jueves, 1 de agosto de 2013

Horacio Quiroga

Horacio Quiroga
Horacio Silvestre Quiroga Forteza
(1878 - 1937)

Narrador uruguayo, nacido en Salto el 31 de diciembre de 1978 y radicado en Argentina, considerado uno de los mayores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos. Su obra se sitúa entre la declinación del modernismo y la emergencia de las vanguardias.

Las tragedias marcaron la vida del escritor: su padre murió en un accidente de caza, y su padrastro y posteriormente su primera esposa se suicidaron; además, Quiroga mató accidentalmente de un disparo a su amigo Federico Ferrando.

Vivió en su país natal hasta la de edad de 23 años, cuando decidió emigrar a la Argentina, país donde vivió por 35 años —hasta su muerte—, donde se casó dos veces, tuvo sus tres hijos, y en donde además desarrolló la mayor parte de su obra. Mostró una eterna pasión por el territorio de Misiones y la selva, empleando a esta y sus habitantes en la trama de muchos de sus cuentos más reconocidos. La vida de Quiroga, marcada por la tragedia, los accidentes y los suicidios, culminó por decisión propia, cuando bebió un vaso de cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires a los 58 años de edad, tras enterarse de que padecía cáncer de próstata.


Horacio Quiroga


Estudió en Montevideo y pronto comenzó a interesarse por la literatura. Inspirado en su primera novia escribió Una estación de amor (1898), fundó en su ciudad natal la Revista de Salto (1899), marchó a Europa y resumió sus recuerdos de esta experiencia en Diario de viaje a París (1900). A su regreso fundó el Consistorio del Gay Saber, que pese a su corta existencia presidió la vida literaria de Montevideo y las polémicas con el grupo de J. Herrera y Reissig.

Ya instalado en Buenos Aires publicó Los arrecifes de coral, poemas, cuentos y prosa lírica (1901), seguidos de los relatos de El crimen del otro (1904), la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje con Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y la más extensa Historia de un amor turbio (1908). En 1909 se radicó precisamente en la provincia de Misiones, donde se desempeñó como juez de paz en San Ignacio, localidad famosa por sus ruinas de las reducciones jesuíticas, a la par que cultivaba yerba mate y naranjas.

Nuevamente en Buenos Aires trabajó en el consulado de Uruguay y dio a la prensa Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), los relatos para niñosCuentos de la selva (1918), El salvaje, la obra teatralLas sacrificadas (ambos de 1920), Anaconda (1921), El desierto (1924), La gallina degollada y otros cuentos(1925) y quizá su mejor libro de relatos, Los desterrados (1926). Colaboró en diferentes medios:Caras y CaretasFray MochoLa Novela Semanal y La Nación, entre otros.

En 1927 contrajo segundas nupcias con una joven amiga de su hija Eglé, con quien tuvo una niña. Dos años después publicó la novela Pasado amor, sin mucho éxito. Sintiendo el rechazo de las nuevas generaciones literarias, regresó a Misiones para dedicarse a la floricultura. En 1935 publicó su último libro de cuentos, Más allá. Hospitalizado en Buenos Aires, se le descubrió un cáncer, enfermedad que parece haber sido la causa que lo impulsó al suicidio, ya que puso fin a sus días ingiriendo cianuro.

Quiroga sintetizó las técnicas de su oficio en el Decálogo del perfecto cuentista, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto del final. Incursionó asimismo en el relato fantástico. Sus publicaciones póstumas incluyen Cartas inéditas de H. Quiroga (1959, dos tomos) y Obras inéditas y desconocidas (ocho volúmenes, 1967-1969).

Influido por Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant, Horacio Quiroga destiló una notoria precisión de estilo, que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza. Muchos de sus relatos tienen por escenario la selva de Misiones, en el norte argentino, lugar donde Quiroga residió largos años y del que extrajo situaciones y personajes para sus narraciones. Sus personajes suelen ser víctimas propiciatorias de la hostilidad y la desmesura de un mundo bárbaro e irracional, que se manifiesta en inundaciones, lluvias torrenciales y la presencia de animales feroces.

Quiroga manejó con destreza las leyes internas de la narración y se abocó con ahínco a la búsqueda de un lenguaje que lograra transmitir con veracidad aquello que deseaba narrar; ello lo alejó paulatinamente de los presupuestos de la escuela modernista, a la que había adherido en un principio. Fuera de sus cuentos ambientados en el espacio selvático misionero, abordó los relatos de temática parapsicológica o paranormal, al estilo de lo que hoy conocemos como literatura de anticipación.

Horacio Quiroga, 1930
Horacio Quiroga
UN HOMBRE PERSEGUIDO POR LA MUERTE Y LA LOCURA
Por JAVIER MEMBA


"La gallina degollada", uno de los cuentos más estremecedores jamás escritos, narra la triste experiencia de un matrimonio que únicamente es capaz de engendrar hijos aquejados de un profundo retraso mental. Cuando finalmente, la desdichada pareja consigue alumbrar a una niña en su sano juicio, la muchacha es devorada por sus hermanos idiotas. "El almohadón de plumas", obra no menos lograda, alude a la extraña enfermedad que padece una mujer presa de un parásito que vive en su almohada, que le chupa la sangre noche tras noche. Si se nos permite aludir al título de una de sus más celebradas ediciones españolas, el uruguayo Horacio Quiroga, autor de alguno de los mejores cuentos que ha dado nuestro idioma, fue un hombre perseguido por la muerte y la locura.



Nacido en Salto el 31 de diciembre de 1878, el nuestro fue un escritor precoz. Dan prueba de ello los relatos que concibiera en su infancia, reunidos en 1918 bajo el título de Cuentos de la selvaEn aquel tiempo, la suya ya era una obra sobradamente reconocida que le había ganado la amistad de Rubén Darío, Julio Herrera y Ressig y Leopoldo Lugones y otros grandes nombres de las letras latinoamericanas fue un hombre sobradamente conocido en la bohemia literaria de Montevideo. A Darío lo frecuentó Quiroga en París, mientras que con Lugones viajaría a la región argentina de Misiones integrando una expedición arqueológica cuyo fin era estudiar la huella dejada por los jesuitas en aquel recóndito rincón del Alto Paraná. Fue tanta la impresión que le causaron aquellos parajes, a la sazón aún una tierra virgen, que el escritor decidió permanecer en ellos como colono. Es por ello que los colonos y sus constantes desdichas en la conquista de América son uno de los principales argumentos de Quiroga.



Poeta modernista 



Que sepamos, esa fatalidad, que le acompañaría hasta el final de sus días, irrumpe por primera vez en su vida en 1902, cuando accidentalmente mata a un amigo: el también escritor Federico Ferrando. Un año antes, en 1901, se ha dado a conocer como poeta modernista merced a su libro "Los arrecifes de coral". El primero de sus volúmenes de cuentos, "Los perseguidos", data de 1905. Pleno de influencias de los grandes maestros del género -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- Quiroga ya destaca por la pesadumbre que rezuman sus páginas y por el extraño protagonismo que cobran en ellas algunos animales que piensan actúan y están abocados a la desgracia como los hombres.



Sin embargo, lo más sorprendente -pese a lo fantástico de algunos de sus planteamientos- es que se trata de una autor obsesionado con la reproducción brutal de la realidad. Su primera novela, igualmente de título elocuente -"Historia de un amor turbio", data de 1908.


Mientras publica selecciones del calibre de "Cuentos de amor de locura y muerte" (1917) y "Cuentos de la selva" (1918), las desgracias se siguen sucediendo en su vida. En 1915, Ana María Cirés, su primera esposa, se suicida. Ni eso ni la mala fortuna que le acompaña en todos sus negocios le impide seguir desarrollando una intensa actividad literaria, que también se extiende al periodismo y a la dramaturgia. Finalmente, sabiéndose víctima de una enfermedad incurable, Horacio Quiroga pone fin a su vida el 31 de diciembre de 1937. "Si se debiera juzgar el valor de los sentimientos por su intensidad, ninguna tan rico como el miedo", dejó escrito. 


Horacio Quiroga, 1897

«No escribas bajo el imperio de la emoción. 
Déjala morir y evócala luego. 
Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, 
has llegado en arte a la mitad del camino».

Horacio Quiroga, "Decálogo del perfecto cuentista", 
Babel, 1927.




OBRA

  • Los arrecifes de coral (Prosa y verso, El Siglo Ilustrado, Montevideo, 1901)
  • El crimen del otro (Cuentos, Ed. Emilio Spinelli, Buenos Aires, 1904)
  • Los perseguidos (Relato, Ed. Arnaldo Moen y Hno., Buenos Aires, 1905)
  • Historia de un amor turbio (Novela, Ed. Arnaldo Moen y Hno., Buenos Aires, 1908)
  • Cuentos de amor, de locura y de muerte (Cuentos, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1917)
  • Cuentos de la selva (Cuentos infantiles, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1918)
  • El salvaje (Cuentos, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1920)
  • Las sacrificadas (Cuentos escénicos en cuatro actos, Soc. Coop. Editorial Ltda., Buenos Aires, 1920)
  • Anaconda (Cuentos, Agencia Gral. de Librería y Publicaciones, Buenos Aires, 1921)
  • El desierto (Cuentos, Ed. Babel, Buenos Aires, 1924)
  • La gallina degollada y otros cuentos (Recopilación de cuentos, Ed. Babel, Buenos Aires, 1925)
  • Los desterrados (Cuentos, Ed. Babel, Buenos Aires, 1926)
  • Pasado amor (Novela, Ed. Babel, Buenos Aires, 1929)
  • Suelo natal (Cuentos, Ed. Crespillo, Buenos Aires, 1931)
  • Más allá (Cuentos, Soc. Amigos del Libro Rioplatense, Buenos Aires - Montevideo, 1935)




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