viernes, 15 de julio de 2016

Dorothy Parker

Dorothy Parker
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Dorothy Parker
(1893 - 1967)

(West End, 1893 - Nueva York, 1967) Escritora estadounidense. Espíritu versátil y brillante, escribió artículos para Vogue, y ejerció la crítica literaria y teatral en Vanity Fair y en The New Yorker. Publicó tres volúmenes de poesía (Enough Rope, 1926;Sunset Gun, 1928; Death and Taxes, 1931), reunidos en 1936 en un único volumen, Not So Deep a Well. Una de sus obras, Big Blonde, ganó el Premio O'Henry al mejor cuento del año. También realizó varios reportajes desde España durante la guerra civil.
Escribió guiones para películas junto con su marido Alan Campbell, y dos dramas también a cuatro manos: Close Harmony or the Lady Next Door (1929), con E. Rice, y The Ladies of the Corridor (1953), con A. D'Usseau. Vivió y trabajó en el ambiente intelectual más vivaz de su tiempo (en Nueva York, durante la década de 1920, en Hollywood durante la de 1930 y, más tarde, de nuevo en Nueva York), y se convirtió en una figura destacada, casi legendaria por su humor cáustico y por la rapidez de sus réplicas.
En sus obras observa con agudeza las relaciones personales, afectivas y sociales, consideradas siempre como difíciles, frustrantes o incluso imposibles. Sus breves poesías, de tono ligero, casi burlón, sus divertidos bocetos y sus cuentos son de hecho concisas representaciones de momentos de incomprensión, de soledad o de estúpida insensibilidad. Cabe citar también su obra Aquí yace (Here Lies, 1939).



Uno de sus relatos más conocidos apareció en Bookman Magazine bajo el título Big Blonde, (La gran rubia o Una rubia imponente). Fue galardonado con el prestigioso Premio O. Henry como el cuento más sobresaliente de 1929. Este relato, entre otras obras maestras del género, sería seleccionado por Augusto Monterroso para su célebre Antología del cuento triste


LA SEÑORA PARKER Y EL CÍRCULO VICIOSO

La señora Parker y el círculo vicioso es una película estadounidense de 1994. Fue escrita y dirigida por el director Alan Rudolph y protagonizada por la actriz Jennifer Jason Leigh, en el papel de la escritora norteamericana Dorothy Parker.

La película gira en torno a la vida, la carrera y los romances de la señora Parker (1893-1967), que fue una narradora y periodista de agudo ingenio, también ardiente defensora de los derechos sociales.

Dorothy Parker fue un miembro original de la asociación Algonquin Round Table, un grupo de escritores, actores y críticos que se reunieron entre los años 1919 y 1929 en el "Hotel Algonquin" de Manhattan, lo cual aparece reflejado en la película.

Muchos actores importantes tienen papeles protagonistas o cameos en la película, actores que no formaban parten del castingoriginal; conforme crecía el número de actores, crecía el número de tramas, por lo que el reparto quedó muy ampliado.

Wikipedia



Dorothy Parker


Enrique Vila-Matas
2 de agosto de 2000

A Dorothy Parker la llamaban en el Nueva York de los años veinte la gran moderna, se adelantó a su tiempo, era de carácter indomable y lengua afilada, fumadora empedernida y extraordinaria bebedora de whisky, feminista, izquierdista (precursora del radical chic), culta y de escritura exquisita. A Dorothy Parker le sentaba bien esta frase de su amigo Scott Fitzgerald: "Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien". A Dorothy Parker le gustaba vivir en el hotel Algonquin, de la calle 44 Oeste, donde todos los días, cuando oscurecía, pedía hielo y White Rock y bajaba a la tertulia de la célebre Mesa Redonda de escritores, donde ella ejercía de Ginebra en aquella especie de Camelot literario de su ciudad."Prefiero vivir en un hotel", decía, "porque sólo necesito espacio para tener un sombrero y algunos amigos". Los amigos lectores de Dorothy Parker se han sacado el sombrero al unísono para celebrar la publicación de esta espléndida biografía de Marion Meade, te ofrece también el retrato de una generación literaria que vivió siempre esperando algo emocionante: conversación animada, alegría, escritura del ingenio, intercambio de ideas sin inhibiciones.

EL PAÍS




“Soy una vagabunda y lo seré siempre”


Tres intentos de suicidio. Dos matrimonios. Dos divorcios. Un alcoholismo que la hacía la chica más divertida del Hotel Algonquin. Y una soledad que ocultó tras un humor cáustico. Eso y más en este perfil de una gran escritora.


2010/03/15

POR MARÍA ALEJANDRA PAUTASSI

Dorothy Parker nunca se la llevó bien con la autoridad. Cuando la Metro Goldwyn Meyer la contrató en 1937 para terminar el guión de You Can Be Beautiful, la historia de una empresaria basada en la vida Elizabeth Arden, ella escribió un final en que la heroína era bella e infeliz (no bella y feliz como debía ser en cine). Sam Goldwyn, como era de esperarse, perdió la paciencia. “¡Maldita sea, Dottie! Tú y tus malditas bromas sofisticadas. Eres una gran escritora… Tienes un gran talento y eres una gran mujer, pero no tienes una gran audiencia ¿y sabes por qué? Porque no quieres darle a la gente lo que desea”. Ella, con la impasible dulzura de toda una dama, le respondió que la gente no sabía lo que quería hasta cuando se lo daban, y continuó: “Sé que lo que voy a decirle le sonará extraño, señor Goldwyn, pero entre todos los miles y miles y millones de seres humanos que abarca la historia de la humanidad, ni uno solo ha tenido un final feliz”. Hablaba desde el pesimismo –la única posición ideológica que defendió toda su vida– y lo decía, claro, por el destino que se había labrado.
Para entonces Dorothy Parker era una leyenda. Había publicado cuatro libros de poesía (Enough Rope [Suficiente cuerda], Sunset Guns [Pistolas del atardecer],Sonetos en torno al suicido o la vida de John Knox, y Death and Taxes [Muerte e impuestos]), y cientos de cuentos en The New Yorker, Vanity Fair, Harper’s Bazaar yEsquire. Se había hecho un nombre como la crítica de teatro que hacía temblar a los directores de Broadway cuando la veían entrar a una obra, se la conocía como la reina madre de la legendaria Mesa Redonda del Hotel Algonquin, la voz más ácida que había producido la Nueva York de los movidos años veinte, e incluso se decía que era la mujer más inteligente en Estados Unidos. Tal era su fama, que para los años cuarenta se habían estrenado tres obras de teatro que se basaban en su vida: Here Today. A comedy of Bad Manners [Aquí y ahora, una comedia de malos modales], que desató la furia crítica de Dorothy (el título habla por sí mismo); Merrily we Roll Along [Felizmente rodamos juntos], “cuya protagonista era una alcohólica a la que se podía hablar como un hombre”, según George Kauffman, el director; y Over Twety-one [Después de los 21] sobre su relación con Alan Campbell, el guapo guionista con el que estuvo casada más de diez años y cuyo único defecto era ser 11 años menor que ella.
El interés por su vida personal no era de extrañar. Por la misma época, Dorothy llevaba a cuestas dos matrimonios y más de doce amantes conocidos (y otros tantos por conocerse), tres intentos de suicidio (lo que más le dolía, según dijo, era que no hubieran sido exitosos), tres abortos (el tercero causado por unos tumores en el ovario que atinó a comparar con “un jardín de rocas donde había plantadas cuantas flores se mencionan en las obras de Shakespeare”) y una afición a la bebida que le añadía un toque de glamour a la leyenda. El suyo era un destino que no sorprendía a nadie. Ni a ella misma, que hacia 1930 había escrito en tono profético: “Dicen de mi, y así debe ser / que difícilmente terminaré bien”. Una consigna personal a la que sería fiel hasta sus últimos años. “Soy una vagabunda y pienso seguir siéndolo siempre”, se disculpó ante sus amigos y conocidos cuando ya casi una anciana, a los 65 años, regresó por tercera vez a la casa de Campbell.
El nombre de Dorothy empezó a sonar en los círculos literarios de Nueva York a finales años 20 por sus ocurrencias que hacían desternillar de risa hasta a los más escépticos intelectuales del hotel Algonquin, y se mantuvo con la publicación deEnough Rope [Suficiente soga] en 1927, una serie de poemas satíricos sobre la muerte y el suicido. El crítico de The Nation escribió que “la cuerda ha sido trenzada con un humor cortante, endurecida con visos de desilusión y oscurecida con un espléndido y auténtico humor negro”. El crítico literario de The Bookman, John Farrar, fue más enfático: para él, Dorothy era “una gigante de las letras norteamericanas posada en la cima de su disciplina”. Con las buenas críticas, por supuesto, vinieron las malas y no faltaron reseñistas que dijeran que sus versos eran frívolos, escandalosos y efectistas, de miras cortas y de un humor fácil. Una impresión que acompañaría su obra hasta bien entrados los años 60. Al final de su vida se oía decir que Dorothy “no era más que una simple niñita judía que trataba de ser lista”. Por suerte, la aceptación crítica nunca se reflejó en las ventas de sus libros, aunque Goldwyn opinara lo contrario.
Dorothy, sin embargo, nunca fue buena para las críticas y a partir de entonces siempre dudo de ser “una escritora seria”. De inmediato empezó a escribir su primera novela, La soledad de las parejas, y a publicar cuentos que la hicieron pasar a la historia como la mujer que mejor retrató su tiempo. Cuentos cuyo realismo revela, por medio de la sátira, la crueldad, el racismo, el clasismo y el desprecio de los seres humanos, la angustia y la soledad en sus personajes femeninos, la debilidad y mezquindad de los poderosos. Nadie se salva de su ironía: hombres y mujeres llevan por igual. Los intelectuales, los críticos, los escritores con su característica arrogancia no se escapan de su sarcasmo. Su blanco solía ser quienes se tomaban demasiado en serio. El suyo era un ingenio que revelaba las más sutiles contradicciones. Las propias, incluso, con las que fue más despiadada.
En “Mrs. Carrington y Mrs. Crane”, un cuento de 1933, Parker lleva la soberbia de las neoyorquinas cultas al extremo. “El vacío –tuvo que decirle la señora Carrington–. Y la tontería. Y el eterno chismoseo, chismoseo y más chismoseo. Y las conversaciones de la ropa que tienen y la que van a tener. Pues ya estoy harta, eso es todo. No gracias, querida, no puedo comerme otro sánduche; empezaré a rodar mañana con los que llevo”. Ella misma, por supuesto, era neoyorquina, ni qué decir culta, se conocía su debilidad por la ropa cara, y por la época se la veía en las fiestas sentada en un rincón con una copa de martini en la mano rajando de la frivolidad de quienes la rodeaban. Tal como el anónimo escritor de “He’s charming”: “Dios estoy cansado –dijo el escritor–. Estoy muerto. Una fiesta terrible en la que estamos. La gente es terrible. Todo el mundo aquí es terrible. Hay mucho piojo”.
Tras la leyenda que construyó en torno suyo y el implacable humor que la hizo famosa, Dorothy escondía un miedo al abandono y necesidad de aprobación. La soledad, la angustia y la dependencia emocional son tema de cuentos como “El último té”, “Nueva York-Detroit”, “The Garter”, “La llamada”, “Sentimiento” y “La gran rubia”, el más conocido de todos de sus cuentos, donde narra cómo Hazel Morse, “la gran rubia”, planea su suicidio con veronal y fracasa (el mismo método que Dorothy había utilizado en 1926, después de que Eddie Parker, su primer marido, la dejara). Sus personajes solían ser mujeres atormentadas, emocionales, que terminan solas, olvidadas y que no pueden levantarse de la cama por las más diversas razones: principalmente el guayabo. Aunque también había crisis nerviosas, sedantes, abortos e intentos de suicidio –una imagen de la enfermedad y la muerte bien distinta a la de sus antecesoras románticas–. Mujeres todas, cuya soledad y debilidad era blanco de las pullas de Dorothy, pero que sumadas hacen un buen retrato de lo que fue su vida en la entreguerra.
A pesar de su precoz interés por la muerte, de haberla imaginado, de jugar con su idea durante más de cincuenta años y ensayarla en más de una ocasión, Dorothy Parker murió de un ataque de corazón en junio de 1967. La última gran ironía de su vida quizá fue esa: no morir por su propia mano, ni de la forma que quería, sino como una dama de sociedad a cuyo funeral asistieron 150 personas. La profunda soledad que la atormentó toda su vida, sin embargo, la acompañó hasta la añorada tumba y más allá: sus cenizas permanecieron en un archivador de la oficina de los abogados que se encargaron de su testamento hasta 1988.



BIBLIOGRAFÍA
  • Enough Rope (1926)
  • Sunset Gun (1927)
  • Close Harmony (1929) (teatro)
  • Laments for the Living (1930)
  • Death and Taxes (1931)
  • After Such Pleasures (1933)
  • Collected Poems: Not So Deep As A Well (1936)
  • Here Lies (1939)
  • The Portable Dorothy Parker (1944)
  • The Ladies of the Corridor (1953) (teatro)
  • Constant Reader (1970)
  • A Month of Saturdays (1971)
  • Not Much Fun: The Lost Poems of Dorothy Parker (1996)


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