sábado, 1 de marzo de 2014

Paco de Lucía

Paco de Lucía
Pintura de Ian McPherson
Paco de Lucía
(1947 - 2014)

(Nombre artístico de Francisco Sánchez Gómez; Algeciras, 1947 - Cancún, México, 2014) Músico español, considerado como el guitarrista flamenco de mayor prestigio internacional. Nació en el barrio de La Bajadilla de la ciudad andaluza de Algeciras, un barrio popular y predominantemente gitano. La calle, pues, y el ser hijo y hermano de músicos, lo familiarizaron con el flamenco desde su más tierna infancia.

De su padre, Antonio Sánchez Pecino, quien se ganaba mal la vida como vendedor ambulante de telas durante el día y por la noche tocaba la bandurria en los bailes de pueblo, y de su hermano mayor, Ramón de Algeciras, aprendió los primeros rasgueos, y a los seis años comenzó a estudiar guitarra «en serio». Incluso su madre, Luzía Gomes Gonçalves, una portuguesa de Monte Gordo acostumbrada a la vez a la pobreza de su familia numerosa y a la vena artística de sus miembros, lo veía más como una inversión de futuro que como un perjuicio.

Paco de Lucía


A Paco, que al igual que el resto de sus hermanos Ramón, María Lucía, Pepe y Antonio, muy pronto tuvo que buscar trabajo y llevar un sueldo a casa, le costó superar su falta de instrucción, pero cuando tuvo que buscarse un nombre artístico no dudó en apellidarlo con el nombre de su madre.

Primeros aplausos en los tablaos

Como tal, Paco de Lucía comenzó a actuar a los doce años junto a su hermano Pepe (entonces Pepe de Algeciras) como el dúo Los Chiquitos de Algeciras, que cosechó el aplauso de muchos tablaos de Cádiz. Con catorce años obtuvo un premio en el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera, y aunque parezca sorprendente, fue entonces cuando inició su carrera internacional, ya que José Greco lo contrató como tercer guitarrista de su Compañía de Ballet Clásico Español, y en seguida emprendió su primer viaje a Estados Unidos.

Para él, el guitarrista más brillante del momento era el Niño Ricardo, amigo de su padre, y quería sonar igual de bien. Luego conoció a Sabicas y a Mario Escudero y sus influencias fueron variando, pero éstos le aconsejaron que buscara su propia forma de tocar, su estilo. El problema era que «para uno era un modo complicado de decir las cosas más sencillas, y para el otro un modo muy simple de decir cosas complicadas», recuerda el artista, quien confiesa haber resuelto el dilema el día en que supo que el estilo no es un punto de partida, como era su caso, sino un resultado; y, a fuerza de tocar, formó su propia personalidad.

Con la dirección artística de su padre grabó los primeros discos junto a su hermano Pepe, y posteriormente registró otros tres a dúo con Ricardo Modrego, de la compañía de Greco. Poco después conoció a Fosforio, a quien acompañó en una actuación en Salamanca, y luego a Camarón de la Isla y a Juan el Lebrijano. Con ellos se integró en un grupo compuesto también por Matilde Coral, Paco Cepero y El Farruco, con el que, contratados por los mánagers internacionales Lippman y Rau para sus espectáculos, que llamaban «Festival Flamenco Gitano», recorrió varias veces Europa durante la segunda mitad de la década de los sesenta.

Mientras tanto, animado por Sabicas y Escudero, se adentró en el terreno de la composición, y también grabó sus primeros discos en solitario: La fabulosa guitarra de Paco de Lucía (1967) y Fantasía flamenca(1969), algunos de cuyos temas tocó en 1970 en el Palau de la Música de Barcelona, en el marco de un festival internacional por el bicentenario de la muerte de Beethoven, que algunos biógrafos sitúan como el momento de su consagración.

La influencia de Camarón

Pero el guitarrista de Algeciras, entonces ya asentado en Madrid, reservaba muchas sorpresas, y aquello no fue sino un peldaño más de una trayectoria en constante evolución que marcó muchos puntos de inflexión en la historia del flamenco.

Por entonces acababa de nacer la mítica pareja Camarón de la Isla-Paco de Lucía, cuyas cualidades extraordinarias y la manifiesta y firme voluntad de convertir el flamenco en una experiencia rabiosamente viva quedaron impresas en más de una decena de discos impresionantes y en la memoria del guitarrista, que recordaría aquellos años como la etapa más bonita de su vida. Para él, la excelencia del tándem tenía una explicación muy sencilla: «Mi sueño siempre fue ser cantaor, mientras que el de Camarón fue ser guitarrista». Su música perfecta fue, por tanto, fruto de la sana envidia recíproca y la mutua admiración.

Paco de Lucía se convirtió en estrella de las listas de éxitos en 1973, con la rumba Entre dos aguas, que conquistó a un público más joven que se interesó por primera vez por la guitarra flamenca. Esto influyó además para que sus álbumes de la época, El duende flamenco de Paco de Lucía (1972) y, sobre todo, Fuente y caudal (1973), incrementaran su difusión y le valieran una fama que empezaba a exceder los límites del género.

Entre dos aguas (1973)


Dos años después, su actuación «para todos los públicos» en el Teatro Real de Madrid haría historia. Un nuevo trabajo, Almoraima (1976), mostraba su voluntad rupturista y daba sobradas pruebas de una personalidad consolidada. Pergeñaba ya entonces el proyecto de formar un grupo, y lo iba a lograr unos años después. En aquella época se sentía lo bastante afianzado como para formalizar su relación con Casilda Varela tras ocho años de noviazgo, y, pese a la oposición familiar, se casaron en Ámsterdam en enero de 1977; desde entonces permanecerían unidos junto a sus tres hijos, Casilda (1978), Lucía (1979) y Curro (1983).

Nuevos caminos para el flamenco

En 1981 formó el célebre sexteto con el que creó el concepto actual de grupo flamenco, con sus hermanos Ramón de Algeciras y Pepe de Lucía, Jorge Pardo, Carles Benavent y Rubem Dantas, a los que más tarde se uniría el bailaor Manolo Soler.

La formación duró muchos años, hasta el día que decidió que después de tanto tiempo todo debía de sonar igual, y primero formó un trío con Juan Manuel Cañizares y su sobrino José María Bandera, y en 1998 rehizo el septeto: reemplazó a Cañizares por El Viejín, a Soler por El Grilo y a Pepe de Lucía por Duquende. Con ellos grabó Luzía (1998), en homenaje a su madre, que acababa de fallecer. Luego reunió en torno a él a otros artistas: el percusionista El Piraña, la guitarra del Niño Josele, el bajo de Alain Pérez, la armónica de Antonio Serrano y las voces y palmas de Duquende, La Tana y Montse Cortés.

Los últimos años del siglo XX fueron los más duros de su vida. La muerte de Camarón, y la interesada confusión creada en torno a los derechos de autor conjuntos con el cantaor, agravaron la úlcera que padecía y lo sumieron en una profunda depresión que el fallecimiento consecutivo de sus padres contribuyó a prolongar.

Después de un largo período alejado de la composición y recluido en su casa familiar de Mirasierra, dejó Madrid para pasar dos años en Playa del Carmen, su paraíso mexicano, donde proyectaba vivir su retiro en un futuro que anunciaba no lejano. Allí nació su trabajo Cositas buenas (2004), en el que, entre tangos y rumbas, se dan cita muchas voces amigas y la del propio guitarrista, que rescató del archivo la bulería Que venga el alba para unirse por primera vez en el canto a su «primo» Camarón.

En concierto (1997)


En julio de 2004 era distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y en septiembre obtenía también un Grammy Latino al mejor álbum de flamenco por Cositas buenas, que presentó durante el año en una gira mundial marcada por su intensidad.

Tradición e innovación

Maestro del mejor flamenco, pionero en su evolución y su apertura a la fusión con otras músicas y otros estilos, hubo un tiempo en que sus constantes aportaciones convirtieron a Paco de Lucía en un revolucionario del género. Ciertamente su influencia fue de tal calado que puede inferirse que a lo largo de su trayectoria cambió la concepción del toque en más de una ocasión.

Esa inquietud innovadora no siempre fue bien entendida por los defensores a ultranza de la ortodoxia del género, que al principio llegaron a causarle cierto desasosiego, si bien pronto entendió que él no podría traicionar jamás la esencia del flamenco porque lo llevaba en sus genes, e hiciese lo que hiciese sonaría a flamenco. A partir de ese momento empezó a tocar con mayor espontaneidad y a permitirse libertades inusitadas que a la postre resultaron siempre enriquecedoras.

Pero rechazar el tradicionalismo inmovilista de los puristas no restó un ápice a su natural empeño de preservar las raíces del flamenco. Testimonio de esa identidad a la vez genuina y abierta, autóctona y universalista, son esas numerosas grabaciones con Camarón de la Isla, que, tras la muerte de Camarón, experimentaron una creciente difusión mundial.

Paco de Lucía se acercó también a la música clásica de raíz española (Manuel de Falla, Joaquín Rodrigo e Isaac Albéniz) o a la unión con otros ritmos (la bossa nova de Tom Jobim, el tango de Astor Piazzolla, el country, la salsa, la música árabe). Colaboró además con eximios guitarristas de otros géneros (el rock, el jazz, el blues) como Pedro Iturralde, Chick Corea o Larry Coryell; se recuerdan especialmente sus famosos tríos con John McLaughlin y Al Di Meola, con quienes firmó, en 1980, el inolvidable Friday night in San Francisco, un disco que vendió más de un millón de ejemplares. El portavoz del jurado que falló el Príncipe de Asturias de las Artes de 2004 afirmó con justicia, al anunciar su nombre, que todo cuanto puede expresarse con las seis cuerdas de la guitarra estaba en sus manos.



Paco de Lucía
DOS AMORES

El guitarrista se casó con Casilda Varela en 1977 y, en segundas nupcias, con Gabriela Carrasco

Los grandes amores de Paco de Lucía
¡HOLA!
Paco de Lucía se casó con Casilda Varela en 1977
La inesperada muerte de Paco de Lucía ha dejado rota a su familia, mujer e hijos. El guitarrista, que siempre se ha considerado una persona muy hogareña, el 29 de enero de 1977 se casó con Casilda Varela. La boda entre ambos tuvo lugar en Ámsterdam por la oposición familiar al enlace –ella era hijas de un General–, que finalmente se formalizó después de que la pareja llevara ocho años de noviazgo.
Fruto del amor entre ambos nacieron tres hijos: Casilda (1978), Lucía (1979) y Francisco (1983, a quien cariñosamente conocen con el sobrenombre de «Curro»). A la inmensa alegría que sintió Paco de Lucía con la llegada de estos pequeños a su casa se unió la de ser abuelo más tarde.
Años después, el reconocido músico se casó con la que sería su segunda y última mujer: Gabriela Carrasco. Con ella tuvo dos hijos, Antonia, de 14 años, y Diego, de siete. De hecho, se encontraba jugando con ellos, al lado del mar, cuando la muerte le vino en forma de infarto.
Para todos ellos, la pérdida a los 66 años de este genio de la música es algo más que un triste lamento en el mundo de la música, puesto que la muerte de Paco de Lucía supone un enorme vacío que tardarán tiempo en superar.




Paco 2004

Según Casilda Sánchez

Mi nombre es Francisco Sánchez Gómez, Alias Paco de Lucía, y soy guitarrista.

…Si le invitases a casa

Para comer: Algún plato de cuchara
Para beber: Un tinto
No le hables de: Guitarra, su pesadilla
En la cadena de música: Camarón “el mayor genio que he conocido”
Para la sobremesa: Una película de Willy Wilder o la trilogia “Blanco, Azul y Rojo “ de Kieslowski.
Un libro para prestarle: Alguno de oscar Wilde( nada de filosofía porque dice que de tanto leer a Ortega y Gasset, terminó por analizarlo todo y perder el sentido del humor)

PACO DE LUCÍA



La potencia musical del flamenco

El escritor y premio Cervantes, autor del artículo, analiza los orígenes, influencias y manera de tocar la guitarra el artista flamenco fallecido

Paco de Lucía era partidario de la soledad y de la felicidad, y eso reaparece continuamente en su obra



De izquierda a derecha: Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía y Carlos Saura, en el rodaje de 'Sevillanas'. / EL PAÍS
Paco de Lucía estudió y practicó la guitarra flamenca con una extraordinaria capacidad indagatoria. Se sometió desde muy niño a un riguroso, obstinado, inflexible aprendizaje y asimiló muy a fondo los secretos expresivos de una tradición flamenca nacida y desarrollada en ciertos arrabales de la Baja Andalucía.
Desde su rincón nativo, Paco de Lucía saltó bien pronto al mundo. Era de natural retraído y ensimismado, pero nada de eso se traspasó a la potencia comunicativa de su música. También era partidario de la soledad y de la felicidad, y eso sí reaparece de continuo en su obra. Casi sin apenas ser notado, a través de lentas y perseverantes enseñanzas, pasó de usar la guitarra como acompañamiento del cante a enaltecerla como instrumento de concierto. Se integró así en una estirpe de guitarristas —Niño Ricardo, Sabicas, Montoya- que aportaron al flamenco toda una serie de memorables conquistas expresivas. Pero Paco de Lucía impulsó, dotó de un nuevo rango estético, más dinámico, más innovador, lo que ya se había alcanzado en este sentido.
Convertido en uno de los grandes reformadores históricos de la guitarra flamenca, Paco de Lucía quiso llegar a más. Su técnica era impecable, de una desaforada perfección, pero él necesitaba ir más allá: necesitaba posponer la técnica a la sensibilidad, supeditar el lenguaje a su libre potencial creador. A partir de los básicos esquemas musicales del flamenco, ideó nuevas formulaciones complementarias. Los límites expresivos de los cantes eran en ocasiones insuficientes, o lo eran en razón de sus propios cauces comunicativos. Probó para ello con deslumbrante eficiencia esa correlación de fuerzas que le proporcionaban otros guitarristas eminentes de acento universal —Carlos Santana, Al Di Meola, Eric Clapton—, con quienes se confabuló para articular una manera de entender la poética de la guitarra flamenca absolutamente innovadora. Se fundamenta así una forma nueva por inusitada de alianza artística. Por el tejido de la tradición popular empiezan a filtrarse —o a definirse— unos nutrientes cultos. Una eventualidad que, en el mejor de los casos —en este caso— también resultaba enriquecedora.
Paco de Lucía disponía de un virtuosismo enigmático, imprevisible por momentos, literalmente inscrito en un sistema expresivo que podría llamarse —empleando un término muy manoseado— la estética del duende. Por ahí se perfila el prodigio de llegar adonde nadie había llegado, a una situación límite donde la novedad equivalía a la clarividencia. La manera de tocar la guitarra de Paco de Lucía era su forma de sacar a flote la intimidad. Y en esa intimidad se juntaban con similar lucidez el conocimiento y la intuición, lo aprendido y lo adivinado, una especie de cabal síntesis creadora. No me refiero ya a sus falsetas, es decir, a esas inolvidables filigranas ornamentales con que solía acompañar al cante, sino a la exigente estructura melódica, a la exquisita plenitud de su obra de solista.
Casi sin proponérselo, Paco de Lucía llegó a ser un auténtico compositor. Llevaba en la sangre, como suele decirse, una admirable propensión a los traspasos musicales de la experiencia. Es lo que hizo siempre con un lenguaje originalísimo y una asombrosa destreza imaginativa. Y todo eso sin esgrimir nunca ninguna clase de alharacas o vanas complacencias. Amaba la música con tanta honestidad como la vida. Con él, la guitarra flamenca alcanzó un fin de trayecto o, más propiamente, una virtud extrema que también podría llamarse —como he apuntado más arriba— una situación límite. Lo demás es silencio.


Paco de Lucía

Uñas en las cuerdas y la madera

Conoció el desasosiego y la angustia que produce la creación. 

Se sentía libre cuanto más lejos tocaba de su país



Paco de Lucía durante una actuación en el Festival World Music de Oslo.
Llevaba el nombre de su madre, Luzia, portuguesa de Castro Marín, aunque casi todo se lo debía a su padre. Antonio le decía con mirada imperativa “coge la guitarra” y obligó al quinto de sus hijos a estudiar: de los seis años hasta los catorce, diez horas todos los días, sentado en una silla dejándose las uñas y las yemas en las cuerdas y la madera.
Tuvo suerte de oir música desde que nació, con los vecinos y los amigos artistas que el padre llevaba a casa de madrugada tras el trabajo. Pasó su niñez en Algeciras rodeado de flamencos. Y uno es lo que es su niñez. Vivió en su piel la desazón de su padre, que se iba de noche a tocar para señoritos por los pocos duros que cayeran. Aunque nunca faltó de comer en casa, ni en la calle de San Francisco, con su patio y el árbol con rosales, ni en la de Barcelona, en el mismo barrio de la Bajadilla.
Al cumplir los 12 andaba ya ganando sus primeros dineros para la familia. Había que ser hombre pronto. Los hermanos iban al colegio hasta los once años, luego había que ayudar. Pero tenía el recuerdo de una infancia feliz.
Con Camarón sacó al flamenco de aquellas juergas que no eran de vino y alegría para todos. Un gitano y un payo, venerando las raíces y mirando ‘pa´lante’, con conocimiento, sensibilidad e intuición. Creó ese toque rápido, rítmico, poderoso... de gran sentido melódico. Tocaba con rabia por inseguridad: lo que le gustaba a él era cantar. Y eso hacía con su guitarra.
Conoció el desasosiego y la angustia que produce la creación. Y le tenía pánico a repetirse. Si no le abrumó que le concedieran el Príncipe de Asturias, a él que se confesaba ‘muy metío pa´dentro’, fue por el reconocimiento oficial a un arte maltratado. Malito de perfeccionismo, sufrió cada vez que tuvo que someterse al juicio de sus compatriotas: se sentía libre cuanto más lejos tocaba de su país. Grabados estaban los surcos en el rostro. Porque a veces Francisco Sánchez Gómez se cansaba de Paco de Lucía. Si no del músico, sí del personaje al que han puesto en un pedestal.
Hace unos años se refugió en Playa del Carmen: para escapar del instrumento de dolor y placer. Con Gabriela, su compañera mexicana, y Antonia, su hija pequeña. Un equipo de televisión rodó un documental en aquella casa de la costa del Yucatán. La cámara mostraba a un hombre relajado, yendo a comprar al mercado, disfrutando de la pesca submarina... Que se ponía melancólico al pensar en la vuelta a la rutina de maletas, hoteles y aeropuertos.
Se convirtió en uno de esos músicos que se lo ponen muy difícil a los que vienen detrás. Para una mayoría será siempre el guitarrista de ‘Entre dos aguas’; para la gente de la clásica, el flamenco que se atrevió a grabar a Falla y Joaquín Rodrigo; para los viejos aficionados el jovencillo imberbe que tocaba al estilo del Niño Ricardo y siguió el consejo de Sabicas de crear cosas propias.
El Mambrú que en Madrid se dejaba caer por los billares de la plaza de Callao, con su hermano Pepe y con Camarón —que sólo se sintió Paco tras la muerte del cantaor—, aquel niño, que en el fondo nunca salió de Algeciras, posiblemente estaba aún tratando de encontrarse. Un genio irrepetible este Francisco Sánchez Gómez, al que los flamencos llaman Paco.
Del libro 'Violão Ibérico', de Carlos Galilea (Trem Mineiro, RJ 2012). 


Paco de Lucía

Siempre la misma guitarra

Felipe Conde, constructor de guitarras, revela los secretos del instrumento de Paco de Lucía


Paco de Lucía nunca tocó otra guitarra sobre el escenario. Desde muy pequeño, cuando su familia llegó de Algeciras a Madrid, usaba los instrumentos que construía nuestra familia. De ahí viene la gran amistad que mantuvimos siempre. Primero la de su padre Antonio Sánchez con mi tío y mi padre y luego la que desarrollamos nosotros dos.
Recuerdo que cuando Paco era muy joven ya venía a menudo a estudiar al taller. Probaba guitarras, hablábamos, pasábamos horas aquí. Empezó muy pronto tocando con la guitarra tradicional flamenca, la de siempre. La que estaba hecha con ciprés español y tapa de pino abeto. Pero a principios de los 70, él y mi familia desarrollaron un nuevo modelo del que ya no se separaría. Paco buscaba un instrumento con más pegada, potencia y volumen. Una guitarra macho, como se solía decir. Quería llegar a más público, así que juntos crearon la guitarra de concierto, que él institucionalizó cuando tocó en el Teatro Real. Una guitarra con más cuerpo, pero que mantenía los rasgos de siempre: la expresión y los matices.
Paco no tenía manías. No ponía ningún problema a la hora de fabricar el instrumento. No supervisaba en el proceso. Normalmente tardamos dos meses en fabricar cada par de ellas. Pero construíamos unas doce y se las dábamos a probar. Él escogía la que más le gustaba y el resto pasaba a formar parte de la tienda. En la diferencia que pudiera haber entre cada instrumento residía la particularidad de cada guitarrista. Pero en todas el fondo y los aros de estaban hechos de palo santo de Madagascar; el diapasón de ébano y el mango de cedro de Brasil. Entre toda su familia, él, Pepe, Ramón quizá pudieron comprarnos unas 40 guitarras. No lo sé. Muchísimas.
Hoy se va un artista total. Un genio absoluto de la guitarra. Técnicamente era perfecto. Inigualable como creador. Paco forjó una escuela en todo lo que hizo.




DISCOGRAFÍA

29 discos y un álbum inédito

El maestro tenía previsto editar un homenaje a la copla en abril

Fermín Lobatón
El País, 26 de febrero de 2014

Portada del disco que lanzó al estrellato en 1973 a Paco de Lucía
Este es un repaso de urgencia en forma de glosario a cinco décadas de una trayectoria excepcional.
A de ‘Almoraima’. El topónimo de la tierra natal para un disco de 1976 que llega rodeado de expectativas. Sucede al exitoso Fuente y caudal y supone un paso más dentro de la renovación estilística que él había puesto en marcha. La rondeña La cueva del gato fija las características del estilo de Montoya para las nuevas generaciones.
C de Camarón. En 1969 dio comienzo la fascinante aventura de El Camarón de la Isla con la colaboración especial de Paco de Lucía, como rezaban sus primeros discos conjuntos. La primera tanda de nueve, producidos por el padre del guitarrista, suponen una fresca antología del cante y una revolución en la forma de acompañarlo. Pero hubo más colaboraciones especiales entre los dos. Hasta el mismo final del cantaor.
D de Danza. En 1978, el guitarrista transcribe e interpreta a Manuel de Falla. La danza de los vecinos, la del Ritual del fuego, la del Molinero…Un riesgo al que se sometió con las afiladas miradas de los puristas clásicos casi apuntándole. Treinta y cinco años después, el que fuera compañero y discípulo, Cañizares, se ha vuelto a atrever con el mismo compositor.


En 1969 comenzó la "colaboración especial" de Paco de Lucía con Camarón, como rezaban sus discos conjuntos.
E de ‘El duende flamenco de Paco de Lucía’. Un disco de 1972 que se define, además de por las referencias lorquianas, por la utilización de orquesta. El artista, aún muy joven, se atreve con el reto con la dirección de José Torregrosa, con quien ya había trabajado.
F de ‘Fuente y caudal’. Su quinto disco en solitario (1973) constituye una revelación. Encima, para los que no lo conocían lo suficiente, la rumbaEntre dos aguas lo lanza al estrellato de la popularidad. Paco muestra ya un toque propio que lo distancia de los maestros.
I de Inédito: ‘Canciones Andaluzas’. El disco número 30 de su discografía no ha llegado a ver la luz. Se empezó a grabar a finales de 2012 y se había mezclado hace solo un mes. Desde 2003, con Cositas buenas, no grababa el guitarrista un disco en estudio. Este iba a ser —y será, cuando vea la luz— un regreso a los orígenes. En 1965, junto a Ricardo Modrego, y dos años después con su hermano Ramón, Paco había registrado sendos discos a dos guitarras dedicados a canciones andaluzas como María de la O, A tu vera, La Zarzamora… Tantos años después había retomado el homenaje con temas como Ojos verdes, Señorita y seis más. Su lanzamiento está —o estaba— previsto para finales de abril.
J de Joaquín Rodrigo. ‘Concierto de Aranjuez’. En 1991 y con la Orquesta de Cadaqués, dirigida por Edmond Colomer, el guitarrista plasma por fin un anhelado proyecto. La obra se registra en directo en el Teatro Bulevar de Torrelodones con la presencia del maestro compositor. La grabación se completa con tres piezas de la Suite Iberiade Albéniz. Tuvo algún detractor, muchos más han sido sus valedores.
K, contiene la K: Chick Corea. Aunque los registros discográficos conjuntos de ambos artistas son escasos (la grabación Touchstone del pianista), los dos músicos fueron “compadres” de corazón. El que suscribe fue testigo del encuentro de ambos en los camerinos de un concierto de Corea en Cádiz allá por los ochenta. Tras el descanso, ambos abordaron la interpretación de Spain solo por el gusto de tocar juntos. Casi treinta años después, la conexión permanecía viva. La última vez, el pasado verano, en el Festival de Vitoria.
L de ‘Luzía’. Disco de 1998. Madurez y maestría. Los viejos hallazgos ya sedimentados y puestos al servicio del sentimiento. La siguiriya dedicada a la madre, la rondeña a Camarón. Al guitarrista no le basta con las seis cuerdas y decide, por primera vez, cantar. Una obra maestra.
O de ‘One summer night… Live’. La cumbre del legendario sexteto y además en directo (1984). Con sus hermanos Pepe y Ramón, Rubem Dantas, Carles Benavent y Jorge Pardo de gira por Europa. Una de las formas que puede tener eso que llaman estado de gracia. Nueve años después, en 1993, el sexteto, con el añadido del bailaor Manolo Soler, volvió a grabar en directo.


Álbum de la gira de Paco de Lucía con su sexteto.
S de Siroco. Calificado por Gamboa y Núñez como “la tercera revolución”, el disco se graba y edita en 1987 tras un exitoso tour con su sexteto. Sin embargo, el artista prefiere para la ocasión la guitarra en solitario con acompañamientos puntuales. Una vuelta de tuerca inesperada cuando ya se creía todo logrado. El difícil reto de sonar cabal y flamenco y, a la vez, más nuevo y renovado que nunca. Un disco de culto.
T de Teatro Real. Su concierto de 1975. Para un flamenco, el hecho de tocar en el templo de la música clásica siempre ha sido un reto. Él fue de los primeros en hacerlo, luego ha habido muchos más. De nuevo, con la dirección musical de Torregrosa y la segunda guitarra de su hermano Ramón, Paco aborda un repertorio antológico, con piezas que ya habían sido incluidas en discos anteriores, pero con el sabor del directo. Hay quien dice que le atenazaron los nervios, pero no se nota nada.
Y de (yo) ‘Solo quiero caminar’. Hay quien sitúa en esta grabación de 1981 el inicio de las aportaciones más esenciales en nuevas afinaciones o acordes. Sin ir más lejos, en los tangos que le dan título, y que se hicieron muy populares con la voz de su hermano Pepe, la guitarra va afinada en tono de rondeña, como describe Faustino Núñez. Paco de Lucía incorpora por primera vez en una grabación de estudio el sexteto.
Z de ‘Zyryab’. Un disco en la cumbre (1990). Una obra coral y una reunión de amigos. No podía ser menos el homenaje a El Pájaro Negro, el músico bagdadí que tanto influyó en la tradición musical árabe en la península Ibérica. El formato de sexteto se ve ampliado con incorporaciones de lujo como Chick Corea o Manolo Sanlúcar. Un disco abierto con composiciones libres como la que da nombre al trabajo o la sensible Canción de amor.


DISCOGRAFÍA
Los Favoritos de Paco

Estos son los discos que más valoro, porque son a los que he dedicado mi mayor esfuerzo. Son los que considero que conforman mi carrera creativa dentro de la música flamenca, con los que he sufrido más y a los que he disfrutado más.

En ellos se encuentra el trabajo que marca mi evolución como músico desde el principio de mi carrera. Incluyo junto a los discos de creación pura algunos discos en directo, que también son reflejo de mi trayectoria y una antología de la cual yo elegí los temas.

Mi discografia completa comprende algunos otros discos, algunos son versiones que grabé en mi juventud, aconsejado por casas de disco que buscaban salidas más comerciales que el flamenco.

Otros son antologias, y también se encuentra el apartado de lo que grabé con Al Di Meola y Mc Laughlin, que a pesar de haber sido muy importante en mi desarrolllo como músico, es un paréntesis en mi trabajo dedicado al flamenco.

Siroco1987
Zyryab1990
Luzia1998







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