lunes, 11 de julio de 2011

Rubén Darío Lotero / Poeta para leer por el camino


Rubén Darío Lotero
Medellín, 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas
SIETE POEMAS
TRES POEMAS


Rubén Darío Lotero
POETA PARA LEER POR EL CAMINO

Medellín, 1955. Licenciado en Español y Literatura y Maestro en Docencia (Historia de la Pedagogía en Colombia) de la Universidad de Antioquia. Profesor en Lengua y Literatura Española (Agencia Española de Cooperación Internacional - AECI), Madrid, España. Poeta, cronista, guionista e investigador. Ha sido profesor de Lengua Castellana en diversos colegios públicos de Medellín y de Antioquia. Profesor de Cátedra en la Universidad de Antioquia y profesor de Pedagogía y Humanidades en la Escuela Popular de Arte. Actualmente trabaja en la Institución Educativa INEM José Félix de Restrepo. Ha publicado Poemas para leer en el bus (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1991), Historias de la calle (Corporación Región, crónicas, 1991), Camino a casa (Colección Autores Antioqueños, poesía, 2003), Papel de globo (Universidad Eafit, 2004). Ha obtenido las siguientes distinciones: Premio de Poesía Carlos Castro Saavedra (1990), Premio de Poesía Secretaría de Educación Municipal (Medellín, 1990), Premio de Poesía del Magisterio (Gobernación de Antioquia, 1990), Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia (1991), Beca de Creación Literaria IX Convocatoria (Ministerio de Cultura, 1997).
           Como se ve, los títulos de Lotero invitan o describen el viaje, ya sea la calle o el camino a casa, que en realidad es lo mismo, o el medio de transporte.  Poemas que nombran los asuntos elementales de la vida, el sustento de la vida cotidiana. Lotero escoge con precisión de cirujano las palabras que expresan su visión de mundo. No hay retorcimientos del lenguaje, tan limpio como una mañana después de la lluvia.
El afuera  y el adentro, la calle y la casa, el mundo y la intimidad en eterna disputa. El sol entra hasta la mesa del hombre que bebe en el bar o visita a escondidas las cenizas del fogón, los ruidos de los insectos penetran la casa en las noches, el cielo parece caer sobre la gente. La lluvia espera a los transeúntes, el viento se agazapa junto a la ventanilla. Pero el tono del poema es íntimo y secreto. La procesión va por dentro, y el adentro es la raíz del poema. No se dice todo. De la amada, su olor en el cuarto. No sabemos su rostro ni su historia. Solo percibimos su olor o espiamos sus ropas colgadas en el armario. Un secreto afán de volver a casa persigue a la gente, una necesidad de entregarse a los dominios del sueño y “mirar para dentro”.  Pero en el encierro también anida el miedo, como los pasos de un animal que regresa a su madriguera o como una respiración en la oscuridad.
El poeta abre o entreabre las puertas de su mundo y el lector tiene ante sí la tarea de explorarlo bajo su propio riesgo.

Triunfo Arciniegas
Medellín, 2011


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