domingo, 16 de agosto de 2015

Rafael Chirbes

Rafael Chirbes
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FICCIONES

DE OTROS MUNDOS

Rafael Chirbes

(1949 - 2015)

Nació el 27 de junio de 1949 en Tavernes de Valldigna, Valencia, y murió el 15 de agosto de 2015. Su familia paterna residió en Dénia, (Alicante). Su abuelo era cestero y procedía de Valencia. De Algemesí, (Valencia) son la mayoría de los Chirgues, con g. 

Aprendió a leer muy temprano, le enseñó su padre, que murió cuando él tenía cuatro años. Cursó estudios en colegios de huérfanos de ferroviarios, pasó por, León, Ávila y cuando cumple los 16 años, se traslada a Madrid, donde estudió Historia Moderna y Contemporánea. Pasó una temporada como profesor en un instituto y también dio clases siendo estudiante. 

Regentó la librería Futuro en Madrid y se dedicó a la crítica literaria, las reseñas gastronómicas (revista Sobremesa, de la que fue fundador) y relatos de viajes. Residió en Marruecos (fue profesor de Historia de la España Musulmana) además de en París y otras ciudades españolas hasta que en el año 2000 regresó a la Comunidad Valenciana. Reside en Beniarbeig, una población situada en el noreste de la provincia de Alicante. 

Su primera novela, Mimoun (1988), llegó a la editorial Anagrama gracias a la escritora Carmen Martín Gaite, y quedó finalista del Premio Herralde. La larga marcha (1996), recibió el Premio SWR-Bestenliste en Alemania. Esta novela inició una trilogía sobre la sociedad española desde la posguerra hasta la transición, que se completa con La caída de Madrid (2000) y Los viejos amigos (2003). Crematorio (2007), es un retrato sobre la especulación inmobiliaria y recibió el Premio Nacional de la Crítica y el V Premio Dulce Chacón. Fue adaptada por Canal Plus en 2011 en 8 capítulos con el mismo título. En la orilla (2013), otra obra sobre el país en crisis, recibió el Premio Francisco Umbral al libro del año 2013 y también el Premio Nacional de la Crítica 2014. El jurado valoró su obra como "una novela de extraordinaria construcción literaria, que tratando de la realidad actual, no se limita al realismo, mostrando una riqueza formal y recursos poéticos que lo trascienden". 

Rafael Chirbes falleció el sábado 15 de agosto de 2015 a causa de un cáncer de pulmón irreversible que le fue detectado el lunes anterior, después de ingresar en el hospital.


Carlos Boyero

Rafael Chirbes, arte incontestable


Para mi pesar, llegué imperdonablemente tarde a la escritura de Chirbes, pero sospecho que es de esos autores que vas a seguir a perpetuidad, o a releer en el temible caso de que decidiera no escribir más. Leí la impresionante Crematorio en estado de shock, aterrado por el análisis que hace de la capacidad del ser humano para corromperse, por la fuerza y la complejidad de esos monólogos interiores en los que los personajes utilizan el bisturí consigo mismo y con los demás, por una prosa dura, torrencial, conmovedora y soterradamente lírica, por frases que te remueven como un puñetazo en el hígado y se quedan grabadas en la memoria, por el sarcasmo utilizado como una de las bellas artes. Chirbes retorna a Misent en En la orilla, a ese territorio imaginario que nos resulta terroríficamente familiar, para consumar su viaje al fin de la noche. En ese mural de la podredumbre ya no se salva ni dios. Ganadores y perdedores están inmersos en la misma miseria moral. Los recuerdos tampoco ayudan. Todo estaba podrido en el aparente esplendor de otras épocas, antes de que llegara la peste. Hay algún momento exaltante (la descripción de las esencias de la artesanía) y personajes (la asistenta sudamericana) en los que le suplicas a su creador que tenga piedad con ellos, que aparezca un rayo de luz en medio de tanta asfixia, pero supondría hacer trampas. La ciénaga se ha apoderado de todos, de verdugos y víctimas. Te sientes noqueado al acabar este retrato tan negro, tan profundo, tan desolador, tan cruel, tan hermoso.

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Rafael Chirbes

Páginas en presente

    LUIS GARCÍA MONTERO 28 DIC 2013 - 01:17 CET

    ELSA SUÁREZ  (EL PAÍS)

    La realidad existe mientras se cuenta. Los hechos no son un escenario objetivo, sino el resultado de un orden y de una construcción. El instante puede ser muy orgulloso en nuestra sociedad, puede identificarse con un cuerpo deportivo, convertir en imperio la fugacidad de una mercancía, pero resulta incomprensible en sí mismo, no está operativo si no se reconoce en un pasado, es decir, en un modo de intuir el futuro. La realidad es inseparable del sentido.
    Rafael Chirbes es uno de los novelistas españoles que mejor cuenta la realidad porque lleva muchos años persiguiendo su sentido. Los lectores hemos celebrado el poder de la ficción, la palabra directa, la mirada certera y seca sobre los personajes y las historias, a través de libros como La buena letra (1992), La larga marcha (1996), Los viejos amigos (2003) o Crematorio (2007). La intimidad de los personajes, el decorado de las vidas privadas y las historias públicas se tejen en un universo narrativo que ordena e interpreta ese argumento llamado España. La dimensión ética perfila la mirada y el vocabulario de Chirbes. Su poder es inseparable de la búsqueda de sentido, de la lucidez.
    Quizás podemos situar este sentido en la conciencia de que la Transición no fue en realidad el paso de una dictadura a una democracia, sino la época en la que pasamos de los códigos económicos y vitales del subdesarrollo a las conductas del capitalismo avanzado. Una mutación antropológica. La prepotencia del lujo, encadenada siempre al imperio del instante, no dudó en traicionar los viejos ideales y devorar la memoria al mismo tiempo que cancelaba el futuro como lugar solidario. Los jóvenes rebeldes se iban vendiendo al poder, mientras el dinero lo corrompía todo. Y la mirada de protesta solo encontró en ese camino, ya que todas las banderas se acomodaban a la mentira, las complicidades de la enfermedad. El deterioro del cuerpo ha ido ocupando un lugar decisivo en las narraciones de Chirbes porque la voluntad de maquillaje perpetuo acaba derrotada por la ley implacable de los años y la biología.
    La última novela de Chirbes, En la orilla (2013), se sitúa ya en los años de la crisis económica y entiende la irrupción de las dificultades como el estado de una agonía generalizada. El narrador busca un paisaje significativo, el pantano de Olba, y coloca un cadáver entre el fango para desatar la lucidez del sentido. La codicia, la traición, las miserias personales, la explotación aceptada como sistema, nos hacen a todos responsables de la agonía, del desempleo, la quiebra de los negocios y la infelicidad. Eva echó mano a la serpiente creyendo que era un collar de esmeraldas. Es “la seguridad de que no hay ser humano que no merezca ser tratado como culpable”, confiesa el protagonista, Esteban, un carpintero, amo y esclavo, que se ha visto obligado a cerrar su taller y a despedir a sus trabajadores.
    No hay salida. El presente es la historia de alguien que se arruina al caer en la tentación de la avaricia. El pasado es un padre, educado en los viejos sueños revolucionarios, que se fue separando poco a poco de la vida por culpa de sus propios rencores y de su lejanía ante una realidad despreciable. El rencor conduce también a la falta de sentido y la inutilidad. Y el futuro tampoco parece una alternativa porque los descendientes nacionales siguen la senda macabra del dinero y los que llegan de fuera, empujados por una necesidad anterior, solo aspiran a competir en el festín de la indignidad.
    En esta desolación adquiere especial protagonismo una sirvienta latinoamericana. Si los cuidados son el vínculo de una comunidad posible, el síntoma del amor y la solidaridad, En la orilla presenta una realidad muy distinta. La cuidadora ejerce el egoísmo, la hipocresía y el mundo entendido como compraventa. Igual que los demás personajes, pertenece al deterioro y la degradación. La voz narrativa es minuciosa, mancha todos los rincones, se convierte en obsesión, pasa del monólogo a la tercera persona para no dejar nada a salvo, ni desde la perspectiva de las intimidades, ni desde la descripción exterior de la sociedad.
    Los lectores de Chirbes llegamos hasta aquí. La realidad es una enfermedad mortal, una vejez sin piedad, un pantano, un vertedero. ¿Y ahora qué? Es el momento de preguntarse si esta radicalidad de la mirada negativa mantiene su lealtad a la lucidez o paga la factura del rencor. ¿Es que no hay nada bueno en la vida? ¿Todo ser humano es sospechoso? ¿El amor resulta siempre una estafa? El buenismo, desde luego, falsea cualquier meditación. Pero, en el otro extremo, conviene también preguntarse por el nihilismo totalitario y su voluntad absoluta de descrédito. ¿Sirven para entender la realidad? ¿No son una forma más de acomodarse a los dictados de un poder que pretende cegar cualquier alternativa? La última novela de Rafael Chirbes me ha dejado estas preocupaciones.

    EL PAÍS

    Rafael Chirbes
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    Chirbes, Premio Francisco Umbral 

    al Libro del Año por su obra ‘En la orilla’

    El jurado escoge al autor por unanimidad y destaca "su prosa soberbia y su fuerza creativa"

    El galardón está dotado con 12.000 euros



      Rafael Chirbes en Valencia. / JESÚS CÍSCAR
      El escritor valenciano Rafael Chirbes ha sido galardonado este miércoles con el Premio Francisco Umbral al Libro del Año por su obra En la orilla (Anagrama), un reconocimiento dotado con 12.000 euros.
      El jurado ha designado ganador por unanimidad a Chirbes, de quien ha destacado "su prosa soberbia y su fuerza creativa" con la que muestra el "vaivén del tiempo y las ruinas del presente", según ha destacado este miércoles durante el fallo el miembro del jurado Fernando Rodríguez Lafuente, director de ABC Cultural.
      "Todos los miembros del jurado hemos estado de acuerdo en que debíamos reconocer la excelencia literaria de esta obra. Ha primado la calidad por encima de cualquier otra cosa", ha señalado Lafuente.
      Según describe, se trata de "una novela que narra el descenso a los infiernos provocado por los ambiciosos, pero traspasa ese plano y se convierte en una metáfora de estos desdichados días".

      Sorprendido

      España Suárez, viuda de Francisco Umbral y presidenta de la Fundación Francisco Umbral, ha sido quien ha dado la noticia a Chirbes. En ese momento, el escritor se encontraba en el supermercado, junto a "las baldas de las botellas de aceite", según ha relatado Suárez.
      En el momento de conocer la noticia el escritor se ha mostrado "sorprendido", a pesar de que "ya tenía noticias de que había realizado un buen libro", según cuenta la presidenta de la fundación.
      Por su parte, María Jáudenes, subdirectora General de Bellas Artes, del Libro y de Archivos de la Comunidad de Madrid --quien ha acudido en sustitución de la directora general del mismo departamento-- ha afirmado que "para la Comunidad de Madrid es un honor la colaboración con la Fundación Francisco Umbral para continuar con la difusión del legado de uno de los mejores representantes de la lengua".
      Los candidatos a este premio, que este año celebra su tercera edición, son libros escritos en castellano y editados entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2013.
      Las obras escogidas en las anteriores ediciones fueron Las cuatro esquinas, de Manuel Longares (2011), y La cabeza en llamas, de Luis Mateo Díez (2012).
      El jurado ha estado integrado por Carmen Iglesias, académica de la Real Academia de la Historia y presidenta del jurado; Manuel Llorente Machado, redactor jefe de la sección de Cultura de El Mundo; César Antonio Molina, escritor y exministro de Cultura y, en la actualidad, director de Casa del Lector; Fanny Rubio, escritora y catedrática de Literatura de la Universidad Complutense de Madrid (UCM); Santos Sanz Villanueva, crítico y catedrático de Literatura de la (UCM); Fernando R. Lafuente, director de ABC Cultural; Carlos Aganzo, poeta y director de El Norte de Castilla y Juan Cruz, director adjunto de EL PAÍS.
      La Fundación Francisco Umbral nació el 12 de enero de 2009 con el objetivo de promocionar la obra de Francisco Umbral, tanto la literaria como la periodística, profundizar en su estudio y servir al fomento de la cultura literaria y al periodismo en todo el mundo de habla hispana.

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      Rafael Chirbes, Premio de la Crítica

      El jurado destaca el buen retrato de la social de este país como Víctor Hugo reflejó la de París y Dickens la de Londres

        AURORA INTXAUSTI Madrid 25 ABR 2014 - 14:36 CET


        El escritor Rafael Chirbes en su estudio de Beniarbeig (Alicante). / JESÚS CÍSCAR (EL PAÍS)
        ¿Qué?, ¿Qué?, ¡Qué bien! Sorprendido y emocionado recibió Rafael Chirbes (Tavernes de Valldigna, Valencia, 1949) la noticia de este periódico de que había ganado con su novela En la orilla (Anagrama) el Premio de la Crítica, que otorga desde 1956 la Asociación de Críticos Literarios. El jurado ha destacado el tratamiento en la novela de las "angustias y zozobras" de los que han sufrido las consecuencias de la crisis, con un estilo "cuidado", en el que alterna los discursos interiores y exteriores de unos personajes concebidos en su dimensión coral. Según el jurado, el escritor ha sabido retratar la realidad social de este país como en su día Víctor Hugo reflejó la de París y Charles Dickens la de Londres.
        Chirbes, que pasa muchas horas en su casa, recurre con frecuencia a Episodios nacionales, de Benito Pérez Galdós. De hecho coincidió la escritura de su novela con la lectura de la cuarta serie de esos relatos que abarcan el reinado de Isabel II. Rechaza cualquier crítica a este escritor, tan denostado por otros compañeros de escritura, al que él considera "un maestro. Las críticas a Galdós vienen de aquellos que no lo han leído. Si lo lees y profundizas en sus textos te das cuenta de que muchas de las cosas que están ocurriendo en la sociedad española son una repetición de lo que ha ocurrido a lo largo de la historia". Él lo lee desde hace 50 años.
        En esta novela, En la orilla, como en la anterior, Crematorio, con la que también ganó el Premio de la Crítica en 2007, el autor aborda el momento de la burbuja inmobiliaria, la especulación y la corrupción política, el fraude y la resaca posterior cuando el castillo de naipes se desmorona, una resaca que ha llevado a la sociedad española a descubrir la verdadera carroña que existe cuando llega el dinero fácil, palabra que utiliza en sus dos novelas. Chirbes, poco optimista con el futuro, habla del declive de la sociedad, de la desesperación del ciudadano cuando no tiene para comer porque el paso siguiente es "el cabreo. Mucha gente cabreada sin ordenar las ideas y pasarlo por la cabeza te puede llevar a cometer locuras y eso provoca miedo. Es peligroso".
        El pesimismo de Chirbes es eco del que existe entre los jóvenes que hace una década vivían muy bien con el sueldo que ganaban y que hoy se encuentran en el umbral de la pobreza. "Es duro para alguien de 30 o 35 años que en los primeros años de este siglo tenía un buen trabajo llevando una grúa y un sueldo acorde. Y hoy se encuentre en la calle acudiendo a los comedores sociales porque no encuentra nada y tampoco se le forma para mejorar su situación. El gris que se respira en el ambiente te lleva a los años 50 del pasado siglo, a ese momento en el que las dificultades eran evidentes y no veías el futuro", puntualiza el escritor.
        El autor de Los viejos amigos quiere que sus libros duren en el tiempo y que cuando en el futuro alguien los tenga en sus manos sirvan para conocer cómo era la sociedad española en ese momento. "Creo que sería imposible entender lo que está ocurriendo en Ucrania sin haber leído a Marx. Es de locos lo que está padeciendo la sociedad de ese país machacada por la voracidad de las multinacionales y las fábricas de armas".
        En el apartado de poesía, Antonio Hernández ha sido reconocido por su obra Nueva York después de muerto (Calambur). El también componente del jurado Santos Domínguez ha explicado que el poeta es "uno de los autores más sólidos de la poesía española del último medio siglo". El título recoge el proyecto frustrado con el que Luis Rosales pretendía cerrar su obra, pero una enfermedad se lo impidió, y, así, realiza un doble homenaje: al "maestro" y también a Federico García-Lorca, "maestro del maestro". Nueva York después de muerto es un libro "sorprendente y arriesgado", en el que, según el jurado, el autor recoge un cruce de vidas y destinos que acaban en la ciudad de la muerte y de la aurora, con columnas de cieno y aguas podridas.
        Así, en lengua catalana se ha premiado la novela de Pep Coll Dos taüts negres i dos de blancs (Dos ataúdes negros y dos blancos) y la obra de poesía Alba del vespre (Alba de la noche), de Carles Duarte. Los premios en lengua gallega han correspondido a la novela de Anxos Sumai A lúa da colleita (La luna de la cosecha) y al poemario de Berta Dávila Raíz da fenda (Raíz de la grieta). Por último, el galardón en narrativa vasca ha sido para Nevadako egunak (Días de nevada) de Bernardo Atxaga y para la obra poética en dos partes Heriotzarenataria dugu bizitza (La vida es el pórtico de la muerte) y Bizitzaren atea dukegu heriotza" (Acaso la muerte sea el umbral de la vda) de Joxan Artze.






        Honestidad de la rabia

        Era, en persona también, y con otros, un hombre solitario, temeroso del ruido mediático

        Hace un año, quizá, cuando le dieron más premios de los que él mismo se hubiera imaginado, Rafael Chirbes se estaba quitando de fumar, y recibía otro premio. Alejado del mundo y del ruido que éste produce en los medios acostumbrados a que el escritor sea, sobre todo ahora, un pájaro mediático que va de flor en flor, el autor deCrematorio quería quemar, como si se lo fumara, aquel periodo inclemente de su vida, cuando todo el mundo lo celebraba y él hubiera, sencillamente, el silencio.
        Y al silencio volvió, ignoro si fumando o no, pero sí centrado en sí mismo, concentrado, luchando contra los fantasmas verdaderos que fueron sus elefantes negros, los habitantes perversos y ruines de las sátiras a las que sometió al tiempo que le tocó vivir. Este tiempo vivido por Chirbes es, naturalmente, el tiempo español, que lo convocó a un compromiso intelectual y civil que marcó para siempre, para lo duró, su literatura.
        Visto desde la perspectiva de hoy, cuando ya la muerte cabrona cierra el paréntesis y convierte el pasado en una cosa concreta y cerrada, final, Chirbes deja un testimonio que tiene dos partes: la estética, pues prolongó a autores como García Hortelano y sus exploraciones sociales en un país ensombrecido por la guerra incivil sin desdeñar la audacia de los inventos literarios; y la ética: nunca se dejó vencer por los cantos de las sirenas críticas, que le afearon en un tiempo triste que hiciera lo que le daba la gana con su compromiso y quisieron tacharlo de la historia de la literatura.
        En ese entonces, un noble artículo de Antonio Muñoz Molina (En folio y medio, publicado por este periódico) puso a Chirbes en el destacado lugar al que lo llevó su esfuerzo moral por escribir lo que veía y lo que sentía sin romper sus fronteras estéticas y sin renunciar a sus convicciones éticas. Siguió así, como aquellos personajes de Vicente Soto, machacando en la misma piedra hasta que pulimentó con textos extraordinarios por los que recibió tantos premios, de los que trataba de curarse igual que se trataba de curar del tabaco.
        Era ya, pues, un maestro, alguien a quien los jóvenes visitaban para encontrarse a un personaje distraído, de mirada clara, la boca siempre en estado de estar callada, escuchando sin hablar, escuchando siempre, dándole vueltas, aunque no lo tuviera, al cigarrillo cuyo humo veía como un abrazo del aire.
        Era, en persona también, y con otros, un hombre solitario, rabiosamente solitario; su honestidad era también rabiosa, como si, en este caso sí, tuviera claro que la frontera entre ser un buen escritor y ser un individuo en busca del abrazo de los medios hubiera una distancia que él nunca quiso cruzar.
        Por eso uno se fijaba tanto en él cuando recogía esos premios, como si en algún momento se fuera a ir corriendo como un caballo salvaje en busca de la madriguera donde reposar sus ojos.
        Este momento ha llegado. Gran Chirbes, esos ojos claros sobre la tierra quemada de la España que dibujó con la precisión de un pintor asustado por la dureza del vecindario.

        Rafael Chirbes
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        "Cada vez que yo abro una novela de Rafael Chirbes 
        no puedo dejarla hasta el final."

        Antonio Muñoz Molina

        Rafael Chirbes
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        Muere Rafael Chirbes a los 66 años, el maestro de todos los novelistas antipáticos


        Un cáncer de pulmón ha acabado con la vida de uno de los escritores de referencia de este país, a los 66 años de edad. Rafael Chirbes, Premio Nacional de Narrativa y Premio de la Crítica por En la orilla (2013), deja huérfana a la novela empeñada en dar testimonio de su tiempo y en denunciar sus perversiones. El autor de Mimoun (1988), La buena letra (1992), La caída de Madrid (2000) o Crematorio (2007) cuenta con una de las trayectorias más honestas y afortunadas de la España democrática. Fiel creador de libros "antipáticos, ariscos y esdrújulos", es el maestro de todos los novelistas antipáticos con la cruda realidad.

        Siempre oportuno en la crítica a la falta de moral y ética en un país en fiesta, cada libro de Chirbes se plantaba en la mesa de novedades con la actitud del aguafiestas. Siempre a la contra, reconocía que su popularidad tardía le sorprendía alegre y confundido porque era “contradictorio”. “Para el libro es una segunda vida, pero para mí es contradictorio porque el mismo Gobierno que crea el malestar a mis personajes es el que ahora me premia por el libro en el que lo cuento”, explicaba a este periódico el octubre del año pasado, con la concesión del Premio Nacional de Narrativa. 

        Encarnaba el papel del gran sabio y huraño de los que se dejaba ver. Generoso y tierno, insistía en que un escritor debía ser por encima de cualquier cosa “de verdad”. En nueve novelas Chirbes ha sido infinito –y certero- en su recorrido escudriñador por las grietas de esta sociedad. Nunca ha defraudado a esa España indignada necesitada del destape de los pozos más negros.




        "El mismo Gobierno que crea el malestar 
        a mis personajes
        es el que ahora me premia"


        Rafael Chirbes


        Chirbes se adelantó a informarnos de la Púnica en Crematorio. Pero antes fueron otros escenarios. “Mi proyecto es intentar explicarme quién soy en cada momento, esté donde esté. La caída de Madrid (2000) tenía Madrid como escenario. Ahora es este escenario, que, efectivamente, da para mucho”, explicaba a este periódico. “Hay material por todas partes. El mito de la corrupción de la Comunidad Valenciana ha crecido porque no tenían el mismo poder que otras para frenar las informaciones, pero la Gürtel viene de Madrid. La diferencia es que aquí les han puesto la paella para que coman”. 

        Estas líneas de Crematorio bastan para atisbar su actitud crítica con todo, sobre todo con la posición del escritor en su entorno: “A ti, Juan, que te gusta tanto la literatura realista, que te gusta Balzac, cómo no adivinas que lo de tu casa es como en las novelas de Balzac, lo mismito: también en el origen de la fortuna de tu casa hay una sombra oscura. Eso es el realismo literario. No apartes la vista. ¿O crees que lo que dicen las novelas es mentira? Detrás de la fortuna, el crimen, ¿no es eso lo que dice tu querido Balzac? Se limitaba a decir lo mismo que Marx, que, por cierto, era un entregado lector suyo; lo que diría unos cuantos años después Lenin, que los leyó a los dos: a Marx y a Balzac; y tú te casas con la heredera de la fortuna y no quieres cargar con tu dote de culpa. ¿Y eres experto en literatura social?”.

        EL CONFIDENCIAL



        RAFAEL CHIRBES EN LA TELE

        Rafael Chirbes probó suerte con la televisión y le fue bien. Crematorio, la penúltima de sus nueve novelas, fue adaptada por Canal Plus en 2011 como miniserie de 8 capítulos, con Pepe Sancho en el papel del constructor Rubén Bertomeu. La serie, retrato de la especulación inmobiliaria, cosechó excelentes críticas y afianzó la carrera literaria de Chirbes. Ya vendría la avalancha de premios de su última novela, En la orilla.



        PREMIOS
        Por sus primeras obras
        • 1988: Finalista del Premio Herralde por su primera novela, Mimoun
        • 1999: Premio alemán SWR-Bestenliste por La larga marcha
        • 2003: Premio Cálamo al libro del año por Los viejos amigos
        Por Crematorio
        • 2007: Premio de la Crítica de narrativa castellana (1º)
        • 2007: Premio Cálamo al libro del año
        • 2008: Premio Dulce Chacón
        Por En la orilla
        • 2014: Premio de la Crítica de narrativa castellana (2º)
        • 2014: Premio Nacional de Narrativa
        • 2014: Mejor libro en lengua española de 2013 según el diario El País
        • 2014: Premio Francisco Umbral al libro del año
        • 2014: Finalista del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa




        BIBLIOGRAFÍA

        Novela
        Mimoun (1988). Finalista del Premio Herralde
        En la lucha final (1991)
        La buena letra (1992)
        Los disparos del cazador (1994)
        La larga marcha (1996)
        La caída de Madrid (2000)
        Los viejos amigos (2003)
        Crematorio (2007). Premio de la Crítica de narrativa castellana
        En la orilla (2013). Premio de la Crítica de narrativa castellana y Premio Nacional de Narrativa

        Ensayos
        Mediterráneos (1997)
        El novelista perplejo (2002)
        El viajero sedentario (2004)
        Por cuenta propia (2010)


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