martes, 17 de marzo de 2015

Grimm / Jacob y Wilhelm

(1785 - 1863)
Wilhelm Grimm
(1786 - 1859)

Jacob Grimm (Hanau, actual Alemania, 1785-Berlín, 1863) y Wilhelm Grimm (Hanau, 1786-Berlín, 1859). Cuentistas y filólogos alemanes. Conocidos sobre todo por sus colecciones de canciones y cuentos populares, así como por los trabajos de Jacob en la historia de la lingüística y de la filología alemanas, eran los dos hermanos mayores de un total de seis, hijos de un abogado y pastor de la Iglesia Calvinista.

Hansel y Gretel
Ilustración de Maurice Sendak


Siguiendo los pasos de su padre, estudiaron derecho en la Universidad de Marburgo (1802-1806), donde iniciaron una intensa relación con C. Brentano, quien les introdujo en la poesía popular, y con F. K. von Savigny, el cual los inició en un método de investigación de textos que supuso la base de sus trabajos posteriores. Se adhirieron además a las ideas sobre poesía popular del filósofo J.G. Herder.
Entre 1812 y 1822, los hermanos Grimm publicaron los Cuentos infantiles y del hogar, una colección de cuentos recogidos de diferentes tradiciones, a menudo conocida como Los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. El gran mérito de Wilhelm Grimm fue el de mantener en esta publicación el carácter original de los relatos. Siguió luego otra colección de leyendas históricas germanas, Leyendas alemanas(1816-1818). Jacob Grimm, por su parte, volvió al estudio de la filología con un trabajo sobre gramática,La gramática alemana (1819-1837), que ha ejercido gran influencia en los estudios contemporáneos de lingüística.

En 1829 se trasladaron a la Universidad de Gotinga, y de ésta, invitados en 1840 por el rey Federico Guillermo IV de Prusia, a la de Berlín, en calidad de miembros de la Real Academia de las Ciencias. Allí comenzaron su más ambiciosa empresa, el Diccionario alemán, un complejo trabajo (del que editaron solamente el primer volumen) que ha requerido muchas colaboraciones y no se concluyó hasta comienzos de la década de 1860.



Los cuentos de los hermanos Grimm
Los Cuentos infantiles y del hogar fueron publicados entre 1812 y 1822, en tres volúmenes. La colección de cantos populares El cuerno maravilloso del niño, de Armin y Brentano, dieron a los hermanos Grimm la idea de preparar una colección de cuentos populares. Según propósito de los Grimm, esta obra había de ser sobre todo un monumento erigido a la literatura popular, un documento que recogiese de boca del pueblo lo poco que se había salvado de la gran producción medieval germánica y que constituía la tradición nacional que suponían perdida.

Sus fuentes principales fueron, además de los recuerdos de su propia infancia y de la de sus amigos, la gente sencilla del pueblo que ellos iban interrogando y, sobre todo, Cassel, la hija del farmacéutico Wild, que repetía las historias oídas en su infancia de boca de la "vieja María".
Al transcribir estos cuentos procuraron conservar fielmente no sólo su trama sino también el tono y las expresiones de que aquellas personas se servían, efectuando así en esta esfera una obra casi sin precedentes, porque literatos como Musäus y otros hasta entonces se habían servido de los cuentos populares como estructura para engarzar en ellos divagaciones morales o alusiones poéticas y literarias.

Sólo en una segunda época se aprovecharon también de fuentes literarias como Lutero, Hans Sachs, Moscherosch o Jung-Stilling, pero esforzándose por hallar bajo las variaciones y los embellecimientos literarios la primitiva ingenuidad de trama y de estilo (proverbios, repeticiones), guiados sobre todo por su instinto poético.

Se ha dicho que estos cuentos se han vuelto verdaderamente populares por medio del libro de los hermano Grimm. Lo cierto es que ellos supieron darles tanta frescura que pocos libros hacen revivir de inmediato la misteriosa y profunda intimidad de la naturaleza germánica, permitiendo sentirla con el espíritu con que a ella acude el pueblo alemán.

Las fábulas contienen casi siempre una verdad objetiva, una lección práctica, siempre aventajada, sin embargo, por la inspiración genuina de la poesía popular. Forman parte de esta colección de más de doscientos cuentos, entre los que figuran narraciones tan famosas como BlancanievesLa Cenicienta,PulgarcitoJuan con suerteLeyenda de los duendecillos,La hija del molineroCaperucita RojaRabanitaEn busca del miedoLos músicos de Bremen o Barba Azul.

Aunque según la idea de sus compiladores esta obra no estaba destinada a ser un libro infantil, Goethe, apenas la hubo leído, escribió a Stein que estaba escrita "para hacer felices a los niños", y puede considerarse como un gran acontecimiento literario de principios del siglo XIX alemán, porque desde entonces se convirtió en el libro de la juventud alemana, con el cual generaciones y generaciones formaron su alma.

La obra dio lugar a una polémica de cierta importancia con Brentano y con Arnim. Los dos poetas, que habían precedido de modo muy diverso que los Grimm en su colección de cantos populares, refundiéndolos formalmente, hallaron desaliñada y pobre la redacción de estos cuentos. Ello se debió a que, mientras Arnim y Brentano no distinguían entre poesía popular y poesía artística y reconocían para una y otra los mismos derechos, los Grimm creían que la segunda no podía sino esforzarse (aunque siempre inútilmente) por parecerse a la primera, la cual, representada por las grandes epopeyas o por los cuentecitos, era infinitamente superior y estaba dotada de una fuerza poética metafísica anterior a la misma humanidad.

BIOGRAFÍAS Y VIDAS


Los hermanos Grimm

Cincuenta sombras de Grimm

La revisión de Philip Pullman de las historias de los hermanos ha sido una sorpresa editorial en Reino Unido


ROCÍO HUERTA Madrid 20 DIC 2012 - 21:13 CET


Los hermanos Jacob y Wilhem Grimm.


Los cuentos de los hermanos Grimm pertenecen a ese tipo de literatura de la que, paradójicamente, cuanto mejor se conoce a los personajes, las historias y hasta los finales, más se disfruta sin complejos de ellos. No por ello pasan de moda ni huelen al temido spoiler que puede arruinar el final de una serie. Coincidiendo con el bicentenario de la primera edición de los Cuentos infantiles y del hogar, el célebre escritor británico Philip Pullman (Norwich, Inglaterra, 1946), ha rescrito 50 de las historias que en su día publicaron Jacob y Wilhelm Grimm,conservando el título original en un excitante tomo de 450 páginas editado en España por B de Block (Penguin, en Inglaterra). Aporta además un comentario al final de cada capítulo, relacionando el origen de cada cuento con otras historias populares de la tradición rusa, italiana y española.

El mensaje común es la justicia, los valores del horror y el castigo”
Pullman, autor de la trilogía La materia oscura, que le mereció el premio Carnegie Medal en 1995, concedido a las mejores obras de género infantil y juvenil, y cuya primera entrega se llevó al cine bajo el título La brújula dorada, se sumerge en las hitorias para niños de los hermanos más famosos de la literatura y les aplica una vuelta de tuerca: “No es una transcripción literal del texto sino más bien una performance particular del resultado del boca-oreja de estas historias”, puntualiza.
Caperucita Roja, Blancanieves o Rapunzel son para Pullman los personajes que conducen de la mano a los niños al primer contacto con los libros, al primer estímulo de discernir entre lo justo y lo injusto es, lo temido y lo apacible, el eterno juego de los buenos y los malos en definitiva. Pero no son estos los favoritos de Pullman, sino una selección muy distinta, casi desconocida para el folclore popular. “Diría que mi ojito derecho se titula Las tres hojas de la serpiente, una historia rara sobre princesas y soldados, menos comercial aunque con un mensaje mucho más potente. Una obra de arte excelente que, se podría decir, no es para el público infantil”. Otro de los personaje que ha cautivado al autor es el protagonista de Hans-medio-erizo, “Tiene una personalidad exquisita, es valiente, creativo y encantador”. Son historias que se han convertido en cuentos para niños pero que, según Pullman, no lo son tanto: “Algunos de los cuentos están escritos para dar miedo, pero creo que el verdadero mensaje en común de todos los relatos es la justicia, los valores del horror y el castigo”.


Jacob y Wilhelm Grimm
Los hermanos Grimm

Un lugar lejos de la literatura

ANA MARÍA SHUA EL PAÍS, 20 DIC 2012 - 21:52 CET


Hay cientos de versiones y adaptaciones de la obra de los hermanos Grimm. Pero, curiosamente, ninguna que nos cuente su vida. Jacob y Wilhelm Grimm nacieron en 1785 y 1786 en una familia tradicional de la región de Hesse, en una época en que Alemania, dividida en muchos pequeños estados, era una ilusión y un deseo.
Su padre murió muy joven. Para ayudar a su familia, los dos hermanos estudiaron leyes en Marburg, los dos obtuvieron puestos de bibliotecarios en distintas ciudades, los dos, muy pronto, se inclinaron por los estudios de literatura antigua y medieval alemana.
Los dos enseñaron en la Universidad de Göttingen. Los dos se jugaron su puesto firmando el manifiesto de “Los siete de Göttingen”, contra el rey de Hannover, que pretenía abolir la constitución. Los dos formaron parte del movimiento romántico y aceptaron su doble juego, quizás contradictorio: la exaltación de la individualidad y el endiosamento del “espíritu del pueblo”.
Durante casi toda su vida, los hermanos Grimm vivieron juntos. Desde muy joven, Wilhelm sufrió asma y una enfermedad cardíaca. Y sin embargo, fue Wilhelm el que se casó y tuvo tres hijos. ¿Por qué Jacob nunca pudo formar su propia familia? ¿Estaba enamorado de su cuñada? ¿No pudo nunca despegarse del amor a su madre? ¿Fue un homosexual reprimido por su severa educación calvinista? Los dos escribieron autobiografías. Pero todo el que escribe sobre su propia vida, engaña, omite, transforma, fantasea: hace ficción.
La dedicatoria a la primera publicación Cuentos infantiles y del hogar, que sería su éxito y su fracaso (para Bettina von Arnim y para su hijito, decía) demuestra que no descartaban la idea de la lectura infantil. Pero su versión profusamente anotada estaba dirigida sobre todo a estudiosos y eruditos. Los hermanos Grimm eran patriotas, defensores de una Alemania que, en un mismo movimiento, miraba hacia el pasado en busca de sus raíces y hacia el futuro en busca de la unidad nacional. Consideraban a su recopilación como un aporte a esa búsqueda esencial. Suprimieron de las últimas versiones los cuentos de El gato con botas y Barba Azul porque los consideraban “demasiado franceses”.
Querían que sus cuentos fueran puros, simples, no contaminados por la “literatura”. Desdeñaban las versiones elaboradas, con marca de autor. Y sin embargo fue su propia intervención la que le dio a esos cuentos la perfección que los hizo famosos.
Los Grimm, tan inteligentes y eruditos no podrían desconocer que los mismos cuentos circulaban oralmente por todo el continente eurasiático en mil versiones. Perrault había publicado Los cuentos de mamá Oca en el siglo XVII. Desde principios del siglo XVII circulaba la versión deGalland de Las mil y una noche, aunque sólo a mediados del siglo XIX aparece la traducción, mucho más rica y más fiel, de Sir Richard Burton. Hacia la misma época realiza Afanasiev su trabajo extraordinario de recopilación de los cuentos rusos. Recién a partir del siglo XX contamos con la colección de Cuentos Italianos de Italo Calvino. Hoy podemos acceder a recopilaciones de cuentos chinos, japoneses, hindúes, para comprobar que la estructura de los cuentos se repite una y otra vez.
Eurasia es un solo continente. Y los cuentos son grandes viajeros. Llevados y traídos por el mundo, con los fardos de los mercaderes y las mochilas de los soldados, con las plegarias de los peregrinos y las armas de los cruzados, con los barcos de los descubridores y las flechas de los indígenas, los cuentos se transmiten atravesando la humanidad de parte a parte. Por el camino se transforman y se enriquecen, varían, mezclan y combinan rasgos de culturas muy distintas, suman particularidades locales, amplían episodios o los eliminan. Si la imprenta no logró hacer desaparecer el sistema de transmisión oral, tampoco los medios.
En todas partes los puristas se rasgan las vestiduras, indignados con las transformaciones que Walt Disney impuso a los cuentos de los hermanos Grimm. Chicos y grandes conocen hoy CenicientaBlancanievesLa bella durmiente (La espina de la rosa en la versión Grimm) a través de las películas de Disney o las series de la tele en lugar de las versiones “originales”. Pero los cuentos populares no tienen versiones originales. No son alemanes, italianos ni árabes. Viven, viajan, crecen, se transforman, se cuentan de todas las maneras posibles. Son tan eternos, tan frágiles y efímeros como la humanidad.
Amor, admiración y gloria a los hermanos Grimm, que supieron rescatarlos para nosotros.


foton
Ilustración de Noemí Villamuza

Alemania canoniza a los Grimm

En el bicentenario de la primera colección de cuentos de los hermanos más famosos de las letras universales, su país celebra su memoria como la definición de la quintaesencia alemana

JUAN GÓMEZ Berlín 20 DIC 2012 - 21:50 CET


Doscientos años después de su primera edición, los Cuentos infantiles y del hogar parece una de esas exageraciones disparatadas diseñadas por un editor sin escrúpulos de autores de best sellers: se han traducido a más de 170 idiomas, han salido en versiones cuyo número tiende al infinito y han inspirado cientos de películas de factura oscilante entre los dibujos animados de Disney y la pornografía dura. En el Museo Hermanos Grimm de Kassel guardan los manuscritos de estos Cuentos infantiles y del hogar,editados por primera vez en Berlín el 20 de diciembre de 1812, que desde 2005 son Patrimonio de la Humanidad. Calculan en Kassel que, en total, estas historias han alcanzado una tirada de “bastante más de mil millones” de ejemplares. Además de como un formidable éxito editorial, el país anda estos días entregado a la celebración de estos románticos, violentos y pedagógicos relatos también como la expresión de la quintaesencia alemana.
Los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859) empezaron a recopilar cuentos en 1806, el mismo año en que Napoleón derrotó a los prusianos en Jena y entró con sus tropas en Berlín para liquidar el antiguo régimen. Los Grimm vivían en Kassel con la modestia de unos jóvenes burgueses, huérfanos de padre y recién licenciados en Derecho. Al año siguiente, la ciudad se convertiría en la capital del reino de Westfalia, creado por Bonaparte para su hermano Jerónimo.
Ellos siguieron recopilando sus relatos con ayuda de amigos y conocidos. Pero no viajaron, como se dice a veces, por la Alemania estremecida por los cambios del siglo y las guerras del primer imperio napoleónico. Escuchaban a viejas modistas, vendedoras, soldados y campesinos en las tabernas o en los mercados de su ciudad. Sobre todo, de la familia del farmacéutico Wild y de las hermanas Hassenpflug, así como del dragón (soldado de caballería) Johann Friedrich Krause. Tras seis años de transcripciones, arreglos estilísticos y limpiezas formales, el primer tomo de sus cuentos salió el mismo año de la Constitución de Cádiz.
Para la segunda parte, que vio la luz en 1814, se ganaron la colaboración de las familias nobles Haxthausen y Droste- Hülsoff, así como de la notable cuentista y verdulera Dorothea Viehmann, una viuda de sastre que impresionó a los hermanos porque era capaz de repetir sus cuentos siempre con las mismas palabras.
La primera edición no fue un éxito. En medio de aquellas guerras y convulsiones políticas que cambiaron el mapa europeo, ni las brutalidades que describían los Grimm ni su prolijidad filológica contribuyeron a la fama de RapunzelCenicienta o El sastrecillo valiente. Holger Ehrhardt, germanista de Kassel que ocupa la cátedra Grimm, sostiene que la enorme repercusión de los cuentos en el imaginario de generaciones de niños comenzó cuando los hermanos incluyeron ilustraciones en la “edición pequeña” de 1825. Se basaba en la segunda versión de los relatos, que data de 1819. Wilhelm Grimm, el más afecto a la poesía de los dos, trabajó en el lenguaje de los cuentos y les dio su tono romántico y accesible para los niños.
Tras la II Guerra Mundial comenzaron las críticas al universo de los hermanos, que comenzó a contemplarse como una “escuela de crueldades”. La bruja asada viva, su antropofagia frustrada, el abandono de niños desamparados o su condena a muerte dictada por el mismísimo Dios para terminar con su terquedad disgustan a algunos niños y a muchos educadores.
Puntual para este aniversario, la ministra de Familia Kristina Schröder lamentaba el jueves en una entrevista al semanario Die Zeit el “sexismo” de los cuentos de Grimm. La democristiana pertenece al sector conservador de la CDU de Angela Merkel y ha adoptado medidas muy criticadas por no promover el acceso de las mujeres al mercado laboral, pero los cuentos le inquietan y dice que solo se los leerá a su progenie distribuidas en convenientes dosis.
Es de esperar que las autoridades culturales alemanas dosifiquen a su vez las cenicientas y las blancanieves del año Grimm 2013, para el que se han planeado diversas actividades en Alemania, que van más allá de celebrar las glorias infantiles de los hermanos. Los Grimm, además de cuentacuentos, fueron lingüistas eminentes y son considerados como fundadores de la germanística.
Iniciaron el proyecto de un colosal Diccionario Alemán, en el que solo llegaron con vida hasta la palabra frucht (fruto). Conocido afectuosamente como El Grimm, este monumento a la legua alemana concluyó en 1961, 123 años después de que Jacob y Wilhelm lo comenzaran. Tiene 32 tomos.
Alemania también conmemora estos días el perfil político de sus compatriotas; los Grimm eran demócratas y abogaban por la unificación del puzle germánico del Ochocientos en un solo Estado nacional. Colaboraron en la redacción alemana de los Derechos Humanos. Tras mudarse a Göttingen para asumir sendas cátedras a partir de 1830, escribieron textos políticos que les costarían el exilio del reino de Hannover en 1837. Jacob fue diputado de la Asamblea Nacional de Fráncfort en el año revolucionario 1848. Siempre juntos pese a la boda de Wilhelm con Dorothea Wild en 1825, vivieron sus últimos 20 años en Berlín, que era la capital del reino de Prusia. Durante los dos siglos que van a desembocar en la conmemoración del bicentenario, Alemania ha dedicado a su memoria un gran número de calles, escuelas, premios y el último billete de mil marcos.

EL PAÍS



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada