ella? Sus libros nos invitan a conocerla.
Hoja de ruta: Emecé ya había editado en dos tomos sus cuentos completos, paradójicamente no tan completos ya que se han elidido sus cuentos infantiles. A su vez, Lumen ha lanzado hace unos años el proyecto Biblioteca Silvina Ocampo, posibilitando el acceso a algunos de sus inhallables libros como La torre sin fin o Invenciones del recuerdo. De hecho, recién el año pasado vio la luz editorial una novela inédita de Silvina, La promesa, editada también por Lumen. 





Premios
1954: Premio Municipal por "Espacios métricos" (poesía).
1953: Segundo Premio Nacional de Poesía por "Los nombres"
1962: Premio Nacional de Poesía por "Lo amargo por dulce"
1988: Premio del Club de los 13 por "Cornelia frente al espejo"




Bibliografía

• Viaje Olvidado (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1937. 
• Enumeración de la patria (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942. 
• Espacios métricos (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942. 
• Los sonetos del jardín (poesía), Buenos Aires, Sur, 1946. 
• Autobiografía de Irene (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1948. Reeditado en Orión, 1976. 
• Poemas de amor desesperado (poesía), Buenos Aires, Sudamericana,1949. 
• Los nombres (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1953. 
• Pequeña antología, Buenos Aires, Editorial Ene, 1954. 
• El pecado mortal (antología de relatos), Buenos Aires, Eudeba, 1966. 
• Informe del cielo y del infierno (antología de relatos), Prólogo de Edgardo Cozarinsky, Caracas, Monte Avila, 1970. 
• La furia (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1959. Reeditado en Orión, 1976. 
• Las invitadas (cuentos), Buenos Aires, Losada, 1961. Reeditado en Orión, 1979. 
• Lo amargo por dulce (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1962. 
• Los días de la noche (cuentos), Buenos Aires, Sudamericana,1970. 
• Amarillo celeste (poesía), Buenos Aires, Losada, 1972. 
• El cofre volante (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1974. 
• El tobogán (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1975. 
• El caballo alado (cuentos infantiles), Buenos Aires, De la flor, 1976. 
• La naranja maravillosa (cuentos infantiles), Buenos Aires, Sudamericana, 1977. 
• Canto Escolar (cuentos infantiles),Buenos Aires, Fraterna, 1979. 
• Arboles de Buenos Aires (poesía), Buenos Aires, Crea, 1979. 
• La continuación y otras páginas, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981. 
• Encuentros con Silvina Ocampo, diálogos con Noemí Ulla, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982. 
• Páginas de Silvina Ocampo, seleccionadas por la autora, prólogo de Enrique Pezzoni, Buenos Aires, Editorial Celtia, 1984. 
• Breve Santoral (poesía), Buenos Aires, Ediciones de arte Gaglione, 1985. 
• Y así sucesivamente (cuentos), Barcelona, Tusquets, 1987. 
• Cornelia frente al espejo, Barcelona, Tusquets, 1988. 
• Las reglas del secreto (antología), Fondo de Cultura Económica, 1991. 
Obras en colaboración con Adolfo Bioy Casares: 
• Los que aman, odian, Buenos Aires, Emecé, 1946. 
Con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares: 
• Antología de la literatura fantástica, Buenos Aires, Sudamericana,1940; 2da ed. 1965, 3ra ed. 1970, 4ta ed. 1990. 
• Antología poética argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 1941. 
Con J. R. Wilcock: 
• Los traidores (pieza teatral en verso), Buenos Aires, Losange, 1956. Reeditado en Ada Korn, 1988.

Traducciones
• Porfiria, introducción de Italo Calvino, traducción de Livio Bacci Wilcock, Roma, Einaudi, 1973.
• Fait Divers de la terre et du ciel, prólogo de Jorge Luis Borges, introducción de Italo Calvino, Paris, Gallimard, 1974.
• I giorni dela notte, traducción de Lucrezia Cipriani Panuncio, Roma, Einaudi, 1976.
• Leopoldina's dream, prefacio de Jorge Luis Borges, introducción de la autora, traducción de Daniel Walderstone, Ontario, Penguin Books, 1987.
• Qui ama, odia, estudio preliminar y traducción de Angelo Morino, Roma, Einaudi, 1988.
• Viaggio dimenticato, introducción y traducción de Lucio D'artangelo, Roma, Lucarini, 1988.
• Ces qui aiment, haissent, traducción de André Gabastón, Paris, Christian Bourgois éditeurs, 1989.
• La penna magica, Roma, Editori Reuniti, 1989.

Acerca de Silvina Ocampo
Anderson Imbert, Enrique:"Teoría y técnica del cuento", Marymar, 1979.
Bartolomew, Roy:"Cien poesías rioplatenses", Buenos Aires, Raigal, 1954.
Borges, Jorge Luis:"Silvina Ocampo, Enumeración de la patria", en revista "Sur", núm. 101, febrero de 1943.
Prólogo a "Fait divers de la terre et du ciel", Gallimard,1974.
Calvino, Italo: Introducción a "Fait divers de la terre et du ciel", Gallimard, 1974.
Cozarinsky, Edgardo: Prólogo a "Informe del cielo y del infierno", Monte Avila, 1970.
Ghiano, Juan Carlos: "Silvina Ocampo y su realidad", en revista "Ficción", núm. 22, diciembre de 1959.
González Lanuzza, Eduardo: "Autobiografía de Irene", en revista "Sur", núm. 175, mayo de 1949.
Martínez Estrada, Ezequiel: sobre "Espacios métricos", en revista "Sur", núm. 137,1946.
Molloy, Silvia: "Silvina Ocampo, la exageración como lenguaje", en revista "Sur", núm. 320, octubre de 1969.
Percas, Elena: "La original expresión poética de Silvina Ocampo", en "Revista Iberoamericana", núm. 38, septiembre de 1974.
"La poesía femenina argentina", Cultura Hispánica, 1958.
Pezzoni, Enrique: "Enciclopedia de la cultura argentina", Sudamericana, 1970. Prólogo a "Páginas de Silvina Ocampo, seleccionadas por la autora",Celtia, 1984.
Pichon Rivière, Marcelo: "Así es Silvina Ocampo", reportaje en revista "Panorama", noviembre 1974.
Pizarnik, Alejandra: "Diminios ilícitos", en revista "Sur", núm. 311, abril de 1968.
Ulla, Noemí: Colleción "Capítulo", núm. 82, fascículo correspondiente al libro "La continuación y otras páginas", Centro Editor de América Latina, 1981.
Fuente: notas de Matilde Sánchez en "Las reglas del secreto", 1991





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